You are currently browsing the monthly archive for septiembre 2011.

Siempre que hablamos de recomendaciones bibliográficas lo hacemos para recomendar libros de los que se puede aprender un montón de cosas. Pero también los hay malos y esos también supone gastar tiempo y dinero en adquirirlos. Así pues, voy a dejaros un par de libros que compré fundamentalmente porque eran baratos y porque versaban de temas sobre los que no tenía bibliografía en ese momento. Resultaron ser esas sus dos únicas virtudes, porque a estos libros no hay por dónde agarrarlos.

“Marcas, Resellos y Contramarcas sobre moneds españolas, austriacas, brasileñas, francesas y portuguesas 1810 – 1910”, de José Luis González

Este libro es un catálogo de los resellos sobre monedas españolas reselladas por otros países, piezas que gustan a muchos coleccionistas y que es difícil de coleccionar por la cantidad de variantes que hay y la enorme cantidad de falsificaciones que se encuentran en el mercado. No conocía un catálogo especializado en este tipo de monedas, por lo que pensaba que sería interesante para aprender a identificar los tipos de resellos que hay y aprender a observarlos para que no me cuelen falsificaciones.

Pues resulta que esta publicación no hace ni una cosa ni la otra: ni permite identificar un resello ni da detalles sobre sus falsificaciones. De hecho, se dedica a enumerar algo más de 100 resellos de diferentes países sobre moneda española proporcionando fotos de una horrorosa calidad a algunos de ellos. El resto simplemente da una mínima descripción y a veces ni siquiera eso, simplemente indica que existen resellos de ese país, pero no dice cómo son. Por otra parte, los dibujos son tan malos que no se pueden ver bien la mayoría de los resellos como para poder ver en detalle sus características.

Lo más cachondo de todo es que pone precios a algunos de los resellos, pero sólo hay dos tipos de precios: $500 y $1000. Ya sabéis que a mí no me gusta fijarme en el precio de los catálogos, pero esto ya es de risa. Además, para las monedas de países que no son España simplemente pone unas cuantas imágenes de monedas reselladas, sin decir de dónde son los resellos ni si hay más monedas que ahí no se contemplan. Por último, y para colmo, hay tres páginas que sin motivo aparente están escritas en inglés.

“Prontuario de la moneda arábigo española”, de J. J. Rodríguez Lorente

Este libro es, supuestamente, una introducción a la numismática árabe de las cecas que actualmente se encuentran en España. Digo “supuestamente” porque más que introducir al lector, le deja en la puerta. Todo lo que el libro indica es razonable y está bien estructurado, pero el contenido es tan pobre que al acabar de leerlo no se ha aprendido prácticamente nada. Entiendo que es una introducción y que no tiene que andar dando detalles que sólo serían comprensibles para expertos, pero creo que se queda demasiado corto. Al menos yo me sentía igual de ignorante sobre la moneda arábigo-española antes y después de haberlo leído.

 

Si alguien conoce buenas referencias bibliográficas que versen sobre estos dos temas, por favor que los indique en los comentarios. Realmente me interesan.

Voy a hacer una pequeña entrada publicitaria sobre cuatro proyectos dedicados a la numismática. Son los siguientes:

FORO MONETA AUGUSTA

Muchos colegas aficionados a la numismática han montado un nuevo foro. Seguro que los que rondáis por los foros de numismática en castellano ya conocéis a todos los administradores y los moderadores, que son gente muy activa y que sabe mucho de monedas, así como a buena parte de los usuarios dados de alta.
Yo me he dado de alta en el foro pero la verdad es que no creo que tenga demasiado tiempo para opinar. La razón es que este curso se me presenta con muchísimo trabajo y el tiempo que dedico a la numismática se lo suelo dedicar al blog. Además, como aficionados a la numismática que andemos por Internet somos cuatro gatos, al final en todos los foros estamos la misma gente. Yo estaré dado de alta en media docena de ellos, pero luego no tengo tiempo para poder entrar a diario en casi ninguno. Por cierto, quizá sería buena idea intentar unificar todos los foros numismáticos de España. ¿No creéis?

GALERÍA NUMISMÁTICA

Mi colega Arkaitz Fernández ha publicado una estupenda galería de imágenes y datos sobre moneda española. Por ahora ha comenzado con El Centenario de la Peseta, porque es lo más conocido y lo que más demanda la gente, pero su idea es ir hacia atrás y llegar a catalogar todas las monedas españolas. Puede ser una tarea ardua, y más para una persona sola, pero desde luego que si consigue catalogar una buena cantidad de las monedas españolas tal y como ha hecho con El Centenario, el valor del producto es indudable.

eNUMISMATIC

eNumismatic se trata de un proyecto de David Rodríguez al que le deben quedar los últimos remates. Su idea es proporcionar una web social con gran cantidad de información sobre monedas españolas y así permitir que cada usuario defina su colección, tanto de monedas como de bibliografía numismática. Todavía no he probado el proyecto (me dijo que para estas fechas iba a estar listo, pero parece que falta algún toquecito todavía) pero la idea es estupenda.

I concurso de Numismática Medieval

Se ha abierto el primer concurso de numismática medieval, organizado por el blog de nombre homónimo. El concurso tiene dos modalidades y participan tanto monedas como los relatos de sus autores. Podéis ver las bases aquí. La participación es gratis y hay premios para los ganadores, espero que os animéis unos cuantos. En el jurado hay un montón de gallegos la mar de majos, entre los que están  los autores del blog de A las Magas y a las Duras, Numismática Medieval e Historia y Numismática, además de Antonio Roma, que ya será conocido por todos después de ésta excelente entrevista. Por si fuera poco, el concurso tiene un carácter solidario y los organizadores donarán 25 céntimos por cada moneda que participe a la ONG Aldeas Infantiles.

Hace unos meses me levanté un día con ganas de profundizar sobre los métodos de graduación de monedas. Ya hemos hablado mucho sobre el asunto de la graduación, así que a estas alturas todos los lectores sabrán que la graduación de la calidad de una moneda es crítica a la hora de valorar y tasar monedas. Así pues, me puse a busca bibliografía sobre el asunto y compré toda la que encontré.

Pero, ¡oh sorpresa! ¡qué cosa tan extraña! Resulta que no hay ni un solo libro publicado en castellano sobre el asunto.  Todo lo que encontré está en inglés, la inmensa mayoría centrado en el mercado americano, que es un mercado muy diferente al español y que tiene ciertas particularidades que hace que no todas las lecciones aprendidas en esos libros se puedan transportar directamente a nuestra numismática. En general mi opinión sobre ellos es muy buena y creo que vale la pena estudiárselos para aprender a observar una moneda. Lleva tiempo, pero creo que lo merece ya que es una parte imprescindible del coleccionismo. Os dejo una breve descripción particular de cada uno empezando por los que menos me han gustado.

“NGC Grading guide for modern U.S. Coins”, de R.S. Montgomery y D.W. Lange

Este libro, aunque su título diga lo contrario, realmente no enseña a graduar monedas. Describe monedas de circulación y conmemorativas a partir de 1965, contando su historia y las características propias de cada tipo de monedas. Pero no hay una guía de cómo valorarlas ni tampoco muchas fotos que permitan comparar unas piezas con otras. De hecho, las fotografías brillan por su ausencia y todas son en blanco y negro.

Puede estar bien como introducción a la moneda actual americana, pero nada más. Por otra parte, está claro que se centran en los lectores novatos porque apenas hablan de monedas caras. Por último, al estar editado por NGC su visión es muy parcial.

“The official American numismatic association grading standards for United States Coins”, de K. Bressett

Este libro está bien, pero no lo considero ninguna joya. Da información útil para aprender a graduar monedas, pero no da demasiados detalles sobre en qué fijarte concretamente para cada tipo de moneda. Lo que más me gusta es la introducción, en la que explica de forma muy clara algunos conceptos que son muy útiles para quien comienza a coleccionar y para quienes ya llevamos unos años. Pero cuando se pone en materia da poco detalle sobre las monedas y las fotos que acompañan a las explicaciones son muy pobres y en blanco y negro.  Otra pega que se nota a lo largo del libro es que la ANA está detrás, y claro, es muy poco crítico con muchos aspectos del mercado y de las empresas de graduación. En algunos puntos parece que lo que intenta es convencer al lector de que no compre monedas sin encapsular.

“Grading coins by photographs”, de Q.D. Bowers

Un buen libro de 360 páginas a todo color en las que se detalla las características que debería tener cada tipo de moneda en cada uno de las graduaciones Sheldon que más se suelen encontrar. Además, en la introducción al libro se incluyen unas explicaciones muy interesantes que sirven para salvar de palos a más de uno. Por ejemplo, la idea de “tasaflacción” está tomada de ese libro.

Como contras se tienen unas fotografías que, aunque están a color, son bastante pequeñas y de no muy buena calidad. Además, en todas las monedas se pone una sola fotografía para los grados entre MS-60 y MS-70, cuando es justamente ahí donde más hay que incidir porque pequeñísimos detalles pueden hacer que el precio de la moneda se dispare. Por lo demás, es un libro muy interesante que no es muy caro y que merece la pena.

“The standard guide to grading British coins”, de D.F. Allen

Este es el único libro que encontré que no versaba sobre la numismática americana, sino sobre la inglesa, que en muchos aspectos es más semejante a la española. Se consideran los estados de conservación tradicionales, y no la escala Sheldom; además, no se da tanto la vara con el tema de la encapsulación y todo eso, que parece que los yankis no pueden dormir si no tienen las monedas certificadas.

El libro abarca todas las monedas desde 1779 a 1970 y muestra varias fotos a todo color para cada uno de los tipos y para cada una de las conservaciones consideradas. De esta forma se pueden apreciar muy bien los detalles que hacen que una moneda pase de VF a EF aunque no se sea un experto. Lo que menos me gusta del libro es que es muy parco en palabras y lleva hasta el límite eso de que “una imagen vale más que mil palabras”.  No vendría mal una pequeña introducción metodológica sobre cómo mirar las monedas o algo así.

“Making The Grade: A Grading Guide to the Top 50 Most Widely Collected US Coins”, de B. Deisher

Este libro enseña a observar monedas, algo que los anteriores realmente no hacen. Cuando digo que “enseña a observar” me refiero a que te da detalles muy concretos sobre en qué fijarte para cada uno de los tipos de monedas que muestra. Esto lo consigue porque para cada tipo de moneda enseña dos imágenes en las que se representan las zonas donde la moneda suele presentar antes el desgaste y la importancia que tiene una imperfección en cada zona de la moneda.

Estas dos ideas son muy importantes y aunque suenan lógicas realmente no son triviales: hay que fijarse en el desgaste de las monedas, pero unas zonas se desgastan más que otras (ya lo vimos con los 10 céntimos de 1870);  por otra parte, lo ideal es que la moneda no presente imperfecciones, pero si las presenta su importancia depende de la parte de la moneda en la que se encuentren. En estos dos conceptos profundiza mucho el libro y por ello me parece genial, me encantaría que tuviéramos uno semejante para la moneda española.

En cuanto a pegas, encuentro tres: el formato panorámico del volúmen, que lo hace muy incómodo; la introducción metodológica es demasiado escueta y sólo se tratan 50 tipos de moneda americana, ya se podían haber estirado y haber analizado todos los demás. De moneda de oro hay muy poco.

Us Gold Counterfeit Detection Guide (Official Whitman Guidebook)

Se trata de otro libro muy interesante para observar monedas, pero no se centra en la graduación de las mismas, sino en la detección de falsificaciones. Al principio dedica unas cuantas páginas generales sobre detalles que pueden tener las monedas que nos deberían hacer saltar todas las alarmas sobre su falsedad. Después describe cada uno de los tipo de monedas americanas de oro y muestra las monedas falsas que han encontrado para cada tipo, explicando que detalles casi imperceptibles permiten detectarlas. Además, la calidad de las fotos acompaña.
Lo considero un libro muy bueno para aprender a ver esos pequeños detalles que hacen sospechar que la moneda no sea buena. Lo malo es que sólo se centra en moneda americana de oro. Las cientos de monedas falsas que presenta son una base de datos muy interesante para empezar, pero claramente hay más falsificaciones que no vienen en el libro. Algunas de ellas se publican aquí.

“The Official Guide to Coin Grading and Counterfeit Detection” de J. Dannreuther y S.A. Travers

Éste es uno de los mejores libros que se han escrito sobre numismática sin ninguna duda. Es una auténtica clase magistral sobre coleccionismo numismático; dice cosas que todo el mundo debería saber y comprenderlas les salvaría a muchos de más de un palo. Se centra fundamentalmente en la graduación de monedas, aunque también dedica un capítulo a su manipulación y otras 100 páginas a la detección de monedas falsas americanas.

Para cada tipo de moneda americana se tienen varias páginas de descripciones detalladas con sus características propias y cómo suelen encontrarse en el mercado. De igual manera se indica en qué fijarse para detectar falsificaciones y, lo que es más importante, cómo se pueden obtener indicios de que la moneda es buena. Sinceramente este libro es auténtico pozo de sabiduría y un estudio obligatorio para los coleccionistas de moneda americana. Yo que no la colecciono he aprendido muchísimo de él.

Lo malo es que las fotos son en blanco y negro y en muchos casos tienen mala calidad. Además, el libro aparece como descatalogado. Supongo que no tarden en sacar una nueva edición, pero puede costar un poquito encontrarlo y quizá haya que pagar algo más de la cuenta. Yo lo busqué expresamente porque lo recomendaban los de The Coin Show Radio y me salió por 50 dólares o así, pero os aseguro que merece la pena la inversión.

Un lector del blog me hacía la siguiente consulta por correo electrónico:

hola, [….] desde hace un tiempo estoy pensando en invertir en oro, una pequeña inversion […] en un lingote, pero tengo un monton de dudas:

-de cuantos kilates es mejor invertir

-he solicitado precios en las tiendas de compra venta y el de 18 kilates (un lingote) me lo venden a unos 35 euros/g ???.
¿porque si en el mercado esta a 43 euros gramo, lo venden a 35 euros?. Entiendo que este tipo de tiendas jueguen o especulen con los cambios de compra/venta, pero de que sirve entonces el precio de cotización?.

-Existe una bolsa u organismo oficial donde se pueda comprar y vender al precio del momento?, donde, como?

-Este precio oficial de cotización a que tipo de oro se refiere, de 18, 24, … kilates.

Te estaria muy agradecido si pudieras aclararme estas dudas y algunos consejos personales que a mi se me escapan por mi inexperiencia en el tema.

Muy agradecido por tu colaboracion, un saludo.

Yo no me considero ningún experto en el asunto pero me aventuré a darle una respuesta. Aquí os la dejo:

El precio “oficial” del oro es el precio al que se cotiza ese oro en el mercado internacional. Otra cosa es que en las compras y ventas privadas se pague al precio que sea, ya vimos que no siempre se hacen buenas ofertas. En general, los comerciantes a los particulares comprarán oro más barato de su cotización oficial y lo venderán más caro; pero ya te digo que esos son tratos privados.

El oro está ahora a unos 40 euros/gramo. Pero eso es el oro puro, no el oro de 18 quilates, que está pensado para joyería y que es un 75% de oro. Así que, en realidad el oro de 18 quilates costaría 30 euros/gramo, si te lo venden a 35 euros te están metiendo 16% de sobreprecio. Yo, en cualquier caso, de tener que invertir lo haría en oro puro, es decir, oro de 24 kilates porque es el oro que se suele comprar y vender como inversión. El oro de 18 kilates supongo que sólo se lo pudieses vender a joyeros o a fundidores que luego te cobrarían un sobrecoste importante.

Otra cuestión a tener en cuenta al comprar oro físico es a quién se lo compras y a quién se lo vas a poder vender. Si sólo comercias con comerciantes, ellos tienen que ganarse un margen de beneficio. Si ese margen suyo es de un 10% por cada transacción (es un ejemplo, esto es algo que tendrás que calcular tú) entonces pagarás un 10% más caro el oro al comprarlo y lo venderás un 10% más barato al venderlo. Eso hace que el oro tenga que subir un 20% para que tú lo puedas vender al mismo precio que lo compraste. Con las subidas que tiene ahora el oro parece que un 20% no es nada y que lo vas a ganar en una semana; es posible que lo hagas, pero ten en cuenta que los valores volátiles son volátiles para arriba y para abajo, y si ganas no vas a ganar todo lo que suba el oro y si pierde perderás más de lo que baje el oro.

Te pongo un ejemplo: imagínate que compras 10.000 euros de oro pero pagas un sobrecoste de un 10% (es ficticio, vuelvo a repetir). Habrás pagado 11.000 euros.
Situación A: al cabo de un tiempo ha subido un 50%, así que tu oro cuesta 15.000 euros. Lo vendes con un coste de un 10% y recibirás 13.500 euros. Ganancia bruta = 2.500 euros.
Situación B: al cabo de un tiempo ha bajado un 50%, así que tu oro cuesta 5.000 euros. Lo vendes con un coste de un 10% y recibirás 4.500 euros. Pérdidas brutas = 6.500 euros.

A las pérdidas brutas habría que sumar el coste del seguro que contrates por tener el oro en tu casa (si es que contratas alguno). A las ganancias brutas habría que restar el coste del seguro y el pago a Hacienda (recuerda también que un lingote de oro no da dividendos).

Se me ocurren dos maneras de conseguir reducir el sobre coste. La primera sería no comprar oro en lingotes, sino comprar monedas de oro de inversión. Hay muchísimas monedas de oro que se venden por su peso en oro o incluso por menos. Su peso oscila entre unos pocos gramos (6 gramos, por ejemplo las de 20 francos de Napoleón) hasta una onza. Rara vez son más grandes. Pero tienen una ventaja que no tienen los lingotes: son más baratas y es posible que puedas encontrar a particulares con los que comerciar con esas monedas. La razón es muy simple: si compras un kilo de oro es muy raro que encuentres a un particular buscando invertir 40.000 euros en oro comprando tu lingote. Al final se lo venderás a un comerciante y el sobre coste será importante. En cambio, en monedas cuyo precio oscile entre 200 y 1500 euros es relativamente fácil encontrar a particulares que te las quieran comprar. De igual modo, a la hora de invertir en oro podrás comprárselas a otros particulares, y así podréis hacer las transacciones con un menor coste asociado. Digo menor, no digo que sea nulo.

La segunda opción es que no compres oro físico, sino que compres ETF relacionados con el oro o acciones de empresas extractoras de oro. ETF hay muchos, cada cual tiene sus particularidades y yo no me siento capacitado ni siquiera mínimamente como para poderte aconsejar o explicar de qué va el asunto. Lo bueno de esos ETF es que no tendrás que tener el oro físico en tu casa, con lo cual el coste asociado al almacenaje es nulo. Por otra parte el coste de la compra-venta será muchísimo menor, en tiempo real y al precio que se cotice en cada momento, teniendo que descontar sólo el corretaje de tu gestor (que desde luego será muchísimo menor que en el caso del oro físico). Esto yo lo recomendaría sobre todo si lo que quieres no es invertir en oro (es decir, comprar oro para que a largo plazo le puedas sacar un rendimiento) sino que quieres especular con oro (es decir, sacar un rendimiento a corto plazo). De hecho, yo si quisiera especular lo último que haría sería comprar oro físico.

Por último, quisiera decir que el oro actualmente no lo veo barato. Hablo en términos de inversiones. Es decir, que si compras oro y esperas 30 años lo más normal es que saques menor rendimiento que si hubieses comprado un fondo referenciado a un índice bursátil, por ejemplo. Pero puedo estar equivocado, por supuesto.

Por cábalas de la vida ha caído en mis manos esta moneda


Se trata de un supueto sestercio de Julia Domna Augusta que aunque no es muy raro no es precisamente barato. Y si digo “supuesto” es porque, aunque lo parece, no lo es: se trata de una moneda falsa. Que nadie se enfade todavía, que no pienso venderla ni intentar engañar a nadie con ella, que yo seré pobre pero muy honrado.

Quizá un experto ve las fotos de arriba y es capaz de detectar en el momento la falsedad de la pieza, pero me juego un duro a que a la mayoría de los que no entendemos mucho de moneda romana nos la hubiesen colado como buena si sólo nos dan las fotos del anverso y del reverso. En cambio, si observaos el canto de la moneda tendremos más pistas sobre el origen de la pieza. Os dejo un par de fotos del canto:

Si nos fijamos bien se pueden observar unas estrías que recorren el canto. Esas estrías son restos del proceso de fundición y son características de monedas que han sido falsificadas por el método de fundición por microfusión, que es la forma más común de fabricar monedas no originales hoy en día. Por si alguien no las ve bien, os remarco en estas otras fotos los contornos de las estrías.


Ya estaréis pensando que la aparición de las estrías es fruto de una falsificación descuidada, y que si hubiera sido falsificada con más esmero se hubiesen podido quitar. Es cierto, pero para quitarlas generalmente es necesario limar el canto. Por eso, un canto con limaduras también es un síntoma de que la pieza es falsa, tanto en moneda antigua como en la numismática contemporánea.

Espero que este truco sirva a  muchos y que miréis bien el canto antes de comprar una pieza. El canto es la tercera cara de la moneda y es la que más información suele proporcionar para detectar las falsificaciones porque al ser la que menos mira la gente suele ser la más descuidada (hay más gente que opina lo mismo). Por otro lado, vuelvo a dar el consejo de siempre: al comprar monedas, sobre todo si son caras, lo mejor es adquirírselas a alguien de confianza para evitar sustos.

Todo coleccionista sueña con tener la mejor colección que jamás haya existido, una colección totalmente irrepetible que será recordada y admirada durante siglos. Evidentemente, colecciones de esas características hay muy pocas, pero las hay, y los coleccionistas las miran con cierta envidia y piensan eso de: “¡Cómo se nota que tienen dinero!”. El dinero. ¡Ay el dinero! ¡La de vidas que ha arruinado y la de familias que ha desestructurado Don Dinero! Pero el dinero no lo es todo en la vida ni tampoco en el coleccionismo. ¿No me creéis? Pues  vamos a echar un vistazo a cómo se forjó la que, en mi opinión, es la mejor colección jamás reunida: la colección del Museo del Prado.

Para el que no lo sepa, el Museo del Prado cuenta, sin duda alguna, con la mejor colección de pintura española jamás reunida, destacando una espectacular muestra de pintura del Siglo de Oro. Por si fuera poco hay auténticas joyas italianas, francesas, holandesas y alemanas. Podría asegurar, sin temor a equivocarme, que en El Prado está la mejor colección de Velázquez, Goya, Ribera, Rubens, El Greco, del Bosco y los Madrazo. Las Obras Maestras (con mayúsculas) se cuentan por decenas.

Vale, pues ahora decid al millonario más millonario del mundo cómo puede hacer para tener una colección de pintura que supere en calidad  a la de El Prado (y no vale decir que utilice su poder para hundir el IBEX 35 y luego prometa rescatar a España a cambio de su patrimonio histórico, que en los tiempos que corren no sería un chiste de mucho agrado). Bueno, pues efectivamente, es imposible que una persona a lo largo de su vida sea capaz de juntar semejante colección aún incluso si contase con una fuente ilimitada de dinero. Y no os penséis que El Prado contó con ventaja por ser una colección de propiedad estatal: al igual que todas las colecciones tuvo que empezar por un primer ejemplar al que se le unió un segundo, luego un tercero…

Esos primero cuadros se trataban de pinturas flamencas que, allá por el siglo XV, compraron los Reyes Católicos y así empezaron la Colección Real (que posteriormente Pepe Botella metería en un museo y allí quedó). ¡El siglo XV! ¡Estamos hablando de más de 500 años atesorando cuadros! Ese es otro de los ingredientes necesarios para hacer que la colección sea tal y como es: el tiempo. No sólo hay que disponer de dinero, sino también considerar la colección como un logro a largo plazo, algo que se consigue a base de esmero y paciencia. Si bien sería imposible hacerse con una colección de tal calibre en las décadas que nos queden de vida, quizá sí que sea razonable pensar que con el dinero suficiente nuestros descendientes puedan hacer una gran colección a cinco siglos vista.

Pero aún faltan algunos ingredientes. De todos los que quedan el más importante es tener gusto. Lo mejor no tiene por qué ser lo más caro, y menos aún en arte. Hoy en dia es muy fácil decir quiénes son los grandes artísticas del siglo XVII, pero si tuviésemos que contratar a un retratista no sería fácil escoger a aquél que dentro de cuatro siglos seguirá siendo recordado. En ese aspecto la realeza española acertó de lleno: Carlos V contrató a Tiziano, Felipe II a Antonio Moro, Felipe IV a Velázquez y a Rubens, Carlos IV a Goya… ¡¡menuda selección!!.  Igualmente, cuando fueron a comprar cuadros, tanto de sus artistas contemporáneos como de los que para su época eran ya clásicos, siempre buscaron adquirir grandes obras y buenas firmas.

Cada vez que comparo esa actitud con las tonterías que compra hoy en día el Reina Sofía (derrochando dinero público) me pongo de mal humor. Comprando estupideces como adquiere ese museo jamás tendrá una buena colección de pintura del siglo XXI, y no será por falta de fondos, sino por falta de gusto.

Por último, quisiera hacer ver que  un esfuerzo paciente durante siglos se va al traste si una sola generación no lo respeta. La Colección Real, y posteriormente la Colección del Museo del Prado, tuvo sus malas rachas: hubo épocas en las que apenas creció y otras en las que su misma existencia estuvo en peligro. No obstante, sus propietarios (tanto la realeza como el pueblo español) supieron admirarla, respetarla y se preocuparon por mantener la colección intacta. Que yo sepa ningún rey español ha vendido nunca un cuadro de su colección, por lo que durante las malas épocas la colección no crecía, pero tampoco disminuía.

Pero cuando más peligro corrió la colección  no fue cuando estaba en manos de reyes, sino durante la Guerra Civil. En el año 1936 la Segunda República trasladó las obras fuera de Madrid y en 1939, con la guerra perdida, se creó un comité encargado de llevarlas a Ginebra para que después se devolviesen al bando vencedor. Vemos que el pueblo español, aún en sus peores momentos, se acordó de la Colección de El Prado, la tomó como propia y la puso a salvo. No creáis que es algo que se hace siempre, pues no son pocas las ocasiones en las que se han cometido auténticos crímenes artísticos e históricos fruto de no valorar lo que se tiene. Quizá el ejemplo más evidente sea la quema de la Biblioteca de Alejandría.

Con esto he querido ilustrar que una buena colección no se hace sólo a base de dinero, hacen falta más cosas que no se pueden comprar. Todas las referencias a la Colección del Museo del Prado las he tomado de La Guía del Prado, editada por el propio museo y cuyo autor principal es Alberto Pancorbo. También he tirado de mi propia memoria, porque a El Prado voy un par de veces al año y casi sé decir qué cuadros se encuentran en cada sala.