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Voy a dedicar una entrada a los medios escudos por un motivo muy particular: me encantan los durillos. Ya sabéis que yo tengo cierta inclinación por El Centenario de la Peseta. Lo que no había dicho hasta ahora es que también me inclino por los duros peninsulares, tanto su versión en oro como su versión en plata (así que si alguno de mis lectores tiene alguno le recomiendo que me lo regale y así me motive para seguir escribiendo esta bitácora :p ).

Las monedas de medio escudo eran llamados generalmente “durillos” por el simple y llano motivo que equivalían a un duro, es decir a 8 reales, y eran más pequeños. En la entrada anterior ya dijimos que el cambio oficial en España entre el oro y la plata era de 1:16. Así pues, 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro y de la misma forma, medio escudo equivalía a 8 reales. Pero mientras que un duro de plata rondaba los 27,5 gramos y tenía unos 36 milímetros de diámetro, un medio escudo pesaba 1,7 gramos y su diámetro era de unos 12 milímetros. Está claro por qué la llamaban “durillo”.

Todos los borbones desde Felipe V hasta Fernando VII, excepto Luis I, acuñaron durillos en diferentes cecas españolas, fundamentalmente Madrid y Sevilla. En este sentido, Felipe V, Fernando VI y Carlos III acuñaron en Madrid y Sevilla, mientras que Carlos IV y Fernando VII sólo acuñaron en Madrid. Además, Fernando VII hizo monedas de medio escudo en dos cecas americanas: Lima y México. A esto sólo hay que añadir unos medios escudos creados en Mallorca por Carlos II y por Felipe V, que fueron los primeros en acuñarse y cuyos ejemplares son muy raros. José I no acuñó medios escudos, básicamente porque unificó el real como medida monetaria en España.

Como veis, el espectro de  los medios escudos está bastante acotado, lo cual es una ventaja para coleccionarlos porque hay pocas cecas y son piezas muy fáciles de identificar. Otra ventaja es que se hicieron muchas piezas, sobre todo si se comparan con otras monedas de oro peninsulares. Esto hace que su valor numismático no sea muy elevado en general (aunque claro que hay rarezas), mientras que al tener poco oro, su valor de metal tampoco es excesivo. Así, muchos de los medios escudos nos los podemos encontrar por menos de los 200 euros en una conservación MBC.

Hay que destacar que fueron monedas que circularon bastante (de nuevo comparándolas con monedas de oro de la época). Eso hace que aunque no sea difícil encontrar ejemplares en MBC o en MBC+, encontrárnoslos en EBC+ o en SC no es tan frecuente. La buena noticia es que su precio es calidades altas no es demasiado elevado. Un durillo que en MBC ronde los 150 euros nos lo podremos encontrar en EBC+ por unos 300. Esa proporción de 2:1 es muy baja si se comparan con otras series españolas, donde pueden ser 50:1 o incluso más.  No digamos nada si se compara con las series americanas.

Pero no todo son ventajas. La primera desventaja es que, al ser monedas tan pequeñas, hay que tener buena vista para apreciarlas. Una vez me dijo un numismático que esas eran monedas para gente joven porque tenemos buena vista, y que según nos hacemos mayores vamos prefiriendo las onzas. Puede ser. O también puede ser que muy poca gente joven es capaz de soltar 1000 euros por una onza de las baratas. En cualquier caso, yo prefiero 10 medios escudos que una onza, si me diesen a elegir.

La otra desventaja (y para esta hay que concienciarse a priori) es que son monedas que se han usado muchísimo para joyería. Con los durillos se han hecho botones, gemelos, anillos, pendientes… (hay que tener mal gusto para llevar un retrato de Carlos III colgado de la oreja, pero hay gente para todo). Por eso es muy normal encontrarse medios escudos agujereados o con soldaduras. Ver que alguien ha taladrado una moneda con la que sueñas para tu colección genera cierta frustración, así que estad preparados para ello si os queréis poner a coleccionar medios escudos.

En global, creo que son monedas asequibles para el público general. No digo que sean baratas y que nos podamos comprar medios escudos todas las mañanas como quien compra el periódico, pero pocas series permiten coleccionar monedas de oro en una calidad aceptable por unos 150-200 euros/pieza. Otras series que rondan esos precios son algunas árabes, pero esas son mucho más complicadas de comprender. Así que quien se vea atraido por las monedas de oro,  no cuente con un capital demasiado grande y tampoco quiera complicarse la vida, creo que los durillos son una buena serie para coleccionar. Con tiempo, paciencia y alguna que otra cualidad podremos acabar teniendo una colección de durillos más que aceptable, como la que se subastó en Aureo en diciembre de 2008, que contaba con 138 piezas.

Las monedas de las imágenes son mías. Lo del brillo original es lo que más me gusta del oro.

Todo coleccionista sueña con tener la mejor colección que jamás haya existido, una colección totalmente irrepetible que será recordada y admirada durante siglos. Evidentemente, colecciones de esas características hay muy pocas, pero las hay, y los coleccionistas las miran con cierta envidia y piensan eso de: “¡Cómo se nota que tienen dinero!”. El dinero. ¡Ay el dinero! ¡La de vidas que ha arruinado y la de familias que ha desestructurado Don Dinero! Pero el dinero no lo es todo en la vida ni tampoco en el coleccionismo. ¿No me creéis? Pues  vamos a echar un vistazo a cómo se forjó la que, en mi opinión, es la mejor colección jamás reunida: la colección del Museo del Prado.

Para el que no lo sepa, el Museo del Prado cuenta, sin duda alguna, con la mejor colección de pintura española jamás reunida, destacando una espectacular muestra de pintura del Siglo de Oro. Por si fuera poco hay auténticas joyas italianas, francesas, holandesas y alemanas. Podría asegurar, sin temor a equivocarme, que en El Prado está la mejor colección de Velázquez, Goya, Ribera, Rubens, El Greco, del Bosco y los Madrazo. Las Obras Maestras (con mayúsculas) se cuentan por decenas.

Vale, pues ahora decid al millonario más millonario del mundo cómo puede hacer para tener una colección de pintura que supere en calidad  a la de El Prado (y no vale decir que utilice su poder para hundir el IBEX 35 y luego prometa rescatar a España a cambio de su patrimonio histórico, que en los tiempos que corren no sería un chiste de mucho agrado). Bueno, pues efectivamente, es imposible que una persona a lo largo de su vida sea capaz de juntar semejante colección aún incluso si contase con una fuente ilimitada de dinero. Y no os penséis que El Prado contó con ventaja por ser una colección de propiedad estatal: al igual que todas las colecciones tuvo que empezar por un primer ejemplar al que se le unió un segundo, luego un tercero…

Esos primero cuadros se trataban de pinturas flamencas que, allá por el siglo XV, compraron los Reyes Católicos y así empezaron la Colección Real (que posteriormente Pepe Botella metería en un museo y allí quedó). ¡El siglo XV! ¡Estamos hablando de más de 500 años atesorando cuadros! Ese es otro de los ingredientes necesarios para hacer que la colección sea tal y como es: el tiempo. No sólo hay que disponer de dinero, sino también considerar la colección como un logro a largo plazo, algo que se consigue a base de esmero y paciencia. Si bien sería imposible hacerse con una colección de tal calibre en las décadas que nos queden de vida, quizá sí que sea razonable pensar que con el dinero suficiente nuestros descendientes puedan hacer una gran colección a cinco siglos vista.

Pero aún faltan algunos ingredientes. De todos los que quedan el más importante es tener gusto. Lo mejor no tiene por qué ser lo más caro, y menos aún en arte. Hoy en dia es muy fácil decir quiénes son los grandes artísticas del siglo XVII, pero si tuviésemos que contratar a un retratista no sería fácil escoger a aquél que dentro de cuatro siglos seguirá siendo recordado. En ese aspecto la realeza española acertó de lleno: Carlos V contrató a Tiziano, Felipe II a Antonio Moro, Felipe IV a Velázquez y a Rubens, Carlos IV a Goya… ¡¡menuda selección!!.  Igualmente, cuando fueron a comprar cuadros, tanto de sus artistas contemporáneos como de los que para su época eran ya clásicos, siempre buscaron adquirir grandes obras y buenas firmas.

Cada vez que comparo esa actitud con las tonterías que compra hoy en día el Reina Sofía (derrochando dinero público) me pongo de mal humor. Comprando estupideces como adquiere ese museo jamás tendrá una buena colección de pintura del siglo XXI, y no será por falta de fondos, sino por falta de gusto.

Por último, quisiera hacer ver que  un esfuerzo paciente durante siglos se va al traste si una sola generación no lo respeta. La Colección Real, y posteriormente la Colección del Museo del Prado, tuvo sus malas rachas: hubo épocas en las que apenas creció y otras en las que su misma existencia estuvo en peligro. No obstante, sus propietarios (tanto la realeza como el pueblo español) supieron admirarla, respetarla y se preocuparon por mantener la colección intacta. Que yo sepa ningún rey español ha vendido nunca un cuadro de su colección, por lo que durante las malas épocas la colección no crecía, pero tampoco disminuía.

Pero cuando más peligro corrió la colección  no fue cuando estaba en manos de reyes, sino durante la Guerra Civil. En el año 1936 la Segunda República trasladó las obras fuera de Madrid y en 1939, con la guerra perdida, se creó un comité encargado de llevarlas a Ginebra para que después se devolviesen al bando vencedor. Vemos que el pueblo español, aún en sus peores momentos, se acordó de la Colección de El Prado, la tomó como propia y la puso a salvo. No creáis que es algo que se hace siempre, pues no son pocas las ocasiones en las que se han cometido auténticos crímenes artísticos e históricos fruto de no valorar lo que se tiene. Quizá el ejemplo más evidente sea la quema de la Biblioteca de Alejandría.

Con esto he querido ilustrar que una buena colección no se hace sólo a base de dinero, hacen falta más cosas que no se pueden comprar. Todas las referencias a la Colección del Museo del Prado las he tomado de La Guía del Prado, editada por el propio museo y cuyo autor principal es Alberto Pancorbo. También he tirado de mi propia memoria, porque a El Prado voy un par de veces al año y casi sé decir qué cuadros se encuentran en cada sala.

La información que tengo en esta entrada proviene de Raimundo Palma, un coleccionista de euros que conoce bien estas piezas y que al parecer tiene una espectacular colección de euros. Ya sabéis que yo no colecciono moneda actual, pero sé que muchos de los lectores del blog sí, así que seguro que les viene bien esta información sobre los cantos de las monedas de dos euros, que sorprendentemente no es algo muy conocido.

Antes de nada hay que adelantar que las monedas de dos euros son las “más coleccionables” de todas las monedas de euro porque son las únicas en circulación que presentan motivos conmemorativos. Es evidente que si los motivos conmemorativos los ponen en las de dos euros en vez de en otras con menor valor facial es para que los correspondientes estados hagan más caja. No me parece mala política, pero me parece más inteligente lo que hacen en EEUU, y es fomentar el coleccionismo de monedas más baratas, como los State Quarters, demostrando que coleccionar monedas puede ser barato y enganchando al coleccionismo a miles y miles de personas que posiblemente en un tiempo vayan a por monedas más caras.

En cualquier caso, en Europa las piezas conmemorativas son de dos euros, y hay unas cuantas. Raimundo he preparado una recopilación de las mismas en una serie de ficheros .xlsx que os podéis descargar desde aquí: uno, dos, tres y cuatro. En estos ficheros tenéis un total de 129 descripciones de monedas de dos euros conmemorativas, indicando el país, la fecha de emisión, el tema, la tirada, la ceca, la marca de ceca y el dibujo en el canto. Muy completo, como podéis ver.

Además de estas 129 monedas conmemorativas hay que añadir las “normales” de cada año, que tampoco es que sean pocas. Y por último hay que tener en cuenta que hay dos tipos de cantos diferentes para cada una de las monedas de dos euros, al igual que pasaba con las monedas de 100 pesetas. Estas variantes de canto no son muy conocidas fundamentalmente porque en las carteras oficiales sólo viene una moneda de dos euros de las “normales” y no se hace explícito en muchos catálogos que haya dos variantes diferentes; además en los álbumes generalmente no hay más que un hueco para las monedas de dos euros.

Una descripción detallada de cómo diferenciar ambos tipos de cantos nos la da Raimundo en este otro documento y en este hilo. Es bastante fácil diferenciarlos, hay que hacer lo mismo que con las 100 pesetas: las ponemos con el anverso (o reverso) boca arriba y nos fijamos en la dirección de las letras y estrellas que aparecen en el canto. Para la mayoría de los países (los que no tienen una leyenda) se tendrán los dos tipos de cantos que se ven en las siguientes imágenes.

Así que realmente en lo que hay que fijarse es la orientación de las estrellas la izquierda y a la derecha de los dígitos. Parece un lío pero es sencillo, si cogéis unas monedas de dos euros de vuestro monedero y os fijáis en seguida dais con la diferencia.

Por último quisiera decir que animo a todo el que le gusten los euros a coleccionarlos, pero como simple y llano divertimiento. Si os lo tomáis como una inversión cuidado no os pase lo mismo que a Roberto.

La imagen que ilustra la entrada está tomada de Wikipedia. Una vez le enseñé una semejante a un colega al que no le gusta la numismática y me dijo: “Yo hubiera pintado igual al rey”.

 

P.D.: aprovecho esta entrada, que comparte recursos generados por otros compañeros, para compartir el “Glosario Numismático Numisma“, escrito por Enrique Rubio Santos. Tenéis más de 4000 definiciones, muchas de ellas acompañadas de fotografías, en 462 páginas. Una pasada. Os lo podéis descargar de aquí. Por cierto, que yo me enteré de este magnífico glosario gracias al blog de NumisNati, que hacía mucho que no publicaba nada y hace unos días incluyó tres nuevas entradas. A ver si puede ser que Natalia nos siga deleitando con sus escritos.

Los lirios son unas plantas con unas hojas muy bonitas que han sido utilizadas como símbolo heráldico desde muy antiguo en Europa. Su simbología moderna se remonta a principios del siglo XII, siendo Luis VIII de Francia el primero en añadir la flor del lirio a su propio blasón. Luis VIII era un rey franco y los lirios se daban en abundancia en los Paises Bajos, así que supongo que se vería como un símbolo de la tierra. Vamos, que si hubiera sido castellano hubiera puesto unas amapolas.

Pasados unos siglos la simbología de la flor del lirio se ligó a la monarquía francesa, pasando a finales del siglo XIV a tener tres flores de lis doradas sobre fondo azul, de manera que se representaba la Santísima Trinidad y la propia monarquía, de forma que en un solo símbolo se mezcla el poder real y el poder religioso. Esa representación sigue siendo la actual.

Con el paso de los año la Casa de Borbón tuvo a la flor del lirio como símbolo propio y cuando las contingencias históricas hicieron que fuesen los borbones quienes mandasen en España, ese símbolo pasó a nuestro país con el nombre afrancesado de “flor de lis”. Lo más gracioso es que los franceses hace ya tiempo que se libraron de la monarquía y nosotros seguimos con las dichosas florecillas en el centro del escudo de España.  Pero no hay mal que por bien no venga, y es que desde el punto de vista numismático las flores de lis son un relieve bastante pronunciado en el centro de muchas monedas de El Centenario, así que observar su desgaste suele ser un buen síntoma de la calidad de la moneda.

Dicho todo esto, vamos a lo que habíamos venido:

Todo el mundo conoce las monedas de 100 pesetas de bronce que se acuñaron en España entre 1982 y 2001, habiendo fechas diferentes para cada año excepto para 1987 y para 1991. Lo que no sabe todo el mundo, pero sí los aficionados a la numismática, es que en el canto de esas monedas aparecen 22 flores de lis, habiendo para cada año dos variantes diferentes: unas con la lis hacia arriba y otras con la lis hacia abajo. Es decir, que de cada año hay dos monedas de 100 pesetas y sólo se diferencian en la dirección en la que apuntan sus flores de lis.

Esto hace que las monedas de 100 pesetas se suelan vender por parejas, incluyendo una con la lis hacia arriba y otra con la lis hacia abajo, y que yo sepa no hay ningún año en el que una sea más rara que la otra. A los coleccionistas que empiezan yo les recomendaría que siempre compren las monedas por parejas porque andar buscando una moneda suelta puede ser un rollo, ya que casi todo el mundo prefiere tener parejas y no las va a querer romper.

Otra historia es qué variante tiene la lis hacia arriba y qué variante la tiene hacia abajo. No hay forma de que todo el mundo se ponga de acuerdo en ello, parece la discusión sobre “little endian” y “big endian” que tenían los liliputianos de los Viajes de Gulliver. En general creo que es más aceptado considerar que la lis arriba es cuando el pico de la lis apunta hacia la cara del anverso (donde está el rey), mientras que la lis abajo es la que apunta hacia el reverso (donde está el motivo). No obstante, como esto no suele ser compartido por todo el mundo, lo mejor es que si se compra una moneda de 100 pesetas por Internet y sea importante la variante de la que se trate, se pregunte al vendedor hacia dónde apunta la flor de lis.

En la imagen superior se ve muy bien la diferencia entre ambas variantes de monedas. La imagen está tomada de aquí.

Ya he argumentado varias veces mi opinión de que las monedas conmemorativas en particular, y la numismática actual en general, no son una buena inversión porque hay una entidad capaz de influir enormemente en el mercado e influirá en su propio beneficio. En los comentarios de las entradas que se han dedicado a estos temas no ha habido mucha discrepancia al respecto, si bien otros blogs (algunos de los cuales están enlazados en el menú de la izquierda) parecen opinar lo contrario. También ha habido quien ha sufrido en sus propias carnes la mala inversión que son los euros, aunque ha sabido bajarse pronto del carro.

Pues resulta que ahora la ceca de Finlandia me va a echar una mano para darme más argumentos de por qué no es bueno invertir en euros. Según he leído en numismática visual, la ceca de Finlandia ha sacado una nueva emisión de 25.000 ejemplares de todas sus monedas de 2 euros conmemorativas en calidad PROOF, pudiéndolas comprar directamente a la ceca por el módico precio de 20 euros. La web desde la que se pueden comprar las monedas es ésta.

Las monedas de 2 euros de Finlandia son algunas de las más caras. Concretamente la de 2004 vale una pasta (según numismática visual) puede rondar los 200 euros en su versión PROOF y unos 35/40 en SC (según este hilo). Pagar 200 euros por una moneda PROOF que luego resulta que se vuelve a emitir por 20 euros no tiene que hacer ninguna gracia a un inversor ¿no os parece? Habrá quien diga que no hay derecho, que es una vergüenza y que la culpa de todo la tiene la ceca de Finlandia. Pero yo no soy de esa opinión, ellos sólo han emitido más monedas para ganar un dinerillo y pueden hacerlo legalmente, así que no sé de qué se extraña la gente. Dentro de un año puede emitir otras 25.000 monedas de cada sin problemas vendiéndolas a 10 euros.

No he buscado datos concretos de la ceca de Finlandia (más que nada porque su “BOE” está escrito en un idioma raro), pero en España la emisión real de monedas conmemorativas es mucho menor de la emisión máxima que puede realizar la ceca. Por otra parte, nada impide que las monedas conmemorativas de un año se emitan en años sucesivos, de manera que es perfectamente posible que si ven que el precio de las monedas conmemorativas sube mucho en el mercado emitan más para hacerse ellos con el beneficio.

Como siempre digo, que cada cual haga lo que le venga en gana con su dinero. Además, los euros aunque no sean una buena inversión pueden ser divertidos de coleccionar (aunque yo no le vea la gracia), así que quien los coleccione que lo tome como tal: una simple y llana colección, que no es poco. En ese caso, a nadie le debería molestar  pagar 200 euros por una moneda que luego resulta que se podría haber comprado por 20, al fin y al cabo es una colección sin ningún ánimo de lucro y no nos importa perder dinero ¿o sí?

Los que coleccionen euros sabrán que durante los últimos años la FNMT está sacando tres carteras conmemorativas: una “normal” y otras dos dedicadas a las comunidades autónomas, a razón de dos carteras autonómicas por año. No está nada mal pensando que cada cartera sale a 32 euros y realmente hay 5,88 euros de facial, el negocio de la FNMT es redondo. Además, se emite una moneda de dos euros conmemorativa que los últimos años se está dedicando a edificios del patrimonio de la UNESCO en España, con una tirada máxima en el BOE de 8 millones de piezas. En cualquier caso, ya sabéis que a mí la moneda contemporánea no me gusta mucho, ni para coleccionar ni para invertir.

Lo que a lo mejor no saben algunos de mis lectores es que España emite, además de las anteriores, unas carteras especiales dedicadas a la World Money Fair de Berlín, que es una mezcla entre enorme feria de maquinaria industrial, escaparate de las casas de monedas y convención numismática que se celebra todos los años en Berlin. Esas carteras son como las que se muestran en la imagen que ilustra la entrada, y contienen en primicia la moneda conmemorativa de dos euros de 2011. Bueno, pues ya están todos mis lectores informados de la existencia de unas carteras de las que yo no tengo ni el más mínimo interés como coleccionista; pero aprovecharé la ocasión para mostrar cómo, en mi opinión, la FNMT juega siempre para llevarse todo el trozo del pastel que pueda (me baso en estos datos).

El primer año que sacaron estas carteras fue en 2008, con una tirada de 1500 carteras que se vendieron por sorpresa en la World Money Fair de Berlín a 35 euros cada una. La regla era que sólo iban a dar una cartera por persona en la feria, con la hipócrita escusa de que así llega a los coleccionistas y no se especula con ellas. Menuda tontería, ¡a ver cuántos coleccionistas de a pie se marchan a Berlín a una feria numismática! Esa regla fue una total estupidez que no sirvió para nada más que para crear espectativa, porque allí los comerciantes convencían a sus conocidos de otros países para que cogiesen una cartera por ellos y fueron bastantes los comerciantes que se trajeron 50 carteras a España. Ahora se venden a unos 120 euros o así.

Visto el éxito, y visto que la oferta era superior a la demanda, la FNMT volvió a emitir carteras en conmemoración a esa feria, pero aumentó la tirada conservando el precio. Los asistentes a la feria volvieron a hacer lo mismo y cuando volvieron a España vendieron las carteras a 100 euros a todos aquellos que estaban deseosos por tenerlas antes de que se acabasen y subiese el precio. Ahora esas carteras rondan los 60 euros y sólo ha pasado un año. No hay demasiada demanda, pero está claro que todavía hay más que oferta.

Así pues, la FNMT ha vuelto a aumentar la tirada manteniendo el precio. La novedad es que esta vez “para que se repartan más y lleguen a los coleccionistas” además de vender las carteras en la feria, han separado una buena parte para venderlas en la tienda de la FNMT, tanto físicamente como por correo. No sé si todavía estarán disponibles, la semana pasada sí. Sólo se vendían de una en una y no era posible el envío combinado (aunque se pagase realizando transacciones bancarias de cuentas de diferentes amigos que quieran ahorrar costes de transporte), cobrando por los portes de una carterita 8 euros, que viene a ser el doble de lo que cobra Correos por el envío a un particular. Digo yo que la enviarían en una paloma mensajera o algo así.

Yo creo que la jugada está clara: están intentando convencer al mercado de que se compre una cartera más. El primer año emitieron pocas carteras, generaron expectativa y exclusividad. Cada cartera cuesta 35 euros y tiene 5,88 euros de facial, así que más o menos la FNMT ganará unos 28 euros por cartera vendida y el Banco de España (BE) unos 5,50 (total ganancias FNMT = 42.000 euros, BE =  7.500 euros, revendedores = 127.500 euros). El siguiente año vendieron más pero al mismo precio, y siguieron generando la expectativa (ganancia FNMT = 56.000 euros y BE = 10.000 euros, revendedores = 50.000 euros). Este año la tirada ha vuelto a aumentar, y con ello los beneficios (FNMT = 84.000 euros y BE = 15.000 euros). Mi apuesta es que no creo que quien quiera revenderlas vaya a hacer un gran negocio, pero todo se verá; si sigue habiendo más oferta que demanda se seguirá aumentando la tirada, y si hay tanta oferta como demanda se aumentará el precio. En ambos casos se aumentará los beneficios de la FNMT, puesto que es ese organismo quien es capaz de regular el mercado y, evidentemente, lo regula para su propio beneficio aunque evidentemente se reduzcan o se anulen los beneficios de los revendedores.

Otra cuestión es que me he enterado que se va a reducir la tirada de las monedas de la UNESCO. Bueno, en realidad no es que se vaya a reducir la tirada, sino que de los 8 millones de piezas que se podrían haber acuñado sólo se van a acuñar 4 millones. En opinión de Rubén esto hará que suba el precio de esas monedas, pero yo opino lo contrario: no hay más de 4 millones de coleccionistas que quieran tener esas monedas y es muy improbable que los llegue a haber. Si hubiese más demanda no tendría ningún sentido dejar de emitir monedas conmemorativas puesto que la FNMT perdería dinero, y no creo que ningún organismo vaya a hacer algo para perder dinero.

Finalmente os dejo una tabla con las emisiones de las monedas de 2000 pesetas, 12 euros y 20 euros. Claramente se aprecia la tendencia a la baja en estas emisiones, y es que están pasando de moda y aunque antes hubiese gente que no eran coleccionistas y se hacían con ellas, ahora casi sólo somos los aficionados quienes las compramos. También es claro que ha habido un pequeño aumento en la emisión de la última moneda a pesar de que es más cara que las anteriores, parece ser que su diseño (dedicado al balonpié) ayuda a convencer a los no aficionados a hacerse con algún ejemplar.

Cuando alguien empieza a coleccionar moneda española lo normal es que empiece por los duros de plata, intentando hacerse con ellos con ambas estrellas visibles. Una vez que tiene completa, o casi completa, la colección se tira a por las pesetas y los pesetones. Los pesetones son fáciles quitando un par de fechas (1891 y 1894); pero las pesetas… ¡hay lo que cuesta tenerlas todas con estrellas! En esta entrada voy a presentar un par de ellas y además voy a dejar la idea de que no sólo hay que fijarse en las estrellas, esas son sólo una parte del total de la moneda que hay que observar.

Las pesetas en cuestión se tratan de las dos que se hicieron a Alfonso XIII pelón: 1889 (18-89) y 1891 (18-91). A pesar de que la diferencia de precio entre ambas es más que considerable las voy a presentar juntas porque ambas tienen la extraña característica de que es muy raro encontrárselas con la primera estrella acuñada. No entiendo por qué, pero en la mayoría de los casos la primera estrella está anepígrafa o muy débil, a pesar de que la moneda en su conjunto tenga buen aspecto.

Recuerdo una vez que en un mercadillo un aficionado (sin duda alguna muy nuevo en la materia) le estaba diciendo a un vendedor que una peseta de 1891 que tenía en venta era falsa porque no era  posible que estuviese en tan buen estado y a la vez le faltase una estrella. Bueno, pues en este caso no es sólo que es posible, sino que es muy común. Así pues, en todas las monedas en general, pero en estas piezas en particular, no se deben valorar exclusivamente porque tengan o no estrellas, puesto que se dan casos de piezas en perfecto SC sin la primera estrella.

Evidentemente, esto que estoy diciendo se puede dar la vuelta y recomendar que si nos ofrecen una peseta de 1891 con ambas estrellas fuertes a buen precio, la compremos sin dudarlo porque no es una oferta que nos vayan a hacer todos los días. Lo mismo se podría decir de la peseta de 1889, pero en ese caso dudo bastante que nos vayan a hacer una oferta tal a buen precio.

Las fotos que ilustran la entrada muestran dos monedas de una peseta de 1891 y de 1889. Ambas tienen los cuatro dígitos (mi trabajo me ha costado encontrarlas), pero podéis ver que la estrella de la derecha es mucho más fuerte que la de la izquierda. La peseta de 1889 está peor, aunque está bonita para ser una fecha tan rara, pero la pieza de 1891 está muy bien y aún así los dígitos de la estrella de la izquierda se resienten.

Por último, hay que añadir otra característica extraña de las pesetas de 1891 que a mí me resulta más rara que lo de las estrellas: apenas se ven ejemplares en MBC. Es la única moneda que conozco en la que es muy común encontrarse ejemplares en BC/BC+ y también en EBC o calidades superiores, pero apenas nunca se ven las calidades intermedias (MBC-, MBC, MBC+), que son las calidades que suelen buscar los que empiezan a coleccionar pesetas.

Muchos de los lectores que me escriben son aficionados principiantes que quieren empezar o acaban de empezar una colección. Es natural, porque a ellos es a quienes va dirigido fundamentalmente el blog. Una de las consultas que más frecuentemente me hacen, si no directamente si a raíz de una pequeña conversación, es cómo enfocar su colección y qué clase/calidad de moneda coleccionar. Yo les digo que hay diferentes tipos de colecciones y que cada cual debería centrarse en aquellas monedas que personalmente le motiven y en un margen de precios razonable que dependerá del tiempo y del dinero que esté dispuesto a dedicar a su colección.

No obstante, hay otra variable que debe influir en el tipo de monedas que se coleccionan y que se nos suele olvidar: el conocimiento del coleccionista. No es lo mismo lo que coleccionaba yo cuando empezaba (o hace año y medio) que lo que colecciono ahora. Algunos pensarán que eso es debido a que ahora sé más cosas, puedo apreciar mejor las calidades, conozco mejor el mercado y me meto en moneda un poquito más seria; antes no era capaz de apreciar esa calidad, así que perdía el tiempo y el dinero coleccionando piezas más baratas. Eso lo pensará mucha gente, pero yo hoy por hoy opino que es preferible empezar por moneda pequeña y poco a poco ir subiendo la calidad. Esto es algo con lo que la mayoría de los profesionales discreparán si se les pregunta, pero hay que tener en cuenta que generalmente con ellos hay un conflicto de intereses y hay que depurar mucho su opinión.

Imaginémonos que Enrique va a empezar una colección de monedas y cuenta para ello con unos 100 euros al mes (realmente da igual la cantidad, la argumentación sería la misma si fuesen 5 euros que si fuesen 2.000). Como a todo hijo de vecino le gustan los duros de plata, así que va a empezar por hacerse con una colección completa de duros de plata y si acaso algunas otras monedas de El Centenario de la Peseta.  Ahora es cuando viene la decisión difícil: cuenta con 100 euros al mes, pero ¿es preferible comprar una moneda en EBC cada dos meses o mejor comprar una o dos monedas en MBC todas las semanas? (se entiende que ya tiene catálogos, que es donde debería gastarse sus primeros euros)

Si se compra una o dos monedas todas las semanas se gastará unos 15/20 euros por cada duro normalito y algo más por las fechas más raras. Al final se habrá gastado unos 700-800 euros y tendrá una colección de duros de El Centenario en calidad normalita (sin meterse en berenjenales como estos y estos), pero todos con estrellas y presentables. Con todo este asunto el bueno de Enrique habrá estado entretenido en torno a un año, se habrá hecho con una colección de duros y seguramente también tenga otras platas y cobres de El Centenario. Si ahora se pusiera a vender esos duros seguramente no le pagarían por ellos más de 500 euros, por lo que se puede decir que Enrique ha perdido dinero, pero tampoco es tanto si consideramos que con ese dinero Enrique ha estado entretenido un año (cualquier hobbie le hubiera salido por un precio semejante) y seguramente haya aprendido a desenvolverse en el mercado de manera que en un futuro pueda ganar dinero o al menos comprar de manera que no pierda pelas. Llegado a este punto lo normal es que Enrique haya pulido su gusto y ya sepa diferenciar bien las calidades de las monedas y los precios que se pagan por ellas. Quizá sea entonces cuando se atreva a comprar duros de calidad y mejorar su colección vendiendo los duros de menor calidad que había comprado inicialmente.

La otra opción es empezar directamente por las piezas buenas, entendiendo que no merece la pena comprar chatarra de plata que tiene muy poco valor numismático. Partiendo de un mismo presupuesto Enrique podría comprar un duro cada dos o tres meses y esperar pacientemente que con el tiempo se tenga una colección más que digna de apreciar por cualquier aficionado. Al finalizar el primer año Enrique sólo tendrá cuatro o cinco piezas, pero estará más que orgulloso de ellas y le parecerán preciosas. Si algún día quiere venderlas seguramente encuentre a quien se las quiera comprar, porque para eso son buenas monedas, pero ¿a qué precio? Ese es el problema: al principio lo normal es no controlar el mercado y es muy difícil apreciar los detalles que hacen que un duro pase de costar 60 a 200 euros (o una peseta de Franco de 250 a 1150 euros). ¡Qué desastre si estamos dos meses pacientemente ahorrando para una moneda por cuatro veces más de lo que vale! Con equivocarse en dos compras (lo cual es muy probable porque está empezando) ya habrá perdido tanto como en un año entero coleccionando moneda más barata.

Por eso mismo mi recomendación (en contra de lo que se suele recomendar) es que al empezar se comience por monedas baratas, para luego aumentar la calidad una vez que el coleccionista se siente cómodo en el mercado. Un principiante dispuesto a dejarse 1.000  euros en una pieza que le guste es carne de cañón para comerciantes y coleccionistas aventajados; se les nota a la legua y acaban pagando carísimo lo que no vale tanto. Por ello, se corre mucho riesgo. Además, se tiene la ventaja de que al principio es más divertido hacerse con monedas cada poco tiempo, clasificarlas, colocarlas, verlas en los catálogos… así es muchísimo más entretenido que estudiarte ciertas series “a pelo” partiendo exclusivamente de manuales. Por contra, se tiene la desventaja de que si se sigue con la afición lo normal es que haya que deshacerse de esas primeras monedas compradas.

Todo lo dicho no quita que una vez que el coleccionista controla el tema y se maneja en el mercado es siempre preferible ir a por calidad que a por cantidad. En mi opinión una buena heurística es que cuando ya se llevan unos años de afición la moneda más barata que se guarde sea el presupuesto mensual dedicado a la numismática. Si se controla un poquito el tema hay que ir a por piezas serias, independientemente de cuántas se tenga.

Las imágenes que ilustran la entrada están tomadas de la próxima subasta de Gemini Numismatic Auctions. Se tratan de un tetradragma de Caria, un as de castulo, 16 Litrai de Hieron II y un dragma de Caria.

En mi opinión Almodóvar es  uno de los pocos grandes cineastas que ha dado España, y lo es gracias a que supo aprovechar la enorme libertad creadora que había en este país durante los 80. La movida madrileña no pasará a la historia como un movimiento de gran interés técnico o cultural, pero sí como la gran oportunidad de que en España saliera a la luz la cultura underground políticamente incorrecta. Algunas de las canciones que sonaban en aquella época no tendrían el apoyo de ninguna discográfica actual, y muchísimo menos películas como las primeras de Almodóvar. Ni siquiera Almodóvar hoy en día se atrevería a producir tales películas. Si no me creéis echad un vistazo a la siguiente escena de Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón.

Una menor de edad se encapricha de una cuarentona maltratada (Lucy) y decide seguir el consejo de Pepi (que está haciendo encaje) de mear en la cara a la cuarentona, que resulta ser de Murcia. Ésta se excita sexualmente con la lluvia que le cae y todas salen satisfechas. Según avanza la película hacen una magnífica auto-referencia para explicar esa escena. También se va descubriendo que Lucy no es tan dócil como parece y que ella misma disfruta de los malos tratos propinados por su marido y por Boom. ¿Os imagináis que salga a la luz una película así hoy en día? Posiblemente fuese censurada por las autoridades, si no directamente sí indirectamente, cortando de raíz todas las subvenciones a la productora.

En la película de La Ley del Deseo las escenas son más sutiles, pero el argumento bastante duro también. Tenemos a triángulo amoroso entre homosexuales y tenemos que uno de ellos mata por deseo y por celos, que no por amor. Eso ya sería intolerable en el día de hoy, pero a ello le podemos añadir que se presenta un personaje femenino que se cambió voluntariamente de sexo cuando era un niño sin más objetivo que para poder tener relaciones incestuosas con su padre. Os dejo una escena.

En esta película se ve cómo el deseo trastoca totalmente la naturaleza de los personajes, deformándolos hasta el punto de que pierden su propia esencia y llegan a los más horrendos actos: lujuria, incesto, asesinato… En el caso de la numismática, también se han visto algunos casos en los que se han perturbado las personas por el impuso irrefrenable del deseo, si bien no hasta el punto al que llegan los personajes de Almodóvar, claro está. Pero es que no controlar el deseo es la forma más sencilla de convertir el coleccionismo en una obsesión, perder dinero y a medio plazo abandonar asqueado la afición.

Tal y como nos muestra Almodóvar, cuando se desea algo se hace cualquier cosa por obtenerlo a corto plazo, y eso desvirtúa la colección, que debería reflejar el fruto de un trabajo llevado con paciencia durante muchos años. A mi entender una colección no se debería hacer a base de poner grandes cantidades de dinero para hacerse con las piezas, ¡eso no tiene mérito! Yo creo que es más divertido entenderla como un conjunto de monedas que poco a poco van mejorándose y que, a muy largo plazo, lucirán una gran calidad.

Pero es muy común que al empezar una colección se quiera abarcar un periodo determinado (pongamos por caso El Centenario de la Peseta)  y lo normal es empezar por las baratas con la intención de tener una de cada una de las piezas que vienen en el catálogo en calidad BC+ o mejor. Al cabo de un año o dos lo normal es tener casi todos los huecos cubiertos, pero las piezas que faltan son las más raras (2 pesetas de 1891, 1 peseta de 1881, 1 peseta de 1884…).

Ahí es donde puede empezar el deseo: faltan cuatro piezas y hay que conseguirlas, hay que conseguirlas como sea. Yo nunca he llegado a ese punto, pero conozco gente que sí; mi recomendación es que paren, recapaciten y se lo tomen con mucha más calma. Eso sólo puede hacer que el deseoso comprador pierda dinero (se han dado casos de tener verdaderos problemas familiares por esa causa) y que cuando se dé cuenta coja manía a la numismática o la tenga que abandonar como única cura posible a su problema. Mi experiencia me dice que ese dinero perdido se puede dar por las siguientes condiciones:

Al desear una moneda se tiende a sobrestimar su calidad porque no se tiene la sangre fría como para observarla con detenimiento y encontrar sus fallos. Eso puede hacer que paguemos una moneda como EBC sin ser más que un MBC/MBC+. O más difícil todavía: será difícil contener la sangre fría para distinguir un EBC+ de un SC, y ya vimos que eso puede suponer mucho dinero.

Las prisas en encontrar una moneda pueden hacer que aparezcan intermediarios. Por ejemplo, un vendedor puede que no tenga una peseta de Benlliure, pero sí saber quién puede proporcionármela. Si tiene un cliente deseoso por conseguirla quizá se la pueda ofrecer, pero a un precio elevado porque tendrá que pagar la moneda y además llevarse su comisión.

Los vendedores utilizarán tu deseo para hinchar el precio. Es evidente que no es lo mismo llegar a un vendedor y preguntarle qué te ofrece, que le comprarás lo que sea siempre y cuando esté a buen precio, que llegar y decirle “estoy buscando la peseta de 1884”. Si resulta que la tiene ya sabe que el deseoso comprador está dispuesto a pagarla cara, así que la pagará cara.

El deseo no permite jugar con la volatilidad del mercado. Quizá resulta que lo que hoy se paga a 100 dentro de seis meses se paga a 80. También puede ocurrir que lo que un amigo nos ofrece hoy por 1000 dentro de dos años se quiera deshacer de ello (quizá porque lo tenga repetido o porque le haga falta el dinero) y nos lo ofrece a 600. Pero el que desea algo y lo quiere en ese instante lo normal es que lo pague caro.

Con todo, mi recomendación es la misma que la que hice aquí y aquí: no hay que tener una lista de monedas que faltan y que hay que conseguir, sino comprar moneda que ofrezcan a buen precio; este consejo me lo dio un amigo al poco de empezar en esto y seguirlo me ha hecho salvarme de muchos palos. A base de tiempo, se conseguirá tener una buena colección sin haber gastado dinero de más. Esto no quita que, evidentemente, nos podamos dar un capricho de vez en cuando (todos lo hacemos), pero cuando lo hagamos tenemos que ser conscientes de ello y de que estamos pagando por la moneda más de lo que vale.

La entrada de hoy no la voy a dedicar a la numismática, sino a otro coleccionismo con el que también he disfrutado un montón: las botellas en miniatura. Se tratan de pequeñas botellas de vidrio (ahora también las hacen de plástico, pero esas no las colecciono) que contienen un licor de marca comercial. Antiguamente se regalaban a los comerciantes para que las diesen de muestra a sus clientes; ahora es típico venderlas como souvenirs o como producto de degustación.

La cuestión es que yo las colecciono, aunque la verdad es que últimamente tengo esa colección bastante parada y me dedico más a la numismática. La razón última por la que he aparcado (al menos temporalmente) la colección es que para mí era demasiado sencillo hacerme con cientos de botellas, y por lo tanto perdí el interés por conseguirlas. Me explico: yo soy una persona que me muevo por retos; todas las decisiones importantes que he tomado en la vida las he intentado porque no estaba seguro de si iba a ser capaz de conseguirlas, así que como llegué a un punto en el que compraba lotes grandes, de entre 200 y 1200 botellas, y sacaba lo puesto vendiendo las que me salían repetidas. Así que hubiera podido tener una colección de 20.000 botellitas (por poner un número) si hubiera dedicado el tiempo necesario. Ya sabía que era capaz, así que por eso vendí las tres cuartas partes de la colección y dejé (temporalmente) de coleccionarlas.

Aún así, reconozco que coleccionar botellitas tiene alguna ventaja con respecto a la numismática. Principalmente la sorpresa de abrir una caja enorme llena de botellas en la que no sabes qué te vas a encontrar. Te sientes como un niño de 5 años delante de los regalos de los Reyes Magos. La segunda ventaja es que una habitación en la que haya 4.000 botellas, como era mi caso, sorprenderá a cualquiera que entre. La tercera es que es un reclamo estupendo: describe brevemente la colección a la chica que te acabas de ligar, llévala a tu casa con cualquier escusa y… ¡¡será ella quien te pida ir a tu cuarto!! Funciona. Creedme.

Pero coleccionar monedas tiene muchas más ventajas a mi parecer. La primera de ellas es que la escalabilidad espacial de la colección. En un álbum de monedas del tamaño de un libro se puede tener una colección para quitar el hipo que haya supuesto el esfuerzo de una vida entera, mientras que a un ritmo de mil botellitas anuales pronto será necesario un almacén dedicado sólo para ellas. Yo he visto un local de unos 80 metros cuadrados en el centro de Valencia dedicado exclusivamente para almacenar una colección de botellitas. Preciosas pero el dueño está perdiendo una pasta por dedicar el local a su colección en vez de alquilarlo para montar un negocio.

Otra ventaja es que las monedas son objetos históricos muchísimo más estudiados y documentados, por lo que se puede adquirir una cultura mucho mayor coleccionando monedas que botellitas. Además, una colección de monedas siempre será una inversión, mientras que una colección de botellitas no. Finalmente, para mí lo más importante, es que la numismática siempre te puede suponer un reto porque hay muchos tipos de colecciones y cada cual selecciona aquella que más le gusta o en la que puedas encontrar nuevos desafíos. Si al principio completar una colección de El Centenario ya me era una dificultad, ahora lo es hacerme con ciertas piezas de mayor calidad y quizá dentro de un tiempo lo sea hacerme con sestercios imperiales o quizá me pondré a estudiar dirhams almohades ¿quién sabe?. Es un mundo muy amplio y el tipo de retos que me puedo encontrar es muy variado.

Aún así, coleccionar botellitas me enseñó un montón de cosas que luego pude aplicar para cuando me puse a coleccionar monedas. Por ejemplo la idea de comprar y vender lotes, la necesidad de hacer contactos, el saber tratar a la gente y ver de qué pie cojea cada uno… si bien es cierto que el perfil de coleccionista de botellitas es un hombre de unos 20 años y con pocos recursos económicos, al que hay que tratar de forma diferente (pero con el mismo respeto) que al coleccionista de monedas, que suele ser un hombre más mayor.

En las fotos muestro algunas de las botellas de mi colección.