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Hago una entrada rápida para comentaros lo que ya anunció Pulifil hace unos días (aquí y aquí): que hoy salen a la venta las carteras de 2010 dedicadas a las autonomías.

Este año toca el turno de mis dos queridas Castilla: Castilla y León y Castilla la Mancha.


Sabéis cuál es mi opinión al respecto de las carteras. En cualquier caso, el único capricho que me doy de monedas actuales son las carteras de euros de España, así que tampoco me supone un desembolso grande. Las del año pasado costaron 30 euros y tuvieron la misma tirada, 20.000 ejemplares, supongo que este año el precio se mantenga.

Las imágenes que pongo corresponden a ambas carteras y a las medallas que en ellas se incluyen.  Están sacadas de la web de la FNMT, donde podéis encontrar más información sobre su emisión.


Llevaba un tiempo dando vueltas a escribir una entrada dedicada a la adopción (o mejor, la falta de adopción) de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las empresas numismática, y el comentario de Pedro, junto con el siguiente debate en este hilo me ha animado a hacerlo pronto. Como va a dar para bastante, y para no cansar en exceso, lo dividiré en dos entradas. La de hoy la dedico a echar un vistazo a las características de la numismática y cómo algunos empresarios utilizan las TIC en este mundo. Evidentemente, mis comentarios hay que tomarlos con cuidado: esto no es más que una pequeña reflexión, no es un plan de empresa ni mucho menos. Un estudio serio sobre la materia supondrían meses de trabajo dedicado.

Lo primero que hay que decir, y en eso me imagino que estemos todos de acuerdo, es que la Web ha cambiado el mundo y lo seguirá cambiando en los próximos años. Miles de kilómetros, que hasta hace poco eran una distancia insalvable ahora están a distancia de un gesto con la mano; es posible comunicarse con millones de personas en todo el mundo; es posible acceder a tal cantidad de información que no podemos absorber ni la millonésima de la millonésima parte; es posible publicar información de forma gratuita y que te lean cientos de usuarios a diario…

Pero la Web no sólo ha supuesto un cambio tecnológico, sino también un cambio cultural sin precedentes. Hay gente, como yo, que usamos los ordenadores para trabajar y para el ocio, de forma que entre una cosa y otra pasamos tanto tiempo delante de una pantalla como fuera de ella. Somos una generación para la que comunicarnos a través de Internet es tan natural como hacerlo cara a cara; sin ir más lejos, muchísimas veces mando un correo electrónico para dar un recado a gente que veo a diario.

Todos estos cambios tecnológicos y culturales dan lugar a cambios en los modelos de negocio que ya han conseguido transformar totalmente y de manera irreversible muchas industrias. El mejor ejemplo y el más cercano es la industria discográfica, y otra que se transformará radicalmente en los próximos años es la comercialización de libros, gracias a los libros electrónicos (por mucho que el Ministerio de Cultura se empeñe en poner puertas al campo). También han aparecido empresas radicalmente nuevas, que no eran imaginables hace pocas décadas y que han supuesto beneficios para unos y pérdidas para otros de auténticas millonadas: eBay, Facebook, Terra, Google, WordPress

Pero esto no significa que adoptar las TIC en una empresa sea una cuestión sencilla. No hace falta más que hacer una pequeña búsqueda para darse cuenta de la cantidad de barreras que hay para introducir las TIC en las PYMES. Como la inmensa mayoría de las empresas numismáticas son PYMES, o incluso microPYMES,  pues conseguir que se adapten a las TIC no se hace en una tarde.

Pero, a todo esto ¿Es realmente conveniente que las numismáticas utilicen las TIC? ¿tiene sentido un cambio en el modelo de negocio? ¿es más lo que se gana que lo que se pierde? Pues mi opinión es que sí, pero la opinión de otros es que no. A ver si entre esta entrada y la siguiente sacamos suficiente discusión como para llegar a alguna conclusión.

Lo primero que hay que hacer es diferenciar entre las numismáticas. A groso modo las dividiría en dos, dependiendo de los clientes en los que se centra: en el primer grupo estarían las numismáticas que venden moneda actual (euros, conmemorativas, países extranjeros) a precio de catálogo a pequeños coleccionistas; en el segundo grupo entrarían las que se dedican a la venta de moneda antigua a coleccionistas más avanzados. Evidentemente, el perfil de cliente al que acceden es totalmente diferente y eso hace que sus empresas difieran muchísimo.

Mi opinión es que las numismáticas que entran en el primer grupo van a desaparecer de las calles casi en su totalidad. Se dedican a vender a gente que no conoce el mercado, ni accede a la Web para conocerlo, y hacen pequeñas compras. También dan de vez en cuando el palo a algún cliente incauto. Este modelo de negocio está abocado a la extinción porque ¿qué ventaja tiene para el cliente comprar una moneda conmemorativa en la numismática del barrio en vez de comprarla a mitad de precio en una Web? Creo que esta cuestión está clara, pero lo interesante son aquéllos numismáticos que venden moneda antigua, la cual no es tan fácilmente comparable.

Los numismáticos que venden moneda antigua son gente que conoce muy bien el mercado y conoce muy bien a los clientes. Sabe qué quiere cada uno y sabe cuánto está dispuesto a pagar, así que sacará de cada uno lo máximo que pueda. La venta es totalmente personalizada, el trato también y el comportamiento también. No es lo mismo que les vaya un joven que cobra unos mil euros y está empezando una colección de duros de plata que si va un cliente de toda la vida que tiene bastante dinero y cuenta con una buena colección de sestercios. A cada uno habrá que hablarle y aconsejarle de una manera, y siempre en beneficio del numismático.

Hay algunos numismáticos de este estilo que directamente no quieren saber nada de la Web, y te dicen hasta con cierto orgullo que ellos no trabajan por Internet pero que van a muchas convenciones. Yo realmente me quedo sorprendido con este tipo de comentarios, es como si un general de la Segunda Guerra Mundial hubiera armado con mosquetes a sus tropas porque no le gustan las nuevas tecnologías. De hecho, visitar la web de la Asociación Española de Numismáticos Profesionales (AENP) es desolador, tanto por la web en sí como si se ve la lista de numismáticos y se descubre que muchos de ellos ni siquiera tienen correo electrónico. ¡Madre mía! En cualquier caso, todo hay que decirlo, hay muchos numismáticos que se han apuntado a vender por eBay, si bien suelen poner ahí sus piezas más baratas por motivos que ya se han comentado. También algunos tienen una página web, como ésta o ésta, pero se pasan meses sin actualizarlas por lo que supongo que mucha importancia no les darán.

En otras palabras, se puede ver que hoy en día hay numismáticos que no  hacen uso para nada de la Web en sus negocios y otros que, aunque sí lo hacen, no es algo nuclear en su empresa, sino un medio de comunicación más. Una más que digna excepción es Pulifil, donde se mantiene un blog que se actualiza cada poco y de esa forma se atrae a posibles compradores, digo yo.

Las imágenes que ilustran la entrada son todas macedonias y están tomadas de la subasta de Helios Numismatik del próximo 25 de junio. Se tratan de un estátero de oro de Philipo II,  un tetradragma de Philipo II, un tetradragma de Alejandro III y un estátero de oro de Alejandro III. Salen por 4500, 3000, 600 y 1500 euros respectivamente, por si alguien se anima…

“Cuenta la leyenda que cuando el inca Huayna Capac envió a su gente a trabajar a las minas de Cerro Rico oyeron un espantoso estruendo y una voz que decía: ‘No saquen la plata de este cerro porque será para otra gente’. Los indios, asombrados, le explicaron el suceso y emplearon la palabra ‘Pptojsi’ (que en quechua viene a ser algo así como ‘reventar’). Los historiadores sitúan este hecho un siglo antes de la llegada de los españoles”. Crónica Numismática N 77 (diciembre de 1999), página 44.

Yo no sé si la intervención divina tuvo algo que ver, pero ahí llegaron los colonos españoles y en 1543 fundaron la ciudad de Potosí a 4.070 metros de altitud al lado de Cerro Rico, resultando ser actualmente la tercera ciudad más alta del mundo. A cualquier aficionado a la numismática en España, y yo diría que en el resto del mundo también, la palabra “Potosí” le evoca inmediatamente a las preciosas monedas que allí se acuñaron, tanto en oro como en plata. Lo que no solemos tener en cuenta es que se tuvo que sufrir, y mucho, para poder acuñar aquellas piezas.

Los españoles pronto se dieron cuenta de la gran cantidad de oro y sobre todo plata que se encontraba en Cerro Rico, así que no tardaron mucho en reclutar a indios para sacar grandes cantidades de metales preciosos. Según la historiadora  Patricia Garcé los españoles trasportaron, sólo hasta 1.660, de América a España 185.000 Kilos de oro y 16.000.000 de kilos de plata, la mayor cantidad de esta última provenía de las minas del Cerro Rico (fuente). Esto nos puede dar una idea de la enorme riqueza de esta montaña, que siguió produciendo plata hasta mediados del siglo XIX.

Pero lo peor de la historia no es el auténtico espolio realizado por los extranjeros, ni tampoco el despilfarro de esa plata en territorio español (parece que lo de la mala gestión económica en España viene de lejos), sino el factor de sufrimiento humano necesario para extraer tantas toneladas de plata sin una tecnología suficientemente avanzada. En Crónica Numismática se estima en torno a un millón los indios que perecieron en las minas de Potosí. Una barbaridad. El ambiente de la ciudad me lo puedo imaginar como una ciudad pobre con un crecimiento económico desmedido y en manos de unos pocos: mineros paupérrimos, vendedores de coca, prostitutas, comerciantes, mercenarios… un ambiente semejante al que actualmente presenta Mwanza (Tanzania), crudamente retratada en Darwin’s Nightmare.

En cuanto a la ceca propiamente dicha, se construyó en 1572, sin que hubieran pasado ni treinta años desde la fundación de la ciudad. Su impulsor fue el virrey de Lima Francisco de Toledo, quien tenía el objetivo de acuñar allí mismo la moneda para evitar el engaño de traficantes y contrabandistas. La siguiente reforma importante de la casa de moneda se produjo en 1729 por orden del Marqués de Castelfuerte debido a un incremente significativo de la extracción de plata en Cerro Rico. Pero al parecer no fue suficiente y en 1750 el Marqués de la Ensenada ordenó desde Madrid la construcción de otra ceca, la cual tuvo muchos problemas y disparó sus costes de construcción, no estando lista para la producción de monedas hasta 1773.

De las acuñaciones forjadas en Potosí, ¿qué se va a decir que no se sepa?.  Se acuñaron monedas españolas de plata desde 1575 hasta 1825, incluyendo algunas de las monedas más bonitas de la numismática española. Entre ellas las más valoradas son los 8 reales. También se acuñaron monedas de oro, muy buscadas también, entre 1768 y 1825. Aquí se presentan dos, la primera son 8 reales de Carlos IV acuñada en 1808 y la segunda son 8 escudos de Carlos III acuñada en 1780 (subastadas en Aureo y Calicó el 11 de marzo de 2010 con un remate de 1800 y 220 euros respectivamente). Como curiosidad, se puede añadir que en Potosí se acuñó la primera moneda de la República Argentina el 28 de julio de 1813. Como la que se observa aquí abajo.

Finalmente, hay que indicar que la Unesco declaró a Potosí Patrimonio de la Humanidad en 1987, debido sus conjuntos arquitectónicos coloniales. Aquí dejo otra imagen, que es la primera que se vio de Cerro Rico en Europa, dibujado por Pedro Cieza de León en 1553.

Antes de ayer me escribió un tipo interesado en dos duros que tengo en eBay. Se tratan de dos duros de plata, un 1882/1 (variante) y un 1893 PGV. El amigo me escribe lo siguiente:

HOLA,MUY BUENAS.LE COMPRO LAS DOS MONEDAS DE 5 PESETAS POR 18 EUROS.A PARTE DE LOS GASTOS DE ENVIO QUE SERIAN DE 6,50 EUROS.SI, ENVIO CERTIFICADO URGENTE.SERIA EL TOTAL DE 24,50 EUROS.SI LE INTERESA MI OFERTA DIGAME DONDE DEBO DE HACER LA TRANSFERENCIA QUE HOY MISMO SIN DUDARLO LA LLEVARIA A CABO.TIENE QUE TENER EN CUENTA DEL ESTADO DE LAS MONEDAS,YA QUE UNA NO SE LEE LAS ESTRELLAS Y A PARTE ESTAN CON RAYADAS Y ALGUN GOLPE QUE OTRO.ESPERO RESPUESTA.MUCHAS GRACIAS POR PERDER SU TIEMPO EN LEER ESTE SMS.GRACIAS DE NUEVO Y SALUD.

Para enmarcarlo ¿eh? Menudo hoygan

Le digo que va listo si pretende que le venda dos de los duros más difíciles de El Centenario por menos de su peso en plata. También le invité a visitar esta entrada y esta otra.  A lo que el tipo me responde:

HOLA LA PLATA ESTÁ A 8,68 EUROS LA ONZA.UNA ONZA =31,1 GRAMOS.ESTAS MONEDAS TIENEN 25 GRAMOS CADA UNA.NO ES QUE VAYA DE LISTO NI MUCHO MENOS.SOLO LE INFORMO DE MI SABIDURIA EN EL TEMA.MI INTENCION TAMPOCO ES OFENDERLE NI BURLARME DE USTED.NO LO PIENSE.NO ME GUSTAN LOS MALOS ROLLOS.ME CONSIDERO MUY LEGAL Y ONESTO.SOLO LE HE OFRECIDO DE LO QUE YO ENTIENDO.NO ENTIENDO DE CARTALOGOS NI DE MAS.POR QUE EL CATALOGO ES UN PRECIO Y LA REALIDAD DE HOY POR HOY,ES OTRA.SI NO ES MUCHA MOLESTIA,CUANTO PIDE POR LAS DOS???GRACIAS DE NUEVO POR PERDER SU TIEMPO EN LEER ESTE SMS.(SIN MALOS ROLLOS, DE VERDAD)SALUD.

Creo que me he encontrado pocas veces en mi vida a gente que haga tan explícita su ignorancia como este tipo, y encima para querer engañarme. En primer lugar porque no sabe escribir, escribe con mayúsculas, sin espacios, sin tildes, deletreando mal y sin ser ni siquiera capaz  de estructurar correctamente una sentencia. Lo de no saber escribir es, desde mi punto de vista, una lacra social. No es que tengamos que ser todos literatos, y nadie está libre de que se le escape alguna falta, pero no ser capaz de escribir de forma comprensible es el mayor exponente de la ignorancia. Además de que semejante forma de redactar me parece una mala educación, un descuido o desprecio total hacia tu lector. Algo así como si te presentas a alguien y en vez de darle la mano le haces partícipe del olor de tus flatulencias.

Y dicho esto, vamos al tema numismático:

Este es el típico chaval que va en busca de chollos para vender más caro. Seguramente tenga menos de veinte años y quiera sacarse unos cuartos vendiendo monedas. Para lo cual habrá dedicado una tarde a leer algunas páginas sobre numismática y creerá que sabe lo suficiente como para hacer negocios en el mundo numismático.

Muy mal. Para este asunto hace falta dedicar tiempo, y bastante, del orden de años. Si no, lo normal es que te salga mal el asunto y no hagas más que perder pelas por pasarte de listo. Es como en la serie de Los Soprano, donde hay varios personajes jóvenes que quieren hacer pelas rápidamente y acaban con una bala entre ceja y ceja a las primeras de turno. Además, no hay que ser avaricioso y querer sacar un 1000% de beneficio por cada pieza que se venda, en torno a un 15-20% ya está bien, y muchas veces se saca menos.

Resulta que luego indagué al tipo y tenía una tienda en eBay (no pongo la dirección por motivos evidentes).   En ella vendía un montón de monedas, centenares, a unos precios desorbitados. Por ejemplo, una peseta de 1903 en estado BC+ por 35 euros o tres cobres de Fernando VII en calidad BC-/BC por 120 euros. He incluso había muchos casos en los que ni siquiera sabía lo que estaba vendiendo. Ponía varias veces “moneda antigua para catalogar”, tratándose de falsificaciones (eran más que evidentes) de monedas romanas. He incluso una la anunciaba como “un maravedí de plata” (!!), cuando realmente estaba vendiendo un real.

Me fijé en sus votos y descubrí que no había vendido ni una sola moneda. Normal, a esos precios y con esas calidades… realmente lo único que había hecho era perder un montón de tiempo subiendo cientos de fotos a eBay y también dinero, porque los anuncios y la tienda no son gratis.

Como conclusión se puede sacar una lectura de esto: Internet permite comunicarte con millones de personas en  todo el mundo, pero eso no es suficiente para poder venderles monedas y sacar un beneficio. Hace veinte años el mero hecho de poder llegar a cierta gente ya era un valor añadido de unos comerciantes frente a otros; la numismática de Palencia ponía los precios que quisiera porque la gente no iba a comprar monedas a Madrid y en Palencia sólo había una numismática. Hoy ese valor añadido se ha reducido muchísimo (para mi lo extraño es que no se haya anulado por completo) por lo que hoy más que nunca se prima el conocimiento sobre el mercado en el que te metes, ya sea numismático o de otro tipo. Es decir, que nadie se crea que sólo por tener una conexión a Internet se puede sacar unas pelas en el mundillo numismático porque eso no es así. Hace falta conocer el mercado, y eso no se hace en una tarde.

Una vez leí en Coin Talk un tipo que escribía lo que le dijo su ex-jefa: “Y si tienes monedas de oro ¿por qué no haces joyas con ellas?”.

Estoy seguro que a cualquiera de nosotros se nos revuelve el estómago sólo de pensar que alguna de nuestras preciadas piezas de colección puedan acabar convertidas en un vulgar anillo o semejante. Es casi como pensar que tu hijo puede caer preso de las drogas (esto lo digo porque no soy padre). Pero en cualquier caso hay gente que piensa así, y aunque cada vez quedan menos, todavía hay señoras mayores que guardan las pesetas de sus antepasados “para hacerse unos pendientes”. Es simpático, pero en los años 40 ó 50 era típico llevar a la joyería un par de monedas de plata para que te hiciesen una pequeña joya y el joyero se cobraba de la plata restante.

Todavía hay gente que hace cosas semejantes, y ya me han preguntado algunos si podía venderles monedas desgastadas para hacer un anillo a su señora. A mí la verdad es que estéticamente no me gusta, pero no considero un crimen destrozar una pieza que valga 4 euros para hacerse un anillo, si es que te gusta. Donde sí que arrugo un poco el entrecejo es al ver pendientes como los de arriba, hecho con sendos tetróbolos acuñados en la ciudad de Querronesos en los siglos IV-V a.c.. Estas “joyas” las vende Jesús Vico por ni más ni menos que 460 euros.

Por mi parte que cada cual haga lo que quiera, pero a mí se me revolvería el estómago si me encuentro con una señora que lleve esos pendientes. Aparte de parecerme una horterada, lo considero la práctica destrucción de un objeto histórico. Jesús Vico, además de estos pendientes vende colgantes, llaveros, gemelos y demás parafernalia de semejante naturaleza. Cada cual dirige su negocio a los clientes que quiera y les vende lo que puede.

Hace unos veinte o treinta años también debía ser muy típico engarzar una moneda grande de plata y hacerse con ella un llavero. Típicamente eran duros de plata, monedas de 100 pesetas de Franco e incluso alguna vez duros extranjeros. Yo no he visto a nadie llevar un anillo de esos, pero los he visto en mercadillos (tanto los llaveros vacíos como con moneda) y en alguna web. Un ejemplo de estos últimos es el que está justo arriba, que lo vende la numismática Borrás.

En relación con esto, una vez en un mercadillo le asaltó a Enrique un chatarrero plus ofreciéndole un duro de 1871 fatalmente conservado y engarzado en un llavero como si fuera una joya (de hecho, dijo varias veces que aquello era una joya). Haciendo un gran esfuerzo de honradez, el chatarrero le ofreció el llavero por 40 euros, un precio de amigos, vaya… a Enrique lo que más le costaba era contenerse la risa.

De nuevo hay que tenerlo claro: tener una moneda en un anillo, llavero o similar reduce su valor numismático a cero en la inmensa mayoría de los casos. Así que sólo lo recomendaría hacer con piezas más que comunes y mal conservadas. Por otra parte si se tiene uno de estos procedentes de nuestros antepasados, pues se puede guardar, pero teniendo claro que no tiene especial valor económico.

Antes de finalizar tengo que decir que me da muchísima pena cuando veo monedas en subastas que sean raras y que están anilladas, perforadas, engarzadas, soldadas… siempre pienso en si la persona que lo hizo sería consciente de lo que estaba haciendo. En algunos casos extremos se llega a que una pieza sea única y esté agujereada; de éstas se vio alguna en la subasta Caballero de las Yndias. Más normales, pero igualmente destrozadas, son las dos últimas monedas que ilustran la entrada, ambas pertenecientes a la subasta del 26 de mayo de Aureo.

Dicen en las noticias que los españolitos de a pie invierten su dinero sin tener ni la más remota idea y fiándose de la opinión de los bancos. Luego resulta que les venden un paquete de preferentes hechas un asco al precio al que estaban tres años atrás. Y claro, se quedan sin un duro. Bueno, pues esta misma idea también ocurre mucho con la numismática: hay gente que se dedica a comprar piezas sin tener mucha idea del valor de las mismas, asesorado sólo por su numismático, que gracias a las pérdidas de sus clientes saca un buen sueldo. Ya vimos un caso extremo.

Todo esto viene dado porque el que teóricamente asesora al inversor, bien sea el numismático o el empleado de banca, tiene más intereses que los del propio inversor que son los intereses del banco o de su propio negocio. Esto hace que los teóricos consejos acaben siendo unas milongas para quedarse ellos con las pelas.

Una de las falacias más repetidas es “Compra sólo moneda buena”. En general esto es cierto, suele ser mejor comprar moneda buena que chatarra, pero lo que pasa es que nadie te dice a qué precio se tiene que comprar esa moneda. Es decir, si voy a un numismático y me ve con intenciones de soltar un buen dinerillo por una moneda sin que yo tenga mucha idea, pues me ofrecerá una buena pieza por 2.000 euros cuando quizá cueste 1.500; si a los tres meses por lo que sea necesito dinero y la tengo que revender, podré hacerlo rápidamente (porque es una buena pieza), pero quizá no saque de ella más de 1.000 ó 1.200 euros. Las pérdidas son considerables. Si me gasto 500 euros en chatarra (y eso da para mucha chatarra), quizá si necesito dinero rápidamente no me den por ella más de 150 euros, pero habré perdido menos pelas. Es decir, que si aunque es preferible hacerse con moneda buena (eso te lo dirá cualquier profesional), no hay que pagarla a cualquier precio (eso no te lo dirá ninguno).

Otra cuestión es el qué coleccionar. Ya se ha comentado que hay diferentes tipos de colecciones y existen muchos factores que influyen en qué colecciona cada uno. En cualquier caso, cada cual que reflexione sobre su colección y sea él quién decida. Los profesionales siempre te van a empujar hacia las monedas que ellos controlan más (generalmente se acaban especializando): unos te dirán que lo mejor es coleccionar piezas de Franco, otros moneda de las monarquías europeas, otros moneda americana, otros euros, otros monedas romanas… todos te querrán ganar como cliente, pero no porque sea lo mejor para ti, sino porque es lo mejor para ellos. Lo que está claro es que ninguno te dirá que no te centres en ningún tipo de colección, que simplemente te dediques a comprar moneda que te guste y esté barata.

Hay un par de remedios para cubrirnos de este tipo de cosas. El primero es hacer un contrato explícito de asesoría numismática con un profesional, de forma que si él no vela por tus intereses le puedas denunciar (si eres capaz de demostrarlo). En cualquier caso, esto sólo lo podrá hacer gente que quiera invertir cantidades ingentes de dinero en numismática, para el resto de los mortales sólo nos queda una solución: hablar con muchos numismático, hablar con aficionados, leer revistas, blogs, libros… reflexionar nosotros mismos, sacar nuestras propias decisiones y actuar en consecuencia.

Para finalizar la entrada, os dejo una conversación que tuvieron Enrique (E) y un numismático profesional (NP) hace poco:

NP – ¡Mira qué pieza! se la ofrecí el otro día a un coleccionista amigo mío por 1.100 euros y me dijo que sacía que valía ese dinero pero que no me daba por ella más de 1.000 ¿Tú te crees?

E – Bueno, es normal, si vale 1.100 euros y el la paga a ese precio ¿qué gana él con la compra?

NP – Un momento, que aquí el comerciante soy yo, y el que tiene que ganar dinero es el comerciante y no el coleccionista.

E – Pues yo todas las monedas que te he comprado las he revendido más caras, y ten por seguro que si no pudiera venderlas más caras no te las huiera comprado.

NP (arrugando el entrecejo) – Es que tú eres muy listo…

Las fotos son de la próxima subasta de Aunktionshaus. Se tratan de un denario de Nerón, otro denario de Vespasiano y otro de Trajano. No es que entienda de moneda romana, pero los retratos que tuvieron estos emperadores en ases, denarios y sestercios son una maravilla.

Ya se ha comentado en el blog que los Reales de a 8 españoles fueron durante varios siglos moneda de intercambio mundial. Se podría escribir un libro entero dedicado a lo que se inventaban los diferentes países (o colonias) para marcar las monedas españolas y convertirlas en monedas oficiales de su país. Eso es algo que hicieron muchas colonias británicas, como Estados Unidos o Australia y también otros países como China, Brasil o Filipinas. A este respecto, hay una colección muy interesante de resellos en la próxima subasta de Aureo.  Podríamos tirarnos horas hablando del tema, pero hoy nos centramos en Australia y en la curiosa manera de convertir la moneda española en propia, que no era otra que agujerearla y hacer una moneda anular.

El procedimiento era sencillo: se cogía una moneda de 8 reales, se agujereaba y se convertía en un anillo de plata más un pequeño redondel de plata también. Bueno, pues el anillo se correspondía con una moneda de 5 shillings y el redondel interno con una de 15 peniques, después de resellar ambas, claro está. Popularmente se les conocía como un holey dollar (dólar agujereado) y un dump (deshecho, vertedero), respectivamente.

Aquí se indica que se produjeron 39.910 holey dollars, de los cuales se dice que siguen existiendo 395, aunque otras fuentes estiman que existen hoy en día menos de 300. En cualquier caso, se tratan de unas piezas con muchísimo valor histórico, tanto por su escasez como por su importancia en la numismática australiana. Prueba de ello es que en la web del Museo de Billetes en curso Australianos hacen mención expresa a este tipo de monedas y a su importancia antes de la federación.

Para poner más divertido el asunto,  en la revista Crónica Numismática de noviembre de 1996 se dice que sólo se acuñaron (o reacuñaron, como se quiera) este tipo de monedas durante 16 años, entre 1813 y 1829, y además fueron objeto de numerosas falsificaciones. Una consecuencia de dichas falsificaciones fue la suspensión y retirada de la circulación de estas piezas.

Es fácil imaginarse que con este panorama, catalogar los holey dollars es todo un reto. No obstante, se citan tres publicaciones especializadas al respecto en Crónica Numismática. La primera es muy antigua y con escaso rigor, se trata de “The world of the holey dollar” de Philip Spalding, publicada en Santa Bárbara en 1937. La segunda se trata de “The holey dollar & dump” y la tercera “The Holey Dollars of New South Wales”, ambas de W.J.D.W. & W.J Noble (no indica más que las siglas de los autores). He hecho una pequeña búsqueda y parece ser que estas publicaciones hace tiempo que dejaron de estar disponibles. No obstante, hay quien ha publicado en su web un pequeño catálogo de los holey dollars, así como características y curiosidades al respecto; muy interesante esta última fuente, está más que recomendada.

Para finalizar hay que decir que el gobierno australiano sacó en 1988, 1989 y 1990 unas series de Holey Dollars and dumps para coleccionistas, como las que se ven en la imagen superior. Las podéis ver aquí, aunque ya sabéis cuál es mi opinión al respecto.

Parece que ha gustado mi última entrada en la que comento un poco los tipos que nos podemos encontrar delante de los mostradores en los mercadillos de cualquier plaza. Hoy toca hacer lo propio con lo que nos podemos encontrar detrás de los mostradores, aunque la clasificación es más difícil. Pero bueno, vamos a intentarlo que para eso estamos. Voy de los que menos confianza me suscitan a los que más:

El chatarrero: esto son gente que tienen desplegada una manta con diez mil cosas que se han encontrado en contenedores y escombreras. Hay desde una muñeca sin cabeza hasta una caja llena de clavos usados. No hay nada que sirva para nada, pero sorprendentemente siempre hay gente alrededor preguntando por el precio de un ítem oxidado. Muchas veces entre tanta chatarra tienen una bolsa con monedas de cobre o aluminio. Nunca he perdido ni veinte segundos en mirarlas.

El chatarrero plus: es como el anterior pero más simpático. Si te ve pasar te pregunta que si andas buscando algo, y cuando le dices que monedas te enseña la bolsa roñosa que tiene. Le dices que no te interesa, que vas a por monedas mejores y entonces te dice que te acerques, que tiene unas piezas buenísimas que las compró en una convención y que como le hace falta el dinero te las deja por sólo 1.200 euros (verídico, a mí me ha pasado). Evidentemente lo mejor es salir corriendo.

El que engaña y limpia: estos son los elementos que más detesto porque su negocio se basa en engañar a los aficionados que no tienen mucha idea y que cuando descubren que se han dejado una pasta en monedas falsas o limpiadas, agarran asco a la numismática y dejan la afición. Suele ser gente que tiene monedas romanas clarísimamente falsas y monedas de El Centenario limpiadas que cuelan como si estuvieran en SC. Su estrategia es como la de tantos vendedores de eBay: es tan evidente que estas monedas son falsas que si no te das cuenta es que no tienes ni idea, por lo que te voy a sacar los cuartos.

El carero:  tiene moneda decente pero unos precios de escándalo. Ves piezas que tú vendes por 40 euros que las ha puesto en 110 con la esperanza de que, después de un regateo, la pueda vender en 80 euros. Miras sus piezas y cuando te dice que si te interesa algo le saltas “a estos precios evidentemente no”, lo que suele venir acompañado de un “pues no son nada caras, es que tú no entiendes y no sabes apreciarlas”, seguido de un intento de humillarte para hacer creer a los demás compradores que no les intenta engañar. Un día dedicaré una entrada a estos pendejos.

El no chorizo:  en esta categoría caen muchísimos. Es más que sabido que en los mercadillos hay que tener mucho cuidado porque muchos de los vendedores, de una forma u otra, intentan engañar. Bueno, pues al 80% de los comerciantes de un mercadillo les oirás decir “aquí casi todos son unos ladrones, yo soy el más honrado de la plaza”. Cada vez que oigo eso ya me ando con cuidado con ese tipo.

El entendido y envidiado:  este es un subgrupo del anterior. Es un tipo que espera a que le digas qué coleccionas para soltarte que él es el profesional más especializado en ese tema en toda España. Suena ridículo y poco humilde, pero así te lo salta. Da igual que digas que coleccionas euros, que moneda de Franco, que americanas… como si le dices que te dedicas a las botellas de gaseosa: él es que más entiende. Además, después de esa te suele soltar que a él le envidia toda la plaza (que por cierto, casi todos son unos chorizos) y no le envidian por lo guapo que es, sino por lo mucho que entiende de monedas y lo bien que le va el negocio.

Los fantasmas: ésta es la versión profesional de los falsamente entendidos. Intentan ser uno de los del último grupo sin serlo y te saltan unas fantasmadas que no se las creen ni ellos. Por ejemplo, yo pregunté por dos pesetas de 1947 en calidad SC a un tipo y me saltó que tenía 17 cartuchos de cada una de ellas (por si alguien no se hace a la idea, esos cartuchos costarían en torno a 100.000 euros).

El aficionado: no entraría dentro de la categoría de profesionales por motivos obvios, pero es un aficionado que se ha llevado sus monedas, una mesa e intenta cambiarlas o venderlas. Poner una mesa en un mercadillo es barato (y a veces se ponen sin permiso del ayuntamiento) y suelen ser gente que intenta sacarse cuatro duros sin mucho margen de beneficio. Lo malo es que rara vez tienen piezas decentes.

El de las monedas contemporáneas: son gente que van a por los que están a la última, y sólo a por ellos (es increíble que haya los suficientes aficionados de ese estilo como para alimentar a tantos profesionales así). Tienen euros de un montón de países, algunas conmemorativas y quizá moneda del Rey o billetes del mundo, pero no le preguntes por nada más. No saben ni lo que es un sestercio, ni al precio que está el oro ni quién era Carlos III. Se dedican a vender monedas como quien vende botones: el mayorista se los vende a un precio y ellos lo venden al precio de catálogo o un 10% más barato. Me sorprende cómo puede haber profesionales de la numismática que no tengan ni tan siquiera una cultura general del tema histórico.

Moneda buena y precios algo elevados: esto no es lo mismo que el de “el caro”. Simplemente es gente que tiene moneda de calidad, pero los precios están entre un 20 y un 30% más caros de lo normal (y no un 200%). Generalmente lo hacen porque dan por supuesto que van a intentar regatearles. Si son buena gente la valoración de la moneda es apropiada, es decir, que pondrán como EBC+ lo que realmente es EBC+, y no un MBC+, cosa típica del que intenta engañar al principiante. Lo mejor con ellos es coger una moneda y decirles “me interesa, ¿por cuánto me la dejas?”, y si se lo dices serio y ven que tus intenciones no son el regateo, entonces te darán un precio razonable.

El precio justo: son gente que tiene monedas decentes pero que no permiten ni regatear un euro, lo cual a mí me encanta. El precio que pone suele ser muy ajustado y hay veces que se encuentra con ellos monedas interesantes a precios más que razonables (vamos, que dejándote un margen de beneficio). Si pone 32 euros no intentes sacársela por 30 porque no te la venderá. A mí me parece una política excelente e intento seguirla yo mismo.

El verdadero profesional: estos no suelen abundar. Son gente que tienen buenas piezas y son profesionales que manejan mucha pasta, aunque también suele ser normal que tengan algunas piezas más baratas o moneda actual. Si están en el mercadillo no es para hacer dinero de forma directa, de hecho suelen vender muy poco, pero les compensa porque así les conoce gente. Es muy normal que cuando alguien empieza vaya a los mercadillos, y ya se dan a conocer a esos aficionados. Al cabo de unos años, unos pocos de esos aficionados son gente que se podrá dejar 1000 euros en una moneda, y eso es lo que más les interesa a ellos. Es decir, que para ellos el mercadillo no es más que una forma de hacer contactos.

Las imágenes se corresponden a piezas que se subastarán en la próxima subasta de Nudelman Numismatica el próximo 6 de junio. Son todas monedas Húngaras, a mí me gustan especialmente las medievales, con el rey que parece que está listo para saltar al combate. Se tratan de  tres Goldgulden, uno de 1446, otro de 1532 y otro de 1555 y dos taler, uno de 1779 y otro de 1853, respectivamente.

Los mercadillos que se montan los domingos en la mayoría de las ciudades españolas son puntos de encuentro para coleccionistas a la numismática y la filatelia. Es cierto que hoy en día las nuevas hornadas de coleccionistas, entre los cuales me incluyo, preferimos comunicarnos por medios telemáticos, pero hasta hace poco ir a mercadillos era la única manera de contactar con otros coleccionistas o profesionales. Si todavía siguen existiendo es debido a que se consideran actividades de interés histórico, pero lo normal es que a medio plazo vayan desapareciendo y sólo queden en las ciudades grandes. Esto se debe a la aparición de Internet y a la presión por parte de Hacienda (que no recauda prácticamente nada de la pasta que ahí se mueve) y de algunos numismáticos profesionales (lo consideran competencia desleal).

Yo no voy muy a menudo a los mercadillos, más que nada porque no vivo en una capital suficientemente grande como para que se monte uno suficientemente jugoso. No obstante, alguna vez me acerco a Valladolid y cuando coincide que estoy en Madrid un domingo, suelo aprovechar a ir a la Plaza Mayor. Lo más importante cuando se va a un mercadillo, yo ya iba avisado, es no hacerse demasiadas ilusiones con lo que se va a encontrar ahí, porque lo normal es que de cada veinte vendedores merezca la pena uno. Un mercadillo es algo así como un “eBay en directo”.  Ahí hay gente de todo tipo, y muchos de ellos sin más interés que el de vender chatarra lo más cara que puedan.

Así pues, por cuestión jocosa, aunque alguna conclusión seguro que se puede sacar, voy a intentar describir brevemente los personajes típico que uno se puede encontrar en un mercadillo. Como si de las películas Stagecoach o Ko to tamo peva (ambas muy recomendadas, ya de paso) se tratase. Hoy me centro en los aficionados, para otro día comentaré los vendedores. Vamos de menos a más interés numismático:

Los chorizos. Estos son los profesionales del hurto, generalmente conocidos por la policía porque han pasado 35 veces por el calabozo pero siempre han salido porque no han hecho “nada grave”. Puede que intenten robar la cartera a los aficionados o una moneda cara, o incluso un álbum entero a algún vendedor.

Los turistas. En Madrid nunca faltan turistas que vienen al mercadillo a ver el jaleo que se prepara. Es algo muy normal que también hago yo si me sobra tiempo en una ciudad extranjera. Hay veces que incluso compran algo, generalmente chapas o pequeñas medallas, más como recuerdo que otra cosa.

Los que se han encontrado una moneda. Generalmente son gente que tienen monedas en casa y les ha dado por venderlas, a pesar de no tener ni idea de numismática. Lo más normal es que sean chatarra de Franco o, en el mejor de los casos, monedas sin especial valor numismático. Suelen ir de tenderete en tenderete hasta que se dan cuenta de que realmente sus monedas no valen nada, momento en el que se van para casa. Alguna vez resulta que llevan una pieza buena o un pequeño lote y se las compran muy baratas. Es lo que tiene no entender. Hay algunos que incluso no llevan la moneda como tal “por miedo a que se la roben”, y piden una tasación a partir de una foto o una descripción verbal. Evidentemente, los vendedores les dicen algo como esto.

Los coleccionistas compulsivos. Son gente que compran un montón de cosas (que no vale ninguna para nada) con el único objetivo de llegar a casa a ordenarlas en un álbum. Lo mismo compran un taco de 300 calendarios que los boletos de Lotería Nacional de 1963. Algunos coleccionan monedas o sellos con semejante valor.

Los  desactualizados. Son los que tiene una modesta colección que va aumentando poco a poco, pero que carece de conocimientos numismáticos, y va con su catálogo de los hermanos de Zaragoza, con los precios todavía en pesetas, buscando monedas a precio de catálogo. (Esta categoría la ha dejado Antonio en un comentario)

Los que están a la última. Encajan bastante bien con el Caso A de los obsesionados con la numismática. Suelen coleccionar euros y están muy atentos a las últimas novedades. Sinceramente, yo no pensaba que hubiera tanta gente así hasta que fui a Madrid.

Los pesados. Son gente con la que no me gusta tratarme demasiado. Son ultradesconfiados y súper indecisos. Cogen una moneda que les ofreces por 6 euros y empiezan a mirarla, a re-mirarla, a volverla a mirar, a fijarse en cada detallito sin hacer más que quejarse… después te saltan que es que está muy desgastada, y claro, les dices que por eso vale 6 euros, que si estuviera en proof costaría 1500. Te empiezan a poner pegas, diciéndote que no se ve muy nítido no sé qué detalle, y que no sé qué otro puede haber sido modificado. En compensación te piden que les dejes la moneda en 5 euros, y tú, que ya llevas media hora perdida por una moneda a la que no sacas ni medio euro, le dices que no, que vale 6 y es buen precio y ya está. Finalmente el tipo se va sin comprar la moneda pero habiendo disfrutado el tiempo que a ti te ha hecho perder.

Los falsamente entendidos. Estos aparecen cuando se forma una conversación entre aficionados. Son gente que habla, y habla mucho, sin saber muy bien ni qué dice ni por qué lo dice. Tienden a despreciar unas monedas (que suelen ser las que llevan otros) y considerar como rarísimas otras (que suelen ser las que llevan ellos). Te cuentan unas historias de compras o ventas que han hecho o han dejado de hacer que no se las creen ni ellos, pero como se piensan que tú sí que te lo crees, pues aumentan su ego. Ellos quisieran ser del tipo siguiente, pero no pueden. ¿Qué se le va a hacer?

Los realmente entendidos. Estos son los más raros, porque entendidos no hay demasiados. Son gente que ya ha entrado en años y por cuyas manos han pasado cientos de monedas que valen miles de euros. Aunque no son profesionales saben mucho y quiere que se les note. Entran en cualquier conversación como si fueran un marqués, con cierta prepotencia y vestidos de forma impoluta con alguna joya que ya vale más que todo lo que lleva encima el resto de participantes en la conversación. Si tienes moneda buena y la vendes barata, él te la compra. Si quieres moneda buena, él te la vende cara. Quiere que se note que él es que más sabe del asunto y el que más pelas tiene, por eso desviará la conversación hacia cualquier tema que él controle, para poderte decir lo que quiera sin que puedas tener capacidad de réplica (yo he llegado a ver a uno de estos dar una especie de clase magistral sobre los procesos de fundición de la industria metalúrgica, simplemente para que se note que entiende). Hace explícito quién es el líder.

Las imágenes se corresponden con monedas subastadas el día 20 de abril en la casa de Marti Hervera y Soler y Llach. Son las que más me han gustado de cuantas se han subastado. Se tratan de un sestercio de Adriano con la alegoría de Hispania, una dobla de 35 maravedís de Pedro I, 20 pesetas de la ocupación napoleónica de Cataluña, 20 reales de José Bonaparte y 2 pesetas de Alfonso XIII.

Hace tiempo que tenía ganas de escribir una entrada dedicada a la necesidad de tener una buena bibliografía, y de tanto esperar Carlos se me ha adelantado con una muy buena reflexión en su blog. En cualquier caso, haré yo la mía propia, aunque recomiendo encarecidamente leer con calma la entrada de Carlos.

Hay un dicho entre los numismáticos anglosajones que dice “buy the book before the coin” (compra el libro antes que la moneda). Este dicho, que casi se considera un axioma, aparece desde en libro “Coin collecting for dummies”, hasta foros más especializados y webs varias sobre numismática. Yo no lo consideré explícitamente como uno de los consejillos para principiantes porque creo que quedó bastante explícito que hay que conocer bien las monedas antes de comprarlas. En efecto, ese es el consejo que hay detrás del axioma.

Una de las diferencias fundamentales y evidentes entre un buen aficionado a la numismática y un principiante, es que el buen coleccionista conoce bien las monedas que compra: conoce sus fechas, sus cecas, los ensayadores, los detalles en los que hay que fijarse, el precio de mercado y cuánto debe pagar por ellas. Todo eso no se aprende en una tarde, y supone mucho tiempo de estudio de las piezas que se coleccionan. Los libros y manuales especializados pueden ser baratillos o pueden costar una pasta significativa, todo depende del tipo de colección que se haga. Así, el que simplemente coleccione euros no se tendrá que gastar mucho en catálogos, pero el que coleccione moneda medieval japonesa puede pasarse media vida consultando bibliografía. En general, cuanto más rara sea la colección que se haga, más difícil se hará encontrar bibliografía y más difícil será ordenar ésta. ¡¡Pero muchas veces es esa investigación la gracia de la colección!!

Encontrar datos sobre monedas raras puede suponer pasarse horas delante del ordenador, además de dominar un poquillo el inglés u otros idiomas. También suele ser complicado encontrar buenos compendios de monedas, puesto que como el público suele ser muy restringido la tirada suele ser pequeña y es raro que se re-editen. De hecho, las casas de subastas suelen subastar también catálogos que muchas veces alcanzan varios cientos de euros de precio. Esto supongo que a medio plazo mejore, una vez que se generalice el libro electrónico, el cual es muchísimo más barato de publicar puesto que no se necesita generar ni distribuir un soporte físico.

En cualquier caso, lo que debe quedar claro es que el tiempo y el dinero invertido en estudiar y comprar bibliografía no es tirado, puesto que ese conocimiento es necesario tanto para coleccionar como para invertir en numismática. Y creo que a un numismático nada le puede llenar más el orgullo que publicar su propio catálogo de monedas, fruto de décadas de investigación numismática por su cuenta.

Para ilustrar la entrada dejo unas cuentas monedas africanas, que todavía no había puesto ninguna. Se subastaron el día 27 de febrero de 2010 en Cayón. Se trata, por orden: 5 tallero 1891 (Eritrea), Piastre 1327 (Egipto), 1/8 birr. 1887 (Etiopía) y 500 dalasis 1977 (Gambia).