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Voy a hacer unos cambios en el blog, así que habrá un par de días en el que no se puedan poner comentarios. También es posible que haya algún rato en el que no se pueda acceder, pero si todo va bien no tardaremos en volver a la normalidad, y esperemos que sea para mejor.

 

…pero os dejo un excelente reportaje sobre el oficio de grabador en la FNMT que me he encontrado por aquí.

PINCHA AQUÍ PARA VERLO

Una vez visto a nadie le quedarán dudas de que una moneda también es una obra de arte.

Creo que el título de la entrada es bastante auto-explicativo: al fin ha llegado mi tiempo de relax. Así que el blog queda a su aire durante una temporada.

Cierro el segundo curso con una media de 600 visitas diarias, la cual se ha mantenido practicamente constante durante todo el curso, y ha supuesto triplicar las visitas obtenidas el curso anterior. Yo creo que son buenos datos teniendo en cuenta las visitas que obtienen otras páginas sobre numismática. Mucho más no creo que se pueda crecer, y tampoco es que lo vaya a intentar. En cuanto a la participación de los lectores en el blog, en ese punto estoy más contento todavía porque casi todas las entradas dan lugar a comentarios en los que se recogen diferentes opiniones y en muchos casos ha habido debates más que interesantes.

Por mis vacaciones, me voy a marchar lo que queda de mes a un país al que admiro mucho artística y numismáticamente hablando y que lo considero el gran desconocido de Europa: Rusia. Ya os contaré a la vuelta los museos numismáticos que visite.

En cuanto a cuándo volveré, la verdad es que no lo sé. En septiembre seguro que está este blog activo, pero en agosto no sé si publicaré alguna entrada. La razón es que tengo algunos proyectos numismáticos en la cabeza para el curso que viene que ya os iré contando, y posiblemente necesite dedicar mi tiempo libre a esas historias. Ya veremos. Por ahora ESTOY DE VACACIONES.

Os dejo un par de chistes gráficos. Aparentemente no tienen nada que ver con la numismática, pero esconden pequeñas moralejas que pueden aplicarse fácilmente a nuestro campo. Ambos reman en la misma dirección y pueden entenderse como una pequeña auto-crítica, o al menos para mí.

El primero  está sacado de xkcd (aquí tenéis la versión original en inglés)

El segundo está sacado de 9GAG

Traducción:

CÓMO MANEJAR LA SOBRESATURACIÓN DE INFORMACIÓN

– “Acabo de comprarme un nuevo iPad. No fue fácil. Tuve que filtrar miles de parámetros y recomendaciones para seleccionar un hecho decisivo.”

– “¿Y cuál fue ese hecho decisivo?”

– “Lo quiero.”

La entrevista que realicé a Martín Lechuga la semana pasada tuvo mucha repercusión entre los aficionados a la numismática que andamos por foros y por la blogosfera. Se abrió mucho debate y también hubo quien criticó duramente la entrevista, ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Pero es incuestionable que fue patente que en España crear copias de bienes artísticos o históricos es plenamente legal, lo cual hace que la copia de monedas sea un negocio como cualquier otro.

Muchos se llevaron las manos a la cabeza y empezaron a dudar de si había moneda falsa en sus colecciones. Más aún viendo que a grandes casas de subastas españolas supuestamente se las han colado, como a Vico o a Marti Hervera. Si a unos de los profesionales con mayor prestigio de España les cuelan monedas falsas ¿cómo podemos evitar que nos la cuelen a nosotros, simples aficionados?

A esto se suma que en España es plenamente legal la copia de monedas, pero no comerciar con ellas haciéndolas pasar como auténticas, que sería considerado una estafa. Pero claro, para que se impute como estafa hay que demostrar que la persona tiene dolo, es decir, que sabe que esa moneda es falsa y la vende como verdadera. Difícil es probar ese dolo, puesto que el estafador va a alegar que a él se la vendieron en un mercadillo y que él creía que era buena, diciendo que a los mejores también se la cuelan.

También hay que tener en cuenta que esta práctica hace muchísimo daño a los estudios históricos. Los académicos sacan sus conclusiones en base al estudio de grandes colecciones, pero claro, si esas colecciones están adulteradas las conclusiones que se obtengan serán totalmente erróneas. Preocupante es que se hayan encontrado ejemplares falsos en colecciones del calibre de la Real Academia de la Historia o del Museos Arqueológico Nacional.

Así pues, tenemos un marco legal en el que fabricar moneda falsa es legal y traficar con ella, haciéndola pasar por auténtica es muy difícil de penar. Por eso, entre unos cuantos compañeros hemos preparado un documento para recoger firmas y que se endurezca la ley, tipificando como delito la falsificación de moneda o de bienes arqueológicos que pudieran pasar como auténticos. Ya han firmado muchos aficionados y profesionales, y os invito a que lo leáis con calma y firméis si estáis de acuerdo, y mucho mejor si además lo dais publicidad:

PULSAD EN LA IMAGEN PARA IR AL DOCUMENTO

Por último, voy a dejar un escrito que ha mandado Vico, indicando que no es la primera vez que se solicita algo así y que la AENP lleva muchos años instando a que se cambie el marco legal en este aspecto. Mi opinión es que esta vez es diferente, porque aunque no se cambie el marco legal (dudo mucho que ningún partido lo ponga entre sus objetivos de campaña) a través de foros y blogs habremos hecho conscientes del problema a muchos aficionados, y eso ya es un valor en sí mismo.

En la falsificación de moneda, hay que diferenciar dos tipos:
– La moneda que se falsifica, estando en curso legal, para usarla como medio de pago.
– La moneda que se falsifica para introducirla fraudulentamente en el mercado numismático como auténtica.

El artículo 283 de nuestro Código Penal, castiga con la pena de prisión menor, la fabricación de moneda falsa y la cercenación o alteración de moneda legítima. Se considera moneda a efectos del Código Penal (art. 284), el papel moneda, los billetes de Estado y de banco, la moneda metálica y los demás signos de valor que tengan curso legal, emitidos por el Estado, tanto español como los extranjeros. Por lo tanto, la ley excluye penalización para la falsificación de moneda que ya no tiene curso legal, es decir, la moneda antigua.

Por ello y al no encontrarse tipificada en el Código Penal la fabricación o alteración de monedas que en otro tiempo pudieron tener curso legal, las leyes españolas no consideran esta conducta, en principio, delictiva, a no ser que lleve emparejado un engaño o defraudación, en el sentido de querer aparentar su autenticidad, lo que convertiría automáticamente dicha conducta en un delito de estafa.

Las falsificaciones de monedas que se efectúan en la actualidad, se realizan con la intención de aparentar autenticidad, a fin de conseguir en el mercado un valor comercial mas alto.

Esta actividad, entra de lleno en el campo de las estafas, ya que como recoge el art. 528 del Código Penal, “cometen estafa los que con ánimo de lucro, utilizan un acto de disposición en perjuicio de si mismo o de tercero”.

En el delito de estafa, es necesario que exista dolo, es decir, que el sujeto activo tiene que ser consciente de la falsedad de la moneda y ocultarlo, ya que la buena fe o la advertencia de la no autenticidad, excluye la estafa.

En resumen, las leyes españolas no castigan la falsificación, pero si la venta fraudulenta de una pieza falsa como si fuese auténtica.

Varios han sido los intentos de que se penalice el hecho en si de la falsificación, pero todos ellos infructuosos, comenzando con la petición que se hizo a raíz del I Congreso Nacional de Numismática celebrado en Zaragoza en 1972 y continuando con las peticiones hechas desde la A.E.N.P. en las que he intervenido personalmente, sin ningún éxito, en 1982 con los redactores de la reforma del Código Penal, en 1991 con los escritos presentados en el Ministerio de Justicia y en 1996 con la propuesta que presentamos en el Congreso de los Diputados, en la que pedíamos que en el artículo 284 antes citado, donde se castiga la fabricación de moneda que tenga curso legal, se añadiese simplemente, “o lo haya tenido”.

Me parece magnífico este movimiento que ha surgido en los foros numismáticos contra las falsificaciones. Tiene todo nuestro apoyo y esperamos que tengan el éxito que otros no hemos tenido.

Fdo. Jesús Vico Monteoliva.

Esta es la segunda entrada en la que escribo de un tema del que me considero un auténtico ignorante y me guío por simple y llano sentido común. Así pues, hoy más que nunca  invito a quien me lea y entienda del asunto que haga comentarios para corregirme o para completar lo que indico. El asunto para hoy es tratar de dar algunas recomendaciones para fotografiar monedas.

Lo primero es decir que yo cuanto con una Canon Ixus 70 que adquirí hace un par de años por unos 200 euros. Es una simple y llana compacta que me sirve tanto para llevármela de viaje, como para hacer fotos familiares y para fotografiar monedas (últimamente es para lo que más la uso). No hay mucha historia: yo ni sé manejar objetivos ni focos de luz ni cosas de esas; y a decir verdad tampoco tengo mucho interés en dedicar tiempo y dinero en ello. Así que después de esta declaración de principios, si sigues leyendo la entrada es porque debes estimarme bastante.

Como adelanto, he aquí fotos que he hecho yo:

El objetivo que tengo al hacer fotos a una moneda es mostrar sus detalles, tanto los buenos como los malos. Así pues, sigo los siguientes principios:

La iluminación siempre a base de luz natural. Esto permitirá que se vea el brillo real de la moneda.

–  La moneda siempre desnuda. Que entre el objetivo y la pieza no haya nada. Si la moneda está metida en un cartón o en un álbum, pues se saca que tampoco cuesta tanto.

Suelo colocarme las monedas en la mano. Esto lo hago simple y llanamente para provocar envidia a quien ve las fotos.

Que la foto esté bien enfocada y se vean nítidos los detalles. Esto es evidente.

–  Se debe fotografiar el canto, que es la tercera cara de la moneda.

Todos los detalles se deben apreciar de tal manera que a partir de las fotos se pueda valorar el estado de conservación de la pieza de la manera más justa posible. Esto quizá es lo más importante y lo más difícil.

Os dejo otras fotos que he hecho a una moneda:

El último punto digo que es el más complicado porque para llevarlo a cabo no es tan importante entender de fotografía como ser capaz de valorar la moneda.  El truco está en lo siguiente: piensa en todos los detalles en los que te fijas para valorar la moneda que estás fotografiando y haz fotos que muestren esos detalles de la forma más nítida posible. Por ejemplo, si tiene brillo original haz que sea evidente, si tiene una manchita enfócala bien para mostrar que no es óxido, si hay un golpe en el canto dedícale una foto, si se aprecia cierto desgaste en una zona muéstralo claramente… intenta que se vea la moneda en las fotos igual que cuando la tienes en la mano.

Otra cosa es qué se hace después con las fotos. Si resulta que se las muestras a unos amigo para enseñarles la moneda, lo mejor es sólo pasar aquellas fotos que resaltan los puntos fuertes de la pieza; ahora bien, si se pasa las fotos a alguien que está interesado en comprarte o cambiarte la moneda siempre hay que resaltar tanto los puntos fuertes como los débiles para que después no haya sorpresas desagradables y se considere engañado.

Dicho esto hay que añadir que hay gente que entiende la fotografía numismática de forma totalmente diferente. Para ellos es como una expresión artística y lo que buscan es dejar un resultado bonito, más allá de hacer justicia con la pieza. Un ejemplo es Chencho, un forero de Imperio Numismático que pone unas fotos preciosas de sus monedas. Con las siguientes fotos os podéis hacer una idea de cómo se pueden obtener imágenes preciosas a partir de monedas muy humildes:



Eso de hacer fotografías artísticas ya es otra cuestión que a mí me supera. En este hilo se ha estado debatiendo sobre el asunto, aunque si a alguien le gusta el tema le recomiendo que se pase por los foros americanos, donde a la gente le encanta el asunto. Sin ir más lejos, hay un puñado de foros dedicados a la fotografía numismática: un ejemplo, otro ejemplo y otro más. También hay editado un libro llamado “Numismatic Photography”, recomendado por A.C. Dwyer y que debe estar bastante bien. En castellano está este otro texto, escrito por José Ángel García.

Karl Popper es uno de los más grandes filósofos del siglo XX, sino el mayor. Entre otras enormes aportaciones introdujo el concepto de falsacionismo, el cual fue importantísimo para la filosofía y la epistemología de la ciencia durante las décadas venideras. En dos palabras, el falsacionismo es considerar que una sentencia científica debe poder ser refutada y se considera verdadera mientras que no se haya refutado. Por ejemplo, si digo “todos los cuervos son negros” esa sería una sentencia científica muy significativa y que nos creeremos hasta que no aparezca un ejemplar de cuervo que no sea negro; en cuanto aparezca uno ya nos lo dejamos de creer, la sentencia pasa a ser falsa y habrá que buscar otra teoría que sea refutable pero que no se haya refutado aún. Se podría decir que hoy casi todos los filósofos que se encargan de estudiar la ciencia parten de esas bases falsacionistas y que a la hora de hacer ciencia, todos los científicos siguen (consciente o inconscientemente) esas teorías.

Yo suelo aplicar las teorías falsacionistas a la numismática cuando se trata de detectar monedas falsas. Yo veo la moneda y pienso en una serie de características que pueden presentar las monedas falsas más comunes.  Si no las cumplen y además es una moneda que conozco bien y que me parece buena, pues la tomo como buena y así la considero. Pero eso no me garantiza en sí que la moneda sea auténtica, quizá la han falsificado muy bien y me la han colado. Pensaréis que si digo esto es porque no entiendo demasiado de monedas y por eso no puedo estar seguro de que la moneda sea buena o no, pero nada más allá de esto: creo sinceramente que nadie puede asegurar al 100% la autenticidad de una moneda sin más que hacerla pruebas en un laboratorio; a lo mucho puede decir que ha hecho una serie de pruebas y que todas ellas dan negativo, de lo que se deduce que la moneda se considera auténtica. Esto es y será así independientemente del número de cápsulas que tenga la moneda y de pegatinas que tengan esas cápsulas.

El otro día, Darío escribía en su blog siete consejos para evitar que nos cuelen moneda falsa y otra entrada en la que habla de la falsificación de monedas en China. Al parecer se está dando la voz de alarma por la inmensa cantidad de falsificaciones de altísima calidad llegadas de China que se centran sobre todo en la moneda americana. Mi opinión es que por ahora se centran en la numismática americana porque en ella hay muchísimos ejemplares de monedas en perfecto estado de conservación que se pagan a altísimos precios, por lo que sale mucho más rentable falsificar “en serie”. No tendría sentido hacer de repente dos mil piezas de un real de Enrique II en calidad SC porque no habria mercado para absorver tanta moneda, pero sí puede tener sentido hacer mil monedas de un dólar de 1885.

Claro que se podrían hacer cinco buenas copias de un real de Enrique II, pero eso quizá no salga rentable por el principio de economía de escala: sale muy caro hacer una buena copia, pero una vez que tienes una hecha hacer las 100 siguientes es muy barato. Vamos, que hacer 5 copias no es rentable, pero hacer 5.000 sí.  Pasa lo mismo con el ordenador con el que estáis accediendo a estas líneas: dentro hay varios chips que contienen procesadores que tienen integrados miles de millones de transistores, y el coste de fabricación de esos chips es de unos pocos céntimos por el simple y llano hecho de que hacen decenas de millones de chips exactamente idénticos.

Una vez dicho esto, ¿cómo podemos defendernos ante una posible invasión de monedas falsas de altísima calidad que inunden el mercado? Pues en mi opinión hay que echar mano del concepto filosófico del aura, que ya introdujimos en el blog hace unos meses. ¿Quién decía que la filosofía no sirve para nada? Recordándolo brevemente, el aura es lo que diferencia a una obra de arte auténtica de su réplica exacta: es el recorrido histórico de esa obra de arte lo que diferencia la auténtica de la copia. Así pues, ante la imposibilidad de garantizar la autenticidad de la moneda, creo que sería interesante certificar el recorrido histórico de la misma.

Muchas de las monedas de alta calidad están perfectamente identificadas y se sabe el recorrido que han tenido. Lo malo es que en las subastas españolas, al contrario que en las de otros países, muchas veces se esconde la procendencia de las piezas y no se hace explicito de dónde provienen a pesar de que eso sería un valor añadido. Eso es algo que ya hemos comentado varias veces en el blog, y la verdad es que nunca hemos llegado a ninguna conclusión al respecto.

De todas formas, creo que para los que no podemos adquirir monedas de tan alta calidad sí que sería interesante hacer constar para las mejores monedas que tenemos, la procedencia de las mismas. Esto no significa que vayamos a tener que encapsular nuestras monedas, pero siempre es interesante contar con el papelote y la factura de la casa de subastas en la que la hayamos adquirido, o pedir al profesional al que se la compremos un certificado de autenticidad. También sería interesante que hubiese una empresa que diese el servicio de registrar monedas y a qué colecciones pertenecen, lo cual sería muy útil para garantizar la autenticidad en un futuro o para identificar las piezas si éstas son robadas. Yo no conozco ninguna empresa que proporcione este servicio.

La primera imagen es el retrato de Karl Popper, el resto están sacadas de esta entrada del blog de Susan Headley, que también habla de las falsificaciones chinas.

El otro día cayó en mis manos este artículo, en el que Rafael Tauler hace unos pequeños apuntes etimológicos sobre algunos términos relacionados con la numismática. Basándome en ese texto, y poniendo algo más de mi parte y de las otras referencias que cito os dejo unas cuantas palabrotas.

Moneda:  la palabra numismática por antonomasia proviene del latín “Moneta”, que era un epíteto dada a la diosa Juno. Según Tauler y Wikipedia, ese epíteto significa “la que avisa” debido a que según la tradición Juno había avisado a los romanos sobre varios desastres. Con el tiempo Juno pasó a ser la diosa protectora de Roma, donde se creó una ceca importante cuyas monedas se llamaron “ad monetam“. Con el tiempo esas “monetam” se extendieron y dieron lugar a que en casi todos los idiomas europeos se hable con términos derivados de ellas, en algunos para referirse a las monedas (castellano, italiano, ruso, alemán…) y en otros para referirse al dinero (inglés).

Dinero:  quizá es una de las voces más utilizadas, y no sólo por los aficionados a la numismática. Su proveniencia me imagino que todo el mundo se la imagine: proviene del latín “denarius“, que era una popular moneda romana que todos conocemos y que algunos lectores coleccionan. También sabrán mis lectores que “dinero” no es sólo un sujeto abstracto, sino que existen monedas de poco valor que se llamaban “dinero” y que se acuñaron en la península durante la Edad Media. También los “dinares” propios de los pueblos árabes provienen de la misma raíz etimológica.

Pecunio:  según Tauler pecunio proviene del latín “pecus”, que significa “ganado”. La razón se debe a que en la antigua Roma se marcaban con imágenes de animales los lingotes de bronce con los que se realizaban intercambios comerciales.

Dobla: es otra palabra que proviene del latín, pero en este caso no de forma directa. Proviene de “dupla“, que significa “doble”. Fueron los pueblos árabes del norte de África quienes durante la Edad Media empezaron a acuñar monedas de oro con un peso de 4,6 gramos, que era el equivalente a dos dínares. Esas doblas también las acuñaron los almohades, quienes tuvieron que pagar durante muchos años sangrantes impuestos a los reyes cristianos, lo que hizo que las doblas se popularizaran en todo el territorio de la Península Ibérica y los reinos cristianos acuñasen monedas semejantes.

Maravedí:  en este caso la palabra no proviene del latín, sino de “murabití” que significa “relativo a los almorávides”. Los almorávides vinieron a ser, en dos palabras, unos monjes-soldado que gozaron de un imperio importante a finales del siglo XI a base de ganar batallas, tener dinero y reformar la religión en su beneficio (y nos pensábamos que la historia esa era nueva). El caso es que estos almorávides acuñaron moneda de oro y la llamaron “murabití“, igual que cuatro siglos llamaron “castellanos” a algunas monedas de oro acuñadas por Enrique IV y por los Reyes Católicos. Esos “murabitíes” se extendieron por todo el imperio almorávide y por la totalidad de la Península Ibérica y así llegaron a los bolsillos de los cristianos pudientes. Dicho esto se hace evidente que la palabra “morabetino” (unas monedas de oro acuñadas por Alfonso VIII) también proviene de “murabití“. Luego el término degeneró y se llegó a la palabra “maravedí”.

Dicho esto, dejo un par de curiosidades con respecto a esta palabra. La primera es que aunque los coleccionistas diferenciemos clarísimamente un maravedí de un morabetino, la RAE no lo hace y los considera sinónimos, si bien deja como primera acepción de morabetino “moneda almorávide de plata y muy pequeña”, sin hacer ninguna alusión a los morabetinos de oro almorávides o cristianos. Voy a ver si me paso un día por la RAE y le cambio a alguno un maravedí por un morabetino, que como son sinónimos digo yo que costarán parecido… la segunda curiosidad es más extraña todavía, y es que según Pedro de Mingo maravedí es la única palabra en castellano con tres plurales: maravedís, maravedíes y maravedises.

Real:  esta palabra es menos espectacular, simplemente significa “relativo al rey”. No obstante, no es casualidad que estas monedas de plata apareciesen en la Península cuando se asentaron las monarquías cristianas, es decir, a finales de la Edad Media.

Escudo: tampoco es muy espectacular la proveniencia de esta palabra, pues se denominaron “escudo” a las monedas de oro equivalentes a 16 reales por el simple y llano hecho de que mostraban un escudo. La cuestión curiosa es que en la Península Ibérica hubo que esperar hasta la Edad Moderna para acuñar escudos, mientras que en Francia se acuñaban los célebres Ecu d’or desde el siglo XIII, también denominados así porque mostraban un escudo. Ya en el siglo XX, cuando Portugal se libró de la monarquía crearon una nueva moneda que sustituyera al real (más que nada porque ya no había rey) y como el diseño mostraba un escudo tuvieron la misma idea que España o Francia siglos antes. Lo que no sabía es que todavía hay una ex-colonia portuguesa que usa el escudo como moneda: Cabo Verde.

Todas las imágenes están tomadas de Wikipedia. Son un denario de Juno, un denario de Flavia Domitilla (mujer de Vespasiano), la Gran Dobla de Pedro I acuñada en Sevilla (expuesta en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), una pieza de 4 maravedises de los Reyes Católicos con ceca de Cuenca, dos reales de Segovia de 1723 y ocho escudos de Méjico de 1798.

En mi opinión Almodóvar es  uno de los pocos grandes cineastas que ha dado España, y lo es gracias a que supo aprovechar la enorme libertad creadora que había en este país durante los 80. La movida madrileña no pasará a la historia como un movimiento de gran interés técnico o cultural, pero sí como la gran oportunidad de que en España saliera a la luz la cultura underground políticamente incorrecta. Algunas de las canciones que sonaban en aquella época no tendrían el apoyo de ninguna discográfica actual, y muchísimo menos películas como las primeras de Almodóvar. Ni siquiera Almodóvar hoy en día se atrevería a producir tales películas. Si no me creéis echad un vistazo a la siguiente escena de Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón.

Una menor de edad se encapricha de una cuarentona maltratada (Lucy) y decide seguir el consejo de Pepi (que está haciendo encaje) de mear en la cara a la cuarentona, que resulta ser de Murcia. Ésta se excita sexualmente con la lluvia que le cae y todas salen satisfechas. Según avanza la película hacen una magnífica auto-referencia para explicar esa escena. También se va descubriendo que Lucy no es tan dócil como parece y que ella misma disfruta de los malos tratos propinados por su marido y por Boom. ¿Os imagináis que salga a la luz una película así hoy en día? Posiblemente fuese censurada por las autoridades, si no directamente sí indirectamente, cortando de raíz todas las subvenciones a la productora.

En la película de La Ley del Deseo las escenas son más sutiles, pero el argumento bastante duro también. Tenemos a triángulo amoroso entre homosexuales y tenemos que uno de ellos mata por deseo y por celos, que no por amor. Eso ya sería intolerable en el día de hoy, pero a ello le podemos añadir que se presenta un personaje femenino que se cambió voluntariamente de sexo cuando era un niño sin más objetivo que para poder tener relaciones incestuosas con su padre. Os dejo una escena.

En esta película se ve cómo el deseo trastoca totalmente la naturaleza de los personajes, deformándolos hasta el punto de que pierden su propia esencia y llegan a los más horrendos actos: lujuria, incesto, asesinato… En el caso de la numismática, también se han visto algunos casos en los que se han perturbado las personas por el impuso irrefrenable del deseo, si bien no hasta el punto al que llegan los personajes de Almodóvar, claro está. Pero es que no controlar el deseo es la forma más sencilla de convertir el coleccionismo en una obsesión, perder dinero y a medio plazo abandonar asqueado la afición.

Tal y como nos muestra Almodóvar, cuando se desea algo se hace cualquier cosa por obtenerlo a corto plazo, y eso desvirtúa la colección, que debería reflejar el fruto de un trabajo llevado con paciencia durante muchos años. A mi entender una colección no se debería hacer a base de poner grandes cantidades de dinero para hacerse con las piezas, ¡eso no tiene mérito! Yo creo que es más divertido entenderla como un conjunto de monedas que poco a poco van mejorándose y que, a muy largo plazo, lucirán una gran calidad.

Pero es muy común que al empezar una colección se quiera abarcar un periodo determinado (pongamos por caso El Centenario de la Peseta)  y lo normal es empezar por las baratas con la intención de tener una de cada una de las piezas que vienen en el catálogo en calidad BC+ o mejor. Al cabo de un año o dos lo normal es tener casi todos los huecos cubiertos, pero las piezas que faltan son las más raras (2 pesetas de 1891, 1 peseta de 1881, 1 peseta de 1884…).

Ahí es donde puede empezar el deseo: faltan cuatro piezas y hay que conseguirlas, hay que conseguirlas como sea. Yo nunca he llegado a ese punto, pero conozco gente que sí; mi recomendación es que paren, recapaciten y se lo tomen con mucha más calma. Eso sólo puede hacer que el deseoso comprador pierda dinero (se han dado casos de tener verdaderos problemas familiares por esa causa) y que cuando se dé cuenta coja manía a la numismática o la tenga que abandonar como única cura posible a su problema. Mi experiencia me dice que ese dinero perdido se puede dar por las siguientes condiciones:

Al desear una moneda se tiende a sobrestimar su calidad porque no se tiene la sangre fría como para observarla con detenimiento y encontrar sus fallos. Eso puede hacer que paguemos una moneda como EBC sin ser más que un MBC/MBC+. O más difícil todavía: será difícil contener la sangre fría para distinguir un EBC+ de un SC, y ya vimos que eso puede suponer mucho dinero.

Las prisas en encontrar una moneda pueden hacer que aparezcan intermediarios. Por ejemplo, un vendedor puede que no tenga una peseta de Benlliure, pero sí saber quién puede proporcionármela. Si tiene un cliente deseoso por conseguirla quizá se la pueda ofrecer, pero a un precio elevado porque tendrá que pagar la moneda y además llevarse su comisión.

Los vendedores utilizarán tu deseo para hinchar el precio. Es evidente que no es lo mismo llegar a un vendedor y preguntarle qué te ofrece, que le comprarás lo que sea siempre y cuando esté a buen precio, que llegar y decirle “estoy buscando la peseta de 1884”. Si resulta que la tiene ya sabe que el deseoso comprador está dispuesto a pagarla cara, así que la pagará cara.

El deseo no permite jugar con la volatilidad del mercado. Quizá resulta que lo que hoy se paga a 100 dentro de seis meses se paga a 80. También puede ocurrir que lo que un amigo nos ofrece hoy por 1000 dentro de dos años se quiera deshacer de ello (quizá porque lo tenga repetido o porque le haga falta el dinero) y nos lo ofrece a 600. Pero el que desea algo y lo quiere en ese instante lo normal es que lo pague caro.

Con todo, mi recomendación es la misma que la que hice aquí y aquí: no hay que tener una lista de monedas que faltan y que hay que conseguir, sino comprar moneda que ofrezcan a buen precio; este consejo me lo dio un amigo al poco de empezar en esto y seguirlo me ha hecho salvarme de muchos palos. A base de tiempo, se conseguirá tener una buena colección sin haber gastado dinero de más. Esto no quita que, evidentemente, nos podamos dar un capricho de vez en cuando (todos lo hacemos), pero cuando lo hagamos tenemos que ser conscientes de ello y de que estamos pagando por la moneda más de lo que vale.

Es muy típico que los autores de los blogs celebren sus 100.000 primeras visitas con una entrada dedicada a ello, así que cumpliendo con la tradición, aquí va la mía porque ya se ha cumplido tan redondo hito.

El blog lo comencé el 26 de septiembre del año pasado, así que en unos 13 meses y medio he conseguido algo que no pensé que iba a conseguir nunca: 100.000 visitas. Y no es que creyese que no lo iba a conseguir por ser un pezuñas con el teclado (que también), sino porque pensaba que era una meta muy complicada para un blog tan específico como éste, que versa exclusivamente sobre un tema que realmente interesa a muy poca gente y del que no he hecho ningún tipo de publicidad. Aún así, parece que he conseguido enganchar a unos cuantos lectores que lo visitan a menudo.

El blog requiere bastante tiempo, y a cada entrada la tengo que dedicar un buen rato. Pero creo que compensa. Lo primero porque es una excusa estupenda para obligarme a dedicar un par de ratos todas las semanas a esta afición e ir aprendiendo cosas nuevas, consultando bibliografía que de otra forma no lo hubiera hecho, ordenando mis ideas para que la redacción sea clara… además, creo que ha ayudado a bastante gente, tal y como muchos me lo han hecho saber. No es que sepa mucho sobre numismática, pero es gratificante compartir lo poco que se conoce. Hay veces que incluso  ha habido debates muy interesantes con otros aficionados utilizando para ello los comentarios de las entradas; de esos debates he aprendido un montón también.

Mi estilo de escritura ya lo conocéis: directo, al grano y muchas veces provocador. No ha faltado gente que me ha llamado prepotente y arrogante, pero no es esa mi intención. Si escribo así es porque es la mejor manera de provocar a la gente para hacer pensar al personal y fomentar el debate. Es algo que aprendí cuando estudiaba filosofía.

El blog recibe diariamente entre 300 y 400 visitas, lo que no está nada mal, creo yo. La mayoría de los visitantes que pasan sólo leen las entradas, otros cuantos escriben comentarios con frecuencia bastante variable y algunos también me mandan correos. Raro es el día que no recibo un mail o un mensaje a través de Facebook, generalmente para preguntarme alguna duda concreta que a veces sé responder y a veces no. También ha habido gente que me ha escrito para insultarme o amenazarme con mil males si no quito de inmediato alguna entrada; ya se sabe que hay de todo en la Viña del Señor, y evidentemente lo mejor es no hacerles caso.

Dicho esto, ¡¡vamos a por las 200.000!!

Imágenes tomadas de Wikipedia.