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Cuando empecé con el blog escribí una breve entrada en la que enumeraba media docena de consejos que considero muy importantes y que en cierta forma he ido desarrollando a lo largo de todo este tiempo. Estos consejos no pretenden ser axiomas o imperativos morales, sino simplemente eso: consejos, quien quiera que los tome y quien no que los deje. Hoy voy a añadir uno más que no es otra cosa que una recomendación de compra.

Ya he comentado que un amigo mío llamado Enrique conoce mucha gente obsesionada con la numismática: gente que compra, compra y compra como si fuese una obsesión. Desean tener algunas monedas y eso les hace pagarlas caras, a veces incluso siendo conscientes de ello. En mi opinión eso no tiene gracia porque esos impulsos irracionales sólo pueden hacer perder dinero a la gente; además, tener una buena colección sólo a base de haber gastado mucho dinero no tiene mérito, me parece a mí. Eso lo podría hacer cualquiera (cualquiera que tenga dinero, se entiende).

De todas formas, del deseo no nos libramos ninguno y hay muchas veces que queremos una moneda y estamos dispuestos a pagar más dinero por ella de lo normal. En esos momentos yo llamaría a la calma, a parar, reflexionar y pensar si realmente vale lo que nos están pidiendo. La norma para comparar y el baremo para decidir es el siguiente:

“Comprar sólo las monedas que fuese capaz de vender por el mismo precio a medio plazo”

Está claro que si tengo que vender una moneda por obligación por necesitar dinero líquido de un día para otro, perderé dinero en cualquier circunstancia. No obstante, lo normal (si somos personas planificadoras) es que el dinero lo necesitemos al cabo de unos cuantos meses. En ese caso yo debería ser capaz de vender en unos seis meses todas mis monedas por, al menos, el precio que yo pagué por ellas.

Antes de que me lluevan las críticas he de decir que técnicamente este sistema es un asco: no pretende que las monedas de mi colección me proporcionen ningún interés y no incluye en la fórmula la volatilidad del mercado, lo cual podría hacer que aunque  hoy sea capaz de vender una moneda por 100 quizá el año que viene no sea capaz de venderla ni por 60 aunque me tire seis meses intentándolo. Por ello no debe ser visto como una regla de inversión o de especulación, sino como algo a preguntarse cada vez que vayamos a comprar una moneda. Además tiene la ventaja de que como cada uno somos capaces de vender las monedas a un precio, al seguir la regla nos aseguraremos de adquirir monedas dependiendo de lo que sepamos.

Una vez dicho esto tengo que confesar que aunque generalmente uso esta regla como freno para mis impulsos, hay ocasiones en las que me la salto y adquiero alguna moneda por capricho, siendo consciente de que la estoy pagando cara. No pasa nada si sólo lo hacemos de vez en cuando y calculando el dinero que gastamos y que previsiblemente no seremos capaces de recuperar. También tengo que decir que esta regla la sigo cuando compro monedas para mi colección; las que compro pensando en que quizá las revenda las tengo que comprar más baratas para permitir que a quien se las venda pueda seguir esta regla sin problemas.

Las imágenes de la entrada me imagino que ya las conoceréis: se trata de la moneda de 20 euros de 2011 que acaba de emitir la FNMT y que homenagea a Clara Campoamor.  No digo más sobre esta moneda porque ya sabéis mi opinión y además ha aparecido la noticia en múltiples blogs (v.g. Pertegón y Numismática Visual) y en múltiples foros (como Imperio Numismático). De entre todos, resaltaría la entrada que ha dedicado Rubén en su blog Historia y Numismática, un blog muy interesante que acaba de comenzar y que recomiendo visitar a todos los que entiendan la numismática como una ciencia auxiliar de la historia.

El otro día cayó en mis manos este artículo, en el que Rafael Tauler hace unos pequeños apuntes etimológicos sobre algunos términos relacionados con la numismática. Basándome en ese texto, y poniendo algo más de mi parte y de las otras referencias que cito os dejo unas cuantas palabrotas.

Moneda:  la palabra numismática por antonomasia proviene del latín “Moneta”, que era un epíteto dada a la diosa Juno. Según Tauler y Wikipedia, ese epíteto significa “la que avisa” debido a que según la tradición Juno había avisado a los romanos sobre varios desastres. Con el tiempo Juno pasó a ser la diosa protectora de Roma, donde se creó una ceca importante cuyas monedas se llamaron “ad monetam“. Con el tiempo esas “monetam” se extendieron y dieron lugar a que en casi todos los idiomas europeos se hable con términos derivados de ellas, en algunos para referirse a las monedas (castellano, italiano, ruso, alemán…) y en otros para referirse al dinero (inglés).

Dinero:  quizá es una de las voces más utilizadas, y no sólo por los aficionados a la numismática. Su proveniencia me imagino que todo el mundo se la imagine: proviene del latín “denarius“, que era una popular moneda romana que todos conocemos y que algunos lectores coleccionan. También sabrán mis lectores que “dinero” no es sólo un sujeto abstracto, sino que existen monedas de poco valor que se llamaban “dinero” y que se acuñaron en la península durante la Edad Media. También los “dinares” propios de los pueblos árabes provienen de la misma raíz etimológica.

Pecunio:  según Tauler pecunio proviene del latín “pecus”, que significa “ganado”. La razón se debe a que en la antigua Roma se marcaban con imágenes de animales los lingotes de bronce con los que se realizaban intercambios comerciales.

Dobla: es otra palabra que proviene del latín, pero en este caso no de forma directa. Proviene de “dupla“, que significa “doble”. Fueron los pueblos árabes del norte de África quienes durante la Edad Media empezaron a acuñar monedas de oro con un peso de 4,6 gramos, que era el equivalente a dos dínares. Esas doblas también las acuñaron los almohades, quienes tuvieron que pagar durante muchos años sangrantes impuestos a los reyes cristianos, lo que hizo que las doblas se popularizaran en todo el territorio de la Península Ibérica y los reinos cristianos acuñasen monedas semejantes.

Maravedí:  en este caso la palabra no proviene del latín, sino de “murabití” que significa “relativo a los almorávides”. Los almorávides vinieron a ser, en dos palabras, unos monjes-soldado que gozaron de un imperio importante a finales del siglo XI a base de ganar batallas, tener dinero y reformar la religión en su beneficio (y nos pensábamos que la historia esa era nueva). El caso es que estos almorávides acuñaron moneda de oro y la llamaron “murabití“, igual que cuatro siglos llamaron “castellanos” a algunas monedas de oro acuñadas por Enrique IV y por los Reyes Católicos. Esos “murabitíes” se extendieron por todo el imperio almorávide y por la totalidad de la Península Ibérica y así llegaron a los bolsillos de los cristianos pudientes. Dicho esto se hace evidente que la palabra “morabetino” (unas monedas de oro acuñadas por Alfonso VIII) también proviene de “murabití“. Luego el término degeneró y se llegó a la palabra “maravedí”.

Dicho esto, dejo un par de curiosidades con respecto a esta palabra. La primera es que aunque los coleccionistas diferenciemos clarísimamente un maravedí de un morabetino, la RAE no lo hace y los considera sinónimos, si bien deja como primera acepción de morabetino “moneda almorávide de plata y muy pequeña”, sin hacer ninguna alusión a los morabetinos de oro almorávides o cristianos. Voy a ver si me paso un día por la RAE y le cambio a alguno un maravedí por un morabetino, que como son sinónimos digo yo que costarán parecido… la segunda curiosidad es más extraña todavía, y es que según Pedro de Mingo maravedí es la única palabra en castellano con tres plurales: maravedís, maravedíes y maravedises.

Real:  esta palabra es menos espectacular, simplemente significa “relativo al rey”. No obstante, no es casualidad que estas monedas de plata apareciesen en la Península cuando se asentaron las monarquías cristianas, es decir, a finales de la Edad Media.

Escudo: tampoco es muy espectacular la proveniencia de esta palabra, pues se denominaron “escudo” a las monedas de oro equivalentes a 16 reales por el simple y llano hecho de que mostraban un escudo. La cuestión curiosa es que en la Península Ibérica hubo que esperar hasta la Edad Moderna para acuñar escudos, mientras que en Francia se acuñaban los célebres Ecu d’or desde el siglo XIII, también denominados así porque mostraban un escudo. Ya en el siglo XX, cuando Portugal se libró de la monarquía crearon una nueva moneda que sustituyera al real (más que nada porque ya no había rey) y como el diseño mostraba un escudo tuvieron la misma idea que España o Francia siglos antes. Lo que no sabía es que todavía hay una ex-colonia portuguesa que usa el escudo como moneda: Cabo Verde.

Todas las imágenes están tomadas de Wikipedia. Son un denario de Juno, un denario de Flavia Domitilla (mujer de Vespasiano), la Gran Dobla de Pedro I acuñada en Sevilla (expuesta en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), una pieza de 4 maravedises de los Reyes Católicos con ceca de Cuenca, dos reales de Segovia de 1723 y ocho escudos de Méjico de 1798.

Los que coleccionen euros sabrán que durante los últimos años la FNMT está sacando tres carteras conmemorativas: una “normal” y otras dos dedicadas a las comunidades autónomas, a razón de dos carteras autonómicas por año. No está nada mal pensando que cada cartera sale a 32 euros y realmente hay 5,88 euros de facial, el negocio de la FNMT es redondo. Además, se emite una moneda de dos euros conmemorativa que los últimos años se está dedicando a edificios del patrimonio de la UNESCO en España, con una tirada máxima en el BOE de 8 millones de piezas. En cualquier caso, ya sabéis que a mí la moneda contemporánea no me gusta mucho, ni para coleccionar ni para invertir.

Lo que a lo mejor no saben algunos de mis lectores es que España emite, además de las anteriores, unas carteras especiales dedicadas a la World Money Fair de Berlín, que es una mezcla entre enorme feria de maquinaria industrial, escaparate de las casas de monedas y convención numismática que se celebra todos los años en Berlin. Esas carteras son como las que se muestran en la imagen que ilustra la entrada, y contienen en primicia la moneda conmemorativa de dos euros de 2011. Bueno, pues ya están todos mis lectores informados de la existencia de unas carteras de las que yo no tengo ni el más mínimo interés como coleccionista; pero aprovecharé la ocasión para mostrar cómo, en mi opinión, la FNMT juega siempre para llevarse todo el trozo del pastel que pueda (me baso en estos datos).

El primer año que sacaron estas carteras fue en 2008, con una tirada de 1500 carteras que se vendieron por sorpresa en la World Money Fair de Berlín a 35 euros cada una. La regla era que sólo iban a dar una cartera por persona en la feria, con la hipócrita escusa de que así llega a los coleccionistas y no se especula con ellas. Menuda tontería, ¡a ver cuántos coleccionistas de a pie se marchan a Berlín a una feria numismática! Esa regla fue una total estupidez que no sirvió para nada más que para crear espectativa, porque allí los comerciantes convencían a sus conocidos de otros países para que cogiesen una cartera por ellos y fueron bastantes los comerciantes que se trajeron 50 carteras a España. Ahora se venden a unos 120 euros o así.

Visto el éxito, y visto que la oferta era superior a la demanda, la FNMT volvió a emitir carteras en conmemoración a esa feria, pero aumentó la tirada conservando el precio. Los asistentes a la feria volvieron a hacer lo mismo y cuando volvieron a España vendieron las carteras a 100 euros a todos aquellos que estaban deseosos por tenerlas antes de que se acabasen y subiese el precio. Ahora esas carteras rondan los 60 euros y sólo ha pasado un año. No hay demasiada demanda, pero está claro que todavía hay más que oferta.

Así pues, la FNMT ha vuelto a aumentar la tirada manteniendo el precio. La novedad es que esta vez “para que se repartan más y lleguen a los coleccionistas” además de vender las carteras en la feria, han separado una buena parte para venderlas en la tienda de la FNMT, tanto físicamente como por correo. No sé si todavía estarán disponibles, la semana pasada sí. Sólo se vendían de una en una y no era posible el envío combinado (aunque se pagase realizando transacciones bancarias de cuentas de diferentes amigos que quieran ahorrar costes de transporte), cobrando por los portes de una carterita 8 euros, que viene a ser el doble de lo que cobra Correos por el envío a un particular. Digo yo que la enviarían en una paloma mensajera o algo así.

Yo creo que la jugada está clara: están intentando convencer al mercado de que se compre una cartera más. El primer año emitieron pocas carteras, generaron expectativa y exclusividad. Cada cartera cuesta 35 euros y tiene 5,88 euros de facial, así que más o menos la FNMT ganará unos 28 euros por cartera vendida y el Banco de España (BE) unos 5,50 (total ganancias FNMT = 42.000 euros, BE =  7.500 euros, revendedores = 127.500 euros). El siguiente año vendieron más pero al mismo precio, y siguieron generando la expectativa (ganancia FNMT = 56.000 euros y BE = 10.000 euros, revendedores = 50.000 euros). Este año la tirada ha vuelto a aumentar, y con ello los beneficios (FNMT = 84.000 euros y BE = 15.000 euros). Mi apuesta es que no creo que quien quiera revenderlas vaya a hacer un gran negocio, pero todo se verá; si sigue habiendo más oferta que demanda se seguirá aumentando la tirada, y si hay tanta oferta como demanda se aumentará el precio. En ambos casos se aumentará los beneficios de la FNMT, puesto que es ese organismo quien es capaz de regular el mercado y, evidentemente, lo regula para su propio beneficio aunque evidentemente se reduzcan o se anulen los beneficios de los revendedores.

Otra cuestión es que me he enterado que se va a reducir la tirada de las monedas de la UNESCO. Bueno, en realidad no es que se vaya a reducir la tirada, sino que de los 8 millones de piezas que se podrían haber acuñado sólo se van a acuñar 4 millones. En opinión de Rubén esto hará que suba el precio de esas monedas, pero yo opino lo contrario: no hay más de 4 millones de coleccionistas que quieran tener esas monedas y es muy improbable que los llegue a haber. Si hubiese más demanda no tendría ningún sentido dejar de emitir monedas conmemorativas puesto que la FNMT perdería dinero, y no creo que ningún organismo vaya a hacer algo para perder dinero.

Finalmente os dejo una tabla con las emisiones de las monedas de 2000 pesetas, 12 euros y 20 euros. Claramente se aprecia la tendencia a la baja en estas emisiones, y es que están pasando de moda y aunque antes hubiese gente que no eran coleccionistas y se hacían con ellas, ahora casi sólo somos los aficionados quienes las compramos. También es claro que ha habido un pequeño aumento en la emisión de la última moneda a pesar de que es más cara que las anteriores, parece ser que su diseño (dedicado al balonpié) ayuda a convencer a los no aficionados a hacerse con algún ejemplar.

En el blog se han dedicado bastantes artículos a las subastas numismáticas y en múltiples ocasiones he animado a los lectores a participar en ellas, o al menos a seguirlas. Esta idea se reflejó sobre todo en la entrada anterior, en la que se sacó a relucir las ventajas de seguir las subastas. Así pues, y llegado a este punto, entiendo que todos los lectores deberían estar ya convencidos de que es interesante manejarse por las subastas numismáticas y de que se han hecho una buena idea de qué pueden encontrar y qué no pueden encontrar ahí. Por lo tanto, supongo que si no se participa en subastas numismáticas es debido a una de las siguientes dos razones: no se quiere, en cuyo caso no tengo nada que hacer, o no se sabe cómo, en cuyo caso recomendaría que se leyese esta entrada y seguro que al finalizar ya estamos preparados.

Para hacerlo más sencillo, voy a dividir en cinco pasos la forma de participar en subastas.

PASO 1: ESTAR ENTERADO DE LA SUBASTA

Parece algo trivial, pero es necesario: si no nos enteramos de que hay una subasta difícilmente podremos participar en ella. En España no hay demasiadas subastas, así que no cuesta mucho visitar periódicamente sus páginas web (lo normal es que tuvieran un RSS, pero ya digo que la numismática no se lleva bien con la tecnología, pero que nada bien…). Otra opción es andar pendiente de publicaciones numismáticas para enterarse de las subastas que van apareciendo, tanto nacionales como internacionales. Para este asunto está especialmente recomendado el blog de numisfera (aunque últimamente actualiza con menor frecuencia que antes) y también la web de SixBid; evidentemente, también hay foros, revistas y otras publicaciones internacionales que nos pueden mantener informados. Por último, hay que decir que una vez que nos convertimos en clientes habituales de las casas de subastas, son éstas las que nos mandan información a casa y por correo electrónico para que andemos pendientes de sus lotes.

PASO 2: ESTUDIAR NUESTRAS PUJAS

Este es, sin duda alguna, el paso más complicado. Se trata de partir de un enorme conjunto de lotes de la subasta, ver cuáles nos podrían interesar, decidir un precio de puja que sea razonable pero que aún así nos asegure una compra barata… para hacerlo bien hay que conocer el mercado, ¡pero hacerlo es la mejor manera de aprender a manejarnos en el mercado!

Antes de ponerse a estudiar una subasta recomiendo leer esta entrada, en la que se dan algunos consejillos justamente para este asunto; hay que tener también en cuenta que las subastas conllevan una carga que ronda el 20%.

PASO 3: REALIZAR LAS PUJAS

Si lo anterior se ha hecho adecuadamente, esto no debería ser ningún problema. Simplemente se trata de hacer llegar a la subasta las pujas que hemos considerado después del análisis anterior. Se puede hacer de dos maneras diferentes: en directo o en diferido.

En diferido consiste en realizar la puja antes de que se celebre la subasta. Esa puja quedará guardada y si es la más alta de cuantas se han realizado antes de la subasta cuando se anuncie ese lote se dirá “la puja actual es de XX euros”. Si alguien en directo la supera nos quedamos sin el lote, si no la supera nadie se nos adjudica.

Para realizar pujas en diferido hay que comunicarse con la casa de subastas de una manera u otra. Tradicionalmente se mandaban la relación de pujas por correo postal; hoy en día resulta más cómodo utilizar aplicaciones telemáticas para esa cuestión. Algunas casas de subastas (Aureo, Marti Hervera, Soler y Llach, Vico) proporcionan una aplicación web en la que se pueden introducir las pujas y enviarles la relación de pujas. No hace falta registrarse, pero al enviar las pujas hay que dar algunos datos personales. En otros casos, como Cayón, se pueden mandar las pujas a través de la web de SixBid. Finalmente, hay otros que permiten mandar sus pujas por correo electrónico, yo es el método que utilizo con Cayón y con Herrero.

Las pujas en vivo se hacía tradicionalmente en la sala de subastas. Para ir a una sala de subastas no hace falta ser ningún emérito numismático ni nada por el estilo: va quien quiera, es un acto público. En los últimos meses también ha aparecido la posibilidad de realizar las pujas en vivo a través de la Web. En España Cayón fue el pionero, contratando los servicios a the-saleroom (que cobraba un 3% a mayores de tasas en caso de adjudicarte el lote); ahora parece que Soler y Llach está haciendo lo propio con un servicio que han montado ellos mismos; todavía no lo he probado porque la próxima subasta numismática que hagan será en la primera en la que se pueda pujar por este sistema.

Como veis, no es nada del otro mundo realizar las pujas, pero es a lo que más miedo suele tener la gente. También habría que advertir de unas cuantas cosas a este respecto: hay que fijarse bien en las pujas que se hacen y en las monedas que se pujan, si cometemos un error y nos adjudicamos un lote ya no hay vuelta atrás. Hay algunas subastas que sólo se pueden pujar en diferido, suelen ser subastas pequeñas con pocos lotes de gran calidad, pero en las que se pueden encontrar monedas baratas para los coleccionistas de a pie. Al realizar las pujas en algunas subastas (v.g. Aureo o Marti Hervera) se puede indicar la cantidad máxima de adjudicación para asegurarnos que no  nos pasemos y no podamos pagar después la factura. También se puede utilizar esta idea para hacer algún truco con las pujas.

PASO 4:  ESTUDIAR LOS REMATES DE LA SUBASTA

Al cabo de uno o dos días después de haber realizado la subasta se publican los precios de remate de las subastas. Hay que mirarlos por varios motivos. El primero de ellos es porque así se aprende mucho sobre el mercado numismático y nos será más fácil tasar monedas y calcular su valor. El segundo es porque los lotes que quedan desiertos se los puede adjudicar el primero que venga y pague su precio de salida (haciendo como si se “pujase” por ese lote en la aplicación web). No hay que pensar que porque no los haya querido nadie vayan a ser malos lotes, yo he cogido muchas piezas así y en general he salido muy contento.

PASO 5:  PAGAR

Es un paso evidente pero no hay que olvidarse de él. Unos días después de la subasta recibiremos por correo postal o por e-mail una factura con los lotes adjudicados, el total a pagar y la cuenta bancaria a la que ingresar el dinero. Se realiza el ingreso y ya está, al cabo de una semana o así recibiremos las monedas. Yo en el concepto de la transferencia suelo indicar el número de factura, para que quede claro a qué factura y a qué cliente pertenece esa transferencia. Sólo una vez tuve problemas con una conocida casa de subastas española que decía no haber recibido mi dinero después de que yo les preguntara por qué tardaba tanto en llegar la moneda; tras intercambiar varios correos y escanear el resguardo de la transferencia me pidieron disculpas y al día siguiente tuve la pieza en mi domicilio. También se pueden recogar los lotes en mano acercándose a la casa de subastas, es algo que suelo hacer si coincide que voy a Madrid justo después de alguna subasta.

En este punto sólo me queda por decir que, como veis, participar en una subasta numismática es algo muy sencillo y yo recomiendo encarecidamente que lo hagáis, aunque de que eso pueda repercutir en que suban los precios de los lotes que yo me querría llevar (soy así, ¡¿qué le voy a hacer?!).  No obstante, a pesar de ser algo fácil es una cuestión seria, y aquél que se adjudique un lote debe pagarlo, no valen historias de que ahora ando mal de pelas o de que me confundí al pujar; haberlo pensado antes. Hacer eso es algo muy feo, muy poco ético (perjudicas a un vendedor y a otro comprador que sí estaban interesados en hacer el trato) y además es un delito. Con esto no quisiera asustar a nadie, sólo dejar claro que una subasta es algo serio.

Las fotos que ilustran la entrada están tomadas de la próxima subasta selección de Aureo que se celebrará el día 17 de marzo y se tratan de unas preciosas piezas de 8 reales de Felipe IV, ceca de Segovia.

Los que seguís el blog desde hace tiempo ya habréis notado que recomiendo encarecidamente seguir las subastas numismáticas desde el primerísimo momento en el que uno se inicia en esta afición. Hay un apartado de este blog dedicado a las subastas e incluso está el blog de Numisfera que se dedica exclusivamente a esta cuestión. Igualmente, otros blogueros a los que estimo (un ejemplo y otro ejemplo) dedican también buena parte de sus esfuerzos a hablar de las subastas. Por algo será.

No obstante, ya he visto bastantes aficionados que llevan años coleccionando monedas y que nunca se han interesado por las subastas. Aquí hay algunos ejemplos de coleccionistas que se han interesado después de mucho tiempo de afición (y parece que les ha gustado). En esos mismos enlaces podéis encontrar a gente que dice que si se ha interesado por las subastas es gracias a que yo se lo he recomendado; comentarios como ese son los que me hacen seguir escribiendo a pesar de llevar todo el día trabajando. Siguiendo con esta línea mi intención es escribir un par de entradas que animen de forma más explícita a todo el mundo a iniciarse en las subastas numismáticas. Para ello escribiré una entrada en la que explicaré los sencillos pasos que hay que seguir para pujar en subastas, y de esa manera quitar el miedo a hacerlo, pero antes dedicaré la entrada de hoy a qué se puede esperar, y qué no, de las subastas numismáticas. En otras palabras: ¿qué beneficios proporcionan las subastas a un coleccionista?

Los coleccionistas más neófitos en la materia creen que las subastas los precios de venta de las monedas son más bajos que los que puedan encontrar en mercadillos o profesionales. Esto se debe fundamentalmente a que muchos vendedores echan sus cuentas con respecto a los precios de remate de subastas y por la imaginación humana, que muchas veces idealiza aquello que no conoce. De todas formas, es razonable pensar que si los profesionales compran monedas en subastas y luego nos las venden, los precios de las subastas serán más baratos que los precios a los que se puede comprar monedas a los profesionales. No obstante, esto no tiene por qué ser cierto ya que muchas veces los mercaderes compran monedas en lotes o tienen formas alternativas de adquirir piezas que hace que su precio pueda ser más competitivo.

Una vez me dijo un comerciante que las subastas son siempre caras por definición. Me dijo algo así como: “Yo te vendo esta moneda a ti en un trato privado por 80 euros, si a ti te parece barata la compras y no lo harás en otro caso; no obstante, si subasto la moneda es tanto como vendérsela a la persona que más pagase por ella, quien además, deberá pagar un 18% extra de cargo a la casa de subastas. Quizá en Sevilla haya alguien interesado por esta moneda dispuesto a pagar 100 euros por ella, yo no lo sé, pero en caso de que la hubiese tendrías que pagar 110 euros por la pieza en vez de 80, que es a lo que te la estoy ofreciendo”. Evidentemente sus palabras eran muy persuasivas para que le comprara la moneda, pero no le faltaba parte de razón: en las subastas numismáticas prácticamente nunca se pueden comprar monedas a precio de chollo, entendiendo por “chollo” un precio tal que te deje más de un 20% de ganancia sin engañar a nadie. Así que el primer y más importante prejuicio a quitarse es ese: no hay cholletes en las subastas y la mayoría de los remates suelen ser más bien caros.

Pero yo no recomiendo a nadie que siga las subastas para cazar regalos, sino porque las subastas son un fiel reflejo de la situación del mercado numismático en cada momento. Son datos objetivos que reflejan el precio de las monedas. Por eso cuando yo digo precios de las monedas no indico lo que a mí me parecería, ni tampoco suelo hacer juicios de valor sobre si algo me parece caro o barato. Me limito a decir: “en la subasta X celebrada el día Y se remató por Z euros”. Eso es un dato objetivo que nadie me puede rebatir (salvo error bibliográfico o tipográfico), pero si yo digo “pues yo creo que vale 100” y otro viene y dice “pues yo creo que vale 50”, entonces no llegamos a ninguna parte. Esos juicios de valor los debe hacer cada uno, y es siguiendo las subastas y analizando los precios de salida y de remate como se pueden sacar conclusiones sobre la evolución del mercado, e incluso hacer algún tipo de predicción sobre cómo se comportarán los precios en el futuro.

Estoy seguro de que a alguno le he asustado con el párrafo anterior, pero pensad que la cuestión es mucho más sencilla de lo que parece. En las subastas también se venden monedas baratas que se rematan por menos de 20 euros. No está de más seguirlas para ver cuánto paga la gente por las monedas que nosotros compramos en el mercadillo, no vaya a ser que nos estén engañando, como en este caso.  También podemos analizar cómo se comporta el mercado y eso nos puede ayudar a reflexionar sobre nuestra colección. Por ejemplo, no es casualidad que no se subasten monedas de euros, ni que en España los apartados dedicados a la numismática clásica sean muy pequeños en comparación con los que se dedican en las casas de otros países.

Por otro lado, en las subastas numismáticas se pueden ver monedas a las que generalmente sólo tienen acceso unos pocos privilegiados. Ya han aparecido por el blog varios casos de monedas inéditas que han salido a subasta y también otras monedas de muy alta calidad que maravillan a cualquiera. Yo me paso bastante tiempo mirando maravillado catálogos de subastas en los que hay piezas que no me puedo permitir y que nunca me podré permitir, pero que me resultan preciosas. En ese sentido, ver un catálogo de monedas (ya sea en papel u on-line) es una alegría para la vista de cualquier coleccionista.

Hablando de los catálogos de subastas, ya hemos dicho que son la mejor forma de tasar nuestras monedas y que no hay que hacer caso de los catálogos comerciales que ponen el precio que interesa al editor. Por otro lado, tener una buena colección de catálogos de subastas en casa, ya sea en formato electrónico o en papel, es la mejor manera de conocer piezas raras y variantes. Además, esos catálogos los regalan las casas de subastas a los clientes que frecuentemente pujan por sus lotes, por lo que al final tenemos una fuente de información muy útil y gratuita. Lo malo es que no resulta sencillo buscar entre decenas de catálogos de subastas, pero ese es un problema clásico de obtención de información.

Finalmente, también ha quedado patente en el blog que en los catálogos aparecen reseñas históricas sobre monedas de altísimo interés académico. Muchas veces la propia investigación numismática proviene de la necesidad de tasar o contextualizar una moneda para una subasta, dando lugar en algunas extrañas ocasiones a estudios de un calibre tal que se llega a editar un libro al respecto. Por eso hay veces que leer un catálogo de una subasta es muy interesante más allá de la faceta coleccionista, teniendo exclusivamente un interés histórico al respecto (como en este otro caso).

Pero antes de acabar, un regalo a mis lectores: tengo un pequeño programa (hecho por mí) con el que me descargo fotos de las monedas que aparecen en las subastas españolas y algunas extranjeras. Hay veces que me descargo también los catálogos en .pdf y las listas de precios rematados. Voy a empezar a compartir todo eso en el foro de Imperio Numismático, así que tendréis un montón de material recopilado por mí y puesto a vuestra disposición para todo aquel que lo quiera. También me iré descargando las fotos de las nuevas subastas españolas que aparezcan, pero si alguno quiere alguna extranjera puede pedírmelo.

Las fotos que ilustran la entrada son algunos de los rostros más feos que aparecen en la numismática.

A la gente que empieza a coleccionar monedas es complicado hacerles entender que el precio de una moneda varía enormemente dependiendo de en qué mano esté, sobre todo cuando se habla de monedas caras. Voy a ver si lo explico en esta entrada.

Casi todos los días recibo algún correo diciéndome que tienen algunas monedas provenientes de una herencia familiar. En la práctica totalidad de los casos esas monedas resultan ser falsas o no tener ningún valor numismático, pero ha habido algunas excepciones. Uno de ellos era un chico madrileño (llamémosle Enrique) que había heredado varias piezas de la monarquía española de bastante valor. Como siempre es un placer verlas quedé con él y le dije que a mi juicio eran buenas, aunque en algunas de ellas dudaba bastante. Entre las que me parecían buenas estaban una de 10 céntimos de Carlos VII, una de 20 reales y otra de 80 reales de Isabel II, un doble excelente de los Reyes Católicos, dos 8 reales columnarios, dos piezas de ocho escudos de Carlos III y Carlos IV… ya digo que había cositas interesantes.

Ahora viene  la pregunta complicada: ¿Cuánto vale esto? No es fácil de responder puesto que el precio de esas monedas varía enormemente dependiendo de en qué mano esté. En manos de Enrique vale muy poco, primero porque no conoce coleccionistas que pudiesen estar interesados en ellas, por lo que sólo le quedaría la posibilidad de vendérselo a un intermediario, que le pagaría entre un 20 y un 50% menos de lo que sacaría él. Todo esto suponiendo que el intermediario sea una persona honrada y no le venga con la clásica de “son piezas falsas” para comprárselas a precio de plata y de oro aún siendo buenas.

En mis manos (me pongo yo como ejemplo aunque valdría cualquier aficionado) algunas de esas monedas valen más porque conozco  coleccionistas interesados en todas ellas que estarían interesados en comprarlas. No me sería nada difícil vender las baratas a un precio razonable, e incluso podría hacerme responsable de que son buenas porque ya han pasado varias de esos tipos por mis manos y las conozco bien. Ahora bien, yo no soy capaz de dar mi palabra de que un doble excelente de los Reyes Católicos es bueno, no tengo la experiencia suficiente. Así pues, para las piezas más caras me veré obligado a darlas baratas a algunos coleccionistas que sí se vean capaces de reconocer si son buenas o no, o si no me veré obligado a recurrir a un intermediario. No obstante, yo ya sé qué intermediarios son de fiar y cuáles no.

Otro caso sería que esas piezas estuvieran en manos de un profesional que pueda garantizar su autenticidad, que conozca qué coleccionistas estarían interesados en cada una de las piezas e incluso quién estaría dispuesto a pagarle más dinero. En esas manos es donde las monedas realmente valen su precio.

Con este ejemplo supongo que quede claro por qué el precio varía mucho dependiendo de quién posea las monedas. El valor añadido que el vendedor proporciona es fundamentalmente el tener contactos y el proporcionar una confianza a sus compradores que se traduce en una garantía de que las monedas son buenas. Quien compra unas piezas (aunque sean caras) no tiene por qué ser un experto en numismática, y la mayoría de las veces es la confianza que se tiene en el vendedor lo que hace que se compre con confianza.  Yo no entiendo de moneda romana, pero si tuviese que comprar alguna conozco vendedores a los que les compraría piezas a ciegas.

Esta idea está muy relacionada con algunas de las cosas que se ha dicho en el blog. Por ejemplo, por esto mismo no recomiendo que nadie compre monedas caras cuando está empezando, porque perdería mucho dinero a la hora de desprenderse de ellas (él o sus herederos). También se relaciona con que no recomiendo que nadie empiece comprando monedas en eBay, donde la confianza es más bien escasa.

Finalmente, publico aquí un consejo que suelo dar a los dos o tres que resulta que han tenido piezas buenas y caras: “subcontratad esa confianza”. La forma de subcontratarla es poniéndose en contacto con alguien que sea capaz de venderlas a buen precio y se lleve un tanto por ciento de la venta. Yo hice de ese rol para unos familiares hace unos años y el que se vea en esa situación y conozca a un aficionado posiblemente sea su mejor opción. En caso de no conocer a nadie la forma de llegar a los coleccionistas finales proporcionándoles garantías es acudir a subastas numismáticas, las cuales tienen unas cargas bastante grandes, pero a priori vendiendo así las monedas se sacará más que dándoselas a un intermediario.

Las imágenes de la entrada están sacadas de la subasta de Aureo del 26 de enero de 2011. Se tratan de medio real, un real, dos reales, cuatro reales y ocho reales acuñados en Potosí bajo el reinado de Carlos II. Se remataron en 70, (desierta), 190, 110 y 180 euros respectivamente.