You are currently browsing the monthly archive for noviembre 2011.

Esta entrada se podría haber llamado “La avaricia rompe el saco II” (aquí la I), “Pasarse de listos III” (aquí el I y el II) o “Hay quienes quieren ser numismáticos profesionales II” (aquí la I). Pero como es un poco de todo la he titulado “denarios como canarios”, que además rima.

Resulta, que hace poco apareció un tipo por el foro de Imperio Numismático que tenía cierto dinero aburrido y quería invertir en monedas (empezamos mal). Lo primero que nos contó fue que había comprado un lote de antonianos falsos, y que estaba pensando en monedas de oro falsas como inversión en oro. Pero eso fue hasta que descubrió el subforo de subastas numismáticas y se le abrieron los ojos: se montó un plan y empezó a pujar como un loco. Os dejo citas suyas para que descubráis su modelo de negocio.

Su objetivo:

si ganase todos los lotes, estimo que las ganancias de esos 13000 euros serian un minimo de 30000, al final me veo dedicandome a esto

Su plan:

No creo que me lleve apenas nada de por lo que estoy punjando pk estoy tirandome a chollos y con unas pujas similares a las de salida, ademas ya he puesto en marcha un plan B, anoche sali con un amigo por ai, le gusta tambien este mundillo y le comente todo esto del foro y de las subastas, total que estaria interesado en ir a medias conmigo en estos lotecillos.

Si ganase esas pujas la mayoria me saldrian por menos de 15 euros y mi intencion no seria venderlos por 50, la mayoria las venderia entre 30 y 40, luego habria algunas que venderia bastante mas caras podrian ir desde los 40 asta los 200 por unidad, pero dejadme obrar y vereis como no digo ningun disparate, en el peor de los casos volveria a venderlas por esos 15 que me han costado a mi y no perderia dinero

si las compro a 15 claro que soy capaz de sacarles minimo el triple de lo que me han costado, no se trataria de engañar a nadie, esas monedas si tendrian el valor por el que me las comprarian a mi e incluso mas, pero no es lo mismo comprar en lote que comprar de una en una, todo negocio se basa en el comprar mucha cantidad para que salga mas varato y poder vender luego con mejores beneficios.

como estoy en paro y no tengo cosa mejor que hacer tampoco se me daria mucho y seria una distraccion, ademas podria quedarme con las que mas me gustasen para mi coleccion.

Experiencia con la que cuenta:

Perdonad mi ignorancia nunca habia pujado en un sitio de estos, no sabia nisiquiera que se hacian estas subastas, he visto varias monedas romanas que me interesarian, pero supongo que luego subiran bastante el precio cuando empiecen las pujas, como se compra en este sitio he querido pujar pero parece que hay que registrarse antes.

la cosa es que parece que esto no es como ebay y no sabes si alguien ha metido una puja mas alta no, esque entonces no sabes si meter mas o no….. aqui parece que funciona de otra manera y tienes que meter directamente lo que tu pagarias por la moneda como mucho no…

Aunque no entienda mucho solo por estar como he estado tanto tiempo mirando precios por aqui y por alli, pues mas o menos se valorar cuando algo es varato.

alomejor se ha creado una burbuja engañosa en ebay con estas monedas y realmente estamos engañados los que nos basamos en ese mercado, yo por ejemplo llevo tiempo mirando en cuanto acaban las subastas de ebay y no pillas un denario por menos de 30 euros…

Por poner un ejemplo hice lo mismo con los canarios que son otra aficion que tengo, compraba lotes a 10 euros, me quedaba con los que me gustaban y los demas los vendia a 15, al final todos se vendian, unos tardaban mas que otros pero todos se vendian y el resultado era que los mios me salian gratis, aunque claro el coñazo de tener 40 bichos mientras se vendian eso no me lo quitaba nadie, pero los mas guapos eran para mi y gratis.

Cómo proporciona un valor añadido a sus cliente:

Aunque no tenga fama como vendedor puedo dar con cada moneda certificados que crearian esa confianza, al comprar en subastas te daran facturas que puedan utilizarse como certificados de procedencia que den confianza al comprador.

Cantidad invertida y capital disponible:

Entre unas subastas y otras por 13000 euros estoy pujando yo mas o menos en total…….
tampoco me hago muchas ilusiones, creo que no me voy a llevar casi nada, para que os hagais una idea tengo en el banco 1400 euros, para el que no se lo crea le mando escaneo de mi libreta

No os vayáis a pensar que desde que nos preguntaba si lo de las subastas numismáticas era igual que eBay hasta que nos contó lo que había pujado pasó mucho tiempo. De hecho, todo esto ocurrió en menos de una semana. Vamos, que una semana ha sido suficiente para que este hombre se entere de la existencia de subastas numismáticas y puje en ellas 13.000 euros, 10 veces más del dinero que tiene en la cuenta. El resto de foreros se llevaban las manos a la cabeza por cada mensaje que escribía y le explicaban que se estaba equivocando muchísimo y que así podría perder muchísimo dinero. Pero el colega hacía caso omiso a los consejos y sigue erre que erre con su plan: comprar a 15 para vender a 40, igual que hacía con los canarios.

Hay gente en el foro que le desea tener suerte y que no se lleve absolutamente nada, porque va listo si se cree que un particular novato puede vender al mismo precio que venden las subastas, que son de todo menos baratas. Yo en cambio creo que el problema no radica en haber pujado mucho, porque lo más normal es que se lleve muy pocas monedas, o incluso puede que ninguna. En mi opinión, su problema radica en que se cree que hay alguna posibilidad de comprar a 15 y vender entre 30 y 40 las baratas y entre 50 y 200 las caras. ¡Claro! Y por eso los cientos de miles de aficionados a la numismática somos todos gilipollas y seguimos levantándonos a las 7:00 todos los días para ir a trabajar cuando podríamos dedicarnos a vender denarios por 4 veces más de lo que los hemos comprado y multiplicar por 3 nuestro capital en unos pocos meses. ¡Qué mejor manera de acabar con la crisis en España que poniéndole a este hombre de ministro!

Yo lo que le deseo es que se lleve unos cuantos lotes. No demasiados, pero sí algunos. Que le salgan en total por 2.000 euros o así. Una vez que los tenga se dará cuenta de que no es capaz de venderlos más que por la mitad de lo que ha pagado por ellos. De esa manera perderá un dinero que le escocerá y le hará reflexionar. Quien no atiende a razones por las buenas lo acaba haciendo de forma dolorosa, siempre pasa igual. Pero, si tiene la desgracia de no llevarse nada, o peor aún que le salga su plan a pequeña escala, entonces es carne de cañón. No tardará en presentarse algún supuesto amigo para hacerle el timo de los denarios búlgaros*.

Básicamente esto es como si me siento yo un día a jugar al poker con profesionales, me enseñan las reglas y como son reglas sencillas y las entiendo rápido pongo encima de la mesa 1.000 euros para empezar a jugar. Los otros jugadores se estarán rifando a ver quién me despluma, y lo normal es que los 1.000 euros me duren en la mano un cuarto de hora. Pero si por casualidad gano la timba y salgo de allí con 6.000 euros y una golfa de cada brazo, a la siguiente me pensaré que eso es un chollazo y volveré con 50.000 euros, así que la pérdida será mayor.

Por cierto, cuando le dije que nos mantuviera informados de sus resultados y que con gusto escribiría una entrada al respecto me dijo lo siguiente:

…. alomejor la entrada la haces poniendo como un novatillo se hizo su coleccion gratis, compraba lotes de 30, se quedaba con las 5 que le gustaban y vendia las otras 25 por el triple de lo que se habia gastado jajajaja, nunca se sabe hombre.

Las tres preciosidades de monedas que ilustran la entrada son un dragma de oro de Siracusa de época púnica, un aureo de Julio César y otro aureo de Adriano. Las tres son de la próxima subasta de Lanz.

*”El timo de los denarios búlgaros” será el título de la próxima entrada.

En el blog se ha debatido largo y tendido sobre si se puede entender la numismática como una inversión y si ésta es rentable. Tras algunas entradas (una y dos) dedicadas al tema, creo que quien vea la numismática exclusivamente como un mercado en el que obtener beneficio económico lo mejor es que se retire y se dedique a otros mercados en los que sacará más dinero. Pero hoy quiero incidir en un caso muy particular: las inversiones en piezas realmente raras o de una calidad asombrosa. ¿Son rentables esas inversiones?

El consejo que suelen dar los comerciantes y también muchos aficionados es que se compren monedas de calidad, aunque ya di mis motivos por los que seguir esa práctica no es necesariamente una buena idea desde el punto de vista económico. De hecho, en mi opinión en muchos casos ese consejo atiende fundamentalmente a un conflicto de intereses entre el que quiere vender la moneda y el que la quiere comprar, puesto que comprando moneda de calidad se suelta más dinero y el comerciante, por lo general, gana más. Pero aquí no vamos a hablar de monedas de calidad, como puede ser un duro de 1871 (18-73) o un sestercio de Nerón curioso, aquí hablamos de monedas realmente raras, únicos ejemplares o los mejores conservados de su tipo. Esas que las mejores colecciones desearían tener.

Vamos a poner un ejemplo muy muy raro: un cuño castellano medieval. Antonio Roma, en su libro “Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media” indica que sólo hay un ejemplar conocido y está en manos privadas. Así pues, ¿cuál es el precio de ese cuño? ¿1.000 euros? ¿10.000 euros? ¿100.000 euros? ¿1.000.000 euros? Si decíamos que las monedas raras tienen precios muy volátiles, os podéis imaginar que una pieza única en su especie y que además nunca ha sido subastada tiene un precio extremadamente volátil.

Imaginaos que, por lo que sea, un comerciante se hace con ese cuño y se le convence a Enrique de que lo compre por 50.000 euros, precio que a mí me parecería razonable. El argumento que le da el comerciante para comprarlo es el siguiente: “es un ejemplar totalmente único. Ahora vale 50.000 euros, pero en cuanto esté en tus manos costará lo que tú quieras porque serás el único que lo tenga. Si aparece un ricachón caprichoso y quiere añadir a su colección un cuño medieval le podrás pedir lo que quieras por él, quizá cuatro veces más de lo que tú has pagado”.

El argumento parece razonable, pero hay una cosa que falla: ¿cómo sabe el supuesto “ricachón caprichoso” que Enrique tiene ese cuño? ¿Acaso se va a anunciar? Justamente ahí es donde está el truco y es lo que va a hacer a Enrique perder dinero. Evidentemente, el ricachón no sabe ni siquiera de la existencia de ese cuño, y ningún comerciante va a decir a Enrique a quién vendérselo por cuatro veces más de lo que él ha pagado.  Más que nada porque si supiese quién lo pagaría más caro no se lo vendería a Enrique.

Ahora imaginémonos que Enrique, una vez que lo ha comprado, quiere venderlo. ¿A quién se lo vende? Hay muy poca gente que estaría dispuesta a soltar más de 50.000 euros por una pieza española, y conocer a esa gente es justamente lo que hace que un profesional pueda ganar dinero donde un aficionado no puede.  De hecho, Enrique no conoce ni siquiera a quién le pagaría 20.000 euros por ella. Bueno, sí que conoce a alguien: los museos públicos o las fundaciones privadas; pero para que esos te compren algo hay que tener contactos muy altos y hay que poder responder a los favores, algo que Enrique no tiene ni puede tener. Así pues, sólo quedan dos opciones: o se vende el ejemplar a otro comerciante o se subasta.

Cuando un comerciante compra una pieza de tal rareza lo que quiere es ganar dinero. Y ganar dinero él, porque las facturas no se pagan solas y su familia come de ello. Así pues, y teniendo en cuenta que el comerciante sabe perfectamente que Enrique no conoce a quién poder vender la moneda, el comerciante le ofrecerá a Enrique en torno a un 20% de lo que él pueda sacar en la venta. Es decir, que si él estima que otro coleccionista que él conoce se la puede comprar entre 35.000 y 70.000 euros, le ofrecerá a Enrique 10.000 euros por ella. Si os parece poco pensad varias cosas: el comerciante tiene un conocimiento muy escaso (contactos que se la puedan comprar) y ese conocimiento hay que pagarlo; además, es posible que él no lo sepa, pero conozca a otro comerciante que sí, y tenga que repartir el beneficio con él; por último, no deja de ser arriesgado, puesto que si no encuentran comprador quizá tenga que retener la pieza durante meses o años, y un comerciante necesita dinero líquido para manejarse.

La segunda opción sería subastar la moneda y que se la lleve el que más puje. La casa de subastas no está ahí para incluir el cuño de Enrique en su catálogo y no sacar ni un duro de él, lo que quiere es que se venda, así que le pondrá un precio de salida muy bajo. Luego puede ocurrir que apareciesen dos coleccionistas caprichosos y se picasen pujando; pero es muy raro que pase. También puede ocurrir que haya una remate “razonable” (digamos entre 20.000 y 40.000 euros) y Enrique reciba lo del remate menos lo que se lleva la casa de subastas. Por último, también puede ocurrir que se lo lleve el mismo comerciante de antes por los 10.000 euros que estaba dispuesto a pagar y Enrique se lleve un 36% menos de lo que le daba en privado. Sólo en el más raro de los tres casos Enrique ganaría dinero; lo normal es que lo pierda. Y bastante.

De igual manera que he puesto ese ejemplo, puedo poner el duro siguiente, que se remató en Vico por 12.500 euros hace ya dos años:


Una preciosidad de duro, posiblemente el mejor ejemplar que se conozca. Pero si lo tuviese en mis manos me costaría encontrar quién me lo comprase por 2.000 euros.

Para finalizar quisiera incidir en un pequeño consejo que di hace un tiempo: “compra sólo las monedas que seas capaz de vender por el mismo precio a medio plazo”. Está claro que hay que saber mucho para poder manejarse con piezas de semejante rareza o de semejante calidad; para eso hay que ser, como mínimo, un comerciante profesional.

El otro día escribí una entrada sobre la arrogancia como estrategia de márqueting, incluyendo algunas experiencias personales que fueron completadas por las experiencias que otros compañeros incluyeron en sus comentarios. Parece que todos estamos de acuerdo en que muchos comerciantes numismáticos en España no se caracterizan precisamente por su humildad, y muchas veces el trato al cliente llega a ser desagradable. También parece generalizada la opinión de que si un comerciante cuida al que empieza y le asesora correctamente, es muy probable que ese aficionado siga siendo su cliente según vaya aprendiendo más y se vaya metiendo en monedas más caras. Pero ¿realmente es así? Sinceramente, yo tengo serias dudas de que asesorar al cliente sea una buena estrategia comercial.

Os pondré un par de ejemplos:

El otro día me acerqué a Bath (os comentaré la visita con más calma en otra entrada) y allí me encontré en un mercadillo un tenderete de té. A mí me encanta el té inglés (junto con la parstinaca es lo único que me gusta de la cocina inglesa que no tenemos en España) pero soy un auténtico novicio y no sabría decir qué té me gusta más que otro. El tendero al verme me dedicó unos cuantos minutos y estuvimos charlando sobre té. Resulta que su familia lleva tres generaciones dedicándose a la venta de té, así que os podéis imaginar que sabía una barbaridad. Me sacó un montón de variedades diferentes para que las oliera y me estuvo explicando cómo se hacen los diferentes tipos de té para poder extraer bien todo su sabor. Aprendí un montón.
Como el precio era razonable, le compré una caja para probarla y quedé con él en que si me gustaba le compraría más porque vende a través de Internet (ésta es su web) y me lo puede mandar tanto a mi dirección en Inglaterra como a España. Conmigo se ganó un cliente y pienso comprarle de forma habitual (el té que me vendió está buenísimo).

En Valladolid hay una tienda de juegos de rol y frikadas variadas. A mí no me gustan ese tipo de juegos, pero suelo regalar juegos de mesa o juegos de carta sencillos porque son regalos baratos, socorridos y originales. Al tipo de la tienda le considero tanto un experto en juegos como un enamorado de los mismos. Es impresionante: sabe jugar a todos los juegos que tiene en la tienda, y no habrá menos de 200, algunos con una temática muy compleja. Le das un presupuesto de 10 euros para arriba, le dices el perfil de la persona a regalar y te saca tres juegos que encajan. Yo he probado para regalar a un niño de 5 años, a una chica de 14, a una mujer de 30… siempre he acertado. Además, el tipo monta campeonatos y tiene mesas donde los frikis de Valladolid van a jugar o a pintar sus miniaturas. Si tienen alguna duda o quieren algún consejo, ahí está él para atenderles. Pero lo que me sorprendió es que tiene un cartel que pone: “Si juegas en mi tienda ¿por qué no compras en mi tienda?”.

Son ejemplos bastante sencillos de un cliente que valora el asesoramiento. Va a comprar un producto y como ve que el asesoramiento es muy bueno no se anda con historias de regateos ni piensa si en un supermercado va a sacar el mismo té 20 céntimos más barato o el juego por 2 euros menos. Si lo he escrito bien, seguramente estaréis pensando en situaciones en las que vosotros mismos habéis actuado de forma semejante y habéis valorado el asesoramiento. Ahora es la pregunta dura: ¿esas situaciones son a la hora de comprar una moneda?

Personalmente, me he encontrado con muy pocos coleccionistas que realmente valoren el asesoramiento. No hay más que ir a un mercadillo y ver al personal dando conversación a los comerciantes y éstos intentando quitarse a esos “moscones” de encima. Unos pueden decir que los comerciantes son unos tal y unos cual, pero si lo pensamos dos veces es normal: ellos no están en el mercadillo para pasar la mañana, ni para hacer amigos ni porque les guste la numismática. Los comerciantes profesionales están para ganar dinero, más que nada porque su familia no vive del aire y porque su negocio tiene unos gastos todos los meses. Así pues, si alguien va un día, le explica cosas, le responde a sus dudas, le intenta orientar y luego el cliente se va sin comprarle nada, es normal que al día siguiente (o al siguiente) no quiera ni dirigirle la palabra. ¿Para qué va a asesorar a una persona que no valora su asesoramiento? ¿Para qué va a estar orientando a un tipo que luego se va a comprar las monedas a otra gente porque se las ponen un poco más baratas? ¿O es que también tiene que poner un letrero como el de la tienda de juegos?

Entonces aquí es donde yo hago la crítica a los aficionados: si valoras el asesoramiento, compra a quien te asesore, y si no lo valoras no te quejes de que no te asesore nadie porque no lo estás incentivando. De igual modo, si a priori estás pensando en que no le vas a comprar a un vendedor, no le hagas perder el tiempo porque él está trabajando. Me imagino que muchos profesionales hayan salido hartos de la situación y de dar explicaciones de más a quienes no les dejan un duro (por no hablar de casos como éste y éste) y su reacción sea centrarse en los aficionados que vengan ya aprendidos y que me dejen dinero de verdad. No digo que sea una buena estrategia, pero desde luego es mejor que la de perder el tiempo con quien no les compra ni una pieza.

No quisiera que veáis esto como una crítica a los lectores del blog. Si bien es cierto que vendo alguna que otra moneda que tengo repetida o que he comprado en un lote y no me interesa, no soy ningún profesional ni pretendo ganarme la vida con esto. Me considero un aficionado más y estoy en la numismática porque me gusta. De hecho, aunque el blog tiene bastantes visitas no tiene ningún tipo de publicidad porque su ánimo no es el lucrarme, sino que todos aprendamos con él. Al menos yo aprendo un montón.

Ahora os cuento una anécdota final:

Hace unos cuantos meses leí en el foro de Imperio Numismático a un usuario que estaba buscando unas carteras PROOF por unos 220 euros. Yo las tenía y le escribí un mensaje diciendo que se la dejaba en 200 euros. Entonces va el amigo y me dice que si yo se la dejaba en 200 euros seguramente la podría encontrar un 20% más barata en una casa de subastas, que es de donde sacaba yo las monedas según había leído en el blog.

No voy a hacer comentarios sobre la ignorancia del colega porque darían para otra entrada (básicamente porque las casas de subastas son de todo menos baratas), pero la cuestión es la actitud que presenta. Parece que me está llamando gilipollas justamente por asesorarle gratuitamente. Estoy seguro que más de un profesional de los que ofrecen asesoramiento “gratuito” se ha sentido así alguna vez.

Las monedas de la entrada son tres tipos diferentes de los 10 céntimos de la Segunda República Francesa. Se van a subastar en la casa Monnaies d’Antan y salen por 150, 150 y 120 euros respectivamente. Los 10 céntimos franceses del siglo XIX están entre mis series favoritas.

…pero os dejo un excelente reportaje sobre el oficio de grabador en la FNMT que me he encontrado por aquí.

PINCHA AQUÍ PARA VERLO

Una vez visto a nadie le quedarán dudas de que una moneda también es una obra de arte.

Para los que todavía no se hayan enterado, tengo una estupenda noticia: el blog de Carlos ha vuelto a abrir sus puertas y lo volvemos a tener dentro de los “blogs vivos” de la pequeña blogsfera numismática en castellano. Para quien no se haya pasado por ahí todavía recomiendo encarecidamente que cuando saquen un rato se paseen por el blog porque contiene unas reflexiones muy interesantes. La primera entrada de la nueva temporada de Blogpolis la ha dedicado a una discusión muy interesante que nació a partir de mi entrada sobre monedas expoliadas. Ahí ha dado Carlos su punto de vista, y como creo que el tema tiene interés, y como también me gustaría saber la opinión de nuestros lectores y comentaristas habituales (y los no habituales, por supuesto), pues aquí continúo yo con el debate.

Carlos parte de que en España nos movemos en un inaceptable marco en el que la administración colectiviza el Patrimonio y parece que es la “única responsable legítima” de su estudio, su conservación y su posesión. Esto es algo que Carlos considera “inaceptable” y a partir de ahí realiza una crítica interesante y propone unas reformas legales y unas modificaciones de la actitud de la administración que se dirigirían a que los ciudadanos también fuesen responsables de la conservación del patrimonio histórico. Ante esto, tengo que decir que estoy de acuerdo en casi todas las propuestas que hace y creo que darían buenos resultados, pero yo no veo con malos ojos que sea la administración la principal responsable de la conservación del patrimonio histórico.

Eso es una simple y llana forma de ver las cosas. Yo en temas de sanidad, educación y cultura me considero un férreo defensor de lo público (no así en otras cuestiones). En ese sentido, para mí en principio es una buena noticia que una moneda muy rara esté en manos públicas porque en cierta forma la considero “en parte mía” y tengo la esperanza de poderla disfrutar viéndola a través de la vitrina de un museo. Creo que esta visión es bastante compartida en España (no sé en el resto de Europa), pero en otros países, como EEUU, se suele considerar una mala noticia. Oyes a gente decir que “de esta moneda se conservan cuatro ejemplares y uno está en un museo público” y lo consideran una “oportunidad perdida”, como si fuese un desperdicio.

Pero justamente está en ese sentimiento de propiedad (no privada, pero propiedad) lo que hace que me implique en la conservación de ese patrimonio y de que tenga conciencia de él. Lo considero en parte mío, o mejor dicho nuestro. Por poner un ejemplo, si me entero de que El Prado se está inundando dejo lo que tenga que hacer y me voy a achicar agua. Pero, sinceramente, no sé si mi visión es compartida por el grueso de la sociedad. No sé si a mi vecino del segundo le importa cómo esté conservado el cuadro de El Martirio de San Sebastián, de El Greco, que tenemos en Palencia y que yo estuve veinte minutos mirando la última vez que visité el museo de La Catedral. Es el cuadro de la imagen.

Justamente ahí es donde puede engarzarse la polémica: a mi vecino le da exactamente igual porque él ni lo valora ni es consciente de que el patrimonio artístico e histórico hay que conservarlo. Lo más peligroso de esta actitud es que si no valoramos esa conservación y los estudios que se realicen a partir de esas obras no vamos a pedir cuentas a la administración de lo bien o lo mal que lo hayan hecho. Y si no pedimos cuentas a la administración, al final ésta recortará presupuestos y ni se estudiará ni se conservará el patrimonio. En cierta medida eso está pasando, y son muchos los museos que tienen enormes cantidades de bienes históricos en sus fondos amontonados, sin estudiar y vaya usted a saber de qué manera.

Hasta ahí estoy de acuerdo: es algo en lo que se debe mejorar y para ello hay que concienciar a la sociedad. Entonces es cuando viene Carlos (y no es el único), y dice que si la manera de concienciar es hacer a los ciudadanos partícipes de la posesión, el estudio y la conservación del patrimonio. “Tenemos derecho a poseer un denario de Caracalla, por poner un ejemplo”, dice. Y cree que es la propia administración, con su ánimo acaparador la que está poniendo trabas a la sociedad en tomar esta responsabilidad. Esto me recuerda una frase que oí hace un tiempo: “prefiero que mi colección se subaste y las piezas las disfrute quien más las valore a que esté en un museo bajo la mirada de quien pasa por ahí”.

Justamente en eso es donde discrepo. Lo primero es que no creo que tengamos derecho a tener un denario de Carcalla. A lo mucho tendremos derecho a poder tenerlo, que es distinto. Después, no creo que sea necesario fomentar la propiedad privada para que haya más conciencia social al respecto. Como ejemplo, yo no poseo ningún cuadro pero me dolería en el alma si algo le pasa algo al siguiente Desnudo Acostado, de Modigliani (la siguiente imagen), o a la muralla de Lugo. Lo que hay que fomentar es que se valore y que se estudie el patrimonio artístico e histórico, y que eso no quede en manos de unos cuantos “técnicos” y “profesionales” con grandes conocimientos, sino que seamos todos los que podamos disfrutar del conocimiento generado y (¿por qué no?) de generar conocimiento. Es algo que no va a ser económicamente reentable, pero no por ello hay que dejar de hacerlo. Si dividimos el coste de hacer cualquier investigación histórica entre los posibles lectores que la disfrutan nunca nos saldrían las cuentas, pero es la única manera de que el conocimiento vaya avanzando.

Luego hay otra crítica y es que la administración muchas veces no cuida bien del patrimonio, en cambio el que se gasta el dinero en él se preocupará por su conservación. Yo no estoy del todo seguro. Bien es cierto que la administración, bien por falta de fondos o bien porque los fondos se destinan a otras partidas, podría cuidar mejor el patrimonio. Ya he comentado que hay mucho sin siquiera haber sido estudiado, y no hay más que ver cómo están los conventos desamortizados a la Iglesia en el siglo XIX para darse cuenta de que la gestión es muy mejorable. Pero al menos a la adminitración la sociedad se puede quejar.

Se ha robado el Códice Calixtino y la sociedad se ha quejado y todos nos hemos llevado las manos a la cabeza de la falta de seguridad. Por mi parte que a los responsables se les ponga una pena severa. Pero si ese mismo libro estuviese en manos privadas y el dueño lo tirase a la hoguera, todos habríamos perdido algo pero no nos podríamos ni siquiera quejar. ¿Creéis que estoy diciendo una tontería? ¿Creéis que nadie en su sano juicio se gastaría un dinero en un bien histórico para después destruirlo o conservarlo fatal? Pues estáis equivocados. Ryoei Saito se gastó 82,5 millones de dólares en 1990 en el cuadro “El retrato de Dr. Gachet“, de Van Gogh (el que pongo abajo) y dejó muy claro en su testamento que cuando muriese quería que su cuerpo se incinerase junto a su Van Gogh, que era su propiedad más preciada. No es el único ejemplo, tenemos a quienes guardan un Picasso en un lugar tan húmedo como un yate y no falta la rama más ignorante de los empresarios españoles que tenían un Miró en su cuarto de baño.

No, la administración no es ninguna santa, pero tampoco se puede confiar en los criterios de una sola persona por mucho dinero que tenga. Quizá a mí me suponga más esfuerzo comprarme un duro de 1881 que a un cateto hijo de un emir comprarse un Dalí. Pero no por tener dinero va a poder hacer lo que le dé la gana con una pieza histórica. En este sentido, yo vería con muy buenos ojos que hubiese alguna ley internacional que obligase a quien posea ciertas piezas históricas, o cuya relevancia sea importante, su adecuada conservación.

Dicho todo esto, creo que hay algunos aspectos que se deberían mejorar por parte de los políticos. Y son cosas de bastante sentido común. Comento algunas:

La extracción de los bienes arqueológicos. Hay muchos pecios que se saben dónde están desde hace décadas y no se extraen por falta de presupuesto. Yo creo que es de bastante sentido común hacer lo que hacen los americanos: que sea una empresa quien extraiga las piezas y luego una parte va para la administración y otra para la empresa. Todos ganan y será mejor que esos bienes estén en manos privadas que no en el fondo del mar.
Canalizar la función de los museos. En este aspecto estoy totalmente de acuerdo con Carlos. Sobre todo en que los museos pequeños deberían centrarse en temáticas concretas y buscar su completitud.
La colaboración entre museos. Esto sé que es imposible porque se tocarían las “competencias”, y eso en este país está prohibido. ¿Qué sentido tiene que haya tantos cuadros de enorme calidad en los fondos de El Prado? ¿No se pueden “prestar” a museos pequeños como se hace con el de Badajoz? Eso es un simple ejemplo, pero ya me entendéis.
Permitir el acceso a estudiosos. El colmo de los colmos es que sea más fácil ponerse en contacto con un coleccionista privado y estudiar su colección que tener que pasar todo un infierno burocrático para poder estudiar una colección pública. Eso ocurre y no tiene ningún sentido.
– Obviamente, me encantaría que se declarasen más yacimientos de interés cultural y se estudiasen como merecen, pero para eso harían falta unas partidas presupuestarias muy grandes.

Hace muy poco que dediqué una entrada a la Colección Crusafont, donde unos cuantos compañeros llevaron a cabo un interesante debate sobre la historia medieval catalana y aragonesa, y ya tengo que dedicar otra entrada a otra subasta temática de Aureo y Calicó: la colección José Leunda.

Se trata de una colección de 650 duros españoles, acuñados tanto en cecas peninsulares como americanas y europeas (Países Bajos e Italia). También se incluyen algunos resellos ingleses sobre piezas españolas que resultan, cuanto menos, curiosos. Si tuviese que decir alguna época que esté especialmente bien representada sería el comienzo del siglo XIX. Se cuenta con una muy buena colección de duros de Fernando VII, sobre todo de la Guerra de la Independencia Española (si bien le falta el de 1810 IA) y de la Guerra de la Independencia de México. De esta última tiene ejemplares de todas las cecas, y algunas de ellas son muy raras, como la de Tlalpujahua.

Estoy seguro de que la subasta tendrá un enorme éxito porque a muchísima gente le gusta coleccionar duros de plata, y en este sentido son piezas muy comerciales. Cualquier comerciante y muchos coleccionistas (entre los que me incluyo) estará dispuesto a comprar prácticamente cualquiera de las monedas que se subastan. De hecho, creo que esta es justamente una de las ventajas de coleccionar duros: al ser piezas buscadas no será difícil vender la colección a buen precio en caso de necesidad o de que los herederos no se interesen.

No obstante, tengo que decir que de las colecciones temáticas que ha subastado Aureo y Calicó últimamente, ésta es la que menos me ha sorprendido. Aunque la calidad de las monedas es buena en general, apenas hay piezas de extrema rareza, que al final son las que hacen que se recuerde una subasta. Que no se me malinterprete: ya quisiéramos muchísimos coleccionistas tener en nuestra colección la cuarta parte de calidad que hay en la de José Leunda, pero no hay apenas monedas de las que se ven en subastas una vez cada 20 años, como había en la Colección Crusafont, Llorenç Balsach, Hispania, Caballero de las Yndias o Anastasia Quiroga. También aparecieron más rarezas en la Colección Extremadura, subastada el 29 de octubre de 2002 por Aureo y Calicó, y que creo que ha sido la última subasta monográfica de duros españoles hasta la fecha.

Queda por comentar algo que se preguntaba por aquí: José Leunda no es nadie famoso, simplemente es un particular que no ha querido preservar su anonimato y prefiere que la colección a subastar lleve su nombre. Esto no es algo muy común en España, donde se suele preferir poner un nombre histórico, pero en otros países como EEUU es algo muy normal. Una forma, como otra cualquiera, de pasar a la posteridad numismática en España. Yo como no tengo tanto dinero sólo puedo pasar a la posteridad con este blog 🙂

Antes de finalizar hay que decir que en Panorama Numismático también han comentado la colección. Como siempre hago, he subido todas las fotos para que os las podáis bajar de un tirón pinchando aquí. Las imágenes que ilustran esta entrada son dos de los duros a subasta. La primera son 8 reales de Lima del que sólo se conoce otro ejemplar, la segunda es un ducatón de Amberes de 1703 (la estética de los ducatones me parece preciosa, habrá que dedicar una entrada a ellos un día de estos).

Una de las características que más detecto entre los comerciantes numismáticos españoles (no tengo experiencia en otros países) es su falta de humildad. Como pasa siempre, no es que se pueda generalizar, porque me he encontrado comerciantes que no son nada arrogantes, pero como norma general creo que es una característica bastante compartida. Como ejemplo, os indicaré tres experiencias que me han pasado a mí mismo.

VENDEDOR 1:

Un día, estando en el mercadillo de Madrid me puse a hablar con un comerciante al que catalogo de entendido y envidiado. Al decirle que estaba buscando sobre todo monedas de Franco me dijo que él era el más entendido en la numismática franquista de toda España. Y que de la moneda que estaba buscando yo (1 peseta de 1953 (19-61)), él tenía 17 cartuchos en casa. Para quien no se haga una idea, cada cartucho puede costar perfectamente 1.500 euros.

Un par de años más tarde, con ese mismo vendedor en el mismo puesto del mismo mercadillo, le compré un libro y hablé un poco con él, diciéndole que tengo un blog en el que cuento “cosas sobre numismática”. Él no sabía lo que era un blog, pero como era algo relacionado con Internet me dijo que tengo que conocer su web (no voy a poner cuál es) porque es “la primera web de numismática de España, porque la abrió en el año 1998” y que “desde entonces ha tenido 125.000 visitas”. Concluyendo que “eso sólo lo tienen las casas de subastas más importantes”. Para que os hagáis una idea, últimamente éste blog tiene 25.000 visitas al mes, así que en 5 meses tengo tantas visitas como este hombre en 13 años, y eso sin realizar en el blog ninguna estrategia para maximizar visitas. Cuando le comenté que lo mío es diferente, que yo no vendo nada y sólo escribo cosas que creo que interesan a la gente, me dijo con cierto tono despectivo que “eso es para quien tiene tiempo”.

VENDEDOR 2:

Cuando empezaba en esto de la numismática me acerqué un día al despacho de un profesional muy conocido en España. Estuvimos hablando un buen rato y yo salí de allí con los ojos como platos. Me enseñó piezas de oro que no había visto en la vida, duros de plata en perfecto PROOF (pocos así he vuelto a ver). Simplemente le compré un par de duros de plata que me costaron 35 euros, lo cual es todo un desembolso para un estudiante sin más ingresos que su propina. Pero salí con la idea de que yo estaba 10 divisiones por debajo de aquel hombre, que él sabía muchísimo más que yo y que estaba acostumbrado a hacer transacciones de miles de euros a diario.

Años más tarde fui a su despacho a comprarle un par de columnarios, y ya que estaba allí le compré otro par de piezas y en total pasaron de mi bolsillo al suyo unos 600 euros. En la conversación él me seguía haciendo ver que aquello eran poco más que baratijas, nada importante. También me ofreció otra pieza de más precio y le dije que no porque acababa de hacer “una compra importante”. Me preguntó que de cuánto y le dije que de 4.000 euros. “¡Hombre! ¡Yo pensaba que me ibas a decir que habías comprado 50.000 euros en monedas o algo así!”, respondió.

VENDEDOR 3:

En el mercadillo de Madrid me acerqué a un vendedor y le pregunté cuánto costaba una peseta de 1905 con ambas estrellas pero en calidad BC+. Me dijo que 400 euros, a lo que yo le devolví la moneda y le dediqué una mirada inconsciente. “No me mires con esa cara, que hay monedas que valen 1000 euros y más”, me dijo, haciéndome de menos delante de sus otros clientes. Mi respuesta fue que yo tengo monedas que valen más de 1000 euros y que si una moneda vale 400 euros no me importa pagarlos, pero que yo tengo una peseta de 1905 con ambas estrellas y mejor que esa y si quiere se la vendo por la mitad. Su respuesta la dijo bien alta para que le oyeran el resto de los clientes: “¡Ahora me vas a venir a enseñar a mí! ¡que cuando estabas naciendo yo llevaba 20 años vendiendo monedas!“.

A los dos primeros vendedores les considero buenas personas y profesionales honrados. Por eso les compro monedas de forma más o menos habitual. Pero desde luego la humildad no parece estar entre sus virtudes, y la razón es que esa aparente arrogancia no es más que una estrategia de márqueting. Me explico:

Lo que ambos vendedores intentan hacer (claramente uno mejor que otro) es que el cliente les admire. Si el cliente les considera “expertos” y que están “muy por encima de él” no pensarán de forma crítica lo que ellos le digan. Es el mismo motivo por el que el pueblo llano no rebate los argumentos de los físicos teóricos (aunque muchas veces ellos no tienen ninguna evidencia física para apoyarlos): simplemente consideramos que para poder discutir hace falta saber mucho más de lo que sabemos. Pues aquí lo mismo pero con dinero por el medio. Así, el día que un vendedor le diga a uno de sus “clientes admiradores” que comprar cierta pieza por 500 euros es un chollo, su cliente se lo creerá y posiblemente suelte el dinero.

Pero además, la actitud del segundo vendedor fomenta una práctica peligrosísima que ha hecho perder bastante dinero a muchos coleccionistas (y ganarlo a muchos comerciantes): nos creemos que el que más gasta es el que más sabe e incluso hay veces que parece que el que gasta más tiene derecho a mirar por encima del hombro al que menos gasta. Es muy curioso cómo en los mercadillos muchos chulean de las compras más importantes que han hecho y las repiten una y otra vez, simplemente porque se piensan que por tener 10 onzas de Carlos III son más listos que quien no las tiene. De eso hay muchísimo, y es un bucle que se retroalimenta: se chulea de las compras, se genera envidia en los que no tienen esas monedas, esa envidia genera una necesidad de compra que cuando se materializa pasa a ser un acto de chulería y vuelta a empezar. Así, ocurre que hay gente que por querer autocreerse buenos coleccionistas se meten en monedas de alta calidad sin conocerlas lo suficiente, y es entonces cuando pierden dinero.

Ya veis que con esta actitud la idea del comerciante es que siempre el coleccionista considere que ellos siempre están por encima y que siempre crea que para cuando el coleccionista va el comerciante ya ha vuelto. Cualquier cosa que haga o tenga el coleccionista, el comerciante lo va a echar por tierra. Da igual que la compra que le comenté al segundo vendedor fuese de 4.000 euros (estoy seguro de que el 80% de los aficionados nunca han gastado más de 4.000 euros en una sola compra), si hubiese sido de 40.000 él me hubiese dicho que pensaba que le iba a decir 500.000. Da igual que yo tenga una web de numismática, la suya es la primera, la que más visitas tiene y la mejor; y cuando es evidente que no es así lo desprecia diciendo que es “para gente que tiene tiempo” (como si atraer a 25.000 potenciales clientes al mes no mereciese parte de su tiempo).

El caso del tercer vendedor es diferente porque es el típico carero en busca de novatos a los que clavarles. Como sabe que no tiene razón no le queda otra que acudir al argumento ad hominem (en este caso aprovechando que soy joven) para que el resto de clientes no se den cuenta de qué clase de vendedor es. Cualquier persona que tenga una opinión propia no le interesa, sólo quiere a clientes ignorantes para poder engañarlos fácilmente. A esa gente mejor ni acercarse.

Voy a dedicar una entrada a los medios escudos por un motivo muy particular: me encantan los durillos. Ya sabéis que yo tengo cierta inclinación por El Centenario de la Peseta. Lo que no había dicho hasta ahora es que también me inclino por los duros peninsulares, tanto su versión en oro como su versión en plata (así que si alguno de mis lectores tiene alguno le recomiendo que me lo regale y así me motive para seguir escribiendo esta bitácora :p ).

Las monedas de medio escudo eran llamados generalmente “durillos” por el simple y llano motivo que equivalían a un duro, es decir a 8 reales, y eran más pequeños. En la entrada anterior ya dijimos que el cambio oficial en España entre el oro y la plata era de 1:16. Así pues, 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro y de la misma forma, medio escudo equivalía a 8 reales. Pero mientras que un duro de plata rondaba los 27,5 gramos y tenía unos 36 milímetros de diámetro, un medio escudo pesaba 1,7 gramos y su diámetro era de unos 12 milímetros. Está claro por qué la llamaban “durillo”.

Todos los borbones desde Felipe V hasta Fernando VII, excepto Luis I, acuñaron durillos en diferentes cecas españolas, fundamentalmente Madrid y Sevilla. En este sentido, Felipe V, Fernando VI y Carlos III acuñaron en Madrid y Sevilla, mientras que Carlos IV y Fernando VII sólo acuñaron en Madrid. Además, Fernando VII hizo monedas de medio escudo en dos cecas americanas: Lima y México. A esto sólo hay que añadir unos medios escudos creados en Mallorca por Carlos II y por Felipe V, que fueron los primeros en acuñarse y cuyos ejemplares son muy raros. José I no acuñó medios escudos, básicamente porque unificó el real como medida monetaria en España.

Como veis, el espectro de  los medios escudos está bastante acotado, lo cual es una ventaja para coleccionarlos porque hay pocas cecas y son piezas muy fáciles de identificar. Otra ventaja es que se hicieron muchas piezas, sobre todo si se comparan con otras monedas de oro peninsulares. Esto hace que su valor numismático no sea muy elevado en general (aunque claro que hay rarezas), mientras que al tener poco oro, su valor de metal tampoco es excesivo. Así, muchos de los medios escudos nos los podemos encontrar por menos de los 200 euros en una conservación MBC.

Hay que destacar que fueron monedas que circularon bastante (de nuevo comparándolas con monedas de oro de la época). Eso hace que aunque no sea difícil encontrar ejemplares en MBC o en MBC+, encontrárnoslos en EBC+ o en SC no es tan frecuente. La buena noticia es que su precio es calidades altas no es demasiado elevado. Un durillo que en MBC ronde los 150 euros nos lo podremos encontrar en EBC+ por unos 300. Esa proporción de 2:1 es muy baja si se comparan con otras series españolas, donde pueden ser 50:1 o incluso más.  No digamos nada si se compara con las series americanas.

Pero no todo son ventajas. La primera desventaja es que, al ser monedas tan pequeñas, hay que tener buena vista para apreciarlas. Una vez me dijo un numismático que esas eran monedas para gente joven porque tenemos buena vista, y que según nos hacemos mayores vamos prefiriendo las onzas. Puede ser. O también puede ser que muy poca gente joven es capaz de soltar 1000 euros por una onza de las baratas. En cualquier caso, yo prefiero 10 medios escudos que una onza, si me diesen a elegir.

La otra desventaja (y para esta hay que concienciarse a priori) es que son monedas que se han usado muchísimo para joyería. Con los durillos se han hecho botones, gemelos, anillos, pendientes… (hay que tener mal gusto para llevar un retrato de Carlos III colgado de la oreja, pero hay gente para todo). Por eso es muy normal encontrarse medios escudos agujereados o con soldaduras. Ver que alguien ha taladrado una moneda con la que sueñas para tu colección genera cierta frustración, así que estad preparados para ello si os queréis poner a coleccionar medios escudos.

En global, creo que son monedas asequibles para el público general. No digo que sean baratas y que nos podamos comprar medios escudos todas las mañanas como quien compra el periódico, pero pocas series permiten coleccionar monedas de oro en una calidad aceptable por unos 150-200 euros/pieza. Otras series que rondan esos precios son algunas árabes, pero esas son mucho más complicadas de comprender. Así que quien se vea atraido por las monedas de oro,  no cuente con un capital demasiado grande y tampoco quiera complicarse la vida, creo que los durillos son una buena serie para coleccionar. Con tiempo, paciencia y alguna que otra cualidad podremos acabar teniendo una colección de durillos más que aceptable, como la que se subastó en Aureo en diciembre de 2008, que contaba con 138 piezas.

Las monedas de las imágenes son mías. Lo del brillo original es lo que más me gusta del oro.