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Un amigo mío de quien he aprendido mucho me dio, nada más empezar, el mejor consejo que se le puede dar a un novato: “Compra lo que te ofrezcan, no tengas prisa por encontrar una moneda” (más consejos).

Con el tiempo he comprobado el valor de estas palabras, y es que he visto a bastante gente perder dinero por obsesionarse con una moneda concreta. El por qué es más o menos el siguiente:

– Una moneda vale X
– Si compras una moneda para revenderla pagarás más o menos (X – 20%)
– Si tienes prisa en vender una moneda te pagarán más o menos (X – 40%)
– Si pides a alguien esa moneda te cobrará más o menos (X + 20%)
– Si tienes mucha prisa en conseguir la moneda y el vendedor lo sabe se aprovechará de ti y te cobrará lo que quiera

Un ejemplo práctico de todo esto lo he contado aquí.

Desde el punto de vista inversor no tiene sentido comprar una moneda más cara de lo que te la vayan a pagar. Y desde el punto de vista del coleccionista tampoco, puesto que la gracia de una colección es hacerla a base de tiempo y esfuerzo, no de dinero. Es decir, que si se quiere hacer una colección de Franco tiene más gracias hacerla poco a poco que pagarle a un tipo 12.000 euros para que te dé una colección completa. Por eso, nunca hay que pagar por una moneda más de X, y si puede ser no más de X-20%. Pero claro, para eso hay que saber cuanto es X, hay que saber tasar la moneda.

Pero ¿qué pasa cuando mi colección está casi completa pero me faltan un par de huecos por rellenar? Pues nada, a esperar a que te ofrezcan esas monedas o a que aparezcan en una subasta. Si vas a un profesional y le dices “quiero esto” lo más fácil es que acabes pagando el doble de lo que vale. Mientras tanto puedes ir comprando otras monedas que te ofrezcan y vendiéndolas más caras, así sacarás un dinerillo para mejorar tu colección.


Como muestra, un botón. Aquí una de las monedas que más me ha costado añadir a mi colección. Varios años esperando para conseguirla a buen precio; eso tiene su gracia: ahora la valoro mucho.

El timo del codicioso (yo mismo lo he bautizado) es la versión numismática de los engaños que Paul Newman practicaba jugando al billar en The Hustler y en The colour of money. Además, al igual que en esta última película, el timo se puede hacer a gente experimentada, puesto que es condición humana que cuando te dejan ganar dinero fácilmente te crees más listo que el otro, y es entonces cuando subes la apuesta y bajas la guardia, permitiendo que te timen.

A Enrique le pasó una vez, y eso que ya había visto a varios amigos caer en la misma trampa. Resulta que un tipo le compró varias monedas por eBay, pagándoselas de inmediato y siendo muy amable. En un par de semanas, el tipo se volvió a poner en contacto con Enrique y le pidió otras cuantas monedas. Enrique le pidió por ellas 600 euros y el tipo sólo le regateó hasta 570, dejando un amplio margen de beneficio para el vendedor. Al poco tiempo Enrique vuelve a tener noticias de su amigo, quien resultó haber revendido todas las monedas que había comprado y, como tenía un cliente que quería más, le volvió a pedir monedas, esta vez por valor de 1000 euros.

Enrique estaba encantado con su nueva amistad ya que le estaba haciendo ganar mucho dinero en poco tiempo, y así es muy fácil hacerse amigos.

En otras dos semanas el tipo había vendido de nuevo todas las monedas y le pidió a Enrique un lote mayor, de 4000 euros. Con esa venta Enrique podía ganar mucho dinero, pero tenía que aceptar la condición de que, como el otro tipo era un currito y no tenía dinero en efectivo, le tenía que dejar las monedas para cobrarlas en cuanto hubieran sido vendidas. A Enrique no le hacía mucha gracia, pero aceptó debido a que ya le había hecho muchas compras y en todas había salido bien parado, era un tipo de fiar.

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El final de la historia ya os lo podéis imaginar ¿verdad? Efectivamente: no volvió a saber nada de ese hombre ni vio los 4000 euros que le debía. Había sido timado por un supuesto colega al que ni siquiera había conocido en persona.

En frío a tomo el mundo que nos cuentan la historia nos parece evitente que eso iba a acabar en un timo. Sin embargo, más de uno y de dos experimentados coleccionistas han caído en la misma trampa, al igual que cae Paul Newman en la película de “The colour of money”. Se ve que es parte de la condición humana creerse más listo que el de enfrente.

Creo que no exagero si digo que hoy Barcelona es la capital mundial de la numismática. Y es que, como seguramente sabréis, hoy y mañana se desarrollan las tercera y cuarta jornadas de la subasta de la colección Caballero de Yndias en la casa de subastas Aureo y Calicó.

Ya hace un año que esta casa de subastas empezó a anunciar la subasta que consideraba una subasta histórica. Yo suelo ser muy escéptico en lo que a publicidad se refiere, pero esta vez no era para menos: se han subastado 1220 monedas más otras 980 que se subastarán entre esta tarde y mañana. Todas ellas de oro y muchísimas piezas únicas o rarísimas. Para mí es, con mucho, la subasta más grande que he visto en mi vida, y me atrevería a decir que dudo mucho que en las próximas décadas vaya a haber una de semejante calado.

Por Internet se ha hablado mucho de estas subastas, tanto en foros, como en blogs e incluso en muchos lugares no especializados en numismática. No es mi intención hacer un análisis profundo del tema, más que nada porque daría para escribir una enciclopedia y tampoco es la finalidad del blog. Me fijaré sobre todo en los maravillosos análisis hechos por Rafael en el blog numisfera.

La presente bitácora ya se había adelentado a la noticia y ha aprovechado unas cuantas fotos de las subastas para ilustrarlo (v.g. 1, 2 y 3), y más que se seguirán utilizando. Y es que semejantes subastas supone una fuente inagotable de imágenes y de textos que impresionan a cualquier coleccionista. Yo mismo me he pasado bastantes horas delante de los catálogos, admirando cada una de las piezas y aprendiendo de los escritos de los tasadores e historiadores que las han analizado.

La primera subasta se dedicó a las monedas de oro de América y Filipinas acuñadas bajo dominio español. Se subastaron un total de 684 monedas y los remates fueron muy generosos, sólo quedaron dos piezas sin vender. La segunda parte se dedicó a la moneda de oro de las monarquías europeas, subastando un total de 545 monedas, de las cuales 301 eran españolas. Los remates, igualmente espectaculares, con todas las piezas vendidas y la mayoría de ellos por un precio sensíblemente superior al de salida.

Pero lo mejor estaba por venir, ya que en la tercera parte, se va a subastar la mejor colección de moneda de oro española de la historia. Tal y como comenta aquí y aquí nuestro amigo Rafael, es posible que se llegue a batir tres veces el récord de la pieza española más cara jamás subastada. Esto ocurrirá si se venden caros los 20 excelentes sevillanos que se ven aquí abajo, más los dos cetenes que presentamos el otro día.No obstante, a mí las piezas que más me gustan son las medievales castellanas, en concreto las doblas de 35 maravedíes de Alfonso XI y de Enrique II que ilustran esta entrada.

Hecho este súper-resumen, paso a una pequeña reflexión al respecto. Lo primero es que sólo el hecho de que se produzca esta subasta ahora es un claro síntoma de la buena forma del mercado numismático actual: el oro está alto y la gente que tiene dinero invierte en monedas y otros valores de refugio porque no hay otros lugares donde sus millones les den rentabilidad. Seguramente si esta subasta se hubiese hecho tres años antes o tres años más tarde, los resultados de los remates hubieran sido muy diferentes. La segunda cuestión es que sirve como ejemplo de que no hay que obsesionarse con nuestra colección: siempre se podrá mejorar y siempre habrá gente con mejor colección. No hay que picarse con nadie. Y si alguien va de chulo, que compare sus monedas con las de esos tres tomos.

Desde un punto de vista más numismático, gracias a esta colección yo tengo, de forma gratuita, tres tomos preciosos, imprimidos a todo color y que van a suponer una referencia bibliográfica durante muchos años. Estos tomos son, desde luego, mucho mejores que cualquier catálogo, como ya se dijo aquí. Por otra parte, un tema que ya se abordará, es que hay piezas que son el único ejemplar conocido y salen por 900 euros, mientras que hay otras de las que se conocen 12 ejemplares y salen por 90.000; suena paradógico, pero como ya diremos, hay una explicación.

Finalmente, hay que felicitar tanto a Aureo y Calicó como a la persona (o las personas) que hayan montado esta colección. Yo hubiera apostado por que no sea la colección de una persona particular, sino de alguna fundación privada, de esas que manejan millones de euros como si fuesen calderilla. No obstante, en el Diario Vasco se dice que el actual propietario de la colección es un americano descendiente de vascos. En cualquier caso, es todo un logro y muchos años de esfuerzo reunir semejantes piezas. Ya se sabe que coleccionar no sólo es cuestión de dinero.

Si abrimos cualquier catálogo en el que aparezcan monedas del Centenario de la Peseta, tendremos unos cuantos duros de plata, muy cotizados sobre todo por coleccionistas novatos. Sin embargo, es muy normal encontrarse en subastas o en mercadillos con duros que no aparecen en los catálogos. Ya dijimos que una de las carencias de los catálogos es precisamente esa: que no pueden estar todos los que hay.

Por eso, me he propuesto hacer una lista con las variantes de duros que me he encontrado (no pondré las fechas “normales”). No digo que estén todas, pero al menos hay unas cuantas.

1869 – SNM (18-69)
1870 – SNM (18-18)
1871 – SDM (18-18)
1871 – SDM (18-71) Sin punto después de G
1871 – SDM (18-18) Base de columna derecha más corta
1871 – SDM (18-18) oreja rayada
1871 – DEM (18-18)
1871 – SDM (71-18)
1871 – SDM (18-73)
1871 – DEM (18-73)
1871 – DEM/SDM (18-74)
1875 – DEM (18-75) oreja rayada
1876/5 – DEM (18-76)
1876 – DEM (18-76) oreja rayada
1878 – EMM (18-78) oreja rayada
1878 – EMM/DEM (18-78)
1882 – MSM (18-82/1)
1882/1 – MSM (18-81)
1882 – MSM (18-81)
1882/1 – MSM (18-82)
1883/1 – MSM (18-83)
1883 – MSM/DEM (18-83)
1884 – MSM/DEM (18-84)
1884 – MSM (18-18)
1885/4 – MSM (18-85)
1885 – MSM/DEM (18-85)
1885/4 – MSM/DEM (18-85)
1888 – MSM (18-88)
1888 – MPM/MSM (18-88)
1888 – MPM (18-88) cuello redondeado
1890 – MPM (18-90) anverso y reverso coincidente
1892 – PGM (92-92)
1892 – PGL (18-92)
1893 – PGL (18-93) oreja rayada
1894 – PGV (18-94) oreja rayada
1895 – PGV (18-95)
1898 – SGV (18-88)

Y con esta lista no acaba todo, aún quedan los duros “normales”, los errores de acuñación (hojas, incusas, exceso de metal, cospel fino…), las monedas con resellos y grabados, las pruebas realizadas y, evidentemente, aquéllas que deberían estar en esta lista pero de las que yo no tengo constancia.

Hoy se presentan en esta humilde bitácora las más cotizadas piezas de la numismática española: los centenes. Se tratan de unas piezas de ostentación hechas con alrededor de 339 gramos de oro bajo los reinados de Felipe III y Felipe IV.

Según se indica en Aureo 218-3, la numismática castellana cuenta con varios antecedentes de los centenes, como son la dobla de diez doblas de Fernando VI, las 10 y 20 doblas de Juan II, la dobla de 50 enriques o los 50 excelentes de los Reyes Católicos. Todas ellas son piezas increíblemente raras, estando buena parte de ellas en manos privadas.


Su acuñación, como no podía ser de otra forma, se hizo en la Casa de Moneda de Segovia, de donde salieron las piezas más bellas del mundo durante siglos. Se acuñaban por presión, introduciendo el metal entre dos grandes cuños y posteriormente recortando el cospel para ajustar su peso. Finalmente, se remataba la moneda a mano.

Según parece, Felipe III sólo acuñó centenes en 1609 y en 1618. Actualmente los expertos sólo han localizado una moneda de cada una de estas fechas. La de 1609 es la de la fotografía superior, la cual sale en subasta el próximo día 22 en la subasta de Aureo y Calicó por la escalofriante cifra de 800.000 euros (su estimación es de 2 millones de euros). De Felipe IV se sabe que sólo se acuñaron centenes en 1623 (una única pieza) y en 1633. Esta última fecha es la menos rara, habiendo cuatro ejemplares y tres de ellos en manos privadas. De esos tres, uno se representa bajo estas líneas y se subastará en el mismo lugar y el mismo día que la anterior, con un precio de salida de 500.000 euros (1 millón de euros de precio estimado). Parece ser que son unas de esas monedas con las que el grueso de los aficionados a la numismática sólo podremos soñar. No obstante, un centén de 1633 pertenece al Museo Arqueológico Nacional, y se encuentra en el Museo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, para que vaya a visitarlo quien lo desee; yo lo estuve viendo ayer mismo.


Por si a alguien le interesa, aunque a mí desde luego no, La Real Casa de la Moneda acaba de lanzar una colección conmemorativa del cuarto centenario de las primeras acuñaciones de centenes y cincuentines (estos son los hermanos en plata de los centenes, de los que ya hablaremos). Si queréis más información  la encontraréis aquí, y aquí, pero mi opinión personal es que esto no sirve más que para que el Estado recaude dinero.

El otro día lei un par de artículos escritos por A.C. Dwyer (aquí tenéis uno y aquí otro) en los que se hace una reflexión sobre las altas cargas de comprar, vender y alamacenar monedas, concluyendo de forma implícita que es muy difícil ganar dinero si sólo nos dedicamos a almacenar monedas. Las razones que da son que hay unas altas cargas a la hora de comprar las monedas en subastas públicas (un 18% en España), y otras cargas cuando se quieren vender en dichas subastas. A esas cargas hay que sumar el coste de almacenar de forma segura las monedas que se tengan y el pago del seguro que puedan necesitar. Finalmente, si se necesita asesoramiento, éste no es gratuito, y si uno no está asesorado puede comprar más caro de lo que la moneda vale o puede que el profesional de turno te engañe (como pasó aquí).

Efectivamente, estoy plenamente de acuerdo en que si simplemente nos dedicamos a comprar moneda en una subasta o a un numismático, guardarla durante un tiempo y después venderla en la misma subasta o al mismo numismático, quien ganará dinero será la subasta y el numismático, no nosotros. Pero es que esa no es la forma correcta de proceder en este mundo, si se quiere sacar dinero debe ser uno mismo quien actúe como un profesional, tasándose por sí mismo las monedas, sabiendo cuál comprar y a qué precio y conociendo a otros inversores a quienes poder vender o comprar. Eso es lo que te proporciona el valor añadido que te hará ganar un poco de dinero en la numismática. Y eso, evidentemente, no se aprende en una tarde.

Ya comentamos que tasar monedas no es una tarea fácil, pero a base de tiempo mirando subastas y recorriendo mercadillos se adquiere la capacidad de reconocer una moneda, tasar su estado de conservación y estimar su precio sin equivocarse demasiado. Después, hay que conocer a coleccionistas, profesionales y casas de subastas y saber quiénes son unos mangantes y quiénes no. A quién comprar y a quién vender. Por último, el mercado fluctúa de forma que ahora están baratas unas piezas que previsiblemente en un par de años estén más caras y viceversa. Si somos capaces de anticiparnos al mercado entonces se puede sacar un beneficio interesante.

Pero por desgracia nadie te va a contar lo que él sabe ni te va a presentar a otros coleccionistas a quienes comprar monedas, porque sería como echar piedras sobre su propio tejado. Conocer este tipo de cosas es la ardua tarea de todo principiante.

También hay que recordar que la numismática es un valor seguro, prueba de ello es que ahora, en tiempos de crisis, tanto el oro como la plata y los remates de las subastas han subido considerablemente de precio. Esto es debido a que la crisis nos afecta a todos: unos nos quedamos sin trabajo o vemos cómo nos congelan el sueldo y otros, pobrecitos, no saben qué hacer con sus millones porque en ninguna parte les dan muchos beneficios, así que, entre otras cosas, lo invierten en monedas y metales preciosos.

Por último, parece ser que hay un libro que versa sobre esta temática. Yo no lo he leído, pero si os interesa podéis pinchar en la imagen para comprarlo en Amazon.

Una moneda moderna proporciona, en sí misma, mucha información sobre su procedencia y sobre quienes han sido los responsables de su fabricación. En esta entrada no se va a hablar de las cecas, sino del significado de las diferentes siglas que aparecen en las monedas. En concreto nos centraremos en el periodo comprendido entre 1869 y 1926. Como ejemplo, tómese el siguiente duro de 1899:

En el anverso, justo debajo del busto aparecen las siglas identificativas del grabador, que era el artista encargado de diseñar los cuños. Para mí este hombre es el que más mérito tiene en la fabricación de la moneda debido a la dificultad de esculpir una imagen en miniatura y en hueco; casi nada.

Los grabadores de moneda española en este periodo son:

Primera República: Luis Marchionni (L.M.);
Amadeo I: Luis Marchionni (L.M.);
Alfonso XII: Gregorio Sellán González (G.S.);
Alfonso XIII: Gregorio Sellán González (G.S.), Bartolomé Maura (B. M.), José Espinós Gisbert (Espinós) y Enrique Vaquer Atencia (E. Vaquer).

En el reverso aparecen tres siglas, siendo las dos de la izquierda identificativas de los ensayadores y la de la derecha del juez de balanza. Los ensayadores eran los encargados de la pureza del metal que se utilizaba para hacer las monedas, mientras que el juez de balanza era responsable de calibrar el peso de las piezas.

Para este periodo tenemos a los siguientes:

Primera República: Donato Álvarez Santullano, Rafael Narváez – Ángel Mendoza Ordóñez (S.N.M.). Eduardo Díaz Pimienta, Julio de Escosura Tablares – Ángel Mendoza Ordóñez (D. E. M.). Donato Álvarez Santullano, Eduardo Díaz Pimienta – Ángel Mendoza Ordóñez (S. D. M.)
Amadeo I: Eduardo Díaz Pimienta, Julio de Escosura Tablares – Ángel Mendoza Ordóñez (D. E. M.). Donato Álvarez Santullano, Eduardo Díaz Pimienta – Ángel Mendoza Ordóñez (S. D. M.)
Alfonso XII: Eduardo Díaz Pimienta, Julio de Escosura Tablares – Ángel Mendoza Ordóñez (D. E. M.). Julio Escosura Tablares, Mauricio Morejón Bueno – Ángel Mendoza Ordóñez (E. M. M.). Mauricio Morejón Bueno, Pablo Salas Gabarell – Ángel Mendoza Ordóñez (M. S. M.). Mauricio Morejón Bueno, Félix Miguel Peiró Rodrigo – Ángel Mendoza Ordóñez (M. P. M.)
Alfonso XIII: Mauricio Morejón Bueno, Pablo Salas Gabarell – Ángel Mendoza Ordóñez (M. S. M.). Mauricio Morejón Bueno, Félix Miguel Peiró Rodrigo – Ángel Mendoza Ordóñez (M. P. M.). Félix Miguel Peiró Rodrigo, Antonio García González – Ángel Mendoza Ordóñez (P. G. M.). Félix Miguel Peiró Rodrigo, Antonio García González – Domingo Liceranzu Astarlos (P. G. L.). Félix Miguel Peiró Rodrigo, Antonio García González – Remigio Vega Vega (P. G. V.). Arturo Sandoval, Antonio García González – Remigio Vega Vega (S. G. V.). Arturo Sandoval, Miguel Martínez Fraile – Remigio Vega Vega (S. M. V.). Arturo Sandoval, Vicente López Fernández – Remigio Vega Vega (S. L. V.). Vidal Peiró Zafra, Rafael Caro Fresneda – Remigio Vega Vega (P. C. V.). Vidal Peiró Zafra, Rafael Caro Fresneda – sigla Juez de Balanza (P. C. S.).

De todas formas, tampoco hay que pensar que todas las monedas tienen siglas identificadoras de los grabadores, los ensayadores y los jueces de balanza. De hecho, la mayoría de las monedas antiguas no las tienen. Además, en otras épocas y en otros lugares se han identificado mediante otro tipo de símbolos. Un ejemplo es la moneda de dos euros de Bélgica, que según informa Rubén Pulido, ha pasado a tener una pluma que referencia a su grabador Serge Lesens (antes tenía una balanza romana que identificaba a Romain Coenen).

Más información sobre el tema

Falleció hace unos años una parienta de unos primos de Enrique, que en paz descanse la señora. El caso es que, aparte de varios bienes inmuebles y unos cuantos cientos de miles de euros, la mujer dejó en este mundo terrenal una colección de monedas y sellos que, según ella, representaba un interesante patrimonio. Esa colección la dividieron sus herederos en tres partes y Enrique se hizo cargo de la que les tocó a sus primos para venderla a cambio de una comisión.

Vendiéndola con calma y tiempo la tercera parte de la colección se tradujo en unos 3.600 euros, una suma con la que los herederos quedaron contentos. Pero lo malo no fue lo que se sacó, sino lo que le habían costado aquellas piezas a la fallecida, información que se pudo saber porque había dejado escrito, moneda a moneda, lo que había pagado por ella (había incluso monedas de plata con una pegatina adhesiva en la misma moneda). En resumidas cuentas, aquello ha sido el mayor despilfarro de tiempo y dinero en numismática del que he oído hablar. Si lo analizamos un poco sacaremos algunas conclusiones.

Prácticamente todo el lote estaba dedicado al tema del Descubrimiento del Nuevo Mundo, tanto en sellos como en monedas. Esto no tiene por qué estar mal, cada cual colecciona lo que quiere, pero cuando se trata de meter dinero en grandes cantidades no suele ser una buena idea hacerse con monedas conmemorativas de vete a saber qué países.

Las monedas estaban metidas en álbumes de una joyería de Bilbao, y también había varias facturas de dicha joyería. Parece ser que la mujer consideraba que hacer una colección de monedas equivale a ir a una joyería de vez en cuando y pagar lo que te digan por la moneda que te digan. Y esto es un gravísimo error. Hay que comparar precios, pero no con otras joyerías, sino con el mercado de la calle. Intentar vender algo y aprender a tasar por uno mismo las monedas antes de comprarlas.

Como la mujer era muy prepotente e iba de lista y de que tenía dinero (Enrique mismo la conoció) los de la joyería se aprovecharon y le vendieron lo que quisieron a precio de oro, o mejor dicho de platino. Monedas de inversión de una onza las había pagado, en los años 90, entre 3.500 y 6.000 pesetas, medias onzas de oro a 60.000 pesetas, e incluso monedas de níquel de las Islas Hook a 12.000 pesetas cada una. Estamos hablando de varios millones de pesetas tirados a la basura.

Pero no penséis que todo allí era oro y plata, también tenía un montón de basura que seguramente le llevó muchísimo tiempo ordenar. Había sellos usados tanto el álbumes como en un montón de cajitas, llegando a pesar los que estaban sueltos más de un kilo, ¡eso son muchos sellos! Evidentemente, el precio de aquellas estampitas es nulo. También tenía una colección de moneda española usada, que no sé para qué la guardaría porque eso no vale absolutamente nada más que su valor facial. Guardar moneda en circulación está muy bien, pero siempre y cuando sea sin circular, claro está.

Eso sí, todo hay que decirlo: de todo lo que compró, lo único que se pudo vender a un precio similar al que ella pagó (aunque lo pagó 15 años antes) fueron las monedas de oro. Ella las compró carísimas, pero el oro se revaloriza mucho en 15 años. Así que, si hay que perder dinero, se pierde menos comprando oro.

Un problema para todos los aficionados a la numismática es conocer el precio de las piezas. Para ello, lo más típico es irse a la numismática del barrio, comprarse un catálogo y creerse que con él ya se tiene una lista de todas las monedas que nos podemos encontrar y el precio de las mismas. Bueno, pues desgraciadamente esto no es tan sencillo.

Los catálogos que se encuentran en las numismáticas tienen, en mi opinión, las siguientes desventajas:

No están todas las monedas. Esto es casi inevitable porque hay muchas variantes y pruebas numismáticas, no sería creíble que un catálogo quisiera abarcarlas todas. Además, hay veces que aparecen monedas inéditas, es decir, que nunca se han subastado publicamente antes. Pero esto no quita que en los catálogos más conocidos hay veces que no aparecen monedas que desde mi punto de vista deberían aparecer ya que no son muy raras.

Es imposible que puedan recoger la variación de precios de la moneda. Un catálogo no deja de ser un libro que se deja en la estantería y su contenido no varía. Pero el precio de las monedas sí que lo hace. Sube y baja, como la bolsa. Así pues, con un catálogo es imposible que se tenga una lista actualizada de precios.

Los editores ponen los precios que les conviene. Esto es lo peor, y es que los precios de los catálogos están manipulados: si el editor tiene muchas de esas monedas las pondrán más caras, pero si tienen pocas las pondrán más baratas. También es muy típico que las monedas caras las pongan más baratas, mientras que las monedas baratas las pongan mucho más caras. Esto último lo hacen porque las numismáticas ponen sus precios acordes al precio de catálogo (al que se le supone un tasador neutral), pero estos están muy hinchados. Por ejemplo, una pareja de 100 pesetas de 1983 sin circular está tasada en el catálogo de los Hermanos Guerra de 2005 por 130 euros, mientras que en la subasta de Subasta de Martí Hervera – Soler & Llach del 14 de mayo de 2009 se vendieron en 35 euros. Está claro que en la numismática te pueden hacer un 10% de descuento con respecto al precio de catálogo para contentar a los clientes.

Esto no quiere decir que no merezca la pena comprarse ningún catálogo, con ellos uno se puede hacer una idea de las monedas de cada época y una estimación gruesa de su precio. A mí el que más me gusta es el “Del Tremis al Euro”, de los hermanos Cayón porque tiene una amplia variedad de monedas que abarca todas las épocas de la numismática española. Las desventajas es que las fotos son en blanco y negro y que de las más antiguas faltan muchas, pero para eso es necesario hacerse con catálogos especializados. Lo que yo hice fue comprar una edición “caducada” hacía un par de años; total, como los precios van a estar desfasados de todas formas…

Para mí la única fuente de información fiable del precio de las monedas (y de otro tipo de bienes materiales o inmuebles) son las subastas públicas si éstas tienen suficiente publicidad. El caso es que sí, las subastas públicas celebradas en numismática las suelen organizar empresas privadas que se llevan su buena comisión, por lo que hacen mucha publicidad y cualquier numismático, profesional o aficionado, está al tanto de ellas. Además, si de vez en cuando les compras alguna moneda te mandan los catálogos de las subastas a casa por el módico precio de cero euros. De esta forma te puedes ir haciendo con una serie de catálogos con precios actualizados e impresos a todo color.

Desde el blog de Aldea Irreductible ha lanzado la propuesta “La ciencia española no necesita tijeras”, y aunque no tenga nada que ver con la numismática, el escritor del blog se apunta a ella con los ojos cerrados.

Motivos:

– Porque ya está bien de tanta palabreja con que en España ha habido y hay grandes investigadores. Sí, los hay, pero la mayoría en el exilio porque aquí no hay fondos ni proyectos que merezcan la pena. Hace mucho que aquí no cae un Premio Nobel y estoy seguro de que tardará mucho en caer.

– Porque España está en la cola de Europa en cuanto a investigación, y si ahora recortan un 37% nos quedaremos a la altura del barro.

– Porque la situación laboral en la que viven los jóvenes investigadores es absolutamente precaria. Se les exigen notas muy altas en carreras superiores y se les ofrece muy poco sueldo, no cotizar a la Seguridad Social y jornadas laborales interminables. Todo esto con suerte, porque los hay que trabajan sin cobrar un real. De hecho, el 87% de los alumnos que empiezan a estudiar una tesis no la acaban.

– Porque tanto el gobierno del PP en 2002 como el del PSOE en 2007 han hecho promesas que no han cumplido ni de lejos en materia de investigación.

– Porque la investigación debe ser uno de los pilares en los que se base la economía de un país, y no en la construcción o en la industria automovilística. La investigación genera empleo y debería generar riqueza.

– Porque ya estoy harto de escuchar sartas de mentiras como estas.

Más discusión sobre el tema aquí y en varios cientos de blogs españoles. Y aquí una comunidad de Facebook dedicada al tema.