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No es la primera vez que aparece eBay en el blog, y casi seguro que no va a ser la última. Ya he comentado que eBay es simple y llanamente un medio de comunicación, una plataforma en la que se ponen en contacto  compradores y vendedores. Pero es una plataforma un tanto especial, porque cualquiera puede comprar y vender como si de un mercadillo se tratase; es decir, no hay nadie que garantice la honradez del vendedor ni que homogenice criterios, como ocurre con las casas de subastas. Además, a diferencia de los mercadillos, la comunicación es asíncrona y por vía telemática, con lo cual muchas veces no se sabe quién está al otro lado y muy posiblemente no se pueda reclamar en caso de que el comprador no pague o que el vendedor no proporcione lo prometido.

Estas características hacen de eBay un estupendo caldo de cultivo para cholleros, listos y tima-novatos. Así que, junto a unos cuantos vendedores serios, en eBay conviven cientos de chatarreros que intentan engañar de mil maneras diferentes y muchas veces de forma absolutamente descarada. Lo malo es que mucha gente (como éste) cuando empieza se cree que por haber seguido 200 anuncios de denarios en eBay ya es un entendido en denarios, sin saber diferenciar cuáles son falsos. Esos son los “hijos de la numismática ebayera” y son carne de cañón para todo tipo de timos porque creen que saben y no tienen ni idea.

Yo los divido en dos tipos: los novicios y los “ebayeros crónicos”. Los novicios son coleccionistas que hay que cuidar. Son aquellos que están empezando y que ven en eBay una primera ventana al coleccionismo numismático. La verdad es que me fastidia mucho cuando timan a alguien así, porque se están aprovechando de ellos y posiblemente éstos cojan manía y dejan la afición. En buena medida este blog está dedicado a quienes empiezan, y no hay ningún mail que me guste más que cuando algún novicio me dice que le sirve de mucha ayuda el blog. Más de uno me ha dicho que le he salvado de algún palo.

Ahora bien, los “ebayeros crónicos” y los “cholleros varios” que no se vengan quejando. Estos son personajillos que lo que buscan son cholletes en todas partes, como si los demás fuésemos tan tontos de venderles monedas por la cuarta parte de lo que cuestan. Encima van de listos y cuentan a los vendedores serios que ese denario que tienen vendiendo por 100 euros él lo ha comprado por eBay a 40. Y que esa peseta de 1947*51 él la tiene sin circular por 30 euros. ¿Pero en qué cabeza cabe que vaya a ser más listo que todos los comerciantes profesionales de España? ¿Acaso es tan especial de conseguir los chollos que los profesionales no encuentran?

Lo peor es que encima presumen de ser inteligentes y generan cantos de sirena que convencen a otros novicios. Pero son tan ignorantes que presumen incluso con profesionales. Mirad lo que escribió Luis:

 Por último está el interesado pero que notas que no te va a comprar por diversos motivos aunque el más común es que “él todo lo que tú vendes a x lo compra en x/2 en ebay”[…] Éste no valora ni valor añadido, ni trato amable ni flores. Es el más macho y el que mejor compra en ebay. Yo, que ya tengo práctica, los cazo enseguida y desde luego no les trato mal (esto nunca se le debe hacer a nadie) pero les doy el trato justo y necesario, no proporcionándoles, desde luego, nada de información valiosa: ésa que se la pidan a sus “proveedores” de ebay.

Con esto no quiero decir que no esté bien comprar en eBay, ni tampoco que no lo aconseje. eBay es un medio de comunicación, lo que importa es quién te está vendiendo la moneda, no cómo te comuniques con él.  Yo compro en eBay y generalmente lo hago a vendedores que conozco previamente y con quienes confiaría lo suficiente como para transferirles 5.000 euros sin miedo a que no me llegue la mercancía. Pero con esos no hay chollos; si les compro un duro en EBC tengo que estar dispuesto a pagar lo que vale, no me lo quiero sacar por lo que cuesta en MBC.

Y es que justamente ahí está la razón última por la que  en eBay todo es más barato: porque muchos no venden lo que anuncian. Además lo hacen de forma muy descarada. En moneda antigua muchas veces venden piezas falsas que se ven clarísimamente que son falsas (como las de esta entrada). Si alguien puja por esos bodrios es porque no tiene ni idea, entonces no se va a dar cuenta de que es un bodrio aunque tenga la moneda en la mano.

En moneda contemporánea pasa algo parecido, pero aquí se juega con la graduación de las monedas (algo semejante al crack-out game, pero más descarado).  Os pongo un par de ejemplos que he visto sin más que haciendo una búsqueda en eBay, podríais encontrar decenas si navegáis unos minutos.

Este duro lo considera el vendedor EBC+. Es un duro majo, pero para llegar a EBC+ le queda un rato. De hecho, yo diría que su precio sería unas 15-20 veces menos que un EBC+ de verdad. Entonces viene el ebayero de turno y como no sabe diferenciar lo que es un EBC+ (lo cual no es nada fácil) pues puja 200 euros por él y se cree que se ha comprado un duro de 1870 en EBC+. Lo peor es que luego se piensa que es más listo que el que ha pujado 1200 euros por un duro en EBC+ en una casa de subastas seria.

Otro ejemplo es esta otra peseta, en la que el vendedor no se molesta ni en poner una foto de la pieza. Simplemente pone esa foto de la cápsula e indica la siguiente descripción:

1 PESETA!! AÑO: 1947 *19*51!!! FRANCO!! PRECIOSA!! S/C-, ES DECIR, SIN CIRCULAR-!! RARÍSIMA EN ESTE ESTADO!!!!! UNA PIEZA IMPRESCINDIBLE!!! VA ACOMPAÑADO POR UN CERTIFICADO NUMISMÁTICO DE PERITAJE RECONOCIDO A NIVEL INTERNACIONAL DENOMINADO: “NATIONAL NUMISMÁTIC CERTIFICATION”!!! LA CALIDAD VIENE SEÑALADA EN INGLÉS MEDIANTE LAS SIGLAS “AU” (ALMOST or ABOUT UNCIRCULATED), QUE SIGNIFICA SC-!! NÚMERO DE SERIE DEL CERTIFICADO: 1283574
VA EN UNA CAJA HERMÉTICA con el fin de facilitar su conservación.

Aquí el engaño es doble y el que no se dé cuenta es porque es muy novato. Por una parte, hay que comprar la moneda, no el soporte. Por otra parte, un AU50 es en el mejor de los casos un EBC-, y eso puede suponer una diferencia de precio enorme en estas pesetas.

El otro día fui me pasé por Londres y una de las visitas que tenía planeadas era su mercadillo numismático. Había leído en unos foros que se encontraba al lado de la Estación Embankment, que está muy muy céntrica: a orillas del Támesis y a escasos cinco minutos de Trafalgar o del Palacio de Buckingham. Así que su localización es la primera grata sorpresa del mercadillo: el turista en Londres no tiene que desviarse mucho para comprar monedas. La otra cuestión importante para visitantes es que sólo abre los sábados de 8:00 a 16:00.

Total, que llego a la estación correspondiente, me puse a buscar el mercadillo y no lo encontraba por ninguna parte. Me extrañé bastante porque parecía claro que estaba justo al lado de la Embankment, y un mercadillo no es algo pequeño y que no se vea. Al final, después de dar vueltas un buen rato me tope con el siguiente letrero, que estaba justo al lado de la estación.

Resulta que el mercadillo estaba dentro de ese edificio y se entraba por aquella puerta. Entré por allí, bajé unas escaleras que parecían conducir a un garaje y… ¡¡conducían a un garaje!! El mercadillo numismático de Londres se monta todos los sábados en un garaje (WTF?).

Me di una vuelta por el mercadillo y al principio la sensación fue bastante decepcionante. Yo me esperaba algo como la Plaza Mayor de Madrid, y ahí apenas había unos 20 puestos, de los que sólo la mitad tenían monedas, la mayoría de los cuales no tenían más que un montón de chatarra. Pregunté a tres vendedores por monedas españolas y dos de ellos sólo tenían piezas muy corrientes y con un precio bastante elevado (normal en el extranjero). Pero el otro tenía unas cuantas monedas de bastante calidad y a precios razonables. ¡Es una suerte coleccionar una moneda tan “internacional” como la moneda española! ¡Desde luego que el país extranjero del que más monedas tenían!

El hombre resultó ser un comerciante jubilado muy agradable (es el de la foto de abajo) con el que intercambié una interesante conversación. Le pregunté qué hacía un mercadillo numismático en un garaje y la respuesta fue más que interesante:

Resulta que en ese preciso lugar había un mercado equino en el siglo XIX. Allí no estaba el edificio, sino que era un local con pesebres y preparado para que los caballos estuviesen cómodos y limpios. Con la llegada del automóvil a principios del siglo XX un mercadeo de caballos en el centro de Londres dejó de tener sentido y el local lo “ocuparon” los coleccionistas para hacer su mercadillo.
Me decía, cargado de moriña, que el ambiente era muy auténtico. Imaginad organizar mercadillos numismáticos en un local adaptado para caballos; con pesebres, suelo de tierra, caída para recoger el agua… ¡auténtico!
Pero resulta que aquel local lo demolieron en los años 70 e hicieron pisos. Entonces las asociaciones de coleccionistas llegaron a un acuerdo para que les alquilasen el garaje los sábados y así poder celebrar el mercadillos. Me decía también con cierta pena que aquello cada vez va a menos. Como casi todos los mercadillos numismáticos.

Así que ya sabéis dónde podéis comprar algunas monedas si venís a Londres. También podéis pasaros por alguna de sus muchas numismáticas, o incluso podéis hacer coincidir la visita con una feria. La próxima es el fin de semana del 11 de febrero. Si alguien que me lea tiene pensado ir que me avise, que allí estaré.

Por cierto, como no puede ser de otra manera, compré alguna pieza al comerciante con el que estuve charlando. La mejor de todas es este duro, que ya hemos estado comentando por aquí.









El otro día escribí una entrada sobre la arrogancia como estrategia de márqueting, incluyendo algunas experiencias personales que fueron completadas por las experiencias que otros compañeros incluyeron en sus comentarios. Parece que todos estamos de acuerdo en que muchos comerciantes numismáticos en España no se caracterizan precisamente por su humildad, y muchas veces el trato al cliente llega a ser desagradable. También parece generalizada la opinión de que si un comerciante cuida al que empieza y le asesora correctamente, es muy probable que ese aficionado siga siendo su cliente según vaya aprendiendo más y se vaya metiendo en monedas más caras. Pero ¿realmente es así? Sinceramente, yo tengo serias dudas de que asesorar al cliente sea una buena estrategia comercial.

Os pondré un par de ejemplos:

El otro día me acerqué a Bath (os comentaré la visita con más calma en otra entrada) y allí me encontré en un mercadillo un tenderete de té. A mí me encanta el té inglés (junto con la parstinaca es lo único que me gusta de la cocina inglesa que no tenemos en España) pero soy un auténtico novicio y no sabría decir qué té me gusta más que otro. El tendero al verme me dedicó unos cuantos minutos y estuvimos charlando sobre té. Resulta que su familia lleva tres generaciones dedicándose a la venta de té, así que os podéis imaginar que sabía una barbaridad. Me sacó un montón de variedades diferentes para que las oliera y me estuvo explicando cómo se hacen los diferentes tipos de té para poder extraer bien todo su sabor. Aprendí un montón.
Como el precio era razonable, le compré una caja para probarla y quedé con él en que si me gustaba le compraría más porque vende a través de Internet (ésta es su web) y me lo puede mandar tanto a mi dirección en Inglaterra como a España. Conmigo se ganó un cliente y pienso comprarle de forma habitual (el té que me vendió está buenísimo).

En Valladolid hay una tienda de juegos de rol y frikadas variadas. A mí no me gustan ese tipo de juegos, pero suelo regalar juegos de mesa o juegos de carta sencillos porque son regalos baratos, socorridos y originales. Al tipo de la tienda le considero tanto un experto en juegos como un enamorado de los mismos. Es impresionante: sabe jugar a todos los juegos que tiene en la tienda, y no habrá menos de 200, algunos con una temática muy compleja. Le das un presupuesto de 10 euros para arriba, le dices el perfil de la persona a regalar y te saca tres juegos que encajan. Yo he probado para regalar a un niño de 5 años, a una chica de 14, a una mujer de 30… siempre he acertado. Además, el tipo monta campeonatos y tiene mesas donde los frikis de Valladolid van a jugar o a pintar sus miniaturas. Si tienen alguna duda o quieren algún consejo, ahí está él para atenderles. Pero lo que me sorprendió es que tiene un cartel que pone: “Si juegas en mi tienda ¿por qué no compras en mi tienda?”.

Son ejemplos bastante sencillos de un cliente que valora el asesoramiento. Va a comprar un producto y como ve que el asesoramiento es muy bueno no se anda con historias de regateos ni piensa si en un supermercado va a sacar el mismo té 20 céntimos más barato o el juego por 2 euros menos. Si lo he escrito bien, seguramente estaréis pensando en situaciones en las que vosotros mismos habéis actuado de forma semejante y habéis valorado el asesoramiento. Ahora es la pregunta dura: ¿esas situaciones son a la hora de comprar una moneda?

Personalmente, me he encontrado con muy pocos coleccionistas que realmente valoren el asesoramiento. No hay más que ir a un mercadillo y ver al personal dando conversación a los comerciantes y éstos intentando quitarse a esos “moscones” de encima. Unos pueden decir que los comerciantes son unos tal y unos cual, pero si lo pensamos dos veces es normal: ellos no están en el mercadillo para pasar la mañana, ni para hacer amigos ni porque les guste la numismática. Los comerciantes profesionales están para ganar dinero, más que nada porque su familia no vive del aire y porque su negocio tiene unos gastos todos los meses. Así pues, si alguien va un día, le explica cosas, le responde a sus dudas, le intenta orientar y luego el cliente se va sin comprarle nada, es normal que al día siguiente (o al siguiente) no quiera ni dirigirle la palabra. ¿Para qué va a asesorar a una persona que no valora su asesoramiento? ¿Para qué va a estar orientando a un tipo que luego se va a comprar las monedas a otra gente porque se las ponen un poco más baratas? ¿O es que también tiene que poner un letrero como el de la tienda de juegos?

Entonces aquí es donde yo hago la crítica a los aficionados: si valoras el asesoramiento, compra a quien te asesore, y si no lo valoras no te quejes de que no te asesore nadie porque no lo estás incentivando. De igual modo, si a priori estás pensando en que no le vas a comprar a un vendedor, no le hagas perder el tiempo porque él está trabajando. Me imagino que muchos profesionales hayan salido hartos de la situación y de dar explicaciones de más a quienes no les dejan un duro (por no hablar de casos como éste y éste) y su reacción sea centrarse en los aficionados que vengan ya aprendidos y que me dejen dinero de verdad. No digo que sea una buena estrategia, pero desde luego es mejor que la de perder el tiempo con quien no les compra ni una pieza.

No quisiera que veáis esto como una crítica a los lectores del blog. Si bien es cierto que vendo alguna que otra moneda que tengo repetida o que he comprado en un lote y no me interesa, no soy ningún profesional ni pretendo ganarme la vida con esto. Me considero un aficionado más y estoy en la numismática porque me gusta. De hecho, aunque el blog tiene bastantes visitas no tiene ningún tipo de publicidad porque su ánimo no es el lucrarme, sino que todos aprendamos con él. Al menos yo aprendo un montón.

Ahora os cuento una anécdota final:

Hace unos cuantos meses leí en el foro de Imperio Numismático a un usuario que estaba buscando unas carteras PROOF por unos 220 euros. Yo las tenía y le escribí un mensaje diciendo que se la dejaba en 200 euros. Entonces va el amigo y me dice que si yo se la dejaba en 200 euros seguramente la podría encontrar un 20% más barata en una casa de subastas, que es de donde sacaba yo las monedas según había leído en el blog.

No voy a hacer comentarios sobre la ignorancia del colega porque darían para otra entrada (básicamente porque las casas de subastas son de todo menos baratas), pero la cuestión es la actitud que presenta. Parece que me está llamando gilipollas justamente por asesorarle gratuitamente. Estoy seguro que más de un profesional de los que ofrecen asesoramiento “gratuito” se ha sentido así alguna vez.

Las monedas de la entrada son tres tipos diferentes de los 10 céntimos de la Segunda República Francesa. Se van a subastar en la casa Monnaies d’Antan y salen por 150, 150 y 120 euros respectivamente. Los 10 céntimos franceses del siglo XIX están entre mis series favoritas.

Una de las características que más detecto entre los comerciantes numismáticos españoles (no tengo experiencia en otros países) es su falta de humildad. Como pasa siempre, no es que se pueda generalizar, porque me he encontrado comerciantes que no son nada arrogantes, pero como norma general creo que es una característica bastante compartida. Como ejemplo, os indicaré tres experiencias que me han pasado a mí mismo.

VENDEDOR 1:

Un día, estando en el mercadillo de Madrid me puse a hablar con un comerciante al que catalogo de entendido y envidiado. Al decirle que estaba buscando sobre todo monedas de Franco me dijo que él era el más entendido en la numismática franquista de toda España. Y que de la moneda que estaba buscando yo (1 peseta de 1953 (19-61)), él tenía 17 cartuchos en casa. Para quien no se haga una idea, cada cartucho puede costar perfectamente 1.500 euros.

Un par de años más tarde, con ese mismo vendedor en el mismo puesto del mismo mercadillo, le compré un libro y hablé un poco con él, diciéndole que tengo un blog en el que cuento “cosas sobre numismática”. Él no sabía lo que era un blog, pero como era algo relacionado con Internet me dijo que tengo que conocer su web (no voy a poner cuál es) porque es “la primera web de numismática de España, porque la abrió en el año 1998” y que “desde entonces ha tenido 125.000 visitas”. Concluyendo que “eso sólo lo tienen las casas de subastas más importantes”. Para que os hagáis una idea, últimamente éste blog tiene 25.000 visitas al mes, así que en 5 meses tengo tantas visitas como este hombre en 13 años, y eso sin realizar en el blog ninguna estrategia para maximizar visitas. Cuando le comenté que lo mío es diferente, que yo no vendo nada y sólo escribo cosas que creo que interesan a la gente, me dijo con cierto tono despectivo que “eso es para quien tiene tiempo”.

VENDEDOR 2:

Cuando empezaba en esto de la numismática me acerqué un día al despacho de un profesional muy conocido en España. Estuvimos hablando un buen rato y yo salí de allí con los ojos como platos. Me enseñó piezas de oro que no había visto en la vida, duros de plata en perfecto PROOF (pocos así he vuelto a ver). Simplemente le compré un par de duros de plata que me costaron 35 euros, lo cual es todo un desembolso para un estudiante sin más ingresos que su propina. Pero salí con la idea de que yo estaba 10 divisiones por debajo de aquel hombre, que él sabía muchísimo más que yo y que estaba acostumbrado a hacer transacciones de miles de euros a diario.

Años más tarde fui a su despacho a comprarle un par de columnarios, y ya que estaba allí le compré otro par de piezas y en total pasaron de mi bolsillo al suyo unos 600 euros. En la conversación él me seguía haciendo ver que aquello eran poco más que baratijas, nada importante. También me ofreció otra pieza de más precio y le dije que no porque acababa de hacer “una compra importante”. Me preguntó que de cuánto y le dije que de 4.000 euros. “¡Hombre! ¡Yo pensaba que me ibas a decir que habías comprado 50.000 euros en monedas o algo así!”, respondió.

VENDEDOR 3:

En el mercadillo de Madrid me acerqué a un vendedor y le pregunté cuánto costaba una peseta de 1905 con ambas estrellas pero en calidad BC+. Me dijo que 400 euros, a lo que yo le devolví la moneda y le dediqué una mirada inconsciente. “No me mires con esa cara, que hay monedas que valen 1000 euros y más”, me dijo, haciéndome de menos delante de sus otros clientes. Mi respuesta fue que yo tengo monedas que valen más de 1000 euros y que si una moneda vale 400 euros no me importa pagarlos, pero que yo tengo una peseta de 1905 con ambas estrellas y mejor que esa y si quiere se la vendo por la mitad. Su respuesta la dijo bien alta para que le oyeran el resto de los clientes: “¡Ahora me vas a venir a enseñar a mí! ¡que cuando estabas naciendo yo llevaba 20 años vendiendo monedas!“.

A los dos primeros vendedores les considero buenas personas y profesionales honrados. Por eso les compro monedas de forma más o menos habitual. Pero desde luego la humildad no parece estar entre sus virtudes, y la razón es que esa aparente arrogancia no es más que una estrategia de márqueting. Me explico:

Lo que ambos vendedores intentan hacer (claramente uno mejor que otro) es que el cliente les admire. Si el cliente les considera “expertos” y que están “muy por encima de él” no pensarán de forma crítica lo que ellos le digan. Es el mismo motivo por el que el pueblo llano no rebate los argumentos de los físicos teóricos (aunque muchas veces ellos no tienen ninguna evidencia física para apoyarlos): simplemente consideramos que para poder discutir hace falta saber mucho más de lo que sabemos. Pues aquí lo mismo pero con dinero por el medio. Así, el día que un vendedor le diga a uno de sus “clientes admiradores” que comprar cierta pieza por 500 euros es un chollo, su cliente se lo creerá y posiblemente suelte el dinero.

Pero además, la actitud del segundo vendedor fomenta una práctica peligrosísima que ha hecho perder bastante dinero a muchos coleccionistas (y ganarlo a muchos comerciantes): nos creemos que el que más gasta es el que más sabe e incluso hay veces que parece que el que gasta más tiene derecho a mirar por encima del hombro al que menos gasta. Es muy curioso cómo en los mercadillos muchos chulean de las compras más importantes que han hecho y las repiten una y otra vez, simplemente porque se piensan que por tener 10 onzas de Carlos III son más listos que quien no las tiene. De eso hay muchísimo, y es un bucle que se retroalimenta: se chulea de las compras, se genera envidia en los que no tienen esas monedas, esa envidia genera una necesidad de compra que cuando se materializa pasa a ser un acto de chulería y vuelta a empezar. Así, ocurre que hay gente que por querer autocreerse buenos coleccionistas se meten en monedas de alta calidad sin conocerlas lo suficiente, y es entonces cuando pierden dinero.

Ya veis que con esta actitud la idea del comerciante es que siempre el coleccionista considere que ellos siempre están por encima y que siempre crea que para cuando el coleccionista va el comerciante ya ha vuelto. Cualquier cosa que haga o tenga el coleccionista, el comerciante lo va a echar por tierra. Da igual que la compra que le comenté al segundo vendedor fuese de 4.000 euros (estoy seguro de que el 80% de los aficionados nunca han gastado más de 4.000 euros en una sola compra), si hubiese sido de 40.000 él me hubiese dicho que pensaba que le iba a decir 500.000. Da igual que yo tenga una web de numismática, la suya es la primera, la que más visitas tiene y la mejor; y cuando es evidente que no es así lo desprecia diciendo que es “para gente que tiene tiempo” (como si atraer a 25.000 potenciales clientes al mes no mereciese parte de su tiempo).

El caso del tercer vendedor es diferente porque es el típico carero en busca de novatos a los que clavarles. Como sabe que no tiene razón no le queda otra que acudir al argumento ad hominem (en este caso aprovechando que soy joven) para que el resto de clientes no se den cuenta de qué clase de vendedor es. Cualquier persona que tenga una opinión propia no le interesa, sólo quiere a clientes ignorantes para poder engañarlos fácilmente. A esa gente mejor ni acercarse.

Aureo nos ha vuelto a sorprender por el mes de octubre con una excelente subasta, esta vez dedicada a la moneda catalana. Se subastará el próximo día 27 y animo encarecidamente a todos los lectores a que echen un vistazo al catálogo.  No sólo es interesante la subasta por su enorme cobertura a la moneda catalana, sino porque quien forjó dicha colección es ni más ni menos que Miquel Crusafont i Sabater, que me atrevería a decir que es la mayor autoridad en cuanto a moneda catalana. De hecho, Crusafont ha dedicado buena parte de su vida a la investigación de la numismática catalana, publicando infinidad de artículos y los principales catálogos que manejamos todos los que nos acercamos a este tipo de piezas (quizá el más conocido sea el titulado “De las Acuñaciones de la Corona Aragonesa y de los reinos de Aragón y Navarra: Medievo y tránsito de la edad moderna. Madrid Vico-Segarra, 1992. Siglos XI al XV”, editado por Vico y Segarra).

La colección que se subasta repasa, con casi 2000 lotes, todas las etapas numismáticas de Cataluña. En su mayoría son piezas de módulo humilde, pero muchas de extrema rareza. Se incluyen monedas locales, pellofas, piezas de la Guerra de los Segadores o de la Guerra Civil, medallas, ponderales… evidentemente, tampoco faltan monedas de plata de gran módulo o florines de oro. Incluso hay mancús, como el de la foto, que quizá sean mis monedas catalanas predilectas. Desde luego que todo aquel interesado en la numismática catalana disfrutará muchísimo sólo con ver el catálogo. Y si alguien es amante de las rarezas o quiere completar su colección, que aproveche, porque tantas piezas raras (o únicas) no se ven todos los días.

Por cierto, que ha habido más gente que han publicado artículos con respecto a esta subastas: 1, 2 y 3. Si queréis bajaros todas las fotos de la subasta sólo tenéis que pasaros por aquí.

Me imagino que muchos de los lectores ya estén pensando en que no tienen mucho dinero para hacerse con una de las rarezas que va a subastar Aureo, pero que estaría bien hacerse con una pieza baratita y así tener un recuerdo de la subasta. Digamos que queréis un poquito del aura de la subasta. Bueno, pues evidentemente esto no se os ha ocurrido a vosotros solos, sino que mucha gente lo hace, y es justamente por eso por lo que los lotes baratos en las subastas importantes suelen salir caros.

Por otra parte, Aureo tiene el detalle de que cuando celebra una subasta monográfica, incluye los lotes en unos plasticos especiales herméticamente cerrados. Algo semejante al de la imagen, que me enviaron con uno de los lotes con los que me hice en la subasta Anastasia de Quiroga. De todas formas, hay que recordar que estos sobres no están pensados para almacenar monedas (me lo dijo Maria Teresa Sisó cuando se lo pregunté por correo electrónico), así que para que no se estropeen lo mejor es sacarlas de ahí y meterlas en un monetario que se encuentre en un lugar seco.

Con todos ustedes uno de los bustos más bonitos jamás grabados en una moneda, no todos van a ser feos (obtenida de la subasta de Soler y LLach del 5 de julio de 2011 ).

Fernando VI no es que fuese un tipo muy atractivo, y pasó por la corona española sin pena ni gloria. Su numismática tampoco es demasiado relevante salvo por la cantidad de bustos diferentes con los que se le retrató en tan poco tiempo y la cantidad de moneda de oro que se acuñó en esos años. Pero a mí personalmente me gusta por la belleza de los bustos, diseñados por Francisco Sáez. Más parecen bustos propios de una escultura en mármol que para representarlo en una moneda.

El estilo, como no podía ser de otra manera, es totalmente barroco y de una enorme complejidad. La leyenda indica en el anverso FERDINANDUS VI D G HISP REX (Fernando VI rey de España por la Gracia de Dios) y en el reverso NOMINA MAGNA SEQUOR (Buscando los grandes títulos). El retrato del anverso presenta a Fernando VI vistiendo una peluca y con facciones redondeadas, algo que en su época se consideraba el canon de la belleza y que cambiaría con Carlos III y su prominente nariz.

En el reverso se presenta el complejísimo escudo de España de la época, que había sido propuesto por Felipe V. En ese escudo aparecen representados los reinos de Castilla y de León junto con Granada, el de Aragón y las dos Sicilias, las flores de lis de la monarquía española, Austria, Borgoña antiguo, Borgoña moderno, Brabante, Flandes y Tirol. Si queréis saber a qué territorio se refiere cada símbolo pasaos por aquí. Yo hecho de menos el símbolo de las colonias americanas, que era lo mejor que tenía España (ya dijo Cervantes que España vale un Potosí), pero ya se ve la forma en la que despreciaban en la época todo lo que no fuese Europa. Además, el escudo está coronado con la Corona Imperial, rodeado de la Orden del Toisón de Oro y con la cruz de la francesa Orden del Espíritu Santo. Si todo esto os parece enormemente complejo es que no habéis visto el Escudo de Armas de la época; aquí os lo dejo extraído de Wikipedia:

Una vez descrita la pelucona os comento un par de detalles propios de esta moneda. El primero de ellos es que son monedas que se encuentran siempre en calidad de EBC para arriba. No he oído hablar de ningún ejemplar en inferior calidad. La razones son dos: por un lado, son monedas que apenas circulaban en la época, así que es fácil encontrarse monedas de 8 escudos en calidades muy altas; la segunda razón, más propia de esta pieza concreta, es que no hace mucho se encontraron muchas de ellas en un pecio de un barco que llevaba el oro de la ceca (ya profundizaré sobre este tema más adelante) y debido a ello la mayoría de las monedas que se venden no han circulado, porque reposaron bajo el mar nada más acuñarse.

Otra de las características propias de esta moneda es la aparición de una zona mal acuñada en el escudo. El ejemplar de la foto tiene una zona casi sin acuñar en el busto y otra en el escudo. Lo del busto es propio de este ejemplar, pero los escudos aparecen así en casi todos los ejemplares que he visto. Además, en la parte de arriba del escudo a la izquierda suele aparecer una pequeña hojita. Por si no lo veis bien en la imagen de arriba, os lo remaco en esta otra:

Esa zona sin acuñar y esa hojita son muy características de los 8 escudos de 1751 de Santiago, y dan una buena muestra de su autenticidad. También es cierto que no suelen verse monedas falsas que intenten imitarlas. Al menos yo nunca he visto ninguna. En cualquier caso, nunca está de más ser precavido y sospechar de la autenticidad de la pieza si no tiene esas características.

En cuanto a tema de precios, lo dejo para la siguiente entrada.

Hace unos meses se puso en contacto conmigo un coleccionista de Valladolid que tiene una forma de coleccionar radicalmente opuesta a la mía. Eso mismo es lo que me pareció más interesante y no tardamos mucho en quedar para tomar una cerveza e intercambiar opiniones.

Resulta que esta persona (lo mantendremos en el anonimato si no es que él me diga lo contrario) coleccionaba exclusivamente errores numismáticos. Su afición comenzó como una simple curiosidad que le generó su privilegiado trabajo: era la persona encargada de encartuchar monedas en una Caja de Ahorros. De vez en cuando se daba cuenta de que había algunas monedas que no encajaban en los cartuchos, y se fijó en que tenían errores y las guardaba como curiosidad. La curiosidad pasó a ser un estudio y al cabo de un tiempo ya no sólo guardaba las que se encontraba casualmente, sino que las buscaba a propósito.

Me contaba con una mezcla de melancolía y orgullo la cantidad de tardes que había pasado entre monedas. En la Caja de Ahorros “compraba” sacos de monedas según venían de la FNMT y con una lupa y muchísima paciencia se ponía a buscar excesos de metal, giros, cóspeles rotos… luego las fotografiaba, las clasificaba y así forjaba su colección. Una colección en la que nunca jamás tuvo que gastarse un real, puesto que nunca ha comprado una moneda. De hecho, la gracia es justamente esa: forjarse uno mismo la colección, rescatando monedas que pasan de ser meros objetos de comercio a ser piezas especiales para coleccionistas.

Al final lo dejó y ahora apenas se dedica a la numismática. Había varias razones. Una de ellas es que hay muy pocos aficionados a ese tipo de coleccionismo y apenas tenía con quién intercambiar monedas o incluso con quién hablar del tema. La segunda, y quizá más importante, es que se daba cuenta de que la afición se había convertido en una especie de obsesión que le comía demasiado tiempo y que le hacía estar pensando todo el día en los dichosos errores. En ese caso, hizo lo mejor: dejarlo una buena temporada.

También dedicaba esfuerzo a la divulgación del coleccionismo de errores, aunque muchas veces de forma infructuosa. De hecho, en Valladolid puso una pequeña exposición con más de 100 errores diferentes de los 20 céntimos de 1999 de España. Además, publicó varias láminas en las que se muestran las monedas y los diferentes errores que presentan, de forma que se puede construir un álbum en el que tener las monedas bien catalogadas.

Al final pagué yo las cañas y él me dio un DVD con un montón de fotografías y monedas catalogadas por él mismo. Una auténtica pasada que aquí comparto con vosotros. Están las láminas que él realizó y cientos de errores numismáticos, entre los que se incluyen escesos de metal, rebabas, giros, roturas de cuño… Podéis descargaros las fotos con los siguientes enlaces. Que las disfrutéis:

Láminas de errores 1
Láminas de errores 2
Láminas de errores 3

Euros 1
Euros 2

Curiosidades numismáticas 1
Curiosidades numismáticas 2
Curiosidades numismáticas 3

Esta semana he tenido la suerte de conversar con Eloisa Wattenberg, directora del Museo Arqueológico de Valladolid. La visita no pudo ser más agradable, no sólo por la conversación en sí misma, sino por poder hablar tranquilamente en el patio del Palacio de Fabio Nelli (el que se ve en la foto), en Valladolid y luego poder ver la exposición temporal de numismática romana que alberga el museo y a la que todos estáis invitados a ir.

Aproveché la ocasión para entrevista a Eloisa, quien habla de la numismática con una concepción muy diferente de la que tenemos la mayoría de los coleccionistas. Precisamente por ello creo que es especialmente interesante para los lectores del blog. Así se pueden entender otros puntos de vista más cercanos al estudio histórico que al coleccionismo.

Adolfo (A): Primeramente quisiera hacerte unas preguntas generales ¿Coleccionas algún tipo de monedas de forma personal?

Eloisa (E): No, no colecciono ni monedas ni ninguna otra cosa.

A: Pero, ¿tienes alguna moneda predilecta?

E: Como a todo el mundo me gustan más las monedas que más conozco. Quizá por eso, sin pensarlo mucho, nombre primero  los reales de a 8. Son el tipo de moneda que integra el tesoro de Peñafiel, que guardamos en el museo y que hace poco catalogué; pero también los denarios ibéricos, o algunas monedas medievales, como la dobla de la banda.

A: ¿Entonces tu interés por la numismática es fundamentalmente arqueológico?

E: Quizá en el Museo valoremos más las monedas como documentos de primer grado que permiten obtener mucha información de manera directa sobre ciertos aspectos históricos. De hecho, la exposición de numismática romana que ahora tenemos abierta se ofrece con ese planteamiento. Queremos mostrar el alto contenido de información que ofrecen las monedas sobre el mundo romano: como por ejemplo retratos de emperadores y personajes, divinidades, monumentos, moda en el peinado, el vestido o el adorno personal, acontecimientos y sus fechas exactas,…. todo  eso, a efectos de difusión de la cultura romana, tiene para nosotros grandísimo interés, tanto o más que su diseño estilístico o el análisis de las mismas como medio de comercio.

A: Ya veo. Entonces, ¿qué información proporcionan las monedas más allá de las cuestiones relacionadas con el comercio y la economía?

E: Proporcionan muchísima información porque siempre han sido medios de propaganda Por ejemplo, cuando un emperador romano realizaba una conquista o construía un templo, eso  casi siempre se mostraba en las monedas.

A: Pero hay otros restos arqueológicos que también documentan ese tipo de cuestiones. ¿Hay algún tipo de información que nos proporcionen las monedas que no nos proporcionen las demás (más allá del comercio, vuelvo a insistir)?

E: Sí, pero muchas veces no documentan la propaganda o los acontecimientos de forma tan explícita. Además, las monedas aportan algo que no tienen todos los documentos arqueológicos: la cronología. Una moneda se puede datar de forma exacta, bien porque en ella conste la fecha, o porque sabemos las fechas de reinado de quien las emitió… En cambio, un recipiente o resto cerámico, o un objeto decorativo por poner algún ejemplo, siempre se puede estimar que ha sido realizado en una época, pero es difícil datarlo de forma tan exacta.

A: Muy interesante. Llevo años coleccionando monedas y no había caído en ello. Por otro lado, ¿del estudio de las monedas habéis obtenido algún tipo de hipótesis históricas?

E: El Museo tiene un buen fondo numismático que abarca todas las épocas pero, por ceñirnos a un ámbito bien próximo y concreto: no reúne suficiente información sobre monedas halladas en el territorio de Valladolid. La mayoría de los ejemplares proceden del comercio y son raros los documentados en excavaciones científicas realizadas en la provincia. Es muy difícil por tanto extraer conclusiones. Principalmente, aunque de forma esporádica,  en la Universidad se  vienen haciendo trabajos en ese sentido  y también nosotros, en el Museo,  estudiamos las monedas halladas fundamentalmente en Valladolid, pero lo cierto es que los conocimientos actuales no permiten establecer hipótesis sólidas.

Cuando se encuentran atesoramientos grandes entonces se puede obtener más información a partir del análisis y el estudio de los mismos. Dos de estos casos serían los de Tordesillas y de  Cabezón.  Pero tampoco con mucha garantía. Muchos de esos tesoros pasan por varias manos antes de llegar al Museo y se pierden monedas. Sin ir más lejos, éste hallado en Honcalda [me dice apuntando a una vitrina donde se encuentra un conjunto de antoninianos] sabemos que originalmente tenía más de 200 monedas, pero pasó por varias manos y al Museo sólo llegaron 26. Así no se pueden sacar conclusiones sobre el total del hallazgo.

A: Y en ese sentido ¿el expolio es muy perjudicial para los historiadores?

E: Claramente. Cuando cualquier hallazgo arqueológico no es excavado con metodología científica se pierde infinidad de información del mismo para siempre y su estudio e  interpretación siempre será incompleto.

A: ¿Y las monedas falsas?

E: No representan una preocupación especial para nosotros. Apenas compramos monedas en el mercado, así que difícilmente adquiriremos una falsa. Por otra parte, las monedas falsas de época también tienen su interés histórico y como tal hay que estudiarlas, por lo que también son interesantes. Es decir, que una moneda falsa de época también es un documento histórico.

A: Por último, quisiera hacerle una pregunta sobre la exposición ¿qué criterios se siguen a la hora de exponer las monedas?

E: La idea principal es que la exposición sea pedagógica y comprensible. La numismática es algo complejo y con un planteamiento  divulgativo como el que se ha pretendido, hemos optado por que la información sobre equivalencias entre monedas y  metrología sea muy elemental. Casi diría que es una exposición de numismática dirigida a todo tipo de público, pero no para numismáticos. Precisamente para mostrar el poder de atracción que encierran las monedas y captar el interés del visitante no iniciado se prefirió un discurso  sencillo y accesible a todos.

Por cábalas de la vida ha caído en mis manos esta moneda


Se trata de un supueto sestercio de Julia Domna Augusta que aunque no es muy raro no es precisamente barato. Y si digo “supuesto” es porque, aunque lo parece, no lo es: se trata de una moneda falsa. Que nadie se enfade todavía, que no pienso venderla ni intentar engañar a nadie con ella, que yo seré pobre pero muy honrado.

Quizá un experto ve las fotos de arriba y es capaz de detectar en el momento la falsedad de la pieza, pero me juego un duro a que a la mayoría de los que no entendemos mucho de moneda romana nos la hubiesen colado como buena si sólo nos dan las fotos del anverso y del reverso. En cambio, si observaos el canto de la moneda tendremos más pistas sobre el origen de la pieza. Os dejo un par de fotos del canto:

Si nos fijamos bien se pueden observar unas estrías que recorren el canto. Esas estrías son restos del proceso de fundición y son características de monedas que han sido falsificadas por el método de fundición por microfusión, que es la forma más común de fabricar monedas no originales hoy en día. Por si alguien no las ve bien, os remarco en estas otras fotos los contornos de las estrías.


Ya estaréis pensando que la aparición de las estrías es fruto de una falsificación descuidada, y que si hubiera sido falsificada con más esmero se hubiesen podido quitar. Es cierto, pero para quitarlas generalmente es necesario limar el canto. Por eso, un canto con limaduras también es un síntoma de que la pieza es falsa, tanto en moneda antigua como en la numismática contemporánea.

Espero que este truco sirva a  muchos y que miréis bien el canto antes de comprar una pieza. El canto es la tercera cara de la moneda y es la que más información suele proporcionar para detectar las falsificaciones porque al ser la que menos mira la gente suele ser la más descuidada (hay más gente que opina lo mismo). Por otro lado, vuelvo a dar el consejo de siempre: al comprar monedas, sobre todo si son caras, lo mejor es adquirírselas a alguien de confianza para evitar sustos.

Comenzamos esta temporada destripando a unos de los personajes más oscuros de los aficionados a la numismática: los cholleros. Los cholleros son estos tipos que nos encontramos por los mercadillos y convenciones  buscando “chollos”. Van de listos y además lo dicen abiertamente: “yo sólo compro monedas cuando están a muy buen precio”, para luego carraspear, sacarse una del bolsillo y soltarte esa de: “fíjate, el otro día se pagaron 500 euros en una subasta por una pieza como esta pero en peor estado. A mí me ha salido por 35”.

Lo peor es de estos tipos es que suelen hacerse amigos de los novatos, simplemente porque son los que más susceptibles son a proporcionar chollos debido a su falta de conocimiento. Además, hay novatos que escuchándoles se creen que esto de la numismática es miel sobre hojuelas y pretenden hacer, ellos también, negocios de esa clase. Cuando esto ocurre en la mayor parte de los casos se resuelve con que le timan al novato un montón de veces, y una vez que se da cuenta deja la numismática y se queja de que todos son unos chorizos. Y es que, como dice Luis, buscar chollos es la mejor manera de exponerse a ser timado.

Vamos a ser un poco razonables: ¿creéis que alguien que se dedica a la numismática de forma profesional va a vender una moneda por la cuarta parte de lo que vale? ¿acaso su familia vive del aire? ¿los impuestos se pagan solos? No, evidentemente no. Es posible que tenga un error y se le escape una pieza que no haya tasado correctamente, pero eso es algo rarísimo más que nada porque el profesional vive de ello. Yo, con mis propios ojos, nunca he visto un caso así.

Pero resulta que el chollero lo que quiere son monedas a mitad de su precio o incluso menos, así que pasa de los comerciantes honrados que intentan ajustar sus precios al mercado. Les dicen: “sí, las monedas están bien… pero esos precios son muy muy altos”. Como los comerciantes ya les conocen y saben de qué pie cojean, no pierden demasiado tiempo con ellos; simplemente les dicen que no les bajan ni un duro y que si no le interesa no pasa nada.

Al final siempre topan con alguno que les ofrece un chollo. Chollo que sería tal si no fuese porque la moneda es falsa, troquelada, manipulada… son las monedas que algunos ofrecen en cuanto ven la codicia en los ojos del chollero. Y casi seguro que la pieza que había comprado a 35 euros costando más de 500 sea de éstas. Lo único bueno de esta historia es que el chollero timado no me da ninguna pena. Es un tipo que se intenta aprovechar de todo el mundo y que chulean de los timos que han perpretado. No pueden quejarse si a ellos les dan el palo.

La moneda de la imagen son unos rarísimos 64 marcos de 1609 acuñados en Estocolmo bajo el reinado de Carlos IX. Sale en la próxima subasta de Künker por 30.000 euros. Si alguien os la ofrece por 100 euros, es que es falsa.