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Si algo en algo se ha caracterizado España, casi como una constante a lo largo de los siglos, es de tener nefastos políticos. Eso sólo tiene como ventaja que cuando pensamos que es absolutamente imposible hacer peor política que la que han hecho los diferentes gobiernos que hasta ahora se han sucedido en el siglo XXI, no tenemos más que echar la vista atrás y ver que estábamos equivocados: hay quienes lo hicieron peor.

Concretamente, desde mi ignorante opinión, considero que no ha habido jamás un mandatario tan horrorosamente nefasto como Fernando VII. Un absoluto gañán al que el nacionalismo español le puso otra vez en el trono después de las vergonzosas Abdicaciones de Bayona. Su obtuso cerebro no le permitía comprender que España no podía seguir viviendo de las américas y no hizo otra cosa que borrar el poco pensamiento ilustrado que habían traído consigo los franceses, dar una marcha atrás hacia un absolutismo rancio y poner trabas a cualquier intento de industrialización del país. Tampoco era un hombre de palabra, ni siquiera con los que habían sido sus aliados, y si no que se lo digan al Empecinado. Por si fuera poco, lo más grave fue que España perdió la mayor parte de sus inmensas colonias y su mandato acabó en una Guerra Civil.

Con semejante currículo no parece digno de hacerle ningún homenaje, pero la verdad es que desde el punto de vista numismático no se dio mal este gobierno. De hecho, las acuñaciones de Fernando VII son muy amplias, habiendo una gran cantidad de cecas tanto en la Península como en las colonias, muchas de ellas debido a la Guerra de la Independencia de México. Lo mejor es que es un periodo en el que se pueden encontrar bastantes monedas a precios muy razonables a la vez que hay muchísimas rarezas que se ven en subastas una vez cada mil años. Eso hace que coleccionar a Fernando VII esté al alcance de muchos, pero completar su colección sea prácticamente imposible. Además, muchas de sus monedas esconden “una historia detrás” (bueno, ¿y qué moneda no la esconde?) lo que hace que más gente se interese por ellas.

Dicho todo esto, lo que propongo es enumerar los tipos de monedas de 8 reales en los que sale el retrato de Fernando VII. Me fijo en los duros porque suelen ser los que más gustan, porque son donde mejor se ven los rostros y porque son los suficientes como para hacer una entrada interesante, mientras que si lo extiendo a todas sus módulos la entrada saldría kilométrica. No tengo en cuenta ni los duros en los que aparece el rostro de Carlos IV o de Pepe Botella, ni tampoco aquellos duros en los que no se representa su rostro.Vamos por cecas, empezando por la península y sin repetir los rostros que aparezcan en las anteriores (o sean muy muy semejantes):

BARCELONA


Este rostro está en la ceca de Barcelona, madrid y Sevilla en los duros de 1822 y 1823. Es el busto del monarca durante el Trienio Liberal.

CÁDIZ

Éste es el busto más común en los duros de Fernando VII, llamado “busto laureado”. El muy gañán debía verse guapo con la corona de laureles tipo emperador. Aparece en todos los duros de Cádiz (1810-1815), también en la ceca de Cataluña (1812), en la de Madrid (1814-1830), Sevilla (1809-1820), Cuzco (1824), Chiloe (1818-1822), Chihuahua (1814-1821), Durango (1811-1822), Guadalajara (1812-1823), Guatemala (1808-1821), Guanajuato (1812-1822), Lima (1810-1824), México (1811-1821), Monclova (1811-1812), Potosí (1808-1825) y Santiago (1811-1817).

CATALUÑA

Este busto se usó para las primeras acuñaciones en las cecas de Cataluña (1809-1810).

Este otro se usó para las últimas 1812-1814.

GERONA

Aparte del famoso duro de Gerona de 1808 (en el que no se retrata al monarca), en 1809 se acuñó esta rarísima pieza.

LÉRIDA

Otras dos rarísimas piezas acuñadas en Lérida en el mismo contexto que la de Gerona.

MADRID

Los primeros duros de Fernando VII en Madrid (1812-1814) se acuñaron con este rostro.

Este busto sólo se acuñó en Madrid en 1833 y personalmente es el busto de Fernando VII que más me gusta. Claro que no es un duro precisamente barato, así que creo que no me lo podré permitir si no es que algún lector del blog me lo regale.

SEVILLA

Las primeras acuñaciones de Fernando VII (1808-1809) portaban este busto. Las siguientes, de 1810 y algunas en 1811, portaban el llamado “busto diademado” (lleva una diadema en vez de una hoja de laurel), que es el siguiente:

El resto de los bustos de la ceca de Sevilla ya los he puesto antes.

VALENCIA

En Valencia sólo se acuñaron duros en 1811, todos con este busto.

CHIHUAHUA

Las acuñaciones de Chihuahua tenían todas el busto laureado, pero los primeros años de la ceca (1810-1813), las piezas eran fundidas y tenían este pseudo-retrato.

GUADALAJARA

En Guadalajara, además de con el busto laureado, se acuñaron con este busto algunas variantes.

LIMA

Los primeros años de acuñaciones en Lima se utilizaron el llamado “busto indígena”. El de arriba entre 1808 y 1809, y el de abajo entre 1809 y 1811.

Los años posteriores Lima acuñó con el busto laureado desde 1810 hasta 1824. Además, en 1824 se acuñaron monedas con otro busto laureado, que aunque es semejante no es igual, como bien apunta Miguel en un comentario.

MÉXICO

Las primeras acuñaciones de México con Fernando VII (1808-1811) tenían este busto, luego pasaron de nuevo al laureado.

SANTIAGO

Las acuñaciones de duros de Santiago entre 1808 y 1811 presentan dos variantes: cabeza cubierta, como el de arriba, y cabeza desnuda, como el de abajo. En ambas aparece Fernando VII vestido de almirante. Luego se pasa el busto laureado.

ZACATECAS

Este es el primer busto de Fernando VII usado en Zacatecas, entre 1811 y 1813. Siempre se encuentran así de malas… cuando se encuentran. El siguiente busto usado, entre 1813 y 1818 es el de abajo. Después se usó el busto laureado.

Bueno, pues estos son todos… o no. Porque si nos ponemos a buscar matices y pequeñas diferencias entre bustos, sacamos una lista el triple de grande. Me vais a perdonar que no la haga. Todas las fotos están sacadas de Aureo y de Cayón. Los tres ejemplares que no he visto subastados (Lérida y Gerona) los he sacado del archi-conocido libro de Calicó. Por supuesto, si veis errores o que se me haya pasado alguno avisadme en los comentarios.

Hace muy poco que dediqué una entrada a la Colección Crusafont, donde unos cuantos compañeros llevaron a cabo un interesante debate sobre la historia medieval catalana y aragonesa, y ya tengo que dedicar otra entrada a otra subasta temática de Aureo y Calicó: la colección José Leunda.

Se trata de una colección de 650 duros españoles, acuñados tanto en cecas peninsulares como americanas y europeas (Países Bajos e Italia). También se incluyen algunos resellos ingleses sobre piezas españolas que resultan, cuanto menos, curiosos. Si tuviese que decir alguna época que esté especialmente bien representada sería el comienzo del siglo XIX. Se cuenta con una muy buena colección de duros de Fernando VII, sobre todo de la Guerra de la Independencia Española (si bien le falta el de 1810 IA) y de la Guerra de la Independencia de México. De esta última tiene ejemplares de todas las cecas, y algunas de ellas son muy raras, como la de Tlalpujahua.

Estoy seguro de que la subasta tendrá un enorme éxito porque a muchísima gente le gusta coleccionar duros de plata, y en este sentido son piezas muy comerciales. Cualquier comerciante y muchos coleccionistas (entre los que me incluyo) estará dispuesto a comprar prácticamente cualquiera de las monedas que se subastan. De hecho, creo que esta es justamente una de las ventajas de coleccionar duros: al ser piezas buscadas no será difícil vender la colección a buen precio en caso de necesidad o de que los herederos no se interesen.

No obstante, tengo que decir que de las colecciones temáticas que ha subastado Aureo y Calicó últimamente, ésta es la que menos me ha sorprendido. Aunque la calidad de las monedas es buena en general, apenas hay piezas de extrema rareza, que al final son las que hacen que se recuerde una subasta. Que no se me malinterprete: ya quisiéramos muchísimos coleccionistas tener en nuestra colección la cuarta parte de calidad que hay en la de José Leunda, pero no hay apenas monedas de las que se ven en subastas una vez cada 20 años, como había en la Colección Crusafont, Llorenç Balsach, Hispania, Caballero de las Yndias o Anastasia Quiroga. También aparecieron más rarezas en la Colección Extremadura, subastada el 29 de octubre de 2002 por Aureo y Calicó, y que creo que ha sido la última subasta monográfica de duros españoles hasta la fecha.

Queda por comentar algo que se preguntaba por aquí: José Leunda no es nadie famoso, simplemente es un particular que no ha querido preservar su anonimato y prefiere que la colección a subastar lleve su nombre. Esto no es algo muy común en España, donde se suele preferir poner un nombre histórico, pero en otros países como EEUU es algo muy normal. Una forma, como otra cualquiera, de pasar a la posteridad numismática en España. Yo como no tengo tanto dinero sólo puedo pasar a la posteridad con este blog 🙂

Antes de finalizar hay que decir que en Panorama Numismático también han comentado la colección. Como siempre hago, he subido todas las fotos para que os las podáis bajar de un tirón pinchando aquí. Las imágenes que ilustran esta entrada son dos de los duros a subasta. La primera son 8 reales de Lima del que sólo se conoce otro ejemplar, la segunda es un ducatón de Amberes de 1703 (la estética de los ducatones me parece preciosa, habrá que dedicar una entrada a ellos un día de estos).

Cuando se ven los catálogos de subastas o las listas de variantes aparecen muchas veces unos números separados por una barra. Por ejemplo, 1882/1 o 1892/89. Estos números se refieren a ciertas variantes que no aparecen en algunos catálogos (supongo que a estas alturas no hace falta que repita las carencias de los catálogos). No obstante, cuando los coleccionistas se enteran de que existen estas variantes suelen querer tenerlas, y de hecho son muy apreciadas.

Las variantes por sobrefecha se deben a la reutilización de los cuños de una fecha para hacer los de otra. Por ejemplo, para hacer algunos de los cuños de los duros, pesetas y pesetones de 1882 se utilizaron los cuños de 1881 y se grabó el 2 sobre el 1. Al acuñar moneda con esos cuños reutilizados la fecha reflejada es, evidentemente, 1882 pero se observa un pequeño exceso de plata correspondiente al 1 que estaba grabado antes. Evidentemente, según el cuño va siendo utilizado y se va produciendo un mayor desgaste en el mismo, el exceso de metal producido por la fecha inicial es mayor y la variante más clara.

En las monedas de El Centenario la reutilización de cuños se da en varias fechas (echad un vistazo a las siguientes listas de variantes: duros, más duros, platas, cobre, oro y otros). Son monedas rarillas y cotizadas, siendo las más corrientes las de 1882/1, tanto en peseta como en dos pesetas y duros. La siguiente imagen muestra una clara variante de un duro de 1882/1

Fijaos en el exceso de metal que aparece en la panza del 2 y que se corresponde con una línea recta procedente del 1 inicial. Hay veces que lo que cambia es la estrella, siendo 1882 (18-81), como en la siguiente pieza:

En las monedas de El Centenario aparecen sobrefechas, además de en la fecha, en los dígitos de las estrellas. El motivo es exactamente el mismo: la reutilización de los cuños para generar la otra moneda. Ahora bien, hace falta que la acuñación de la moneda haya sido muy buena para que se aprecie con claridad la variante, y aún así es necesario que el observador tenga buen ojo para verla.

Aparte de las monedas de El Centenario también aparecen sobrefechas en monedas de Isabel II (en el catálogo de la colección Anastasia de Quiroga aparecen bastantes) e incluso algunas piezas anteriores, tanto en cobres como en platas y oro de la monarquía española. Por ejemplo, la siguiente imagen es una pieza de 80 reales de 1844/3 acuñada en Sevilla y subastada por Aureo en la colección de Anastasia Quiroga.

En la anterior entrada se comentaron algunas monedas de la próxima subasta de Cayón, entre las que destacaba el duro de 1871 (18-72). Podéis pasaros por la entrada para ver una descripción del mismo y una interesante discusión al respecto, al igual que en el foro de Imperio Numismático, donde también hemos estado discutiendo sobre el tema. Ha habido bastante revuelo y no han faltado varios correos en los que se me pedía opinión sobre la tasación de semejante pieza y de alguno que me ha comentado que iba a realizar una puja muy importante.

Adolfo Cayón ha leído la entrada y se ha puesto en contacto conmigo para indicarme, entre otras cosas, que el duro de 1871 que tiene en subasta está descrito como (18-72) por error, realmente es un duro de 1871 (18-71). Así pues, fin de la historia: el duro de 1871 (18-72) no existe, y de existir no se conoce ningún ejemplar. También puede darnos para reflexionar sobre el enorme peso que tiene Cayón en la comunidad numismática española; confiamos tanto en Cayón que un simple error tipográfico genera tanto debate.

He de añadir que  me ha solicitado que “corrija urgentemente cualquier alusión a la falsedad de la moneda y se lo notifique por escrito de manera inmediata”, indicándome que también da garantía de la autenticidad del duro de forma vitalicia. Yo he modificado una frase en la entrada anterior, si bien no he eliminado ni modificado ningún comentario porque entiendo que su propiedad intelectual y la responsabilidad de los mismos pertenecen a su autor. Así pues, si alguien quiere modificar algún comentario que haya realizado que me lo diga, pero hasta entonces así quedan.

La moneda de la imagen es el duro en cuestión que se subasta.

A mi casa me llegan cada poco tiempo catálogos de subastas numismáticas. Tanto es así que uno ya se acostumbra a recibir gratuitamente libros de monedas a todo color de forma totalmente gratuita; parece como si ya no tuviesen valor alguno. No obstante, no es tan común recibir catálogos que cuando los lees, independientemente de si se puja por algo o no, se aprende de ellos. Tal es el caso del catálogo de la próxima subasta de Cayón, del que se pueden extraer un montón de cosas. En esta entrada voy a dejar un pequeño repaso del conocimiento adquirido, fijándome en algunas piezas concretas (que no tienen por qué ser las más caras o espectaculares) y no en la subasta en su global, de la que estoy seguro que Rafael hará una buena descripción.

La primera pieza en la que hay que fijarse es en la preciosa dobla de la banda de Juan II con ceca de Ávila que se muestra arriba. La moneda es inédita y era desconocida hasta la fecha; probablemente sea una pieza única. De ella hacen una muy buena descripción, indicando que la fecha más probable de acuñación sea verano de 1420, cuando Juan II pasó una temporada en Ávila en la que aprovechó para casarse. También hacen alguna reflexión artística bastante interesante sobre la pieza, destacando dos detalles.

El primero de ellos es que la banda del escudo va de derecha a izquierda, algo muy raro que sólo se da en otro modelo acuñado en Sevilla (tipo 16.10 en el libro de Mozo y Retuerce, quien por cierto Cayón ni siquiera cita). El segundo detalle que indican es que si nos fijamos en los castillos del escudo se asemejan a una catedral gótica, mostrando los contrafuertes, exactamente igual que los castillos de las monedas acuñadas en Sevilla. No obstante, en las doblas de la banda acuñadas en Burgos (abajo se muestra una procedente de la subasta Caballero de las Yndias) el castillo recuerda a unas torres románicas. Esto hace pensar que el ensayador sienta más próximo el arte gótico que el románico, o la catedral de Sevilla del románico burgalés, lo que hace creer a Cayón que el ensayador fuese sevillano y no burgalés como podría pensarse en un principio por la proximidad geográfica. Un tercer detalle se le escapa a Cayón y es que la marca de ceca se encuentra sobre el escudo, lo cual sólo se da en las cecas de Burgos y Coruña, y no en Toledo o Sevilla, donde se muestra la marca de ceca en el reverso.

Otra moneda muy curiosa son los ocho reales que se muestran abajo. En ellos se observa un exceso de metal sobre el número 8. Según Cayón, esta marca se debe a que al labrar el punzón en un primer lugar se procedía a marcar las zonas donde se grabarían los diferentes elementos y luego se procedía a la grabación en sí. Por el motivo que sea, después de grabar el 8 no se pulió correctamente el cuño y ahí quedo ese exceso de metal para que los futuros coleccionistas se hiciesen una idea de cómo trabajaban los ensayadores mejicanos.

No obstante, en la subasta hay una pieza que llama la atención y que hace pegar un bote en el asiento a cualquier aficionado a la numismática del Centenario de la Peseta. Se trata del duro 1871 (18-72) que se muestra abajo.

Al verlo un amigo me escribió y me preguntó que si conocía la existencia de este duro. Yo le dije que no y lo comentamos en el foro de Imperio Numismático, donde el resto de aficionados tampoco habían oído hablar nunca de él.  De hecho, en la revista Numisma se publicó en su número 12 (julio-septiembre de 1954) un artículo de Rafael Sabau titulado “Las acuñaciones de duros en el sistema monetario de 1868”, donde se concluye como altamente improbable que exista el duro de 1871 (18-72). En dicho artículo se dice que por la Real orden de 5 de marzo de 1871 se aprueba la acuñación de duros con fecha 1871 (18-71), (18-72), (18-73), (18-74) y (18-75), siendo el año 1872 en el que más duros se acuñaron, pero siendo todos ellos con estrellas (18-71). Indica también que Antonio Bernabé Sánchez indica en el Boletín Ibero Americano de Numismática (diciembre de 1952) la existencia del duro de 1871 (18-72) pero sin proporcionar ninguna prueba argumental ni ningún ejemplar conocido. Así pues, concluye Sabau, si después de que tanta gente haya coleccionado duros del Centenario parece poco probable que de existir ese duro no haya aparecido, lo que hace pensar que de hecho, no existe.

Pues bien, aquí parece haber uno, y lo ponen sin dar ningún tipo de explicación de dónde lo han sacado o qué les hace pensar que es un duro auténtico y no está troquelado. Es, simplemente, una pieza más a subastar. Así pues, llamé por teléfono a Cayón y le expliqué mis argumentos diciéndole que tenía serias dudas sobre la autenticidad del duro, aunque no dudaba en ningún momento en su palabra. Me dijo que inspeccionó la pieza y que en su opinión es buena y no está troquelada; que hay veces que aparecen monedas inéditas y que aunque en El Centenario es difícil que pase, puede ocurrir. También me dijo que él garantizaba la pieza de manera vitalicia, de forma que si algún día se le demuestra que es falsa o troquelada, él devolvería el dinero correspondiente y fin del asunto.

Con todo, y por mucho que Cayón sea uno de los numismáticos más prestigiosos de España, sigo teniendo serias dudas de que ese duro tenga estrellas (18-72). En caso de serlo lo normal hubiera sido dedicar un extenso estudio a ese lote, al igual que se hizo con la dobla de la banda que se muestra más arriba. Por otro lado, la repercusión en la comunidad de coleccionistas, de haberlo dado credibilidad, hubiera sido enorme y seguro que el lote se hubiera rematado en bastantes miles de euros. Nada de esto ha ocurrido, por lo que me extraña que realmente el duro 1871 (18-72) exista.

Lo único que no me ha gustado del catálogo es la publicidad que hace, indicando que ellos venden más caro comparando dos piezas de oro rematadas en su sala de subastas y en Cayón en la subasta de Caballero de las Yndias (no lo dicen explícitamente, pero está claro a qué se refieren). Una comparación así de directa es engañosa y muy fea, más que nada porque los precios de las monedas muy raras son muy volátiles y es fácil que de una subasta a otra se rematen por el doble de dinero o más. Seguramente Aureo también podrá encontrar ejemplos de piezas importantes que se han rematado en Aureo a más del doble que en Cayón.

De hecho, una de las piezas que indican es la onza madrileña de 1710 que se muestra arriba. Dicen  con letras grandes que en 2001  se remató en Cayón por 103.674,59 euros, mientras que en 2009 se remató “en otra subasta” por 47.200 euros. También podrían haber dicho que en 1988 se vendió en Stacks por $126.000.

Un último apunte es que esta vez la subasta de Cayón es en enero, apenas quince días después de la 39 Convención Internacional de Numismática de Nueva York (aquí tenéis un resumen de la misma). Esto puede hacer que algunos profesionales anden con poco efectivo para esta subasta y que los coleccionistas más modestos nos podamos hacer con algún que otro lote, aunque está claro que las piezas buenas hay que pagarlas.

Antes de despedirme no me puedo resistir a mostrar este precioso octodragma de Arsinoe II en calidad EBC+. ¡Quién lo pillara!

Dentro de los diferentes duros de plata de Amadeo I se pueden encontrar las siguiente variantes, tal y como fueron citadas en el blog hace ya algún tiempo:

1871 – SDM (18-18)
1871 – SDM (18-71) Sin punto después de G
1871 – SDM (18-18) Base de columna derecha más corta
1871 – SDM (18-18) oreja rayada
1871 – DEM (18-18)
1871 – SDM (71-18)
1871 – SDM (18-73)
1871 – DEM (18-73)
1871 – DEM/SDM (18-74)

Como se ve, todos los duros de Amadeo tienen fecha de 1871 y son las diferentes estrellas y los ensayadores (Eduardo Díaz Pimienta y Julio de Escosura Tablares en el caso de DEM y Donato Álvarez Santullano y Eduardo Díaz Pimienta en el caso de SDM) los que dan más o menos valor a la pieza. Sin duda alguna, la variante más común es la de 1871 (18-71), las de estrellas (18-74) y (18-75) hasta hace poco eran también muy sencillas, pero ahora parece que escasean bastante. En cualquier caso, claramente la más difícil es la moneda de 1871 (18-73) DEM, a la que hoy se dedicará la entrada.

El duro de Amadeo I de 1871 (18-73) (o “duro del 73”) es la típica moneda que falta en muchas colecciones durante bastante tiempo, pero que si se busca al final se puede encontrar por un precio razonable. Eso sí, la mayoría de nosotros sólo podemos aspirar a conseguirla en calidad MBC-. Esto es debido a la escasez de esta pieza de la que, según Cayón y los Hermanos Guerra, sólo se acuñaron 46.000 ejemplares, que pueden parecer muchos, pero no son nada si se comparan con los casi 25 millones de duros que emitió Amadeo.

Ya os podéis imaginar, si no es que lo supieseis ya, que el duro del 73 es una de las piezas más buscadas de El Centenario, y como sólo se distingue por un pequeño detalle de otra moneda muchísimo más barata, hay multitud de duros falsos obtenidos a partir de troquelas las estrellas de un (18-71). Sin ir más lejos, yo mismo he recibido al menos media docena de correos de gente diciéndome que tiene un duro del 73 herencia de su abuelo, y cada poco he visto a gente preguntando lo mismo en foros, dando por supuesto que son buenos y pidiendo que alguien se los tase. De toda esta gente nadie ha podido confirmar que tenga un duro del 73 auténtico.

Esto hace que haya que ser muy precavido a la hora de adquirir uno de estos duros, porque es fácil que lo que nos ofrezcan sea un duro troquelado. Para detectar la autenticidad del mismo sólo sirve estudiar con sumo cuidado la segunda estrella; pero este examen es difícil porque al ser un duro que ha circulado carecerá de brillo en la estrella sea auténtico o troquelado. Por eso no nos podemos fiar del brillo original como se hacía en otros casos (un ejemplo y otro ejemplo), aquí no queda más que conocer de memoria la forma del 3 y la profundidad del trazo y saber identificar si el dígito es bueno o si lo han hecho con un punzón. La imagen de abajo muestra en detalle una estrella auténtica (la moneda es mía).

El 3 tiene que estar formado en la mitad de arriba por dos trazos rectos, y luego tener una panza redondeada. El trazo superior del 3 debe estar alineado con el del 7, y la posición del dígito debe estar centrada con respecto al inicio de los dos picos de la derecha de la estrella. El grosor del punzón debe ser del mismo grosor que el del 7 y también que los dos dígitos de la otra estrella. Aún así, sólo recomendaría comprar esta pieza a vendedores de mucha confianza y (a poder ser) teniendo factura.

Un último apunte es que en la entrada se ha hablado del duro de 1871(18-73) DEM y Cayón también cita un duro de 1871 (18-73) SDM por error. Yo incluí esa variante citada por Cayón en la lista de variantes de duros, pero a decir verdad nunca he visto ese error, ni en mano ni en una subasta. No estaba ni tan siquiera en la subasta Hispania. Así que por mi parte, y como dicen los expertos, se trata de “una variante no confirmada”.

En cuanto al precio, el duro que se muestra justo arriba está en calidad MBC+ y se remató en la subasta Hispania por 850 euros. El resto de fotos son de un duro del 73 que tengo yo.

Si abrimos cualquier catálogo en el que aparezcan monedas del Centenario de la Peseta, tendremos unos cuantos duros de plata, muy cotizados sobre todo por coleccionistas novatos. Sin embargo, es muy normal encontrarse en subastas o en mercadillos con duros que no aparecen en los catálogos. Ya dijimos que una de las carencias de los catálogos es precisamente esa: que no pueden estar todos los que hay.

Por eso, me he propuesto hacer una lista con las variantes de duros que me he encontrado (no pondré las fechas “normales”). No digo que estén todas, pero al menos hay unas cuantas.

1869 – SNM (18-69)
1870 – SNM (18-18)
1871 – SDM (18-18)
1871 – SDM (18-71) Sin punto después de G
1871 – SDM (18-18) Base de columna derecha más corta
1871 – SDM (18-18) oreja rayada
1871 – DEM (18-18)
1871 – SDM (71-18)
1871 – SDM (18-73)
1871 – DEM (18-73)
1871 – DEM/SDM (18-74)
1875 – DEM (18-75) oreja rayada
1876/5 – DEM (18-76)
1876 – DEM (18-76) oreja rayada
1878 – EMM (18-78) oreja rayada
1878 – EMM/DEM (18-78)
1882 – MSM (18-82/1)
1882/1 – MSM (18-81)
1882 – MSM (18-81)
1882/1 – MSM (18-82)
1883/1 – MSM (18-83)
1883 – MSM/DEM (18-83)
1884 – MSM/DEM (18-84)
1884 – MSM (18-18)
1885/4 – MSM (18-85)
1885 – MSM/DEM (18-85)
1885/4 – MSM/DEM (18-85)
1888 – MSM (18-88)
1888 – MPM/MSM (18-88)
1888 – MPM (18-88) cuello redondeado
1890 – MPM (18-90) anverso y reverso coincidente
1892 – PGM (92-92)
1892 – PGL (18-92)
1893 – PGL (18-93) oreja rayada
1894 – PGV (18-94) oreja rayada
1895 – PGV (18-95)
1898 – SGV (18-88)

Y con esta lista no acaba todo, aún quedan los duros “normales”, los errores de acuñación (hojas, incusas, exceso de metal, cospel fino…), las monedas con resellos y grabados, las pruebas realizadas y, evidentemente, aquéllas que deberían estar en esta lista pero de las que yo no tengo constancia.