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Todo coleccionista sueña con tener la mejor colección que jamás haya existido, una colección totalmente irrepetible que será recordada y admirada durante siglos. Evidentemente, colecciones de esas características hay muy pocas, pero las hay, y los coleccionistas las miran con cierta envidia y piensan eso de: “¡Cómo se nota que tienen dinero!”. El dinero. ¡Ay el dinero! ¡La de vidas que ha arruinado y la de familias que ha desestructurado Don Dinero! Pero el dinero no lo es todo en la vida ni tampoco en el coleccionismo. ¿No me creéis? Pues  vamos a echar un vistazo a cómo se forjó la que, en mi opinión, es la mejor colección jamás reunida: la colección del Museo del Prado.

Para el que no lo sepa, el Museo del Prado cuenta, sin duda alguna, con la mejor colección de pintura española jamás reunida, destacando una espectacular muestra de pintura del Siglo de Oro. Por si fuera poco hay auténticas joyas italianas, francesas, holandesas y alemanas. Podría asegurar, sin temor a equivocarme, que en El Prado está la mejor colección de Velázquez, Goya, Ribera, Rubens, El Greco, del Bosco y los Madrazo. Las Obras Maestras (con mayúsculas) se cuentan por decenas.

Vale, pues ahora decid al millonario más millonario del mundo cómo puede hacer para tener una colección de pintura que supere en calidad  a la de El Prado (y no vale decir que utilice su poder para hundir el IBEX 35 y luego prometa rescatar a España a cambio de su patrimonio histórico, que en los tiempos que corren no sería un chiste de mucho agrado). Bueno, pues efectivamente, es imposible que una persona a lo largo de su vida sea capaz de juntar semejante colección aún incluso si contase con una fuente ilimitada de dinero. Y no os penséis que El Prado contó con ventaja por ser una colección de propiedad estatal: al igual que todas las colecciones tuvo que empezar por un primer ejemplar al que se le unió un segundo, luego un tercero…

Esos primero cuadros se trataban de pinturas flamencas que, allá por el siglo XV, compraron los Reyes Católicos y así empezaron la Colección Real (que posteriormente Pepe Botella metería en un museo y allí quedó). ¡El siglo XV! ¡Estamos hablando de más de 500 años atesorando cuadros! Ese es otro de los ingredientes necesarios para hacer que la colección sea tal y como es: el tiempo. No sólo hay que disponer de dinero, sino también considerar la colección como un logro a largo plazo, algo que se consigue a base de esmero y paciencia. Si bien sería imposible hacerse con una colección de tal calibre en las décadas que nos queden de vida, quizá sí que sea razonable pensar que con el dinero suficiente nuestros descendientes puedan hacer una gran colección a cinco siglos vista.

Pero aún faltan algunos ingredientes. De todos los que quedan el más importante es tener gusto. Lo mejor no tiene por qué ser lo más caro, y menos aún en arte. Hoy en dia es muy fácil decir quiénes son los grandes artísticas del siglo XVII, pero si tuviésemos que contratar a un retratista no sería fácil escoger a aquél que dentro de cuatro siglos seguirá siendo recordado. En ese aspecto la realeza española acertó de lleno: Carlos V contrató a Tiziano, Felipe II a Antonio Moro, Felipe IV a Velázquez y a Rubens, Carlos IV a Goya… ¡¡menuda selección!!.  Igualmente, cuando fueron a comprar cuadros, tanto de sus artistas contemporáneos como de los que para su época eran ya clásicos, siempre buscaron adquirir grandes obras y buenas firmas.

Cada vez que comparo esa actitud con las tonterías que compra hoy en día el Reina Sofía (derrochando dinero público) me pongo de mal humor. Comprando estupideces como adquiere ese museo jamás tendrá una buena colección de pintura del siglo XXI, y no será por falta de fondos, sino por falta de gusto.

Por último, quisiera hacer ver que  un esfuerzo paciente durante siglos se va al traste si una sola generación no lo respeta. La Colección Real, y posteriormente la Colección del Museo del Prado, tuvo sus malas rachas: hubo épocas en las que apenas creció y otras en las que su misma existencia estuvo en peligro. No obstante, sus propietarios (tanto la realeza como el pueblo español) supieron admirarla, respetarla y se preocuparon por mantener la colección intacta. Que yo sepa ningún rey español ha vendido nunca un cuadro de su colección, por lo que durante las malas épocas la colección no crecía, pero tampoco disminuía.

Pero cuando más peligro corrió la colección  no fue cuando estaba en manos de reyes, sino durante la Guerra Civil. En el año 1936 la Segunda República trasladó las obras fuera de Madrid y en 1939, con la guerra perdida, se creó un comité encargado de llevarlas a Ginebra para que después se devolviesen al bando vencedor. Vemos que el pueblo español, aún en sus peores momentos, se acordó de la Colección de El Prado, la tomó como propia y la puso a salvo. No creáis que es algo que se hace siempre, pues no son pocas las ocasiones en las que se han cometido auténticos crímenes artísticos e históricos fruto de no valorar lo que se tiene. Quizá el ejemplo más evidente sea la quema de la Biblioteca de Alejandría.

Con esto he querido ilustrar que una buena colección no se hace sólo a base de dinero, hacen falta más cosas que no se pueden comprar. Todas las referencias a la Colección del Museo del Prado las he tomado de La Guía del Prado, editada por el propio museo y cuyo autor principal es Alberto Pancorbo. También he tirado de mi propia memoria, porque a El Prado voy un par de veces al año y casi sé decir qué cuadros se encuentran en cada sala.

Ya he argumentado varias veces mi opinión de que las monedas conmemorativas en particular, y la numismática actual en general, no son una buena inversión porque hay una entidad capaz de influir enormemente en el mercado e influirá en su propio beneficio. En los comentarios de las entradas que se han dedicado a estos temas no ha habido mucha discrepancia al respecto, si bien otros blogs (algunos de los cuales están enlazados en el menú de la izquierda) parecen opinar lo contrario. También ha habido quien ha sufrido en sus propias carnes la mala inversión que son los euros, aunque ha sabido bajarse pronto del carro.

Pues resulta que ahora la ceca de Finlandia me va a echar una mano para darme más argumentos de por qué no es bueno invertir en euros. Según he leído en numismática visual, la ceca de Finlandia ha sacado una nueva emisión de 25.000 ejemplares de todas sus monedas de 2 euros conmemorativas en calidad PROOF, pudiéndolas comprar directamente a la ceca por el módico precio de 20 euros. La web desde la que se pueden comprar las monedas es ésta.

Las monedas de 2 euros de Finlandia son algunas de las más caras. Concretamente la de 2004 vale una pasta (según numismática visual) puede rondar los 200 euros en su versión PROOF y unos 35/40 en SC (según este hilo). Pagar 200 euros por una moneda PROOF que luego resulta que se vuelve a emitir por 20 euros no tiene que hacer ninguna gracia a un inversor ¿no os parece? Habrá quien diga que no hay derecho, que es una vergüenza y que la culpa de todo la tiene la ceca de Finlandia. Pero yo no soy de esa opinión, ellos sólo han emitido más monedas para ganar un dinerillo y pueden hacerlo legalmente, así que no sé de qué se extraña la gente. Dentro de un año puede emitir otras 25.000 monedas de cada sin problemas vendiéndolas a 10 euros.

No he buscado datos concretos de la ceca de Finlandia (más que nada porque su “BOE” está escrito en un idioma raro), pero en España la emisión real de monedas conmemorativas es mucho menor de la emisión máxima que puede realizar la ceca. Por otra parte, nada impide que las monedas conmemorativas de un año se emitan en años sucesivos, de manera que es perfectamente posible que si ven que el precio de las monedas conmemorativas sube mucho en el mercado emitan más para hacerse ellos con el beneficio.

Como siempre digo, que cada cual haga lo que le venga en gana con su dinero. Además, los euros aunque no sean una buena inversión pueden ser divertidos de coleccionar (aunque yo no le vea la gracia), así que quien los coleccione que lo tome como tal: una simple y llana colección, que no es poco. En ese caso, a nadie le debería molestar  pagar 200 euros por una moneda que luego resulta que se podría haber comprado por 20, al fin y al cabo es una colección sin ningún ánimo de lucro y no nos importa perder dinero ¿o sí?

Con esta ya son tres las entradas que dedica esta bitácora a las 100 pesetas de Franco. En la primera describía las diferentes estrellas que pueden aparecer, mientras que en la entrada anterior describía un lote de monedas que ha pasado hace poco por mis manos. En esta entrada simplemente voy a dejar unas cuantas fotos que me ha pasado un lector del blog. En ellas se aprecia perfectamente los dígitos de ambas estrellas.

Allá van:

1966 (19-66)

 

1966 (19-67)

 

1966 (19-67) variante uno en punta

 

1966 (19-68)

 

1966 (19-69) palo recto

 

1966 (19-70)

Para concluir dejo un texto que aparece en la página 86 de la revista numisma del año 1972 (más sobre Numisma).

Como busto del Caudillo se hicieron troqueles con los escultores don Juan de Avalos y de nuestro grabador don Manuel Marín, cuya reproducción fotográfica incluimos.
El reverso fue obra del dibujante don Teodoro Miziano, elegido por el señor Jiinistro de entre varios realizados por el Departamento de Grabado de esta Fabrica y el citado dibujante.
La labor fue totalmente realizada en nuestros talleres, constituyendo un gran esfuerzo de todo el personal, que se esmeró en vencer todos los obstáculos que se fueron presentando para poner a punto esta fabricación en tan escaso tiempo.

A la gente que empieza a coleccionar monedas es complicado hacerles entender que el precio de una moneda varía enormemente dependiendo de en qué mano esté, sobre todo cuando se habla de monedas caras. Voy a ver si lo explico en esta entrada.

Casi todos los días recibo algún correo diciéndome que tienen algunas monedas provenientes de una herencia familiar. En la práctica totalidad de los casos esas monedas resultan ser falsas o no tener ningún valor numismático, pero ha habido algunas excepciones. Uno de ellos era un chico madrileño (llamémosle Enrique) que había heredado varias piezas de la monarquía española de bastante valor. Como siempre es un placer verlas quedé con él y le dije que a mi juicio eran buenas, aunque en algunas de ellas dudaba bastante. Entre las que me parecían buenas estaban una de 10 céntimos de Carlos VII, una de 20 reales y otra de 80 reales de Isabel II, un doble excelente de los Reyes Católicos, dos 8 reales columnarios, dos piezas de ocho escudos de Carlos III y Carlos IV… ya digo que había cositas interesantes.

Ahora viene  la pregunta complicada: ¿Cuánto vale esto? No es fácil de responder puesto que el precio de esas monedas varía enormemente dependiendo de en qué mano esté. En manos de Enrique vale muy poco, primero porque no conoce coleccionistas que pudiesen estar interesados en ellas, por lo que sólo le quedaría la posibilidad de vendérselo a un intermediario, que le pagaría entre un 20 y un 50% menos de lo que sacaría él. Todo esto suponiendo que el intermediario sea una persona honrada y no le venga con la clásica de “son piezas falsas” para comprárselas a precio de plata y de oro aún siendo buenas.

En mis manos (me pongo yo como ejemplo aunque valdría cualquier aficionado) algunas de esas monedas valen más porque conozco  coleccionistas interesados en todas ellas que estarían interesados en comprarlas. No me sería nada difícil vender las baratas a un precio razonable, e incluso podría hacerme responsable de que son buenas porque ya han pasado varias de esos tipos por mis manos y las conozco bien. Ahora bien, yo no soy capaz de dar mi palabra de que un doble excelente de los Reyes Católicos es bueno, no tengo la experiencia suficiente. Así pues, para las piezas más caras me veré obligado a darlas baratas a algunos coleccionistas que sí se vean capaces de reconocer si son buenas o no, o si no me veré obligado a recurrir a un intermediario. No obstante, yo ya sé qué intermediarios son de fiar y cuáles no.

Otro caso sería que esas piezas estuvieran en manos de un profesional que pueda garantizar su autenticidad, que conozca qué coleccionistas estarían interesados en cada una de las piezas e incluso quién estaría dispuesto a pagarle más dinero. En esas manos es donde las monedas realmente valen su precio.

Con este ejemplo supongo que quede claro por qué el precio varía mucho dependiendo de quién posea las monedas. El valor añadido que el vendedor proporciona es fundamentalmente el tener contactos y el proporcionar una confianza a sus compradores que se traduce en una garantía de que las monedas son buenas. Quien compra unas piezas (aunque sean caras) no tiene por qué ser un experto en numismática, y la mayoría de las veces es la confianza que se tiene en el vendedor lo que hace que se compre con confianza.  Yo no entiendo de moneda romana, pero si tuviese que comprar alguna conozco vendedores a los que les compraría piezas a ciegas.

Esta idea está muy relacionada con algunas de las cosas que se ha dicho en el blog. Por ejemplo, por esto mismo no recomiendo que nadie compre monedas caras cuando está empezando, porque perdería mucho dinero a la hora de desprenderse de ellas (él o sus herederos). También se relaciona con que no recomiendo que nadie empiece comprando monedas en eBay, donde la confianza es más bien escasa.

Finalmente, publico aquí un consejo que suelo dar a los dos o tres que resulta que han tenido piezas buenas y caras: “subcontratad esa confianza”. La forma de subcontratarla es poniéndose en contacto con alguien que sea capaz de venderlas a buen precio y se lleve un tanto por ciento de la venta. Yo hice de ese rol para unos familiares hace unos años y el que se vea en esa situación y conozca a un aficionado posiblemente sea su mejor opción. En caso de no conocer a nadie la forma de llegar a los coleccionistas finales proporcionándoles garantías es acudir a subastas numismáticas, las cuales tienen unas cargas bastante grandes, pero a priori vendiendo así las monedas se sacará más que dándoselas a un intermediario.

Las imágenes de la entrada están sacadas de la subasta de Aureo del 26 de enero de 2011. Se tratan de medio real, un real, dos reales, cuatro reales y ocho reales acuñados en Potosí bajo el reinado de Carlos II. Se remataron en 70, (desierta), 190, 110 y 180 euros respectivamente.

Cuando alguien empieza a coleccionar moneda española lo normal es que empiece por los duros de plata, intentando hacerse con ellos con ambas estrellas visibles. Una vez que tiene completa, o casi completa, la colección se tira a por las pesetas y los pesetones. Los pesetones son fáciles quitando un par de fechas (1891 y 1894); pero las pesetas… ¡hay lo que cuesta tenerlas todas con estrellas! En esta entrada voy a presentar un par de ellas y además voy a dejar la idea de que no sólo hay que fijarse en las estrellas, esas son sólo una parte del total de la moneda que hay que observar.

Las pesetas en cuestión se tratan de las dos que se hicieron a Alfonso XIII pelón: 1889 (18-89) y 1891 (18-91). A pesar de que la diferencia de precio entre ambas es más que considerable las voy a presentar juntas porque ambas tienen la extraña característica de que es muy raro encontrárselas con la primera estrella acuñada. No entiendo por qué, pero en la mayoría de los casos la primera estrella está anepígrafa o muy débil, a pesar de que la moneda en su conjunto tenga buen aspecto.

Recuerdo una vez que en un mercadillo un aficionado (sin duda alguna muy nuevo en la materia) le estaba diciendo a un vendedor que una peseta de 1891 que tenía en venta era falsa porque no era  posible que estuviese en tan buen estado y a la vez le faltase una estrella. Bueno, pues en este caso no es sólo que es posible, sino que es muy común. Así pues, en todas las monedas en general, pero en estas piezas en particular, no se deben valorar exclusivamente porque tengan o no estrellas, puesto que se dan casos de piezas en perfecto SC sin la primera estrella.

Evidentemente, esto que estoy diciendo se puede dar la vuelta y recomendar que si nos ofrecen una peseta de 1891 con ambas estrellas fuertes a buen precio, la compremos sin dudarlo porque no es una oferta que nos vayan a hacer todos los días. Lo mismo se podría decir de la peseta de 1889, pero en ese caso dudo bastante que nos vayan a hacer una oferta tal a buen precio.

Las fotos que ilustran la entrada muestran dos monedas de una peseta de 1891 y de 1889. Ambas tienen los cuatro dígitos (mi trabajo me ha costado encontrarlas), pero podéis ver que la estrella de la derecha es mucho más fuerte que la de la izquierda. La peseta de 1889 está peor, aunque está bonita para ser una fecha tan rara, pero la pieza de 1891 está muy bien y aún así los dígitos de la estrella de la izquierda se resienten.

Por último, hay que añadir otra característica extraña de las pesetas de 1891 que a mí me resulta más rara que lo de las estrellas: apenas se ven ejemplares en MBC. Es la única moneda que conozco en la que es muy común encontrarse ejemplares en BC/BC+ y también en EBC o calidades superiores, pero apenas nunca se ven las calidades intermedias (MBC-, MBC, MBC+), que son las calidades que suelen buscar los que empiezan a coleccionar pesetas.

En mi opinión Almodóvar es  uno de los pocos grandes cineastas que ha dado España, y lo es gracias a que supo aprovechar la enorme libertad creadora que había en este país durante los 80. La movida madrileña no pasará a la historia como un movimiento de gran interés técnico o cultural, pero sí como la gran oportunidad de que en España saliera a la luz la cultura underground políticamente incorrecta. Algunas de las canciones que sonaban en aquella época no tendrían el apoyo de ninguna discográfica actual, y muchísimo menos películas como las primeras de Almodóvar. Ni siquiera Almodóvar hoy en día se atrevería a producir tales películas. Si no me creéis echad un vistazo a la siguiente escena de Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón.

Una menor de edad se encapricha de una cuarentona maltratada (Lucy) y decide seguir el consejo de Pepi (que está haciendo encaje) de mear en la cara a la cuarentona, que resulta ser de Murcia. Ésta se excita sexualmente con la lluvia que le cae y todas salen satisfechas. Según avanza la película hacen una magnífica auto-referencia para explicar esa escena. También se va descubriendo que Lucy no es tan dócil como parece y que ella misma disfruta de los malos tratos propinados por su marido y por Boom. ¿Os imagináis que salga a la luz una película así hoy en día? Posiblemente fuese censurada por las autoridades, si no directamente sí indirectamente, cortando de raíz todas las subvenciones a la productora.

En la película de La Ley del Deseo las escenas son más sutiles, pero el argumento bastante duro también. Tenemos a triángulo amoroso entre homosexuales y tenemos que uno de ellos mata por deseo y por celos, que no por amor. Eso ya sería intolerable en el día de hoy, pero a ello le podemos añadir que se presenta un personaje femenino que se cambió voluntariamente de sexo cuando era un niño sin más objetivo que para poder tener relaciones incestuosas con su padre. Os dejo una escena.

En esta película se ve cómo el deseo trastoca totalmente la naturaleza de los personajes, deformándolos hasta el punto de que pierden su propia esencia y llegan a los más horrendos actos: lujuria, incesto, asesinato… En el caso de la numismática, también se han visto algunos casos en los que se han perturbado las personas por el impuso irrefrenable del deseo, si bien no hasta el punto al que llegan los personajes de Almodóvar, claro está. Pero es que no controlar el deseo es la forma más sencilla de convertir el coleccionismo en una obsesión, perder dinero y a medio plazo abandonar asqueado la afición.

Tal y como nos muestra Almodóvar, cuando se desea algo se hace cualquier cosa por obtenerlo a corto plazo, y eso desvirtúa la colección, que debería reflejar el fruto de un trabajo llevado con paciencia durante muchos años. A mi entender una colección no se debería hacer a base de poner grandes cantidades de dinero para hacerse con las piezas, ¡eso no tiene mérito! Yo creo que es más divertido entenderla como un conjunto de monedas que poco a poco van mejorándose y que, a muy largo plazo, lucirán una gran calidad.

Pero es muy común que al empezar una colección se quiera abarcar un periodo determinado (pongamos por caso El Centenario de la Peseta)  y lo normal es empezar por las baratas con la intención de tener una de cada una de las piezas que vienen en el catálogo en calidad BC+ o mejor. Al cabo de un año o dos lo normal es tener casi todos los huecos cubiertos, pero las piezas que faltan son las más raras (2 pesetas de 1891, 1 peseta de 1881, 1 peseta de 1884…).

Ahí es donde puede empezar el deseo: faltan cuatro piezas y hay que conseguirlas, hay que conseguirlas como sea. Yo nunca he llegado a ese punto, pero conozco gente que sí; mi recomendación es que paren, recapaciten y se lo tomen con mucha más calma. Eso sólo puede hacer que el deseoso comprador pierda dinero (se han dado casos de tener verdaderos problemas familiares por esa causa) y que cuando se dé cuenta coja manía a la numismática o la tenga que abandonar como única cura posible a su problema. Mi experiencia me dice que ese dinero perdido se puede dar por las siguientes condiciones:

Al desear una moneda se tiende a sobrestimar su calidad porque no se tiene la sangre fría como para observarla con detenimiento y encontrar sus fallos. Eso puede hacer que paguemos una moneda como EBC sin ser más que un MBC/MBC+. O más difícil todavía: será difícil contener la sangre fría para distinguir un EBC+ de un SC, y ya vimos que eso puede suponer mucho dinero.

Las prisas en encontrar una moneda pueden hacer que aparezcan intermediarios. Por ejemplo, un vendedor puede que no tenga una peseta de Benlliure, pero sí saber quién puede proporcionármela. Si tiene un cliente deseoso por conseguirla quizá se la pueda ofrecer, pero a un precio elevado porque tendrá que pagar la moneda y además llevarse su comisión.

Los vendedores utilizarán tu deseo para hinchar el precio. Es evidente que no es lo mismo llegar a un vendedor y preguntarle qué te ofrece, que le comprarás lo que sea siempre y cuando esté a buen precio, que llegar y decirle “estoy buscando la peseta de 1884”. Si resulta que la tiene ya sabe que el deseoso comprador está dispuesto a pagarla cara, así que la pagará cara.

El deseo no permite jugar con la volatilidad del mercado. Quizá resulta que lo que hoy se paga a 100 dentro de seis meses se paga a 80. También puede ocurrir que lo que un amigo nos ofrece hoy por 1000 dentro de dos años se quiera deshacer de ello (quizá porque lo tenga repetido o porque le haga falta el dinero) y nos lo ofrece a 600. Pero el que desea algo y lo quiere en ese instante lo normal es que lo pague caro.

Con todo, mi recomendación es la misma que la que hice aquí y aquí: no hay que tener una lista de monedas que faltan y que hay que conseguir, sino comprar moneda que ofrezcan a buen precio; este consejo me lo dio un amigo al poco de empezar en esto y seguirlo me ha hecho salvarme de muchos palos. A base de tiempo, se conseguirá tener una buena colección sin haber gastado dinero de más. Esto no quita que, evidentemente, nos podamos dar un capricho de vez en cuando (todos lo hacemos), pero cuando lo hagamos tenemos que ser conscientes de ello y de que estamos pagando por la moneda más de lo que vale.

La entrada de hoy no la voy a dedicar a la numismática, sino a otro coleccionismo con el que también he disfrutado un montón: las botellas en miniatura. Se tratan de pequeñas botellas de vidrio (ahora también las hacen de plástico, pero esas no las colecciono) que contienen un licor de marca comercial. Antiguamente se regalaban a los comerciantes para que las diesen de muestra a sus clientes; ahora es típico venderlas como souvenirs o como producto de degustación.

La cuestión es que yo las colecciono, aunque la verdad es que últimamente tengo esa colección bastante parada y me dedico más a la numismática. La razón última por la que he aparcado (al menos temporalmente) la colección es que para mí era demasiado sencillo hacerme con cientos de botellas, y por lo tanto perdí el interés por conseguirlas. Me explico: yo soy una persona que me muevo por retos; todas las decisiones importantes que he tomado en la vida las he intentado porque no estaba seguro de si iba a ser capaz de conseguirlas, así que como llegué a un punto en el que compraba lotes grandes, de entre 200 y 1200 botellas, y sacaba lo puesto vendiendo las que me salían repetidas. Así que hubiera podido tener una colección de 20.000 botellitas (por poner un número) si hubiera dedicado el tiempo necesario. Ya sabía que era capaz, así que por eso vendí las tres cuartas partes de la colección y dejé (temporalmente) de coleccionarlas.

Aún así, reconozco que coleccionar botellitas tiene alguna ventaja con respecto a la numismática. Principalmente la sorpresa de abrir una caja enorme llena de botellas en la que no sabes qué te vas a encontrar. Te sientes como un niño de 5 años delante de los regalos de los Reyes Magos. La segunda ventaja es que una habitación en la que haya 4.000 botellas, como era mi caso, sorprenderá a cualquiera que entre. La tercera es que es un reclamo estupendo: describe brevemente la colección a la chica que te acabas de ligar, llévala a tu casa con cualquier escusa y… ¡¡será ella quien te pida ir a tu cuarto!! Funciona. Creedme.

Pero coleccionar monedas tiene muchas más ventajas a mi parecer. La primera de ellas es que la escalabilidad espacial de la colección. En un álbum de monedas del tamaño de un libro se puede tener una colección para quitar el hipo que haya supuesto el esfuerzo de una vida entera, mientras que a un ritmo de mil botellitas anuales pronto será necesario un almacén dedicado sólo para ellas. Yo he visto un local de unos 80 metros cuadrados en el centro de Valencia dedicado exclusivamente para almacenar una colección de botellitas. Preciosas pero el dueño está perdiendo una pasta por dedicar el local a su colección en vez de alquilarlo para montar un negocio.

Otra ventaja es que las monedas son objetos históricos muchísimo más estudiados y documentados, por lo que se puede adquirir una cultura mucho mayor coleccionando monedas que botellitas. Además, una colección de monedas siempre será una inversión, mientras que una colección de botellitas no. Finalmente, para mí lo más importante, es que la numismática siempre te puede suponer un reto porque hay muchos tipos de colecciones y cada cual selecciona aquella que más le gusta o en la que puedas encontrar nuevos desafíos. Si al principio completar una colección de El Centenario ya me era una dificultad, ahora lo es hacerme con ciertas piezas de mayor calidad y quizá dentro de un tiempo lo sea hacerme con sestercios imperiales o quizá me pondré a estudiar dirhams almohades ¿quién sabe?. Es un mundo muy amplio y el tipo de retos que me puedo encontrar es muy variado.

Aún así, coleccionar botellitas me enseñó un montón de cosas que luego pude aplicar para cuando me puse a coleccionar monedas. Por ejemplo la idea de comprar y vender lotes, la necesidad de hacer contactos, el saber tratar a la gente y ver de qué pie cojea cada uno… si bien es cierto que el perfil de coleccionista de botellitas es un hombre de unos 20 años y con pocos recursos económicos, al que hay que tratar de forma diferente (pero con el mismo respeto) que al coleccionista de monedas, que suele ser un hombre más mayor.

En las fotos muestro algunas de las botellas de mi colección.

En los correos que me mandan los lectores esporádicos de esta bitácora los dos temas que más me preguntan es que les tase sus monedas y que cómo se limpian monedas. Sobre el tema de las tasaciones se habla largo y tendido en el blog, sin embargo el tema de la limpieza no se ha tratado todavía por el simple hecho de que yo no tengo ni idea. No he limpiado nunca una moneda ni tengo pensado hacerlo. Pero como me lo preguntáis tanto escribiré esta entrada con algunos consejillos y luego que cada cual haga lo que quiera.


Lo primero que hay que tener en cuenta es que al limpiar una moneda lo normal es que su valor numismático se pierda totalmente o al menos decrezca significativamente. Así pues, si tienes una moneda que creas que valga para algo, lo mejor es que no la limpies, porque si lo haces previsiblemente la estropearás. En caso de tener monedas de Franco circuladas, monedas del mundo o alguna otra de poco valor, entonces sí que podremos limpiarlas puesto que no tienen un valor numismático que perder.



Si la suciedad de la moneda no está “pegada” y es un simple ennegrecimiento, entonces es posible que simplemente con agua y jabón se pueda quitar. Para ello, úntate un poco de jabón de lavarse las manos en los dedos, coge con ellos la moneda y ponla bajo un grifo de agua mientras la masajeas con cuidado. Toca la moneda sólo con los dedos, no rasques con las uñas ni con otro elemento. Una vez que hayas quitado el ennegrecimiento, deja la moneda sobre una toalla y sin frotarla espera a que se seque.

Ciertamente, este método no es nada agresivo y se puede llevar a cabo sin mucho riesgo de que vayamos a estropear la pieza. Con otros métodos que requieren aplicar productos químicos hay que tener mucho más cuidado.

De entre esos productos químicos la estrella es el amoniaco. Mucha gente lo que hace para engañar a los nuevos es sumergir las monedas de plata en amoniaco y luego sacarlas y frotarlas. Quedan totalmente limpias y brillantes, aunque el brillo que tienen no original, sino uno muy feo que no gusta a los coleccionistas. Además, el amoniaco se come todos los relieves de la moneda y ésta queda para el arrastre. No obstante, hay gente que consigue engañar a novicios en la materia haciéndoles creer que esas monedas limpiadas están realmente en calidad sin circular.

Yo no recomendaría a nadie destrozar sus monedas a base de amoniaco o limpia-plata, pero si tenéis piezas de plata, estáis seguros de que no valen  más que su peso y las queréis dejar brillantes, es una técnica que podéis emplear. También es típico usar el amoniaco cuando se van a utilizar las monedas para ostentar, por ejemplo si se usan para arras de boda. En cualquier caso, tened en cuenta que un  coleccionista que entienda mínimamente siempre va a preferir tener monedas con pátina de años, aunque no brillen tanto.

Luego hay un montón de “técnicas avanzadas” de limpieza de monedas. Se podría escribir un libro sobre ello, pero yo no tengo ni idea así que malamente puedo escribir un párrafo. Hay gente que tiene métodos para limpiar el óxido de las monedas; yo siempre intento comprar piezas sin óxido y las guardo de forma que no les sale, por lo que no he tenido que limpiarlas.  También hay gente que podría escribir un montón sobre cómo limpiar monedas medievales o romanas. Ya os digo que yo no entiendo sobre el tema, pero os aconsejo que os paséis por el foro de Imperio Numismático y por el de Identificación Numismática, que cuentan con sendos subforos dedicados a la limpieza de monedas. Ahí seguro que hay aficionados que os pueden resolver las dudas más precisas.

Un último apunte es que las imágenes que forman la entrada son dos monedas de mi colección y no tengo ningún interés en limpiarlas. La primera se trata de una peseta de 1869 con leyenda “Gobierno Provisional” y la segunda 2 pesetas de 1882 estrellas (18-82). Están ennegrecidas pero tienen muy poco desgaste; a mí me gustan mucho así, quitarles ese ennegrecimiento sería quitarles buena parte de su aura. Lo más gracioso es que esa segunda moneda tiene el reverso prácticamente sin circular y con casi todo su brillo original, como se muestra en las fotos siguientes.


Las monedas que más me gustan de Franco son las humildes piezas de aluminio de 5 y 10 céntimos de peseta que abundaban en el bolsillo de nuestros abuelos. Se trataban de monedas de aluminio, de muy mala calidad y que en cuanto pasaban por dos manos estaban hechas un asco; este hecho, unido a que la mayoría se acuñaron en los años 40 y no eran épocas de que nadie coleccionase monedas (suficiente tenían con intentar comer todos los días), hace que encontrar estas piezas en calidad sin circular sea complicado, aunque no imposible.

Si me gustan estas monedas es principalmente por el motivo del anverso. En vez de poner la cara del patas-cortas, que ya tenemos más que vista todos los coleccionistas de su numismática, se remontaron 2000 años para buscar el principal motivo de la numismática íbera: el jinete íberico. Estos jinetes aparecen en muchos ases y denarios acuñados en las diferentes cecas de la hispania antigua. Como muestra, encima de este párrafo está un as de Bursau y debajo un as de Calacoricos-Calagvrris, donde se representa este motivo (imágenes sacadas de la próxima subasta de Jesús Vico). Si lo pensamos la selección del motivo es muy inteligente, puesto que es una clara alegoría propia del pueblo íbero, denotando todas esas historias del orgullo nacional y racial propias de muchas ideologías de la época, mientras que no se hace ningún guiño explícito a la ideología ni a los símbolos fascistas; en el año 40 no estaba claro quién iba a ganar la Segunda Guerra Mundial.

Dicho esto, vamos a ver la serie propiamente dicha. Veamos primero los cinco céntimos, que constan de cuatro fechas: 1940, 1941, 1945 y 1953. Los que aparecieron en la subasta Hispania se remataron en 55, 17, 12 y 85 euros; se muestran a continuación:




En el reverso se presenta un escudo precioso y abajo los símbolos del Yugo y las Flechas, propios de los Reyes Católicos pero apropiado por la simbología de Franco. A ambos lados se indica el valor de la moneda abreviando “céntimos” por “cents”. Un tema interesante en el que fijarse es que en las columnas de Hércules se indica PLUS ULTRA, pero escribiendo PLUS y ULTRA con una V, es decir PLVS VLTRA. Es importante notar que en todas las monedas de 5 céntimos el PLVS se escribe con “V”, y no con “U”.

Vamos a ver ahora las de 10 céntimos, que tienen las mismas fechas y se remataron en Hispania en 18, 35, 20 y 22 euros. Son las siguientes:




Las piezas son muy semejantes a las anteriores. La única diferencia es que éstas son un poco más grandes e indican 10 cent. Además, hay un detalle muy sutil, y es que en las columnas de Hércules se indica PLUS VLTRA, pero esta vez la palabra PLUS está escrita con “U”. ¿Siempre? No.

Existen dos conocidas variantes en las que el PLUS de las columnas de Hércules está escrito con V, al igual que en las monedas de 5 céntimos. Estas variantes se dan sólo en las monedas de 1940 y de 1941 de 10 céntimos. Esas también se subastaron en Hispania, alcanzando los 170 y 28 euros respectivamente:


Para que quede claro, dejo aquí un zoom de PLUS escrito con U y de PLVS escrito con V.

Además de estas variantes existe otra, mucho menos conocida y que no se incluía en la subasta Hispania. Se trata de una variante de la de 10 céntimos de 1940 con PLVS con V y VNA (de “UNA GRANDE Y LIBRE” en la leyenda superior) también con V. Esta moneda se subastó en Herrero el 10 de diciembre de 2009 en calidad sin circular, rematándose en 180 euros. En cualquier caso, es bastante más rara que las anteriores.

 

EDITO (1 – XI – 2010)

 

Dice Antonio en el primer comentario de la entrada que en el libro de Aledón citan la variante PLVS VNA para la moneda de 10 céntimos de 1941. Yo no tengo ese libro ni he visto esa variante, así que no puedo corroborar la existencia de esa moneda.

Roberto hizo su primera aparición en el blog en la entrada de “Volatilidad del precio con respecto a la rareza” escribiendo esto:

Es mi primer comentario en el blog,y espero que sirva de algo para muchos coleccionistas.¿Precio,demanda,inversión? Yo colecciono moneda antigua,imperio romano(principalmente)y picoteo algo de Borbones y Centenario.

Al grano,como mucha gente con la entrada del euro se nos habrió una nueva forma de coleccionar estilo “fasciculos”,cada mes visitar el puesto de turno para adquirir las novedades,han pasado algunos años y ahora quiero poner en el mercado las monedas de 2 euros conmemorativos que guarde para, supuestamente, numismaticos que me aconsejaron “invertir”en euros

.El problema es que con la crisis nadie va a soltar lo que realmente valen las,alrededor de cien,monedas de 2 euros pero lo peor es que los mismos numismaticos que me aconsejaron y otros,no me las compran a más de un euro más su valor facial(la mejor oferta),las corrientes,y a 10 -15 euros Finlandia 2004,Eslovenia 2007-tratado de roma- etc..

Por no hablar de las de Vaticano y San Marino que no me dan ni la tercera parte de precio catalogo,su respuesta es que hay crisis,que tienen muchos cartuchos de todos los años,etc

Conclusión,te das cuenta ,que la moneda que era rara ya no lo es,que monedas que te venden a 35-40 euros y te dicen cogela que se acaban,resulta que no te dan ni la mitad, porque todos tienen cartuchos.

En fin,que te gastas un dinero en monedas para “invertir”,pierdes mas de la mitad de lo invertido,pero lo peor es que el mercado esta saturado de estas “monedas”.Que listos.

Para terminar,decir que fue el articulo escrito por Adolfo, -no se puede invertir en moneda conmemorativa-,el que me hizo despertar la curiosidad de comprobarlo.

Más vale tarde que nunca.

Antes de nada tengo que dar las gracias a Roberto por el comentario. Estas son las cosas que me hacen creer que este blog sirve para algo y que no estoy pregonando en el desierto. Además, su experiencia puede ayudar a más gente, lo que nunca está de más.

Sinceramente, me sorprende el camino seguido por Roberto, porque es raro que alguien que coleccione moneda romana y española acabe coleccionando euros (mucho más normal es al revés), pero eso es lo de menos. La cuestión es que yo detecto aquí un par de errores de fondo, y no es que sea yo el auditor de nadie, pero en mi opinión hay un par de cosas que Roberto hizo mal y de las que, por suerte, se ha percatado:

  • Confiar en el asesoramiento de gente que tiene interés en que el gaste dinero en euros. A este tema ya se ha dedicado una entrada, pero en resumidas cuentas viene a ser que el numismático que vende euros te va a intentar convencer de que los euros son la mejor inversión, más que nada porque será él quien te los venda.
  • Creer que se puede sacar un beneficio por el mero hecho de almacenar monedas. Otro tema que también ha sido tratado en el blog.

El mercado de la numismática es muy extraño: tiene unas cargas extremadamente altas, es razonable que un intermediario se lleve entre un 20% y un 30% (esto se tratará otro día, pero aquí tenéis un adelanto), fluctúa mucho… no es sencillo. Pero es esa dificultad la que permite que se pueda sacar un beneficio. El simple hecho de comprar monedas a un comerciante, esperar 30 años y volvérselas a vender a un comerciante no hará ganar dinero a nadie (ya se vieron casos drásticos). Si alguien hace eso por dinero, yo le recomiendo que deje la numismática y compre acciones de alguna empresa importante, lo normal es que le vaya mejor.

Para poder invertir en numismática hay que estar metido dentro del mercado; hay que saber qué comprar, a quién comprárselo y a qué precio. También hay que saber a quién vendérselo y a qué precio. Tan importante es una cosa como la otra, ninguna de ellas es sencilla y yo diría que no se puede saber una cosa sin la otra. Si con ir a una numismática y comprar lo que nos digan sacaríamos un buen interés ¿quién no invertiría en monedas?

Por eso creo que es un ejercicio súper importante el hecho de comprar unas piezas para después intentar venderlas. No tienen que ser unas piezas muy caras (pongamos 30 euros/pieza), ni tampoco tienen que ser muchas (pongamos cinco piezas). Simplemente hay que comprarlas cuando creamos que nos las ofrecen baratas e intentar revenderlas, en el momento o pasado un tiempo, a ver si somos capaces.  Si resulta que somos capaces de revenderlas a 35 euros, pues ya conocemos gente que nos las compra y a qué precio las compra: nos vamos haciendo un hueco en el mercado y vamos teniendo contactos.

Si resulta que todo lo que nos ofrecen por ellas son 25 euros, pues habremos perdido un poco de dinero, pero habremos aprendido una lección que evitará que lo sigamos perdiendo. Esto también es importante porque esas lecciones son realmente valiosas y si de verdad las interiorizamos harán que no caigamos otra vez en el mismo error. Mucha gente, y eso es lo que más pena me da, cuando se sienten engañados cogen asco a la numismática y no quieren volver a saber de ella. No se dan cuenta de que ahora ellos son mejores numismáticos que antes porque han aprendido una lección de la que pueden sacar partido.

Como corolario, yo recomendaría a cualquiera que  pretenda hacer una colección con idea de invertir que no compre monedas y las guarde, sino que las compre y las venda; una vez que controle el mercado que empiece a guardarse las monedas que considere. Evidentemente, el que coleccione por puro placer, pues que se haga la colección que más le guste, pero que no lo vea como una inversión.

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de Wikipedia y son piezas de 2 euros conmemorativas: Finlandia 2004, Vaticano 2004, San Marino 2006 y Eslovenia 2007.