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Hace muy poco que dediqué una entrada a la Colección Crusafont, donde unos cuantos compañeros llevaron a cabo un interesante debate sobre la historia medieval catalana y aragonesa, y ya tengo que dedicar otra entrada a otra subasta temática de Aureo y Calicó: la colección José Leunda.

Se trata de una colección de 650 duros españoles, acuñados tanto en cecas peninsulares como americanas y europeas (Países Bajos e Italia). También se incluyen algunos resellos ingleses sobre piezas españolas que resultan, cuanto menos, curiosos. Si tuviese que decir alguna época que esté especialmente bien representada sería el comienzo del siglo XIX. Se cuenta con una muy buena colección de duros de Fernando VII, sobre todo de la Guerra de la Independencia Española (si bien le falta el de 1810 IA) y de la Guerra de la Independencia de México. De esta última tiene ejemplares de todas las cecas, y algunas de ellas son muy raras, como la de Tlalpujahua.

Estoy seguro de que la subasta tendrá un enorme éxito porque a muchísima gente le gusta coleccionar duros de plata, y en este sentido son piezas muy comerciales. Cualquier comerciante y muchos coleccionistas (entre los que me incluyo) estará dispuesto a comprar prácticamente cualquiera de las monedas que se subastan. De hecho, creo que esta es justamente una de las ventajas de coleccionar duros: al ser piezas buscadas no será difícil vender la colección a buen precio en caso de necesidad o de que los herederos no se interesen.

No obstante, tengo que decir que de las colecciones temáticas que ha subastado Aureo y Calicó últimamente, ésta es la que menos me ha sorprendido. Aunque la calidad de las monedas es buena en general, apenas hay piezas de extrema rareza, que al final son las que hacen que se recuerde una subasta. Que no se me malinterprete: ya quisiéramos muchísimos coleccionistas tener en nuestra colección la cuarta parte de calidad que hay en la de José Leunda, pero no hay apenas monedas de las que se ven en subastas una vez cada 20 años, como había en la Colección Crusafont, Llorenç Balsach, Hispania, Caballero de las Yndias o Anastasia Quiroga. También aparecieron más rarezas en la Colección Extremadura, subastada el 29 de octubre de 2002 por Aureo y Calicó, y que creo que ha sido la última subasta monográfica de duros españoles hasta la fecha.

Queda por comentar algo que se preguntaba por aquí: José Leunda no es nadie famoso, simplemente es un particular que no ha querido preservar su anonimato y prefiere que la colección a subastar lleve su nombre. Esto no es algo muy común en España, donde se suele preferir poner un nombre histórico, pero en otros países como EEUU es algo muy normal. Una forma, como otra cualquiera, de pasar a la posteridad numismática en España. Yo como no tengo tanto dinero sólo puedo pasar a la posteridad con este blog 🙂

Antes de finalizar hay que decir que en Panorama Numismático también han comentado la colección. Como siempre hago, he subido todas las fotos para que os las podáis bajar de un tirón pinchando aquí. Las imágenes que ilustran esta entrada son dos de los duros a subasta. La primera son 8 reales de Lima del que sólo se conoce otro ejemplar, la segunda es un ducatón de Amberes de 1703 (la estética de los ducatones me parece preciosa, habrá que dedicar una entrada a ellos un día de estos).

Aureo nos ha vuelto a sorprender por el mes de octubre con una excelente subasta, esta vez dedicada a la moneda catalana. Se subastará el próximo día 27 y animo encarecidamente a todos los lectores a que echen un vistazo al catálogo.  No sólo es interesante la subasta por su enorme cobertura a la moneda catalana, sino porque quien forjó dicha colección es ni más ni menos que Miquel Crusafont i Sabater, que me atrevería a decir que es la mayor autoridad en cuanto a moneda catalana. De hecho, Crusafont ha dedicado buena parte de su vida a la investigación de la numismática catalana, publicando infinidad de artículos y los principales catálogos que manejamos todos los que nos acercamos a este tipo de piezas (quizá el más conocido sea el titulado “De las Acuñaciones de la Corona Aragonesa y de los reinos de Aragón y Navarra: Medievo y tránsito de la edad moderna. Madrid Vico-Segarra, 1992. Siglos XI al XV”, editado por Vico y Segarra).

La colección que se subasta repasa, con casi 2000 lotes, todas las etapas numismáticas de Cataluña. En su mayoría son piezas de módulo humilde, pero muchas de extrema rareza. Se incluyen monedas locales, pellofas, piezas de la Guerra de los Segadores o de la Guerra Civil, medallas, ponderales… evidentemente, tampoco faltan monedas de plata de gran módulo o florines de oro. Incluso hay mancús, como el de la foto, que quizá sean mis monedas catalanas predilectas. Desde luego que todo aquel interesado en la numismática catalana disfrutará muchísimo sólo con ver el catálogo. Y si alguien es amante de las rarezas o quiere completar su colección, que aproveche, porque tantas piezas raras (o únicas) no se ven todos los días.

Por cierto, que ha habido más gente que han publicado artículos con respecto a esta subastas: 1, 2 y 3. Si queréis bajaros todas las fotos de la subasta sólo tenéis que pasaros por aquí.

Me imagino que muchos de los lectores ya estén pensando en que no tienen mucho dinero para hacerse con una de las rarezas que va a subastar Aureo, pero que estaría bien hacerse con una pieza baratita y así tener un recuerdo de la subasta. Digamos que queréis un poquito del aura de la subasta. Bueno, pues evidentemente esto no se os ha ocurrido a vosotros solos, sino que mucha gente lo hace, y es justamente por eso por lo que los lotes baratos en las subastas importantes suelen salir caros.

Por otra parte, Aureo tiene el detalle de que cuando celebra una subasta monográfica, incluye los lotes en unos plasticos especiales herméticamente cerrados. Algo semejante al de la imagen, que me enviaron con uno de los lotes con los que me hice en la subasta Anastasia de Quiroga. De todas formas, hay que recordar que estos sobres no están pensados para almacenar monedas (me lo dijo Maria Teresa Sisó cuando se lo pregunté por correo electrónico), así que para que no se estropeen lo mejor es sacarlas de ahí y meterlas en un monetario que se encuentre en un lugar seco.

Tenía pensado escribir una entrada sobre la colección Anastasia de Quiroga esta noche porque mi subconsciente me decía que la subasta era mañana. Pero, despistado de mí, resulta que la subasta era esta mañana, así que ya están todos los lotes rematados. No pasa nada, comentaré la subasta a toro pasado y así también puedo opinar sobre los remates.

Lo primero que hay que decir es que la colección Anastasia Quiroga consiste en una subasta realizada por Aureo y Calicó de una exquisita colección  de la numismática de Isabel II. No es ninguna sorpresa que una subasta de semejante magnitud la organice Aureo, que es donde han aparecido las mejores subastas efectuadas en España durante los últimos años. Por otra parte, tampoco es sorprendente que haya grandes coleccionistas de la numismática de Isabel II, que yo diría que es el periodo más coleccionado en España después de El Centenario de la Peseta porque tiene mucho encanto, como explica Aureo en su prólogo. De hecho, en los últimos años Aureo ha organizado, que yo sepa, tres subastas dedicadas a esta misma temática: la colección Béquer (27 de abril de 2000), la colección O’Donell (19 de noviembre de 2003) y esta colección Anastasia de Quiroga (28 de abril de 2011).

La mejor descripción posible de la colección la realiza la propia empresa Aureo en el último párrafo de la introducción a la colección. Aquí lo tenéis:

La colección Anastasia de Quiroga es probablemente la que mejor representa las acuñaciones de este periodo. Prácticamente completa, ofrece la posibilidad de adquirir algunas de las piezas que faltan en todos los monetarios; pero sobre todo destaca la calidad de sus monedas, magnífica casi sin excepciones, que página tras página convierte este catálogo en una exposición de joyas destinada a servir de deleite al coleccionista.

No se puede decir más en tan poco espacio. Yo intentaré desglosar un poquito sus palabras:

– Por una parte, estoy plenamente de acuerdo en que esta colección es la que mejor representa el periodo de Isabel II. Al menos a mí no me consta ninguna otra colección publicada en la que se llegue a la calidad de la que se ha subastado esta mañana. Las otras dos subastas realizadas por Aureo y dedicadas a Isabel II son magníficas sin ninguna duda, pero muchas piezas no alcanzan la calidad de las que tiene ésta.

– Por otro lado, Aureo indica que la colección es “practicamente completa“. Yo creo que hay que hilar muy fino para sacar piezas que no aparezcan en esta colección. Puestos a ser exigentes, hecho de menos algunas variantes de monedas de oro, como las variantes de busto de los 80 reales de Barcelona o las sobrefechas de los 40 reales de Madrid 1862/1 y 1867/6. Nada grave, como se ve. Donde sí que podrían haber aparecido más piezas es en resellos, contramarcas, pruebas, medallas y falsas de época, de las cuales hay muy pocas en comparación con las que aparecieron en la colección O’Donell.

– Con todo, es evidente que ha supuesto una magnífica oportunidad para hacerse con piezas de gran calidad de Isabel II. Los coleccionistas menos pudientes hemos podido intentar hacernos con monedas de muy alta calidad y con un estupendo pedrigree (o aura, como se quiera decir).  Por otra parte, los coleccionistas más avanzados y más pudientes han tenido una oportunidad de oro para adquirir monedas que tardarán años en aparecer, como por ejemplo la serie entera de Manila o algunas preciosidades del Departamento de Grabado.

– Por último, está clarísimo que a partir de ya mismo el catálogo de la subasta pasa a ser una referencia obligatoria para todo aquél que quiera coleccionar moneda de Isabel II. Ya dijimos que esos catálogos son una de las ventajas de pujar en subastas.

En cuanto a la subasta en sí, esta vez la hemos podido seguir en directo (¡al fin!) desde The Saleroom. Mientras lo escuchaba, estuve pensando que es curioso que aún en los días que vivimos todavía se rematen la mayoría de los lotes en sala. También era evidente que una pequeña parte de los pujadores se hacía con la mayoría de los lotes. No sé si serían aficionados con mucho dinero o, más probablemente, profesionales. En cualquier caso, evidencia mi opinión de que la numismática en España la mueven cuatro gatos.

Por lo que a los remates se refiere, han sido muy altos, y no soy el único que tiene esa opinión.  Sólo ha quedado un lote desierto y muchos de ellos han superado con creces la estimación de la casa de subastas. En mi opinión, muchos de los lotes se han pagado caros, aunque seguro que quienes se hayan hecho con ellos entienden mucho más de la numismática de Isabel II que yo.

Tal día como hoy hace 50 años que un cosmonauta viajó al espacio por primera vez y completó una órbita alrededor de nuestro planeta. A día de hoy su nombre lo conoce todo el mundo, Yuri Gagarin, al igual que el nombre de la nave en la que viajó: Vostok 1.

Me encantaría que alguien hiciese una encuesta a muchos ciudadanos dispersos por el mundo sobre qué logros del siglo XX les parecen más relevantes. Estoy seguro que la inmensa mayoría de las personas que han nacido en países colonizados culturalmente por los soviéticos incluirían  en la lista el viaje de Gagarin, mientras que la inmensa mayoría de quienes nacieron bajo el colonialismo cultural americano (como España o Sudamérica) no lo citarían, pero sí incluirían el primer hombre en la luna. En mi opinión Internet está posibilitando una segunda ilustración y ese tipo de barreras culturales se acabarán por tumbar con iniciativas como ésta; estoy seguro que a largo plazo esa globalización cultural y ese aprendizaje informal que se da continuamente en la Web serán los dos avances sociales más importantes que se van a dar a principios del siglo XXI.

Desde un blog numismático poco se puede hacer para conmemorar el primer viaje espacial tripulado, así que lo que haré será recopilar  algunas de las monedas con las que se ha conmemorado este acontecimiento. Comenzaremos con la URSS, quienes acuñaron rublos conmemorativos celebrando los 20 años del vuelo (1 rublo 1981), los 30 años (3 rublos 1991, aunque esa es de plata y no llegó a circular), los 40 años (2 rublos, 3 rublos, 10 rublos y 100 rublos, todas circulantes menos la última que también era de plata). Las siguientes imágenes muestran la primera y la última de las monedas circulantes citadas (fuente):

Para el año 2011 deben estar preparando más monedas conmemorativas, pero no he encontrado nada de información sobre ellas en inglés. No sé si habrá habido algo de información oficial al respecto.

Otro país que va a conmemorar el aniversario es Kadjastán, en el que está el cosmódromo de Baikonur, desde donde partió la Vostok 1. Ya emitieron una moneda conmemorativa en 2001 y ahora han acuñado la siguiente.

Aparte de Rusia y de Kadjastán, que son los más protagonistas de la historia, ha habido otros muchos países que durante estos años han homenajeado numismáticamente a Yuri Gagarin. No es cuestión de citar a todos porque sería larguísimo. Tan solo voy a poner un par de ejemplos más. El primero es la siguiente moneda, que fue acuñada por Checoslovaquía en 1981. Una moneda bastante simple pero que me parece elegante.

La otra es esta cosa horrible de las Islas Cook, que siempre andan homenajeando historias para sacar tajada. Hacen monedas de plata muy vistosas que venden al “módico” precio de 71 euros. En este caso la moneda tiene la gracia de estar coloreada y de girar alrededor de su centro, en el que está pintada la Tierra.

Aparte de en monedas, Gagarin aparece en bastantes medallas del programa espacial soviético. Os dejo una de ejemplo abajo y si queréis ver más os podéis pasar por aquí.

Finalmente quisiera añadir que me he encontrado con una web muy interesante (pero horriblemente diseñada) sobre monedas con temática aeroespacial. Es curioso que hay muchos coleccionistas de sellos que coleccionan sellos de todo el mundo con cierta temática, pero poca gente hace lo propio con las monedas. Bien es cierto que me he topado con algunos ejemplos, como gente que colecciona monedas de animales o de barcos. Si queréis ver una colección de moneda con temática espacial sólo tenéis que pasaros por aquí.

Cuando empecé con el blog escribí una breve entrada en la que enumeraba media docena de consejos que considero muy importantes y que en cierta forma he ido desarrollando a lo largo de todo este tiempo. Estos consejos no pretenden ser axiomas o imperativos morales, sino simplemente eso: consejos, quien quiera que los tome y quien no que los deje. Hoy voy a añadir uno más que no es otra cosa que una recomendación de compra.

Ya he comentado que un amigo mío llamado Enrique conoce mucha gente obsesionada con la numismática: gente que compra, compra y compra como si fuese una obsesión. Desean tener algunas monedas y eso les hace pagarlas caras, a veces incluso siendo conscientes de ello. En mi opinión eso no tiene gracia porque esos impulsos irracionales sólo pueden hacer perder dinero a la gente; además, tener una buena colección sólo a base de haber gastado mucho dinero no tiene mérito, me parece a mí. Eso lo podría hacer cualquiera (cualquiera que tenga dinero, se entiende).

De todas formas, del deseo no nos libramos ninguno y hay muchas veces que queremos una moneda y estamos dispuestos a pagar más dinero por ella de lo normal. En esos momentos yo llamaría a la calma, a parar, reflexionar y pensar si realmente vale lo que nos están pidiendo. La norma para comparar y el baremo para decidir es el siguiente:

“Comprar sólo las monedas que fuese capaz de vender por el mismo precio a medio plazo”

Está claro que si tengo que vender una moneda por obligación por necesitar dinero líquido de un día para otro, perderé dinero en cualquier circunstancia. No obstante, lo normal (si somos personas planificadoras) es que el dinero lo necesitemos al cabo de unos cuantos meses. En ese caso yo debería ser capaz de vender en unos seis meses todas mis monedas por, al menos, el precio que yo pagué por ellas.

Antes de que me lluevan las críticas he de decir que técnicamente este sistema es un asco: no pretende que las monedas de mi colección me proporcionen ningún interés y no incluye en la fórmula la volatilidad del mercado, lo cual podría hacer que aunque  hoy sea capaz de vender una moneda por 100 quizá el año que viene no sea capaz de venderla ni por 60 aunque me tire seis meses intentándolo. Por ello no debe ser visto como una regla de inversión o de especulación, sino como algo a preguntarse cada vez que vayamos a comprar una moneda. Además tiene la ventaja de que como cada uno somos capaces de vender las monedas a un precio, al seguir la regla nos aseguraremos de adquirir monedas dependiendo de lo que sepamos.

Una vez dicho esto tengo que confesar que aunque generalmente uso esta regla como freno para mis impulsos, hay ocasiones en las que me la salto y adquiero alguna moneda por capricho, siendo consciente de que la estoy pagando cara. No pasa nada si sólo lo hacemos de vez en cuando y calculando el dinero que gastamos y que previsiblemente no seremos capaces de recuperar. También tengo que decir que esta regla la sigo cuando compro monedas para mi colección; las que compro pensando en que quizá las revenda las tengo que comprar más baratas para permitir que a quien se las venda pueda seguir esta regla sin problemas.

Las imágenes de la entrada me imagino que ya las conoceréis: se trata de la moneda de 20 euros de 2011 que acaba de emitir la FNMT y que homenagea a Clara Campoamor.  No digo más sobre esta moneda porque ya sabéis mi opinión y además ha aparecido la noticia en múltiples blogs (v.g. Pertegón y Numismática Visual) y en múltiples foros (como Imperio Numismático). De entre todos, resaltaría la entrada que ha dedicado Rubén en su blog Historia y Numismática, un blog muy interesante que acaba de comenzar y que recomiendo visitar a todos los que entiendan la numismática como una ciencia auxiliar de la historia.

Los que coleccionen euros sabrán que durante los últimos años la FNMT está sacando tres carteras conmemorativas: una “normal” y otras dos dedicadas a las comunidades autónomas, a razón de dos carteras autonómicas por año. No está nada mal pensando que cada cartera sale a 32 euros y realmente hay 5,88 euros de facial, el negocio de la FNMT es redondo. Además, se emite una moneda de dos euros conmemorativa que los últimos años se está dedicando a edificios del patrimonio de la UNESCO en España, con una tirada máxima en el BOE de 8 millones de piezas. En cualquier caso, ya sabéis que a mí la moneda contemporánea no me gusta mucho, ni para coleccionar ni para invertir.

Lo que a lo mejor no saben algunos de mis lectores es que España emite, además de las anteriores, unas carteras especiales dedicadas a la World Money Fair de Berlín, que es una mezcla entre enorme feria de maquinaria industrial, escaparate de las casas de monedas y convención numismática que se celebra todos los años en Berlin. Esas carteras son como las que se muestran en la imagen que ilustra la entrada, y contienen en primicia la moneda conmemorativa de dos euros de 2011. Bueno, pues ya están todos mis lectores informados de la existencia de unas carteras de las que yo no tengo ni el más mínimo interés como coleccionista; pero aprovecharé la ocasión para mostrar cómo, en mi opinión, la FNMT juega siempre para llevarse todo el trozo del pastel que pueda (me baso en estos datos).

El primer año que sacaron estas carteras fue en 2008, con una tirada de 1500 carteras que se vendieron por sorpresa en la World Money Fair de Berlín a 35 euros cada una. La regla era que sólo iban a dar una cartera por persona en la feria, con la hipócrita escusa de que así llega a los coleccionistas y no se especula con ellas. Menuda tontería, ¡a ver cuántos coleccionistas de a pie se marchan a Berlín a una feria numismática! Esa regla fue una total estupidez que no sirvió para nada más que para crear espectativa, porque allí los comerciantes convencían a sus conocidos de otros países para que cogiesen una cartera por ellos y fueron bastantes los comerciantes que se trajeron 50 carteras a España. Ahora se venden a unos 120 euros o así.

Visto el éxito, y visto que la oferta era superior a la demanda, la FNMT volvió a emitir carteras en conmemoración a esa feria, pero aumentó la tirada conservando el precio. Los asistentes a la feria volvieron a hacer lo mismo y cuando volvieron a España vendieron las carteras a 100 euros a todos aquellos que estaban deseosos por tenerlas antes de que se acabasen y subiese el precio. Ahora esas carteras rondan los 60 euros y sólo ha pasado un año. No hay demasiada demanda, pero está claro que todavía hay más que oferta.

Así pues, la FNMT ha vuelto a aumentar la tirada manteniendo el precio. La novedad es que esta vez “para que se repartan más y lleguen a los coleccionistas” además de vender las carteras en la feria, han separado una buena parte para venderlas en la tienda de la FNMT, tanto físicamente como por correo. No sé si todavía estarán disponibles, la semana pasada sí. Sólo se vendían de una en una y no era posible el envío combinado (aunque se pagase realizando transacciones bancarias de cuentas de diferentes amigos que quieran ahorrar costes de transporte), cobrando por los portes de una carterita 8 euros, que viene a ser el doble de lo que cobra Correos por el envío a un particular. Digo yo que la enviarían en una paloma mensajera o algo así.

Yo creo que la jugada está clara: están intentando convencer al mercado de que se compre una cartera más. El primer año emitieron pocas carteras, generaron expectativa y exclusividad. Cada cartera cuesta 35 euros y tiene 5,88 euros de facial, así que más o menos la FNMT ganará unos 28 euros por cartera vendida y el Banco de España (BE) unos 5,50 (total ganancias FNMT = 42.000 euros, BE =  7.500 euros, revendedores = 127.500 euros). El siguiente año vendieron más pero al mismo precio, y siguieron generando la expectativa (ganancia FNMT = 56.000 euros y BE = 10.000 euros, revendedores = 50.000 euros). Este año la tirada ha vuelto a aumentar, y con ello los beneficios (FNMT = 84.000 euros y BE = 15.000 euros). Mi apuesta es que no creo que quien quiera revenderlas vaya a hacer un gran negocio, pero todo se verá; si sigue habiendo más oferta que demanda se seguirá aumentando la tirada, y si hay tanta oferta como demanda se aumentará el precio. En ambos casos se aumentará los beneficios de la FNMT, puesto que es ese organismo quien es capaz de regular el mercado y, evidentemente, lo regula para su propio beneficio aunque evidentemente se reduzcan o se anulen los beneficios de los revendedores.

Otra cuestión es que me he enterado que se va a reducir la tirada de las monedas de la UNESCO. Bueno, en realidad no es que se vaya a reducir la tirada, sino que de los 8 millones de piezas que se podrían haber acuñado sólo se van a acuñar 4 millones. En opinión de Rubén esto hará que suba el precio de esas monedas, pero yo opino lo contrario: no hay más de 4 millones de coleccionistas que quieran tener esas monedas y es muy improbable que los llegue a haber. Si hubiese más demanda no tendría ningún sentido dejar de emitir monedas conmemorativas puesto que la FNMT perdería dinero, y no creo que ningún organismo vaya a hacer algo para perder dinero.

Finalmente os dejo una tabla con las emisiones de las monedas de 2000 pesetas, 12 euros y 20 euros. Claramente se aprecia la tendencia a la baja en estas emisiones, y es que están pasando de moda y aunque antes hubiese gente que no eran coleccionistas y se hacían con ellas, ahora casi sólo somos los aficionados quienes las compramos. También es claro que ha habido un pequeño aumento en la emisión de la última moneda a pesar de que es más cara que las anteriores, parece ser que su diseño (dedicado al balonpié) ayuda a convencer a los no aficionados a hacerse con algún ejemplar.

Estonia es un país al que tengo especial cariño porque estuve en Tallín 15 días en un curso de BEST sobre economía, lo cual no fue más que una excusa para que un 30 universitarios de todas parte de Europa (entre organizadores y alumnos) estuviésemos dos semanas seguidas de partuza descomunal en una ciudad con 22 horas de sol al día. Al acabar el curso no había aprendido absolutamente nada de economía pero de licores nórdicos y de saunas mixtas podría haber escrito una tesis doctoral. Luego yo por mi parte prolongué la fiesta una semana más por Letonia y Lituania adquiriendo, eso sí, toda la cultura báltica que en tan poco tiempo se puede absorber.

Pero el blog no va de partuzas, sino de monedas.  La cuestión es que, como todos ya sabréis porque se ha dado muchísima publicidad, el uno de enero de 2011 entró Estonia en la zona euro. En este caso el diseño de los euros es el mismo para todas las monedas, es decir el mapa del país, un diseño que me parece muy acertado. Hay que decir también que las monedas (acuñadas en Finlandia por la empresa Soumen Rahapaja) tienen muy buena calidad y casi parecen PROOF las piezas de circulación normal.

La polémica viene porque las fronteras del mapa que se muestra en las monedas no coinciden con la frontera actual de Estonia, sino con las fronteras que Estonia reclama como propias y que supondrían la anexión de un territorio actualmente ruso.  Esta noticia ha aparecido en multitud de medios (y también se ha discutido en el foro de Imperio Numismático), pero no he visto ninguno en el que se explique realmente el por qué de la confusión de las fronteras. Para ello hay que recapitular un poquito de historia estonia, que ahora voy a resumir desde una perspectiva personal.

Básicamente Estonia ha sido un territorio que durante los últimos siglos han conquistado muchas potencias extranjeras: polacos, letones, suecos, daneses, rusos… todos pasaron por allí, gobernaron el tiempo que pudieron y los estonios llegaron a acostumbrarse a estar dominados por potencias extranjeras hasta el punto de que no les es ninguna vergüenza reconocerlo. De hecho, en el centro de Tallín tienen monumentos que conmemoran victorias de tropas foráneas (como la caída del cielo de la bandera danesa durante la batalla de Lyndanisse). No fue hasta bien entrado el siglo XIX cuando los estonios, al igual que otros muchísimos pueblos europeos, tomaron conciencia de sí mismos como nación y quisieron un autogobierno independiente de quien les estaba dominando en aquellos años, que no eran otros que los rusos.

Los estonios aprovecharon la debilidad del comienzo de la Unión Soviética para alzarse en armas en 1918 y, apoyados por otras potencias europeas como Inglaterra, Finlandia o Suecia, ganar lo que después se vino a llamar la Guerra de la Independencia Estona.  La desorganizada Rusia de la época y el medio-vencido ejército rojo no controlaron a tiempo la revuelta y se firmó la Paz de Tartu, declarando a Estonia independiente de la Unión Soviética y definiendo unas fronteras que son exactamente las que se muestran hoy en día en las monedas de euro estonas.

Como pasa casi siempre la alegría dura poco en casa del pobre y en septiembre de 1939, recién comenzada la Segunda Guerra Mundial, el ejército rojo entró sin piedad sobre Estonia y el resto de países bálticos. Posteriormente, en enero de 1941 fue el ejército nazi quien invadió Estonia y mantuvieron el poder hasta el otoño de 1944, cuando Rusia volvió a invadir Estonia. Os podéis imaginar que entre tantas conquistas y reconquistas quien realmente salió perdiendo fue el pueblo estonio, uno de los más castigados durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez acabada la guerra, y sin una aparente razón de peso, el gobierno de Stalin anexionó unos territorios del este de Estonia a la RSFS haciendo caso omiso al Tratado de Tartu, que ya por aquél entonces era papel mojado. El gráfico de abajo muestra los territorios bálticos anexionados a RSFS.

Todo este asunto acaba cuando a finales de los 80 se da la idealizada “revolución de las canciones” en las que el pueblo báltico se une contra un enemigo común: la URSS. Entre las diferentes manifestaciones que se daban en el cada vez más abierto régimen soviético la más famosa, sin ninguna duda, fue la cadena báltica (abajo una foto), en la que ciudadanos estonios, letones y lituanos formaron una cadena humana que cruzaba los tres países. Al final el 22 de agosto de 1991, Estonia declaró su independencia conservando las fronteras que tenía ese momento, es decir, las del Tratado de Tartu menos los territorios que había anexionado Stalin a la RSFS. Esos territorios fueron reclamados en su momento y siguen siendo formalmente reclamados, si bien a Moscú por un oído le entra y por otro le sale.

Llegados a este punto me imagino que todos nos habremos hecho una pequeña idea de por dónde viene el asunto. A esto hay que añadir que hoy por hoy la sociedad estona es totalmente europea y europeísta, mirando con malos ojos casi todo lo que venga de Rusia (es una de las diferencias más notable con los letones, donde hay mucha más cantidad de población de origen ruso). Los estonios tienen una mentalidad totalmente emprendedora, uno de los factores que ha ayudado a que en los últimos años haya experimentado un enorme crecimiento económico, mucho más que sus vecinos del sur. Por otro lado, no olvidan su pasado comunista dejando algunos símbolos de la corrupción que allí hubo. Por ejemplo, en el centro de Tallín, que está totalmente reconstruido, hay un retrete que los rusos construyeron presupuestándolo en unos 150.000 euros (de los años 80); allí lo dejan con una plaquita como testimonio de la corrupción vivida. No obstante, yo mismo estuve con una rusa un viernes a las tantas de la mañana cantando el himno ruso en plena zona de copas de Tallín, y nadie nos dijo nada. Eso es exactamente lo que yo considero un “nacionalismo sano“, puesto que se consideran un pueblo y una nación independiente pero no están en contra de nadie.

Dicho todo esto, ya sólo me queda argumentar por qué opino que toda la polémica es una pantomima:

Lo primero es porque no me creo que quien haga las monedas, por muy finlandés que sea, no se haya dado cuenta de las fronteras actuales de Estonia. Es más, aún en el caso de que se trate de un error humano, antes de sacar una versión oficial se harían muchísimas pruebas que verían cientos de personas y digo yo que alguno conocería el mapa de su propio país. Así pues, el gobierno estonio está claro que conocía el “error” antes de emitir las monedas.

Igualmente, la emisión de una nueva moneda no es un secreto de estado como para que no se hubiese filtrado su diseño al gobierno ruso antes de tiempo.

Estonia ha salido beneficiada con toda esta historia porque por un lado ha dado publicidad a una reclamación histórica de la que seguramente no nos hubiéramos enterado de otra manera y por otro lado le ha permitido hacer más publicidad de sus propios euros y así vender más. Sin ir más lejos, va a sacar 50.000 ejemplares de la cartera de euros de 2010, lo cual es más del doble de la tirada de un país como España, bastante mayor y con miles de coleccionistas más.

Todas las imágenes están sacadas de Wikipedia excepto la penúltima que está sacada del foro de Imperio Numismático.

En la anterior entrada se comentaron algunas monedas de la próxima subasta de Cayón, entre las que destacaba el duro de 1871 (18-72). Podéis pasaros por la entrada para ver una descripción del mismo y una interesante discusión al respecto, al igual que en el foro de Imperio Numismático, donde también hemos estado discutiendo sobre el tema. Ha habido bastante revuelo y no han faltado varios correos en los que se me pedía opinión sobre la tasación de semejante pieza y de alguno que me ha comentado que iba a realizar una puja muy importante.

Adolfo Cayón ha leído la entrada y se ha puesto en contacto conmigo para indicarme, entre otras cosas, que el duro de 1871 que tiene en subasta está descrito como (18-72) por error, realmente es un duro de 1871 (18-71). Así pues, fin de la historia: el duro de 1871 (18-72) no existe, y de existir no se conoce ningún ejemplar. También puede darnos para reflexionar sobre el enorme peso que tiene Cayón en la comunidad numismática española; confiamos tanto en Cayón que un simple error tipográfico genera tanto debate.

He de añadir que  me ha solicitado que “corrija urgentemente cualquier alusión a la falsedad de la moneda y se lo notifique por escrito de manera inmediata”, indicándome que también da garantía de la autenticidad del duro de forma vitalicia. Yo he modificado una frase en la entrada anterior, si bien no he eliminado ni modificado ningún comentario porque entiendo que su propiedad intelectual y la responsabilidad de los mismos pertenecen a su autor. Así pues, si alguien quiere modificar algún comentario que haya realizado que me lo diga, pero hasta entonces así quedan.

La moneda de la imagen es el duro en cuestión que se subasta.

A mi casa me llegan cada poco tiempo catálogos de subastas numismáticas. Tanto es así que uno ya se acostumbra a recibir gratuitamente libros de monedas a todo color de forma totalmente gratuita; parece como si ya no tuviesen valor alguno. No obstante, no es tan común recibir catálogos que cuando los lees, independientemente de si se puja por algo o no, se aprende de ellos. Tal es el caso del catálogo de la próxima subasta de Cayón, del que se pueden extraer un montón de cosas. En esta entrada voy a dejar un pequeño repaso del conocimiento adquirido, fijándome en algunas piezas concretas (que no tienen por qué ser las más caras o espectaculares) y no en la subasta en su global, de la que estoy seguro que Rafael hará una buena descripción.

La primera pieza en la que hay que fijarse es en la preciosa dobla de la banda de Juan II con ceca de Ávila que se muestra arriba. La moneda es inédita y era desconocida hasta la fecha; probablemente sea una pieza única. De ella hacen una muy buena descripción, indicando que la fecha más probable de acuñación sea verano de 1420, cuando Juan II pasó una temporada en Ávila en la que aprovechó para casarse. También hacen alguna reflexión artística bastante interesante sobre la pieza, destacando dos detalles.

El primero de ellos es que la banda del escudo va de derecha a izquierda, algo muy raro que sólo se da en otro modelo acuñado en Sevilla (tipo 16.10 en el libro de Mozo y Retuerce, quien por cierto Cayón ni siquiera cita). El segundo detalle que indican es que si nos fijamos en los castillos del escudo se asemejan a una catedral gótica, mostrando los contrafuertes, exactamente igual que los castillos de las monedas acuñadas en Sevilla. No obstante, en las doblas de la banda acuñadas en Burgos (abajo se muestra una procedente de la subasta Caballero de las Yndias) el castillo recuerda a unas torres románicas. Esto hace pensar que el ensayador sienta más próximo el arte gótico que el románico, o la catedral de Sevilla del románico burgalés, lo que hace creer a Cayón que el ensayador fuese sevillano y no burgalés como podría pensarse en un principio por la proximidad geográfica. Un tercer detalle se le escapa a Cayón y es que la marca de ceca se encuentra sobre el escudo, lo cual sólo se da en las cecas de Burgos y Coruña, y no en Toledo o Sevilla, donde se muestra la marca de ceca en el reverso.

Otra moneda muy curiosa son los ocho reales que se muestran abajo. En ellos se observa un exceso de metal sobre el número 8. Según Cayón, esta marca se debe a que al labrar el punzón en un primer lugar se procedía a marcar las zonas donde se grabarían los diferentes elementos y luego se procedía a la grabación en sí. Por el motivo que sea, después de grabar el 8 no se pulió correctamente el cuño y ahí quedo ese exceso de metal para que los futuros coleccionistas se hiciesen una idea de cómo trabajaban los ensayadores mejicanos.

No obstante, en la subasta hay una pieza que llama la atención y que hace pegar un bote en el asiento a cualquier aficionado a la numismática del Centenario de la Peseta. Se trata del duro 1871 (18-72) que se muestra abajo.

Al verlo un amigo me escribió y me preguntó que si conocía la existencia de este duro. Yo le dije que no y lo comentamos en el foro de Imperio Numismático, donde el resto de aficionados tampoco habían oído hablar nunca de él.  De hecho, en la revista Numisma se publicó en su número 12 (julio-septiembre de 1954) un artículo de Rafael Sabau titulado “Las acuñaciones de duros en el sistema monetario de 1868”, donde se concluye como altamente improbable que exista el duro de 1871 (18-72). En dicho artículo se dice que por la Real orden de 5 de marzo de 1871 se aprueba la acuñación de duros con fecha 1871 (18-71), (18-72), (18-73), (18-74) y (18-75), siendo el año 1872 en el que más duros se acuñaron, pero siendo todos ellos con estrellas (18-71). Indica también que Antonio Bernabé Sánchez indica en el Boletín Ibero Americano de Numismática (diciembre de 1952) la existencia del duro de 1871 (18-72) pero sin proporcionar ninguna prueba argumental ni ningún ejemplar conocido. Así pues, concluye Sabau, si después de que tanta gente haya coleccionado duros del Centenario parece poco probable que de existir ese duro no haya aparecido, lo que hace pensar que de hecho, no existe.

Pues bien, aquí parece haber uno, y lo ponen sin dar ningún tipo de explicación de dónde lo han sacado o qué les hace pensar que es un duro auténtico y no está troquelado. Es, simplemente, una pieza más a subastar. Así pues, llamé por teléfono a Cayón y le expliqué mis argumentos diciéndole que tenía serias dudas sobre la autenticidad del duro, aunque no dudaba en ningún momento en su palabra. Me dijo que inspeccionó la pieza y que en su opinión es buena y no está troquelada; que hay veces que aparecen monedas inéditas y que aunque en El Centenario es difícil que pase, puede ocurrir. También me dijo que él garantizaba la pieza de manera vitalicia, de forma que si algún día se le demuestra que es falsa o troquelada, él devolvería el dinero correspondiente y fin del asunto.

Con todo, y por mucho que Cayón sea uno de los numismáticos más prestigiosos de España, sigo teniendo serias dudas de que ese duro tenga estrellas (18-72). En caso de serlo lo normal hubiera sido dedicar un extenso estudio a ese lote, al igual que se hizo con la dobla de la banda que se muestra más arriba. Por otro lado, la repercusión en la comunidad de coleccionistas, de haberlo dado credibilidad, hubiera sido enorme y seguro que el lote se hubiera rematado en bastantes miles de euros. Nada de esto ha ocurrido, por lo que me extraña que realmente el duro 1871 (18-72) exista.

Lo único que no me ha gustado del catálogo es la publicidad que hace, indicando que ellos venden más caro comparando dos piezas de oro rematadas en su sala de subastas y en Cayón en la subasta de Caballero de las Yndias (no lo dicen explícitamente, pero está claro a qué se refieren). Una comparación así de directa es engañosa y muy fea, más que nada porque los precios de las monedas muy raras son muy volátiles y es fácil que de una subasta a otra se rematen por el doble de dinero o más. Seguramente Aureo también podrá encontrar ejemplos de piezas importantes que se han rematado en Aureo a más del doble que en Cayón.

De hecho, una de las piezas que indican es la onza madrileña de 1710 que se muestra arriba. Dicen  con letras grandes que en 2001  se remató en Cayón por 103.674,59 euros, mientras que en 2009 se remató “en otra subasta” por 47.200 euros. También podrían haber dicho que en 1988 se vendió en Stacks por $126.000.

Un último apunte es que esta vez la subasta de Cayón es en enero, apenas quince días después de la 39 Convención Internacional de Numismática de Nueva York (aquí tenéis un resumen de la misma). Esto puede hacer que algunos profesionales anden con poco efectivo para esta subasta y que los coleccionistas más modestos nos podamos hacer con algún que otro lote, aunque está claro que las piezas buenas hay que pagarlas.

Antes de despedirme no me puedo resistir a mostrar este precioso octodragma de Arsinoe II en calidad EBC+. ¡Quién lo pillara!

Como ya sabéis, todos los años desde 1994 la FNMT emite unas monedas de 12 euros dedicadas a celebrar algún acontecimiento artístico, político o histórico, y este año ya ha emitido una allá por el mes de marzo. Pues bien, resulta que algunos años en vez de una emite dos porque en nuestro país ocurren de vez en cuando cosas extraordinarias. Eso se hizo en el año 2004 porque se casaron Felipe y Leti y también se va a hacer este año sacando una nueva moneda de plata para la ocasión.

¿Qué será lo más celebrable de este 2010? ¿El récord absoluto de paro por mucho que se maquillen las estadísticas? ¿La brutal subida de impuestos a la que nos vemos sometidos? No ¡eso no es para celebrar! ¡Hay que buscar algo más alegre, de lo que nos sintamos orgullosos! ¿Los 100 años del nacimiento de Miguel Hernández? ¿Un homenaje a nuestro gradísimo cineasta Berlanga? ¡Qué va! Algo de lo que toda España esté orgullosa, y no sólo aquéllos tipos raros que lean buena poesía o admiren cómo hacer una gran película en tiempos de censura. Mucho mejor celebrar el que la selección española ganó jugando al balonpié y de paso los jugadores ganaron 14 millones sólo en primas que las han pagado 50 millones de primos. Y ya que estamos por festejar, festejemos a lo grande y en vez de poner las moneda a 12 euros las ponemos a 20 ¡que estamos que lo tiramos oiga!

Bueno, ya dejando de ser jocoso diré que, como habéis podido comprobar, no me gusta nada el balonpié. No hay deporte más aburrido en este mundo, me parece a mí. Os podéis imaginar que en junio del año pasado acabé hasta las narices de las bubucelas. ¡Y ahora me vienen con una moneda!. Aparte de eso, ya sabéis mi opinión de estas piezas: que nada más las acuñan para hacer caja y que no son ninguna buena inversión.  A este respecto tuvimos una buena discusión en el foro de Imperio Numismático en el que yo opinaba que no eran una buena compra (aún así dudo si darme el capricho de seguir con la colección) y la mayoría de los demás aficionados pensaban que sí lo era. Quien quiera que lo lea y saque sus conclusiones, claro está.

Todavía no he dicho algo que ya supongo que sabréis, y es que para haceros con las monedas no tenéis más que ir al Banco de España a adquirirla o solicitarlas en vuestro banco o caja de confianza. Ellos os las proporcionarán sin cobraros ningún recargo a los 20 euros que cuesta la pieza, tal y como dice el BOE. Tampoco os vayáis a creer que esta vez como se trata de fútbol y de que se ha hecho muchísima publicidad en la prensa de deportes y generalista (un ejemplo, otro y otro), este año se van a acabar y luego van a subir mucho de precio. No, en el propio BOE indica que “dicha cantidad (de piezas acuñadas) puede ser aumentada o reducida en función de la demanda del mercado […] con el objetivo de evitar divergencias significativas entre el valor facial y numismático de la moneda “. En otras palabras, que la FNMT va a acuñar todas las monedas que quiera la gente, de tal manera que aquí no hagan negocio más que ellos, quienes estarán encantados de vender la plata a 1,23 euros/gramo.

Una última cuestión es una duda que aparece de vez en cuando y que, sin ir más lejos, me preguntó un lector del blog hace un par de días. Estas monedas, al igual que las de 12 euros a partir de 2004 no son de circulación. Antes se consideraba que las monedas de 2000 pesetas y las de 12 euros de 2002 y 2003 eran monedas de circulación, pero en diciembre de 2003 cambió la ley y pasaron a considerarse monedas conmemorativas; vamos, que no se puede pagar con ellas.