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Me vais a tener que perdonar que en esta nueva entrada sobre los museos numismáticos que visito resuma a base de bien, quizá en exceso. Esto es debido a que voy a hablar de la mejor colección de monedas que han visto mis ojos hasta la fecha. Se trata de la colección numismática perteneciente al museo Bode de Berlín.


Este museo se encuentra en la famosa isla de los museos, una espectacular plaza en la que se encuentran cinco de los más importantes museos arqueológicos del mundo. Me imagino que todo el que haya ido a Berlín haya pasado por esta plaza, aunque sólo sea para visitar el museo de Pérgamo, y el que no haya ido todavía, cuando se acerque será lo primero que le ofrezcan. De esos cinco espectaculares museos el más escondido y el menos reconocido es justamente el museo Bode, quizá porque su colección más amplia es la de escultura y no es tan espectacular como las pertenecientes al Museo Nuevo (que, entre otras cosas tiene el busto de Nefertiti) o al propio Pérgamo (cuya colección es tan espectacular que soy incapaz de destacar una obra por encima de otras treinta). No obstante, esa colección de escultura merece mucho la pena al igual que la colección de arte bizantino y, como no, la colección numismática; pero como veis, se tratan de colecciones dirigidas a un público más restringido que otros museos; vamos, que a priori hay más gente interesada en la colección de arte egipcio del Museo Nuevo que en una colección de arte bizantino.


Centrándonos en cuestiones numismáticas, la colección es absolutamente espectacular, totalmente inigualable. Por cantidad tiene la asombrosa cifra de 500.000 objetos, entre las que hay 102.000 monedas griegas, 50.000 romanas,  35.000 orientales e islámicas, 160.000 europeas desde la Edad Media hasta el siglo XIX, 25.000 medallas, 15.000 objetos de acuñación… Evidentemente no toda la colección está expuesta en el museo, pero el visitante puede ver una colección de decenas de miles de monedas en una calidad totalmente extraordinaria. Y es justamente esa calidad la que más me sorprendió, porque si ya es difícil encontrarse un sestercio en perfecto sin circular, observar varias vitrinas en los que había cientos de ases, aureos y sestercios imperiales a los que no se les encuentra desgaste alguno, ni ningún arañazo por mucho que se les mire es algo que se puede hacer en muy pocos lugares del mundo.


Personalmente a mí las piezas que más me gustaron fueron los tetradragmas griegos y los aureos imperiales. Ya sabéis que no entiendo nada de numismática clásica (ya lo intentaré poner remedio), pero los tetradragmas son monedas preciosas, y los aureos son lujosos donde los haya. Evidentemente, me fijé especialmente en las monedas españolas, entre las que se exponían macuquinas, un cincuentín, bastantes reales de a 8 de diferentes reyes, varias monedas de 8 escudos y otras piezas de oro, e incluso algunos castellanos y morabetinos medievales. Tampoco faltaba una amplísima colección de moneda alemana con una calidad de quitarse el sombrero.


Las fotos  que ilustran la entrada las hice yo mismo en el museo, en el que estuve un par de horas disfrutando de estas joyas. Si queréis ver más fotos os recomiendo que os paséis por el catálogo on-line de esta colección numismática, así podréis apreciar con más detalle las monedas. En el catálogo on-line sólo se muestran unas 11.000 monedas, que no es que sean pocas, pero sólo representan 1 de cada 50 objetos del total de la colección. Si os parece mal que no estén todas y queréis que pongan más podéis dar un donativo para tal fin adoptando una moneda. ¡No diréis que no es una iniciativa original!










Hace mucho que no se habla en este blog de la excelente bitácora de A.C. Dwyer, pero para el tema de hoy viene estupendamente, igual que otro de los mejores blogs numismáticos que conozco, el de Susan Headley. Concretamente, en esta entrada y en esta otra se hace una reflexión muy buena sobre el modelo de negocio seguido por diferentes vendedores y cómo esto puede influir en lo que ellos nos ofrecen y el precio al que nos lo ofrecen. En la presente comento mi punto de vista sobre el asunto, entendiendo a los profesionales como revendedores, es decir, que no analizo el valor añadido que dan a su producto (lo cual se discutirá en otra entrada).

Básicamente, el modelo de negocio de cualquier numismático profesional tiene como objetivo comprar monedas a un precio, venderlas a un precio mayor e intentar no arruinarse mientras tanto. Pero la manera de llevar a cabo esta compra/venta varía significativamente de unos profesionales a otros. Yo creo que se podrían hacer dos grandes grupos de comerciantes: el que retiene moneda y el que intenta no retenerla.

En España los numismáticos que retienen moneda suelen ser profesionales que se dedican a comprar y vender moneda muy barata (actuales, monedas del Rey y de Franco…), por lo que no dejan de ser numismáticas pequeñas. En España hay pocas numismáticas grandes que “tengan de todo” para cuando alguien se lo pida, pero en otros países sí que hay algunas. Su negocio está claro: compran moneda buena y rara a un precio barato y esperan el tiempo que haga falta hasta que aparezca un interesado, momento en el que se la venden a un precio significativamente mayor. Son empresas grandes con un capital de varios millones de euros, que tienen empleados y que gastan dinero en publicidad.

Otro tipo de numismáticos, mucho más comunes en nuestro país, no tienen ningún interés en retener moneda durante mucho tiempo. Ellos lo que buscan es comprar una pieza y deshacerse de ella en un periodo muy corto de tiempo obteniendo un margen que en principio es menor que las empresas del caso anterior. El volumen de la empresa es mucho menor y también el flujo de dinero, pero como se tratan de microempresas que muchas veces no tienen empleados y escatiman en gastos todo lo posible, pueden obtener beneficios interesantes también.

Yo recomendaría a cualquier aficionado a la numismática que se relacione con profesionales de forma habitual a que conozca su modelo de negocio. Hay que saber en qué está pensando el profesional cuando quiere hacer un trato contigo, así no estarás en desventaja a la hora de cerrar el acuerdo; y también aceptarás las limitaciones de unos y de otros y sabrás si estás dispuesto a aceptarlas o no.

Por ejemplo, imaginémonos que Enrique quiere comprar el precioso didragma que se muestra arriba (¡quién lo pillara!). Para ello  fácilmente puede encontrar la dirección de una gran empresa de monedas americana, puesto que sólo tendría que ojear alguna publicación de la American Numismatic Association (ANA) y ahí tiene información y publicidad más que de sobra. Puede ponerse en contacto con algunas de esas empresa que tienen decenas de millones de euros retenidos en monedas y seguramente le proporcionen la moneda que busca o una similar, teniéndola en su casa en una semana.

La segunda opción que puede barajar Enrique es  buscar a un numismático más pequeño pero que conozca el mercado y se mueva en él para que le busque la moneda. La primera dificultad será encontrar al numismático, puesto que éste busca la reducción de costes y no gasta mucho en publicidad, y la segunda en dejarle claro que se conoce la pieza y tenemos un precio estimado para la misma. Es altamente improbable que este numismático vaya a tener esa moneda, o alguna muy semejante, en stock; recordemos que su negocio consiste en comprar y vender rápido y no le interesa retener mucha moneda, por lo que quizá sólo tenga unas pocas decenas de miles de euros retenidas en monedas. Pero la promesa está en que la buscará e intentará encontrarla a un precio razonable, de manera que pueda ofrecerla barata ganando él un porcentaje. Claro, que quizá haya que esperar varios meses, o incluso algún año, para hacerse con la moneda.

Dwyer resume muy bien la controversia: paciencia y buen precio contra inmediatez y precios más altos. Que cada cual elija lo que quiera.

Un último apunte es que muchos aficionados también tienen una estrategia de inversión numismática definida que no está de más conocer cuando hacemos tratos con ellos. Esa estrategia se puede resumir también en los dos casos anteriores: gente que tiene de todo (o de todo de un periodo determinado) y caro, gente que tiene poca cosa pero que te lo puede dar barato. Yo claramente me comporto como el segundo tipo, más que nada porque no tengo mucho capital para tener retenido en monedas. Cuando me preguntan si tengo algo, pues generalmente les tengo que decir que no pero que consultaré a algunos amigos a ver si se lo pueden dejar barato. Para tener que ofrecerlo caro mejor no lo ofrezco. Cada cual tiene su estilo.

Las monedas que se muestran se subastaron el pasado día 12 de octubre en Gorny and Mosch. Se tratan de un didragma de Herakleia, un tetradragma de Azbaal, un dupondio de Nerón y un aureo de Vitelio.

Llevaba un tiempo dando vueltas a escribir una entrada dedicada a la adopción (o mejor, la falta de adopción) de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las empresas numismática, y el comentario de Pedro, junto con el siguiente debate en este hilo me ha animado a hacerlo pronto. Como va a dar para bastante, y para no cansar en exceso, lo dividiré en dos entradas. La de hoy la dedico a echar un vistazo a las características de la numismática y cómo algunos empresarios utilizan las TIC en este mundo. Evidentemente, mis comentarios hay que tomarlos con cuidado: esto no es más que una pequeña reflexión, no es un plan de empresa ni mucho menos. Un estudio serio sobre la materia supondrían meses de trabajo dedicado.

Lo primero que hay que decir, y en eso me imagino que estemos todos de acuerdo, es que la Web ha cambiado el mundo y lo seguirá cambiando en los próximos años. Miles de kilómetros, que hasta hace poco eran una distancia insalvable ahora están a distancia de un gesto con la mano; es posible comunicarse con millones de personas en todo el mundo; es posible acceder a tal cantidad de información que no podemos absorber ni la millonésima de la millonésima parte; es posible publicar información de forma gratuita y que te lean cientos de usuarios a diario…

Pero la Web no sólo ha supuesto un cambio tecnológico, sino también un cambio cultural sin precedentes. Hay gente, como yo, que usamos los ordenadores para trabajar y para el ocio, de forma que entre una cosa y otra pasamos tanto tiempo delante de una pantalla como fuera de ella. Somos una generación para la que comunicarnos a través de Internet es tan natural como hacerlo cara a cara; sin ir más lejos, muchísimas veces mando un correo electrónico para dar un recado a gente que veo a diario.

Todos estos cambios tecnológicos y culturales dan lugar a cambios en los modelos de negocio que ya han conseguido transformar totalmente y de manera irreversible muchas industrias. El mejor ejemplo y el más cercano es la industria discográfica, y otra que se transformará radicalmente en los próximos años es la comercialización de libros, gracias a los libros electrónicos (por mucho que el Ministerio de Cultura se empeñe en poner puertas al campo). También han aparecido empresas radicalmente nuevas, que no eran imaginables hace pocas décadas y que han supuesto beneficios para unos y pérdidas para otros de auténticas millonadas: eBay, Facebook, Terra, Google, WordPress

Pero esto no significa que adoptar las TIC en una empresa sea una cuestión sencilla. No hace falta más que hacer una pequeña búsqueda para darse cuenta de la cantidad de barreras que hay para introducir las TIC en las PYMES. Como la inmensa mayoría de las empresas numismáticas son PYMES, o incluso microPYMES,  pues conseguir que se adapten a las TIC no se hace en una tarde.

Pero, a todo esto ¿Es realmente conveniente que las numismáticas utilicen las TIC? ¿tiene sentido un cambio en el modelo de negocio? ¿es más lo que se gana que lo que se pierde? Pues mi opinión es que sí, pero la opinión de otros es que no. A ver si entre esta entrada y la siguiente sacamos suficiente discusión como para llegar a alguna conclusión.

Lo primero que hay que hacer es diferenciar entre las numismáticas. A groso modo las dividiría en dos, dependiendo de los clientes en los que se centra: en el primer grupo estarían las numismáticas que venden moneda actual (euros, conmemorativas, países extranjeros) a precio de catálogo a pequeños coleccionistas; en el segundo grupo entrarían las que se dedican a la venta de moneda antigua a coleccionistas más avanzados. Evidentemente, el perfil de cliente al que acceden es totalmente diferente y eso hace que sus empresas difieran muchísimo.

Mi opinión es que las numismáticas que entran en el primer grupo van a desaparecer de las calles casi en su totalidad. Se dedican a vender a gente que no conoce el mercado, ni accede a la Web para conocerlo, y hacen pequeñas compras. También dan de vez en cuando el palo a algún cliente incauto. Este modelo de negocio está abocado a la extinción porque ¿qué ventaja tiene para el cliente comprar una moneda conmemorativa en la numismática del barrio en vez de comprarla a mitad de precio en una Web? Creo que esta cuestión está clara, pero lo interesante son aquéllos numismáticos que venden moneda antigua, la cual no es tan fácilmente comparable.

Los numismáticos que venden moneda antigua son gente que conoce muy bien el mercado y conoce muy bien a los clientes. Sabe qué quiere cada uno y sabe cuánto está dispuesto a pagar, así que sacará de cada uno lo máximo que pueda. La venta es totalmente personalizada, el trato también y el comportamiento también. No es lo mismo que les vaya un joven que cobra unos mil euros y está empezando una colección de duros de plata que si va un cliente de toda la vida que tiene bastante dinero y cuenta con una buena colección de sestercios. A cada uno habrá que hablarle y aconsejarle de una manera, y siempre en beneficio del numismático.

Hay algunos numismáticos de este estilo que directamente no quieren saber nada de la Web, y te dicen hasta con cierto orgullo que ellos no trabajan por Internet pero que van a muchas convenciones. Yo realmente me quedo sorprendido con este tipo de comentarios, es como si un general de la Segunda Guerra Mundial hubiera armado con mosquetes a sus tropas porque no le gustan las nuevas tecnologías. De hecho, visitar la web de la Asociación Española de Numismáticos Profesionales (AENP) es desolador, tanto por la web en sí como si se ve la lista de numismáticos y se descubre que muchos de ellos ni siquiera tienen correo electrónico. ¡Madre mía! En cualquier caso, todo hay que decirlo, hay muchos numismáticos que se han apuntado a vender por eBay, si bien suelen poner ahí sus piezas más baratas por motivos que ya se han comentado. También algunos tienen una página web, como ésta o ésta, pero se pasan meses sin actualizarlas por lo que supongo que mucha importancia no les darán.

En otras palabras, se puede ver que hoy en día hay numismáticos que no  hacen uso para nada de la Web en sus negocios y otros que, aunque sí lo hacen, no es algo nuclear en su empresa, sino un medio de comunicación más. Una más que digna excepción es Pulifil, donde se mantiene un blog que se actualiza cada poco y de esa forma se atrae a posibles compradores, digo yo.

Las imágenes que ilustran la entrada son todas macedonias y están tomadas de la subasta de Helios Numismatik del próximo 25 de junio. Se tratan de un estátero de oro de Philipo II,  un tetradragma de Philipo II, un tetradragma de Alejandro III y un estátero de oro de Alejandro III. Salen por 4500, 3000, 600 y 1500 euros respectivamente, por si alguien se anima…

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