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Esta tarde Alfonso Romero hizo la siguiente crítica a esta humilde bitácora:

…”visto desde fuera y tomado el blog en su conjunto, lo que se aprecia es un intento de descalificar al vendedor profesional de tipo privado (describiendo con cierta frecuencia las clases de jugarretas que pueden hacer al coleccionista) en beneficio de las casas de subastas, que según el blog nunca se la juegan a nadie (algo de todo punto falso pues quien esté libre de pecado que tire la primera piedra). En mi opinión si se quiere dar una imagen objetiva de este mercado hay que decir lo bueno y lo malo de todos los canales, no lo bueno de unos, lo malo de otros y a comparar pues esto sólo tiene un nombre: manipulación.
Que conste que, sinceramente, pienso que esto no lo haces adrede. Suele pasar que el que está “pariendo” un trabajo de tipo literario necesita que lo lea alguien imparcial para que vea la obra desde fuera, apreciando así errores que el que está dentro de la obra, sumergido hasta las trancas en sus complejidades, pasa por alto precisamente por carecer de esa perspectiva “desde afuera”. También quiero agregar que esta opinión no es solamente mía sino de bastante gente (tanto comerciantes como coleccionistas) con la que he hablado del tema, por lo que quizás pueda serte de utilizada conocerla”.

¡Tela marinera!

Ciertamente es algo que ya me habían insinuado en otras ocasiones pero la crítica se ha debido endurecer después de la última entrada. Alfonso sabe bien que no intento ser imparcial ni tampoco quiero manipular nada, prueba de ello es que en este blog no hay ningún tipo de publicidad para que mis opiniones no se vean condicionadas (evidentemente no se puede criticar a la empresa o el sector al que estás publicitando), porque ofertas ya he tenido.  Otra cosa que me extraña es que se hable de mí entre profesionales ¿tanto impacto tengo?

Los que me seguís desde hace tiempo ya sabéis que soy defensor de las subastas numismáticas y que son a las que considero el referente del mercado. Además, creo que son las grandes desconocidas por los aficionados principiantes: todo el mundo sabe que hay comerciantes que les proporcionarán monedas, pero muchos no saben que están las subastas especializadas. De hecho, unos cuantos me han escrito diciéndome que el mayor descubrimiento que han hecho gracias al blog es justamente ese: las subastas.

A pesar de ello, creo que es justo dedicar una entrada a reflexionar un poquillo sobre el papel que juegan los comerciantes profesionales en el mercado y las bondades de las compras privadas. Entiéndase por “comerciante profesional” no un tipo que le gusta la numismática y compra y vende de vez en cuando o con cierta frecuencia, ni tampoco aquél que se agarra una mesa plegable e improvisa un tenderete en la Plaza Mayor. Quiero decir una persona que se dedica excluvisamente al comercio numismático (o al menos de bienes materiales), que es su forma de vida: vive de ello y por ello paga unos impuestos.

El valor añadido que tienen estos comerciantes profesionales es, fundamentalmente, conocimiento de mercado. Conocen bien el mercado en el que se mueven, las monedas que compran y venden, a los diferentes profesionales y a coleccionistas… Por otra parte, lo que venden al coleccionista son, en mi opinión, tres valores:

 Confianza. Este, sin duda alguna, es fundamental. Cuando compras a un profesional debes estar seguro de que la moneda es auténtica y te puedes ir a casa tranquilo. Te llevas tu moneda junto con tu recibo y (posiblemente) un certificado firmado por el profesional autenticando la misma, la dejas en tu colección y no te quita el sueño pensar que pudieran haberte timado.

Asesoramiento. Quizá este es el que menos se valore, pero también lo veo importante. Acudir a un profesional y preguntarle si es preferible enfocar tu colección de tal o cual manera es un valor estupendo que hay que apreciar. En este sentido el profesional debe conocer a sus clientes y debe saber qué monedas recomendar a cada uno. Vender monedas no es como vender cebollas en la Plaza de Abastos, sino más bien como hacer un traje a medida del consumidor.

Conocimiento. Es otro de los puntos que no se valora y que nos pensamos que es gratis.  Muchas veces en una charla con un profesional se aprende más que habiendo leído tres libros. Sentarte tranquilo al lado de una persona que entiende mucho más que tú, poderle hacer preguntas sobre cómo valorar ciertas monedas, sobre si es buen momento para comprar cierto tipo de monedas o no, sobre el contexto histórico en el que se enmarca la pieza que le estás comprando… todo eso se debe valorar y pagar.

Ahora bien, si comparamos a este profesional con un pirata que te llama la atención desde una farola diciéndote que te deja no-sé-qué moneda muy barata… pues hombre, te puede salir bien o te puede salir mal, pero es evidente que con el pirata corres más riesgos, como bien dice Luis. Igualmente, si se compara al profesional con una casa de subastas veremos que en el primer punto la casa de subastas da tanta garantía o (en mi opinión) más que un profesional en una venta privada, pero el segundo y el tercer punto son valores inexistentes en una subasta.

En cuanto a sus márgenes de beneficio, ya se ha comentado por el blog y nos lo ha corroborado Luis: intentan que ronde el 100%, es decir, que buscan pagar por una pieza la mitad de lo que piden por ella al venderla (evidentemente esto es en monedas “normalitas”, no en rarezas ni en chatarra). Esto puede parecer mucho si se compara con  las cargas en las subastas numismáticas, donde rondan el 35%, pero no por ello comprar una moneda en una transacción privada va a ser más caro que comprarla en una casa de subastas. De hecho, a priori se pueden encontrar mejores precios entablando relación con los profesionales que acudiendo exclusivamente a casas de subastas. La razón ya la indicamos hace tiempo. Por otra parte, es evidente que si un profesional tiene que dedicar tiempo en comprar la moneda, tasarla, encontrar cliente, asesorarle y vendérsela, todo eso hay que pagarlo (recordemos que no es su afición, sino su profesión); también hay que tener en cuenta que el profesional paga sus impuestos, así como su Seguridad Social, un local con todos los gastos que acarrea… y le tiene que dar para sacarse un sueldo. No nos quejemos.

Por último, quisiera poner un par de ejemplos: una vez un comerciante amigo mío mandó a una casa de subastas una moneda valorada en 500 euros por la casa de subastas y con un precio de salida de 425 euros. Como no se vendió se la devolvieron, y al poco tiempo me la ofreció a mí por el precio de salida menos un 20%, que es lo que le iba a cobrar la casa de subastas. El segundo caso es que Enrique me dijo que el director de una conocida casa de subastas española compró una moneda por 5.000 euros en una transacción privada entre profesionales y luego la sacó a subasta por más de 20.000 euros de precio de salida (no diremos cifra exacta para no dar pistas), así que hay veces que las subastas también cuentan con márgenes más que envidiables.

Con todo, y para que os hagáis una idea, en torno al 80% de las monedas que hay en mi colección provienen de transacciones privadas. Algunas de esas monedas ilustran la entrada.

Finalmente quisiera hacer un apunte que va más allá de la temática de la entrada. Como habéis visto, Alfonso hizo una crítica muy dura al blog, pero es una constructiva, donde me da su opinión para poder mejorar el blog. Cualquier crítica en este sentido será muy bienvenida, da igual que provenga de una eminencia sobre la numismática o de alguien que acabe de empezar. No me voy a tomar ninguna opinión a mal al no ser que sean insultos o amenazas (que también ha habido, no os penséis). Así que espero vuestras sugerencias para poder mejorar el blog en la medida de lo posible.

Este reportaje lo han echado en los Informativos Telecinco de hoy. En su página web podéis ver el reportaje que han echado en el telediario de las 15:00. Aquí os dejo el que han transmitido por la tarde. Gracias Dani  por grabar y pasarnos el vídeo.  La reacción no se ha hecho esperar, hoy este blog ha tenido más del doble de visitas que un día normal. Copio la noticia de la web de Informativos Telecinco:

¿Cuánto vale una moneda? 

Puede parecer una pregunta absurda. La respuesta sería lo que marca su valor, pero no estamos habando de monedas en circulación sino de piezas de coleccionistas.

Llegó la crisis y se fue el dinero y es entonces cuando las antiguas piezas sin ningún valor de mercado florecieron de la nada. Muchos son los que tasan las antiguas colecciones que el abuelo dejó en un cajón para obtener un poco de liquidez y así salir de los apuros.

Pero no se engañen, las viejas monedas llenas de polvo no siempre son tesoros, es muy difícil encontrar algo de valor. “El problema es que cuando se hereda una colección nunca se dejan precios ni valores orientativos. Lo mejor para no encontrarse con sorpresas es que las lleven a tasar a la Asociación Española de Numismaticos Profesionales (AENP)” nos lo dice su presidente, Adolfo Cayón, uno de los expertos con más prestigio de nuestro país.

Y para evitar sorpresas, hemos hecho un experimento. Nos hemos ido con unas piezas que nos ha prestado un coleccionista a la Plaza Mayor de Madrid, uno de los núcleos más importantes de compra-venta de monedas antiguas.

Llevamos con nosotros una moneda de Franco, del año 47, que en la estrella que tiene en su dorso está escrito el número 56, una moneda muy rara valorada en 800 euros; un céntimo de 1911 con el brillo original que no estuvo en circulación, su valor es de 100 euros. Dos reales valorados en 140 euros. Un duro de Amadeo de Saboya, con la rareza que en su estrella pone el número 73. Cuesta 500 euros. Y por último, una moneda de dos pesetas de Alfonso XII de 200 euros. El valor de lo que llevamos es de unos 1400 euros en total, todas tasadas y certificadas por las mejores casas de subastas de nuestro país…Pues van a ver lo que nos ofrecen en los puestos…

Una de las paradojas más grandes de la economía capitalista es, a mi parecer, las relaciones win-win. Son relaciones en las que todos ganan y nadie pierde, se dan muchas veces y son muy deseables. Se suele dar la extraña circunstancia de que cuando se realiza una relación comercial todo el mundo gana y nadie pierde. Eso es algo que yo no me creo porque es evidente que no puede ser así: si alguien gana “de más” alguien tiene que perder “de menos”, otra cosa es que sea consciente de esa pérdida y otra cosa es que quien pierda haya tomado parte en esa transacción. Este es un tema peliagudo que daría para muchísima discusión.

 Salvando las diferencias, pero guardando las mismas apariencias, creo que cuando se hace algún trato de compra-venta de monedas entre particulares, lo más deseable es que ambos salgan ganando en la medida de lo posible. Es decir, que si una moneda vale alrededor de 100, pero la hemos podido comprar a 80, creo que es preferible pedir por ella 90 y así dejar cierto margen de ganancia a quien nos la compre por si quiere deshacerse de ella, o al menos ponérselo fácil para que no pierda dinero. A esto que acabo de decir se le pueden poner muchísimas pegas: no es sencillo tasar una moneda, el precio de una moneda más que una cifra es un margen razonable, en algunos casos el precio es muy volátil, en otros puede variar con el precio de los metales preciosos… lo que queráis, pero creo que todos tenemos en mente lo que significa dejar cierto beneficio a quien compre la moneda.

Proceder de esta manera me parece bastante razonable porque si un particular quiere vender una moneda y ganar algo de dinero con ella, es también de esperar que quien la compre quiera poder ganar algo de dinero, o al menos no quiera comprarla cara. Por otro lado, si se procede de esa manera es muy probable que la relación con ese otro particular sea muy duradera y fructífera. Al fin y al cabo, crear esos vínculos de confianza con otros coleccionistas es de lo mejor que se puede hacer en este mundillo. A largo plazo se aprende mucho de esos vínculos y también pueden llegar monedas a buen precio a través de ellos.

Un detalle que quisiera resaltar es que estoy hablando de relaciones entre particulares. Es evidente que si se compran monedas a un profesional no es lo mismo, ya que el vendedor ofrece un valor añadido que exige que sus márgenes sean mucho mayores. Por ejemplo, la garantía que da un profesional no es la misma que la que podemos dar los aficionados y también dan un mayor asesoramiento. Además, un profesional debe velar por el bien de su negocio, que es el que le da de comer.

Tampoco hay que olvidar que en algunas transacciones hay más de dos personas involucradas, ya sea porque hay intermediarios o porque una de las partes esté asesorada por un tercero. En esos casos hay que recordar que esas terceras partes también se deberían llevar parte del pastel. Si alguien ayuda a otra persona a sacar un dinero, es justo que se lleve una parte; más aún si ha sido indispensable para que se complete la transacción. Otra cosa es que exista una cadena de favores y se aplique la internacional regla de “hoy por ti y mañana por mí”, cuando ya se tiene mucha confianza entre las partes, pero la norma general es que todos tienen que ganar si no se quiere quedar mal. Claro está que hay gente a quien no le importa quedar mal o que no valora el esfuerzo de los demás, pero el tiempo pone a cada cual en su lugar: por cada uno con el que quedes mal tendrás, al menos, una persona menos con quien tratar. Pásate de listo (1 y 2) y vas a ver lo pronto que te quedas solo.

Los lirios son unas plantas con unas hojas muy bonitas que han sido utilizadas como símbolo heráldico desde muy antiguo en Europa. Su simbología moderna se remonta a principios del siglo XII, siendo Luis VIII de Francia el primero en añadir la flor del lirio a su propio blasón. Luis VIII era un rey franco y los lirios se daban en abundancia en los Paises Bajos, así que supongo que se vería como un símbolo de la tierra. Vamos, que si hubiera sido castellano hubiera puesto unas amapolas.

Pasados unos siglos la simbología de la flor del lirio se ligó a la monarquía francesa, pasando a finales del siglo XIV a tener tres flores de lis doradas sobre fondo azul, de manera que se representaba la Santísima Trinidad y la propia monarquía, de forma que en un solo símbolo se mezcla el poder real y el poder religioso. Esa representación sigue siendo la actual.

Con el paso de los año la Casa de Borbón tuvo a la flor del lirio como símbolo propio y cuando las contingencias históricas hicieron que fuesen los borbones quienes mandasen en España, ese símbolo pasó a nuestro país con el nombre afrancesado de “flor de lis”. Lo más gracioso es que los franceses hace ya tiempo que se libraron de la monarquía y nosotros seguimos con las dichosas florecillas en el centro del escudo de España.  Pero no hay mal que por bien no venga, y es que desde el punto de vista numismático las flores de lis son un relieve bastante pronunciado en el centro de muchas monedas de El Centenario, así que observar su desgaste suele ser un buen síntoma de la calidad de la moneda.

Dicho todo esto, vamos a lo que habíamos venido:

Todo el mundo conoce las monedas de 100 pesetas de bronce que se acuñaron en España entre 1982 y 2001, habiendo fechas diferentes para cada año excepto para 1987 y para 1991. Lo que no sabe todo el mundo, pero sí los aficionados a la numismática, es que en el canto de esas monedas aparecen 22 flores de lis, habiendo para cada año dos variantes diferentes: unas con la lis hacia arriba y otras con la lis hacia abajo. Es decir, que de cada año hay dos monedas de 100 pesetas y sólo se diferencian en la dirección en la que apuntan sus flores de lis.

Esto hace que las monedas de 100 pesetas se suelan vender por parejas, incluyendo una con la lis hacia arriba y otra con la lis hacia abajo, y que yo sepa no hay ningún año en el que una sea más rara que la otra. A los coleccionistas que empiezan yo les recomendaría que siempre compren las monedas por parejas porque andar buscando una moneda suelta puede ser un rollo, ya que casi todo el mundo prefiere tener parejas y no las va a querer romper.

Otra historia es qué variante tiene la lis hacia arriba y qué variante la tiene hacia abajo. No hay forma de que todo el mundo se ponga de acuerdo en ello, parece la discusión sobre “little endian” y “big endian” que tenían los liliputianos de los Viajes de Gulliver. En general creo que es más aceptado considerar que la lis arriba es cuando el pico de la lis apunta hacia la cara del anverso (donde está el rey), mientras que la lis abajo es la que apunta hacia el reverso (donde está el motivo). No obstante, como esto no suele ser compartido por todo el mundo, lo mejor es que si se compra una moneda de 100 pesetas por Internet y sea importante la variante de la que se trate, se pregunte al vendedor hacia dónde apunta la flor de lis.

En la imagen superior se ve muy bien la diferencia entre ambas variantes de monedas. La imagen está tomada de aquí.

En el Foro de Imperio Numismático hemos tenido estos días un interesante debate sobre la utilidad de los precios marcados en los catálogos. La opinión que yo defendía ya os la podéis imaginar los que seguís el blog habitualmente: esos precios no sirven para nada.

Los argumentos que proporcionaba son los que suelo dar siempre: el precio de mercado varía y el del catálogo no, hay muchos detalles que afectan al precio de la moneda y en el catálogo no se indican y, sobre todo, que son los editores los que ponen el precio que les conviene. No obstante, Rubén (a quien tengo una enorme estima) defendía la idea de que los catálogos dan a los principiantes una primera estimación del precio de las monedas y que, aunque no sean la mejor fuente, para empezar no está mal.

Según avanzaba la conversación, estas dos posturas se iban acercando, también con ayuda de gogol13 y de divx2k3. La técnica de divx2k3 era interesante: lo que hace es seguir las monedas que le interesan en eBay y una vez que ha visto cómo se rematan unos cuantos ejemplares, se puede hacer una idea del precio de la pieza. Esta técnica tiene el enorme inconveniente de que, como comentó Luis, muchas veces los precios de las subastas de eBay no son reales. No obstante, para ciertas monedas (como los euros) podría valer. Yo hago algo parecido pero en subastas oficiales, lo cual tiene sus ventajas.

Pero Rubén seguía sin estar satisfecho con nuestros argumentos y seguía subrayando que, en ciertas ocasiones, los catálogos pueden ser de ayuda. Esas ocasiones son, por ejemplo, cuando alguien no es experto en una serie concreto y/o cuando las monedas son baratas, puesto que no se subastan monedas que valgan dos euros. Ciertamente, al final tuve que dar a Rubén su parte de razón. El siguiente párrago lo escribí aquí:

“Para saber tasar monedas hay que ver precios de esas monedas. Muchos precios. En el catálogo se indica UN precio, pero el catálogo no es ninguna autoridad. Evidentemente, es mejor tener un precio que no tener ninguno, pero con un solo precio poco hacemos. Podemos ir al mercadillo de nuestra ciudad y veremos más precios, pero el mundo es mucho más grande. También podemos ver los precios en eBay, pero todos sabemos las desventajas que tiene eBay en cuanto se venden monedas de calidad. También nos podemos dedicar a ver los precios que ponen los profesionales en sus webs y los aficionados que vendemos alguna moneda para pagarnos la colección. También podemos ver los remates de las casas de subastas…. Si vemos todo eso al final veremos muchos precios. Con ellos podremos tener un algoritmo que nos sirva para tasar las monedas y ver hasta dónde estaríamos dispuestos a pagar“.

Rubén se mostró totalmente de acuerdo y concluyó con lo siguiente:

“Es mejor tener un precio que ninguno, es conveniente empezar con un catálogo con el que aprender a ver la tasación de monedas pero hay que recordar siempre que es un precio que en ningún momento es un estándar y nos vamos a encontrar con variaciones. Aprender a jugar con ellas es lo que hace la experiencia“.

Así pues, creo que queda claro que los precios de los catálogos pueden ser útiles pero hay que tomarlos con cudado y, sobre todo, entender que no son una autoridad. Es un precio, de los múltiples que pueden tener los ejemplares de ese tipo de moneda. Tomar los precios de los catálogos como autoridad y creerse que lo que dicen los editores va a misa es algo que ha hecho mucho daño a la numismática, e incluso ha obligado a algunos autores a inventarse precios de las monedas que están en sus catálogos cuando son compendios históricos.

Otro consejo más que también salió en la discusión: si os encontráis al clásico vendedor de chatarra que saca el catálogo de los Hermanos Guerra y os pone las monedas al precio de ese catálogo le decís de mi parte que primero os venda un duro de 1871 (18-73) en calidad sin circular al precio de ese catálogo y a partir de entonces os creéis los precios del catálogo.

Finalmente, quisiera remarcar la conclusión epistemológica del asunto: para aprender hace falta no creernos que tenemos toda la razón del mundo y siempre hay que dialogar, debatir y buscar un consenso. Es la forma más rápida, divertida y aficaz de aprender. Por otra parte, no hay que creer en las autoridades y siempre hay que mantener una postura crítica, es la única forma de que avance el conocimiento. Una de las causas principales de por qué avanza la ciencia tan rápido es porque no hay una autoridad clara, no hay nadie que pueda decir: “Esto es así porque lo digo yo” o “Esto es así porque siempre ha sido así”. No, los científicos son (¿somos?) críticos por naturaleza, y es justamente adquirir esa capacidad crítica uno de los aspectos más costosos cuando se quiere ser científico. En la numismática igual: siempre hay que mantener una postura crítica venga la afirmación de quien venga. Evidentemente unos tienen más peso que otros y no es lo mismo que yo diga que tengo un duro de 1871 (18-72) a que lo diga Cayón. Pero nadie está libre de equivocarse, y al parecer hasta Gemini y NGC se pueden equivocar.

Los que seguís desde hace tiempo el blog ya sabéis que he dado ejemplos de gente que se pasa de lista e intenta atracar a quien tiene por delante (1 y 2) y también he mostrado cómo han conseguido timar al personal. Lo que nunca he dicho, porque no creo que sea un buen consejo, es esa de: “son todos unos estafadores, cómprame monedas a mí (o a mi primo) y ya verás lo bien que te va”. Creerse una de esas es la forma más rápida de meterse en la boca del lobo.

Enrique conocía a un coleccionista principiante con el que tuvo bastante relación durante una temporada. Enrique le consiguió algunas monedas y el otro coleccionista parecía muy contento, hasta entablaron cierta relación personal. Pero de repente Enrique no supo más de él y eso que le llamó varias veces.

Varios meses después se lo encontró de casualidad y resulta que el coleccionista casi no quería ni hablarle. De repente, en un ataque de sinceridad va y le salta que le había estado engañando durante un tiempo pero que ya no más y que pasa de él. Ante semejante acusación Enrique pasó de hacerle entrar en razón, se despidió y con ello dio por finalizada la relación, al menos desde el punto de vista numismático.

Lo que había pasado estaba bastante claro: otra persona le había convencido de que Enrique era un timador (y no lo es, le conozco bien). Para ello, el buen timador sigue una serie de sencillos pasos: dice a la víctima que está siendo timada, y para demostrárselo le hace una primera venta en la que mejora los precios que estaba pagando anteriormente aunque el timador pierda dinero en esa venta. Una vez que la víctima baja la guardia le va haciendo más ventas, subiendo el precio y bajando la calidad paulatinamente y como el timado es bastante novato, no se da cuenta. Al final, al cabo de tres o cuatro ventas después le está vendiendo chatarra a precio de oro.

Esto hace que sea complicado confiar en alguien para un coleccionista principiante, porque habrá gente deseando hacer esta jugada para ganar cuatro duros. Pero claro, si alguien “te abre los ojos” es posible que sea porque te quiere hacer la jugada él mismo. La única solución posible es la de siempre: aprender a valorar uno mismo las monedas, aprender a apreciar la calidad, conocer el mercado, conocer el precio de las cosas y, por supuesto, no perder nunca la capacidad crítica. Esto no quita que también haya gente honrada por el mundo, por supuesto.

Hace poco que estuve por Marruecos y en mi pequeña escapada pasé unos días en Rabat, la capital del país. Se trata de una ciudad relativamente pequeña para ser una capital de estado pero muy bulliciosa y ajetreada. Su carga histórica es muy notable, debido fundamentalmente a los almohades, quienes la fortificaron con una larguísima muralla. Los castellanos, bereberes, alauíes, corsarios y demás que por allí gobernaron también hicieron aportaciones, enriqueciendo la historia de Rabat.

Durante mi estancia realicé una visita a uno de los pocos museos que tiene la ciudad: el Museo del Banco Al-Maghrib. Se trata de un museo mantenido por el Banco Al-Maghrib, el cual posee una colección de monedas de 30.000 ejemplares (también algunos bancos españoles tienen colecciones de monedas), de las cuales expone una selección en su museo. Yo me esperaba que las piezas expuestas se centrasen sobre todo en la historia de Marruecos, pero para mi sorpresa el recorrido histórico era más amplio.

En una primera etapa hay varios paneles con moneda clásica, teniendo la moneda griega una calidad estupenda. Entre otras piezas hay un octodragma ptolemaico de oro con una calidad asombrosa. También se muestran varios tetradragmas con muy buena calidad, así como una pequeña selección de monedas del siglo IV y V a.c. también interesantes. Las monedas romanas expuestas no me llamaron tanto la atención, ni tampoco las bizantinas, aunque el recorrido era muy adecuado para apreciar la influencia de la moneda bizantina en la primera numismática árabe. Al tenerlas juntas eran evidentes los parecidos; no me detengo en esto porque sobre ello se podrían escribir tres tesis doctorales.

Posteriormente se pasa a la numismática medieval que es claramente la mejor parte de la colección. Hay muchos dinares y medios dinares de oro tanto del Califato Omeya como almohades y almorávides, acuñados en África y en la Península Ibérica. La calidad de las piezas es excelente y no hay que entender de moneda islámica para percatarse que es una colección extraordinaria, sobre todo la parte dedicada a los almohades. Se contaban por decenas las piezas de oro en altísima calidad y era un magnífico entretenimiento dedicarse a encontrar semejanzas y diferencias entre las monedas acuñadas en un periodo y las acuñadas en otros. También había varios quirates de plata e incluso un par de morabetinos de Alfonso VIII que demostraban el impacto de la numismática árabe en los territorios cristianos de la Península.

Las fotos que ilustran la entrada pertenecen todas ellas a este periodo y están tomadas de aquí (yo no hice fotos porque está prohibido hacerlas). En esa web hay muy pocas monedas en comparación con las expuestas en el museo, las que a su vez son muy pocas en comparación con las que forman la colección. Además, faltan muchas de las más interesantes o impactantes, como un enorme ejemplar almohade de 10 doblas.

La última parte de la colección fue para mí la más decepcionante: la Edad Moderna estaba descrita de refilón y había muy pocos ejemplares que sirviesen para narrar la historia de Marruecos de estos últimos siglos. También es cierto que no tengo ni idea de la numismática marroquí y es posible que lo poco que hay sea de una rareza extrema. Por último, como no podía faltar, también está el sistema monetario actual y unos cuantos billetes. Además, el museo tiene una colección de cuadros marroquíes contemporáneos; por mi parte sólo salvaría a dos o tres de las llamas, el resto condenados a la hoguera.