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Hace unos meses me levanté un día con ganas de profundizar sobre los métodos de graduación de monedas. Ya hemos hablado mucho sobre el asunto de la graduación, así que a estas alturas todos los lectores sabrán que la graduación de la calidad de una moneda es crítica a la hora de valorar y tasar monedas. Así pues, me puse a busca bibliografía sobre el asunto y compré toda la que encontré.

Pero, ¡oh sorpresa! ¡qué cosa tan extraña! Resulta que no hay ni un solo libro publicado en castellano sobre el asunto.  Todo lo que encontré está en inglés, la inmensa mayoría centrado en el mercado americano, que es un mercado muy diferente al español y que tiene ciertas particularidades que hace que no todas las lecciones aprendidas en esos libros se puedan transportar directamente a nuestra numismática. En general mi opinión sobre ellos es muy buena y creo que vale la pena estudiárselos para aprender a observar una moneda. Lleva tiempo, pero creo que lo merece ya que es una parte imprescindible del coleccionismo. Os dejo una breve descripción particular de cada uno empezando por los que menos me han gustado.

“NGC Grading guide for modern U.S. Coins”, de R.S. Montgomery y D.W. Lange

Este libro, aunque su título diga lo contrario, realmente no enseña a graduar monedas. Describe monedas de circulación y conmemorativas a partir de 1965, contando su historia y las características propias de cada tipo de monedas. Pero no hay una guía de cómo valorarlas ni tampoco muchas fotos que permitan comparar unas piezas con otras. De hecho, las fotografías brillan por su ausencia y todas son en blanco y negro.

Puede estar bien como introducción a la moneda actual americana, pero nada más. Por otra parte, está claro que se centran en los lectores novatos porque apenas hablan de monedas caras. Por último, al estar editado por NGC su visión es muy parcial.

“The official American numismatic association grading standards for United States Coins”, de K. Bressett

Este libro está bien, pero no lo considero ninguna joya. Da información útil para aprender a graduar monedas, pero no da demasiados detalles sobre en qué fijarte concretamente para cada tipo de moneda. Lo que más me gusta es la introducción, en la que explica de forma muy clara algunos conceptos que son muy útiles para quien comienza a coleccionar y para quienes ya llevamos unos años. Pero cuando se pone en materia da poco detalle sobre las monedas y las fotos que acompañan a las explicaciones son muy pobres y en blanco y negro.  Otra pega que se nota a lo largo del libro es que la ANA está detrás, y claro, es muy poco crítico con muchos aspectos del mercado y de las empresas de graduación. En algunos puntos parece que lo que intenta es convencer al lector de que no compre monedas sin encapsular.

“Grading coins by photographs”, de Q.D. Bowers

Un buen libro de 360 páginas a todo color en las que se detalla las características que debería tener cada tipo de moneda en cada uno de las graduaciones Sheldon que más se suelen encontrar. Además, en la introducción al libro se incluyen unas explicaciones muy interesantes que sirven para salvar de palos a más de uno. Por ejemplo, la idea de “tasaflacción” está tomada de ese libro.

Como contras se tienen unas fotografías que, aunque están a color, son bastante pequeñas y de no muy buena calidad. Además, en todas las monedas se pone una sola fotografía para los grados entre MS-60 y MS-70, cuando es justamente ahí donde más hay que incidir porque pequeñísimos detalles pueden hacer que el precio de la moneda se dispare. Por lo demás, es un libro muy interesante que no es muy caro y que merece la pena.

“The standard guide to grading British coins”, de D.F. Allen

Este es el único libro que encontré que no versaba sobre la numismática americana, sino sobre la inglesa, que en muchos aspectos es más semejante a la española. Se consideran los estados de conservación tradicionales, y no la escala Sheldom; además, no se da tanto la vara con el tema de la encapsulación y todo eso, que parece que los yankis no pueden dormir si no tienen las monedas certificadas.

El libro abarca todas las monedas desde 1779 a 1970 y muestra varias fotos a todo color para cada uno de los tipos y para cada una de las conservaciones consideradas. De esta forma se pueden apreciar muy bien los detalles que hacen que una moneda pase de VF a EF aunque no se sea un experto. Lo que menos me gusta del libro es que es muy parco en palabras y lleva hasta el límite eso de que “una imagen vale más que mil palabras”.  No vendría mal una pequeña introducción metodológica sobre cómo mirar las monedas o algo así.

“Making The Grade: A Grading Guide to the Top 50 Most Widely Collected US Coins”, de B. Deisher

Este libro enseña a observar monedas, algo que los anteriores realmente no hacen. Cuando digo que “enseña a observar” me refiero a que te da detalles muy concretos sobre en qué fijarte para cada uno de los tipos de monedas que muestra. Esto lo consigue porque para cada tipo de moneda enseña dos imágenes en las que se representan las zonas donde la moneda suele presentar antes el desgaste y la importancia que tiene una imperfección en cada zona de la moneda.

Estas dos ideas son muy importantes y aunque suenan lógicas realmente no son triviales: hay que fijarse en el desgaste de las monedas, pero unas zonas se desgastan más que otras (ya lo vimos con los 10 céntimos de 1870);  por otra parte, lo ideal es que la moneda no presente imperfecciones, pero si las presenta su importancia depende de la parte de la moneda en la que se encuentren. En estos dos conceptos profundiza mucho el libro y por ello me parece genial, me encantaría que tuviéramos uno semejante para la moneda española.

En cuanto a pegas, encuentro tres: el formato panorámico del volúmen, que lo hace muy incómodo; la introducción metodológica es demasiado escueta y sólo se tratan 50 tipos de moneda americana, ya se podían haber estirado y haber analizado todos los demás. De moneda de oro hay muy poco.

Us Gold Counterfeit Detection Guide (Official Whitman Guidebook)

Se trata de otro libro muy interesante para observar monedas, pero no se centra en la graduación de las mismas, sino en la detección de falsificaciones. Al principio dedica unas cuantas páginas generales sobre detalles que pueden tener las monedas que nos deberían hacer saltar todas las alarmas sobre su falsedad. Después describe cada uno de los tipo de monedas americanas de oro y muestra las monedas falsas que han encontrado para cada tipo, explicando que detalles casi imperceptibles permiten detectarlas. Además, la calidad de las fotos acompaña.
Lo considero un libro muy bueno para aprender a ver esos pequeños detalles que hacen sospechar que la moneda no sea buena. Lo malo es que sólo se centra en moneda americana de oro. Las cientos de monedas falsas que presenta son una base de datos muy interesante para empezar, pero claramente hay más falsificaciones que no vienen en el libro. Algunas de ellas se publican aquí.

“The Official Guide to Coin Grading and Counterfeit Detection” de J. Dannreuther y S.A. Travers

Éste es uno de los mejores libros que se han escrito sobre numismática sin ninguna duda. Es una auténtica clase magistral sobre coleccionismo numismático; dice cosas que todo el mundo debería saber y comprenderlas les salvaría a muchos de más de un palo. Se centra fundamentalmente en la graduación de monedas, aunque también dedica un capítulo a su manipulación y otras 100 páginas a la detección de monedas falsas americanas.

Para cada tipo de moneda americana se tienen varias páginas de descripciones detalladas con sus características propias y cómo suelen encontrarse en el mercado. De igual manera se indica en qué fijarse para detectar falsificaciones y, lo que es más importante, cómo se pueden obtener indicios de que la moneda es buena. Sinceramente este libro es auténtico pozo de sabiduría y un estudio obligatorio para los coleccionistas de moneda americana. Yo que no la colecciono he aprendido muchísimo de él.

Lo malo es que las fotos son en blanco y negro y en muchos casos tienen mala calidad. Además, el libro aparece como descatalogado. Supongo que no tarden en sacar una nueva edición, pero puede costar un poquito encontrarlo y quizá haya que pagar algo más de la cuenta. Yo lo busqué expresamente porque lo recomendaban los de The Coin Show Radio y me salió por 50 dólares o así, pero os aseguro que merece la pena la inversión.

La información que tengo en esta entrada proviene de Raimundo Palma, un coleccionista de euros que conoce bien estas piezas y que al parecer tiene una espectacular colección de euros. Ya sabéis que yo no colecciono moneda actual, pero sé que muchos de los lectores del blog sí, así que seguro que les viene bien esta información sobre los cantos de las monedas de dos euros, que sorprendentemente no es algo muy conocido.

Antes de nada hay que adelantar que las monedas de dos euros son las “más coleccionables” de todas las monedas de euro porque son las únicas en circulación que presentan motivos conmemorativos. Es evidente que si los motivos conmemorativos los ponen en las de dos euros en vez de en otras con menor valor facial es para que los correspondientes estados hagan más caja. No me parece mala política, pero me parece más inteligente lo que hacen en EEUU, y es fomentar el coleccionismo de monedas más baratas, como los State Quarters, demostrando que coleccionar monedas puede ser barato y enganchando al coleccionismo a miles y miles de personas que posiblemente en un tiempo vayan a por monedas más caras.

En cualquier caso, en Europa las piezas conmemorativas son de dos euros, y hay unas cuantas. Raimundo he preparado una recopilación de las mismas en una serie de ficheros .xlsx que os podéis descargar desde aquí: uno, dos, tres y cuatro. En estos ficheros tenéis un total de 129 descripciones de monedas de dos euros conmemorativas, indicando el país, la fecha de emisión, el tema, la tirada, la ceca, la marca de ceca y el dibujo en el canto. Muy completo, como podéis ver.

Además de estas 129 monedas conmemorativas hay que añadir las “normales” de cada año, que tampoco es que sean pocas. Y por último hay que tener en cuenta que hay dos tipos de cantos diferentes para cada una de las monedas de dos euros, al igual que pasaba con las monedas de 100 pesetas. Estas variantes de canto no son muy conocidas fundamentalmente porque en las carteras oficiales sólo viene una moneda de dos euros de las “normales” y no se hace explícito en muchos catálogos que haya dos variantes diferentes; además en los álbumes generalmente no hay más que un hueco para las monedas de dos euros.

Una descripción detallada de cómo diferenciar ambos tipos de cantos nos la da Raimundo en este otro documento y en este hilo. Es bastante fácil diferenciarlos, hay que hacer lo mismo que con las 100 pesetas: las ponemos con el anverso (o reverso) boca arriba y nos fijamos en la dirección de las letras y estrellas que aparecen en el canto. Para la mayoría de los países (los que no tienen una leyenda) se tendrán los dos tipos de cantos que se ven en las siguientes imágenes.

Así que realmente en lo que hay que fijarse es la orientación de las estrellas la izquierda y a la derecha de los dígitos. Parece un lío pero es sencillo, si cogéis unas monedas de dos euros de vuestro monedero y os fijáis en seguida dais con la diferencia.

Por último quisiera decir que animo a todo el que le gusten los euros a coleccionarlos, pero como simple y llano divertimiento. Si os lo tomáis como una inversión cuidado no os pase lo mismo que a Roberto.

La imagen que ilustra la entrada está tomada de Wikipedia. Una vez le enseñé una semejante a un colega al que no le gusta la numismática y me dijo: “Yo hubiera pintado igual al rey”.

 

P.D.: aprovecho esta entrada, que comparte recursos generados por otros compañeros, para compartir el “Glosario Numismático Numisma“, escrito por Enrique Rubio Santos. Tenéis más de 4000 definiciones, muchas de ellas acompañadas de fotografías, en 462 páginas. Una pasada. Os lo podéis descargar de aquí. Por cierto, que yo me enteré de este magnífico glosario gracias al blog de NumisNati, que hacía mucho que no publicaba nada y hace unos días incluyó tres nuevas entradas. A ver si puede ser que Natalia nos siga deleitando con sus escritos.

En el Foro de Imperio Numismático hemos tenido estos días un interesante debate sobre la utilidad de los precios marcados en los catálogos. La opinión que yo defendía ya os la podéis imaginar los que seguís el blog habitualmente: esos precios no sirven para nada.

Los argumentos que proporcionaba son los que suelo dar siempre: el precio de mercado varía y el del catálogo no, hay muchos detalles que afectan al precio de la moneda y en el catálogo no se indican y, sobre todo, que son los editores los que ponen el precio que les conviene. No obstante, Rubén (a quien tengo una enorme estima) defendía la idea de que los catálogos dan a los principiantes una primera estimación del precio de las monedas y que, aunque no sean la mejor fuente, para empezar no está mal.

Según avanzaba la conversación, estas dos posturas se iban acercando, también con ayuda de gogol13 y de divx2k3. La técnica de divx2k3 era interesante: lo que hace es seguir las monedas que le interesan en eBay y una vez que ha visto cómo se rematan unos cuantos ejemplares, se puede hacer una idea del precio de la pieza. Esta técnica tiene el enorme inconveniente de que, como comentó Luis, muchas veces los precios de las subastas de eBay no son reales. No obstante, para ciertas monedas (como los euros) podría valer. Yo hago algo parecido pero en subastas oficiales, lo cual tiene sus ventajas.

Pero Rubén seguía sin estar satisfecho con nuestros argumentos y seguía subrayando que, en ciertas ocasiones, los catálogos pueden ser de ayuda. Esas ocasiones son, por ejemplo, cuando alguien no es experto en una serie concreto y/o cuando las monedas son baratas, puesto que no se subastan monedas que valgan dos euros. Ciertamente, al final tuve que dar a Rubén su parte de razón. El siguiente párrago lo escribí aquí:

“Para saber tasar monedas hay que ver precios de esas monedas. Muchos precios. En el catálogo se indica UN precio, pero el catálogo no es ninguna autoridad. Evidentemente, es mejor tener un precio que no tener ninguno, pero con un solo precio poco hacemos. Podemos ir al mercadillo de nuestra ciudad y veremos más precios, pero el mundo es mucho más grande. También podemos ver los precios en eBay, pero todos sabemos las desventajas que tiene eBay en cuanto se venden monedas de calidad. También nos podemos dedicar a ver los precios que ponen los profesionales en sus webs y los aficionados que vendemos alguna moneda para pagarnos la colección. También podemos ver los remates de las casas de subastas…. Si vemos todo eso al final veremos muchos precios. Con ellos podremos tener un algoritmo que nos sirva para tasar las monedas y ver hasta dónde estaríamos dispuestos a pagar“.

Rubén se mostró totalmente de acuerdo y concluyó con lo siguiente:

“Es mejor tener un precio que ninguno, es conveniente empezar con un catálogo con el que aprender a ver la tasación de monedas pero hay que recordar siempre que es un precio que en ningún momento es un estándar y nos vamos a encontrar con variaciones. Aprender a jugar con ellas es lo que hace la experiencia“.

Así pues, creo que queda claro que los precios de los catálogos pueden ser útiles pero hay que tomarlos con cudado y, sobre todo, entender que no son una autoridad. Es un precio, de los múltiples que pueden tener los ejemplares de ese tipo de moneda. Tomar los precios de los catálogos como autoridad y creerse que lo que dicen los editores va a misa es algo que ha hecho mucho daño a la numismática, e incluso ha obligado a algunos autores a inventarse precios de las monedas que están en sus catálogos cuando son compendios históricos.

Otro consejo más que también salió en la discusión: si os encontráis al clásico vendedor de chatarra que saca el catálogo de los Hermanos Guerra y os pone las monedas al precio de ese catálogo le decís de mi parte que primero os venda un duro de 1871 (18-73) en calidad sin circular al precio de ese catálogo y a partir de entonces os creéis los precios del catálogo.

Finalmente, quisiera remarcar la conclusión epistemológica del asunto: para aprender hace falta no creernos que tenemos toda la razón del mundo y siempre hay que dialogar, debatir y buscar un consenso. Es la forma más rápida, divertida y aficaz de aprender. Por otra parte, no hay que creer en las autoridades y siempre hay que mantener una postura crítica, es la única forma de que avance el conocimiento. Una de las causas principales de por qué avanza la ciencia tan rápido es porque no hay una autoridad clara, no hay nadie que pueda decir: “Esto es así porque lo digo yo” o “Esto es así porque siempre ha sido así”. No, los científicos son (¿somos?) críticos por naturaleza, y es justamente adquirir esa capacidad crítica uno de los aspectos más costosos cuando se quiere ser científico. En la numismática igual: siempre hay que mantener una postura crítica venga la afirmación de quien venga. Evidentemente unos tienen más peso que otros y no es lo mismo que yo diga que tengo un duro de 1871 (18-72) a que lo diga Cayón. Pero nadie está libre de equivocarse, y al parecer hasta Gemini y NGC se pueden equivocar.

Fernando Álvarez Burgos es uno de los autores con más prestigio en lo que a numismática española se refiere. Editó en 1988 una colección en seis volúmenes de la moneda española. A saber:

VOL 1 “La moneda Hispánica. Desde sus orígenes hasta el siglo V”

VOL2 “Acuñaciones previsigodas y visigodas en Hispania. De Honoro a Achila II”

VOL3 “Catálogo de la moneda medieval castellano-leonesa. Siglos XI al XV”

VOL4 “Catálogo de la moneda medieval catalana y de los reinos de Aragón, Navarra, Valencia y Mallorca. Siglos VIII al XVI”

VOL5 “Acuñaciones de los Reyes Católicos y de la casa de los Austria (1475-1699)”

VOL6 “Acuñaciones de la casa de Borbón. De Felipe V a Isabel II”

VOL7 “La peseta. Como unidad monetaria nacional (1868-1987)”

Desgraciadamente, todos estos libros están descatalogados a excepción del primero, del que recientemente ha habido una re-edición y es muy fácil de encontrar. Pero aquí vamos a hablar del tercer libro, el dedicado a la moneda medieval castellano-leonesa, cuya última edición es de 1998 (editado por Vico y Segarra) y ya lleva tiempo descatalogada.

La mejor prueba para adquirir este volúmen es que es el que usan las principales subastas españolas para tasar monedas medievales de Castilla y de León. Ya sólo por eso merecería la pena comprarlo, para poder “entender el lenguaje” en el que hablan las casas de subastas. Pero es que además es un magnífico compendio que en menos de 200 páginas es capaz de describir la práctica totalidad de las monedas castellanas y leonesas. Sólo en raras ocasiones aparece en las subastas eso de “AB falta”; un ejemplo sería la moneda que aparece en la entrada (una variante del 1/2 Enrique de Sevilla), la cual aparece en la subasta de Aureo de mañana.

Además de ser un catálogo muy completo y manejable lo encuentro muy didáctico para quienes nos queremos introducir en la numismática medieval. Hay una breve descripción de cada uno de los reyes y también se comentan muchas de las monedas. Por otra parte, y más importante todavía, cada una de las piezas están totalmente descritas y es muy sencillo identificarlas sin tener que ser experto en la materia.

Otro detalle de honradez es que las monedas más raras no tienen precios. Ya he comentado muchas veces que los catálogos no son buenos indicadores del precio de las monedas y que las monedas más raras tienen un precio muy volátil, por lo que considero una muestra de buena calidad que para las piezas más raras se ponga “R”, “RR” o “RRR”.

Si hubiese que poner alguna pega al catálogo es que es en blanco y negro, lo cual fuerza a que en vez de tener fotografías de las monedas se tengan dibujos. No obstante, es totalmente comprensible porque de haberlo hecho a color el coste sería mucho mayor, y los dibujos son más que suficientes como para poder identificar las monedas. Eso sí, si alguien lo que quiere es tener buenas fotos de monedas medievales que se compre el libro de Mozo-Monroy y Retuerce-Velasco o que se descargue fotos de subastas.

Por mi parte, tuve hace poco la suerte de encontrarme ese libro en la Plaza Mayor de Madrid, me cobraron 33 euros por él y creo que ha sido una compra estupenda (como suelen ser las inversiones en bibliografía). Mi recomendación es que si es posible que algún día os interese la numismática medieval y tenéis la posibilidad de comprar este libro os hagáis con él. No es razonable dejar pasar la oportunidad porque cueste 5 euros más de lo que estéis dispuestos a pagar: quizá tardéis años en tener otra ocasión.

Voy a escribir una entrada rápida para recomendaros unas lecturas para estas Navidades: la revista Numisma. Se trata de una publicación bimensual dedicada al estudio numismático que se edita en castellano. En ella se han publicado artículos y ensayos de diferente naturaleza que provienen de estudios realizados fundamentalmente por académicos, aunque pensando en un público más general del típicamente universitario.

En mi opinión los trabajos tienen, en general, una calidad muy buena. Cada ensayo profundiza en un tema concreto, es decir, que nadie espere artículos en el plan de “la moneda romana”, sino más bien títulos del estilo “Problemas técnicos de la fabricación romana en la antigüedad”. No son artículos introductorio ni tampoco suelen ir dirigidos a los coleccionistas o comerciantes, sino que se centran en cuestiones históricas y buscan profundizar en un tema muy concreto. No obstante, estoy seguro de que cualquier aficionado que lleve un tiempo en este asunto encontrará material más que interesante en esta revista que le servirá para profundizar en los temas que más le gustan.

La crítica  fundamental que hago a Numisma es que no hay revisión entre pares, la cual es fundamental en la metodología investigadora o científica. Es decir, que los autores envían sus trabajos a la revista y son los editores quienes deciden si se publica el texto íntegro o no se publica nada, no se cuenta con la opinión crítica de otros investigadores para revisar y mejorar el texto que se va a publicar. Por ello, no considero que Numisma sea una revista de investigación, lo cual tampoco es algo fundamental para nuestros propósitos.

Numisma es editada por la Sociedad Iberoamericana de Estudios Numismáticos y distribuida (al menos en España) por la FNMT.  Lo mejor de todo esto es que en esta web se  encuentran  231 números de esta revista (desde su creación en 1951 hasta 1992) cuya descarga es totalmente gratuita. Yo llevo un tiempo leyéndome de vez en cuando algún artículo y calculo que en unos 20 o 30 años habré acabado con todos. Si queréis leer los números más recientes en papel lo que podéis hacer es pedirlos a la tienda del Museo de la FNMT (tienen todos los que no están en la web) o ir a alguna de las entidades que reciben la revista (aquí está la lista) y solicitar que os la dejen leer. Yo tengo bastante suerte porque se recibe en la universidad donde trabajo, así que cuando dentro e 20 años acabe de leerme los artículos on-line me pondré con las revistas en papel.

La imagen de la entrada tiene una de las pátinas más bonitas que he visto en mi vida. Se trata de 50 centavos de 1807 que se subasta en enero de 2011 dentro de la colección Tampa FUN Signature & Platinum Night US Coin Auction

Desde el principio de este blog ha estado claro que el blog se dedicaba fundamentalmente a la numismática española, básicamente porque es lo poco que yo medianamente controlo. Aún así, ha habido alguna entrada que he dedicado a la numismática clásica (por ejemplo ésta) puesto que aunque me considero un ignorante del tema, tengo absolutamente idealizados a los griegos en cuanto a su capacidad filosófica y artística y muchas veces me encanta admirar admirar una obra clásica, ya sea una moneda, una escultura o un texto literario. Además, este blog me sirve a mí como excusa para aprender y me siento totalmente abierto a la posibilidad de ilustrarme en lo que a numismática clásica se refiere.

Así pues, hace un mes me puse manos a la obra y di el primer paso para que algún día pueda yo también coleccionar monedas clásicas: me compré unos libros y para ello seguí el método que propuse hace un tiempo. Estuve echando un vistazo a lo que hay en el mercado, pregunté en unos foros y finalmente adquirí dos libros: “Greek coins and their values” (dos volúmenes) y “Roman coins and their values“, ambos de David R. Sear. Los tres tomos nuevos me costaron 103 euros y hoy por hoy los considero una magnífica compra para introducirse en el coleccionismo de moneda antigua. De hecho, Darío los considera dos de los 10 libros que todo coleccionista de moneda antigua debería tener.

Además de recomendar en general su compra y su lectura, voy a comentar algunas de sus características:

Están en inglés, y eso puede echar para atrás a muchos coleccionistas. Ante eso no hay solución: la numismática clásica se mueve en el mercado internacional, la mayoría de los catálogos y manuales se editan en inglés (y sólo en inglés) y si se quiere seguir la actualidad de este coleccionismo tocará estudiar subastas y leer revistas internacionales… poco podemos hacer si no estamos dispuestos a manejarnos en inglés.

Son manules, lo que significa que no pretenden dar una descripción detallada de cada pieza sino una visión general del campo. Por eso no son libros de referencias en subastas, que son los que Carlos recomienda que habría que tener como referencia. Efectivamente, estos libros no deberían ser una referencia para expertos, sino una forma de introducirse en el campo. Igualmente, si se quiere conocer con detalle ciertas características de una moneda, quizá tampoco sean éstos la mejor bibliografía a consultar.

Son baratos, y eso es indiscutible si se compara con cualquier otra obra seria de la numismática clásica. Tener todos los tomos del “Roman Imperial Coins” puede salir por 1500 euros perfectamente, el catálogo de Crawford ronda los 400 euros según Darío… 100 euros no es nada, y al que le parezca mucho que se vaya olvidando de la numismática clásica.

Son clásicos lo que hace que todo el mundo los conozca y que hayan vendido cientos de miles de ejemplares (por eso son tan baratos).

– Los precios que tienen son (supuestamente) del año 1985 y están en libras. En otras palabras: cualquier parecido de los precios con la realidad es pura coincidencia. Esto no es ningún problema, ya se ha comentado, y Carlos parece coincidir conmigo, que las estimaciones de precios se hacen con los remates de subastas, no con los precios de catálogo.

No deberían ser los únicos libros sobre numismática clásica con los que se cuenta. Si bien son baratos, manejables y puede servir como una guía inicial, a la hora de estudiar una moneda concreta se debería contar con catálogos de subastas y otras obras mucho más extensas. Nadie dice que todos esos libros haya que tenerlos en papel, también se pueden tener en formato electrónico, que es más barato, más cómodo y ocupa menos espacio.

– Ambos libros cuentan con una introducción a la numismática griega y romana respectivamente. En esa introducción se tienen en cuenta las cuestiones meramente históricas como los aspectos relacionados exclusivamente con el coleccionismo.

Aparte de estas cuestiones quisiera resaltar alguna característica concreta de cada uno.

El catálogo de “Roman Coins and their values” es una  versión en un tomo de una serie de tres libros que ya son de por sí bastante resumidos. Se trata de un libro que intenta resumir en un solo volumen manejable toda la numismática romana ¡¡¡y lo consigue!!! Lo más increíble es que en ese libro aparecen la grandísima mayoría de las piezas que se subastan a precios relativamente asequibles o que nos puedan ofrecer a los coleccionistas de a pie.

El de “Greek coins and their values” está dividido en dos tomos, uno dedicado a las cecas europeas y otro, más extenso, dedicado a las cecas asiáticas y africanas. Se trata de una introducción más extensa que el de la moneda romana y donde nos encontramos todas las cecas y casi todos los tipos de piezas griegas.  Todo el mundo dice que se trata de la mejor obra de Sear, y eso no es poco.

En global, por ahora los considero una magnífica compra, aunque todavía pasarán años hasta que empiece a comprar monedas clásicas, si es que alguna vez las compro. Mi plan pasa por utilizar estos libros como una introducción general, para adquirir cierta culturilla e ir siguiendo subastas y noticias. Seguro que si lo hago de forma natural iré seleccionando las monedas que más me llamen la atención (por ahora tetradragmas y sestercios imperiales) y quizá llegue el día en el que me las pueda permitir. Pero antes de empezar a soltar pelas en una colección faltan por echar muchas horas de estudio.

En la entrada de hoy me limitaré a dar mi opinión sobre un libro que acabo de terminar de leer: “La moneda de oro en los reinos de Castilla y León. Siglos XII – XV”, de Manuel Mozo Monroy y Manuel Retuerce Velasco y publicado por la NRT – Asociación Española de Arqueología Medieval.

Me enteré de la publicación de este libro gracias al foro de Imperio Numismático y como me encanta la moneda medieval castellana no pude resistirme a ponerme en contacto con uno de los autores del texto para que me enviase un ejemplar. Su lectura me ha resultado muy entretenida y al leerlo he aprendido mucho no sólo de la preciosa numismática  castellana sino de la historia medieval de Castilla y de León.

Según se indica en su prólogo, el libro nace del estudio hecho por los autores para la catalogación de las monedas medievales castellanas que  formaron la colección Caballero de las Yndias. Este análisis se completó con un profundo estudio bibliográfico del resto de piezas de oro castellanas y leonesas que no formaban parte de esa colección y se consiguió así publicar, por primera vez, un estudio monográfico de todas las monedas de oro castellanas y leonesas anteriores a los Reyes Católicos conocidas hoy día.

Desde mi punto de vista la completitud del estudio es su mejor característica junto con la seriedad investigadora que queda patente en la redacción del texto: las citas bibliográficas son muy frecuentes y en los casos en los que no se puede asegurar la existencia de alguna pieza (que pudo haber sido acuñada pero no hay constancia de que haya llegado a nuestros días), se dice claramente y se explican los documentos que citan a la moneda; igualmente se explican algunos debates históricos en relación con algunas de las piezas. Todo esto es una clara muestra de seriedad y de profesionalidad a la hora de realizar la investigación y de redactar el texto.

La mayor falta del libro la admiten los propios autores en el prólogo: por diversos motivos no han podido acceder a muchas de las piezas que se describen, por lo que muchas de las fotos son muy antiguas (algunas provenientes de la colección de Vidal-Quadras) y de mala calidad, mientras que otras (casi todas provenientes de la colección de Caballero de las Yndias) tienen muy buena calidad. Los motivos por los que los autores no han podido acceder a las monedas son variados y ajenos a ellos: en algunos casos directamente no es conocido el actual paradero de la moneda (muchas de las piezas descritas son únicas); en otros casos los autores no han encontrado fondos para poder desplazarse hasta el lugar donde se encuentran ciertas monedas; finalmente, hay casos en los que por motivos burocráticos ciertos museos no han permitido fotografiar las monedas de sus colecciones.

Es de destacar que cada moneda se describe perfectamente y se enmarca en su contexto político y económico, teniendo el lector una visión clara sobre las características de la emisión. Además, lo que a mí más me gusta, es que se hace un comentario artístico de cada  moneda y se explica su simbología; ya sabéis que yo considero que las monedas son pequeñas obras de arte. También es curioso que una de las monedas que aparecen como única y en paradero desconocido sea subastada hoy mismo en Madrid por Marti Hervera y Soler y Llach, se trata de la Dobla de la banda de Enrique IV que se muestra abajo.

El único punto en el que yo tiraría de las orejas a los autores es en la aparición de una “tabla de tasación” al final del libro, en el que se dan supuestos precios a las monedas que aparecen en el estudio. Esa tabla, desde mi punto de vista, es una tontería por tres motivos: se da un precio sin indicar para qué calidad se considera; el precio de unas piezas tan raras es muy volátil; muchos de los precios parecen tomados al azar y no se indica en ningún momento en qué se basan para calcularlo. Como ejemplo la dobla anterior se estima en 70.000 euros, y hoy sale a subasta por 15.000; el Gran Enrique de a 50 enriques se estima en 600.000 euros, es decir, un 20% más cara que la moneda española más cara jamás subastada, además que es absurdo tasar una moneda que se encuentra en un museo y previsiblemente no se venda en los próximos siglos. ¿Qué precio tienen las Meninas?

En global creo que es una referencia estupenda y más que recomendada para cualquier aficionado a la numismática medieval o a la historia medieval castellana en general. Podéis echar un vistazo a otras publicaciones de sus autores. De Manuel Mozo Monroy encontraréis algo aquí y aquí,  mientras que de Manuel Retuerce Velasco podéis encontrar algunos escritos aquí. Si queréis comprar este libro en cuestión podéis hacerlo a través de esta web o directamente contactando con Manuel Retuerce Velasco en el correo NRT.SCterra.es

Cuesta 24 euritos… no hay que pensárselo mucho; eso sí, que conste que yo no me llevo comisión.

 

EDITO (24 – X – 2010 ) :

Se ha puesto en contacto conmigo Manuel Mozo Monroy para agradecerme la entrada y para comentarme un par de cosas. Entre otras me ha dicho que la dobla de la banda de Enrique IV que se subastó ayer en Martí Hervera no es el ejemplar que ellos citan en el libro. Es decir, que si hace dos meses había un ejemplar conocido de esa dobla hoy existen dos.

El otro día estuve eschando el podcast The Coin Show, el cual es muy recomendable aunque se centre en la numismática americana. Eso sí, está en inglés y aunque se entiende perfectamente, no deja de ser un idioma extranjero. El caso es que en su primer episodio hablan de la importancia de comprar libros sobre numismática, considerando las inversiones en bibliografía como las mejores que se pueden hacer en este mundillo.

En el blog ya hemos hablado varias veces de bibliografía, recordando el famoso dicho de “Compra el libro antes que la moneda“. El problema es cómo saber qué libro comprar. Como dicen en The Coin Show, “cualquier libro es mejor que ningún libro”, pero está claro que  unos libros son mejores que otros.

De entrada hay que tener una cosa muy clara sobre los libros: NO son guías de precio. Esto es un error en el que caen muchos principiantes, aunque en el blog ya se ha comentado que los catálogos no pueden ser buenas guías de precios; en blogpolis Carlos parece opinar de igual manera. Un aficionado con más experiencia numismática utiliza los catálogos de subastas como guía de precios y los libros los deja como una referencia a la que consultar para cuestiones históricas, para resolver ciertas dudas relacionadas con las características de una moneda o para tener en alguna parte resumidas las características de cierta serie de piezas. Por lo tanto, no es tan importante que un libro tenga precios o no, porque esos precios no son fiables y porque se deberá seguir consultando cuando los precios estén totalmente desfasados.

Una recomendación de Carlos a la hora de seleccionar un libro es coger aquél que utilicen las subastas importantes para identificar sus piezas. La recomendación me parece excelente, porque es una manera de estar seguro de que la publicación es buena, ya que de ella se están fiando la gente que más entiende de numismática. Sólo hay que coger un catálogo de subastas (o mejor varios y de varios países), ir a la sección de bibliografía consultada y ver qué publicaciones utilizan.

Lo malo de estas publicaciones suelen ser muy completas, extensas y pensadas para gente muy avanzada, por lo que muchas veces no son la mejor opción para principiantes o para gente que se inicia en un periodo determinado. Por ejemplo, dentro de la gran cantidad de bibliografía sobre moneda romana (y más que no está citada en esta web) unos de los mejores libros son “Roman Imperial Coins“, un completo catálogo de monedas romanas imperiales de ni más ni menos que diez volúmenes que no son precisamente baratos. Eso echa para atrás a casi todos los que nos aproximamos por primera vez a la numismática antigua, por mucho que lo usen las casas de subastas.

Para estos casos lo mejor es comprar un manual (handbook) que incluya una introducción histórica, las principales series y las cecas más relevantes. Quizá no aparezcan las monedas más raras, pero tampoco íbamos a comprarlas. Si te dedicas a hacer una colección muy extraña, pues entonces quizá no haya un manual pensado para ti, pero si se trata de algo que coleccione mucha más gente (que es lo normal) pues seguramente encuentre uno. Lo malo es que los hay muy malos, por lo que es mejor consultar a otros coleccionistas (en foros como Imperio Numismático o Identificación Numismática) o a profesionales sobre cuál adquirir. Yo, como norma general, aconsejo comprar un manual que lleve ya varias ediciones; ese suele ser un buen síntoma de calidad.

Por último, un apunte que hacen en The Coin Show es que el e-book cambiará radicalmente la forma de distribuir y almacenar bibliografía numismática. Yo mismo tengo un montón de catálogos de subastas en casa que me sería mucho más cómodo tener en una diminuta tarjeta para leer en un e-book. Igualmente, editar y distribuir un libro es un tema muy costoso que se verá radicalmente disminuido cuando los e-book sean omnipresentes. Tendrá sentido editar un libro dirigido a un público muy pequeño y que ese libro esté disponible durante décadas a un precio asequible. Más sobre las TIC en numismática aquí y aquí.

Las imágenes están obtenidas de Amazon y de Aureo.

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