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El otro día cayó en mis manos este artículo, en el que Rafael Tauler hace unos pequeños apuntes etimológicos sobre algunos términos relacionados con la numismática. Basándome en ese texto, y poniendo algo más de mi parte y de las otras referencias que cito os dejo unas cuantas palabrotas.

Moneda:  la palabra numismática por antonomasia proviene del latín “Moneta”, que era un epíteto dada a la diosa Juno. Según Tauler y Wikipedia, ese epíteto significa “la que avisa” debido a que según la tradición Juno había avisado a los romanos sobre varios desastres. Con el tiempo Juno pasó a ser la diosa protectora de Roma, donde se creó una ceca importante cuyas monedas se llamaron “ad monetam“. Con el tiempo esas “monetam” se extendieron y dieron lugar a que en casi todos los idiomas europeos se hable con términos derivados de ellas, en algunos para referirse a las monedas (castellano, italiano, ruso, alemán…) y en otros para referirse al dinero (inglés).

Dinero:  quizá es una de las voces más utilizadas, y no sólo por los aficionados a la numismática. Su proveniencia me imagino que todo el mundo se la imagine: proviene del latín “denarius“, que era una popular moneda romana que todos conocemos y que algunos lectores coleccionan. También sabrán mis lectores que “dinero” no es sólo un sujeto abstracto, sino que existen monedas de poco valor que se llamaban “dinero” y que se acuñaron en la península durante la Edad Media. También los “dinares” propios de los pueblos árabes provienen de la misma raíz etimológica.

Pecunio:  según Tauler pecunio proviene del latín “pecus”, que significa “ganado”. La razón se debe a que en la antigua Roma se marcaban con imágenes de animales los lingotes de bronce con los que se realizaban intercambios comerciales.

Dobla: es otra palabra que proviene del latín, pero en este caso no de forma directa. Proviene de “dupla“, que significa “doble”. Fueron los pueblos árabes del norte de África quienes durante la Edad Media empezaron a acuñar monedas de oro con un peso de 4,6 gramos, que era el equivalente a dos dínares. Esas doblas también las acuñaron los almohades, quienes tuvieron que pagar durante muchos años sangrantes impuestos a los reyes cristianos, lo que hizo que las doblas se popularizaran en todo el territorio de la Península Ibérica y los reinos cristianos acuñasen monedas semejantes.

Maravedí:  en este caso la palabra no proviene del latín, sino de “murabití” que significa “relativo a los almorávides”. Los almorávides vinieron a ser, en dos palabras, unos monjes-soldado que gozaron de un imperio importante a finales del siglo XI a base de ganar batallas, tener dinero y reformar la religión en su beneficio (y nos pensábamos que la historia esa era nueva). El caso es que estos almorávides acuñaron moneda de oro y la llamaron “murabití“, igual que cuatro siglos llamaron “castellanos” a algunas monedas de oro acuñadas por Enrique IV y por los Reyes Católicos. Esos “murabitíes” se extendieron por todo el imperio almorávide y por la totalidad de la Península Ibérica y así llegaron a los bolsillos de los cristianos pudientes. Dicho esto se hace evidente que la palabra “morabetino” (unas monedas de oro acuñadas por Alfonso VIII) también proviene de “murabití“. Luego el término degeneró y se llegó a la palabra “maravedí”.

Dicho esto, dejo un par de curiosidades con respecto a esta palabra. La primera es que aunque los coleccionistas diferenciemos clarísimamente un maravedí de un morabetino, la RAE no lo hace y los considera sinónimos, si bien deja como primera acepción de morabetino “moneda almorávide de plata y muy pequeña”, sin hacer ninguna alusión a los morabetinos de oro almorávides o cristianos. Voy a ver si me paso un día por la RAE y le cambio a alguno un maravedí por un morabetino, que como son sinónimos digo yo que costarán parecido… la segunda curiosidad es más extraña todavía, y es que según Pedro de Mingo maravedí es la única palabra en castellano con tres plurales: maravedís, maravedíes y maravedises.

Real:  esta palabra es menos espectacular, simplemente significa “relativo al rey”. No obstante, no es casualidad que estas monedas de plata apareciesen en la Península cuando se asentaron las monarquías cristianas, es decir, a finales de la Edad Media.

Escudo: tampoco es muy espectacular la proveniencia de esta palabra, pues se denominaron “escudo” a las monedas de oro equivalentes a 16 reales por el simple y llano hecho de que mostraban un escudo. La cuestión curiosa es que en la Península Ibérica hubo que esperar hasta la Edad Moderna para acuñar escudos, mientras que en Francia se acuñaban los célebres Ecu d’or desde el siglo XIII, también denominados así porque mostraban un escudo. Ya en el siglo XX, cuando Portugal se libró de la monarquía crearon una nueva moneda que sustituyera al real (más que nada porque ya no había rey) y como el diseño mostraba un escudo tuvieron la misma idea que España o Francia siglos antes. Lo que no sabía es que todavía hay una ex-colonia portuguesa que usa el escudo como moneda: Cabo Verde.

Todas las imágenes están tomadas de Wikipedia. Son un denario de Juno, un denario de Flavia Domitilla (mujer de Vespasiano), la Gran Dobla de Pedro I acuñada en Sevilla (expuesta en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), una pieza de 4 maravedises de los Reyes Católicos con ceca de Cuenca, dos reales de Segovia de 1723 y ocho escudos de Méjico de 1798.

En los correos que me mandan los lectores esporádicos de esta bitácora los dos temas que más me preguntan es que les tase sus monedas y que cómo se limpian monedas. Sobre el tema de las tasaciones se habla largo y tendido en el blog, sin embargo el tema de la limpieza no se ha tratado todavía por el simple hecho de que yo no tengo ni idea. No he limpiado nunca una moneda ni tengo pensado hacerlo. Pero como me lo preguntáis tanto escribiré esta entrada con algunos consejillos y luego que cada cual haga lo que quiera.


Lo primero que hay que tener en cuenta es que al limpiar una moneda lo normal es que su valor numismático se pierda totalmente o al menos decrezca significativamente. Así pues, si tienes una moneda que creas que valga para algo, lo mejor es que no la limpies, porque si lo haces previsiblemente la estropearás. En caso de tener monedas de Franco circuladas, monedas del mundo o alguna otra de poco valor, entonces sí que podremos limpiarlas puesto que no tienen un valor numismático que perder.



Si la suciedad de la moneda no está “pegada” y es un simple ennegrecimiento, entonces es posible que simplemente con agua y jabón se pueda quitar. Para ello, úntate un poco de jabón de lavarse las manos en los dedos, coge con ellos la moneda y ponla bajo un grifo de agua mientras la masajeas con cuidado. Toca la moneda sólo con los dedos, no rasques con las uñas ni con otro elemento. Una vez que hayas quitado el ennegrecimiento, deja la moneda sobre una toalla y sin frotarla espera a que se seque.

Ciertamente, este método no es nada agresivo y se puede llevar a cabo sin mucho riesgo de que vayamos a estropear la pieza. Con otros métodos que requieren aplicar productos químicos hay que tener mucho más cuidado.

De entre esos productos químicos la estrella es el amoniaco. Mucha gente lo que hace para engañar a los nuevos es sumergir las monedas de plata en amoniaco y luego sacarlas y frotarlas. Quedan totalmente limpias y brillantes, aunque el brillo que tienen no original, sino uno muy feo que no gusta a los coleccionistas. Además, el amoniaco se come todos los relieves de la moneda y ésta queda para el arrastre. No obstante, hay gente que consigue engañar a novicios en la materia haciéndoles creer que esas monedas limpiadas están realmente en calidad sin circular.

Yo no recomendaría a nadie destrozar sus monedas a base de amoniaco o limpia-plata, pero si tenéis piezas de plata, estáis seguros de que no valen  más que su peso y las queréis dejar brillantes, es una técnica que podéis emplear. También es típico usar el amoniaco cuando se van a utilizar las monedas para ostentar, por ejemplo si se usan para arras de boda. En cualquier caso, tened en cuenta que un  coleccionista que entienda mínimamente siempre va a preferir tener monedas con pátina de años, aunque no brillen tanto.

Luego hay un montón de “técnicas avanzadas” de limpieza de monedas. Se podría escribir un libro sobre ello, pero yo no tengo ni idea así que malamente puedo escribir un párrafo. Hay gente que tiene métodos para limpiar el óxido de las monedas; yo siempre intento comprar piezas sin óxido y las guardo de forma que no les sale, por lo que no he tenido que limpiarlas.  También hay gente que podría escribir un montón sobre cómo limpiar monedas medievales o romanas. Ya os digo que yo no entiendo sobre el tema, pero os aconsejo que os paséis por el foro de Imperio Numismático y por el de Identificación Numismática, que cuentan con sendos subforos dedicados a la limpieza de monedas. Ahí seguro que hay aficionados que os pueden resolver las dudas más precisas.

Un último apunte es que las imágenes que forman la entrada son dos monedas de mi colección y no tengo ningún interés en limpiarlas. La primera se trata de una peseta de 1869 con leyenda “Gobierno Provisional” y la segunda 2 pesetas de 1882 estrellas (18-82). Están ennegrecidas pero tienen muy poco desgaste; a mí me gustan mucho así, quitarles ese ennegrecimiento sería quitarles buena parte de su aura. Lo más gracioso es que esa segunda moneda tiene el reverso prácticamente sin circular y con casi todo su brillo original, como se muestra en las fotos siguientes.


Si eres una de esas muchas personas que no tiene interés directo con la numismática pero que te has encontrado unas monedas antiguas por casa y quisieras saber cuánto vale, enhorabuena: esta entrada está dedicada a ti.

Es muy típico que algunos abuelos hace una pila de años hayan guardado monedas de plata que se han pasado los últimos 70 años en un cajón. La reacción más típica del nieto al encontrarlo es creerse que tiene un tesoro y que gracias al hallazgo su hipoteca la puede considerar pagada. Desgraciadamente la realidad es muy distinta, si no los créditos hipotecarios no serían un problema en este país.

Lo primero que hay que hacer al encontrarse monedas antiguas es ser conscientes de que hay millones de monedas antiguas de oro y de plata, y que una moneda por el hecho de ser antigua no tiene por qué tener un gran valor numismático. Todo depende de su rareza, del estado de conservación y de la cantidad de gente que la coleccione. Hay monedas romanas que cuestan 2 euros y hay monedas de Franco que se subastan 30.000 euros. No por ser vieja vale más. Por eso, lo más normal es que las monedas encontradas no valgan mucho más que el valor de los metales de los que están hechas, es raro encontrarse monedas de alto valor para coleccionistas. Ahora paso a detallar cómo calcular el precio de esos metales, que casi seguro que es lo único que te ofrecerán por las monedas que te has encontrado.

Una vez que tenemos las monedas, se separan las de oro (si hay suerte y hay alguna), las de plata y las de otros metales. De las que no sean de oro o de plata nos podemos ir olvidando al no ser que veáis alguna en la que se vea con mucho detalle la figura. Si no, eso no vale para nada. Lo normal en las de oro y en las de plata es que sean pesetas, en cuyo caso su valor previsiblemente no sea demasiado elevado, si son anteriores, entonces merece la pena que las vea un aficionado a la numismática: puede haber sorpresas. También cuidado con otra cosa, y es que es típico que aparezcan imitaciones de monedas de plata hechas con calamina u otros metales. Estas son falsas de época y su valor es muy pequeño.

Ahora cogemos las de plata y las observamos para ver su estado de conservación. Lo más normal es que sea malo, porque son monedas que circularon muchísimo. Así que si tenéis unas pesetas o unos duros con un estado de conservación como el que se muestra aquí abajo, será rarísimo que valga más que su peso en plata.


Como se indica en el reverso de las monedas, 200 pesetas (o 40 duros) hacían un kilo de plata, aunque las que nos llegan a nosotros suelen tener menos material por culpa del desgaste. Por otra parte, para saber la cotización de la plata kitco es el mejor lugar, con información actualizada tanto del valor de los metales preciosos como de las divisas. A día de hoy, el precio de la plata es 16,15 $/oz (0,3907 €/gr), por lo que por cada peseta que nos encontremos su valor en plata es de uno 1,95 euros, a lo que habría que descontar algo por el desgaste. Así pues, una estimación razonable es pensar en 1,80 euros por peseta. Ojo, al precio actual de la plata, hace unos meses no pasaba de 1,60 euros por peseta, y es posible que dentro de otros meses vuelva a bajar el precio.

Si hacemos el mismo procedimiento con las de oro hay que tener en cuenta que estas circularon muchísimo menos, por lo que es muy normal encontrárselas en mucho mejor estado de conservación, eso hace que no tengan mucho valor por estar bien conservadas (aunque sí por estar perfectamente sin circular), pero que las monedas apenas estén desgastadas. En las monedas de oro, cada peseta equivale a 0,3224 gramos de oro. Haciendo la misma operación que antes, y teniendo en cuenta que el oro a día de hoy está a 1004 $/oz (24,29 €/gr), por cada peseta que nos encontremos nos darán 7,83 euros. Así pues, una estimación razonable es que por cada moneda de 25 pesetas de oro nos puedan dar 195 euros. Ojo, al precio actual del oro, que es muy alto.

Yo estimaría que estos precios son los que se pueden ofrecer al 90% de la gente que se encuentra unas monedas antiguas. No obstante, nunca está de más que un numismático aficionado o profesional eche un vistazo a vuestro hallazgo por si acaso hay sorpresas. Pero claro, no penséis que os engaña si sólo os ofrece ese dinero por vuestro “tesoro”.