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Reproduzco una supuesta conversación entre Enrique (Enr) y un Numismático Cara Dura (NCD):

NCD: “Mira, estas carteras de euros de Moldavia, son una oportunidad de inversión estupenda” (pongo euros de Moldavia para no herir sensibilidades)

Enr: “Anda, pues son bonitas. ¿Y por qué dices que son buena inversión?”

NCD: “Hombre, pues está claro, son de tirada limitadísima y ahora muy poca gente las colecciona porque Moldavia acaba de entrar en el euro, pero cuando la gente se dé cuenta de que Moldavia tiene euros entonces se irán todos a comprarlas, pero para entonces ya estarán agotadas, así que se pagarán carísimas”

Enr: “¿Sí? ¿cuánto de carísimas?”

NCD: “Pues mira, va a pasar igual que con las primeras carteras de El Vaticano, que en cuanto se acabaron se triplicó el precio. Éstas salen por 25 euros, así que fácilmente en un par de años puedan costar 75 euros. Es una inversión segura”

Enr: “Si es una inversión segura ¿por qué no te las quedas tú? las venderías dentro de un par de años por mucho más dinero”

NCD: “Ya, pero es que yo soy comercial, no puedo quedarme con mucho stock porque no cuento con demasiado dinero en efectivo. Lo mío es comprar y vender; pero ya verás como en el mercado dentro de un par de años se pagan al menos por 75 euros, eso seguro

Enr: “Suena interesante… pero me recuerda a cuando salieron las monedas de 500 pesetas en 1987, que nos salió a todos mal la inversión porque la FNMT luego sacó más estuches”

NCD: “Pero eso no lo va a hacer Moldavia, ya te digo que es una inversión segura y pocas oportunidades como ésta habrá

Enr: “No sé… me suena raro… según dice un amigo mío no se puede invertir en moneda conmemorativa

NCD: “¿Y quién es ese amigo tuyo? ¿Está asociado a la AENP?”

Enr: “No, simplemente es un aficionado que tiene un blog y escribe lo que buenamente cree”

NCD: “¡Uno que va de listo! A ese ni caso, tú atente a mi consejo que llevo más de treinta años en este negocio. Esto en cuanto se acaben de vender las que han sacado va a subir como la espuma y ya te digo que las sacas 50 euros a cada cartera en un par de años”

Enr: “A ver si lo he entendido. Tienes una oportunidad de negocio estupenda, que consiste en retener unas carteras durante un par de años, pero no puedes hacerla frente porque no puedes tener un capital parado durante ese tiempo; así pues me estás regalando ese conocimiento a mí para que te compre las carteras y gane mucho dinero con ellas ¿no?”

NCD: “Efectivamente, estoy seguro de que es una inversión buenísima

Enr: “Vale, pues haremos una cosa. Yo te compro varias carteras, pongamos que te compro 200, a 25 euros cada una; pero a cambio tú te comprometes a que dentro de dos años me las compras a 50 euros cada una, de forma que las podrás revender por 75 y ganar más dinero todavía. Yo con un 100% de beneficio en dos años me conformo y tú te quedas con otro buen margen. Además, para estar seguro de que no me mientes, antes de que te compre las carteras te tiene que avalar el Banco Santander sobre la cuantía de 10.000 euros, para la compra dentro de dos años”

NCD: “¿Pero cómo voy a hacer eso? ¿me estás tomando el pelo?”

Enr: “No, te lo digo totalmente en serio, tú me has propuesto una oportunidad de inversión y yo te propongo otra a ti asegurándome un margen para mí. Si estás tan seguro de que es una gran inversión lo aceptarás sin dudarlo”

NCD: “Mira, vete de aquí que se ve que no entiendes nada y que no quieres invertir en numismática. Va y dice que pida un aval al Banco Santander… ¡a mí me vas a decir lo que tengo que hacer con mi dinero!”

Enr: “Yo en cambio diría que entiendo demasiado para caer en esa”

Una conversación como esa ejemplifica perfectamente lo que es un conflicto de intereses, y es que la persona que te asesora saca tajada si haces algún tipo de (supuestas) inversiones. Esto se puede dar con moneda contemporánea o antigua, no importa. La cuestión está en que no existen inversiones seguras que den una alta rentabilidad, ni en numismática ni en ninguna parte. Además, si el numismático estuviera seguro de que iba a triplicar el precio en dos años ¿por qué iba a vender ese bien? ¡Antes rehipotecaría su casa!.

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de la subasta que celebrará Kuenker los días 28 y 29 de septiembre. Se tratan de medio ducatón napolitano de Felipe IV, ocho reales de Segovia de 1589, ocho reales de  Cataluña de 1809 con Fernando VII y 20 reales de 1850 acuñados en Madrid

Hasta hoy no se ha dedicado ningún espacio en este blog a moneda catalana, y es una pena porque hay muchos coleccionistas catalanes y otros muchos que sin serlo tienen especial devoción a las monedas de este lugar puesto que son muy interesantes. Y técnicamente, hoy tampoco se hablará de moneda catalana, sino de pellofas, que en sí no fueron monedas de curso legal, como ya se verá. Para la redacción de esta entrada me baso sobre todo en la introducción a la colección Llorenç Balsach (Aureo y Calicó 212, 7 de octubre de 2008), escrita por Dr. M. Crusafont i Sabater.

Las pellofas (también llamadas plomos, ploms, pellofes, gitons o incluso senyals) son monedas eclesiásticas incusas y generalmente de plomo que se daban a los clérigos por la asistencia a ciertos oficios religiosos en los territorios catalanes y cercanos entre los siglos XIV y XIX. Dicha esta definición, hay que decir que en ella caben la mayoría de las pellofas, pero no todas: hubo pellofas civiles, hubo pellofas en otros territorios que no son catalanes y hubo pellofas que no fueron incusas. Además, si bien muchas de ellas son de plomo también las hay de hojalata, de cobre, de latón y de aluminio. Pero aún así, yo creo que esta definición nos vale.

Básicamente, las pellofas nacieron como un método de pago a los religiosos por realizar algún oficio (misas, entierros…). Es decir, que por ejemplo los canónigos de las catedrales recibían una paga fija y luego se les daba unas pellofas durante los oficios que podían canjear a fin de mes por moneda de curso legal. Algunas fuentes, como ésta o ésta, indica que las pellofas también se daban a los feligreses, aunque Crusafont i Sabater descarta esta posibilidad. Ahora bien, es cierto que los clérigos a su vez podían dar las pellofas a la población civil que viviese fuera del monasterio como un acto de caridad o como forma de pago, sabiendo el que la recibe que podrá cambiarla por moneda de curso legal. Pero claro, el que la recibe quizá prefiera utilizarla para pagar otra cosa y que la canjee otro… y de esa manera tan simple se ve cómo las pellofas circulaban fuera de los monasterios y pudieron ser usadas como moneda local, especialmente en épocas de escasez de moneda pequeña.

En esa misma fuente se indica que el ámbito geográfico de las pellofas es más bien pequeño. Abarca Cataluña,  algunos pueblos de la Franja, Ibiza, Menorca y tres localidades de la Cerdeña catalana. También se indica que hay algunos puntos muy concretos de Europa donde se pueden encontrar piezas semejantes, como en algunas localidad del sur de Francia. En cualquier caso, estamos hablando de unas rarezas numismáticas con típico carácter catalán.

Parece ser que la mejor colección de pellofas es justamente la  de Llorenç Balsach, subastada buena parte de ella en Aureo y Calicó el 7 de octubre de 2008. Antes de la subasta la colección contaba con 2.000 piezas. También deben ser colecciones importantes la del Gabinete Numismático de Cataluña y la de Botet y Sisó; fue el propio Botet quien a principios del siglo XX (cuando circulaban ya las últimas) se dedicó a recoger y a clasificar estas piezas para evitar que se perdieran en el olvido, y gracias a él hoy se puede saber lo que se sabe sobre ellas. Por otra parte, la bibliografía más interesante sobre este tema es el propio catálogo de esta subasta y el libro “La moneda catalana local“.

En cuanto al coleccionismo de pellofas, es realmente singular, porque son piezas humildes y generalmente baratas pero que a su vez incluyen grandes rarezas y se tiene gran dificultad de catalogación en algunos casos.  A quien le gustaría tener una colección de monedas muy raras y difíciles de encontrar, pero que a su vez no le supongan un esfuerzo económico que no pueda asumir, éste es su mundo. Casi siempre salen unas cuantas pellofas en las subastas nacionales y rara vez sus remates sobrepasan los 100 euros; de hecho, muchas de ellas acaban costando menos de 20 euros. Para todos los bolsillos, vaya.

Las pellofas que ilustran la entrada se han obtenido de la subasta en sala de Aureo de 26 de octubre de 2010. Se tratan, por orden, de dos pellofas de Figueres, una de Olot y otra de Villabeltrán.

En el blog ya se han dedicado un par de entradas a las variantes de los duros de plata (una y dos), pero éstas consisten básicamente en una enumeración de las variantes que conozco. Creo que hay algunas variantes que merecen mayor atención porque son comunes y aún así poco conocidas porque no vienen en los catálogos más generales. Una de esas variantes es la tercera pieza que presentamos en esta entrada. Pero para ello la comparo con otros dos duros “pelones” de 1888, así se ven mejor las diferencias.

Duro de 1888 MSM

Este es uno de los duros más difíciles de El Centenario, y mucha gente me escribe diciéndome que le falta y que si se lo puedo encontrar. Yo siempre les digo que por poder podría, pero que el precio de la pieza es para pensárselo dos veces. El ejemplar que aquí se presenta se subastará en Madrid el 23 de octubre por la casa Marti Hervera y Soler y Llach (va a dar bastante que hablar esa subasta). Su precio de salida son 10.000 euros, lo cual no me parece mucho para un ejemplar de calidad sin circular; las pujas deberían incrementar bastante el precio de remate.

La mayoría de los lectores del blog ni siquiera se plantearán comprar una pieza de estas, aunque nunca hay que descartarlo porque pueden aparecer ocasiones. En caso de querer adquirir una hay que fijarse bien en dos cosas: primero que el busto sea como el que tiene la imagen de arriba, que difiere levemente con la siguiente variante en el pico del cuello, y segundo que las letras de los ensayadores no hayan sido manipuladas (concretamente la S), porque es justamente ese ensayador el que multiplica por 100 el valor del duro; para eso lo de siempre: ver que la forma de la “S” sea exactamente la que debe y ver que no haya arañazos ni marcas alrededor. En caso de duda no comprar al no ser que venga de parte de un profesional solvente y éste dé factura y garantice autenticidad.

Duro de 1888 MPM

Ésta es la segunda variante de las que vienen en los libros, y a diferencia del anterior, ésta es muy barata. Se suelen encontrar estos duros en lotes o se pueden comprar en cualquier sitio por poco más de lo que vale la plata del duro. Concretamente, el ejemplar de la foto lo tengo yo por casa.

Duro de 1888 MPM cuello redondeado

Ésta es la tercera variante de la moneda y, como no viene en los catálogos, la gente no la conoce. Se trata de un duro igual que el anterior pero con una pequeña variante del busto de Alfonso XIII. Esa variante también se presenta entre los dos duros anteriores, y es que el duro MSM tiene el cuello redondeado, mientras que en el MPM el cuello acaba más en punta. Digamos que esta tercera variante mezcla las dos anteriores: tiene los ensayadores MPM pero el busto presenta un cuello redondeado.

Para que se vea bien, aquí dejo un detalle de un cuello en punta

Y este otro es un detalle de un cuello redondeado

La diferencia es bastante sutil, pero yo creo que se aprecia. Esta tercera variante es también bastante barata, pocos euros más cara que la anterior, así que es un duro que todos nos podemos permitir.

Con esta entrada quizá me meta donde nadie me llama, porque ni entiendo de economía ni tengo la suficiente experiencia como para poder dar muchos consejos. Aún así en mi opinión creo que el oro está ahora muy caro y que por ello es un buen momento para venderlo y esperar a comprarlo más barato más adelante.

Las razón que me hace creer esto es fundamentalmente que ha habido un incremento espectacular del precio del oro en los últimos meses, lo que viene a ser una burbuja, vaya. Fijémonos en la gráfica del precio del oro en el último año:

Un espectacular aumento del 25% con respecto al año pasado. ¡Y el oro a 1000 dólares la onza ya me parecía carísimo hace un año!. Si nos fijamos en la gráfica de los últimos diez años se ve que el aumento de precio se ha agudizado con la crisis:

Es clarísimo el punto de inflexión en 2005 y otro aún más pronunciado en 2008, creciendo a un 25% anual desde esa fecha. Desde mi punto de vista este crecimiento es totalmente insostenible, porque es imposible que un valor crezca a esa velocidad de forma continua. En otras palabras, yo creo que con el oro se está generando una burbuja que antes o después estallará. No sé cuándo ni sé qué precio se alcanzará, pero en algún momento tiene que bajar considerablemente el precio; hace poco que he visto pagar 280 euros por una moneda de 20 pesetas de 1890, cuando hace un par de años costaba 160. Eso no es normal.

Otro síntoma bastante claro de la burbuja es que han proliferado las tiendas de “compro oro(quienes, por cierto, siguen pagando lo mismo que el año pasado a pesar de que haya subido mucho el oro). ¡¡Sólo en Valladolid hay 26 tiendas de esas características!!  Esto me recuerda a cuando en 2006 paseabas por cualquier ciudad y no se veían más que inmobiliarias.

En esa misma línea, muchos países se apuntan a la burbuja y han aumentado la acuñación de moneda de oro. Hablo de países como Canadá, Inglaterra, Sudáfrica, Australia… saben que el oro está caro y están sacando lo que tienen.

Así pues, en mi opinión es mal momento para empezar una colección de monedas de oro, y sin embargo es bueno para vender aquellas monedas o lingotes que se tengan. Eso sí, hay que vendérselo a gente seria y formal. Si no conocéis a nadie de confianza no me importa que os pongáis en contacto conmigo y os doy el contacto de un comerciante serio (yo no me llevo nada por el favor, no os creáis). Y ya para quien quiera apostar de verdad, he aquí un ETF llamado SBUL en el que invertir a corto sobre el oro; es cosa vuestra si os metéis en algo de eso.

A mí me encanta relacionar conceptos que a priori no parecen relacionados. Eso es lo que intento hacer tanto en mi trabajo como en buena parte de mi tiempo libre (ya lo comenté aquí). Así pues, voy a intentar mezclar en este blog dos de mis aficiones: la numismática y viajar. Para ello, la idea es ir describiendo museos a los que vaya y en los que se expongan monedas, y ya de paso describir brevemente el resto del museo y la zona. No es que con esto quiera hacer una guía de viajes, pero quizá algún aficionado que pase por la zona se anime a acercarse a algún museo o a alguna ciudad; evidentemente, también puede servir para quitar las ganas de visitarlo. Empezaremos por orden cronológico de lo que he visto este verano: el museo de Évreux.

Évreux es una pequeña ciudad normanda que poca gente conoce en España y muchos menos aún la visitan. Aún así no está de más dejarse caer una mañana por allá si se está por la zona y se tiene tiempo. Aunque tiene pocos restos en la actualidad, la ciudad ha sido un asentamiento celta, luego una ciudad romana y desde entonces ha seguido habitada. Tienen un museo dedicado a los restos arqueológicos que han encontrado por la zona, que yo supuse que iba a estar muy interesante, pero que desgraciadamente no dio para mucho: era pequeño y la calidad brillaba por su ausencia, no había nada que realmente me llamase la atención.

En la cuestión numismática a mí lo que más me gustó fue el hallazgo que dejaron expuesto “tal cual”. No sé si lo harían por falta de presupuesto para sacar las monedas o simplemente porque así el visitante se da cuenta de cómo se las encuentran los arqueólogos. Yo nunca había visto nada igual.


Aparte de esto tenían expuestas algunos denarios, sestercios y ases del Alto y Bajo Imperio. Las descripciones eran horrorosas, simplemente indicando el mandatario de turno y el metal de la moneda. Además, las piezas estaban bastante alejadas del cristal, por lo que no se podía apreciar bien la calidad de las monedas. Aquí os dejo unas fotos:




Total, que si pasáis por Normandía y tenéis tiempo de sobra, no está mal pasarse por Évreux, que además pilla de camino hacia Giverny; y si estáis en la ciudad no pasa nada por acercarse a su museo, aunque tampoco es nada del otro mundo.

De todas formas, no os preocupéis, que este verano he estado en otros museos con unas colecciones estupendas, ya os contaré. Y por supuesto, si algún seguidor del blog se anima a comentar algún museo que haya visitado, yo con mucho gusto le guardo un espacio en el blog.

En este blog ya se ha hablado bastante de los contenedores de monedas que son tan típicos en Estados Unidos y que gustan a pocos coleccionistas europeos. La gracia de esos contenedores es que una entidad externa certifica la autenticidad de la moneda que contienen y proporciona una valoración de la misma, de manera que quien la compra tiene la opinión de un tercero sobre dicha pieza. El truco que permiten estos contenedores es que hay veces que los operarios de las empresas de certificación se confunden y tasan una moneda en peor calidad de la que es; como pequeñas diferencias de calidad pueden dar lugar a variaciones muy grandes en el precio, entonces el entendido que se da cuenta del error compra la pieza valorada de forma pesimista, la saca de su contenedor, la vuelve a enviar a la autoridad certificadora y es posible que se la tasen de forma más optimista, pudiendo venderla por mucho más dinero. Esto es lo que se llama el “Crack-out game“.

Este tipo de prácticas pueden generar muchos beneficios a los más entendidos, pero puede hacer perder bastante pasta a los que no lo son y compren monedas que están valoradas de forma muy optimista por sus contenedores. Así que se da la situación de que en Estados Unidos se meten en contenedores sistemáticamente todas las monedas “buenas” para garantizar su venta y ya resulta que ni de esos contenedores se fían los compradores. ¡¡Pues menuda historia!!

No se preocupen ustedes que donde hay miedo hay negocio, y aquí aparece Certified Acceptance Corporation (CAC), una tercera (o mejor dicho, cuarta) compañía que garantiza que, en su opinión, las monedas tienen una calidad acorde con la valoración que de ellas se indica en su contenedor y lo hace explícito con una pequeña pegatina en el plástico. Así el comprador tendrá su opinión, la del vendedor, la de la empresa del contenedor y la de CAC a la hora de comprar una moneda. Y por supuesto, todas las opiniones se llevan su parte de comisión.

Because Confidence in a Coin’s Quality is Priceless” (Porque la confianza en la calidad de una moneda no tiene precio), es el emblema de esta nueva empresa sacacuartos. La confianza no tendrá precio, pero ellos cobran la tasación.

A fin de cuentas, y esto es lo más importante de todo, uno tiene que entender del tema por sí mismo y ser capaz de diferenciar lo bueno de lo mejor, y hasta que no se haga con seguridad no hay que meterse en moneda cara ni en camisas de once varas, porque lo normal es que se salga perjudicado. Eso sí, esto no quita que no esté bien tener las monedas certificadas o que se deba tener en cuenta la opinión de los expertos; pero en última instancia al hacer cualquier tipo de inversión el que invierta debe tomar las decisiones porque es quien asume el riesgo. Vamos, que no hay que pedir opinión a 30 entidades de certificación, hay que saber valorar por uno mismo. Creo yo.

Pues ya vuelvo a retomar el blog, y empiezo con una entrada sencillita sobre una noticia que seguro que ya muchos conocéis. Y es que parece ser que ya hay diseño para la moneda de dos euros conmemorativa de 2011.

Los dos euros conmemorativos de España de 2011 se dedicarán a la Alhambra de Granada, uno de los edificios más bellos de España, si no el que más. Concretamente el motivo mostrará el famoso Patio de los Leones, por todos conocido. Yo me enteré de esta noticia en este blog si bien también la ha publicado Pulifil.

Personalmente, estoy esperando a que se dedique una moneda conmemorativa a Pablo Picasso, a quien considero el artista español más influyente en  la actualidad. Pero bueno, habrá que seguir esperando.