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Si algo en algo se ha caracterizado España, casi como una constante a lo largo de los siglos, es de tener nefastos políticos. Eso sólo tiene como ventaja que cuando pensamos que es absolutamente imposible hacer peor política que la que han hecho los diferentes gobiernos que hasta ahora se han sucedido en el siglo XXI, no tenemos más que echar la vista atrás y ver que estábamos equivocados: hay quienes lo hicieron peor.

Concretamente, desde mi ignorante opinión, considero que no ha habido jamás un mandatario tan horrorosamente nefasto como Fernando VII. Un absoluto gañán al que el nacionalismo español le puso otra vez en el trono después de las vergonzosas Abdicaciones de Bayona. Su obtuso cerebro no le permitía comprender que España no podía seguir viviendo de las américas y no hizo otra cosa que borrar el poco pensamiento ilustrado que habían traído consigo los franceses, dar una marcha atrás hacia un absolutismo rancio y poner trabas a cualquier intento de industrialización del país. Tampoco era un hombre de palabra, ni siquiera con los que habían sido sus aliados, y si no que se lo digan al Empecinado. Por si fuera poco, lo más grave fue que España perdió la mayor parte de sus inmensas colonias y su mandato acabó en una Guerra Civil.

Con semejante currículo no parece digno de hacerle ningún homenaje, pero la verdad es que desde el punto de vista numismático no se dio mal este gobierno. De hecho, las acuñaciones de Fernando VII son muy amplias, habiendo una gran cantidad de cecas tanto en la Península como en las colonias, muchas de ellas debido a la Guerra de la Independencia de México. Lo mejor es que es un periodo en el que se pueden encontrar bastantes monedas a precios muy razonables a la vez que hay muchísimas rarezas que se ven en subastas una vez cada mil años. Eso hace que coleccionar a Fernando VII esté al alcance de muchos, pero completar su colección sea prácticamente imposible. Además, muchas de sus monedas esconden “una historia detrás” (bueno, ¿y qué moneda no la esconde?) lo que hace que más gente se interese por ellas.

Dicho todo esto, lo que propongo es enumerar los tipos de monedas de 8 reales en los que sale el retrato de Fernando VII. Me fijo en los duros porque suelen ser los que más gustan, porque son donde mejor se ven los rostros y porque son los suficientes como para hacer una entrada interesante, mientras que si lo extiendo a todas sus módulos la entrada saldría kilométrica. No tengo en cuenta ni los duros en los que aparece el rostro de Carlos IV o de Pepe Botella, ni tampoco aquellos duros en los que no se representa su rostro.Vamos por cecas, empezando por la península y sin repetir los rostros que aparezcan en las anteriores (o sean muy muy semejantes):

BARCELONA


Este rostro está en la ceca de Barcelona, madrid y Sevilla en los duros de 1822 y 1823. Es el busto del monarca durante el Trienio Liberal.

CÁDIZ

Éste es el busto más común en los duros de Fernando VII, llamado “busto laureado”. El muy gañán debía verse guapo con la corona de laureles tipo emperador. Aparece en todos los duros de Cádiz (1810-1815), también en la ceca de Cataluña (1812), en la de Madrid (1814-1830), Sevilla (1809-1820), Cuzco (1824), Chiloe (1818-1822), Chihuahua (1814-1821), Durango (1811-1822), Guadalajara (1812-1823), Guatemala (1808-1821), Guanajuato (1812-1822), Lima (1810-1824), México (1811-1821), Monclova (1811-1812), Potosí (1808-1825) y Santiago (1811-1817).

CATALUÑA

Este busto se usó para las primeras acuñaciones en las cecas de Cataluña (1809-1810).

Este otro se usó para las últimas 1812-1814.

GERONA

Aparte del famoso duro de Gerona de 1808 (en el que no se retrata al monarca), en 1809 se acuñó esta rarísima pieza.

LÉRIDA

Otras dos rarísimas piezas acuñadas en Lérida en el mismo contexto que la de Gerona.

MADRID

Los primeros duros de Fernando VII en Madrid (1812-1814) se acuñaron con este rostro.

Este busto sólo se acuñó en Madrid en 1833 y personalmente es el busto de Fernando VII que más me gusta. Claro que no es un duro precisamente barato, así que creo que no me lo podré permitir si no es que algún lector del blog me lo regale.

SEVILLA

Las primeras acuñaciones de Fernando VII (1808-1809) portaban este busto. Las siguientes, de 1810 y algunas en 1811, portaban el llamado “busto diademado” (lleva una diadema en vez de una hoja de laurel), que es el siguiente:

El resto de los bustos de la ceca de Sevilla ya los he puesto antes.

VALENCIA

En Valencia sólo se acuñaron duros en 1811, todos con este busto.

CHIHUAHUA

Las acuñaciones de Chihuahua tenían todas el busto laureado, pero los primeros años de la ceca (1810-1813), las piezas eran fundidas y tenían este pseudo-retrato.

GUADALAJARA

En Guadalajara, además de con el busto laureado, se acuñaron con este busto algunas variantes.

LIMA

Los primeros años de acuñaciones en Lima se utilizaron el llamado “busto indígena”. El de arriba entre 1808 y 1809, y el de abajo entre 1809 y 1811.

Los años posteriores Lima acuñó con el busto laureado desde 1810 hasta 1824. Además, en 1824 se acuñaron monedas con otro busto laureado, que aunque es semejante no es igual, como bien apunta Miguel en un comentario.

MÉXICO

Las primeras acuñaciones de México con Fernando VII (1808-1811) tenían este busto, luego pasaron de nuevo al laureado.

SANTIAGO

Las acuñaciones de duros de Santiago entre 1808 y 1811 presentan dos variantes: cabeza cubierta, como el de arriba, y cabeza desnuda, como el de abajo. En ambas aparece Fernando VII vestido de almirante. Luego se pasa el busto laureado.

ZACATECAS

Este es el primer busto de Fernando VII usado en Zacatecas, entre 1811 y 1813. Siempre se encuentran así de malas… cuando se encuentran. El siguiente busto usado, entre 1813 y 1818 es el de abajo. Después se usó el busto laureado.

Bueno, pues estos son todos… o no. Porque si nos ponemos a buscar matices y pequeñas diferencias entre bustos, sacamos una lista el triple de grande. Me vais a perdonar que no la haga. Todas las fotos están sacadas de Aureo y de Cayón. Los tres ejemplares que no he visto subastados (Lérida y Gerona) los he sacado del archi-conocido libro de Calicó. Por supuesto, si veis errores o que se me haya pasado alguno avisadme en los comentarios.

Para los que todavía no se hayan enterado, tengo una estupenda noticia: el blog de Carlos ha vuelto a abrir sus puertas y lo volvemos a tener dentro de los “blogs vivos” de la pequeña blogsfera numismática en castellano. Para quien no se haya pasado por ahí todavía recomiendo encarecidamente que cuando saquen un rato se paseen por el blog porque contiene unas reflexiones muy interesantes. La primera entrada de la nueva temporada de Blogpolis la ha dedicado a una discusión muy interesante que nació a partir de mi entrada sobre monedas expoliadas. Ahí ha dado Carlos su punto de vista, y como creo que el tema tiene interés, y como también me gustaría saber la opinión de nuestros lectores y comentaristas habituales (y los no habituales, por supuesto), pues aquí continúo yo con el debate.

Carlos parte de que en España nos movemos en un inaceptable marco en el que la administración colectiviza el Patrimonio y parece que es la “única responsable legítima” de su estudio, su conservación y su posesión. Esto es algo que Carlos considera “inaceptable” y a partir de ahí realiza una crítica interesante y propone unas reformas legales y unas modificaciones de la actitud de la administración que se dirigirían a que los ciudadanos también fuesen responsables de la conservación del patrimonio histórico. Ante esto, tengo que decir que estoy de acuerdo en casi todas las propuestas que hace y creo que darían buenos resultados, pero yo no veo con malos ojos que sea la administración la principal responsable de la conservación del patrimonio histórico.

Eso es una simple y llana forma de ver las cosas. Yo en temas de sanidad, educación y cultura me considero un férreo defensor de lo público (no así en otras cuestiones). En ese sentido, para mí en principio es una buena noticia que una moneda muy rara esté en manos públicas porque en cierta forma la considero “en parte mía” y tengo la esperanza de poderla disfrutar viéndola a través de la vitrina de un museo. Creo que esta visión es bastante compartida en España (no sé en el resto de Europa), pero en otros países, como EEUU, se suele considerar una mala noticia. Oyes a gente decir que “de esta moneda se conservan cuatro ejemplares y uno está en un museo público” y lo consideran una “oportunidad perdida”, como si fuese un desperdicio.

Pero justamente está en ese sentimiento de propiedad (no privada, pero propiedad) lo que hace que me implique en la conservación de ese patrimonio y de que tenga conciencia de él. Lo considero en parte mío, o mejor dicho nuestro. Por poner un ejemplo, si me entero de que El Prado se está inundando dejo lo que tenga que hacer y me voy a achicar agua. Pero, sinceramente, no sé si mi visión es compartida por el grueso de la sociedad. No sé si a mi vecino del segundo le importa cómo esté conservado el cuadro de El Martirio de San Sebastián, de El Greco, que tenemos en Palencia y que yo estuve veinte minutos mirando la última vez que visité el museo de La Catedral. Es el cuadro de la imagen.

Justamente ahí es donde puede engarzarse la polémica: a mi vecino le da exactamente igual porque él ni lo valora ni es consciente de que el patrimonio artístico e histórico hay que conservarlo. Lo más peligroso de esta actitud es que si no valoramos esa conservación y los estudios que se realicen a partir de esas obras no vamos a pedir cuentas a la administración de lo bien o lo mal que lo hayan hecho. Y si no pedimos cuentas a la administración, al final ésta recortará presupuestos y ni se estudiará ni se conservará el patrimonio. En cierta medida eso está pasando, y son muchos los museos que tienen enormes cantidades de bienes históricos en sus fondos amontonados, sin estudiar y vaya usted a saber de qué manera.

Hasta ahí estoy de acuerdo: es algo en lo que se debe mejorar y para ello hay que concienciar a la sociedad. Entonces es cuando viene Carlos (y no es el único), y dice que si la manera de concienciar es hacer a los ciudadanos partícipes de la posesión, el estudio y la conservación del patrimonio. “Tenemos derecho a poseer un denario de Caracalla, por poner un ejemplo”, dice. Y cree que es la propia administración, con su ánimo acaparador la que está poniendo trabas a la sociedad en tomar esta responsabilidad. Esto me recuerda una frase que oí hace un tiempo: “prefiero que mi colección se subaste y las piezas las disfrute quien más las valore a que esté en un museo bajo la mirada de quien pasa por ahí”.

Justamente en eso es donde discrepo. Lo primero es que no creo que tengamos derecho a tener un denario de Carcalla. A lo mucho tendremos derecho a poder tenerlo, que es distinto. Después, no creo que sea necesario fomentar la propiedad privada para que haya más conciencia social al respecto. Como ejemplo, yo no poseo ningún cuadro pero me dolería en el alma si algo le pasa algo al siguiente Desnudo Acostado, de Modigliani (la siguiente imagen), o a la muralla de Lugo. Lo que hay que fomentar es que se valore y que se estudie el patrimonio artístico e histórico, y que eso no quede en manos de unos cuantos “técnicos” y “profesionales” con grandes conocimientos, sino que seamos todos los que podamos disfrutar del conocimiento generado y (¿por qué no?) de generar conocimiento. Es algo que no va a ser económicamente reentable, pero no por ello hay que dejar de hacerlo. Si dividimos el coste de hacer cualquier investigación histórica entre los posibles lectores que la disfrutan nunca nos saldrían las cuentas, pero es la única manera de que el conocimiento vaya avanzando.

Luego hay otra crítica y es que la administración muchas veces no cuida bien del patrimonio, en cambio el que se gasta el dinero en él se preocupará por su conservación. Yo no estoy del todo seguro. Bien es cierto que la administración, bien por falta de fondos o bien porque los fondos se destinan a otras partidas, podría cuidar mejor el patrimonio. Ya he comentado que hay mucho sin siquiera haber sido estudiado, y no hay más que ver cómo están los conventos desamortizados a la Iglesia en el siglo XIX para darse cuenta de que la gestión es muy mejorable. Pero al menos a la adminitración la sociedad se puede quejar.

Se ha robado el Códice Calixtino y la sociedad se ha quejado y todos nos hemos llevado las manos a la cabeza de la falta de seguridad. Por mi parte que a los responsables se les ponga una pena severa. Pero si ese mismo libro estuviese en manos privadas y el dueño lo tirase a la hoguera, todos habríamos perdido algo pero no nos podríamos ni siquiera quejar. ¿Creéis que estoy diciendo una tontería? ¿Creéis que nadie en su sano juicio se gastaría un dinero en un bien histórico para después destruirlo o conservarlo fatal? Pues estáis equivocados. Ryoei Saito se gastó 82,5 millones de dólares en 1990 en el cuadro “El retrato de Dr. Gachet“, de Van Gogh (el que pongo abajo) y dejó muy claro en su testamento que cuando muriese quería que su cuerpo se incinerase junto a su Van Gogh, que era su propiedad más preciada. No es el único ejemplo, tenemos a quienes guardan un Picasso en un lugar tan húmedo como un yate y no falta la rama más ignorante de los empresarios españoles que tenían un Miró en su cuarto de baño.

No, la administración no es ninguna santa, pero tampoco se puede confiar en los criterios de una sola persona por mucho dinero que tenga. Quizá a mí me suponga más esfuerzo comprarme un duro de 1881 que a un cateto hijo de un emir comprarse un Dalí. Pero no por tener dinero va a poder hacer lo que le dé la gana con una pieza histórica. En este sentido, yo vería con muy buenos ojos que hubiese alguna ley internacional que obligase a quien posea ciertas piezas históricas, o cuya relevancia sea importante, su adecuada conservación.

Dicho todo esto, creo que hay algunos aspectos que se deberían mejorar por parte de los políticos. Y son cosas de bastante sentido común. Comento algunas:

La extracción de los bienes arqueológicos. Hay muchos pecios que se saben dónde están desde hace décadas y no se extraen por falta de presupuesto. Yo creo que es de bastante sentido común hacer lo que hacen los americanos: que sea una empresa quien extraiga las piezas y luego una parte va para la administración y otra para la empresa. Todos ganan y será mejor que esos bienes estén en manos privadas que no en el fondo del mar.
Canalizar la función de los museos. En este aspecto estoy totalmente de acuerdo con Carlos. Sobre todo en que los museos pequeños deberían centrarse en temáticas concretas y buscar su completitud.
La colaboración entre museos. Esto sé que es imposible porque se tocarían las “competencias”, y eso en este país está prohibido. ¿Qué sentido tiene que haya tantos cuadros de enorme calidad en los fondos de El Prado? ¿No se pueden “prestar” a museos pequeños como se hace con el de Badajoz? Eso es un simple ejemplo, pero ya me entendéis.
Permitir el acceso a estudiosos. El colmo de los colmos es que sea más fácil ponerse en contacto con un coleccionista privado y estudiar su colección que tener que pasar todo un infierno burocrático para poder estudiar una colección pública. Eso ocurre y no tiene ningún sentido.
– Obviamente, me encantaría que se declarasen más yacimientos de interés cultural y se estudiasen como merecen, pero para eso harían falta unas partidas presupuestarias muy grandes.

Para hoy tenemos bacalao, así que recomiendo encarecidamente a quienes vayan a poner comentarios a la entrada dedicándome sus insultos más irracionales que se abstengan porque no se las publicaré. Eso no quita que cualquier opinión o crítica razonable pueda hacerse. Faltaría más, ya sabéis que me encantan.

Dicho esto, vamos a lo que vamos: el expolio, una práctica que ha hecho muchísimo daño a los estudios arqueológicos y al patrimonio histórico de nuestro país. No hace falta más ver la entrevista a Eloisa Wattenberg o ver este estupendo documental sobre el asunto que me recomendó José Luis. Aún así, hay gente que expolia, que compra piezas expoliadas o que emite facturas falsas y encima chulea de ello, como si no fuese igual (o peor) que robar. Yo no soy quién para dar lecciones de ética y comportamiento a nadie, pero aquí voy a exponer unos argumentos con los que espero contribuir a que los coleccionistas no tratemos igual las monedas independiéntemente de si su origen es legítimo o no.

Lo primero que debe quedar claro es que expoliar es una práctica absolutamente ilegal. Está clarísimamente tipificado en la Ley de Patrimonio Histórico Español, cuyo artículo 42 dice que “toda excavación o prospección arqueológica deberá ser expresamente autorizada por la Administración competente”. “Excavación” no significa que haya que llevar maquinaria pesada y hagan falta 200 personas para ello; un tipo con una pala puede excavar, y por tanto realiza una excavación. También se indica que “serán ilícitas y sus responsables serán sancionados conforme a lo dispuesto en la presente Ley, las excavaciones o prospecciones arqueológicas realizadas sin la autorización correspondiente”. Además, en el artículo 44 se dice que “son bienes de dominio público todos los objetos y restos materiales que posean los valores que son propios del Patrimonio Histórico Español y sean descubiertos como consecuencia de excavaciones, remociones de tierra u obras de cualquier índole o por azar”. Otra cita que quiero resaltar es del Código Civil, donde se indica en su artículo 351 que “El tesoro oculto pertenece al dueño del terreno en que se hallare. Sin embargo, cuando fuere hecho el descubrimiento en propiedad ajena, o del Estado, y por casualidad, la mitad se aplicará al descubridor”.

En resumidas cuentas, el que está expoliando está robando patrimonio de todos y como un ladrón debe ser tratado. Ahora no faltará quien diga, como ya me han dicho, que la ley está mal. Claro, está mal para lo que interesa. ¿A que si prendo fuego a su casa querrá que me juzguen y no considerará que la ley está mal?  Pues hay que estar a las duras y a las maduras, hay que cumplir todas las leyes, no solo las que nos interesan. Y si tan malas son las leyes de este país, tienes otros muchos donde ir a vivir, como hubiese dicho Sócrates (quien, pudiendo escaparse, bebió cicuta para cumplir la ley de Atenas, aunque él la consideraba injusta). De todas formas, no seré yo quien defienda las leyes actuales contra el Patrimonio Histórico, puesto que yo creo que actualmente tenemos una laguna legal al respecto que habría que subsanar para que se endurezcan las penas (y no soy el único que tiene esa opinión).

Pero es que además de robar, el que expolia está destrozando evidencias históricas que ya nunca podrán ser recogidas, catalogadas, estudiadas y de las que posteriormente se podrían sacar conclusiones. Si las excavaciones realizadas por los arqueólogos son tan lentas y costosas es justamente porque tienen que seguir una metodología concreta para la extracción de las piezas. En cambio, el que expolia llega y se lleva lo que pilla sin más miramientos, sin pararse a pensar si destroza algo y, por supuesto, sin documentar nada. Por eso los expoliadores y los que comercian o compran material expoliado no son amantes de la arqueología y de la historia, como a veces dicen, sino todo lo contrario: son gentuza que además de robar nuestro patromonio nos privan para siempre de conocer más cosas del mundo antiguo.

Espero que consideréis, como yo, que éstos son grandes argumentos  en contra del expolio. Pero ahora viene la siguiente pregunta: ¿y también está mal comprar monedas expoliadas si el daño ya está hecho?

Pues sí. Lo primero es porque puedes tener problemas.  Lo segundo es porque el dinero que estás gastándote al comprar una moneda expoliada no va precisamente a una ONG, sino que sirve para alimentar y subvencionar a los expoliadores. Es el mismo motivo por el que yo nunca he consumido drogas ilegales: ¿dónde va a parar el dinero que me gasto? No podemos mirar hacia otro lado y dormir tranquilos. Claro que comprar monedas expoliadas es más barato que hacerte con piezas con su correspondiente factura, pero luego habrá que pensar por qué.

Otra excusa típica que suelen poner los que expolian (sobre todo a pequeña escala) es que  España cuida muy mal su Patrimonio Arqueológico. Pues sí, eso es cierto, pero por eso no tienen derecho a robarlo. ¿O es que si yo considero que cuidan mal de su colección de monedas puedo entrar en su casa, destrozar todo lo que vea hasta encontrar la colección y luego llevármela? Evidentemente no. A lo mejor esos mismos se quejarían si aumentasen los impuestos para cuidar el Patromonio Arqueológico Nacional. ¿O es que se piensan que es barato?

Luego está la excusa del que se hace el novato cuando quiere. Llega y te salta eso de “pero es que yo no sé diferenciar una moneda expoliada de una que no lo es”. Se ve claramente: las monedas expoliadas tienen generalmente gran cantidad de tierra. Cuando vas a la Plaza Mayor de Madrid y ves puestos donde todas las monedas que tienen están llenas de tierra… vamos, que más claro agua. También me podréis decir que cómo se sabe si un profesional de prestigio o una casa de subastas no te está vendiendo una moneda expoliada.  Pues es muy fácil, sólo tienes que pedir factura. En las casas de subastas vienen todas las monedas con factura, y en las transacciones privadas se puede pedir si tienes delante a un profesional. Cuando se compran monedas a otro aficionado o a alguien que las ha heredado se le puede pedir que al menos nos deje ver su DNI, de forma que si algún día hay un problema con esas monedas al menos se pueda identificar quién las vendió.

No me malinterpretéis, no estoy diciendo con esto que todas las monedas que aparecen en subastas tienen un origen legítimo, ni que cualquier cosa que nos dé un profesional con factura no haya salido de la tierra. Seguros no podemos estar nunca,  pero sí que podemos tener sospechas. Cuando compro a gente seria no tengo ninguna sospecha de que lo que adquiero sea expoliado o robado, y si me surgen dudas razonables entonces no lo compro por barato que sea. Si al cabo de unos años resulta que me viene la Guardia Civil y me dice que aquello que compré era expoliado, pues lo único que me pueden hacer es requisarme la mercancía y ya me encargaré yo de denunciar al comerciante.

Luego están los expoliadores que te saltan esa de: “no, si yo no expolio, yo no busco tesoros, yo sólo busco algunos denarios romanos”. Claro, ¿y qué son esos denarios más que un tesoro? ¿Acaso no excavas para encontrarlos? Vale que no te hayas metido en una excavación arqueológica, pero claramente estás expoliando. No puedes ir con el detector y decir que te has encontrado un denario “de casualidad”. Y si de casualidad nos encontramos un denario hay que llevarlo a la autoridad competente. Hacer cualquier otra cosa es robar.  Evidentemente, en este grupo no caen esos aficionados que tienen un detector, licencia para rastrear en cierto terreno y que lo hacen de forma totalmente legal. No es lo mismo y no hay que buscar excusas.

Con todo esto creo que ya he dado argumentos más que suficientes de por qué considero ilícito expoliar y comerciar con material expoliado. Espero haber convencido a algunos. A otros seguro que les entra por una oreja y les sale por la otra y estarán pensando eso de: “a mí me da igual, mientras me saque un dinero…”. Allá ellos, pero que piensen que el vendedor de droga, el político corrupto, el que roba tendido de cobre y demás pandilla están en su mismo saco. Gente a las que sólo buscan ilegalmente su propio beneficio sin importarles lo más mínimo el daño que hacen a la socidad.

Las imágenes están sacadas de diversas noticias relacionadas con detenciones a redes de expoliadores: una, dos y tres.

Aureo nos ha vuelto a sorprender por el mes de octubre con una excelente subasta, esta vez dedicada a la moneda catalana. Se subastará el próximo día 27 y animo encarecidamente a todos los lectores a que echen un vistazo al catálogo.  No sólo es interesante la subasta por su enorme cobertura a la moneda catalana, sino porque quien forjó dicha colección es ni más ni menos que Miquel Crusafont i Sabater, que me atrevería a decir que es la mayor autoridad en cuanto a moneda catalana. De hecho, Crusafont ha dedicado buena parte de su vida a la investigación de la numismática catalana, publicando infinidad de artículos y los principales catálogos que manejamos todos los que nos acercamos a este tipo de piezas (quizá el más conocido sea el titulado “De las Acuñaciones de la Corona Aragonesa y de los reinos de Aragón y Navarra: Medievo y tránsito de la edad moderna. Madrid Vico-Segarra, 1992. Siglos XI al XV”, editado por Vico y Segarra).

La colección que se subasta repasa, con casi 2000 lotes, todas las etapas numismáticas de Cataluña. En su mayoría son piezas de módulo humilde, pero muchas de extrema rareza. Se incluyen monedas locales, pellofas, piezas de la Guerra de los Segadores o de la Guerra Civil, medallas, ponderales… evidentemente, tampoco faltan monedas de plata de gran módulo o florines de oro. Incluso hay mancús, como el de la foto, que quizá sean mis monedas catalanas predilectas. Desde luego que todo aquel interesado en la numismática catalana disfrutará muchísimo sólo con ver el catálogo. Y si alguien es amante de las rarezas o quiere completar su colección, que aproveche, porque tantas piezas raras (o únicas) no se ven todos los días.

Por cierto, que ha habido más gente que han publicado artículos con respecto a esta subastas: 1, 2 y 3. Si queréis bajaros todas las fotos de la subasta sólo tenéis que pasaros por aquí.

Me imagino que muchos de los lectores ya estén pensando en que no tienen mucho dinero para hacerse con una de las rarezas que va a subastar Aureo, pero que estaría bien hacerse con una pieza baratita y así tener un recuerdo de la subasta. Digamos que queréis un poquito del aura de la subasta. Bueno, pues evidentemente esto no se os ha ocurrido a vosotros solos, sino que mucha gente lo hace, y es justamente por eso por lo que los lotes baratos en las subastas importantes suelen salir caros.

Por otra parte, Aureo tiene el detalle de que cuando celebra una subasta monográfica, incluye los lotes en unos plasticos especiales herméticamente cerrados. Algo semejante al de la imagen, que me enviaron con uno de los lotes con los que me hice en la subasta Anastasia de Quiroga. De todas formas, hay que recordar que estos sobres no están pensados para almacenar monedas (me lo dijo Maria Teresa Sisó cuando se lo pregunté por correo electrónico), así que para que no se estropeen lo mejor es sacarlas de ahí y meterlas en un monetario que se encuentre en un lugar seco.

Con todos ustedes uno de los bustos más bonitos jamás grabados en una moneda, no todos van a ser feos (obtenida de la subasta de Soler y LLach del 5 de julio de 2011 ).

Fernando VI no es que fuese un tipo muy atractivo, y pasó por la corona española sin pena ni gloria. Su numismática tampoco es demasiado relevante salvo por la cantidad de bustos diferentes con los que se le retrató en tan poco tiempo y la cantidad de moneda de oro que se acuñó en esos años. Pero a mí personalmente me gusta por la belleza de los bustos, diseñados por Francisco Sáez. Más parecen bustos propios de una escultura en mármol que para representarlo en una moneda.

El estilo, como no podía ser de otra manera, es totalmente barroco y de una enorme complejidad. La leyenda indica en el anverso FERDINANDUS VI D G HISP REX (Fernando VI rey de España por la Gracia de Dios) y en el reverso NOMINA MAGNA SEQUOR (Buscando los grandes títulos). El retrato del anverso presenta a Fernando VI vistiendo una peluca y con facciones redondeadas, algo que en su época se consideraba el canon de la belleza y que cambiaría con Carlos III y su prominente nariz.

En el reverso se presenta el complejísimo escudo de España de la época, que había sido propuesto por Felipe V. En ese escudo aparecen representados los reinos de Castilla y de León junto con Granada, el de Aragón y las dos Sicilias, las flores de lis de la monarquía española, Austria, Borgoña antiguo, Borgoña moderno, Brabante, Flandes y Tirol. Si queréis saber a qué territorio se refiere cada símbolo pasaos por aquí. Yo hecho de menos el símbolo de las colonias americanas, que era lo mejor que tenía España (ya dijo Cervantes que España vale un Potosí), pero ya se ve la forma en la que despreciaban en la época todo lo que no fuese Europa. Además, el escudo está coronado con la Corona Imperial, rodeado de la Orden del Toisón de Oro y con la cruz de la francesa Orden del Espíritu Santo. Si todo esto os parece enormemente complejo es que no habéis visto el Escudo de Armas de la época; aquí os lo dejo extraído de Wikipedia:

Una vez descrita la pelucona os comento un par de detalles propios de esta moneda. El primero de ellos es que son monedas que se encuentran siempre en calidad de EBC para arriba. No he oído hablar de ningún ejemplar en inferior calidad. La razones son dos: por un lado, son monedas que apenas circulaban en la época, así que es fácil encontrarse monedas de 8 escudos en calidades muy altas; la segunda razón, más propia de esta pieza concreta, es que no hace mucho se encontraron muchas de ellas en un pecio de un barco que llevaba el oro de la ceca (ya profundizaré sobre este tema más adelante) y debido a ello la mayoría de las monedas que se venden no han circulado, porque reposaron bajo el mar nada más acuñarse.

Otra de las características propias de esta moneda es la aparición de una zona mal acuñada en el escudo. El ejemplar de la foto tiene una zona casi sin acuñar en el busto y otra en el escudo. Lo del busto es propio de este ejemplar, pero los escudos aparecen así en casi todos los ejemplares que he visto. Además, en la parte de arriba del escudo a la izquierda suele aparecer una pequeña hojita. Por si no lo veis bien en la imagen de arriba, os lo remaco en esta otra:

Esa zona sin acuñar y esa hojita son muy características de los 8 escudos de 1751 de Santiago, y dan una buena muestra de su autenticidad. También es cierto que no suelen verse monedas falsas que intenten imitarlas. Al menos yo nunca he visto ninguna. En cualquier caso, nunca está de más ser precavido y sospechar de la autenticidad de la pieza si no tiene esas características.

En cuanto a tema de precios, lo dejo para la siguiente entrada.

Por diversos motivos últimamente estoy viajando mucho a Ceuta, una ciudad pequeña pero con una enorme carga histórica. Una de las cosas que más me ha sorprendido de esa ciudad es que todo el mundo sabe que allí se acuñó moneda, algo que ignoran la mayoría de la gente de otras ciudades como Palencia, Valladolid, Jubia, Cuenca… pero en Ceuta se conoce, están orgullosos de ello y, es más, un regalo típico de la ciudad es una réplica de un ceitil ceutí. No obstante, lo que no saben la mayoría de los ceutíes es que además de ceitiles se acuñaron otras piezas. Vamos a ver si las repasamos.

Como todo el mundo sabe, Ceuta es una de las puertas del Mediterráneo y el paso natural entre África y la Península Ibérica, a través del Estrecho de Gibraltar. Dicho esto, no hace falta ser un lince para imaginarse que esa zona es militarmente muy importante y que muchos paises quisieran controlarla. En efecto, la situación es tal que españoles, británicos y marroquíes se reparten la soberanía del estrecho y cada cual reclama el territorio que no es suyo. Una fiesta diplomática que no es nada nueva; hace ya bastantes siglos que muchas potencias reclamaban el mando del estrecho, y lo reclamaban a la antigua usanza: a palos.

En efecto, Ceuta ha sido una ciudad muy disputada por moros y cristianos y un enclave estratégico desde donde comenzar una invasión posterior. Las invasiones desde siempre han sido de todo menos baratas, así que en algunas ocasiones esas potencias acuñaban moneda en Ceuta para poder hacer frente a los gastos. A continuación voy a repasar las monedas que yo conozco que acuñaron allí. Con ello no pretendo ser minucioso, ni tan siquiera aseguro que no haya más de las que indico (no soy experto en moneda de Al-Andalus), pero estoy seguro que si faltan piezas habrá lectores del blog que las detecten y las indiquen en los comentarios.

Antes de entrar en materia, vamos a recordar que Al-Ándalus se  inició en el año 711, cuando los musulmanes entraron en la Península Ibérica y rápidamente la invadieron en su práctica totalidad. Se suele considerar el final de Al-Ándalus en 1492, con la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos. Pero mientras tanto, no es que en Al-Ándalus hubiese “moros”, sino que diferentes pueblos musulmanes conquistaron ese territorio. Para que nos hagamos una idea, Al-Ándalus estaba al principio integrada en el Califato Omeya, para después convertirse en un emirato independiente y luego en el Califato de Córdoba, hasta que se disolvió y se dividió en los primeros reinos de Taifas.

Estando estos reinos de Taifas es cuando entraron en escena los Almorávides, los primeros en acuñar monedas en Ceuta.  Estos se apoderaron de Ceuta en 1084 dirigidos por Yusuf ibn Tasufin, un emir bereber muy poderoso y un gran batallador. Al año siguiente de asentarse en Ceuta Alfonso VI tomó Toledo y los Taifas ansalusíes se echaron a temblar ante el avance cristiano (recordemos que luchaban, ni más ni menos, que contra El Cid), por lo que pidieron ayuda a los almorávides, que tardaron poco en adentrarse en la Península y liarse a palos con todo el que se les ponía por delante. Entraron en 1087 y otra vez en 1090, haciendo suyo gran parte del territorio peninsular y reconquistando a los cristianos plazas importantes como Toledo, Lisboa o Valencia (pero esta última después de la muerte de El Cid, que era su gobernador).

Pues en este contexto es cuando Ceuta tuvo ceca por primera vez, acuñando dinares de oro que seguramente ayudaron mucho a la conquista de la península. Un ejemplo es la pieza que se muestra sobre este párrafo y que fue acuñada en 1091.

Las siguientes monedas ceutíes de las que tengo constancia también son acuñadas por los almorávides, pero en una situación totalmente diferente: para entonces los reinos cristianos estaban muy fuertes en la península y el descontento de los moros con los almorávides era tal que habían pedido al rey Alfonso I de Aragón que les ayudase a expulsarlos de Andalucía. En efecto, en 1126 se puso fin al dominio almorávide en Al-Andalus, al mismo tiempo que otra potencia les ponía en jaque por el sur: los almohades. Los almohades tomaron Marrakech, la capital Almorávide, en 1147.

Así que a mediados del siglo XII los almohades se encontraban amenazados por el norte por los cristianos, por el sur por los almohades y por si fuera poco había continuas revueltas internas en ciudades como Mértola o Sevilla, lo que dio lugar a los segundos reinos Taifas.  Pues en ese contexto de total inestabilidad política y económica es cuando se vuelven a acuñar monedas en Ceuta, pero esta vez no de oro (o al menos que yo conozca), sino quirates de plata como los que se muestran justo encima, datados alrededor de 1130-1140.

Tal y como pinta la historia, parece bastante claro que los siguientes en conquistar Ceuta fueron los almohades, quienes se hicieron con el control de la ciudad en 1147, mismo año en el que entraron en la península ibérica, donde tardaron poco en conquistar Al-Andalus. Como los almohades eran buenos comerciantes y Ceuta es un estupendo enclave marítimo, por aquellas épocas en Ceuta había dinero y se podía permitir el lujo de acuñar piezas de oro, como los medios dinares que se muestran arriba, acuñados en los primeros años de control almohade sobre la ciudad. Nótese también las diferencias evidentes entre los dinares almohades y los almorávides, aunque en ello no entraremos.

De nuevo, el patrón se repite y en Ceuta se vuelve a acuñar moneda una vez que los almohades han entrado en decadencia, a mediados del siglo XIII. En esa época ya habían perdido prácticamente todo su control sobre Al-Andalus con la derrota de la batalla de Navas de Tolosa y la proclamación de independencia de los nazaríes en Granada. De hecho, en aquellas épocas la preocupación de los almohades era el control de sus territorios en el norte de África y es entonces cuando vuelven a aparecer dinares acuñados en Ceuta, como el que se muestra bajo estas frases, acuñado en 1148. Un útimo apunto con respecto a los almohades es la gran importancia que tuvieron en la moneda castellana y catalana durante los siglos venideros, no hace falta más que echar un vistazo a nuestro léxico para darse cuenta de ello.

En las décadas venideras Ceuta está continuamente siendo conquistada y reconquistada por muchos pueblos. Entre 1232 y 1249 conquistaron la ciudad los Taifas de Murcia, el Reino de Fez, los hafsíes y finalmente los azafíes, de quienes no he encontrado ningún tipo de información en la Web. Con tanta gente mandando en tan poco tiempo no es de extrañar que incluso se llegase a proclamar como ciudad independiente en 1233. Pasados esos años tan turbulentos, los azafíes consiguieron controlar la ciudad durante 80 años, si bien de forma intermitente porque en varias ocasiones pasó a manos del Reino Nazarí de Granada y también a las del Reino de Fez. Debían estar todo el santo día a palos por lo que parecen.

Durante ese periodo también se acuñó moneda en Ceuta. Por ejemplo, los siguientes dirhams fueron acuñados por los azafíes:

Mientras que el siguiente dirham lo acuñó en Ceuta el Reino Nazarí de Granada:

A principios del siglo XV quienes tenían el control de Ceuta era el Reino de Fez, hasta que en 1415 Juan I de Portugal desembarca y conquista la ciudad, quedando ésta por primera vez bajo dominio cristiano. Para los portugueses Ceuta fue un enclave de mucha importancia a principios del siglo XV puesto que querían expandir el Imperio Portugués por el norte de África. Todavía quedaba más de medio siglo para que se descubriese América, pero el espíritu de descubrir, conquistar y evangelizar ya estaba presente en los portugueses.

Numismáticamente hablando esto tuvo su importancia, sobre todo durante el reinado de Alfonso V de Portugal, apodado el africano por sus incursiones en este continente.  Fue bajo el mandato de este rey cuando se acuñó en Ceuta los ceitiles que tanto se conocen en la ciudad. Los ceitiles eran monedas de vellón muy humildes, el equivalente a las blancas castellanas. Esos ceitiles se acuñaron en abundancia y, como otros ceitiles acuñados en Lisboa o en Oporto, presentan un castillo con olas debajo (generalmente tres olas, pero no siempre). Lo característico de los ceitiles ceutís es que aparece una C al lado del castillo, que es la marca de ceca, si bien no todos los ceitiles con una C fueron realmente acuñdos en Ceuta, sino que algunos se acuñaron en la metrópoli y se enviaron a Ceuta posteriormente. La imagen de abajo es un dibujo de un ceitil ceutí que aparece en Wikipedia, si bien existen otras variantes. Por otra parte, en el libro de Ferraro Vaz (que nos recomendó Rubén) también se cita la acuñación en Ceuta de monedas de oro y plata, si bien son piezas muy raras.

Los portugueses mantuvieron el mando de Ceuta hasta 1580, cuando pasó a dominio castellano. A partir de entonces Castilla y después España mantuvieron su soberanía sobre Ceuta hasta nuestros días, si bien la ciudad ha sido atacada por reyes marroquíes en múltiples ocasiones. Los castellanos y los españoles no han acuñado moneda en esa ciudad, aunque se le dedicó la moneda de 25 pesetas de 1998, que es la que se muestra más abajo.

Con todo esto, creo que ya nos podemos hacer una idea de las acuñaciones que se han realizado en Ceuta. Es un buen ejemplo de un enclave militarmente estratégico que acuñó moneda cuando se necesitó, fundamentalmente para financiar las incursiones que unos u otros hicieron por los alrededores. No fue una ceca estable, pero acuñó monedas durante muchos siglos.

Un último apunte invita a la reflexión, y es que en Ceuta todo el mundo sabe que allí se acuñaron ceitiles, pero casi nadie sabe que también los almorávides, los almohades, los azafíes y los nazaríes acuñaron moneda. Nos sentimos muy poco orgullosos de nuestras raíces árabes, y en mi opinión son importantes porque nos han permitido ser un pueblo muy rico.

Un último detalle, para rematar es una muestra de la importancia de las monedas acuñadas en Ceuta. Se trata de un mancús acuñado en Barcelona en el siglo XI a imitación de un dinar ceutí. Se subasta el próximo 27 de abril en Aureo. El resto de las fotos están tomadas de aquí.

Gracias Rubén por ayudarme con esta entrada.

Estonia es un país al que tengo especial cariño porque estuve en Tallín 15 días en un curso de BEST sobre economía, lo cual no fue más que una excusa para que un 30 universitarios de todas parte de Europa (entre organizadores y alumnos) estuviésemos dos semanas seguidas de partuza descomunal en una ciudad con 22 horas de sol al día. Al acabar el curso no había aprendido absolutamente nada de economía pero de licores nórdicos y de saunas mixtas podría haber escrito una tesis doctoral. Luego yo por mi parte prolongué la fiesta una semana más por Letonia y Lituania adquiriendo, eso sí, toda la cultura báltica que en tan poco tiempo se puede absorber.

Pero el blog no va de partuzas, sino de monedas.  La cuestión es que, como todos ya sabréis porque se ha dado muchísima publicidad, el uno de enero de 2011 entró Estonia en la zona euro. En este caso el diseño de los euros es el mismo para todas las monedas, es decir el mapa del país, un diseño que me parece muy acertado. Hay que decir también que las monedas (acuñadas en Finlandia por la empresa Soumen Rahapaja) tienen muy buena calidad y casi parecen PROOF las piezas de circulación normal.

La polémica viene porque las fronteras del mapa que se muestra en las monedas no coinciden con la frontera actual de Estonia, sino con las fronteras que Estonia reclama como propias y que supondrían la anexión de un territorio actualmente ruso.  Esta noticia ha aparecido en multitud de medios (y también se ha discutido en el foro de Imperio Numismático), pero no he visto ninguno en el que se explique realmente el por qué de la confusión de las fronteras. Para ello hay que recapitular un poquito de historia estonia, que ahora voy a resumir desde una perspectiva personal.

Básicamente Estonia ha sido un territorio que durante los últimos siglos han conquistado muchas potencias extranjeras: polacos, letones, suecos, daneses, rusos… todos pasaron por allí, gobernaron el tiempo que pudieron y los estonios llegaron a acostumbrarse a estar dominados por potencias extranjeras hasta el punto de que no les es ninguna vergüenza reconocerlo. De hecho, en el centro de Tallín tienen monumentos que conmemoran victorias de tropas foráneas (como la caída del cielo de la bandera danesa durante la batalla de Lyndanisse). No fue hasta bien entrado el siglo XIX cuando los estonios, al igual que otros muchísimos pueblos europeos, tomaron conciencia de sí mismos como nación y quisieron un autogobierno independiente de quien les estaba dominando en aquellos años, que no eran otros que los rusos.

Los estonios aprovecharon la debilidad del comienzo de la Unión Soviética para alzarse en armas en 1918 y, apoyados por otras potencias europeas como Inglaterra, Finlandia o Suecia, ganar lo que después se vino a llamar la Guerra de la Independencia Estona.  La desorganizada Rusia de la época y el medio-vencido ejército rojo no controlaron a tiempo la revuelta y se firmó la Paz de Tartu, declarando a Estonia independiente de la Unión Soviética y definiendo unas fronteras que son exactamente las que se muestran hoy en día en las monedas de euro estonas.

Como pasa casi siempre la alegría dura poco en casa del pobre y en septiembre de 1939, recién comenzada la Segunda Guerra Mundial, el ejército rojo entró sin piedad sobre Estonia y el resto de países bálticos. Posteriormente, en enero de 1941 fue el ejército nazi quien invadió Estonia y mantuvieron el poder hasta el otoño de 1944, cuando Rusia volvió a invadir Estonia. Os podéis imaginar que entre tantas conquistas y reconquistas quien realmente salió perdiendo fue el pueblo estonio, uno de los más castigados durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez acabada la guerra, y sin una aparente razón de peso, el gobierno de Stalin anexionó unos territorios del este de Estonia a la RSFS haciendo caso omiso al Tratado de Tartu, que ya por aquél entonces era papel mojado. El gráfico de abajo muestra los territorios bálticos anexionados a RSFS.

Todo este asunto acaba cuando a finales de los 80 se da la idealizada “revolución de las canciones” en las que el pueblo báltico se une contra un enemigo común: la URSS. Entre las diferentes manifestaciones que se daban en el cada vez más abierto régimen soviético la más famosa, sin ninguna duda, fue la cadena báltica (abajo una foto), en la que ciudadanos estonios, letones y lituanos formaron una cadena humana que cruzaba los tres países. Al final el 22 de agosto de 1991, Estonia declaró su independencia conservando las fronteras que tenía ese momento, es decir, las del Tratado de Tartu menos los territorios que había anexionado Stalin a la RSFS. Esos territorios fueron reclamados en su momento y siguen siendo formalmente reclamados, si bien a Moscú por un oído le entra y por otro le sale.

Llegados a este punto me imagino que todos nos habremos hecho una pequeña idea de por dónde viene el asunto. A esto hay que añadir que hoy por hoy la sociedad estona es totalmente europea y europeísta, mirando con malos ojos casi todo lo que venga de Rusia (es una de las diferencias más notable con los letones, donde hay mucha más cantidad de población de origen ruso). Los estonios tienen una mentalidad totalmente emprendedora, uno de los factores que ha ayudado a que en los últimos años haya experimentado un enorme crecimiento económico, mucho más que sus vecinos del sur. Por otro lado, no olvidan su pasado comunista dejando algunos símbolos de la corrupción que allí hubo. Por ejemplo, en el centro de Tallín, que está totalmente reconstruido, hay un retrete que los rusos construyeron presupuestándolo en unos 150.000 euros (de los años 80); allí lo dejan con una plaquita como testimonio de la corrupción vivida. No obstante, yo mismo estuve con una rusa un viernes a las tantas de la mañana cantando el himno ruso en plena zona de copas de Tallín, y nadie nos dijo nada. Eso es exactamente lo que yo considero un “nacionalismo sano“, puesto que se consideran un pueblo y una nación independiente pero no están en contra de nadie.

Dicho todo esto, ya sólo me queda argumentar por qué opino que toda la polémica es una pantomima:

Lo primero es porque no me creo que quien haga las monedas, por muy finlandés que sea, no se haya dado cuenta de las fronteras actuales de Estonia. Es más, aún en el caso de que se trate de un error humano, antes de sacar una versión oficial se harían muchísimas pruebas que verían cientos de personas y digo yo que alguno conocería el mapa de su propio país. Así pues, el gobierno estonio está claro que conocía el “error” antes de emitir las monedas.

Igualmente, la emisión de una nueva moneda no es un secreto de estado como para que no se hubiese filtrado su diseño al gobierno ruso antes de tiempo.

Estonia ha salido beneficiada con toda esta historia porque por un lado ha dado publicidad a una reclamación histórica de la que seguramente no nos hubiéramos enterado de otra manera y por otro lado le ha permitido hacer más publicidad de sus propios euros y así vender más. Sin ir más lejos, va a sacar 50.000 ejemplares de la cartera de euros de 2010, lo cual es más del doble de la tirada de un país como España, bastante mayor y con miles de coleccionistas más.

Todas las imágenes están sacadas de Wikipedia excepto la penúltima que está sacada del foro de Imperio Numismático.

Voy a escribir una entrada rápida para recomendaros unas lecturas para estas Navidades: la revista Numisma. Se trata de una publicación bimensual dedicada al estudio numismático que se edita en castellano. En ella se han publicado artículos y ensayos de diferente naturaleza que provienen de estudios realizados fundamentalmente por académicos, aunque pensando en un público más general del típicamente universitario.

En mi opinión los trabajos tienen, en general, una calidad muy buena. Cada ensayo profundiza en un tema concreto, es decir, que nadie espere artículos en el plan de “la moneda romana”, sino más bien títulos del estilo “Problemas técnicos de la fabricación romana en la antigüedad”. No son artículos introductorio ni tampoco suelen ir dirigidos a los coleccionistas o comerciantes, sino que se centran en cuestiones históricas y buscan profundizar en un tema muy concreto. No obstante, estoy seguro de que cualquier aficionado que lleve un tiempo en este asunto encontrará material más que interesante en esta revista que le servirá para profundizar en los temas que más le gustan.

La crítica  fundamental que hago a Numisma es que no hay revisión entre pares, la cual es fundamental en la metodología investigadora o científica. Es decir, que los autores envían sus trabajos a la revista y son los editores quienes deciden si se publica el texto íntegro o no se publica nada, no se cuenta con la opinión crítica de otros investigadores para revisar y mejorar el texto que se va a publicar. Por ello, no considero que Numisma sea una revista de investigación, lo cual tampoco es algo fundamental para nuestros propósitos.

Numisma es editada por la Sociedad Iberoamericana de Estudios Numismáticos y distribuida (al menos en España) por la FNMT.  Lo mejor de todo esto es que en esta web se  encuentran  231 números de esta revista (desde su creación en 1951 hasta 1992) cuya descarga es totalmente gratuita. Yo llevo un tiempo leyéndome de vez en cuando algún artículo y calculo que en unos 20 o 30 años habré acabado con todos. Si queréis leer los números más recientes en papel lo que podéis hacer es pedirlos a la tienda del Museo de la FNMT (tienen todos los que no están en la web) o ir a alguna de las entidades que reciben la revista (aquí está la lista) y solicitar que os la dejen leer. Yo tengo bastante suerte porque se recibe en la universidad donde trabajo, así que cuando dentro e 20 años acabe de leerme los artículos on-line me pondré con las revistas en papel.

La imagen de la entrada tiene una de las pátinas más bonitas que he visto en mi vida. Se trata de 50 centavos de 1807 que se subasta en enero de 2011 dentro de la colección Tampa FUN Signature & Platinum Night US Coin Auction

Hasta hoy no se ha dedicado ningún espacio en este blog a moneda catalana, y es una pena porque hay muchos coleccionistas catalanes y otros muchos que sin serlo tienen especial devoción a las monedas de este lugar puesto que son muy interesantes. Y técnicamente, hoy tampoco se hablará de moneda catalana, sino de pellofas, que en sí no fueron monedas de curso legal, como ya se verá. Para la redacción de esta entrada me baso sobre todo en la introducción a la colección Llorenç Balsach (Aureo y Calicó 212, 7 de octubre de 2008), escrita por Dr. M. Crusafont i Sabater.

Las pellofas (también llamadas plomos, ploms, pellofes, gitons o incluso senyals) son monedas eclesiásticas incusas y generalmente de plomo que se daban a los clérigos por la asistencia a ciertos oficios religiosos en los territorios catalanes y cercanos entre los siglos XIV y XIX. Dicha esta definición, hay que decir que en ella caben la mayoría de las pellofas, pero no todas: hubo pellofas civiles, hubo pellofas en otros territorios que no son catalanes y hubo pellofas que no fueron incusas. Además, si bien muchas de ellas son de plomo también las hay de hojalata, de cobre, de latón y de aluminio. Pero aún así, yo creo que esta definición nos vale.

Básicamente, las pellofas nacieron como un método de pago a los religiosos por realizar algún oficio (misas, entierros…). Es decir, que por ejemplo los canónigos de las catedrales recibían una paga fija y luego se les daba unas pellofas durante los oficios que podían canjear a fin de mes por moneda de curso legal. Algunas fuentes, como ésta o ésta, indica que las pellofas también se daban a los feligreses, aunque Crusafont i Sabater descarta esta posibilidad. Ahora bien, es cierto que los clérigos a su vez podían dar las pellofas a la población civil que viviese fuera del monasterio como un acto de caridad o como forma de pago, sabiendo el que la recibe que podrá cambiarla por moneda de curso legal. Pero claro, el que la recibe quizá prefiera utilizarla para pagar otra cosa y que la canjee otro… y de esa manera tan simple se ve cómo las pellofas circulaban fuera de los monasterios y pudieron ser usadas como moneda local, especialmente en épocas de escasez de moneda pequeña.

En esa misma fuente se indica que el ámbito geográfico de las pellofas es más bien pequeño. Abarca Cataluña,  algunos pueblos de la Franja, Ibiza, Menorca y tres localidades de la Cerdeña catalana. También se indica que hay algunos puntos muy concretos de Europa donde se pueden encontrar piezas semejantes, como en algunas localidad del sur de Francia. En cualquier caso, estamos hablando de unas rarezas numismáticas con típico carácter catalán.

Parece ser que la mejor colección de pellofas es justamente la  de Llorenç Balsach, subastada buena parte de ella en Aureo y Calicó el 7 de octubre de 2008. Antes de la subasta la colección contaba con 2.000 piezas. También deben ser colecciones importantes la del Gabinete Numismático de Cataluña y la de Botet y Sisó; fue el propio Botet quien a principios del siglo XX (cuando circulaban ya las últimas) se dedicó a recoger y a clasificar estas piezas para evitar que se perdieran en el olvido, y gracias a él hoy se puede saber lo que se sabe sobre ellas. Por otra parte, la bibliografía más interesante sobre este tema es el propio catálogo de esta subasta y el libro “La moneda catalana local“.

En cuanto al coleccionismo de pellofas, es realmente singular, porque son piezas humildes y generalmente baratas pero que a su vez incluyen grandes rarezas y se tiene gran dificultad de catalogación en algunos casos.  A quien le gustaría tener una colección de monedas muy raras y difíciles de encontrar, pero que a su vez no le supongan un esfuerzo económico que no pueda asumir, éste es su mundo. Casi siempre salen unas cuantas pellofas en las subastas nacionales y rara vez sus remates sobrepasan los 100 euros; de hecho, muchas de ellas acaban costando menos de 20 euros. Para todos los bolsillos, vaya.

Las pellofas que ilustran la entrada se han obtenido de la subasta en sala de Aureo de 26 de octubre de 2010. Se tratan, por orden, de dos pellofas de Figueres, una de Olot y otra de Villabeltrán.

Hace unos días publiqué una entrada donde revisaba las mujeres que aparecen en la moneda circulante española. He de reconocer que la lista la he sacado de un comentario de María Teresa Siso en la introducción al catálogo de la subasta Béquer, que se ejecutó el 27 de abril de 2000 en Aureo. No lo cité explícitamente porque allí sólo se nombraban a Isabel II, Isabel I y doña Urraca, por lo que la lista no era la misma ya que yo la completé con Doña Sofía, creyendo que no había más.

El primer comentario lo hizo Isidro, indicando que en las monedas de 2000 pesetas y de 12 euros aparece también la Reina Sofía. Y efectivamente tiene razón, dejo aquí una imagen sacada de Wikipedia que lo demuestra.

También indicaba Isidro que en una de las monedas de 2004 aparece Letizia Ortiz, celebrando las bodas de los príncipes, pero Antonio le contradijo indicando que en la Orden Ministerial ECO/637/2004, donde se regula esa moneda, se indica expresamente que se trata de una moneda conmemorativa y no de curso legal. ¡Madre mía el nivel que alcanzan nuestros lectores!

El comentario de Alex se refería a que en la lista se podrían incluir las monedas acuñadas por los Archiduques Alberto e Isabel. Efectivamente, la archiduquesa Isabel Clara Eugenia de Austria, hija de Felipe II e infanta de España fue gobernadora de los Paises Bajos y aparece en numerosas monedas junto con su esposo Alberto de Austria, en una posición semejante a la que aparecen los reyes actuales en las monedas de 12 euros. Aquí abajo está Isabel Clara Eugenia pintada de forma magnífica por Rubens.

La verdad es que técnicamente esas son monedas españolas, o al menos acuñadas en el imperio controlado por el rey de España, aunque no sé por qué muchos coleccionistas no buscan estas cecas y sí las americanas. En cualquier caso, aquí abajo hay un ducatón acuñado en Amberes en 1618 que se subastó en Aureo el pasado 11 de marzo, alcanzando los 750 euros. Son una preciosidad las monedas de plata acuñadas en los Paises Bajos bajo dominio de los Austrias, ya dedicaremos algunas entradas al tema.

Otra cosa curiosa, que incluyo ya que estamos, es que hay monedas en las que aparece María I de Tudor,  segunda esposa de Felipe II y per se reina consorte de España. Fueron monedas acuñadas en Inglaterra, que no tenía nada más que ver con España más que unos reyes en común, pero bueno, aquí dejamos un ejemplo: una moneda de 1 schilling acuñada en Londres y subastada en Aureo el 16 de diciembre de 2009, subasta en la que se remató por 550 euros.

El último comentario en esta misma línea es que en Milán también se acuñaron monedas en las que aparece Mariana de Austria, segunda mujer de Felipe IV y regenta de España durante la minoría de edad de su hijo Carlos II. Por ejemplo, en la subasta de Aureo del pasado 26 de mayo se subastó el siguiente escaso ducatón con un remate en 404 euros.

Pero el comentario que realmente muestra un error a todas luces en el post anterior es el que hizo Juan Marro, indicando que hay monedas de oro acuñadas en Barcelona y Zaragoza en las que se muestra el rostro de Juana I y Carlos I. Realmente me sorprendió porque creía conocer esas monedas pero pensaba que estaban a nombre de los Reyes Católicos, puesto que en Barcelona se acuñaron monedas a nombre de los Reyes Católicos hasta mucho después de su muerte. Como ejemplo, pongo este medio trentí acuñado en Barcelona en época de Felipe III (más de 100 años después de la muerte de los RRCC) y que se subastó con la colección de Caballero de las Yndias alcanzando un precio de 1600 euros.

Pero resulta que no, que en el caso de Juana y Carlos se acuñaron monedas de oro en esas cecas a sus propios nombres. Son piezas raras y valoradas. Dejo aquí un doble principat acuñado en Barcelona de 1536 (único conocido) y otro acuñado en Perpinyá en 1522, ambos rematados en la anterior subasta por 45000 y 36000 euros respectivamente. Se puede observar en ambos que la leyenda indica IOANA ET CAROLVS REGES. Equivocación mía, pero me quedo con el consuelo de que Maria Teresa Siso también se equivocó, y es una de las personas que más saben de numismática en España, así que seguro que los lectores del blog pueden perdonármelo.


En cuanto a las monedas acuñadas en Zaragoza a nombre de Juana y Carlos, en el catálogo de Caballero de las Yndias se indica que se fundieron monedas de 20, 50 y 100 ducados, habiendo llegado un ejemplar de cada hasta nuestros días. Allí se subastó la de 50 ducados, rematándose en 90000 euros, su precio de salida. Aquí abajo la podéis ver.

Creo que con esto están todos los retratos femeninos en las monedas de curso legal españolas. Un último apunte es para decir que si antes nombro a doña Urraca antes sacan a subata una pieza suya. Efectivamente, en la última subasta de Marti Hervera y Soler y Llach (muy interesante en general, por cierto) se saca este raro dinero acuñado en Toledo con un precio de salida de 800 euros y que se remató en 900.

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