Fernando Álvarez Burgos es uno de los autores con más prestigio en lo que a numismática española se refiere. Editó en 1988 una colección en seis volúmenes de la moneda española. A saber:

VOL 1 “La moneda Hispánica. Desde sus orígenes hasta el siglo V”

VOL2 “Acuñaciones previsigodas y visigodas en Hispania. De Honoro a Achila II”

VOL3 “Catálogo de la moneda medieval castellano-leonesa. Siglos XI al XV”

VOL4 “Catálogo de la moneda medieval catalana y de los reinos de Aragón, Navarra, Valencia y Mallorca. Siglos VIII al XVI”

VOL5 “Acuñaciones de los Reyes Católicos y de la casa de los Austria (1475-1699)”

VOL6 “Acuñaciones de la casa de Borbón. De Felipe V a Isabel II”

VOL7 “La peseta. Como unidad monetaria nacional (1868-1987)”

Desgraciadamente, todos estos libros están descatalogados a excepción del primero, del que recientemente ha habido una re-edición y es muy fácil de encontrar. Pero aquí vamos a hablar del tercer libro, el dedicado a la moneda medieval castellano-leonesa, cuya última edición es de 1998 (editado por Vico y Segarra) y ya lleva tiempo descatalogada.

La mejor prueba para adquirir este volúmen es que es el que usan las principales subastas españolas para tasar monedas medievales de Castilla y de León. Ya sólo por eso merecería la pena comprarlo, para poder “entender el lenguaje” en el que hablan las casas de subastas. Pero es que además es un magnífico compendio que en menos de 200 páginas es capaz de describir la práctica totalidad de las monedas castellanas y leonesas. Sólo en raras ocasiones aparece en las subastas eso de “AB falta”; un ejemplo sería la moneda que aparece en la entrada (una variante del 1/2 Enrique de Sevilla), la cual aparece en la subasta de Aureo de mañana.

Además de ser un catálogo muy completo y manejable lo encuentro muy didáctico para quienes nos queremos introducir en la numismática medieval. Hay una breve descripción de cada uno de los reyes y también se comentan muchas de las monedas. Por otra parte, y más importante todavía, cada una de las piezas están totalmente descritas y es muy sencillo identificarlas sin tener que ser experto en la materia.

Otro detalle de honradez es que las monedas más raras no tienen precios. Ya he comentado muchas veces que los catálogos no son buenos indicadores del precio de las monedas y que las monedas más raras tienen un precio muy volátil, por lo que considero una muestra de buena calidad que para las piezas más raras se ponga “R”, “RR” o “RRR”.

Si hubiese que poner alguna pega al catálogo es que es en blanco y negro, lo cual fuerza a que en vez de tener fotografías de las monedas se tengan dibujos. No obstante, es totalmente comprensible porque de haberlo hecho a color el coste sería mucho mayor, y los dibujos son más que suficientes como para poder identificar las monedas. Eso sí, si alguien lo que quiere es tener buenas fotos de monedas medievales que se compre el libro de Mozo-Monroy y Retuerce-Velasco o que se descargue fotos de subastas.

Por mi parte, tuve hace poco la suerte de encontrarme ese libro en la Plaza Mayor de Madrid, me cobraron 33 euros por él y creo que ha sido una compra estupenda (como suelen ser las inversiones en bibliografía). Mi recomendación es que si es posible que algún día os interese la numismática medieval y tenéis la posibilidad de comprar este libro os hagáis con él. No es razonable dejar pasar la oportunidad porque cueste 5 euros más de lo que estéis dispuestos a pagar: quizá tardéis años en tener otra ocasión.