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Hace unos meses se puso en contacto conmigo un coleccionista de Valladolid que tiene una forma de coleccionar radicalmente opuesta a la mía. Eso mismo es lo que me pareció más interesante y no tardamos mucho en quedar para tomar una cerveza e intercambiar opiniones.

Resulta que esta persona (lo mantendremos en el anonimato si no es que él me diga lo contrario) coleccionaba exclusivamente errores numismáticos. Su afición comenzó como una simple curiosidad que le generó su privilegiado trabajo: era la persona encargada de encartuchar monedas en una Caja de Ahorros. De vez en cuando se daba cuenta de que había algunas monedas que no encajaban en los cartuchos, y se fijó en que tenían errores y las guardaba como curiosidad. La curiosidad pasó a ser un estudio y al cabo de un tiempo ya no sólo guardaba las que se encontraba casualmente, sino que las buscaba a propósito.

Me contaba con una mezcla de melancolía y orgullo la cantidad de tardes que había pasado entre monedas. En la Caja de Ahorros “compraba” sacos de monedas según venían de la FNMT y con una lupa y muchísima paciencia se ponía a buscar excesos de metal, giros, cóspeles rotos… luego las fotografiaba, las clasificaba y así forjaba su colección. Una colección en la que nunca jamás tuvo que gastarse un real, puesto que nunca ha comprado una moneda. De hecho, la gracia es justamente esa: forjarse uno mismo la colección, rescatando monedas que pasan de ser meros objetos de comercio a ser piezas especiales para coleccionistas.

Al final lo dejó y ahora apenas se dedica a la numismática. Había varias razones. Una de ellas es que hay muy pocos aficionados a ese tipo de coleccionismo y apenas tenía con quién intercambiar monedas o incluso con quién hablar del tema. La segunda, y quizá más importante, es que se daba cuenta de que la afición se había convertido en una especie de obsesión que le comía demasiado tiempo y que le hacía estar pensando todo el día en los dichosos errores. En ese caso, hizo lo mejor: dejarlo una buena temporada.

También dedicaba esfuerzo a la divulgación del coleccionismo de errores, aunque muchas veces de forma infructuosa. De hecho, en Valladolid puso una pequeña exposición con más de 100 errores diferentes de los 20 céntimos de 1999 de España. Además, publicó varias láminas en las que se muestran las monedas y los diferentes errores que presentan, de forma que se puede construir un álbum en el que tener las monedas bien catalogadas.

Al final pagué yo las cañas y él me dio un DVD con un montón de fotografías y monedas catalogadas por él mismo. Una auténtica pasada que aquí comparto con vosotros. Están las láminas que él realizó y cientos de errores numismáticos, entre los que se incluyen escesos de metal, rebabas, giros, roturas de cuño… Podéis descargaros las fotos con los siguientes enlaces. Que las disfrutéis:

Láminas de errores 1
Láminas de errores 2
Láminas de errores 3

Euros 1
Euros 2

Curiosidades numismáticas 1
Curiosidades numismáticas 2
Curiosidades numismáticas 3

En mi opinión Almodóvar es  uno de los pocos grandes cineastas que ha dado España, y lo es gracias a que supo aprovechar la enorme libertad creadora que había en este país durante los 80. La movida madrileña no pasará a la historia como un movimiento de gran interés técnico o cultural, pero sí como la gran oportunidad de que en España saliera a la luz la cultura underground políticamente incorrecta. Algunas de las canciones que sonaban en aquella época no tendrían el apoyo de ninguna discográfica actual, y muchísimo menos películas como las primeras de Almodóvar. Ni siquiera Almodóvar hoy en día se atrevería a producir tales películas. Si no me creéis echad un vistazo a la siguiente escena de Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón.

Una menor de edad se encapricha de una cuarentona maltratada (Lucy) y decide seguir el consejo de Pepi (que está haciendo encaje) de mear en la cara a la cuarentona, que resulta ser de Murcia. Ésta se excita sexualmente con la lluvia que le cae y todas salen satisfechas. Según avanza la película hacen una magnífica auto-referencia para explicar esa escena. También se va descubriendo que Lucy no es tan dócil como parece y que ella misma disfruta de los malos tratos propinados por su marido y por Boom. ¿Os imagináis que salga a la luz una película así hoy en día? Posiblemente fuese censurada por las autoridades, si no directamente sí indirectamente, cortando de raíz todas las subvenciones a la productora.

En la película de La Ley del Deseo las escenas son más sutiles, pero el argumento bastante duro también. Tenemos a triángulo amoroso entre homosexuales y tenemos que uno de ellos mata por deseo y por celos, que no por amor. Eso ya sería intolerable en el día de hoy, pero a ello le podemos añadir que se presenta un personaje femenino que se cambió voluntariamente de sexo cuando era un niño sin más objetivo que para poder tener relaciones incestuosas con su padre. Os dejo una escena.

En esta película se ve cómo el deseo trastoca totalmente la naturaleza de los personajes, deformándolos hasta el punto de que pierden su propia esencia y llegan a los más horrendos actos: lujuria, incesto, asesinato… En el caso de la numismática, también se han visto algunos casos en los que se han perturbado las personas por el impuso irrefrenable del deseo, si bien no hasta el punto al que llegan los personajes de Almodóvar, claro está. Pero es que no controlar el deseo es la forma más sencilla de convertir el coleccionismo en una obsesión, perder dinero y a medio plazo abandonar asqueado la afición.

Tal y como nos muestra Almodóvar, cuando se desea algo se hace cualquier cosa por obtenerlo a corto plazo, y eso desvirtúa la colección, que debería reflejar el fruto de un trabajo llevado con paciencia durante muchos años. A mi entender una colección no se debería hacer a base de poner grandes cantidades de dinero para hacerse con las piezas, ¡eso no tiene mérito! Yo creo que es más divertido entenderla como un conjunto de monedas que poco a poco van mejorándose y que, a muy largo plazo, lucirán una gran calidad.

Pero es muy común que al empezar una colección se quiera abarcar un periodo determinado (pongamos por caso El Centenario de la Peseta)  y lo normal es empezar por las baratas con la intención de tener una de cada una de las piezas que vienen en el catálogo en calidad BC+ o mejor. Al cabo de un año o dos lo normal es tener casi todos los huecos cubiertos, pero las piezas que faltan son las más raras (2 pesetas de 1891, 1 peseta de 1881, 1 peseta de 1884…).

Ahí es donde puede empezar el deseo: faltan cuatro piezas y hay que conseguirlas, hay que conseguirlas como sea. Yo nunca he llegado a ese punto, pero conozco gente que sí; mi recomendación es que paren, recapaciten y se lo tomen con mucha más calma. Eso sólo puede hacer que el deseoso comprador pierda dinero (se han dado casos de tener verdaderos problemas familiares por esa causa) y que cuando se dé cuenta coja manía a la numismática o la tenga que abandonar como única cura posible a su problema. Mi experiencia me dice que ese dinero perdido se puede dar por las siguientes condiciones:

Al desear una moneda se tiende a sobrestimar su calidad porque no se tiene la sangre fría como para observarla con detenimiento y encontrar sus fallos. Eso puede hacer que paguemos una moneda como EBC sin ser más que un MBC/MBC+. O más difícil todavía: será difícil contener la sangre fría para distinguir un EBC+ de un SC, y ya vimos que eso puede suponer mucho dinero.

Las prisas en encontrar una moneda pueden hacer que aparezcan intermediarios. Por ejemplo, un vendedor puede que no tenga una peseta de Benlliure, pero sí saber quién puede proporcionármela. Si tiene un cliente deseoso por conseguirla quizá se la pueda ofrecer, pero a un precio elevado porque tendrá que pagar la moneda y además llevarse su comisión.

Los vendedores utilizarán tu deseo para hinchar el precio. Es evidente que no es lo mismo llegar a un vendedor y preguntarle qué te ofrece, que le comprarás lo que sea siempre y cuando esté a buen precio, que llegar y decirle “estoy buscando la peseta de 1884”. Si resulta que la tiene ya sabe que el deseoso comprador está dispuesto a pagarla cara, así que la pagará cara.

El deseo no permite jugar con la volatilidad del mercado. Quizá resulta que lo que hoy se paga a 100 dentro de seis meses se paga a 80. También puede ocurrir que lo que un amigo nos ofrece hoy por 1000 dentro de dos años se quiera deshacer de ello (quizá porque lo tenga repetido o porque le haga falta el dinero) y nos lo ofrece a 600. Pero el que desea algo y lo quiere en ese instante lo normal es que lo pague caro.

Con todo, mi recomendación es la misma que la que hice aquí y aquí: no hay que tener una lista de monedas que faltan y que hay que conseguir, sino comprar moneda que ofrezcan a buen precio; este consejo me lo dio un amigo al poco de empezar en esto y seguirlo me ha hecho salvarme de muchos palos. A base de tiempo, se conseguirá tener una buena colección sin haber gastado dinero de más. Esto no quita que, evidentemente, nos podamos dar un capricho de vez en cuando (todos lo hacemos), pero cuando lo hagamos tenemos que ser conscientes de ello y de que estamos pagando por la moneda más de lo que vale.

Como ya sabéis yo sólo colecciono moneda española antigua, centrándome sobre todo en el Centenario de la Peseta y en Franco. No obstante, me gusta conocer un poquito otros mundos numismáticos, bien por conocer otros mercados o por simple y llano placer de contemplar monedas. Estoy de acuerdo con Carlos en que muchas veces los coleccionistas pequemos de poca diversificación, y creo que yo también caigo en ese error, aunque intento ponerle remedio.

La cuestión es que entre las monedas que no colecciono, pero que considero un mundo muy interesante, están los errores numismáticos. Es un tipo de coleccionismo bastante curioso para quien se dedica a las monedas actuales, porque puedes encontrar piezas para tu colección en tu propio bolsillo, o puedes comprar monedas en flor en el Banco de España y dedicarte a buscar errores. Por eso mismo, una colección de errores de euros puede ser apropiada para niños, aunque hay muchísima gente adulta que los colecciona.

Uno de ellos es Héctor Álvarez, un coleccionista asturiano que se puso hace poco en contacto conmigo y gentilmente me regaló unas monedas de euros con error. Siendo sincero, tengo que reconocer que en un principio no pude percatarme de los errores que tenían las monedas, puesto que yo estoy acostumbrado a errores vistosos, como reversos girados, hojas, grandes roturas de cuño… pero entonces vi las entradas de Héctor en el foro de Imperio Numismático (de donde están sacadas las imágenes que ilustran la entrada) y me fijé en los detalles que el ojo experto de Héctor detectó sin ayuda de nadie.

Todos estos detalles se deben fundamentalmente a pequeñas roturas de cuño que hacen que las piezas no queden perfectas. El hecho de que se consideren o no errores es ya otro tema aparte, pero está claro que hay gente que colecciona estas monedas y que Héctor tiene sus clientes. También está claro que la calidad de los cuños españoles nunca ha sido excelente… no entiendo por qué en este país no se puede acuñar moneda de calidad.

Por último, quisiera apuntar que no existe ningún catálogo de errores de monedas de euros, lo cual dificulta (pero a su vez hace más loable) su detección y clasificación. Héctor mismo me ha dicho que está haciendo uno, para lo cual busca ayuda y aportaciones, si alguien quiere ponerse en contacto con él su correo es

hectoralvarezhotmail.com

También vende monedas en eBay.

Es curioso que ya es el segundo lector del blog que está pensando en escribir su propio catálogo. Ya dije que esos coleccionistas era a los que más admiraba. Yo en vez de un catálogo escribo un blog, al menos me entretengo y me lee la gente xD

El timo del codicioso (yo mismo lo he bautizado) es la versión numismática de los engaños que Paul Newman practicaba jugando al billar en The Hustler y en The colour of money. Además, al igual que en esta última película, el timo se puede hacer a gente experimentada, puesto que es condición humana que cuando te dejan ganar dinero fácilmente te crees más listo que el otro, y es entonces cuando subes la apuesta y bajas la guardia, permitiendo que te timen.

A Enrique le pasó una vez, y eso que ya había visto a varios amigos caer en la misma trampa. Resulta que un tipo le compró varias monedas por eBay, pagándoselas de inmediato y siendo muy amable. En un par de semanas, el tipo se volvió a poner en contacto con Enrique y le pidió otras cuantas monedas. Enrique le pidió por ellas 600 euros y el tipo sólo le regateó hasta 570, dejando un amplio margen de beneficio para el vendedor. Al poco tiempo Enrique vuelve a tener noticias de su amigo, quien resultó haber revendido todas las monedas que había comprado y, como tenía un cliente que quería más, le volvió a pedir monedas, esta vez por valor de 1000 euros.

Enrique estaba encantado con su nueva amistad ya que le estaba haciendo ganar mucho dinero en poco tiempo, y así es muy fácil hacerse amigos.

En otras dos semanas el tipo había vendido de nuevo todas las monedas y le pidió a Enrique un lote mayor, de 4000 euros. Con esa venta Enrique podía ganar mucho dinero, pero tenía que aceptar la condición de que, como el otro tipo era un currito y no tenía dinero en efectivo, le tenía que dejar las monedas para cobrarlas en cuanto hubieran sido vendidas. A Enrique no le hacía mucha gracia, pero aceptó debido a que ya le había hecho muchas compras y en todas había salido bien parado, era un tipo de fiar.

50

El final de la historia ya os lo podéis imaginar ¿verdad? Efectivamente: no volvió a saber nada de ese hombre ni vio los 4000 euros que le debía. Había sido timado por un supuesto colega al que ni siquiera había conocido en persona.

En frío a tomo el mundo que nos cuentan la historia nos parece evitente que eso iba a acabar en un timo. Sin embargo, más de uno y de dos experimentados coleccionistas han caído en la misma trampa, al igual que cae Paul Newman en la película de “The colour of money”. Se ve que es parte de la condición humana creerse más listo que el de enfrente.

Hace unos meses Enrique compró a un coleccionista (llamémosle Pedro) una moneda sin circular a más o menos el precio de mercado de la moneda. Al decir Pedro que tenía un cartucho entero de esas monedas y que las estaba intentando vender, Enrique se ofreció a comprárselas por 70 euros cada una, de forma que ambos tuvieran un margen razonable de beneficio. Pero no, Pedro no quería venderlas por menos de 110 euros cada una, lo cual era incluso más del precio por el que Enrique le había comprado la pieza. Enrique intentó hacerle entender que aquello no tenía ningún sentido, pero Pedro se mostraba totalmente inflexible y no quiso bajar ni un euro, así que no se hizo la venta.

Pasaron seis meses y Enrique recibe una llamada de Pedro, diciéndole que le vendía las monedas. Resulta que al parecer, el querido Pedro no había vendido ni una más desde entonces y necesitaba dinero, por lo que se veía obligado a venderlas. Y aquí tenemos que Pedro cometió dos errores:ser avaricioso y vender por necesidad. Así que como ahora tenía la sartén por el mango Enrique se ofreció gustoso a comprarle un buen taco de monedas, pero pagándoselas a 45 euros cada una, oferta que Pedro tuvo que aceptar vendiéndole 20 de ellas.

Lo más alucinante es que cuando se las vendió, Pedro le dice que el cartucho (que contenía 50 piezas) se lo habían vendido por  120 euros. ¿¡Cuánto margen de beneficio esperaba sacar Pedro!? Enrique de primeras le ofreció 3500 euros por algo que le había costado 120, ¡¡y le parecía poco!! Al final obtuvo 900 euros por 20 de ellas, lo cual no está nada mal, pero que es 500 euros menos de lo que hubiera pagado por ellas seis meses antes.

La moraleja de la historia es que si alguien te ofrece un dinero por unas piezas con el que saques una ganancia razonable, cógelo, y si no lo haces que sea porque sabes que eres capaz de venderlas más caras. No hay que confundir el precio de mercado de una moneda con el precio por el que a ti te la pagarían, pero eso da para otra entrada.

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