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Hace poco que se puso en contacto conmigo un lector del blog que estaba empezando en esto de la numismática. Tras intercambiar un par de correos con él me comentó una compra que estaba a punto de cerrar y mi recomendación fue que aquello no le iba a hacer más que perder dinero. El caso es que después me dijo que ahora mismo está en paro y que como tiene algo de dinero ahorrado, bastante tiempo y le gusta el tema de la numismática, estaba pensando en hacer negocio con este asunto y quién sabe si a medio plazo ser un numismático profesional. Como le vi bastante perdido y las críticas duras son mi expecialidad, ésta fue mi respuesta:
Hola,

voy a ser plenamente sincero contigo, no porque vaya de listo sino porque este tipo de críticas si no se hacen de forma sincera no valen para nada. Tómatelo como la opinión de un amigo que no sabe más que tú, pero busca argumentos para revatir los míos.

De entrada creo que vas demasiado rápido. Por lo que parece no tienes amplios conocimientos sobre numismática y para ser un profesional hay que saber muchísimo. ¿Sabrías distinguir un EBC de un EBC+? ¿Sabes el precio de las 5 pesetas de 1809 de Barcelona? ¿Y de 1814? ¿Sabes distinguir un denario auténtico de uno falso? ¿A cuánto comprarías una dobla de la Banda de Sevilla en MBC? ¿Por cuánto la venderías? ¿a quién? ¿a cuánto pagas el gramo de oro y a cuánto lo vendes y a quién?

Todo eso son preguntas que no tienen fácil respuesta y que si te metes con dinero en este mundillo sin tenerlo claro y con la esperanza de sacar un dinero todos los meses porque lo consideras un trabajo, entonces lo normal es que te desplumen.

Este es un mundillo ultra-cerrado, donde nadie te va a enseñar nada y donde todas las lecciones se aprenden a base de perder dinero. Nadie te dirá a cuánto vender una moneda ni a quién vendérsela; y mucho menos a quién comprársela. Para que te hagas una idea yo llevo cuatro años dedicando bastantes horas a este tema (como aficionado) y a día de hoy saco muy poco dinero, que uso para ampliar mi colección. Si me lo tomase en plan profesional posiblemente sacase más, pero dudo mucho que llegase a un suelo de 800 euros una vez quitados los impuestos.

Ahora que te he contado todo lo malo, te comento qué podrías hacer para llegar a ser un numismático profesional. Lo primero pensar en qué te quieres centrar. Lo más fácil es centrarse en los euros, algo muy sencillo y que seguro que a corto plazo ya puedes montar una página web y ponerte a vender. Lo que pasa es que hay mucha competencia en ese asunto. No obstante, si quieres ser profesional ten euros, aunque también tengas monedas antiguas.

Tendrías que contactar con un mayorista que te surtiese productos de la FNMT a bajo precio (mucho menos que el precio de la tienda). No conozco ningún mayorista. Digo lo mismo con los sellos, puede ser un complemento a la numismática.

Luego tendrías que ir a convenciones y subastas para conocer gente y aprender. Ándate con muchísimo ojo porque muchos querrán timarte. También puede ser interesante que hagas uno de los másters que oferta la UNED sobre gestión numismática y filatélica, he oído hablar muy bien de ellos y seguro que te enseñan un montón de cosas.

Pero sobre todo, ten claro que, salvo que inventes algo muy extraño, el único valor añadido de un numismático es su conocimiento. Ese valor añadido es muy difícil de adquirir y requiere mucho tiempo. A medio plazo dudo bastante que puedas sacar dinero neto de la numismática.

saludos,

Adolfo

En la respuesta a este correo me comentó que no pretendía ganar mucho dinero y desde luego no a corto plazo. Él estaba pensando en el medio/largo plazo y de tal manera que el dinero le rentuase más que en un plazo fijo. Eso ya me pareció más razonable. Mi respuesta fue la siguiente:

Hola,

quizá mi último mensaje haya sido muy duro pero si lo hice fue para que te parases a reflexionar, hay gente que se cree que con la numismática es fácil comprar a 2 y vender a 4.

En cualquier caso, pensar que dentro de seis años puedas ganar 600 euros al mes es razonable, y que dentro de diez años puedas ganar 1000 euros al mes, también. Lo malo es que el proceso de aprendizaje es duro y solitario: nadie te enseñará lo que sabe. Esa es la motivación principal que tuve para empezar a escribir el blog: contar mi experiencia y algunas lecciones aprendidas para que puedan servir de ayuda a los primeros pasos como coleccionistas.

Si tuviese que darte unos consejos ahora serían los siguientes:

Piensa en qué monedas te vas a centrar a corto plazo. Yo te recomendaría El Centenario de la Peseta y los euros, porque es lo que más colecciona la gente y no es algo difícil. Cuando lo tengas más o menos controlado, vete ampliando y especializándote en otras monedas.

Conoce gente. Si en tu ciudad hay mercadillos, vete allí e intenta conocer gente y ver qué colecciona cada uno. Habla con ellos e intenta aprender de todos, aunque debes ser muy cuidadoso porque más de uno te la querrá meter doblada. También te puedes apuntar a foros por Internet en los que aprenderás un montón de cosas (Imperio Numismático, por ejemplo).

Estate atento a las subastas numismáticas. Es la mejor manera de saber valorar y tasar monedas.

Compra y vende. Al principio no sacarás mucho beneficio, quizá hasta te quedes sin beneficio, pero es la mejor manera de aprender a moverte por el mercado. Primero ponte un dinero razonable (digamos que 1.000 euros), ve comprando algunas monedas e intentando venderlas. Al cabo de unos meses habrás sacado poco más de esos 1.000 euros pero habrás aprendido un montón. Luego, una vez que te vayas sintiendo más cómodo vete metiendo más dinero en el asunto.

Tómatelo con calma.

Por último, quisiera comentar que he conocido a muchos aficionados que sueñan con poder llegar a ser profesionales y “vivir de su afición”. Yo creo que cuando una afición pasa a ser una profesión, deja de ser una afición. Yo ese problema no lo tengo porque mi trabajo me gusta tanto o más que la numismática. En cualquier caso, creo que no es lo mismo que la numismática sea una afición a que sea un trabajo: en el primer caso todo lo que se hace es exclusivamente para disfrutar, aprender y pasarlo bien, en el segundo caso hay que sacar un dinero y el placer queda en segundo plano.

Las imágenes que ilustran la entrada provienen de la subasta que celebrará Stack’s el  próximo 27 de julio en Baltimore, en una sesión dedicada a la numismática mexicana. Se tratan de tres reales de a 8 columnarios.

Karl Popper es uno de los más grandes filósofos del siglo XX, sino el mayor. Entre otras enormes aportaciones introdujo el concepto de falsacionismo, el cual fue importantísimo para la filosofía y la epistemología de la ciencia durante las décadas venideras. En dos palabras, el falsacionismo es considerar que una sentencia científica debe poder ser refutada y se considera verdadera mientras que no se haya refutado. Por ejemplo, si digo “todos los cuervos son negros” esa sería una sentencia científica muy significativa y que nos creeremos hasta que no aparezca un ejemplar de cuervo que no sea negro; en cuanto aparezca uno ya nos lo dejamos de creer, la sentencia pasa a ser falsa y habrá que buscar otra teoría que sea refutable pero que no se haya refutado aún. Se podría decir que hoy casi todos los filósofos que se encargan de estudiar la ciencia parten de esas bases falsacionistas y que a la hora de hacer ciencia, todos los científicos siguen (consciente o inconscientemente) esas teorías.

Yo suelo aplicar las teorías falsacionistas a la numismática cuando se trata de detectar monedas falsas. Yo veo la moneda y pienso en una serie de características que pueden presentar las monedas falsas más comunes.  Si no las cumplen y además es una moneda que conozco bien y que me parece buena, pues la tomo como buena y así la considero. Pero eso no me garantiza en sí que la moneda sea auténtica, quizá la han falsificado muy bien y me la han colado. Pensaréis que si digo esto es porque no entiendo demasiado de monedas y por eso no puedo estar seguro de que la moneda sea buena o no, pero nada más allá de esto: creo sinceramente que nadie puede asegurar al 100% la autenticidad de una moneda sin más que hacerla pruebas en un laboratorio; a lo mucho puede decir que ha hecho una serie de pruebas y que todas ellas dan negativo, de lo que se deduce que la moneda se considera auténtica. Esto es y será así independientemente del número de cápsulas que tenga la moneda y de pegatinas que tengan esas cápsulas.

El otro día, Darío escribía en su blog siete consejos para evitar que nos cuelen moneda falsa y otra entrada en la que habla de la falsificación de monedas en China. Al parecer se está dando la voz de alarma por la inmensa cantidad de falsificaciones de altísima calidad llegadas de China que se centran sobre todo en la moneda americana. Mi opinión es que por ahora se centran en la numismática americana porque en ella hay muchísimos ejemplares de monedas en perfecto estado de conservación que se pagan a altísimos precios, por lo que sale mucho más rentable falsificar “en serie”. No tendría sentido hacer de repente dos mil piezas de un real de Enrique II en calidad SC porque no habria mercado para absorver tanta moneda, pero sí puede tener sentido hacer mil monedas de un dólar de 1885.

Claro que se podrían hacer cinco buenas copias de un real de Enrique II, pero eso quizá no salga rentable por el principio de economía de escala: sale muy caro hacer una buena copia, pero una vez que tienes una hecha hacer las 100 siguientes es muy barato. Vamos, que hacer 5 copias no es rentable, pero hacer 5.000 sí.  Pasa lo mismo con el ordenador con el que estáis accediendo a estas líneas: dentro hay varios chips que contienen procesadores que tienen integrados miles de millones de transistores, y el coste de fabricación de esos chips es de unos pocos céntimos por el simple y llano hecho de que hacen decenas de millones de chips exactamente idénticos.

Una vez dicho esto, ¿cómo podemos defendernos ante una posible invasión de monedas falsas de altísima calidad que inunden el mercado? Pues en mi opinión hay que echar mano del concepto filosófico del aura, que ya introdujimos en el blog hace unos meses. ¿Quién decía que la filosofía no sirve para nada? Recordándolo brevemente, el aura es lo que diferencia a una obra de arte auténtica de su réplica exacta: es el recorrido histórico de esa obra de arte lo que diferencia la auténtica de la copia. Así pues, ante la imposibilidad de garantizar la autenticidad de la moneda, creo que sería interesante certificar el recorrido histórico de la misma.

Muchas de las monedas de alta calidad están perfectamente identificadas y se sabe el recorrido que han tenido. Lo malo es que en las subastas españolas, al contrario que en las de otros países, muchas veces se esconde la procendencia de las piezas y no se hace explicito de dónde provienen a pesar de que eso sería un valor añadido. Eso es algo que ya hemos comentado varias veces en el blog, y la verdad es que nunca hemos llegado a ninguna conclusión al respecto.

De todas formas, creo que para los que no podemos adquirir monedas de tan alta calidad sí que sería interesante hacer constar para las mejores monedas que tenemos, la procedencia de las mismas. Esto no significa que vayamos a tener que encapsular nuestras monedas, pero siempre es interesante contar con el papelote y la factura de la casa de subastas en la que la hayamos adquirido, o pedir al profesional al que se la compremos un certificado de autenticidad. También sería interesante que hubiese una empresa que diese el servicio de registrar monedas y a qué colecciones pertenecen, lo cual sería muy útil para garantizar la autenticidad en un futuro o para identificar las piezas si éstas son robadas. Yo no conozco ninguna empresa que proporcione este servicio.

La primera imagen es el retrato de Karl Popper, el resto están sacadas de esta entrada del blog de Susan Headley, que también habla de las falsificaciones chinas.

Fernando Álvarez Burgos es uno de los autores con más prestigio en lo que a numismática española se refiere. Editó en 1988 una colección en seis volúmenes de la moneda española. A saber:

VOL 1 “La moneda Hispánica. Desde sus orígenes hasta el siglo V”

VOL2 “Acuñaciones previsigodas y visigodas en Hispania. De Honoro a Achila II”

VOL3 “Catálogo de la moneda medieval castellano-leonesa. Siglos XI al XV”

VOL4 “Catálogo de la moneda medieval catalana y de los reinos de Aragón, Navarra, Valencia y Mallorca. Siglos VIII al XVI”

VOL5 “Acuñaciones de los Reyes Católicos y de la casa de los Austria (1475-1699)”

VOL6 “Acuñaciones de la casa de Borbón. De Felipe V a Isabel II”

VOL7 “La peseta. Como unidad monetaria nacional (1868-1987)”

Desgraciadamente, todos estos libros están descatalogados a excepción del primero, del que recientemente ha habido una re-edición y es muy fácil de encontrar. Pero aquí vamos a hablar del tercer libro, el dedicado a la moneda medieval castellano-leonesa, cuya última edición es de 1998 (editado por Vico y Segarra) y ya lleva tiempo descatalogada.

La mejor prueba para adquirir este volúmen es que es el que usan las principales subastas españolas para tasar monedas medievales de Castilla y de León. Ya sólo por eso merecería la pena comprarlo, para poder “entender el lenguaje” en el que hablan las casas de subastas. Pero es que además es un magnífico compendio que en menos de 200 páginas es capaz de describir la práctica totalidad de las monedas castellanas y leonesas. Sólo en raras ocasiones aparece en las subastas eso de “AB falta”; un ejemplo sería la moneda que aparece en la entrada (una variante del 1/2 Enrique de Sevilla), la cual aparece en la subasta de Aureo de mañana.

Además de ser un catálogo muy completo y manejable lo encuentro muy didáctico para quienes nos queremos introducir en la numismática medieval. Hay una breve descripción de cada uno de los reyes y también se comentan muchas de las monedas. Por otra parte, y más importante todavía, cada una de las piezas están totalmente descritas y es muy sencillo identificarlas sin tener que ser experto en la materia.

Otro detalle de honradez es que las monedas más raras no tienen precios. Ya he comentado muchas veces que los catálogos no son buenos indicadores del precio de las monedas y que las monedas más raras tienen un precio muy volátil, por lo que considero una muestra de buena calidad que para las piezas más raras se ponga “R”, “RR” o “RRR”.

Si hubiese que poner alguna pega al catálogo es que es en blanco y negro, lo cual fuerza a que en vez de tener fotografías de las monedas se tengan dibujos. No obstante, es totalmente comprensible porque de haberlo hecho a color el coste sería mucho mayor, y los dibujos son más que suficientes como para poder identificar las monedas. Eso sí, si alguien lo que quiere es tener buenas fotos de monedas medievales que se compre el libro de Mozo-Monroy y Retuerce-Velasco o que se descargue fotos de subastas.

Por mi parte, tuve hace poco la suerte de encontrarme ese libro en la Plaza Mayor de Madrid, me cobraron 33 euros por él y creo que ha sido una compra estupenda (como suelen ser las inversiones en bibliografía). Mi recomendación es que si es posible que algún día os interese la numismática medieval y tenéis la posibilidad de comprar este libro os hagáis con él. No es razonable dejar pasar la oportunidad porque cueste 5 euros más de lo que estéis dispuestos a pagar: quizá tardéis años en tener otra ocasión.

Es frecuente que haya gente que herede algunas monedas que guardaron sus padres o sus abuelos. Luego se interesan por buscar en la Web el precio de sus monedas (ilusos…) y al cabo de tres o cuatro búsquedas en Google se acaban topando con mi blog. Si leen algunas entradas rápidamente se percatan de que tasar monedas no es algo trivial, así que se ponen en contacto conmigo para que les diga cuánto les pagaría por su tesoro.

Correos de ese estilo recibo dos o tres todas las semanas. En el 90% de los casos el asunto acaba con un “esas monedas no tienen especial valor numismático, lo mejor es que las guardes para enseñárselas a tus nietos, pero nadie te pagará nada por ellas”. Pero hay otros casos en los que las monedas son interesantes, y entonces les hago algunas preguntas para evitar que me tomen el pelo y si veo que el personal va en serio y quiere vender las monedas, entonces me trabajo una tasación.

Es muy raro (aunque se ha dado el caso) que la persona en cuestión es de mi misma ciudad, pero lo más normal es que viva a unos cuantos cientos de kilómetros de mí.  En ese caso lo normal es quedar en alguna parte para comprar las monedas. Dejo aquí algunas lecciones aprendidas de los encuentros que he tenido yo y los que me ha contado Enrique, aunque todo se podría resumir en una sola frase: “extrema las precauciones”.

Lo primero es que el trato debe estar cerrado antes de ir al lugar en cuestión para evitar hacer el viaje en balde. La descripción del lote debe ser lo suficientemente precisa como para que no haya sorpresas una vez que se vea y el dinero a pagar debe quedar fijado de antemano. Evidentemente siempre dejo muy claro que ese precio está sujeto a que las monedas que parecen auténticas, efectívamente sean auténticas, lo cual no se puede asegurar a ciencia cierta si no se tienen en mano.

Otro aspecto importante es que se debe poder identificar a la otra parte. Saber dónde vive, su número de teléfono… yo siempre exijo que me muestren su DNI y que me permitan fotografiarlo (lo digo antes de quedar).  Hay quien se ha negado rotundamente y en ese caso yo no he tenido ningún problema en decirle que no quiero saber nada de él. ¿Qué ocurre si al cabo de tres años me viene la policía y me dice que esas monedas son robadas o expoliadas? Si tengo su DNI me requisarán las monedas, pero al menos puedo indicar quién me las vendió. Yo lo siento mucho, pero por motivos legales y éticos me niego a pagar por monedas cuya procedencia sospeche que sea ilegal.

Es preferible quedar en un punto intermedio. Es decir, que si la distancia que nos separa son 600 kilómetros, pues lo mejor será quedar en una ciudad que diste unos 300 kilómetros de cada uno. La razón fundamental es que a mitad de camino ambos se mojan y ambos pierden si no se llega al acuerdo. Por ejemplo, imaginémonos que cerramos un trato de comprar un lote por 10.000 euros (por poner una cifra, yo no me meto en tanto) con un tipo que vive en París. Nos vamos hasta París y una vez que llegamos nos cuenta que por 10.000 no nos lo da, que lo mínimo serán 10.500 euros. No estamos en la misma situación de negociar porque si no queremos el lote a 10.500 él no perderá nada (no se ha movido de su casa) y nosotros habremos perdido el tiempo y el dinero necesario para llegar hasta París. En cambio en un lugar intermedio todos tienen lo mismo que perder en caso de que el otro sea un zorreras.

Es preferible quedar en un local público que no esté muy concurrido. En casa de la otra persona no sabes qué te puedes encontrar, pero en un lugar público lo normal es que no vaya a haber agresiones ni insultos ni nada así. Yo nunca me he encontrado en una situación semejante, pero conozco gente que sí. Pero por otra parte, tampoco es cuestión de quedar en un bar lleno de gente y sacar ahí un fajo de billetes. Las cafeterías de los hoteles suelen ser buenos lugares para quedar por lo general.

También es aconsejable llevarse “todo el equipo de casa”: balanzas, calibres, catálogos especializados e incluso algún catálogo de subasta y alguna muestra de ejemplo. La razón es poder identificar las monedas falsas y poder explicar al comprador por qué son falsas y su valor aproximado. Enrique me contó una vez que uno con quien había quedado le dijo: “pero luego no me vengas con que de este lote de veinte hay dos monedas falsas y justo son las que más valen y me pagas la mitad”; evidentemente verse engañados de esa manera es un temor razonable de aquel a quien vamos a comprar el lote. Pero claro, también puede ocurrir que justo las que más valgan sean falsas. Por eso, si le podemos demostrar que son falsas (por ejemplo pesando las monedas) y con un catálogo le demostramos que son las que más cuestan, la otra persona no debería dudar de nuestra honradez.

Por último, hay que cubrirse las espaldas de la posibilidad de que nada más llegar nos saquen una navaja y nos pidan todo el dinero. Evidentemente no voy a decir qué hago yo para evitar ese riesgo (no voy armado, que nadie se asuste) pero invito a que cada cual piense cómo cubrirse de esa situación. Por ejemplo: siempre es preferible ir acompañado.

Las monedas que ilustran la entrada saldrán a subasta el 4 de abril próximo en Numismatica Ars Classica. Se tratan de unas preciosas monedas de los caballeros de la Orden de San Juan. Las de plata son del siglo XIV y las de oro del siglo XV.

Con esta ya son tres las entradas que dedica esta bitácora a las 100 pesetas de Franco. En la primera describía las diferentes estrellas que pueden aparecer, mientras que en la entrada anterior describía un lote de monedas que ha pasado hace poco por mis manos. En esta entrada simplemente voy a dejar unas cuantas fotos que me ha pasado un lector del blog. En ellas se aprecia perfectamente los dígitos de ambas estrellas.

Allá van:

1966 (19-66)

 

1966 (19-67)

 

1966 (19-67) variante uno en punta

 

1966 (19-68)

 

1966 (19-69) palo recto

 

1966 (19-70)

Para concluir dejo un texto que aparece en la página 86 de la revista numisma del año 1972 (más sobre Numisma).

Como busto del Caudillo se hicieron troqueles con los escultores don Juan de Avalos y de nuestro grabador don Manuel Marín, cuya reproducción fotográfica incluimos.
El reverso fue obra del dibujante don Teodoro Miziano, elegido por el señor Jiinistro de entre varios realizados por el Departamento de Grabado de esta Fabrica y el citado dibujante.
La labor fue totalmente realizada en nuestros talleres, constituyendo un gran esfuerzo de todo el personal, que se esmeró en vencer todos los obstáculos que se fueron presentando para poner a punto esta fabricación en tan escaso tiempo.

Hace poco que ha pasado por mis manos un lote de 315 monedas de 100 pesetas de plata de Franco. Dedicamos una entrada a esas monedas hace casi un año, en la que se explicaba las diferentes variantes que se presentan en sus estrellas y la forma de reconocerlas. Ahora lo que me propongo es indicar algunas conclusiones que se pueden sacar de haber analizado el lote. Si bien 315 monedas están lejos de las necesarias para la ley de los grandes números, sí que puede considerarse una muestra suficientemente representativa como para ver qué podemos encontrarnos en un lote como éste.

Se trataban de monedas usadas, con muchos golpes, sucias y en relativo mal estado que habían sido guardadas por un tendero con la finalidad de invertir en plata. Las estrellas que tenían las monedas eran:

1966 (19-66) = 146 ejemplares. (Tirada oficial de 15.000.000)

1966 (19-67) = 40 ejemplares. (Tirada oficial de 35.000.000)

1966 (19-67) variante uno en punta  = 11 ejemplares

1966 (19-68) = 90 ejemplares (Tirada oficial de 24.000.000)

1966 (19-69) = 0 ejemplares

1966 (19-70) = 28 ejemplares (Tirada oficial de 995.000)

Por otra parte, todas las piezas del lote estaban en tal estado de conservación que no merece la pena meter ninguna de ellas en una colección. También es de destacar que a pesar de que tenían muchos golpes y suciedad en todas ellas se veían perfectamente ambas estrellas. Tampoco se han encontrado giros ni variantes de cóspeles rotos o rieles en mal estado. Ya se sabe que el gobierno franquista se esmeró en acuñar estas monedas.

En cuanto a estas monedas, un par de apuntes para finalizar. Estas piezas está bien para aprender a limpiar plata. Como son monedas muy baratas que no tienen especial valor numismático son unas candidatas perfectas para ser usadas de conejillo de indias.  El otro apunte es que, como ya he dicho más veces, los metales preciosos están carísimos últimamente así que es un buen momento para desprendernos de este tipo de monedas. Evidentemente esta es mi opinión, hay lectores que me llevan la contraria en los comentarios y creen que la plata seguirá subiendo a medio plazo; que cada cual haga lo que quiera, faltaría más.

Me imagino que a estas alturas mis lectores más fieles ya se habrán dado cuenta de que mis conocimientos sobre economía son más bien escasos. De hecho yo diría que son muy escasos. El poco dinero que tengo lo invierto siguiendo mi propio sentido común, y como el que poco tiene poco puede perder, duermo tranquilo por ese lado. Pero la cuestión es que el otro día hablé con un colega al que le gustan los temas de inversión en bolsa y esas historias y me introdujo un término la mar de curioso: Market Timing.

Según entendí, el Market Timing viene a ser algo así como una estrategia en la que se compran acciones sólo cuando se considera que están baratas y en un futuro subirán de precio. Es espectacular cómo los entendidos en economía generan términos y crean abstracciones para obviedades de perogrullo: si se quiere hacer dinero hay que saber comprar barato, fíjese usted qué cosa tan rara. El asunto de la cuestión (según entendí a mi colega) es que el Market Timing no es en sí un axioma para realizar compras, sino una estrategia de inversión, es decir, que hay que saber gestionar el dinero líquido del que se dispone para poder tener dinero y realizar una compra importante cuando se cree que la oportunidad es buena.

Eso ya me pareció otra cosa, porque no es tan fácil saber ver qué inversiones son una verdadera oportunidad y tampoco gestionar el dinero de manera que se pueda invertir cada vez que se nos presente una oportunidad. No lo veo nada sencillo, pero muchas veces en la numismática es lo que hay que hacer: ser paciente y esperar a encontrar monedas baratas para poderlas comprar, aunque haya veces que tengamos que estar meses sin adquirir ni una sola pieza. Si el presupuesto de alguien para comprar monedas es de 50 euros mensuales (por poner una cifra), no le recomendaría gastarse 50 euros al mes, porque puede ocurrir que un mes le ofrezcan por 300 euros algo que podría valer 600 y si no tiene dinero se verá obligado a dejar pasar la oportunidad.

Así pues, aunque no nos tomemos la numismática fundamentalmente como una forma de inversión, sino más bien como un coleccionismo y una afición, creo que es buena idea para los coleccionistas que se manejen un poquillo disponer siempre de algunos miles de euros en líquido, no vaya a ser que aparezcan oportunidades. Evidentemente, con los tiempos que corren hay mucha gente que ya le cuesta poder llegar a fin de mes de la mejor forma posible, pero en el caso de que tengamos algunos ahorrillos quizá no sea la mejor idea meterlos todos en un plazo fijo: si nos sale una buena oportunidad cada cinco años, ya sólo con ella sacaremos más que habiendo mantenido Letras del Tesoro durante todo ese tiempo.

Ahora todo el mundo estará pensando en lo mismo: ¿y de dónde saco yo esas oportunidades?. Bueno, pues hay que saber buscarlas (e identificarlas una vez que se encuentren, que tampoco es nada fácil) y claramente no voy a dar datos concretos porque entonces me las quitáis a mí, pero dejaré algunas pistas:

Hay veces que los profesionales se confunden. Hoy en día, con el fácil acceso a la información que se tiene es raro que un profesional se confunda a la hora de tasar alguna moneda, pero se dan casos.  Puede ser que cierto resello lo considere común y no lo sea, puede ser que no haya visto una variante que presenta la moneda… hay veces que mirando en numismáticas nos llevamos alguna alegría.

Podemos comprar una colección entera. Esto se da generalmente cuando un coleccionista muere y los herederos no tienen interés en la numismática. Si son un poco listos no irán directamente a una numismática para que les den un único precio, sino que se pondrán en contacto con gente por Internet para ver qué oferta pueden tener. Una colección forjada durante años bien puede costar varios miles de euros y al adquirirla como un todo lo normal es que nos deje un buen margen para revender algunas piezas y quedarnos con otras a muy buen precio.

Podemos hacernos con lotes de monedas baratas, de forma que aunque cada pieza por sí sola cueste poco en global el lote suponga un desembolso.

Quizá algún conocido necesite dinero y nos ofrezca una piezas a muy buen precio (aunque no hay que caer en la usura, siempre hay que dar un precio razonable).

– Puede ser que algún amigo haya tenido alguna de las oportunidades de antes y esté dispuesto a vendernos a bajo precio buena parte de lo adquirido para recuperar la inversión rápido aunque ello le suponga tener un margen de beneficio menor.

Antes de que haya malas interpretaciones de la entrada, comento que NO estoy diciendo que sólo hay que comprar cuando se presente una ocasión así. Hay quienes lo hacen, y sólo compran cuando tienen un descuento de un 50% con respecto al precio de mercado, aunque compren una vez cada dos años. Yo recomiendo jugar con márgenes más ajustados y también comprar monedas por el simple y llano hecho de que nos gustan. Pero también hay que pensar que es una pena dejar pasar una buena oportunidad por no tener liquidez; hay que hacer algo para que no nos pase.

Las fotos se corresponden con dos monedas de oro castellanas que salen a la venta en la próxima subasta de Aureo. Se trata de una dobla de 35 de maravedises de Pedro I y un Enrique de la silla baja, ambas acuñadas en Sevilla.