La Navidad es una época entrañable en la que la tradición católica ha abierto la puerta al consumismo más salvaje. Hay que regalar cosas a los amigos, familiares y allegados para demostrar lo mucho que les queremos. No importa qué les regalemos, la cuestión es habernos gastado dinero pensando en ellos, que es de los actos más bonitos que se pueden hacer hoy en día. Resulta que de entre todos los que en estas fechas hacen regalos de Navidad hay algunos que regalan monedas, que me parece a mí que puede ser un regalo socorrido (se lo puedes regalar a casi todo el mundo) y bastante original (muy poca gente las regala).

Las monedas pueden ser un regalo muy didáctico para niños. Ya he comentado lo interesante que veo la numismática para los benjamines de la familia; si se les regala un pequeño álbum de monedas y un puñado de unas 300 piezas variadas de todo el mundo, el lote puede andar por los 20 o 30 euros. Después tendremos un enorme “trabajo” de clasificación de las monedas por países, de enterarnos dónde están esos países, qué animales o plantas aparecen en ellas… mucho tiempo que se puede compartir con los niños con un juguete educativo low-cost. Si al muchacho le motiva más adelante se le puede regalar otro puñado de monedas ¿por qué no?

Un regalo más pensado para adultos sería regalar Bullion, como el año pasado recomendaba Krugerrand. No obstante, a mí no me resulta un regalo muy apropiado. Por un lado porque no me llaman nada las monedas actuales de metales nobles y por otro porque creo que los precios de los metales nobles están muy altos ahora y no saldría nada barato el regalo.

En ese aspecto creo que sería más adecuado regalar una moneda antigua de plata, mejor aún si es de módulo grande, porque suelen ser más vistosas para quienes no son coleccionistas natos. Si la persona a la que se regala la pieza es aficionado a la historia o le gusta un periodo determinado por alguna razón se le puede regalar una pieza de ese periodo. Por ejemplo, si resulta que le gusta el Western, aunque no le llame nada la numismática, un Mongan Dollar como el que se muestra abajo sería un regalo barato y que seguramente le hiciese gracia.

Por último, y por raro que parezca, no recomendaría regalar una moneda a un coleccionista. Esto se debe a que una colección es algo muy particular y nadie sabe mejor que el propio coleccionista qué le falta o qué le interesaría tener. Si esa falta es una moneda barata y fácil de conseguir entonces lo normal es que el coleccionista ya se haya hecho con ella; por eso, regalar una pieza que le falte a un aficionado no suele ser ni fácil ni barato. En mi opinión, si se quiere hacer un buen regalo a cualquier coleccionista lo mejor es incrementar su biblioteca: seguramente hay algún manual que no sea muy caro y que todavía no tenga. A cualquiera que le guste la numismática le encantará como regalo un manual sobre monedas, aunque sea de periodos que él no coleccione o por los que todavía no se haya interesado. En este blog ya han aparecido unos cuantos pero hay muchos más que son del interés de cualquier aficionado.