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El otro día fui me pasé por Londres y una de las visitas que tenía planeadas era su mercadillo numismático. Había leído en unos foros que se encontraba al lado de la Estación Embankment, que está muy muy céntrica: a orillas del Támesis y a escasos cinco minutos de Trafalgar o del Palacio de Buckingham. Así que su localización es la primera grata sorpresa del mercadillo: el turista en Londres no tiene que desviarse mucho para comprar monedas. La otra cuestión importante para visitantes es que sólo abre los sábados de 8:00 a 16:00.

Total, que llego a la estación correspondiente, me puse a buscar el mercadillo y no lo encontraba por ninguna parte. Me extrañé bastante porque parecía claro que estaba justo al lado de la Embankment, y un mercadillo no es algo pequeño y que no se vea. Al final, después de dar vueltas un buen rato me tope con el siguiente letrero, que estaba justo al lado de la estación.

Resulta que el mercadillo estaba dentro de ese edificio y se entraba por aquella puerta. Entré por allí, bajé unas escaleras que parecían conducir a un garaje y… ¡¡conducían a un garaje!! El mercadillo numismático de Londres se monta todos los sábados en un garaje (WTF?).

Me di una vuelta por el mercadillo y al principio la sensación fue bastante decepcionante. Yo me esperaba algo como la Plaza Mayor de Madrid, y ahí apenas había unos 20 puestos, de los que sólo la mitad tenían monedas, la mayoría de los cuales no tenían más que un montón de chatarra. Pregunté a tres vendedores por monedas españolas y dos de ellos sólo tenían piezas muy corrientes y con un precio bastante elevado (normal en el extranjero). Pero el otro tenía unas cuantas monedas de bastante calidad y a precios razonables. ¡Es una suerte coleccionar una moneda tan “internacional” como la moneda española! ¡Desde luego que el país extranjero del que más monedas tenían!

El hombre resultó ser un comerciante jubilado muy agradable (es el de la foto de abajo) con el que intercambié una interesante conversación. Le pregunté qué hacía un mercadillo numismático en un garaje y la respuesta fue más que interesante:

Resulta que en ese preciso lugar había un mercado equino en el siglo XIX. Allí no estaba el edificio, sino que era un local con pesebres y preparado para que los caballos estuviesen cómodos y limpios. Con la llegada del automóvil a principios del siglo XX un mercadeo de caballos en el centro de Londres dejó de tener sentido y el local lo “ocuparon” los coleccionistas para hacer su mercadillo.
Me decía, cargado de moriña, que el ambiente era muy auténtico. Imaginad organizar mercadillos numismáticos en un local adaptado para caballos; con pesebres, suelo de tierra, caída para recoger el agua… ¡auténtico!
Pero resulta que aquel local lo demolieron en los años 70 e hicieron pisos. Entonces las asociaciones de coleccionistas llegaron a un acuerdo para que les alquilasen el garaje los sábados y así poder celebrar el mercadillos. Me decía también con cierta pena que aquello cada vez va a menos. Como casi todos los mercadillos numismáticos.

Así que ya sabéis dónde podéis comprar algunas monedas si venís a Londres. También podéis pasaros por alguna de sus muchas numismáticas, o incluso podéis hacer coincidir la visita con una feria. La próxima es el fin de semana del 11 de febrero. Si alguien que me lea tiene pensado ir que me avise, que allí estaré.

Por cierto, como no puede ser de otra manera, compré alguna pieza al comerciante con el que estuve charlando. La mejor de todas es este duro, que ya hemos estado comentando por aquí.









Ya sé que había prometido otra entrada, pero no he podido resistirme. Resulta que acabo de empezar una estancia de investigación en el Reino Unido que se prolongará hasta marzo o así (el blog seguirá activo salvo fuerza mayor). Bueno, pues en la primera tienda a la que voy para comprar algo de cena me devuelven la siguiente preciosidad:

La moneda es de 2011 y tiene todo su brillo original, así que supongo que haya pasado por muy pocas manos; posiblemente sólo por las del tendero y la mía. Además, el diseño me ha parecido precioso y la acuñación con muy buena calidad, se aprencian muchos detalles. No había visto el nuevo diseño de los 2 peniques porque hacía tiempo que no venía al Reino Unido.

Ya veis, toda una alegría por el módico precio de 2 peniques, que vienen a ser menos de 2 céntimos y medio. Para que luego digan que la numismática es una afición cara.

EDITO:

Un lector me ha informado de que esta moneda forma, junto con otras cinco, el escudo real de Inglaterra. Efectivamente, he echado un vistazo en Wikipedia y me he encontrado con esta curiosa imagen:

Hace poco que estuve por Marruecos y en mi pequeña escapada pasé unos días en Rabat, la capital del país. Se trata de una ciudad relativamente pequeña para ser una capital de estado pero muy bulliciosa y ajetreada. Su carga histórica es muy notable, debido fundamentalmente a los almohades, quienes la fortificaron con una larguísima muralla. Los castellanos, bereberes, alauíes, corsarios y demás que por allí gobernaron también hicieron aportaciones, enriqueciendo la historia de Rabat.

Durante mi estancia realicé una visita a uno de los pocos museos que tiene la ciudad: el Museo del Banco Al-Maghrib. Se trata de un museo mantenido por el Banco Al-Maghrib, el cual posee una colección de monedas de 30.000 ejemplares (también algunos bancos españoles tienen colecciones de monedas), de las cuales expone una selección en su museo. Yo me esperaba que las piezas expuestas se centrasen sobre todo en la historia de Marruecos, pero para mi sorpresa el recorrido histórico era más amplio.

En una primera etapa hay varios paneles con moneda clásica, teniendo la moneda griega una calidad estupenda. Entre otras piezas hay un octodragma ptolemaico de oro con una calidad asombrosa. También se muestran varios tetradragmas con muy buena calidad, así como una pequeña selección de monedas del siglo IV y V a.c. también interesantes. Las monedas romanas expuestas no me llamaron tanto la atención, ni tampoco las bizantinas, aunque el recorrido era muy adecuado para apreciar la influencia de la moneda bizantina en la primera numismática árabe. Al tenerlas juntas eran evidentes los parecidos; no me detengo en esto porque sobre ello se podrían escribir tres tesis doctorales.

Posteriormente se pasa a la numismática medieval que es claramente la mejor parte de la colección. Hay muchos dinares y medios dinares de oro tanto del Califato Omeya como almohades y almorávides, acuñados en África y en la Península Ibérica. La calidad de las piezas es excelente y no hay que entender de moneda islámica para percatarse que es una colección extraordinaria, sobre todo la parte dedicada a los almohades. Se contaban por decenas las piezas de oro en altísima calidad y era un magnífico entretenimiento dedicarse a encontrar semejanzas y diferencias entre las monedas acuñadas en un periodo y las acuñadas en otros. También había varios quirates de plata e incluso un par de morabetinos de Alfonso VIII que demostraban el impacto de la numismática árabe en los territorios cristianos de la Península.

Las fotos que ilustran la entrada pertenecen todas ellas a este periodo y están tomadas de aquí (yo no hice fotos porque está prohibido hacerlas). En esa web hay muy pocas monedas en comparación con las expuestas en el museo, las que a su vez son muy pocas en comparación con las que forman la colección. Además, faltan muchas de las más interesantes o impactantes, como un enorme ejemplar almohade de 10 doblas.

La última parte de la colección fue para mí la más decepcionante: la Edad Moderna estaba descrita de refilón y había muy pocos ejemplares que sirviesen para narrar la historia de Marruecos de estos últimos siglos. También es cierto que no tengo ni idea de la numismática marroquí y es posible que lo poco que hay sea de una rareza extrema. Por último, como no podía faltar, también está el sistema monetario actual y unos cuantos billetes. Además, el museo tiene una colección de cuadros marroquíes contemporáneos; por mi parte sólo salvaría a dos o tres de las llamas, el resto condenados a la hoguera.

Por diversos motivos últimamente estoy viajando mucho a Ceuta, una ciudad pequeña pero con una enorme carga histórica. Una de las cosas que más me ha sorprendido de esa ciudad es que todo el mundo sabe que allí se acuñó moneda, algo que ignoran la mayoría de la gente de otras ciudades como Palencia, Valladolid, Jubia, Cuenca… pero en Ceuta se conoce, están orgullosos de ello y, es más, un regalo típico de la ciudad es una réplica de un ceitil ceutí. No obstante, lo que no saben la mayoría de los ceutíes es que además de ceitiles se acuñaron otras piezas. Vamos a ver si las repasamos.

Como todo el mundo sabe, Ceuta es una de las puertas del Mediterráneo y el paso natural entre África y la Península Ibérica, a través del Estrecho de Gibraltar. Dicho esto, no hace falta ser un lince para imaginarse que esa zona es militarmente muy importante y que muchos paises quisieran controlarla. En efecto, la situación es tal que españoles, británicos y marroquíes se reparten la soberanía del estrecho y cada cual reclama el territorio que no es suyo. Una fiesta diplomática que no es nada nueva; hace ya bastantes siglos que muchas potencias reclamaban el mando del estrecho, y lo reclamaban a la antigua usanza: a palos.

En efecto, Ceuta ha sido una ciudad muy disputada por moros y cristianos y un enclave estratégico desde donde comenzar una invasión posterior. Las invasiones desde siempre han sido de todo menos baratas, así que en algunas ocasiones esas potencias acuñaban moneda en Ceuta para poder hacer frente a los gastos. A continuación voy a repasar las monedas que yo conozco que acuñaron allí. Con ello no pretendo ser minucioso, ni tan siquiera aseguro que no haya más de las que indico (no soy experto en moneda de Al-Andalus), pero estoy seguro que si faltan piezas habrá lectores del blog que las detecten y las indiquen en los comentarios.

Antes de entrar en materia, vamos a recordar que Al-Ándalus se  inició en el año 711, cuando los musulmanes entraron en la Península Ibérica y rápidamente la invadieron en su práctica totalidad. Se suele considerar el final de Al-Ándalus en 1492, con la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos. Pero mientras tanto, no es que en Al-Ándalus hubiese “moros”, sino que diferentes pueblos musulmanes conquistaron ese territorio. Para que nos hagamos una idea, Al-Ándalus estaba al principio integrada en el Califato Omeya, para después convertirse en un emirato independiente y luego en el Califato de Córdoba, hasta que se disolvió y se dividió en los primeros reinos de Taifas.

Estando estos reinos de Taifas es cuando entraron en escena los Almorávides, los primeros en acuñar monedas en Ceuta.  Estos se apoderaron de Ceuta en 1084 dirigidos por Yusuf ibn Tasufin, un emir bereber muy poderoso y un gran batallador. Al año siguiente de asentarse en Ceuta Alfonso VI tomó Toledo y los Taifas ansalusíes se echaron a temblar ante el avance cristiano (recordemos que luchaban, ni más ni menos, que contra El Cid), por lo que pidieron ayuda a los almorávides, que tardaron poco en adentrarse en la Península y liarse a palos con todo el que se les ponía por delante. Entraron en 1087 y otra vez en 1090, haciendo suyo gran parte del territorio peninsular y reconquistando a los cristianos plazas importantes como Toledo, Lisboa o Valencia (pero esta última después de la muerte de El Cid, que era su gobernador).

Pues en este contexto es cuando Ceuta tuvo ceca por primera vez, acuñando dinares de oro que seguramente ayudaron mucho a la conquista de la península. Un ejemplo es la pieza que se muestra sobre este párrafo y que fue acuñada en 1091.

Las siguientes monedas ceutíes de las que tengo constancia también son acuñadas por los almorávides, pero en una situación totalmente diferente: para entonces los reinos cristianos estaban muy fuertes en la península y el descontento de los moros con los almorávides era tal que habían pedido al rey Alfonso I de Aragón que les ayudase a expulsarlos de Andalucía. En efecto, en 1126 se puso fin al dominio almorávide en Al-Andalus, al mismo tiempo que otra potencia les ponía en jaque por el sur: los almohades. Los almohades tomaron Marrakech, la capital Almorávide, en 1147.

Así que a mediados del siglo XII los almohades se encontraban amenazados por el norte por los cristianos, por el sur por los almohades y por si fuera poco había continuas revueltas internas en ciudades como Mértola o Sevilla, lo que dio lugar a los segundos reinos Taifas.  Pues en ese contexto de total inestabilidad política y económica es cuando se vuelven a acuñar monedas en Ceuta, pero esta vez no de oro (o al menos que yo conozca), sino quirates de plata como los que se muestran justo encima, datados alrededor de 1130-1140.

Tal y como pinta la historia, parece bastante claro que los siguientes en conquistar Ceuta fueron los almohades, quienes se hicieron con el control de la ciudad en 1147, mismo año en el que entraron en la península ibérica, donde tardaron poco en conquistar Al-Andalus. Como los almohades eran buenos comerciantes y Ceuta es un estupendo enclave marítimo, por aquellas épocas en Ceuta había dinero y se podía permitir el lujo de acuñar piezas de oro, como los medios dinares que se muestran arriba, acuñados en los primeros años de control almohade sobre la ciudad. Nótese también las diferencias evidentes entre los dinares almohades y los almorávides, aunque en ello no entraremos.

De nuevo, el patrón se repite y en Ceuta se vuelve a acuñar moneda una vez que los almohades han entrado en decadencia, a mediados del siglo XIII. En esa época ya habían perdido prácticamente todo su control sobre Al-Andalus con la derrota de la batalla de Navas de Tolosa y la proclamación de independencia de los nazaríes en Granada. De hecho, en aquellas épocas la preocupación de los almohades era el control de sus territorios en el norte de África y es entonces cuando vuelven a aparecer dinares acuñados en Ceuta, como el que se muestra bajo estas frases, acuñado en 1148. Un útimo apunto con respecto a los almohades es la gran importancia que tuvieron en la moneda castellana y catalana durante los siglos venideros, no hace falta más que echar un vistazo a nuestro léxico para darse cuenta de ello.

En las décadas venideras Ceuta está continuamente siendo conquistada y reconquistada por muchos pueblos. Entre 1232 y 1249 conquistaron la ciudad los Taifas de Murcia, el Reino de Fez, los hafsíes y finalmente los azafíes, de quienes no he encontrado ningún tipo de información en la Web. Con tanta gente mandando en tan poco tiempo no es de extrañar que incluso se llegase a proclamar como ciudad independiente en 1233. Pasados esos años tan turbulentos, los azafíes consiguieron controlar la ciudad durante 80 años, si bien de forma intermitente porque en varias ocasiones pasó a manos del Reino Nazarí de Granada y también a las del Reino de Fez. Debían estar todo el santo día a palos por lo que parecen.

Durante ese periodo también se acuñó moneda en Ceuta. Por ejemplo, los siguientes dirhams fueron acuñados por los azafíes:

Mientras que el siguiente dirham lo acuñó en Ceuta el Reino Nazarí de Granada:

A principios del siglo XV quienes tenían el control de Ceuta era el Reino de Fez, hasta que en 1415 Juan I de Portugal desembarca y conquista la ciudad, quedando ésta por primera vez bajo dominio cristiano. Para los portugueses Ceuta fue un enclave de mucha importancia a principios del siglo XV puesto que querían expandir el Imperio Portugués por el norte de África. Todavía quedaba más de medio siglo para que se descubriese América, pero el espíritu de descubrir, conquistar y evangelizar ya estaba presente en los portugueses.

Numismáticamente hablando esto tuvo su importancia, sobre todo durante el reinado de Alfonso V de Portugal, apodado el africano por sus incursiones en este continente.  Fue bajo el mandato de este rey cuando se acuñó en Ceuta los ceitiles que tanto se conocen en la ciudad. Los ceitiles eran monedas de vellón muy humildes, el equivalente a las blancas castellanas. Esos ceitiles se acuñaron en abundancia y, como otros ceitiles acuñados en Lisboa o en Oporto, presentan un castillo con olas debajo (generalmente tres olas, pero no siempre). Lo característico de los ceitiles ceutís es que aparece una C al lado del castillo, que es la marca de ceca, si bien no todos los ceitiles con una C fueron realmente acuñdos en Ceuta, sino que algunos se acuñaron en la metrópoli y se enviaron a Ceuta posteriormente. La imagen de abajo es un dibujo de un ceitil ceutí que aparece en Wikipedia, si bien existen otras variantes. Por otra parte, en el libro de Ferraro Vaz (que nos recomendó Rubén) también se cita la acuñación en Ceuta de monedas de oro y plata, si bien son piezas muy raras.

Los portugueses mantuvieron el mando de Ceuta hasta 1580, cuando pasó a dominio castellano. A partir de entonces Castilla y después España mantuvieron su soberanía sobre Ceuta hasta nuestros días, si bien la ciudad ha sido atacada por reyes marroquíes en múltiples ocasiones. Los castellanos y los españoles no han acuñado moneda en esa ciudad, aunque se le dedicó la moneda de 25 pesetas de 1998, que es la que se muestra más abajo.

Con todo esto, creo que ya nos podemos hacer una idea de las acuñaciones que se han realizado en Ceuta. Es un buen ejemplo de un enclave militarmente estratégico que acuñó moneda cuando se necesitó, fundamentalmente para financiar las incursiones que unos u otros hicieron por los alrededores. No fue una ceca estable, pero acuñó monedas durante muchos siglos.

Un último apunte invita a la reflexión, y es que en Ceuta todo el mundo sabe que allí se acuñaron ceitiles, pero casi nadie sabe que también los almorávides, los almohades, los azafíes y los nazaríes acuñaron moneda. Nos sentimos muy poco orgullosos de nuestras raíces árabes, y en mi opinión son importantes porque nos han permitido ser un pueblo muy rico.

Un último detalle, para rematar es una muestra de la importancia de las monedas acuñadas en Ceuta. Se trata de un mancús acuñado en Barcelona en el siglo XI a imitación de un dinar ceutí. Se subasta el próximo 27 de abril en Aureo. El resto de las fotos están tomadas de aquí.

Gracias Rubén por ayudarme con esta entrada.

El pasado Puente de la Constitución me acerqué a Andalucía y pasé, junto con mi novia, por Cádiz a conocer a la Tazita de Plata de la que tan bien habíamos oído hablar. Como ya sabéis, me encanta el arte y siempre que voy a una ciudad procuro visitar sus pinacotecas y, a poder ser, también su museo arqueológico. En el caso de Cádiz nos lo pusieron muy fácil porque en el Museo de Cádiz se encuentra tanto su principal colección de pintura como una buena colección arqueológica de objetos encontrados en Cádiz; tampoco faltaba un pequeño gabinete numismático, que es el que aquí vengo a presentar.

La colección del museo es bastante pequeña y apenas alberga piezas que tengan un importante valor numismático. Eso sí, hay muchísima variedad en las monedas expuestas y eso hace que sea muy interesante desde el punto de vista divulgativo. En la colección podemos encontrar unas cuantas monedas españolas de los Borbones, que son las que se muestran en las dos primeras fotos. La calidad de las piezas es muy regular y todas ellas están al alcance de cualquier coleccionista que se proponga tenerlas. No obstante, la variedad de las mismas hace que estén todos los monarcas representados y que más o menos se pueda apreciar todos los tipos de monedas que circularon por España en los últimos siglos.

Otra vitrina se dedicaba a mostrar la importancia de los metales preciosos que provenían de América (ya se habló por aquí de Potosí).  Había pocas monedas, y la más interesante sin duda eran los 8 escudos de Felipe IV que se presentan a continuación. Además, me pareció muy simpático un enorme lingote de plata sellado en el año 1687 que muestra que no todos los metales preciosos que venían de América se habían acuñado allá.

Una tercera vitrina se dedicaba a las monedas romanas, y quizá fuese la más interesante desde el punto de vista de la calidad de las piezas. Había en torno a una docena de monedas republicanas y otras veinte imperiales más o menos. Sin duda alguna la mejor de todas es el aureo de Nerón que se presenta a continuación.

Otra vitrina se dedicaba a las monedas íberas, aunque de nuevo la calidad no era una seña de identidad. Habría unas treinta monedas, algunas de las cuales fueron acuñadas en la mismísima ciudad de Cádiz.

Por último, otra vitrina contenía un pupurrí de cosas, entre las que cabían unas monedas chinas y japonesas bastante curiosas (se muestran abajo), varios libros de numismática de principios del siglo XX y un par de billetes del Banco de Cádiz (que también se muestran).

En general ya veis que para un aficionado a la numismática quizá no sea la mejor exposición. Pero la variedad de las mismas hace que pueda ser interesante para explicar las diferentes monedas a aquéllos que no tienen especial interés en la numismática y sin tener miedo a aburrirles. De hecho, yo mismo comenté las monedas a mi novia y creo que es la primera vez que me dice que una colección de monedas le resulta interesante.

El resto del museo es para verlo. A mí me encanta el barroco, así que me quedé embobado con la docena de cuadros de Zurbarán que  había pintado para el retablo mayor de la Iglesia de la Cartuja de Jerez. Muy buenos, una pasada. Además, había otros cuatro cuadros de Murillo que me gustaron más todavía (pero eso es gusto personal); estuve contemplándolos más de un cuarto de hora.

En la parte de arqueología puedo recomendar menos porque tengo un gusto menos definido. A mí personalmente me llamaron la atención las numerosas ánforas que se podían ver, procedentes de varios pecios. Igualmente me gustó la colección de sarcófagos que había, que cubría bastantes siglos y maneras muy diferentes de entender la muerte, desde los pueblos íberos hasta la Edad Media.

Del resto de la ciudad no quiero hacer ningún tipo de recomendación porque yo sólo he estado allí un día y me consta que hay varios gaditanos que siguen el blog. Así pues, dejo abierto a los comentarios de aquéllos que conozcan mejor que yo la ciudad que nos indiquen los buenos sitios para visitar, ya sea para ver monumentos, para irse a la playa o para tomarse unas cañas.

Me vais a tener que perdonar que en esta nueva entrada sobre los museos numismáticos que visito resuma a base de bien, quizá en exceso. Esto es debido a que voy a hablar de la mejor colección de monedas que han visto mis ojos hasta la fecha. Se trata de la colección numismática perteneciente al museo Bode de Berlín.


Este museo se encuentra en la famosa isla de los museos, una espectacular plaza en la que se encuentran cinco de los más importantes museos arqueológicos del mundo. Me imagino que todo el que haya ido a Berlín haya pasado por esta plaza, aunque sólo sea para visitar el museo de Pérgamo, y el que no haya ido todavía, cuando se acerque será lo primero que le ofrezcan. De esos cinco espectaculares museos el más escondido y el menos reconocido es justamente el museo Bode, quizá porque su colección más amplia es la de escultura y no es tan espectacular como las pertenecientes al Museo Nuevo (que, entre otras cosas tiene el busto de Nefertiti) o al propio Pérgamo (cuya colección es tan espectacular que soy incapaz de destacar una obra por encima de otras treinta). No obstante, esa colección de escultura merece mucho la pena al igual que la colección de arte bizantino y, como no, la colección numismática; pero como veis, se tratan de colecciones dirigidas a un público más restringido que otros museos; vamos, que a priori hay más gente interesada en la colección de arte egipcio del Museo Nuevo que en una colección de arte bizantino.


Centrándonos en cuestiones numismáticas, la colección es absolutamente espectacular, totalmente inigualable. Por cantidad tiene la asombrosa cifra de 500.000 objetos, entre las que hay 102.000 monedas griegas, 50.000 romanas,  35.000 orientales e islámicas, 160.000 europeas desde la Edad Media hasta el siglo XIX, 25.000 medallas, 15.000 objetos de acuñación… Evidentemente no toda la colección está expuesta en el museo, pero el visitante puede ver una colección de decenas de miles de monedas en una calidad totalmente extraordinaria. Y es justamente esa calidad la que más me sorprendió, porque si ya es difícil encontrarse un sestercio en perfecto sin circular, observar varias vitrinas en los que había cientos de ases, aureos y sestercios imperiales a los que no se les encuentra desgaste alguno, ni ningún arañazo por mucho que se les mire es algo que se puede hacer en muy pocos lugares del mundo.


Personalmente a mí las piezas que más me gustaron fueron los tetradragmas griegos y los aureos imperiales. Ya sabéis que no entiendo nada de numismática clásica (ya lo intentaré poner remedio), pero los tetradragmas son monedas preciosas, y los aureos son lujosos donde los haya. Evidentemente, me fijé especialmente en las monedas españolas, entre las que se exponían macuquinas, un cincuentín, bastantes reales de a 8 de diferentes reyes, varias monedas de 8 escudos y otras piezas de oro, e incluso algunos castellanos y morabetinos medievales. Tampoco faltaba una amplísima colección de moneda alemana con una calidad de quitarse el sombrero.


Las fotos  que ilustran la entrada las hice yo mismo en el museo, en el que estuve un par de horas disfrutando de estas joyas. Si queréis ver más fotos os recomiendo que os paséis por el catálogo on-line de esta colección numismática, así podréis apreciar con más detalle las monedas. En el catálogo on-line sólo se muestran unas 11.000 monedas, que no es que sean pocas, pero sólo representan 1 de cada 50 objetos del total de la colección. Si os parece mal que no estén todas y queréis que pongan más podéis dar un donativo para tal fin adoptando una moneda. ¡No diréis que no es una iniciativa original!










Hoy dedico la segunda entrada a los museos en los que hay colecciones numismáticas. En este caso voy a comentar el Museo National d’Art de Catalunya (MNAC), que se encuentra en Barcelona en lo alto de Montjuic. De Barcelona no diré más porque seguro que el 90% de los lectores conocen la ciudad condal mejor que yo.

Visité hace pocos días el museo, aprovechando que me encontraba en un congreso que se celebraba cerca del MNAC (de hecho, fue el único turismo que pude hacer). Lo primero que hice fue dirigirme a la sala de numismática, donde además de la colección permanente había una exposición temporal sobre la moneda falsa a lo largo de la historia como ya se indicó en el blog hace tiempo, y como Adrián Gonzalvez recordó hace poco en un comentario. Como pasa siempre, la sala estaba vacía y sólo de vez en cuando entraba algún curioso que echaba un vistazo rápido y se marchaba con las mismas.

Lo más bonito de la colección es que casi todas las monedas expuestas provenían de tesoros encontrados en Cataluña, lo cual le da una característica especial a la colección. Lo malo es que era más bien pequeña y las monedas importantes brillaban por su ausencia. Además, con muchas monedas se habían pasado limpiándolas, y aunque eso pueda atraer al ojo no experto, considero una vergüenza que un museo no tenga ni un mínimo de cuidado con sus propias obras.

Croats de Jaime I y de Enrique IV

De entrada se exponían unas cuantas monedas griegas, unas pocas íberas y unas pocas romanas, para pasar enseguida a las monedas visigodas, en las que había una buena cantidad de Tremis. Posteriormente se pasaban a las monedas catalanas, que eran el núcleo de la colección. Me gustó mucho el croat de Enrique IV que se muestra en la foto de arriba y el magnífico tesoro de XXX, encontrado en 1989, que también se enseña más abajo. También era interesante la serie de José I, en la que se incluía una moneda de 320 reales de 1810. Finalmente, había una pequeña colección de pellofas y unas cuantas series del siglo XIX y del siglo XX.

Aquí dejo algunas fotos que hice yo mismo en el museo. Si queréis ver las fotos de todas las piezas que forman la colección permanente sólo tenéis que visitar este enlace.


Pellofas


Duros catalanes de la Guerra de la Independencia

Tesoro

Otro tesoro

En cuanto a la exposición temporal sobre la moneda falsa, me gustó mucho su aspecto pedagógico, pero desde el punto de vista numismático no era gran cosa. Se mostraban algunas monedas falsas de la antigüedad y luego algunas medievales y modernas. Lo mejor es que en muchos casos se mostraban la moneda falsificada junto con la moneda que pretendía imitar, de manera que las falsificaciones se hacían evidentes. Se mostraban también varios métodos de falsificación y manipulación de las monedas: desde acuñar moneda falsa con aleaciones de menor ley, o directamente con metales no nobles, hasta la manipulación de la moneda recortándola o limando los bordes para extraer parte del material. También se mostraba la importancia que tuvo la acuñación del canto de las monedas con un cordoncillo, para así evitar la extracción de material (queda pendiente comentar en el blog la importancia de mirar el canto para detectar monedas falsas). Por último, no faltaban los duros sevillanos y curioso conjunto de monedas falsas y desmonetizadas del siglo XIX. Una reflexión en aquél lugar fue que cualquier persona a la que le guste el tema de la moneda falsa se podría hacer con tiempo y paciencia con una colección semejante a la que estaba expuesta. Coleccionar monedas no es cosa de ricos.

De nuevo dejo algunas fotos hechas por mí en la exposición.


8 reales falsos


Reales de Enrique IV, el de la derecha es falso y está hecho de una aleación con menos plata


Dos doblas, la de la derecha recortada


Cordones en los cantos


Duros sevillanos desmonetizados

Luego me dirigí a visitar el resto del museo, que aunque no es que tenga grandes obras maestras (aunque sí tiene grandes firmas), contiene una interesante colección de pintura catalana. Nunca está de más descubrir a pintores como Isidre Nonell, Modest Urgell, Francesc Masriera.  y ver algún cuadro de Mir, Sorolla, Picasso, Velázquez, Rubens, El Greco… desde luego que es recomendable echar un vistazo. También hay una muy buena colección de arte religioso de entre los siglos XII y XV, aunque me llamó menos la atención porque me gusta más ver esas obras en su contexto, en una iglesia, y no en un museo con paredes blancas. En cualquier caso, es indiscutible que tienen auténticas maravillas románicas y góticas. Las fotos de abajo también las hice yo, si queréis más y mejores fotos de todas las obras sólo tenéis que visitar la web del museo


Ricard Canals


Francesc Masriera


Isidre Nonell

Joaquim Vayreda

La mayor sorpresa es que entre las obras de arte del museo (es decir, fuera de la sala de numismática) había vitrinas con monedas. ¡Y qué monedas! Nada más entrar en la sala de arte moderno me encuentro en una vitrina las monedas que se ven abajo: un ducatón y un doble ducatón de Alberto e Isabel, una de 8 reales de Segovia ¡¡e incluso un cincuentín!! (hablaré pronto de ellos en el blog). En una conservación mejorable, eso sí, pero parece que han guardado las mejores piezas para fuera de la sala de numismática. Luego había otras vitrinas con monedas catalanas del siglo XII en la zona del románico y otras del siglo XIV en la zona gótica. Además, había varias vitrinas con medallas, pero eso me gusta menos.

A mí me encanta relacionar conceptos que a priori no parecen relacionados. Eso es lo que intento hacer tanto en mi trabajo como en buena parte de mi tiempo libre (ya lo comenté aquí). Así pues, voy a intentar mezclar en este blog dos de mis aficiones: la numismática y viajar. Para ello, la idea es ir describiendo museos a los que vaya y en los que se expongan monedas, y ya de paso describir brevemente el resto del museo y la zona. No es que con esto quiera hacer una guía de viajes, pero quizá algún aficionado que pase por la zona se anime a acercarse a algún museo o a alguna ciudad; evidentemente, también puede servir para quitar las ganas de visitarlo. Empezaremos por orden cronológico de lo que he visto este verano: el museo de Évreux.

Évreux es una pequeña ciudad normanda que poca gente conoce en España y muchos menos aún la visitan. Aún así no está de más dejarse caer una mañana por allá si se está por la zona y se tiene tiempo. Aunque tiene pocos restos en la actualidad, la ciudad ha sido un asentamiento celta, luego una ciudad romana y desde entonces ha seguido habitada. Tienen un museo dedicado a los restos arqueológicos que han encontrado por la zona, que yo supuse que iba a estar muy interesante, pero que desgraciadamente no dio para mucho: era pequeño y la calidad brillaba por su ausencia, no había nada que realmente me llamase la atención.

En la cuestión numismática a mí lo que más me gustó fue el hallazgo que dejaron expuesto “tal cual”. No sé si lo harían por falta de presupuesto para sacar las monedas o simplemente porque así el visitante se da cuenta de cómo se las encuentran los arqueólogos. Yo nunca había visto nada igual.


Aparte de esto tenían expuestas algunos denarios, sestercios y ases del Alto y Bajo Imperio. Las descripciones eran horrorosas, simplemente indicando el mandatario de turno y el metal de la moneda. Además, las piezas estaban bastante alejadas del cristal, por lo que no se podía apreciar bien la calidad de las monedas. Aquí os dejo unas fotos:




Total, que si pasáis por Normandía y tenéis tiempo de sobra, no está mal pasarse por Évreux, que además pilla de camino hacia Giverny; y si estáis en la ciudad no pasa nada por acercarse a su museo, aunque tampoco es nada del otro mundo.

De todas formas, no os preocupéis, que este verano he estado en otros museos con unas colecciones estupendas, ya os contaré. Y por supuesto, si algún seguidor del blog se anima a comentar algún museo que haya visitado, yo con mucho gusto le guardo un espacio en el blog.