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Hace unos meses Enrique compró a un coleccionista (llamémosle Pedro) una moneda sin circular a más o menos el precio de mercado de la moneda. Al decir Pedro que tenía un cartucho entero de esas monedas y que las estaba intentando vender, Enrique se ofreció a comprárselas por 70 euros cada una, de forma que ambos tuvieran un margen razonable de beneficio. Pero no, Pedro no quería venderlas por menos de 110 euros cada una, lo cual era incluso más del precio por el que Enrique le había comprado la pieza. Enrique intentó hacerle entender que aquello no tenía ningún sentido, pero Pedro se mostraba totalmente inflexible y no quiso bajar ni un euro, así que no se hizo la venta.

Pasaron seis meses y Enrique recibe una llamada de Pedro, diciéndole que le vendía las monedas. Resulta que al parecer, el querido Pedro no había vendido ni una más desde entonces y necesitaba dinero, por lo que se veía obligado a venderlas. Y aquí tenemos que Pedro cometió dos errores:ser avaricioso y vender por necesidad. Así que como ahora tenía la sartén por el mango Enrique se ofreció gustoso a comprarle un buen taco de monedas, pero pagándoselas a 45 euros cada una, oferta que Pedro tuvo que aceptar vendiéndole 20 de ellas.

Lo más alucinante es que cuando se las vendió, Pedro le dice que el cartucho (que contenía 50 piezas) se lo habían vendido por  120 euros. ¿¡Cuánto margen de beneficio esperaba sacar Pedro!? Enrique de primeras le ofreció 3500 euros por algo que le había costado 120, ¡¡y le parecía poco!! Al final obtuvo 900 euros por 20 de ellas, lo cual no está nada mal, pero que es 500 euros menos de lo que hubiera pagado por ellas seis meses antes.

La moraleja de la historia es que si alguien te ofrece un dinero por unas piezas con el que saques una ganancia razonable, cógelo, y si no lo haces que sea porque sabes que eres capaz de venderlas más caras. No hay que confundir el precio de mercado de una moneda con el precio por el que a ti te la pagarían, pero eso da para otra entrada.

En esto de la numismática el Estado es como la banca de los casinos: siempre gana. Es evidente que gana de forma indirecta, puesto que la numismática mueve dinero y eso crea puestos de trabajo que pagan sus impuestos y dejan de engordar las colas del paro. Pero no me refiero a eso, me refiero a dinero que de forma directa gana el Estado a costa de los coleccionistas.

En principio, la idea de una moneda que emite la Fábrina Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) es una especie de vale que va circulando de mano en mano y que en algún momento vuelve al Banco de España para dejar de circular. Evidentemente, el coste de fabricación de la moneda debe ser menor que el valor que tiene dicha moneda, por lo tanto, todo el dinero que anda circulando es como si fuese dinero que el Banco de España debe a sus propietarios. Pero resulta que hay algunos tipos raros que en vez de circular esas monedas se las guardan porque las coleccionan, de forma que nunca vuelven al Banco de España y eso que el banco se ahorra. Bueno, para ser justos, realmente el Banco de España se ahorra el valor de la moneda menos lo que cuesta acuñarla. Ese negocio es estupendo, y ya quisiera yo poder emitir monedas o cromos o lo que fuese que después la gente coleccionase. Después, el siguiente paso que ha dado el Estado es emitir moneda conmemorativa, que viene a ser moneda pensada para que la gente se la guarde y ganar de esa forma más dinero. Está claro que no es casualidad que se hagan monedas conmemorativas de dos euros, o de tres en el caso de Eslovenia o de cinco en el caso de Finlandia, pero ningún país hace monedas conmemorativas de un céntimo.

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Según El País el 60% del coste de una moneda es el material del que está formado, mientras que el 40% lo representa la manipulación del mismo para crear la moneda. Teniendo en cuenta  que una moneda de dos euros pesa 8,5 gramos de cobre, níquel y latón, donde lo más caro es el cobre, se puede estimar el coste de fabricación de la moneda en unos 6 céntimos, por lo que el Estado gana 1,94 euros por cada moneda que guardamos. Ahora bien, españa emitió 8 millones de monedas conmemorativas de dos euros en 2009, por lo que sacó en limpio más de 15 millones de euros. Ahí es nada.

Y, como ya se irá comentando, estas monedas no son el único negocio numismático con el que juega el Estado.

Este post no pretende plantear un conjunto de axiomas morales que todo el mundo debe seguir sí o sí. ¿Quién soy yo para establecer las normas que debe seguir nadie? Todo lo contrario, sólo pretendo indicar unos consejos que daría a cualquiera que empiece a coleccionar monedas y no pretenda perder mucho dinero en ello. Algunos de ellos me los dieron a mí cuando empezaba y con el tiempo me di cuenta de su importancia, otros me los ha dado la experiencia.

Evidentemente, todos estos consejos son para principiantes, coleccionistas que deben ser especialmente precavidos. Cuando ya uno se maneja en el mercado, hace sus contactos y conoce el percal, entonces ya se crea su propia manera de actuar.

Allá van:

– Colecciona monedas que a largo plazo se revaloricen.

– No vayas a por ninguna moneda concreta, compra las que te ofrezcan a buen precio.

– Siempre es preferible tener una moneda buena que muchas baratas.

– No tengas prisa en tener una moneda concreta.

– Intenta no tener prisa en vender.

– Ante la duda, es preferible perder una buena compra que verte engañado.

– La avaricia rompe el saco.

– Todo el mundo miente.

Todos estos consejillos parecen bastante evidentes, pero yo creo que seguirlos evitan más de un susto. Uno de los objetivos principales de este blog es completar y explicar con calma estas cuestiones. Por ahora ahí queda esto.

Con este artículo comienzo a escribir este blog. Los motivos que me han llevado a empezar esta bitácora son variados; el primero de ellos es que puedo utilizarla como un lugar donde reflexionar sobre numismática, una de mis aficiones. El segundo motivo es que sólo conozco un blog en activo que trate sobre la numismática en lengua castellana. El blog de numisfera es muy interesante, pero se dedica sobre todo a comentar la actualidad de la numismática en España; yo quisiera que el presente tuviera otro enfoque.

El tercer motivo para empezar el blog, y el más importante, es que hace unos años, cuando empecé en el mundo de la numismática, echaba en falta una especie de manual que indicase los principios básicos de cómo funciona esto de coleccionar monedas. Ahora no me considero ningún experto, pero estoy seguro que las lecciones que he aprendido servirán a nuevos coleccionistas.

En cuanto a la estética del blog, es plateada por el mero hecho de que a mí la plata me encanta. Es un metal precio, pero no muy caro, con el que se hacen las monedas más elegantes. Es cierto que hay monedas muy bonitas en oro, en cobre o en otros metales, pero en general a mí me suelen gustar más las de plata.

Hablando de plata y de mi gusto personal, la moneda que preside la cabecera del blog es una peseta de 1933, moneda que, a mi parecer, es la más bonita de la numismática española contemporánea. Simple, elegante, sencilla y además humilde, porque es una pequeña joyita de plata al alcance de todos los coleccionistas. Es una de esas monedas que no se suelen valorar por no haber costado mucho esfuerzo conseguirla; pero ahí está, escondida en la colección para que cuando te fijes en ella digas: ¡Qué bonita!