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Cito textualmente del libro de Q.D. Bowers “Grading coins by photographs” (traducción hecha por mi hermano, Saúl Ruiz):

“Entre el 80% y 90% -o incluso más- de los vendedores confían en la tasación que un certificado o un experto le da a una moneda. No les suele importar si, observándola más de cerca, parecen tener menor calidad (o a veces mayor). Hace unos años, un comerciante compró una moneda de cinco centavos de Draped Bust casi sin circular por unos 5.000 dólares. Eliminó los tonos grises con un limpiador y lo recoloró químicamente con tonos irisados. Ésta capa tapó la superficie verdadera de la moneda, por lo que resultaba muy complicado descubrir que tenía algo de desgaste. Un buen tasador profesional la certificó como MS-63, y se vendió por más de 30.000 dólares. Este “coin doctor” [nota: los gringos llaman así a quienes tratan física o químicamente las monedas para que parezcan de mejor calidad] no podría estar más orgulloso, ya que era la situación perfecta: él ganó mucho dinero, el tasador se llevó su parte y el comprador estaba encantado con la apariencia y la certificación de la moneda“.

Más adelante continúa:

“Bill Fivaz, un asesor de este libro, nos indicó que en 2003 vendió en subasta una moneda de cinco centavos Doubled Obverse Die Buffalo de 1916, tasada por PCGS como AU-55, por 53,625 dólares. En 2008, la misma moneda, tasada por una gran empresa como MS-63, después de haber sido “trabajada”, se evaluó en la Certified Coin Dealer Newsletter por 110.000 dólares.

En 1999, yo mismo catalogué una Double Eagle calificada como la variedad de 1853, de 3/2 [variante de sobrefecha]. Provenía del tesoro de monedas de oro del SS Central America. Se envió la moneda a una buena empresa tasadora, la cual la calificó como AU-58. Se vendió después en una subasta. El comprador, un comerciante, inmediatamente la volvió a enviar a la misma empresa y le llegó tasada como MS-62. Una moneda de la cual se pensó que estaba algo circulada o gastada, claramente no se había deshecho mágicamente de su desgaste; sin embargo, se tasó sin ninguna duda como sin circular. Si compraras esa moneda hoy, ¿la considerarías como MS-62? ¿Te fiarías del certificado, o la examinarías mejor para asegurarte?

¿Y si alguien te dijera que la misma moneda era una AU-58 poco tiempo antes de cambiar a MS-62? ¿Cambiarías de opinión? Si alguien dijera que esa moneda, tasada como MS-62, es realmente una AU-58, ¿le creerías? Si compraras los antes mencionados cinco centavos MS-63, y supieras que es una AU limpiada y recolorada, ¿te gustaría tenerla? Éstas preguntas no son retóricas, sino bastante posibles para cualquier numismático. Yo no tengo respuestas concretas, y mucho menos tajantes. Solo muestro algunas de las complejidades que rondan por el mundo de la tasación de monedas.

Ya que la tasación siempre ha sido más subjetiva que objetiva, y más un arte que una ciencia, las conclusiones a las que llegan empresas como ANACS, PCGS o NGC se suelen reponderar por otra compañía para tener una segunda opinión, o incluso por la misma empresa. En un caso memorable, una variante Amon Carter del dólar de 1804 se tasó como EF-45, y más tarde como AU-58 por la misma compañía. Estos «reinformes» han supuesto millones de dólares en honorarios. Parece una situación en la que todos ganan: los vendedores ganan, las empresas de tasación ganan y todos contentos. Sin embargo, el resultado final es “tasaflacción”, o el detrimento de los estándares de calidad de monedas con el paso del tiempo. Por esto, una moneda certificada en 1990 como, por ejemplo, MS-65, hoy en día se podría evaluar como MS-66 o incluso MS-67 por los mismos tasadores”.

Este texto tiene mucho que ver con temas que ya se han comentado en el foro, como los contenedores de las empresas americanas y los problemas que tienen, o la necesidad de distinguir (por nosotros mismos) lo bueno de lo mejor cuando nos metemos en monedas caras. Pero leyendo esto a mí me surgen un montón de dudas, dejo que cada cual las reflexione y, si quiere,  que las comente en el blog:

¿De qué me sirve enviar una moneda a un servicio de tasación si resulta que dentro de veinte años la tasación que me darían por ella será diferente? Si todos se dedican a hacer ese juego y todos ganan dinero con él ¿el único que pierde es el coleccionista? ¿ocurre lo mismo en España con las subastas (es decir, que lo que hoy es un EBC dentro de 20 años se considerase EBC+)? ¿Es ético ser un “coin doctor“? (a este asunto le dedicaremos otra entrada).

La moneda que ilustra la entrada son 10 ducados polacos de 1614 a nombre de Segismundo III. Se encuentra expuesta en el Hermitage y espero no tardar demasiado en poder verla.

En este blog ya se ha hablado bastante de los contenedores de monedas que son tan típicos en Estados Unidos y que gustan a pocos coleccionistas europeos. La gracia de esos contenedores es que una entidad externa certifica la autenticidad de la moneda que contienen y proporciona una valoración de la misma, de manera que quien la compra tiene la opinión de un tercero sobre dicha pieza. El truco que permiten estos contenedores es que hay veces que los operarios de las empresas de certificación se confunden y tasan una moneda en peor calidad de la que es; como pequeñas diferencias de calidad pueden dar lugar a variaciones muy grandes en el precio, entonces el entendido que se da cuenta del error compra la pieza valorada de forma pesimista, la saca de su contenedor, la vuelve a enviar a la autoridad certificadora y es posible que se la tasen de forma más optimista, pudiendo venderla por mucho más dinero. Esto es lo que se llama el “Crack-out game“.

Este tipo de prácticas pueden generar muchos beneficios a los más entendidos, pero puede hacer perder bastante pasta a los que no lo son y compren monedas que están valoradas de forma muy optimista por sus contenedores. Así que se da la situación de que en Estados Unidos se meten en contenedores sistemáticamente todas las monedas “buenas” para garantizar su venta y ya resulta que ni de esos contenedores se fían los compradores. ¡¡Pues menuda historia!!

No se preocupen ustedes que donde hay miedo hay negocio, y aquí aparece Certified Acceptance Corporation (CAC), una tercera (o mejor dicho, cuarta) compañía que garantiza que, en su opinión, las monedas tienen una calidad acorde con la valoración que de ellas se indica en su contenedor y lo hace explícito con una pequeña pegatina en el plástico. Así el comprador tendrá su opinión, la del vendedor, la de la empresa del contenedor y la de CAC a la hora de comprar una moneda. Y por supuesto, todas las opiniones se llevan su parte de comisión.

Because Confidence in a Coin’s Quality is Priceless” (Porque la confianza en la calidad de una moneda no tiene precio), es el emblema de esta nueva empresa sacacuartos. La confianza no tendrá precio, pero ellos cobran la tasación.

A fin de cuentas, y esto es lo más importante de todo, uno tiene que entender del tema por sí mismo y ser capaz de diferenciar lo bueno de lo mejor, y hasta que no se haga con seguridad no hay que meterse en moneda cara ni en camisas de once varas, porque lo normal es que se salga perjudicado. Eso sí, esto no quita que no esté bien tener las monedas certificadas o que se deba tener en cuenta la opinión de los expertos; pero en última instancia al hacer cualquier tipo de inversión el que invierta debe tomar las decisiones porque es quien asume el riesgo. Vamos, que no hay que pedir opinión a 30 entidades de certificación, hay que saber valorar por uno mismo. Creo yo.

En España los contenedores de monedas de los que ya se ha hablado no son demasiado populares, pero en otros países como Estados Unidos muchas de las piezas raras que circulan lo hacen dentro de ellos. Ya dijimos que una de las reglas más importantes al comprar una moneda en un contenedor es valorar la propia moneda, y no fiarse exclusivamente de lo que indique el contenedor (si bien puede ser orientativo). Esa misma cuestión la remarca Susan Headley en su blog, ya no sólo porque pueda haber discrepancias con NGC, sino porque también hay contenedores de NGC falsos, como anunció la propia NGC.

Pero esas falsificaciones no son las que centran el interés de este artículo, sino la forma de aumentar la valoración de las monedas gracias al “CRACK-OUT GAME” (algo así como “el juego de romper y sacar”) que tan bien explica Scott A. Travers en este artículo. La idea es simple: se compra una moneda en un contenedor, pero nuestro ojo experto nos dice que dicha moneda podría estar mejor valorada, así que se envía de nuevo a NGC (o a PGCS, lo mismo da) para que la vuelva a evaluar y, si sale mejor evaluada, se vende con un precio acorde a la nueva tasación. ¡menuda maravilla!


Evidentemente este juego no merecerá la pena para monedas baratas o en las que un pequeño aumento de su calidad no suponga un gran aumento de precio. Pero ya se indicó que hay monedas cuyo precio puede variar significativamente aún estando sin circular, dependiendo de su acuñación, del brillo que tengan o de las impurezas que puedan presentar. Tal es el caso de la moneda que se presenta más arriba: 20 dólares de 1883 en calidad MS-62. Esta moneda fue vendida en icollector.com por $1460, pero podría haberse pedido por ella cinco veces más de estar en una catalogación MS-63 (y no digamos si estuviera en MS 64). Pero claro, la diferencia entre ambas graduaciones es tan sútil que cualquier tasador profesional podría llegar a dudar. En ese caso, si se sospecha que la moneda pudiese ser evaluada como MS-63 podría ser un buen negocio comprarla, sacarla del estuche y volverla a mandar a evaluar.

Claro está que todo negocio tiene sus riesgos, si no todos seríamos millonarios. Nos pueden pasar varias cosas, a cada cual ás atroz: la primera es que nos dejen la moneda con la misma numeración, de forma que perderíamos el dinero que cuesta tasarla. La segunda es que nos devuelvan la moneda con menor numeración, en cuyo caso además de haber pagado tendremos que vender la moneda más barata (o volver a mandarla a evaluar). La tercera es que la moneda resulte ser falsa o esté trucada y en la primera tasación no se hayan dado cuenta, así que no sólo habríamos perdido el precio de la tasación, sino que también nos hubiéramos quedado sin moneda. Se ve que hay que saber mucho para jugar a este juego.

No obstante, y ya como último apunte, las casas de NGC y de PCGS tienen servicios de re-evaluación.

En el caso de NGC se indica que: “Coins will be removed from their holder[s] only if they can be graded at the same or higher than your specified minimum grade[s]. You may not request a higher minimum grade than is on the current holder.” Fuente.

En el caso de PGCS: “We will grade the [coin] and put [it] in a PCGS holder only if the PCGS grade meets or exceeds the other grading company’s grade (unless specifically instructed differently by you). You cannot specify a higher minimum grade. If the PCGS grade is lower than the other grading company’s grade, we will return the coin to you in the original holder. You will be charged the full grading fee even if your coin does not cross.” Fuente.

A mí esto me parece echarle jeta al asunto y ponerlo fácil a los jugadores del “crack-out game”, lo cual no es de extrañar cuando son las mismas casas de tasación las primeras beneficiadas del juego. Resulta que se puede enviar las monedas en un contenedor y en caso de que la tasación sea menor te devuelven el contenedor que tenían (eso sí, la tasación te la siguen cobrando), y si es mayor te lo cambian. De esta forma se reducen riesgos, aunque de acuerdo con Travers suele salir más rentable mandar las monedas sin contenedores, porque es raro que re-evalúen de verdad las piezas que se envían.

La entrada de hoy simplemente pretende presentar los contenedores NGC, y no hacer un estudio detallado de los mismos porque llevaría muchísimo tiempo y espacio, ya que hay muchas referencias en la Web sobre ellos.

Estos contenedores son, básicamente, un cacho de plástico en el que una empresa envuelve nuestras monedas previo pago, indiando su identidad y la valoración de la misma. La empresa en cuestión es Numismatic Guaranty Corporation of America (NGC), una empresa especializada en la identificación y la valoración numismática con un recorrido más que loable. Lo que hacen, previo pago, es encapsular cada moneda, indicando su tipo y calidad. Un ejemplo se ve en la imagen, sacada de la propia web de NGC.

En este foro se cuentan hasta 19 variantes de contenedores NGC. A mí los que más me gustan son los que te dejan ver el canto de la pieza, como el de la imagen. A.C. Dwyer’s opina lo mismo que yo según indica aquí y aquí. Desgraciadamente, todos los que tengo ocultan el canto de la moneda, pero bueno, ¿qué se le va a hacer?

De todo lo que hay escrito sobre estos contenedores, creo que lo único fundamental de leer son las preguntas frecuentes de la propia NGC. Ahí se indican bastantes cuestiones, pero la más importante de todas es el lema “Compra la moneda, no compres el contenedor“. Con esto quieren decir que a la hora de comprar una moneda que esté dentro de un contenedor NGC no hay que fiarse de lo que ponga en el contenedor, sino que hay que mirar bien la moneda. Los motivos que se me ocurren son los siguientes:

– Hay veces que NGC tiene errores. De hecho, he visto varias veces en eBay monedas en venta con el contenedor de NGC indicando que es otra moneda (concretamente confundiendo 5 céntimos de 1953 con 10 céntimos de 1953).

– Aún estando la moneda en el contenedor puede haber sufrido algún proceso de oxidación del que NGC no se hace responsable.

– Puede haber una diferencia en los criterios de evaluar la moneda, tal y como la propia NGC advierte. En general, mi opinión es que NGC valora las monedas de forma muy alegre, y mi opinión suele considerar la moneda en peor estado del que pone en el contenedor. Un ejemplo claro se tuvo en la subasta de Marti Hervera y Soler y Llach del 5 de noviembre de 2009, donde se subastaba la moneda que se observa más abajo. Esta pieza fue catalogada por NGC omo AU55 (lo cual sería un EBC+) y sin embargo los tasadores de la subasta la consideraron como EBC-/EBC.

Finalmente, hay gente que no es feliz teniendo sus monedas en contenedores, seguramente porque prefieran meterlas en álbumes. Así que se han desarrollado métodos para abrirlos, tal y como se explica en los siguientes vídeos.

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