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Voy a comenzar con esta entrada una sección dedicada a las monedas con historia. Cualquier aficionado sabe que las monedas se acuñan en un momento determinado, social, político, artístico y económico que influyen en su diseño; si se da la vuelta a la tortilla se puede obtener información histórica muy valiosa analizando monedas antiguas. Por ejemplo, se puede saber la apariencia física de un monarca mirando una moneda (como en este sestercio de Vespisiano) o se puede conocer la capacidad económica de un reino antiguo a juzgar por la cantidad de moneda de oro que se conozca de un periodo determinado.

Esta entrada nace de haber visto la siguiente moneda en la subasta selección de Aureo del próximo 11 de marzo.

Se trata de un croat de Enrique IV de Castilla, acuñado en Barcelona. Presenta la leyenda “ENRICUS:DEI:GR’A:REX” en el anverso y “CIUI-TASB-ARCH-NONA” en el reverso. Una moneda preciosa, y catalogada como rarísima. Su precio de salida es de 4000 euros y se estima la moneda en 7000 (permitidme dudar de que alcance el precio estimado).

Pero… un momento. Si Enrique IV es rey de Castilla ¿qué hace acuñando croats, que son moneda catalana? La respuesta está en que Enrique IV llegó a ser príncipe de Cataluña, aunque por un periodo de tiempo muy corto.

A medidados del siglo XV la Península Ibérica era una fiesta: la inestabilidad política enfrentó a los dirigentes de los diferentes reinos e hizo que buena parte de la nobleza se sublevara contra sus respectivos reyes, produciendo guerras civiles tanto en Castilla como en Navarra, Cataluña y Granada (cita). En el caso de Cataluña, se produjo un levantamiento de las instituciones catalanas (la Generalidad y el Consejo de Ciento) en 1462 contra Juan II de Aragón, conde de Barcelona y quien ejercía entonces el control político en la región. Los nobles pretendían un sistema oligárquico en vez de una especie de monarquía absolutista que era lo buscado por Juan II; así que ofrecieron la corona catalana a Enrique IV, que ya para entonces estaba enfrentado con Juan II y quien tenía un carácter muy débil, por lo que no sería difícil de manejar.

Enrique IV mandó tropas a Cataluña para defender la causa de la nobleza, y aunque fueron pocas, consiguieron levantar el sitio en el que se encontraba Barcelona. Posteriormente, Enrique nombra a Juan de Beaumont, Conde de Lerin, lugarteniente de Cataluña, el cual mantuvo una política totalmente continuista, tal y como analiza Josep Trenchs. Mientras tanto, Juan II hizo una ronda de contactos y buscó apoyos en la nobleza navarra e incluso en el rey Luis XI de Francia para buscar una solución pacífica al conflicto. Enrique IV delega su presencia en el asunto en el Marqués de Villena y el Arzobispo de Toledo quienes firman en su nombre el Tratado de Bayona. Con este tratado Enrique IV cede el principado de Cataluña y recibe como compensación la inclusión a la corona de Castilla de población de Estella, además de no tener que pagar ningún tributo a Juan II.

Desde el punto de vista numismático, se acuñaron poquísimas monedas, y todas ellas croats, en el periodo en el que gobernó Enrique IV en Cataluña. Además, las primeras emisiones fueron en nombre de Alfonso IV, por lo que la presencia de Enrique IV en la moneda catalana es escasísima.

Pero con ello no acabó la Guerra Civil catalana, la cual se prolongó otros diez años empobreciendo enórmemente a la región. Los nobles buscaron ayuda en otros reyes que también acuñaron monedas, como Pere de Portugal, de quien es el segundo croat que se muestra. Por otra parte, Juan II también hizo lo propio e incluso acuñó monedas de oro, las cuales apenas habían tenido presencia en Cataluña en los 100 años anteriores, tal y como se indica en Aureo 223. Un ejemplo es el Real de oro que aparece en la entrada, perteneciente a la misma subasta.

Supongo que todo el mundo conozcamos eBay la famosa y existosa web de compra/venta entre particulares y alguna empresa que por ahí pulula. Casi todos seguro que también hemos tenido alguna buena experiencia con la web y, quizá, alguna mala. En esta entrada me limito a mostrar algunas reflexiones de mi experiencia personal con las compras en eBay, y de la metodología que sigo para intentar no verme engañado.

Lo primero que hay que tener en cuenta, y esto es lo más importante, es que eBay es simplemente una plataforma para la compra/venta, no se proporciona ningún valor añadido de calidad ni de selección de piezas ni de nada. Por mucho que en sus anuncios se diga lo contrario, si se lee con detenimiento los términos de seguridad de eBay se puede observar que comprador y vendedor están indefensos. Además, en eBay hay muchísimos coleccionistas principiantes. Lo normal es que según pasa el tiempo y la calidad de la colección aumenta, el coleccionista siga mirando de reojo a eBay, pero adquiera piezas fundamentalmente de vendedores profesionales o de casas de subastas.

Esto hace que haya gente que venda piezas falsas, trucadas o limpiadas a manos llenas, teniendo muchas veces la estrategia de poner una foto de una moneda donde se aprecia claramente que es falsa, de forma que si alguien la compra, está claro que es muy principiante y no se va a enterar ni aún cuando la tenga en mano. De hecho, hay vendedores con miles de votos y un 99,8% de votos positivos que venden fundamentalmente moneda falsa o trucada (aquí se listan algunos).

Evidentemente, esto genera muchísima desconfianza y hace que las pujas sean bajas porque siempre está el miedo de que te la pueden meter doblada. Claro, que estas pujas bajas son tanto para las monedas falsas como para las auténticas, así que muchos vendedores honrados sacan muy poco dinero vendiendo piezas buenas en eBay. Ese es el motivo de que las buenas monedas brillen por su ausencia. (Más sobre este tema)

Otra cuestión es que la catalogación de las monedas muchas veces es de coña marinera, poniendo como SC- piezas que se podrían dejar en MBC+. Lo malo es que muchos compradores principiantes se fían mucho de la valoración del vendedor y apenas miran la moneda, por lo que hay vendedores serios que tienen que sobre-evaluar sus monedas para que sean valoradas de forma justa. De hecho, una vez compré una moneda a través de eBay a un vendedor profesional con el que ya había hecho varios tratos y cuando vi la moneda le dije: “Pero esta no está sin circular” y la respuesta fue: “Bueno, ya sabes cómo son los sin circular de eBay, esta pieza no está nada mal”. Realmente no estaba mal, ¡pero yo la quería sin circular!

Todo esto genera un ambiente raro que tiene algunas consecuencias. Una de ellas es que los coleccionistas principiantes se quedan con una imagen muy falsa del mercado, creyendo que las monedas valen mucho menos de lo que realmente cuestan. Aquí se indica que al estar acostumbrados a comprar supuestos sestercios de Nerón en calidad MBC+, algunos coleccionistas principiantes se creen que ese es su precio, y que les intentas engañar si les pides 140 euros por ellos. Así pues, se los comprarán básicamente a quienes se los vendan a 50 euros, siendo falsos casi seguro. Pero otra consecuencia es que en eBay se genera un río revuelto en el que puede haber ganancia de pescadores, puesto que hay veces (pocas) que aparecen monedas buenas y un comprador avispado las puede cazar a buen precio. Pero claro, hay más de un comprador avispado, así que el precio al final no suele ser de ganga.

En cualquier caso, antes de comprar nada en ebay yo daría los siguientes consejos:

– Lee bien y con detenimiento todo el anuncio, no vaya a ser que haya truco.

– Intenta comprar a vendedores que ya conozcas y con los que hayas tenido buenas experiencias. Repetir reduce el riesgo (pero no lo elimina).

– Valora tú mismo la moneda analizando en detalle la foto.

– Mira las otras piezas del vendedor, si vende alguna que te parezca falsa, mala señal, el tipo no es de fiar.

– Mira las otras piezas del vendedor, si vende las monedas demasiado caras, malo, si las vende demasiado baratas, asegúrate de que no sean falsas.

– Lo normal es que un vendedor serio vaya a por un tipo de cliente determinado y sobre él construya su negocio. Si alguien sólo vende monedas baratas y de repente vende tres piezas de 300 euros cada una, eso es muy raro.

– Mira sus votos negativos y fíjate qué hace cuando hay algún problema.

– Si tienes dudas sobre la moneda pregúntale al vendedor si permitiría devolverla en caso de que consideres que es falsa o manipulada.

– Mira sus votos positivos y fíjate que no sean autopujas. Si tiene todas las estrellas llenas (5 de 5 en todas las estrellas), si tiene cientos de votos y los ha conseguido en una semana o si un alto porcentaje los recibe de usuarios con cero votos, mala señal, yo no me fío.

– No porque sea profesional será honrado. De hecho, todas mis malas experiencias (que no han sido tantas) fueron con vendedores profesionales.

– Si el vendedor vive en tu ciudad y permite la entrega en mano se reduce mucho el riesgo porque podrás ver la moneda antes de soltar el dinero. Claro que también te puedes encontrar con tipos raros.

– Si no estás seguro, no pujes.

– Si aún así te cuelan una moneda mala, ponte en contacto con él y coméntaselo. Pídele que te envíe una buena o que te devuelva el dinero (incluyendo los portes).

Las monedas que ilustran la entrada son piezas que he visto en venta en eBay y que considero más falsas que el alma de Judas. Hay gente que está recopilando algunas aquí.

PD: mil gracias a Isidro por el desinteresado y elegante diseño del banner. Se dio cuenta de que el que tenía una horrible y me hizo otro. Por si alguien no se había dado cuenta, soy un auténtico desastre en cuanto a capacidad artística, quizá por eso mismo me guste tanto el arte.

Pocas veces tiene uno la posibilidad de juntar trabajo y aficiones, pero en mi caso esta es una de ellas. En esta entrada voy a intentar convencer al personal de las bondades de utilizar recursos on-line para publicar sus listados de monedas, de forma que, en mi opinión, se puede ahorrar bastante tiempo.

Me imagino que muchos de los coleccionistas os hayáis visto en la necesidad de hacer alguna lista de monedas, bien sea por tener un registro de vuestra colección o para mostrar al mundo qué tenéis o qué queréis vender o cambiar. Un técnico diría que para ello lo mejor es hacerse una pequeña base de datos, pero la verdad es que no conozco a nadie que lo haya hecho debido a que necesita un proceso de aprendizaje, que aunque no es demasiado, es bastante más que lo necesario para manejar una hoja de cálculo. Además, aun si tú sabes utilizar una base de datos, es muy probable que muchos de los colegas a quienes quieras mostrar la información no sepan utilizarla adecuadamente. Por eso, y aunque a los más papistas les parezca una aberración, las hojas de cálculo son los documentos más utilizados para hacer listados de monedas.

Así pues, hasta no hace mucho lo que se hacía era coger el archiconocido Microsoft Excel (u OpenOffice para los amantes del software libre y gratuito), rellenar los campos más o menos como queríamos y pasárselo por mail a la gente que pueda interesar. Pero esto tiene una serie de inconvenientes:

– Es muy difícil gestionar y controlar las versiones. Sin duda este es el principal inconveniente. La hoja de cálculo va cambiando en el tiempo (previsiblemente de forma rápida) y no hay una forma eficiente de mantener a mis amigos al corriente de los cambios. Puede ser que uno tenga la versión de hace un mes y me pida información sobre una moneda que ya no tengo.

No hay forma de que mis conocidos sepan si sigo teniendo una moneda sin preguntarme. Esto está relacionado con lo anterior, resulta que como la hoja puede haber cambiado sin que ellos sean notificados, no hay forma de que sepan “al instante” si sigo teniendo algo o no.

Se llenan los buzones de correo de datos innecesarios.

Puede que alguien modifique parte de los datos que le he enviado y luego diga que fui yo quien puso esos datos. En otras palabras, pierdo el control sobre posibles versiones malintencionadas de mis archivos.

No se puede indicar imágenes de forma explícita al no ser que se llenen aún más los buzones.

Todas estas cuestiones se mejoran utilizando recursos on-line para publicar listados de monedas, debido a que la hoja de cálculo (en este caso, aunque podría ser otro tipo de documento) se encuentra alojada en algún servidor remoto e identificada por una URL, de forma que sólo hay que proporcionar la URL para que mis amigos puedan acceder a la última versión del documento. Y lo mejor es que aunque el documento cambie la URL no cambia, de forma que siempre se accede de la misma manera a la última versión. En el fondo es la misma idea a cómo cada vez que se va a https://numismatico.wordpress.com/ se obtiene las últimas noticias (es decir, la “última versión”) publicadas en este blog.

Por ejemplo, yo mismo indico las monedas que tengo en venta en este fichero:

http://spreadsheets.google.com/ccc?key=0AkEHjDAnE3dsdE8xeHdBUmVZY2MzTmozVkNubl9USVE&hl=en

De forma que cada vez que alguien pincha en esa URL se le dirige a una hoja de cálculo que mantengo actualizada. En mi caso uso Google Docs, que son los más utilizados sin duda, aunque también hay otros como Zoho o Microsoft Office Live. Yo no indico fotos de las monedas, pero para hacerlo sólo habría que subir las fotos a algún sitio (v.g. Picasa, Flickr…) e indicar en la hoja de cálculo su URL.

Ya pero… ¿y qué pasa con la seguridad? pues nada, ya está pensado. Para crear una hoja de cálculo en Google hay que tener una cuenta de Google (ya la tiene casi todo el mundo) y sólo podrá verla y modificarla quien quiera el creador. Se puede permitir que la modifique quien quiera o sólo algunos con permisos especiales, y se puede decir que la vea quien quiera o sólo unos cuantos usuarios. En ese aspecto no es menos seguro que una hoja de cálculo “tradicional”. Lo que sí es cierto es que Google rastreará dicha hoja de cálculo para buscar en ella la información que quiera, y contra eso sólo se puede utilizar mecanismos de criptografía, pero claro, pocos usuarios saben usarlos.

Por cierto, si tenéis una hoja de cálculo en vuestro disco duro, podéis cortar y pegar la información en Google Spreadsheets, de forma que no tenéis que volver a escribir toda la información.


Como no sabía cómo ilustrar la entrada, os dejo uno de los retratos que más me gustan. Se trata de Monet pintado por Degas; pertenece a la colección del Museo de Orsey, pero yo he tenido la suerte de verlo en mi última visita a Madrid en la Fundación Mapfre. Fuente de la imagen

El tema de las subastas sale cada poco en este blog y además hay otro blog prácticamente dedicado al tema por lo que debe ser importante en el mundillo de la numismática. Hoy dedico la entrada a una cuestión metodológica, de cosecha propia, sobre cómo analizar una subasta y llegar a pujar por los lotes. Me imagino que, como en casi todo, cada maestrillo tenga su librillo y otros aficionados sigan otros pasos para estudiar sus pujas. Además, muchas veces no tenemos todo el tiempo que queremos para dedicárselo a nuestras aficiones, pero en cualquier caso creo que hay que tomarse un tiempo antes de pujar en una subasta porque es nuestro dinero el que está en juego.

Para ilustrar la cuestión con un ejemplo me sirvo de la próxima subasta de Cayón la cual presenta una cantidad y una calidad de moneda alemanas más que interesante y algunas piezas españolas extraordinarias. Por cierto, las monedas que aparecen en esta entrada son de dicha subasta. Evidentemente las monedas que se incluyen en las hojas de cálculo y por las que digo que pujo son cifras totalmente ficticias; ¡¡ya quisiera yo poderme permitir esas pujas!!.

Jagerndorf. Jorge Federico. 2 thaler. 1592

Para analizar las subastas yo cuento con una pequeña plantilla en una hoja de cálculo, como la que se muestra aquí. En ella se indica el número del lote, la descripción del mismo, el precio de salida y el estimado por la casa de subastas. Luego incluyo el precio a pujar, y otra columna con el precio total a pagar por la moneda, generalmente 1,16 ó 1,18 el precio que se puja, debido a la comisión de la casa de subastas. Luego indico el posible precio de reventa de la pieza, en el caso de que vaya a revenderla, y también calculo el total que me podría gastar si me adjudicase todos los lotes por los que pujo, cuestión altísimamente improbable.

Cuando me llegan los catálogos de las subastas, lo primero que suelo hacer es echar un vistazo rápido, algo así como “a ver de qué va”. Luego, cuando tengo más tiempo, los suelo mirar con detenimiento, leyendo el texto que pone y fijándome en ciertas piezas. Como si ojease un libro de arte. Además, leo con bolígrafo (siempre lo hago, no sólo para los catálogos) e indico monedas en las que me quiero fijar, ya sea para pujar, para saber después el precio que alcanzan o para leer algo más sobre ellas. Esa primera lectura es, sin duda alguna, la que más disfruto.

Después, quizá unos días más tarde, vuelvo sobre el catálogo de la subasta para escribir en mi plantilla de la hoja de cálculo todas las monedas por las que me podría interesar pujar. Y hago una hoja como ésta. Sólo incluyo la información que viene en el catálogo, no pongo cuánto pujaré por dichas monedas; de hecho, por muchas de ellas posteriormente no pujaré. La siguiente criba la hago unos días más tarde, donde ya pongo qué precio pondré a cada una de las monedas, teniendo además en cuenta cuánto podré sacar por ellas si son monedas para revender. Así que me queda una plantilla como ésta. Por cierto, para poner un precio a dichas monedas lo que hago es mirar las fotos en la web, porque son mucho más grandes y de mejor calidad que en los catálogos que se envían. Y por supuesto la catalogación la hago yo mismo, porque no todas las casas de subastas catalogan igual.

Alejandro III. 10 rublos. 1893

Posteriormente, y ya unos días antes de que dé lugar la subasta, vuelvo sobre el documento que he creado, me re-pienso los precios y pujo por las monedas que tenía pensado.  Por cierto, una estrategia para las pujas suele ser hacer pujas más bien pequeñas de forma que te dejen un margen de beneficio razonable, aunque así sea difícil que te lleves la moneda. Por eso es bueno pujar por muchas monedas, pensando que lo normal es que te lleves pocas. Aunque por si acaso te adjudicas más de las que tenías pensadas, siempre puedes indicar qué cantidad de dinero máximo pretendes gastarte en la subasta.

Y después de la subasta no acaba la cuestión, porque los lotes que no se venden los puede adquirir el primero que llegue por el precio de salida (más el 16%, por supuesto). Por eso está bien echar un vistazo a los lotes que queden libres al día siguiente de la subasta, no vaya a ser que haya alguna sorpresa que interese.

Enrique IV. Sevilla. Dobla de 35 maravedís (1471 y ss.)

Hoy me he permitido el lujo de insertar una entrada sencillita en la que el objetivo principal simplemente es mostrar unas cuantas monedas que a mí me encantan. Todas ellas pertenecen a la segunda mitad del siglo XIX, un periodo histórico que me resulta apasionante, sobre todo desde el punto de vista artístico y cultural. Ya se sabe que a los jóvenes nos gusta el romanticismo.

Fueron esas corrientes románticas que inundaban Europa las que hicieron que el hombre occidental mirase su historia con otros ojos; y fueron diversos fantasmas los que recorrían Europa imponiendo la inestabilidad política/económica. Estas cuestiones influyeron en la numismática, haciendo que apareciesen muchas de las monedas más bellas jamás forjadas. Aquí os dejo algunas de las que más me gustan, teniendo todas en común que presentan un motivo alegórico, por los que siento especial predilección. No incluyo aquí imágenes que ya han aparecido en el blog (por ejemplo aquí y aquí).


Reino Unido. Una corona 1845. Fuente: vendedor forever223 de eBay.


Estados Unidos. 1 dólar de comercio, 1877. Fuente: subasta Aureo 11 de marzo de 2010.


Estados Unidos. 1 dime 1891. Fuente: vendedor greatsoutherncoin de eBay.



Suiza. 5 Rappen 1883. Fuente: vendedor zaratustra de eBay


España. 5 pesetas 1869. Fuente: subasta Cayón 27 de febrero de 2010


Perú. 1 sol 1890. Fuente: subasta Aureo 16 de diciembre de 2009.


Francia. 5 Francos 1848. Fuente: subasta Aureo 16 de diciembre de 2009.


Francia. 100 francos. Fuente: subasta Soler y LLach 28 de enero de 2010.

No diréis que no son mucho más bonitas que las típicas monedas con la foto de quien manda…

La entrada de hoy la llevo tiempo posponiendo porque cómo almacenar las monedas es un asunto difícil y controvertido en el que cada uno tiene sus propios métodos. Ciertamente, nunca me he preocupado en exceso por el asunto, he buscado una solución sencilla y práctica que me funciona y con eso estoy contento. Pero hay gente totalmente obsesionada con el asunto, no hay más que echar un vistazo en la web o en cualquier foro para leer muchísimo al respecto.

Antes de nada hay que ver los requisitos. Un sistema para almacenar monedas debería:

– Proteger a la colección de golpes.

– Evitar que unas monedas se choquen con otras.

– Aislar a la moneda en la medida de lo posible para que tarde en perder su brillo original y no se oxide.

– Permitir que se vea bien cada moneda y que luzca toda la colección.

– Reducir el coste lo más posible.

Así pues, los medios de almacenamiento que veo adecuados son los que siguen.

Álbum de monedas con hojas de cartón o plástico

Los álbumes más antiguos eran de cartón y las monedas se encajaban en el cartón. Afortunadamente, éstos ya sólo aparecen en herencias y casas antiguas; yo nunca los he visto comercializados. El cartón es algo que se humedece con facilidad y recoge mucha humedad del ambiente, por lo que la moneda no estará en buenas condiciones y previsiblemente se oxidará.

Los álbumes actuales son de plástico y las monedas generalmente sólo tienen contacto con PVC u otro material. Almacenar monedas en un álbum de estas características tiene la ventaja de que queda la colección muy bonita en un álbum todo repleto (aunque también se notará si hay huecos vacíos). Lo malo es que si los álbumes son de PVC es posible que las monedas acaben con una pátina fea, especialmente si son de plata (he visto pátinas verdes horribles). También hay otros álbumes de Tereftalato de polietileno (conocido popularmente como mylar o PET) u otros plásticos más adecuados para almacenar la moneda, pero son más caros.

Bandejas

Se venden cajones con bandejas para almacenar monedas. A mi parecer queda muy elegante para una colección de monedas antiguas, y venden bandejas con espacios cuadrados de diferentes tamaños para que encajen bien las piezas. Se protegen muy bien unas monedas de otras, pero es una solución cara, que ocupa mucho sitio y que en principio no las aisla del aire, por lo que con el tiempo se pueden oxidar. Ahora bien, es la mejor manera para mostrar y observar una colección, porque las monedas se pueden analizar directamente.

Para mí, éste es un buen método si la colección es de pocas piezas y caras, y además si no te importaría vender piezas de tu colección si te las pagan a buen precio (es decir, que las monedas no se quedarán contigo muchos años). También es cierto, que si tienes una colección de metales estables, como el oro, que no se oxidan, puede ser una solución muy elegante.

Cápsulas

Se venden discos de Polimetilmetacrilato (plexiglás) de diferentes tamaños para almacenar monedas, de forma que se las aisla del exterior con facilidad a la vez que se permite sacar la moneda fácilmente para observarla de forma directa. Comprándo bastantes pueden salir a unos 20 céntimos cada cápsula y son especialmente utilizadas por los coleccionistas de monedas tipo duro.

Lo malo es que ocupan bastante y que luego es necesario tener algunas bandejas para colocarlas, porque queda feo tenerlas almacenadas “a puñados”. También hay álbumes que incluyen en sus hojas directamente las cápsulas. Son típicos esos álbumes para coleccionar duros de plata.

Cartones

Sin lugar a dudas es la forma más extendida de almacenar monedas. Se tratan de unos cartones con una ventana en la que hay una fina lámina de Tereftalato de polietileno para que se observe la moneda. Son cómodos, sencillos, baratos (unos 3 céntimos cada cartón) y se colocan en cualquier sitio, de ahí su éxito. Además, las ventanas varían entre 1 y 4 centímetros para poder meter cualquier tipo de monedas. Lo malo es que, si somos puristas, la moneda no está aislada del aire y podría oxidarse, sobre todo el canto. Además, se estropean con facilidad y hay veces que hay que cambiarlos.

Hay gente que para cerrar el cartón pone dos grapas a los lados, de forma que pueda sacar la moneda por arriba si quiere. Otros, como yo, ponemos tres grapas, y en caso de tener que sacar la moneda rompemos el cartón. Finalmente, hay quienes prefieren unos cartones autoadhesivos que, aunque son un poco más caros, son más cómodos y en principio aislan mejor las monedas. En cualquier caso, el cartón siempre podría recoger humedad del aire y acabaría estropeando la pieza que alberga.

Cartuchos

Este es, sin duda alguna, el mejor sistema de almacenamiento de monedas y el único en el que se tiene garantizado que las monedas no se oxidan ni pierden su brillo original. Lamentablemente, los coleccionistas solemos comprar monedas sueltas y no cartuchos, y las monedas antiguas no se encartuchaban. En cualquier caso, siempre que nos caiga un cartucho en las manos, lo mejor es no abrirlo si queremos que se conserven bien las monedas.

Contenedores NGC

Ya se ha hablado en esta entrada lo que son los contenedores NGC. Si bien NGC no se hace responsable de que la moneda no empeore en su contenedor, generalmente están bien acondicionados y la moneda está aislada y protegida. Lo malo es que las monedas en contenedores no se pueden meter en álbumes, y además siempre habrá que mirar a la moneda a través del plástico.

Soluciones imaginativas

Hay gente que le echa imaginación al asunto y se construye sus propios contenedores o álbumes de monedas. En este hilo un usuario muestra de qué forma más original guarda su colección de botones en un CD.

También hay que tener en cuenta el lugar de almacenamiento, teniendo que ser éste un sitio seco y con poca humedad, por motivos evidentes.

Con esta entrada he repasado los diferentes métodos que veo adecuados para almacenar monedas. Otro día hablaré de los métodos que veo adecuados para exponer monedas para su venta. Hay que decir, finalmente, que he consultado bastantes fuentes de la web aunque no las haya citado explícitamente porque al final he escrito básicamente mi opinión. Las fotos las he obtenido de esta entrada del blog de El Coleccionista de Monedas en la que también se habla del tema, y de la web de Beumer, donde una vez hice un pedido y acabé contento. También he de agradecer a Diego Brito, quien me hizo una pregunta sobre este tema y me animó a escribir el post.

El último apunte es que hay que tener bastante en cuenta cómo almacenar las monedas y hay que tener una pequeña reflexión al respecto, pero no hay que obsesionarse con el tema porque cualquier moneda fuera de su cartucho con el tiempo irá perdiendo cualidades.

En España los contenedores de monedas de los que ya se ha hablado no son demasiado populares, pero en otros países como Estados Unidos muchas de las piezas raras que circulan lo hacen dentro de ellos. Ya dijimos que una de las reglas más importantes al comprar una moneda en un contenedor es valorar la propia moneda, y no fiarse exclusivamente de lo que indique el contenedor (si bien puede ser orientativo). Esa misma cuestión la remarca Susan Headley en su blog, ya no sólo porque pueda haber discrepancias con NGC, sino porque también hay contenedores de NGC falsos, como anunció la propia NGC.

Pero esas falsificaciones no son las que centran el interés de este artículo, sino la forma de aumentar la valoración de las monedas gracias al “CRACK-OUT GAME” (algo así como “el juego de romper y sacar”) que tan bien explica Scott A. Travers en este artículo. La idea es simple: se compra una moneda en un contenedor, pero nuestro ojo experto nos dice que dicha moneda podría estar mejor valorada, así que se envía de nuevo a NGC (o a PGCS, lo mismo da) para que la vuelva a evaluar y, si sale mejor evaluada, se vende con un precio acorde a la nueva tasación. ¡menuda maravilla!


Evidentemente este juego no merecerá la pena para monedas baratas o en las que un pequeño aumento de su calidad no suponga un gran aumento de precio. Pero ya se indicó que hay monedas cuyo precio puede variar significativamente aún estando sin circular, dependiendo de su acuñación, del brillo que tengan o de las impurezas que puedan presentar. Tal es el caso de la moneda que se presenta más arriba: 20 dólares de 1883 en calidad MS-62. Esta moneda fue vendida en icollector.com por $1460, pero podría haberse pedido por ella cinco veces más de estar en una catalogación MS-63 (y no digamos si estuviera en MS 64). Pero claro, la diferencia entre ambas graduaciones es tan sútil que cualquier tasador profesional podría llegar a dudar. En ese caso, si se sospecha que la moneda pudiese ser evaluada como MS-63 podría ser un buen negocio comprarla, sacarla del estuche y volverla a mandar a evaluar.

Claro está que todo negocio tiene sus riesgos, si no todos seríamos millonarios. Nos pueden pasar varias cosas, a cada cual ás atroz: la primera es que nos dejen la moneda con la misma numeración, de forma que perderíamos el dinero que cuesta tasarla. La segunda es que nos devuelvan la moneda con menor numeración, en cuyo caso además de haber pagado tendremos que vender la moneda más barata (o volver a mandarla a evaluar). La tercera es que la moneda resulte ser falsa o esté trucada y en la primera tasación no se hayan dado cuenta, así que no sólo habríamos perdido el precio de la tasación, sino que también nos hubiéramos quedado sin moneda. Se ve que hay que saber mucho para jugar a este juego.

No obstante, y ya como último apunte, las casas de NGC y de PCGS tienen servicios de re-evaluación.

En el caso de NGC se indica que: “Coins will be removed from their holder[s] only if they can be graded at the same or higher than your specified minimum grade[s]. You may not request a higher minimum grade than is on the current holder.” Fuente.

En el caso de PGCS: “We will grade the [coin] and put [it] in a PCGS holder only if the PCGS grade meets or exceeds the other grading company’s grade (unless specifically instructed differently by you). You cannot specify a higher minimum grade. If the PCGS grade is lower than the other grading company’s grade, we will return the coin to you in the original holder. You will be charged the full grading fee even if your coin does not cross.” Fuente.

A mí esto me parece echarle jeta al asunto y ponerlo fácil a los jugadores del “crack-out game”, lo cual no es de extrañar cuando son las mismas casas de tasación las primeras beneficiadas del juego. Resulta que se puede enviar las monedas en un contenedor y en caso de que la tasación sea menor te devuelven el contenedor que tenían (eso sí, la tasación te la siguen cobrando), y si es mayor te lo cambian. De esta forma se reducen riesgos, aunque de acuerdo con Travers suele salir más rentable mandar las monedas sin contenedores, porque es raro que re-evalúen de verdad las piezas que se envían.