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No es la primera vez que aparece eBay en el blog, y casi seguro que no va a ser la última. Ya he comentado que eBay es simple y llanamente un medio de comunicación, una plataforma en la que se ponen en contacto  compradores y vendedores. Pero es una plataforma un tanto especial, porque cualquiera puede comprar y vender como si de un mercadillo se tratase; es decir, no hay nadie que garantice la honradez del vendedor ni que homogenice criterios, como ocurre con las casas de subastas. Además, a diferencia de los mercadillos, la comunicación es asíncrona y por vía telemática, con lo cual muchas veces no se sabe quién está al otro lado y muy posiblemente no se pueda reclamar en caso de que el comprador no pague o que el vendedor no proporcione lo prometido.

Estas características hacen de eBay un estupendo caldo de cultivo para cholleros, listos y tima-novatos. Así que, junto a unos cuantos vendedores serios, en eBay conviven cientos de chatarreros que intentan engañar de mil maneras diferentes y muchas veces de forma absolutamente descarada. Lo malo es que mucha gente (como éste) cuando empieza se cree que por haber seguido 200 anuncios de denarios en eBay ya es un entendido en denarios, sin saber diferenciar cuáles son falsos. Esos son los “hijos de la numismática ebayera” y son carne de cañón para todo tipo de timos porque creen que saben y no tienen ni idea.

Yo los divido en dos tipos: los novicios y los “ebayeros crónicos”. Los novicios son coleccionistas que hay que cuidar. Son aquellos que están empezando y que ven en eBay una primera ventana al coleccionismo numismático. La verdad es que me fastidia mucho cuando timan a alguien así, porque se están aprovechando de ellos y posiblemente éstos cojan manía y dejan la afición. En buena medida este blog está dedicado a quienes empiezan, y no hay ningún mail que me guste más que cuando algún novicio me dice que le sirve de mucha ayuda el blog. Más de uno me ha dicho que le he salvado de algún palo.

Ahora bien, los “ebayeros crónicos” y los “cholleros varios” que no se vengan quejando. Estos son personajillos que lo que buscan son cholletes en todas partes, como si los demás fuésemos tan tontos de venderles monedas por la cuarta parte de lo que cuestan. Encima van de listos y cuentan a los vendedores serios que ese denario que tienen vendiendo por 100 euros él lo ha comprado por eBay a 40. Y que esa peseta de 1947*51 él la tiene sin circular por 30 euros. ¿Pero en qué cabeza cabe que vaya a ser más listo que todos los comerciantes profesionales de España? ¿Acaso es tan especial de conseguir los chollos que los profesionales no encuentran?

Lo peor es que encima presumen de ser inteligentes y generan cantos de sirena que convencen a otros novicios. Pero son tan ignorantes que presumen incluso con profesionales. Mirad lo que escribió Luis:

 Por último está el interesado pero que notas que no te va a comprar por diversos motivos aunque el más común es que “él todo lo que tú vendes a x lo compra en x/2 en ebay”[…] Éste no valora ni valor añadido, ni trato amable ni flores. Es el más macho y el que mejor compra en ebay. Yo, que ya tengo práctica, los cazo enseguida y desde luego no les trato mal (esto nunca se le debe hacer a nadie) pero les doy el trato justo y necesario, no proporcionándoles, desde luego, nada de información valiosa: ésa que se la pidan a sus “proveedores” de ebay.

Con esto no quiero decir que no esté bien comprar en eBay, ni tampoco que no lo aconseje. eBay es un medio de comunicación, lo que importa es quién te está vendiendo la moneda, no cómo te comuniques con él.  Yo compro en eBay y generalmente lo hago a vendedores que conozco previamente y con quienes confiaría lo suficiente como para transferirles 5.000 euros sin miedo a que no me llegue la mercancía. Pero con esos no hay chollos; si les compro un duro en EBC tengo que estar dispuesto a pagar lo que vale, no me lo quiero sacar por lo que cuesta en MBC.

Y es que justamente ahí está la razón última por la que  en eBay todo es más barato: porque muchos no venden lo que anuncian. Además lo hacen de forma muy descarada. En moneda antigua muchas veces venden piezas falsas que se ven clarísimamente que son falsas (como las de esta entrada). Si alguien puja por esos bodrios es porque no tiene ni idea, entonces no se va a dar cuenta de que es un bodrio aunque tenga la moneda en la mano.

En moneda contemporánea pasa algo parecido, pero aquí se juega con la graduación de las monedas (algo semejante al crack-out game, pero más descarado).  Os pongo un par de ejemplos que he visto sin más que haciendo una búsqueda en eBay, podríais encontrar decenas si navegáis unos minutos.

Este duro lo considera el vendedor EBC+. Es un duro majo, pero para llegar a EBC+ le queda un rato. De hecho, yo diría que su precio sería unas 15-20 veces menos que un EBC+ de verdad. Entonces viene el ebayero de turno y como no sabe diferenciar lo que es un EBC+ (lo cual no es nada fácil) pues puja 200 euros por él y se cree que se ha comprado un duro de 1870 en EBC+. Lo peor es que luego se piensa que es más listo que el que ha pujado 1200 euros por un duro en EBC+ en una casa de subastas seria.

Otro ejemplo es esta otra peseta, en la que el vendedor no se molesta ni en poner una foto de la pieza. Simplemente pone esa foto de la cápsula e indica la siguiente descripción:

1 PESETA!! AÑO: 1947 *19*51!!! FRANCO!! PRECIOSA!! S/C-, ES DECIR, SIN CIRCULAR-!! RARÍSIMA EN ESTE ESTADO!!!!! UNA PIEZA IMPRESCINDIBLE!!! VA ACOMPAÑADO POR UN CERTIFICADO NUMISMÁTICO DE PERITAJE RECONOCIDO A NIVEL INTERNACIONAL DENOMINADO: “NATIONAL NUMISMÁTIC CERTIFICATION”!!! LA CALIDAD VIENE SEÑALADA EN INGLÉS MEDIANTE LAS SIGLAS “AU” (ALMOST or ABOUT UNCIRCULATED), QUE SIGNIFICA SC-!! NÚMERO DE SERIE DEL CERTIFICADO: 1283574
VA EN UNA CAJA HERMÉTICA con el fin de facilitar su conservación.

Aquí el engaño es doble y el que no se dé cuenta es porque es muy novato. Por una parte, hay que comprar la moneda, no el soporte. Por otra parte, un AU50 es en el mejor de los casos un EBC-, y eso puede suponer una diferencia de precio enorme en estas pesetas.

En la interesante discusión que se generó a raíz de la última entrada (y cuya lectura recomiendo encarecidamente) se hizo patente la subjetividad de las valoraciones que se suelen dar sobre las monedas. No hay más que ver en los foros de numismática que cada poco hay aficionados discutiendo sobre si una pieza está en MBC+, en EBC- o lo que sea. En esta entrada quisiera hacer una reflexión al respecto diferenciando la “valoración técnica” de la “valoración de mercado”. Para ello me baso en una serie de libros americanos (ya dedicaré otra entrada a comentarlos más detenidamente) sobre valoración de monedas: Grading coins by photographs de David Bowers, The official guide to coin grading and counterfeit detection de John W. Dannreuther y The official ANA Grading Standards for United States Coins. Siento si la redacción es muy enunciativa, no es que pretenda sentar cátedra sino que recojo una de las mejores lecciones aprendidas tras leer esos tres magníficos libros.

Cuando cogemos un catálogo de una subasta, un catálogo de monedas o cuando vamos a hablar con un profesional diferenciamos las monedas en distintos grados. Los yankis suelen usar la escala Sheldon y nosotros la más simple BC, MBC, EBC y SC. Una u otra escala es lo de menos, porque al fin y al cabo son eso: escalas. La cuestión está en qué queremos decir cuando decimos “una moneda está en EBC”. Pensadlo un momento, quizá algunos de los coleccionistas más avanzados todavía no hayan reflexionado sobre el significado de esa frase. ¿Queremos decir que esa moneda tiene poco desgaste? Podría ser, pero ¿qué significa “poco”? ¿cuánto más desgaste tiene que tener para que deje de ser EBC y pase a ser EBC-? ¿y si en vez de más desgaste tuviese un arañazo? ¿y si fuese un golpe en el canto? ¿y si estuviese limpiada? ¿qué tiene que ocurrir a esa moneda para que dejase de estar en EBC y pasase a MBC? Realmente son preguntas difíciles de responder porque cuando decimos “una moneda está en EBC” NO estamos diciendo nada sobre su desgaste o sobre los arañazos o golpes que pueda tener. Lo que realmente estamos diciendo es “el valor aproximado de esta moneda es lo que valen las monedas de este tipo en un estado EBC”. Es decir, que con este tipo de valoraciones lo que hacemos es agrupar las monedas en conjuntos con un valor de mercado semejante. Eso es lo que se llama “valoración de mercado” y es claramente una cuestión subjetiva ¿por qué esta pieza pertenece al grupo MBC+ y no al grupo EBC-?

Otra cuestión sería hacer una descripción técnica de la moneda, en la que se detalla cada una de las características de la pieza: arañazos, golpecitos, marcas del cuño, excesos de metal, vanos, brillo original… en ese aspecto no habría dos monedas iguales si se hace con un nivel de detalle suficientemente minucioso. Esto es lo que se considera “valoración técnica” y debería ser una cuestión objetiva y científicamente contrastable (falsificable, como diría Popper), en el sentido de que una moneda o tiene una marca o la deja de tener, no hay medias tintas ni diferentes opiniones. Otra cuestión es que deba ser un ojo entrenado el que realice la valoración técnica porque a un novicio se le pueden escapar algunos detalles que resulten de importancia.

¿Qué es preferible, la valoración técnica o la valoración de mercado? Pues eso depende de lo que andemos buscando. Evidentemente la valoración de mercado es un breve resumen subjetivo de la valoración técnica y varía con el tiempo. Esa variación temporal es debida fundamentalmente a modas; por ejemplo, hace unos años estaban de moda las pátinas oscuras y sin embargo ahora no las quiere la gente, por lo que su valoración será menor. Esa variación también se puede deber a la llamada tasaflacción. Por otra parte, la valoración de mercado es algo comprensible para cualquier coleccionista. Se dice EBC y ya todo el mundo sabe qué significa, y muchas veces es preferible eso que una descripción de 8 líneas que el comprador no experto no vaya a entender y no vaya a saber si la moneda se valora en 100 ó 1000.

También hay que indicar que en muchas ocasiones se mezclan ambas valoraciones. Por ejemplo, cuando se describe una moneda como “EBC+ golpecitos en el canto” o “MBC+ restos de brillo original” lo que se hace es hacer explícito cierta característica técnica de la moneda que no suele ser común en las piezas valoradas dentro de la calidad que se indica.

Mi consejo personal es que, si bien al principio podemos guiarnos por la valoración de mercado, poco a poco hay que desarrollar un gusto propio que haga que nosotros tengamos nuestra propia forma de valorar las monedas. ¿Qué prefieres, una moneda con mejor acuñación pero un leve desgaste sólo apreciable con lupa o una moneda con peor acuñación pero recién sacada de cartucho? ¿y si no tiene brillo original? Eso es cuestión de cada cual, y si somos coleccionistas muchas veces hay que saber llevar la contraria al mercado. Por ejemplo, a mí me gustan las pátinas oscuras, a pesar de que se coticen menos.

Pero sobre todo hay que aprender a valorar las monedas por uno mismo independientemente de lo que diga el numismático que nos la está vendiendo o la cápsula en la que esté encerrada. Si vamos a un mercadillo o a una convención y vemos marcada una moneda como EBC, no está de más cogerla, mirarla con la lupa detenidamente e intentar sacarle todos los fallos y virtudes que podamos. Una vez que hemos hecho eso deberíamos ser nosotros los que pensásemos si merece el precio o no. Claro está que si somos recién llegados a la numismática nos será difícil hacerlo. En ese caso lo mejor es que preguntemos al profesional que nos está vendiendo la moneda para que nos comente los fallos y virtudes que tiene, intentándolos ver nosotros también (se puede hacer también con monedas en SC, el 99% de ellas presentan algún tipo de detalle que podría mejorarse). Claro está que si el vendedor nos dedica un rato a explicarnos cómo valorar una moneda habrá que comprarle algo para devolverle el favor, que él no está ahí por gusto y placer.

Por último voy a realizar una valoración técnica de la última moneda que me he comprado: un duro de 1875, que es el siguiente.














La moneda es de plata y pesa 25 gramos. Presenta muy poco desgaste y ambas estrellas tienen los dígitos marcados. La estrella izquierda tiene ambos dígitos fuertes, mientras que la de la derecha tiene el 7 fuerte y el 5 más flojo, si bien se aprecia toda la trazada. El desgaste que sufre la moneda se da en la parte más saliente de la oreja, sobre todo en el arco superior izquierdo y en el león superior del escudo. Muy leve desgaste también en la parte más saliente de los castillos y en la granada. No se aprecia desgaste en las flores de lis, en el pelo del busto o en el PLUS ULTRA. No hay marcas ni rayitas apreciables en el reverso más que una a izquierda de la corona y otra en la parte inferior de la corona. Aparecen finas rayitas en la parte inferior del reverso. Además hay seis marquitas visibles a simple vista en el rostro (aquí se podría decir la posición, la distancia y el grosor de cada una si se contase con el equipo apropiado). No aparecen golpecitos de importancia en el canto pero hay una pequeña marquita en el canto encima de la S de JUSTICIA. Buena parte del brillo original en el reverso, observándose especialmente en el escudo; cierto brillo original en el reborde del anverso.

Si tuviese que decir la valoración de mercado diría EBC+

Otra cosa es el precio. Os daré una pista: he pagado más o menos la tercera parte de lo que costase un SC normalito.

Cito textualmente del libro de Q.D. Bowers “Grading coins by photographs” (traducción hecha por mi hermano, Saúl Ruiz):

“Entre el 80% y 90% -o incluso más- de los vendedores confían en la tasación que un certificado o un experto le da a una moneda. No les suele importar si, observándola más de cerca, parecen tener menor calidad (o a veces mayor). Hace unos años, un comerciante compró una moneda de cinco centavos de Draped Bust casi sin circular por unos 5.000 dólares. Eliminó los tonos grises con un limpiador y lo recoloró químicamente con tonos irisados. Ésta capa tapó la superficie verdadera de la moneda, por lo que resultaba muy complicado descubrir que tenía algo de desgaste. Un buen tasador profesional la certificó como MS-63, y se vendió por más de 30.000 dólares. Este “coin doctor” [nota: los gringos llaman así a quienes tratan física o químicamente las monedas para que parezcan de mejor calidad] no podría estar más orgulloso, ya que era la situación perfecta: él ganó mucho dinero, el tasador se llevó su parte y el comprador estaba encantado con la apariencia y la certificación de la moneda“.

Más adelante continúa:

“Bill Fivaz, un asesor de este libro, nos indicó que en 2003 vendió en subasta una moneda de cinco centavos Doubled Obverse Die Buffalo de 1916, tasada por PCGS como AU-55, por 53,625 dólares. En 2008, la misma moneda, tasada por una gran empresa como MS-63, después de haber sido “trabajada”, se evaluó en la Certified Coin Dealer Newsletter por 110.000 dólares.

En 1999, yo mismo catalogué una Double Eagle calificada como la variedad de 1853, de 3/2 [variante de sobrefecha]. Provenía del tesoro de monedas de oro del SS Central America. Se envió la moneda a una buena empresa tasadora, la cual la calificó como AU-58. Se vendió después en una subasta. El comprador, un comerciante, inmediatamente la volvió a enviar a la misma empresa y le llegó tasada como MS-62. Una moneda de la cual se pensó que estaba algo circulada o gastada, claramente no se había deshecho mágicamente de su desgaste; sin embargo, se tasó sin ninguna duda como sin circular. Si compraras esa moneda hoy, ¿la considerarías como MS-62? ¿Te fiarías del certificado, o la examinarías mejor para asegurarte?

¿Y si alguien te dijera que la misma moneda era una AU-58 poco tiempo antes de cambiar a MS-62? ¿Cambiarías de opinión? Si alguien dijera que esa moneda, tasada como MS-62, es realmente una AU-58, ¿le creerías? Si compraras los antes mencionados cinco centavos MS-63, y supieras que es una AU limpiada y recolorada, ¿te gustaría tenerla? Éstas preguntas no son retóricas, sino bastante posibles para cualquier numismático. Yo no tengo respuestas concretas, y mucho menos tajantes. Solo muestro algunas de las complejidades que rondan por el mundo de la tasación de monedas.

Ya que la tasación siempre ha sido más subjetiva que objetiva, y más un arte que una ciencia, las conclusiones a las que llegan empresas como ANACS, PCGS o NGC se suelen reponderar por otra compañía para tener una segunda opinión, o incluso por la misma empresa. En un caso memorable, una variante Amon Carter del dólar de 1804 se tasó como EF-45, y más tarde como AU-58 por la misma compañía. Estos «reinformes» han supuesto millones de dólares en honorarios. Parece una situación en la que todos ganan: los vendedores ganan, las empresas de tasación ganan y todos contentos. Sin embargo, el resultado final es “tasaflacción”, o el detrimento de los estándares de calidad de monedas con el paso del tiempo. Por esto, una moneda certificada en 1990 como, por ejemplo, MS-65, hoy en día se podría evaluar como MS-66 o incluso MS-67 por los mismos tasadores”.

Este texto tiene mucho que ver con temas que ya se han comentado en el foro, como los contenedores de las empresas americanas y los problemas que tienen, o la necesidad de distinguir (por nosotros mismos) lo bueno de lo mejor cuando nos metemos en monedas caras. Pero leyendo esto a mí me surgen un montón de dudas, dejo que cada cual las reflexione y, si quiere,  que las comente en el blog:

¿De qué me sirve enviar una moneda a un servicio de tasación si resulta que dentro de veinte años la tasación que me darían por ella será diferente? Si todos se dedican a hacer ese juego y todos ganan dinero con él ¿el único que pierde es el coleccionista? ¿ocurre lo mismo en España con las subastas (es decir, que lo que hoy es un EBC dentro de 20 años se considerase EBC+)? ¿Es ético ser un “coin doctor“? (a este asunto le dedicaremos otra entrada).

La moneda que ilustra la entrada son 10 ducados polacos de 1614 a nombre de Segismundo III. Se encuentra expuesta en el Hermitage y espero no tardar demasiado en poder verla.

En este blog ya se ha hablado bastante de los contenedores de monedas que son tan típicos en Estados Unidos y que gustan a pocos coleccionistas europeos. La gracia de esos contenedores es que una entidad externa certifica la autenticidad de la moneda que contienen y proporciona una valoración de la misma, de manera que quien la compra tiene la opinión de un tercero sobre dicha pieza. El truco que permiten estos contenedores es que hay veces que los operarios de las empresas de certificación se confunden y tasan una moneda en peor calidad de la que es; como pequeñas diferencias de calidad pueden dar lugar a variaciones muy grandes en el precio, entonces el entendido que se da cuenta del error compra la pieza valorada de forma pesimista, la saca de su contenedor, la vuelve a enviar a la autoridad certificadora y es posible que se la tasen de forma más optimista, pudiendo venderla por mucho más dinero. Esto es lo que se llama el “Crack-out game“.

Este tipo de prácticas pueden generar muchos beneficios a los más entendidos, pero puede hacer perder bastante pasta a los que no lo son y compren monedas que están valoradas de forma muy optimista por sus contenedores. Así que se da la situación de que en Estados Unidos se meten en contenedores sistemáticamente todas las monedas “buenas” para garantizar su venta y ya resulta que ni de esos contenedores se fían los compradores. ¡¡Pues menuda historia!!

No se preocupen ustedes que donde hay miedo hay negocio, y aquí aparece Certified Acceptance Corporation (CAC), una tercera (o mejor dicho, cuarta) compañía que garantiza que, en su opinión, las monedas tienen una calidad acorde con la valoración que de ellas se indica en su contenedor y lo hace explícito con una pequeña pegatina en el plástico. Así el comprador tendrá su opinión, la del vendedor, la de la empresa del contenedor y la de CAC a la hora de comprar una moneda. Y por supuesto, todas las opiniones se llevan su parte de comisión.

Because Confidence in a Coin’s Quality is Priceless” (Porque la confianza en la calidad de una moneda no tiene precio), es el emblema de esta nueva empresa sacacuartos. La confianza no tendrá precio, pero ellos cobran la tasación.

A fin de cuentas, y esto es lo más importante de todo, uno tiene que entender del tema por sí mismo y ser capaz de diferenciar lo bueno de lo mejor, y hasta que no se haga con seguridad no hay que meterse en moneda cara ni en camisas de once varas, porque lo normal es que se salga perjudicado. Eso sí, esto no quita que no esté bien tener las monedas certificadas o que se deba tener en cuenta la opinión de los expertos; pero en última instancia al hacer cualquier tipo de inversión el que invierta debe tomar las decisiones porque es quien asume el riesgo. Vamos, que no hay que pedir opinión a 30 entidades de certificación, hay que saber valorar por uno mismo. Creo yo.

En España los contenedores de monedas de los que ya se ha hablado no son demasiado populares, pero en otros países como Estados Unidos muchas de las piezas raras que circulan lo hacen dentro de ellos. Ya dijimos que una de las reglas más importantes al comprar una moneda en un contenedor es valorar la propia moneda, y no fiarse exclusivamente de lo que indique el contenedor (si bien puede ser orientativo). Esa misma cuestión la remarca Susan Headley en su blog, ya no sólo porque pueda haber discrepancias con NGC, sino porque también hay contenedores de NGC falsos, como anunció la propia NGC.

Pero esas falsificaciones no son las que centran el interés de este artículo, sino la forma de aumentar la valoración de las monedas gracias al “CRACK-OUT GAME” (algo así como “el juego de romper y sacar”) que tan bien explica Scott A. Travers en este artículo. La idea es simple: se compra una moneda en un contenedor, pero nuestro ojo experto nos dice que dicha moneda podría estar mejor valorada, así que se envía de nuevo a NGC (o a PGCS, lo mismo da) para que la vuelva a evaluar y, si sale mejor evaluada, se vende con un precio acorde a la nueva tasación. ¡menuda maravilla!


Evidentemente este juego no merecerá la pena para monedas baratas o en las que un pequeño aumento de su calidad no suponga un gran aumento de precio. Pero ya se indicó que hay monedas cuyo precio puede variar significativamente aún estando sin circular, dependiendo de su acuñación, del brillo que tengan o de las impurezas que puedan presentar. Tal es el caso de la moneda que se presenta más arriba: 20 dólares de 1883 en calidad MS-62. Esta moneda fue vendida en icollector.com por $1460, pero podría haberse pedido por ella cinco veces más de estar en una catalogación MS-63 (y no digamos si estuviera en MS 64). Pero claro, la diferencia entre ambas graduaciones es tan sútil que cualquier tasador profesional podría llegar a dudar. En ese caso, si se sospecha que la moneda pudiese ser evaluada como MS-63 podría ser un buen negocio comprarla, sacarla del estuche y volverla a mandar a evaluar.

Claro está que todo negocio tiene sus riesgos, si no todos seríamos millonarios. Nos pueden pasar varias cosas, a cada cual ás atroz: la primera es que nos dejen la moneda con la misma numeración, de forma que perderíamos el dinero que cuesta tasarla. La segunda es que nos devuelvan la moneda con menor numeración, en cuyo caso además de haber pagado tendremos que vender la moneda más barata (o volver a mandarla a evaluar). La tercera es que la moneda resulte ser falsa o esté trucada y en la primera tasación no se hayan dado cuenta, así que no sólo habríamos perdido el precio de la tasación, sino que también nos hubiéramos quedado sin moneda. Se ve que hay que saber mucho para jugar a este juego.

No obstante, y ya como último apunte, las casas de NGC y de PCGS tienen servicios de re-evaluación.

En el caso de NGC se indica que: “Coins will be removed from their holder[s] only if they can be graded at the same or higher than your specified minimum grade[s]. You may not request a higher minimum grade than is on the current holder.” Fuente.

En el caso de PGCS: “We will grade the [coin] and put [it] in a PCGS holder only if the PCGS grade meets or exceeds the other grading company’s grade (unless specifically instructed differently by you). You cannot specify a higher minimum grade. If the PCGS grade is lower than the other grading company’s grade, we will return the coin to you in the original holder. You will be charged the full grading fee even if your coin does not cross.” Fuente.

A mí esto me parece echarle jeta al asunto y ponerlo fácil a los jugadores del “crack-out game”, lo cual no es de extrañar cuando son las mismas casas de tasación las primeras beneficiadas del juego. Resulta que se puede enviar las monedas en un contenedor y en caso de que la tasación sea menor te devuelven el contenedor que tenían (eso sí, la tasación te la siguen cobrando), y si es mayor te lo cambian. De esta forma se reducen riesgos, aunque de acuerdo con Travers suele salir más rentable mandar las monedas sin contenedores, porque es raro que re-evalúen de verdad las piezas que se envían.

Comprar monedas caras sin verlas físicamente siempre entraña cierto riesgo, porque la valoración de la misma sólo podrá ser aproximada. Así pues, muchas veces nos vemos obligados a confiar en la valoración de quien nos vende la moneda, que muchas veces no dice toda la verdad (ya dijimos que todo el mundo miente), o valorar nosotros la pieza con la foto que se nos proporcione. Esta segunda opción también puede ser peligrosa, porque la foto puede estar hecha por el vendedor con la malicia suficiente como para ocultar ciertos detalles que reduzcan el valor de la pieza. Y no olvidemos que, cuando se habla de monedas caras, una pequeña variación en su calidad puede producir una gran importante variación en su precio.

Por eso, voy a dedicar esta entrada a la valoración de monedas a partir de imágenes. Para ello, me baso totalmente en est post que escribió el usuario bruceswar en el foro de Collector Society. Así pues, a partir de ahora, en esta entrada mi papel es poco más que el de un traductor.

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Fotografiar monedas es una de las cosas más difíciles, si no la más difícil a hacer en la numismática. Por cada 50 personas que saben valorar monedas, no hay más de 2 que hayan aprendido a fotografiarlas correctamente. Los que lo han intentado ya saben lo difícil que es hacer buenas fotografías. El problema es que muchos vendedores de eBay, u otros que venden por Internet, no tienen la paciencia de aprender a hacer buenas fotos. Lo mismo se puede decir de algunas casas de subastas que manejan mucho material y no tienen tiempo ni personal cualificado para hacer buenas fotografías.

Vamos a ver unas cuantas fotografías, todas ellas obtenidas de subastas de eBay:

Aquí se ve una imagen de una moneda en un contenedor NGC con una catalogación de sin circular. Pero al comprarla nos tenemos que fiar única y exclusivamente de la valoración de NGC porque ¿qué se puede decir de la moneda?. No se aprecia si tiene brillo, ni si tiene arañazos pequeños, ni golpecitos. Nótese que la valoración es MS-62, no MS-65. Al comprar esta moneda, estamos comprando la cápsula, no la pieza, lo cual es un error que se advierte hasta en las propias preguntas frecuentas de NGC. Desde luego no sería una buena compra, ni tampoco una compra barata.

En esta moneda se muestra que hay gran detalle, pero ¿y el brillo?. ¿Qué está pasando?. Esta moneda o bien ha sido limpiada, o no tiene brillo o tiene restos de brillo o es una combinación de los casos anteriores.

Esto parece un Morgan Dollar estupendo. Pero si leemos la descripción resulta que el vendedor indica que tiene 100 monedas como ésta y que se recibirá una en iguales condiciones. ¡Pero bueno!. Está claro que esa política ahorra mucho tiempo al vendedor, pero el comprador no sabe qué adquirirá. Compra a ciegas.

Esta moneda se ve estupenda: con muchísimo detalle, brillo y una tonalidad preciosa, se diría una moneda en Proof. Esta es la moneda que si la quieres, y tienes el dinero suficiente para pagarla, deberías comprarla. De todas formas, al comprar una moneda de semejante magnitud (su precio puede andar por los $ 6.000), hay que tener en cuenta que siempre hay cierto riesgo al valorar las monedas a través de fotografías.

Esta pieza estaba valorada por el vendedor como MS-65 (lo cual indica que tiene todo su brillo original), pero ¿dónde está el brillo?. Aquí no hay nada de brillo, a lo mucho podría ser un MS-62. Además, presenta ciertas marquitas que la harían desbancarse de las monedas sin circular. Desde luego no es una compra fiable.

Esta es una pieza fotografiada por el propio autor del artículo original, donde intenta mostrar todos los detalles y características de la misma.

Aprender a valorar monedas a través de sus fotografías no es nada sencillo y podría dar para un discurso de muchas horas. Hay tantísimos detallen en los que hay que fijarse para valorar bien una pieza y que una fotografía puede esconder que hace que muchas monedas parezcan muy buenas y luego no lo sean. Claro, que eso no sólo es malo para el comprador, sino también para el vendedor, porque los compradores tendrán incertidumbre y eso siempre hace que el precio baje.

Con todo, se podrían destacar unas pequeñas y simples reglas para valorar monedas a través de sus imágenes:

1. – Si la fotografía no es buena para poder juzgar la moneda, pasa de ella. Ya tendrás más ocasiones de hacerte con esa pieza. Esto no deja de ser otra forma de decir que Ante la duda, es preferible perder una buena compra que verte engañado.

2. – Si la moneda es lo suficientemente buena como para poder valorarla, que no te importe si está encapsulada o no. Esto no deja de ser otra forma de decir que compres la moneda, no la cápsula.

3. – Estate seguro de que en la moneda que cobres no hay arañazos, manchas, graffitis…

4. – Mira en mano tantas monedas como puedas.

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A esto añado que en el blog NumisNati Natalia nos habla de un libro dedicado a la fotografía numismática. Yo no lo he leído, pero suena muy interesante y no es caro. Pulsa en la imagen para ir a Amazon a por él.

La entrada de hoy simplemente pretende presentar los contenedores NGC, y no hacer un estudio detallado de los mismos porque llevaría muchísimo tiempo y espacio, ya que hay muchas referencias en la Web sobre ellos.

Estos contenedores son, básicamente, un cacho de plástico en el que una empresa envuelve nuestras monedas previo pago, indiando su identidad y la valoración de la misma. La empresa en cuestión es Numismatic Guaranty Corporation of America (NGC), una empresa especializada en la identificación y la valoración numismática con un recorrido más que loable. Lo que hacen, previo pago, es encapsular cada moneda, indicando su tipo y calidad. Un ejemplo se ve en la imagen, sacada de la propia web de NGC.

En este foro se cuentan hasta 19 variantes de contenedores NGC. A mí los que más me gustan son los que te dejan ver el canto de la pieza, como el de la imagen. A.C. Dwyer’s opina lo mismo que yo según indica aquí y aquí. Desgraciadamente, todos los que tengo ocultan el canto de la moneda, pero bueno, ¿qué se le va a hacer?

De todo lo que hay escrito sobre estos contenedores, creo que lo único fundamental de leer son las preguntas frecuentes de la propia NGC. Ahí se indican bastantes cuestiones, pero la más importante de todas es el lema “Compra la moneda, no compres el contenedor“. Con esto quieren decir que a la hora de comprar una moneda que esté dentro de un contenedor NGC no hay que fiarse de lo que ponga en el contenedor, sino que hay que mirar bien la moneda. Los motivos que se me ocurren son los siguientes:

– Hay veces que NGC tiene errores. De hecho, he visto varias veces en eBay monedas en venta con el contenedor de NGC indicando que es otra moneda (concretamente confundiendo 5 céntimos de 1953 con 10 céntimos de 1953).

– Aún estando la moneda en el contenedor puede haber sufrido algún proceso de oxidación del que NGC no se hace responsable.

– Puede haber una diferencia en los criterios de evaluar la moneda, tal y como la propia NGC advierte. En general, mi opinión es que NGC valora las monedas de forma muy alegre, y mi opinión suele considerar la moneda en peor estado del que pone en el contenedor. Un ejemplo claro se tuvo en la subasta de Marti Hervera y Soler y Llach del 5 de noviembre de 2009, donde se subastaba la moneda que se observa más abajo. Esta pieza fue catalogada por NGC omo AU55 (lo cual sería un EBC+) y sin embargo los tasadores de la subasta la consideraron como EBC-/EBC.

Finalmente, hay gente que no es feliz teniendo sus monedas en contenedores, seguramente porque prefieran meterlas en álbumes. Así que se han desarrollado métodos para abrirlos, tal y como se explica en los siguientes vídeos.

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