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Cito textualmente del libro de Q.D. Bowers “Grading coins by photographs” (traducción hecha por mi hermano, Saúl Ruiz):

“Entre el 80% y 90% -o incluso más- de los vendedores confían en la tasación que un certificado o un experto le da a una moneda. No les suele importar si, observándola más de cerca, parecen tener menor calidad (o a veces mayor). Hace unos años, un comerciante compró una moneda de cinco centavos de Draped Bust casi sin circular por unos 5.000 dólares. Eliminó los tonos grises con un limpiador y lo recoloró químicamente con tonos irisados. Ésta capa tapó la superficie verdadera de la moneda, por lo que resultaba muy complicado descubrir que tenía algo de desgaste. Un buen tasador profesional la certificó como MS-63, y se vendió por más de 30.000 dólares. Este “coin doctor” [nota: los gringos llaman así a quienes tratan física o químicamente las monedas para que parezcan de mejor calidad] no podría estar más orgulloso, ya que era la situación perfecta: él ganó mucho dinero, el tasador se llevó su parte y el comprador estaba encantado con la apariencia y la certificación de la moneda“.

Más adelante continúa:

“Bill Fivaz, un asesor de este libro, nos indicó que en 2003 vendió en subasta una moneda de cinco centavos Doubled Obverse Die Buffalo de 1916, tasada por PCGS como AU-55, por 53,625 dólares. En 2008, la misma moneda, tasada por una gran empresa como MS-63, después de haber sido “trabajada”, se evaluó en la Certified Coin Dealer Newsletter por 110.000 dólares.

En 1999, yo mismo catalogué una Double Eagle calificada como la variedad de 1853, de 3/2 [variante de sobrefecha]. Provenía del tesoro de monedas de oro del SS Central America. Se envió la moneda a una buena empresa tasadora, la cual la calificó como AU-58. Se vendió después en una subasta. El comprador, un comerciante, inmediatamente la volvió a enviar a la misma empresa y le llegó tasada como MS-62. Una moneda de la cual se pensó que estaba algo circulada o gastada, claramente no se había deshecho mágicamente de su desgaste; sin embargo, se tasó sin ninguna duda como sin circular. Si compraras esa moneda hoy, ¿la considerarías como MS-62? ¿Te fiarías del certificado, o la examinarías mejor para asegurarte?

¿Y si alguien te dijera que la misma moneda era una AU-58 poco tiempo antes de cambiar a MS-62? ¿Cambiarías de opinión? Si alguien dijera que esa moneda, tasada como MS-62, es realmente una AU-58, ¿le creerías? Si compraras los antes mencionados cinco centavos MS-63, y supieras que es una AU limpiada y recolorada, ¿te gustaría tenerla? Éstas preguntas no son retóricas, sino bastante posibles para cualquier numismático. Yo no tengo respuestas concretas, y mucho menos tajantes. Solo muestro algunas de las complejidades que rondan por el mundo de la tasación de monedas.

Ya que la tasación siempre ha sido más subjetiva que objetiva, y más un arte que una ciencia, las conclusiones a las que llegan empresas como ANACS, PCGS o NGC se suelen reponderar por otra compañía para tener una segunda opinión, o incluso por la misma empresa. En un caso memorable, una variante Amon Carter del dólar de 1804 se tasó como EF-45, y más tarde como AU-58 por la misma compañía. Estos «reinformes» han supuesto millones de dólares en honorarios. Parece una situación en la que todos ganan: los vendedores ganan, las empresas de tasación ganan y todos contentos. Sin embargo, el resultado final es “tasaflacción”, o el detrimento de los estándares de calidad de monedas con el paso del tiempo. Por esto, una moneda certificada en 1990 como, por ejemplo, MS-65, hoy en día se podría evaluar como MS-66 o incluso MS-67 por los mismos tasadores”.

Este texto tiene mucho que ver con temas que ya se han comentado en el foro, como los contenedores de las empresas americanas y los problemas que tienen, o la necesidad de distinguir (por nosotros mismos) lo bueno de lo mejor cuando nos metemos en monedas caras. Pero leyendo esto a mí me surgen un montón de dudas, dejo que cada cual las reflexione y, si quiere,  que las comente en el blog:

¿De qué me sirve enviar una moneda a un servicio de tasación si resulta que dentro de veinte años la tasación que me darían por ella será diferente? Si todos se dedican a hacer ese juego y todos ganan dinero con él ¿el único que pierde es el coleccionista? ¿ocurre lo mismo en España con las subastas (es decir, que lo que hoy es un EBC dentro de 20 años se considerase EBC+)? ¿Es ético ser un “coin doctor“? (a este asunto le dedicaremos otra entrada).

La moneda que ilustra la entrada son 10 ducados polacos de 1614 a nombre de Segismundo III. Se encuentra expuesta en el Hermitage y espero no tardar demasiado en poder verla.

En el Foro de Imperio Numismático hemos tenido estos días un interesante debate sobre la utilidad de los precios marcados en los catálogos. La opinión que yo defendía ya os la podéis imaginar los que seguís el blog habitualmente: esos precios no sirven para nada.

Los argumentos que proporcionaba son los que suelo dar siempre: el precio de mercado varía y el del catálogo no, hay muchos detalles que afectan al precio de la moneda y en el catálogo no se indican y, sobre todo, que son los editores los que ponen el precio que les conviene. No obstante, Rubén (a quien tengo una enorme estima) defendía la idea de que los catálogos dan a los principiantes una primera estimación del precio de las monedas y que, aunque no sean la mejor fuente, para empezar no está mal.

Según avanzaba la conversación, estas dos posturas se iban acercando, también con ayuda de gogol13 y de divx2k3. La técnica de divx2k3 era interesante: lo que hace es seguir las monedas que le interesan en eBay y una vez que ha visto cómo se rematan unos cuantos ejemplares, se puede hacer una idea del precio de la pieza. Esta técnica tiene el enorme inconveniente de que, como comentó Luis, muchas veces los precios de las subastas de eBay no son reales. No obstante, para ciertas monedas (como los euros) podría valer. Yo hago algo parecido pero en subastas oficiales, lo cual tiene sus ventajas.

Pero Rubén seguía sin estar satisfecho con nuestros argumentos y seguía subrayando que, en ciertas ocasiones, los catálogos pueden ser de ayuda. Esas ocasiones son, por ejemplo, cuando alguien no es experto en una serie concreto y/o cuando las monedas son baratas, puesto que no se subastan monedas que valgan dos euros. Ciertamente, al final tuve que dar a Rubén su parte de razón. El siguiente párrago lo escribí aquí:

“Para saber tasar monedas hay que ver precios de esas monedas. Muchos precios. En el catálogo se indica UN precio, pero el catálogo no es ninguna autoridad. Evidentemente, es mejor tener un precio que no tener ninguno, pero con un solo precio poco hacemos. Podemos ir al mercadillo de nuestra ciudad y veremos más precios, pero el mundo es mucho más grande. También podemos ver los precios en eBay, pero todos sabemos las desventajas que tiene eBay en cuanto se venden monedas de calidad. También nos podemos dedicar a ver los precios que ponen los profesionales en sus webs y los aficionados que vendemos alguna moneda para pagarnos la colección. También podemos ver los remates de las casas de subastas…. Si vemos todo eso al final veremos muchos precios. Con ellos podremos tener un algoritmo que nos sirva para tasar las monedas y ver hasta dónde estaríamos dispuestos a pagar“.

Rubén se mostró totalmente de acuerdo y concluyó con lo siguiente:

“Es mejor tener un precio que ninguno, es conveniente empezar con un catálogo con el que aprender a ver la tasación de monedas pero hay que recordar siempre que es un precio que en ningún momento es un estándar y nos vamos a encontrar con variaciones. Aprender a jugar con ellas es lo que hace la experiencia“.

Así pues, creo que queda claro que los precios de los catálogos pueden ser útiles pero hay que tomarlos con cudado y, sobre todo, entender que no son una autoridad. Es un precio, de los múltiples que pueden tener los ejemplares de ese tipo de moneda. Tomar los precios de los catálogos como autoridad y creerse que lo que dicen los editores va a misa es algo que ha hecho mucho daño a la numismática, e incluso ha obligado a algunos autores a inventarse precios de las monedas que están en sus catálogos cuando son compendios históricos.

Otro consejo más que también salió en la discusión: si os encontráis al clásico vendedor de chatarra que saca el catálogo de los Hermanos Guerra y os pone las monedas al precio de ese catálogo le decís de mi parte que primero os venda un duro de 1871 (18-73) en calidad sin circular al precio de ese catálogo y a partir de entonces os creéis los precios del catálogo.

Finalmente, quisiera remarcar la conclusión epistemológica del asunto: para aprender hace falta no creernos que tenemos toda la razón del mundo y siempre hay que dialogar, debatir y buscar un consenso. Es la forma más rápida, divertida y aficaz de aprender. Por otra parte, no hay que creer en las autoridades y siempre hay que mantener una postura crítica, es la única forma de que avance el conocimiento. Una de las causas principales de por qué avanza la ciencia tan rápido es porque no hay una autoridad clara, no hay nadie que pueda decir: “Esto es así porque lo digo yo” o “Esto es así porque siempre ha sido así”. No, los científicos son (¿somos?) críticos por naturaleza, y es justamente adquirir esa capacidad crítica uno de los aspectos más costosos cuando se quiere ser científico. En la numismática igual: siempre hay que mantener una postura crítica venga la afirmación de quien venga. Evidentemente unos tienen más peso que otros y no es lo mismo que yo diga que tengo un duro de 1871 (18-72) a que lo diga Cayón. Pero nadie está libre de equivocarse, y al parecer hasta Gemini y NGC se pueden equivocar.

A la hora de tasar una moneda el aspecto más crítico, sin ninguna duda, es el valorar el estado de conservación de la misma. Ya se comentó por aquí la enorme diferencia de precios que puede haber entre dos monedas cuya conservación sea prácticamente indistinguible para un ojo no entrenado. Mi opinión es que hasta que no tengamos callo en ese asunto y sepamos diferenciar un EBC de un SC- y de un SC no nos metamos en monedas de alta calidad, porque una equivocación puede hacernos perder un montón de dinero.

Pero claro, no es nada fácil entrenarse en ese asunto. Un ejercicio que ya recomendé consiste en hacer uso de las casas de subastas, que son los “estándares” para este asunto. En mi opinión la casa de subastas Aureo tasa las monedas de forma muy justa, al menos la moneda española a partir del siglo XVI, que es la que a mí más me interesa; para moneda clásica mi colega Carlos considera a Vico como mejor tasador, pero yo de ese tipo de piezas no entiendo lo suficiente como para tener una opinión formada.  Una vez seleccionada la casa de subastas, el ejercicio consiste en ver una foto de una moneda que se vaya a subastar e intentar valorar su grado de conservación. Posteriormente se ve la descripción de la moneda y se ve si se ha acertado. Si hacemos esto bastantes veces conseguiremos entrenar el ojo.

Lo que pasa es que algunos preguntan que en qué se tienen que fijar, sobre todo al principio cuando en un primer vistazo a la moneda no nos vamos a los detalles más importantes. En mi opinión, el aspecto más relevante a la hora de tasar una moneda es el desgaste que ha sufrido la misma, por lo tanto hay que fijarse en los relieves más notorios de una moneda para ver si se ha desgastado o no.

Voy a usar como ejemplo una moneda de la que tengo en casa dos ejemplares. Es una de mis favoritas y es una moneda relativamente fácil de tasar porque tiene muchos relieves y muchos detalles que se pueden desgastar. Se trata de los 10 céntimos de 1870. Un colega mío dice que para valorar esa moneda hay que estar un poco salido y mirarle directamente a las tetas. Chistes aparte, tiene mucha razón porque es justamente el pecho de Hispania lo más sobresaliente del anverso y lo que primero se desgasta. Por la parte del reverso suele estar bien mirar con detalle la melena y la cola del leon, fijándose que tenga mucho pelo, así como que el escudo presente todos sus detalles.

Por ejemplo, aquí muestro un ejemplar que yo valoraría en EBC.





La apariencia global de la moneda es estupenda, y el pecho está muy bien, sin embargo la cara de Hispania y la melena del leon presenta cierto desgaste (olvidaos ahora del rayón) y el escudo, aunque presenta todos sus detalles al fijarnos muy de cerca se ve cierto desgaste en el castillo y en la cabeza del leon.

Se puede ver la diferencia con otra pieza que apareció aquí y yo catalogaría como MBC+


En este caso se puede ver la diferencia evidente en el pecho de Hispania en un caso y en el otro. De igual manera, el leon del escudo en el segundo caso no tiene apenas melena y el castillo está más desgastado.

Estas diferencias deberían ser bastante fáciles de ver. Ahora vamos a pasar a otras más complicadas:

La anterior moneda se subastó en Aureo en la famosa subasta Hipania y está catalogada como EBC+/SC-. ¿Alguien ve alguna imperfección en esta moneda? Yo creo que en la cara del anverso hay un mínimo desgaste en la cara de Hispania, mientras que en el reverso aunque no veo que haya desgaste, aparecen ciertas rayitas en el cuerpo del leon. De todas formas, la diferencia entre esta y un perfecto SC es muy sutil y muchas veces no se puede apreciar en una fotografía, pero a la vez esas sutilezas pueden hacer que el precio se dispare y llegue a doblarse (mucho más cuando hablamos de moneda americana). Por lo tanto, no nos queda otra que la confiaza en el vendedor y su honradez a la hora de tasar las monedas. Concretamente, este ejemplar se remató en 220 euros; en caso de estar en completo SC yo diría que probablemente se hubiesen superado los 300 euros.

Aquí dejo otra imagen de una moneda que fue subastada en Aureo el pasado 17 de marzo y yo por más que la miro no la encuentro ninguna imperfección. Sin embargo, Aureo la cataloga como SC-. Algo verán, yo sólo veo unos excesos de metal. Se remató en 186 euros.

Evidentemente, no sólo el desgaste influye en la valoración de la moneda y en la tasación de la misma. La aparición de golpes, rayas y por supuesto la manipulación de la moneda (limpiezas, graffitis…) hacen que varíe muchísimo su precio. Por eso, yo suelo hacer explícitos esos defectos de forma separada a la conservación. Es decir, que para la primera moneda de 10 céntimos de 1870 no pienso “bueno, es un EBC pero como tiene un rayón muy feo la dejaremos en MBC”, sino que pienso: “es un EBC con un rayón muy feo”. Obviamente, si tengo que ofrecérsela a alguien le mostraré claramente la raya para que no haya sorpresas.

Por último, voy a dejar unas fotos de dos duros de 1884 que han pasado por mis manos. El primero es el siguiente.

Aquí van las fotos del segundo

No voy a decir el estado de conservación en el que se encuentran, pero ambas son monedas con muy buena presencia, bonitas y dignas de cualquier colección. Ambas las compré en subastas públicas. Bueno, pues el precio de la segunda es más de 10 veces el de la primera. Ahí está la pregunta que se deben hacer los coleccionistas: ¿preferimos tener 10 monedas de la calidad de la primera o una de la calidad de la segunda? Eso es decisión de cada uno, pero yo no recomendaría a nadie a que vaya a por moneda de altísima calidad si antes no es capaz de diferenciar los matices que hacen que el precio se multiplique.

Hoy abro otro melón: el tema de las pátinas, que hasta ahora no se ha tratado en este blog. Yo no es que sea ningún experto al respecto, pero propongo una pequeña reflexión después de haber leído unas conversaciones muy interesantes al respecto en cointalk, concretamente ésta, ésta y ésta, de donde están sacadas las imágenes de la entrada.

Lo primero que hay que comentar es que en Estados Unidos se valora muchísimo más las pátinas que aquí, y no lo valoran todos los coleccionistas, sino sólo unos pocos que las aprecian y están dispuestos a pagar significativamente más por ellas. Mi opinión personal es que esto se debe a dos motivos: en general los coleccionistas americanos cuentan con más dinero que los españoles y a que como toda su moneda es relativamente reciente y hay muchísimos ejemplares en calidad SC siempre intentan marcar la diferencia por pequeños detalles. Esto es lo mismo que hace que en EEUU la diferencia de precio sea tan grande entre monedas MS 64 y MS 65 (ver más sobre el tema); aunque en España también hay mucha diferencia entre monedas en SC y SC+, no es tanta como en EEUU.

En otras palabras, que como hay moneda americana buena para satisfacer a todos los coleccionistas, y sin embargo hay gente con mucho dinero, pequeñísimos detalles hacen que la moneda multiplique por 10 su precio. Y uno de esas posibles mejoras son las pátinas. En España generalmente se valora menos, prueba de ello es que en las subastas muchas veces aparece la denominación de “bonita pátina” o “pátina irisada” y no se aprecia un aumento del precio de salida, ni de la estimación, ni del remate con respecto a una moneda en similares condiciones pero sin pátina.

Aquí un forero hace un cálculo aproximado y llega a la conclusión de que en torno al 5% de las monedas de 1 dólar de plata americanas tienen pátina irisada. Con ello calcula la población de monedas en una calidad MS 64 con pátina bonita y la población de monedas de MS 65 y se llega a la conclusión de que se valora mucho más un pequeño aumento en la calidad de la acuñación de la moneda que el hecho de que presente una pátina original. La opinión de los foreros a este respecto es unánime, prefiriendo todos ellos una mejor calidad en la acuñación de la moneda.

Además, se presenta la seria dificultad de tasar la pátina de una moneda, puesto que no existe ningún catálogo especializado ni nada que haya hecho explícita la forma de valorar las pátinas. Quizá lo más semejante sea este artículo de la Toned Collectors Society (Sociedad de Coleccionistas de Pátinas) donde proponen una valoración de las pátinas. No obstante, no parece ser nada estandarizado ni tampoco muy seguido.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que esto va mucho por modas. En España hace unos años se valoraban más los duros con una pátina bonita que con algo de brillo, lo que hacía que muchos coleccionistas repatinasen los duros acercándoles a la llama de un mechero para que así se produjera una oxidación rápida y tomasen tonos curiosos. A mí me da la sensación de que esto ya no se lleva y la gente prefiere tener las monedas con color plata y, si puede ser, algo de brillo original.

Mi gusto personal es que las pátinas me dan un poco igual. Tengo alguna moneda en buena calidad que está bastante fea porque se ha ennegrecido pero no me importa porque el desgaste es pequeño. Y desde luego prefiero una moneda color plata o con brillo original que una moneda de colorines como las de las fotos, aunque hay que admitir que son bonitas y llaman la atención.

La entrada de hoy es un poquito peliaguda, puesto que seguramente pondré el dedo en la llaga de más de uno. Ya se ha dicho que el paso más importante para tasar una moneda es saber valorarla, y desde luego ese es el más difícil de todos los pasos. Los más nuevos suelen tener bastante con distinguir entre MBC, EBC y SC. Además, suelen tender a sobrevalorar las monedas, especialmente las suyas propias. Es normal, nos ha pasado a todos.

Pero según se va metiendo uno en más harina, hay que saber valorar bien las piezas y saber distinguir un SC de un SC-, ya se vio que las monedas sin circular pueden tener diferentes calidades. Pues bien, hoy aportaré más datos para apoyar esta opinión, esperando que sirva tanto a nuevos como a coleccionistas con mayor solera.

Tomaremos una moneda que conozco bien: la peseta de Franco de 1947 (19-56). En la pasada subasta de Marti Hervera y Soler y Llach se subastaron dos piezas de ese tipo, una en estado EBC+ y otra en estado SC. La primera alcanzó los 250 euros, mientras que la segunda se remató en 1150, y ambas ilustran esta entrada. Por otra parte, esa misma casa de subastas remató el 15 de mayo de 2010 una pieza del mismo año y misma estrella en SC- por 650 euros.

Lo primero que hay que hacer es tomar estos datos con cuidado, puesto que el precio de una moneda es muy volátil y si las volviésemos a subastar hoy mismo podríamos tener resultados muy diferentes. No obstante, se puede observar clarísimamente que existe una enorme diferencia de precio entre una moneda en mejor que excelente calidad (digna de las mejores colecciones) y una perfectamente sin circular. Ni más ni menos que 4,6 veces más. Lo más divertido de todo es que estas valoraciones son subjetivas, y para lo que unos es un EBC+ para otros puede ser un SC-, a pesar de que ambos sean profesionales. Esa es la quintaesencia del crack-out game.

Ahora bien, ¿qué pasa si compras como SC lo que es EBC+? (recordemos que la diferencia es muy sutil y que no todas las casas de subastas tasan igual). Pues lo que ocurre es que has perdido ni más ni menos que unos 900 euros. Ahí es nada. ¿Qué pasa si compras una pieza tasada como EBC+ pero que en tu opinión está en SC-? Pues que quizá te hayas ahorrado unas pelas.

Vemos aquí que hay mucho dinero en juego que se puede ir por cuestión de detalles. Por eso recomendaría no meterse en monedas de este calibre si no se sabe tasar bien las monedas. Y aunque se sepa, hay vendedores profesionales que se siguen equivocando, así que la cuestión no debe ser sencilla.

Por cierto, a mí esto me pasa parecido con el vino. Siempre digo que distingo perfectamente un vino malo de uno regular y de uno bueno, pero que soy incapaz de distinguir el bueno del buenísimo. Por eso no bebo vino que cueste a 300 euros la botella, no distingo la diferencia con una botella de 40 euros. Bueno, siendo sinceros… tampoco bebo botellas de 300 euros porque no me da la economía…

En España los contenedores de monedas de los que ya se ha hablado no son demasiado populares, pero en otros países como Estados Unidos muchas de las piezas raras que circulan lo hacen dentro de ellos. Ya dijimos que una de las reglas más importantes al comprar una moneda en un contenedor es valorar la propia moneda, y no fiarse exclusivamente de lo que indique el contenedor (si bien puede ser orientativo). Esa misma cuestión la remarca Susan Headley en su blog, ya no sólo porque pueda haber discrepancias con NGC, sino porque también hay contenedores de NGC falsos, como anunció la propia NGC.

Pero esas falsificaciones no son las que centran el interés de este artículo, sino la forma de aumentar la valoración de las monedas gracias al “CRACK-OUT GAME” (algo así como “el juego de romper y sacar”) que tan bien explica Scott A. Travers en este artículo. La idea es simple: se compra una moneda en un contenedor, pero nuestro ojo experto nos dice que dicha moneda podría estar mejor valorada, así que se envía de nuevo a NGC (o a PGCS, lo mismo da) para que la vuelva a evaluar y, si sale mejor evaluada, se vende con un precio acorde a la nueva tasación. ¡menuda maravilla!


Evidentemente este juego no merecerá la pena para monedas baratas o en las que un pequeño aumento de su calidad no suponga un gran aumento de precio. Pero ya se indicó que hay monedas cuyo precio puede variar significativamente aún estando sin circular, dependiendo de su acuñación, del brillo que tengan o de las impurezas que puedan presentar. Tal es el caso de la moneda que se presenta más arriba: 20 dólares de 1883 en calidad MS-62. Esta moneda fue vendida en icollector.com por $1460, pero podría haberse pedido por ella cinco veces más de estar en una catalogación MS-63 (y no digamos si estuviera en MS 64). Pero claro, la diferencia entre ambas graduaciones es tan sútil que cualquier tasador profesional podría llegar a dudar. En ese caso, si se sospecha que la moneda pudiese ser evaluada como MS-63 podría ser un buen negocio comprarla, sacarla del estuche y volverla a mandar a evaluar.

Claro está que todo negocio tiene sus riesgos, si no todos seríamos millonarios. Nos pueden pasar varias cosas, a cada cual ás atroz: la primera es que nos dejen la moneda con la misma numeración, de forma que perderíamos el dinero que cuesta tasarla. La segunda es que nos devuelvan la moneda con menor numeración, en cuyo caso además de haber pagado tendremos que vender la moneda más barata (o volver a mandarla a evaluar). La tercera es que la moneda resulte ser falsa o esté trucada y en la primera tasación no se hayan dado cuenta, así que no sólo habríamos perdido el precio de la tasación, sino que también nos hubiéramos quedado sin moneda. Se ve que hay que saber mucho para jugar a este juego.

No obstante, y ya como último apunte, las casas de NGC y de PCGS tienen servicios de re-evaluación.

En el caso de NGC se indica que: “Coins will be removed from their holder[s] only if they can be graded at the same or higher than your specified minimum grade[s]. You may not request a higher minimum grade than is on the current holder.” Fuente.

En el caso de PGCS: “We will grade the [coin] and put [it] in a PCGS holder only if the PCGS grade meets or exceeds the other grading company’s grade (unless specifically instructed differently by you). You cannot specify a higher minimum grade. If the PCGS grade is lower than the other grading company’s grade, we will return the coin to you in the original holder. You will be charged the full grading fee even if your coin does not cross.” Fuente.

A mí esto me parece echarle jeta al asunto y ponerlo fácil a los jugadores del “crack-out game”, lo cual no es de extrañar cuando son las mismas casas de tasación las primeras beneficiadas del juego. Resulta que se puede enviar las monedas en un contenedor y en caso de que la tasación sea menor te devuelven el contenedor que tenían (eso sí, la tasación te la siguen cobrando), y si es mayor te lo cambian. De esta forma se reducen riesgos, aunque de acuerdo con Travers suele salir más rentable mandar las monedas sin contenedores, porque es raro que re-evalúen de verdad las piezas que se envían.

En una entrada anterior se explica una serie de pasos generales sobre cómo tasar monedas, y se prometió una entrada que indicase por qué las tasaciones deben cobrarse. Básicamente hay dos motivos para ello: es un trabajo, y como tal debe valorarse y remunerarse; debe suponer un compromiso, y nadie se compromete gratis.

Mareo – Iman Maleki

El primer punto parece bastante obvio: tasar bien unas monedas suele llevar bastante tiempo, sobre todo si son monedas antiguas y raras. Un buen tasador no debería decir “esto costará unos 500 euros”, sino “una moneda del mismo tipo y semejante calidad fue vendida en X subasta, Y día por 527 euros; por ello, sería razonable pedir por ella entre 520 y 560 euros”.

El segundo punto es el más difícil de explicar, pero es el más importante: una tasación debe poner en compromiso al tasador, de forma que no pueda dar un precio ni muy alto ni muy bajo. Para ello, lo típico es que el vendedor cobre un porcentaje acordado (suele ser un 4% o así) del precio total de la tasación, pero el cliente se reserva el derecho de que, una vez indicado el precio, el tasador le compra las monedas por un porcentaje menos del valor tasado (generalmente un 20%). De esta forma, si unas monedas se tasan por 1000 euros, el vendedor cobrará 40 o las comprará por 800; de esta forma no puede hinchar los precios (perdería dinero en caso de tener que comprarlas) ni podrá minusvalorar las piezas (perdería dinero en caso de no comprarlas). Es muy triste decirlo, pero sólo se tasan bien las propiedades cuando es nuestro dinero el que está en juego, algo que saben bien los subasteros profesionales (como quien tiene este blog).

Con todo esto, quiero indicar la idea de que si no os veis capaces de tasar vuestras propias monedas, id a alguien que las valore adecuadamente (pros y contras se discuten en este foro). Ya he visto algunos casos de gente que pierde bastante dinero (o buenas oportunidades de venta) por creerse que sus monedas valen el doble de lo que realmente cuestan, fiándose de un amigo que supuestamente sabía del tema.

Un problema para todos los aficionados a la numismática es conocer el precio de las piezas. Para ello, lo más típico es irse a la numismática del barrio, comprarse un catálogo y creerse que con él ya se tiene una lista de todas las monedas que nos podemos encontrar y el precio de las mismas. Bueno, pues desgraciadamente esto no es tan sencillo.

Los catálogos que se encuentran en las numismáticas tienen, en mi opinión, las siguientes desventajas:

No están todas las monedas. Esto es casi inevitable porque hay muchas variantes y pruebas numismáticas, no sería creíble que un catálogo quisiera abarcarlas todas. Además, hay veces que aparecen monedas inéditas, es decir, que nunca se han subastado publicamente antes. Pero esto no quita que en los catálogos más conocidos hay veces que no aparecen monedas que desde mi punto de vista deberían aparecer ya que no son muy raras.

Es imposible que puedan recoger la variación de precios de la moneda. Un catálogo no deja de ser un libro que se deja en la estantería y su contenido no varía. Pero el precio de las monedas sí que lo hace. Sube y baja, como la bolsa. Así pues, con un catálogo es imposible que se tenga una lista actualizada de precios.

Los editores ponen los precios que les conviene. Esto es lo peor, y es que los precios de los catálogos están manipulados: si el editor tiene muchas de esas monedas las pondrán más caras, pero si tienen pocas las pondrán más baratas. También es muy típico que las monedas caras las pongan más baratas, mientras que las monedas baratas las pongan mucho más caras. Esto último lo hacen porque las numismáticas ponen sus precios acordes al precio de catálogo (al que se le supone un tasador neutral), pero estos están muy hinchados. Por ejemplo, una pareja de 100 pesetas de 1983 sin circular está tasada en el catálogo de los Hermanos Guerra de 2005 por 130 euros, mientras que en la subasta de Subasta de Martí Hervera – Soler & Llach del 14 de mayo de 2009 se vendieron en 35 euros. Está claro que en la numismática te pueden hacer un 10% de descuento con respecto al precio de catálogo para contentar a los clientes.

Esto no quiere decir que no merezca la pena comprarse ningún catálogo, con ellos uno se puede hacer una idea de las monedas de cada época y una estimación gruesa de su precio. A mí el que más me gusta es el “Del Tremis al Euro”, de los hermanos Cayón porque tiene una amplia variedad de monedas que abarca todas las épocas de la numismática española. Las desventajas es que las fotos son en blanco y negro y que de las más antiguas faltan muchas, pero para eso es necesario hacerse con catálogos especializados. Lo que yo hice fue comprar una edición “caducada” hacía un par de años; total, como los precios van a estar desfasados de todas formas…

Para mí la única fuente de información fiable del precio de las monedas (y de otro tipo de bienes materiales o inmuebles) son las subastas públicas si éstas tienen suficiente publicidad. El caso es que sí, las subastas públicas celebradas en numismática las suelen organizar empresas privadas que se llevan su buena comisión, por lo que hacen mucha publicidad y cualquier numismático, profesional o aficionado, está al tanto de ellas. Además, si de vez en cuando les compras alguna moneda te mandan los catálogos de las subastas a casa por el módico precio de cero euros. De esta forma te puedes ir haciendo con una serie de catálogos con precios actualizados e impresos a todo color.

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