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En la interesante discusión que se generó a raíz de la última entrada (y cuya lectura recomiendo encarecidamente) se hizo patente la subjetividad de las valoraciones que se suelen dar sobre las monedas. No hay más que ver en los foros de numismática que cada poco hay aficionados discutiendo sobre si una pieza está en MBC+, en EBC- o lo que sea. En esta entrada quisiera hacer una reflexión al respecto diferenciando la “valoración técnica” de la “valoración de mercado”. Para ello me baso en una serie de libros americanos (ya dedicaré otra entrada a comentarlos más detenidamente) sobre valoración de monedas: Grading coins by photographs de David Bowers, The official guide to coin grading and counterfeit detection de John W. Dannreuther y The official ANA Grading Standards for United States Coins. Siento si la redacción es muy enunciativa, no es que pretenda sentar cátedra sino que recojo una de las mejores lecciones aprendidas tras leer esos tres magníficos libros.

Cuando cogemos un catálogo de una subasta, un catálogo de monedas o cuando vamos a hablar con un profesional diferenciamos las monedas en distintos grados. Los yankis suelen usar la escala Sheldon y nosotros la más simple BC, MBC, EBC y SC. Una u otra escala es lo de menos, porque al fin y al cabo son eso: escalas. La cuestión está en qué queremos decir cuando decimos “una moneda está en EBC”. Pensadlo un momento, quizá algunos de los coleccionistas más avanzados todavía no hayan reflexionado sobre el significado de esa frase. ¿Queremos decir que esa moneda tiene poco desgaste? Podría ser, pero ¿qué significa “poco”? ¿cuánto más desgaste tiene que tener para que deje de ser EBC y pase a ser EBC-? ¿y si en vez de más desgaste tuviese un arañazo? ¿y si fuese un golpe en el canto? ¿y si estuviese limpiada? ¿qué tiene que ocurrir a esa moneda para que dejase de estar en EBC y pasase a MBC? Realmente son preguntas difíciles de responder porque cuando decimos “una moneda está en EBC” NO estamos diciendo nada sobre su desgaste o sobre los arañazos o golpes que pueda tener. Lo que realmente estamos diciendo es “el valor aproximado de esta moneda es lo que valen las monedas de este tipo en un estado EBC”. Es decir, que con este tipo de valoraciones lo que hacemos es agrupar las monedas en conjuntos con un valor de mercado semejante. Eso es lo que se llama “valoración de mercado” y es claramente una cuestión subjetiva ¿por qué esta pieza pertenece al grupo MBC+ y no al grupo EBC-?

Otra cuestión sería hacer una descripción técnica de la moneda, en la que se detalla cada una de las características de la pieza: arañazos, golpecitos, marcas del cuño, excesos de metal, vanos, brillo original… en ese aspecto no habría dos monedas iguales si se hace con un nivel de detalle suficientemente minucioso. Esto es lo que se considera “valoración técnica” y debería ser una cuestión objetiva y científicamente contrastable (falsificable, como diría Popper), en el sentido de que una moneda o tiene una marca o la deja de tener, no hay medias tintas ni diferentes opiniones. Otra cuestión es que deba ser un ojo entrenado el que realice la valoración técnica porque a un novicio se le pueden escapar algunos detalles que resulten de importancia.

¿Qué es preferible, la valoración técnica o la valoración de mercado? Pues eso depende de lo que andemos buscando. Evidentemente la valoración de mercado es un breve resumen subjetivo de la valoración técnica y varía con el tiempo. Esa variación temporal es debida fundamentalmente a modas; por ejemplo, hace unos años estaban de moda las pátinas oscuras y sin embargo ahora no las quiere la gente, por lo que su valoración será menor. Esa variación también se puede deber a la llamada tasaflacción. Por otra parte, la valoración de mercado es algo comprensible para cualquier coleccionista. Se dice EBC y ya todo el mundo sabe qué significa, y muchas veces es preferible eso que una descripción de 8 líneas que el comprador no experto no vaya a entender y no vaya a saber si la moneda se valora en 100 ó 1000.

También hay que indicar que en muchas ocasiones se mezclan ambas valoraciones. Por ejemplo, cuando se describe una moneda como “EBC+ golpecitos en el canto” o “MBC+ restos de brillo original” lo que se hace es hacer explícito cierta característica técnica de la moneda que no suele ser común en las piezas valoradas dentro de la calidad que se indica.

Mi consejo personal es que, si bien al principio podemos guiarnos por la valoración de mercado, poco a poco hay que desarrollar un gusto propio que haga que nosotros tengamos nuestra propia forma de valorar las monedas. ¿Qué prefieres, una moneda con mejor acuñación pero un leve desgaste sólo apreciable con lupa o una moneda con peor acuñación pero recién sacada de cartucho? ¿y si no tiene brillo original? Eso es cuestión de cada cual, y si somos coleccionistas muchas veces hay que saber llevar la contraria al mercado. Por ejemplo, a mí me gustan las pátinas oscuras, a pesar de que se coticen menos.

Pero sobre todo hay que aprender a valorar las monedas por uno mismo independientemente de lo que diga el numismático que nos la está vendiendo o la cápsula en la que esté encerrada. Si vamos a un mercadillo o a una convención y vemos marcada una moneda como EBC, no está de más cogerla, mirarla con la lupa detenidamente e intentar sacarle todos los fallos y virtudes que podamos. Una vez que hemos hecho eso deberíamos ser nosotros los que pensásemos si merece el precio o no. Claro está que si somos recién llegados a la numismática nos será difícil hacerlo. En ese caso lo mejor es que preguntemos al profesional que nos está vendiendo la moneda para que nos comente los fallos y virtudes que tiene, intentándolos ver nosotros también (se puede hacer también con monedas en SC, el 99% de ellas presentan algún tipo de detalle que podría mejorarse). Claro está que si el vendedor nos dedica un rato a explicarnos cómo valorar una moneda habrá que comprarle algo para devolverle el favor, que él no está ahí por gusto y placer.

Por último voy a realizar una valoración técnica de la última moneda que me he comprado: un duro de 1875, que es el siguiente.














La moneda es de plata y pesa 25 gramos. Presenta muy poco desgaste y ambas estrellas tienen los dígitos marcados. La estrella izquierda tiene ambos dígitos fuertes, mientras que la de la derecha tiene el 7 fuerte y el 5 más flojo, si bien se aprecia toda la trazada. El desgaste que sufre la moneda se da en la parte más saliente de la oreja, sobre todo en el arco superior izquierdo y en el león superior del escudo. Muy leve desgaste también en la parte más saliente de los castillos y en la granada. No se aprecia desgaste en las flores de lis, en el pelo del busto o en el PLUS ULTRA. No hay marcas ni rayitas apreciables en el reverso más que una a izquierda de la corona y otra en la parte inferior de la corona. Aparecen finas rayitas en la parte inferior del reverso. Además hay seis marquitas visibles a simple vista en el rostro (aquí se podría decir la posición, la distancia y el grosor de cada una si se contase con el equipo apropiado). No aparecen golpecitos de importancia en el canto pero hay una pequeña marquita en el canto encima de la S de JUSTICIA. Buena parte del brillo original en el reverso, observándose especialmente en el escudo; cierto brillo original en el reborde del anverso.

Si tuviese que decir la valoración de mercado diría EBC+

Otra cosa es el precio. Os daré una pista: he pagado más o menos la tercera parte de lo que costase un SC normalito.

Cito textualmente del libro de Q.D. Bowers “Grading coins by photographs” (traducción hecha por mi hermano, Saúl Ruiz):

“Entre el 80% y 90% -o incluso más- de los vendedores confían en la tasación que un certificado o un experto le da a una moneda. No les suele importar si, observándola más de cerca, parecen tener menor calidad (o a veces mayor). Hace unos años, un comerciante compró una moneda de cinco centavos de Draped Bust casi sin circular por unos 5.000 dólares. Eliminó los tonos grises con un limpiador y lo recoloró químicamente con tonos irisados. Ésta capa tapó la superficie verdadera de la moneda, por lo que resultaba muy complicado descubrir que tenía algo de desgaste. Un buen tasador profesional la certificó como MS-63, y se vendió por más de 30.000 dólares. Este “coin doctor” [nota: los gringos llaman así a quienes tratan física o químicamente las monedas para que parezcan de mejor calidad] no podría estar más orgulloso, ya que era la situación perfecta: él ganó mucho dinero, el tasador se llevó su parte y el comprador estaba encantado con la apariencia y la certificación de la moneda“.

Más adelante continúa:

“Bill Fivaz, un asesor de este libro, nos indicó que en 2003 vendió en subasta una moneda de cinco centavos Doubled Obverse Die Buffalo de 1916, tasada por PCGS como AU-55, por 53,625 dólares. En 2008, la misma moneda, tasada por una gran empresa como MS-63, después de haber sido “trabajada”, se evaluó en la Certified Coin Dealer Newsletter por 110.000 dólares.

En 1999, yo mismo catalogué una Double Eagle calificada como la variedad de 1853, de 3/2 [variante de sobrefecha]. Provenía del tesoro de monedas de oro del SS Central America. Se envió la moneda a una buena empresa tasadora, la cual la calificó como AU-58. Se vendió después en una subasta. El comprador, un comerciante, inmediatamente la volvió a enviar a la misma empresa y le llegó tasada como MS-62. Una moneda de la cual se pensó que estaba algo circulada o gastada, claramente no se había deshecho mágicamente de su desgaste; sin embargo, se tasó sin ninguna duda como sin circular. Si compraras esa moneda hoy, ¿la considerarías como MS-62? ¿Te fiarías del certificado, o la examinarías mejor para asegurarte?

¿Y si alguien te dijera que la misma moneda era una AU-58 poco tiempo antes de cambiar a MS-62? ¿Cambiarías de opinión? Si alguien dijera que esa moneda, tasada como MS-62, es realmente una AU-58, ¿le creerías? Si compraras los antes mencionados cinco centavos MS-63, y supieras que es una AU limpiada y recolorada, ¿te gustaría tenerla? Éstas preguntas no son retóricas, sino bastante posibles para cualquier numismático. Yo no tengo respuestas concretas, y mucho menos tajantes. Solo muestro algunas de las complejidades que rondan por el mundo de la tasación de monedas.

Ya que la tasación siempre ha sido más subjetiva que objetiva, y más un arte que una ciencia, las conclusiones a las que llegan empresas como ANACS, PCGS o NGC se suelen reponderar por otra compañía para tener una segunda opinión, o incluso por la misma empresa. En un caso memorable, una variante Amon Carter del dólar de 1804 se tasó como EF-45, y más tarde como AU-58 por la misma compañía. Estos «reinformes» han supuesto millones de dólares en honorarios. Parece una situación en la que todos ganan: los vendedores ganan, las empresas de tasación ganan y todos contentos. Sin embargo, el resultado final es “tasaflacción”, o el detrimento de los estándares de calidad de monedas con el paso del tiempo. Por esto, una moneda certificada en 1990 como, por ejemplo, MS-65, hoy en día se podría evaluar como MS-66 o incluso MS-67 por los mismos tasadores”.

Este texto tiene mucho que ver con temas que ya se han comentado en el foro, como los contenedores de las empresas americanas y los problemas que tienen, o la necesidad de distinguir (por nosotros mismos) lo bueno de lo mejor cuando nos metemos en monedas caras. Pero leyendo esto a mí me surgen un montón de dudas, dejo que cada cual las reflexione y, si quiere,  que las comente en el blog:

¿De qué me sirve enviar una moneda a un servicio de tasación si resulta que dentro de veinte años la tasación que me darían por ella será diferente? Si todos se dedican a hacer ese juego y todos ganan dinero con él ¿el único que pierde es el coleccionista? ¿ocurre lo mismo en España con las subastas (es decir, que lo que hoy es un EBC dentro de 20 años se considerase EBC+)? ¿Es ético ser un “coin doctor“? (a este asunto le dedicaremos otra entrada).

La moneda que ilustra la entrada son 10 ducados polacos de 1614 a nombre de Segismundo III. Se encuentra expuesta en el Hermitage y espero no tardar demasiado en poder verla.

La entrevista que realicé a Martín Lechuga la semana pasada tuvo mucha repercusión entre los aficionados a la numismática que andamos por foros y por la blogosfera. Se abrió mucho debate y también hubo quien criticó duramente la entrevista, ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Pero es incuestionable que fue patente que en España crear copias de bienes artísticos o históricos es plenamente legal, lo cual hace que la copia de monedas sea un negocio como cualquier otro.

Muchos se llevaron las manos a la cabeza y empezaron a dudar de si había moneda falsa en sus colecciones. Más aún viendo que a grandes casas de subastas españolas supuestamente se las han colado, como a Vico o a Marti Hervera. Si a unos de los profesionales con mayor prestigio de España les cuelan monedas falsas ¿cómo podemos evitar que nos la cuelen a nosotros, simples aficionados?

A esto se suma que en España es plenamente legal la copia de monedas, pero no comerciar con ellas haciéndolas pasar como auténticas, que sería considerado una estafa. Pero claro, para que se impute como estafa hay que demostrar que la persona tiene dolo, es decir, que sabe que esa moneda es falsa y la vende como verdadera. Difícil es probar ese dolo, puesto que el estafador va a alegar que a él se la vendieron en un mercadillo y que él creía que era buena, diciendo que a los mejores también se la cuelan.

También hay que tener en cuenta que esta práctica hace muchísimo daño a los estudios históricos. Los académicos sacan sus conclusiones en base al estudio de grandes colecciones, pero claro, si esas colecciones están adulteradas las conclusiones que se obtengan serán totalmente erróneas. Preocupante es que se hayan encontrado ejemplares falsos en colecciones del calibre de la Real Academia de la Historia o del Museos Arqueológico Nacional.

Así pues, tenemos un marco legal en el que fabricar moneda falsa es legal y traficar con ella, haciéndola pasar por auténtica es muy difícil de penar. Por eso, entre unos cuantos compañeros hemos preparado un documento para recoger firmas y que se endurezca la ley, tipificando como delito la falsificación de moneda o de bienes arqueológicos que pudieran pasar como auténticos. Ya han firmado muchos aficionados y profesionales, y os invito a que lo leáis con calma y firméis si estáis de acuerdo, y mucho mejor si además lo dais publicidad:

PULSAD EN LA IMAGEN PARA IR AL DOCUMENTO

Por último, voy a dejar un escrito que ha mandado Vico, indicando que no es la primera vez que se solicita algo así y que la AENP lleva muchos años instando a que se cambie el marco legal en este aspecto. Mi opinión es que esta vez es diferente, porque aunque no se cambie el marco legal (dudo mucho que ningún partido lo ponga entre sus objetivos de campaña) a través de foros y blogs habremos hecho conscientes del problema a muchos aficionados, y eso ya es un valor en sí mismo.

En la falsificación de moneda, hay que diferenciar dos tipos:
– La moneda que se falsifica, estando en curso legal, para usarla como medio de pago.
– La moneda que se falsifica para introducirla fraudulentamente en el mercado numismático como auténtica.

El artículo 283 de nuestro Código Penal, castiga con la pena de prisión menor, la fabricación de moneda falsa y la cercenación o alteración de moneda legítima. Se considera moneda a efectos del Código Penal (art. 284), el papel moneda, los billetes de Estado y de banco, la moneda metálica y los demás signos de valor que tengan curso legal, emitidos por el Estado, tanto español como los extranjeros. Por lo tanto, la ley excluye penalización para la falsificación de moneda que ya no tiene curso legal, es decir, la moneda antigua.

Por ello y al no encontrarse tipificada en el Código Penal la fabricación o alteración de monedas que en otro tiempo pudieron tener curso legal, las leyes españolas no consideran esta conducta, en principio, delictiva, a no ser que lleve emparejado un engaño o defraudación, en el sentido de querer aparentar su autenticidad, lo que convertiría automáticamente dicha conducta en un delito de estafa.

Las falsificaciones de monedas que se efectúan en la actualidad, se realizan con la intención de aparentar autenticidad, a fin de conseguir en el mercado un valor comercial mas alto.

Esta actividad, entra de lleno en el campo de las estafas, ya que como recoge el art. 528 del Código Penal, “cometen estafa los que con ánimo de lucro, utilizan un acto de disposición en perjuicio de si mismo o de tercero”.

En el delito de estafa, es necesario que exista dolo, es decir, que el sujeto activo tiene que ser consciente de la falsedad de la moneda y ocultarlo, ya que la buena fe o la advertencia de la no autenticidad, excluye la estafa.

En resumen, las leyes españolas no castigan la falsificación, pero si la venta fraudulenta de una pieza falsa como si fuese auténtica.

Varios han sido los intentos de que se penalice el hecho en si de la falsificación, pero todos ellos infructuosos, comenzando con la petición que se hizo a raíz del I Congreso Nacional de Numismática celebrado en Zaragoza en 1972 y continuando con las peticiones hechas desde la A.E.N.P. en las que he intervenido personalmente, sin ningún éxito, en 1982 con los redactores de la reforma del Código Penal, en 1991 con los escritos presentados en el Ministerio de Justicia y en 1996 con la propuesta que presentamos en el Congreso de los Diputados, en la que pedíamos que en el artículo 284 antes citado, donde se castiga la fabricación de moneda que tenga curso legal, se añadiese simplemente, “o lo haya tenido”.

Me parece magnífico este movimiento que ha surgido en los foros numismáticos contra las falsificaciones. Tiene todo nuestro apoyo y esperamos que tengan el éxito que otros no hemos tenido.

Fdo. Jesús Vico Monteoliva.

Cuenta una leyenda que dicen verdadera:

No ha mucho que en esta nuestra España sucediera
que a un reputado comerciante se le apareciera
un hombre humilde con la cartera llena.

“¿Qué me trae usted en esa cartera?”

“Tan buena mercancía que hará tiempo que sus ojos no vieran
tal cantidad de libros antiguos como los que aquí os esperan.
Los he heredado yo de mi bisabuela
que era una mujer rica, con tierras, noble y marquesa”.

“Suerte tiene usted de heredar de esta manera,
que habiendo pasado por padres y abuelos todavía en la colección quedan
decenas de libros antiguos y que algunos incunables sean.
No se preocupe usted, caballero, que por mal que le venga
ya no pasará necesidades de aquí hasta que se muera.
Puesto que, una vez diga, y por escrito me lo ofrezca,
que esos libros en realidad vienen de su bisabuela
los publico en mi subasta, quizá la mejor de España entera”.

“¡Vive Dios que mi historia es verdadera!
y así por escrito usted lo tenga
que jamás de mi boca mentira saliera
puesto que he tomado votos de obediencia, castidad y pobreza”.

Así que el clérigo por escrito le entrega
la legal procedencia de la mercancía que lleva.
Mas el mercader tomó a la policía de consejera
para saber si se había robado alguna biblioteca
obteniendo una negativa respuesta.
Finalmente permitió que en pública subasta se ofrecieran
los libros de la supuesta bisabuela
de aquél cura, fraile o lo que fuera.

Todo parecía genial, miel sobre hojuelas
se llevó el comerciante su parte y el cura muchos millones de pesetas.

Pasan los años y de aquello nadie se acuerda
hasta que un nuevo obispo aparece en escena
y solicita un inventario de la Diócesis completa.
¡Madre del cielo! ¡Menuda faena!
¡Que a la Santa Madre Iglesia le han robado en su biblioteca!

Para entonces el culpable ya estaba palmera
y del dinero ni rastro, nunca lo metió en una cuenta
así que nunca sabremos si se lo gastó en putas o con la tabacalera.

El resto de la historia se lo imagina cualquiera:
Tras la pertinente denuncia, la justicia considera
que los libros regresen a su ubicación primera
y que los coleccionistas afectados indemnizados sean
por el dueño de la subasta, aunque delito no cometiera.

Y así acaba esta historia a la que dicen verdadera.

Últimamente ha habido especial revuelo en los foros numismáticos debido fundamentalmente a que Vico ha tenido que retirar ciertos lotes por haber publicado alguna moneda falsa. Este tipo de noticias hacen desconfiar al aficionado y que se desprotique contra casi cualquiera. Una de las empresas que más críticas ha recibido ha sido Remoneda, una empresa que realiza reproducciones numismáticas de gran calidad y que había confeccionado algunas de las piezas que le colaron a Jesús Vico. Desde mi punto de vista, algunas de las críticas a Remoneda tienen sentido y otras no lo tienen, pero en cualquier caso hay que recordar que es una empresa legal que no vende sus reproducciones como auténticas.

Yo mismo hace unos días me puse en contacto con Martín, el director de Remoneda. Después de intercambiar varios correos intercambiando impresiones sobre mi blog y sobre su empresa le propuse realizarle una entrevista que aquí os dejo. Estoy seguro de que será de utilidad para muchos aficionados:

Adolfo (A): Para empezar, quisiera hacerte unas preguntas generales. ¿Qué tipo de monedas coleccionas?
Martín (M): No tengo ninguna coleccion personal aun que ya me gustaría, puesto que con la actividad de mi trabajo de momento no quiero tenerlas. La verdad es que tengo tentaciones, puesto que por mis manos pasan grandes piezas.

A: ¿Cuáles son tus monedas favoritas?
M: Las monedas que mas me gustan… pues casi todas, soy un enamorado del tema. Pero quizás las más especiales sean las monedas íberas; tienen un arte especial, te embruja. Aún así no desprecio cualquier otra época.

A: Si tuvieses que llevarte una moneda a una isla desierta ¿cuál te llevarías?
M: Hay una muy especial (bueno hay varias), es una estátera republicana, la del juramento, es una maravilla.

A: Ahora me gustaría que nos centrásemos más en tu negocio. ¿Cómo definirías el servicio que proporcionas a tus clientes?
M: El servicio que proporciono a mis clientes (te hablo en nombre de ellos, pues es lo que me comentan) pienso que es fantastico pues muchos de ellos son personas sencillas de bajo poder adquisitivo que nunca podrán tener un buen aureo, que nuncan podrán tener sestercios caros; yo les proporciono una réplica con una cierta calidad que hace que su deseo en parte se satisfaga a un bajo coste.

A: ¿Qué tipo de clientes son tu objetivo? (coleccionistas, instituciones pedagógicas, timadores que luego las quieran vender como buenas…)

M: Me interesan todos, pues tengo gente culta (abogados, médicos etc.), también tengo varias empresas didácticas a quienes les suministro material, coleccionistas y bastantes numismaticos.
En cuanto a los timadores, eso es una plaga difícil de erradicar tanto en este como en otros sectores. Este tipo de gente es dificil de detectar pues normalmente cuando vendes por correo no ves la intención que lleva y cuando es compra directa y personal tambien es difícil, puesto que hay que tener ciertas facultades psicológicas para ello.

A: ¿Por qué crees que te compran a ti las réplicas en vez de gastarse un poco más para comprar las piezas auténticas?
M: Yo soy mecánico de automóviles y cerré mi propio taller por que esto de Remoneda empezó como un hobbie y acabó como mi fuente de ingresos principal. El taller lleva 5 años cerrado así que imagínate.
Yo vendo réplicas en España y el extranjero, y las vendo por que tienen apariencia real; no como esas que se venden por ahí, que son de aluminio y que no tienen seriedad ninguna. Mis copias tiene mucho más realismo y por eso se venden
Claro está que donde se ponga una original que se quiten todas las réplicas, pero muchos o no pueden consegirlas o su economía no se lo permite. Por ejemplo, ¿puedes tu consegirme la estátera que anteriormente te he mencionado? Seguro que no, te garantizo que te sería imposible, ¿verdad? Pues yo te proporciono una réplica de una copia original acuñada o fundida, en oro de 24, 23 o 18 kilates. ¿Entiendes ahora el porqué vendo mejor?

A: ¿Crees que tu trabajo favorece a quienes quieren introducir moneda falsa en el mercado?
M: Yo creo que no, puesto que conozco muy bien quien vende moneda falsa. Conozco personalmente sus productos y cómo trabajan.
No les interesa mucho mi material puesto que, a diferencia de ellos, yo vendo por Internet y publico las fotos de mis monedas, cosa que no les interesa puesto que se les corta el chupe. El que vende moneda falsa por lo general vende 4 ó 5 copias de una moneda para no dar mucho el cante; yo vendo todas las que pueda de cada ejemplar, cuantas más mejor. Ese es mi trabajo.

A: En cualquier caso, detectar tus monedas y saberlas distinguir de las auténticas es todo un problema. Incluso Jesús Vico ha dudado al respecto. ¿Qué consejos darías a un principiante para poder detectar tus monedas frente a las auténticas de época?
M: Está claro que para un principiante es complicado. En cuanto a las subastas, y casa numismaticas, mi opinión personal por las experiencias vividas no son muy favorables, puesto que algunas sólo miran por el interés y el dinero y no les importa nada vender una réplica. Si esa replica está bien terminada para adelante con la subasta. No digo que esto lo hagan todas las subastas y casas numismáticas, pero algunas actuan así: sin escrupulos. De hecho, he visto cómo vendedores de tallers clandestinos vendían sus productos a grandes numismáticos, que se las compraban sabiendo muy bien lo que eran y a qué gente se las compraban. Todo esto es el mundo sucio del coleccionismo, pero ya te digo que esto no va conmigo, pues de lo contrario no hubiese creado Remoneda y sería otro clandestino más metiendo moneda falsa en el mercado. Yo vendo replicas y me siento muy orgulloso de mi trabajo. Por eso siempre digo que estáis ciegos, no sabeis lo que se mueve por detrás. Es una pena, pero insisto en que nada tiene que ver conmigo.
A J. Vico después de ver el follón que se montó en los foros le escribi un correo en el cual me ofrecía para lo que hiciese falta, nada más.
En cuanto a un consejo practico para que no os cuelen monedas falsas:
1.- Conocer bien al vendedor.
2.- Comprar, a ser posible, con factura y garantía de devolución.
3.- Fijarse muy bien en la superficie de la moneda para ver si hay retos y huellas de fundición.
4.- Fijarse si las tierras son compactas a la moneda o están sueltas.
5.- Ante la duda hacer el toque mágico: coger un bastoncillo de bebés (de esos de limpiar el oído), impregnalo en agua fuerte ligeramente hasta que se haya humedecido. Luego se frota el canto de la moneda unas dos o tres veces. Si es una copia la pátina desaparecerá rápidamente, si es original aguntará. Finalmente se lava con agua la pequeña parte frotada.

A: ¿Estarías a favor de una ley que prohibiese la reproducción de monedas antiguas sin que aparezca una marca que las identifique como reproducciones?
M: Sinceramente, no me gusta mucho esa idea aunque ya me la propusieron hace tiempo, puesto que se daña un poco la imagen de la pieza. No obstante, yo ya empecé a marcar mis monedas, sobre todo las piezas grandes; donde aún no lo hago es en las monedas medievales, puesto que no sé dónde poner la marca para no dañar la pieza. Se aceptan sugerencias.
En conclusión y resumiendo: estoy dispuesto a echar un cable a quien lo necesite, que el problema de la falsificación no es Remoneda si no de otros talleres que se dedican a esos fines con esmero. Pillos, gusten o no, los hay de todas clases; y también están los cuatros infelices y los cuatros numismáticos que se estan poniendo las botas a costa de esos talleres.

Hasta aquí la entrevista, espero que os haya gustado y os sea de utilidad. Por cierto ¿os gustaría que hiciese más entrevistas para publicarlas en el blog? Yo creo que podría ser de utilidad a los aficionados, a la vez que doy la oportunidad a que haya más voces en este blog. Por favor, dadme vuestra opinión en los comentarios.

Todas las fotos que ilustran la entrada son reproducciones tomadas del catálogo de Remoneda.

Cuando se ven los catálogos de subastas o las listas de variantes aparecen muchas veces unos números separados por una barra. Por ejemplo, 1882/1 o 1892/89. Estos números se refieren a ciertas variantes que no aparecen en algunos catálogos (supongo que a estas alturas no hace falta que repita las carencias de los catálogos). No obstante, cuando los coleccionistas se enteran de que existen estas variantes suelen querer tenerlas, y de hecho son muy apreciadas.

Las variantes por sobrefecha se deben a la reutilización de los cuños de una fecha para hacer los de otra. Por ejemplo, para hacer algunos de los cuños de los duros, pesetas y pesetones de 1882 se utilizaron los cuños de 1881 y se grabó el 2 sobre el 1. Al acuñar moneda con esos cuños reutilizados la fecha reflejada es, evidentemente, 1882 pero se observa un pequeño exceso de plata correspondiente al 1 que estaba grabado antes. Evidentemente, según el cuño va siendo utilizado y se va produciendo un mayor desgaste en el mismo, el exceso de metal producido por la fecha inicial es mayor y la variante más clara.

En las monedas de El Centenario la reutilización de cuños se da en varias fechas (echad un vistazo a las siguientes listas de variantes: duros, más duros, platas, cobre, oro y otros). Son monedas rarillas y cotizadas, siendo las más corrientes las de 1882/1, tanto en peseta como en dos pesetas y duros. La siguiente imagen muestra una clara variante de un duro de 1882/1

Fijaos en el exceso de metal que aparece en la panza del 2 y que se corresponde con una línea recta procedente del 1 inicial. Hay veces que lo que cambia es la estrella, siendo 1882 (18-81), como en la siguiente pieza:

En las monedas de El Centenario aparecen sobrefechas, además de en la fecha, en los dígitos de las estrellas. El motivo es exactamente el mismo: la reutilización de los cuños para generar la otra moneda. Ahora bien, hace falta que la acuñación de la moneda haya sido muy buena para que se aprecie con claridad la variante, y aún así es necesario que el observador tenga buen ojo para verla.

Aparte de las monedas de El Centenario también aparecen sobrefechas en monedas de Isabel II (en el catálogo de la colección Anastasia de Quiroga aparecen bastantes) e incluso algunas piezas anteriores, tanto en cobres como en platas y oro de la monarquía española. Por ejemplo, la siguiente imagen es una pieza de 80 reales de 1844/3 acuñada en Sevilla y subastada por Aureo en la colección de Anastasia Quiroga.