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En el Foro de Imperio Numismático hemos tenido estos días un interesante debate sobre la utilidad de los precios marcados en los catálogos. La opinión que yo defendía ya os la podéis imaginar los que seguís el blog habitualmente: esos precios no sirven para nada.

Los argumentos que proporcionaba son los que suelo dar siempre: el precio de mercado varía y el del catálogo no, hay muchos detalles que afectan al precio de la moneda y en el catálogo no se indican y, sobre todo, que son los editores los que ponen el precio que les conviene. No obstante, Rubén (a quien tengo una enorme estima) defendía la idea de que los catálogos dan a los principiantes una primera estimación del precio de las monedas y que, aunque no sean la mejor fuente, para empezar no está mal.

Según avanzaba la conversación, estas dos posturas se iban acercando, también con ayuda de gogol13 y de divx2k3. La técnica de divx2k3 era interesante: lo que hace es seguir las monedas que le interesan en eBay y una vez que ha visto cómo se rematan unos cuantos ejemplares, se puede hacer una idea del precio de la pieza. Esta técnica tiene el enorme inconveniente de que, como comentó Luis, muchas veces los precios de las subastas de eBay no son reales. No obstante, para ciertas monedas (como los euros) podría valer. Yo hago algo parecido pero en subastas oficiales, lo cual tiene sus ventajas.

Pero Rubén seguía sin estar satisfecho con nuestros argumentos y seguía subrayando que, en ciertas ocasiones, los catálogos pueden ser de ayuda. Esas ocasiones son, por ejemplo, cuando alguien no es experto en una serie concreto y/o cuando las monedas son baratas, puesto que no se subastan monedas que valgan dos euros. Ciertamente, al final tuve que dar a Rubén su parte de razón. El siguiente párrago lo escribí aquí:

“Para saber tasar monedas hay que ver precios de esas monedas. Muchos precios. En el catálogo se indica UN precio, pero el catálogo no es ninguna autoridad. Evidentemente, es mejor tener un precio que no tener ninguno, pero con un solo precio poco hacemos. Podemos ir al mercadillo de nuestra ciudad y veremos más precios, pero el mundo es mucho más grande. También podemos ver los precios en eBay, pero todos sabemos las desventajas que tiene eBay en cuanto se venden monedas de calidad. También nos podemos dedicar a ver los precios que ponen los profesionales en sus webs y los aficionados que vendemos alguna moneda para pagarnos la colección. También podemos ver los remates de las casas de subastas…. Si vemos todo eso al final veremos muchos precios. Con ellos podremos tener un algoritmo que nos sirva para tasar las monedas y ver hasta dónde estaríamos dispuestos a pagar“.

Rubén se mostró totalmente de acuerdo y concluyó con lo siguiente:

“Es mejor tener un precio que ninguno, es conveniente empezar con un catálogo con el que aprender a ver la tasación de monedas pero hay que recordar siempre que es un precio que en ningún momento es un estándar y nos vamos a encontrar con variaciones. Aprender a jugar con ellas es lo que hace la experiencia“.

Así pues, creo que queda claro que los precios de los catálogos pueden ser útiles pero hay que tomarlos con cudado y, sobre todo, entender que no son una autoridad. Es un precio, de los múltiples que pueden tener los ejemplares de ese tipo de moneda. Tomar los precios de los catálogos como autoridad y creerse que lo que dicen los editores va a misa es algo que ha hecho mucho daño a la numismática, e incluso ha obligado a algunos autores a inventarse precios de las monedas que están en sus catálogos cuando son compendios históricos.

Otro consejo más que también salió en la discusión: si os encontráis al clásico vendedor de chatarra que saca el catálogo de los Hermanos Guerra y os pone las monedas al precio de ese catálogo le decís de mi parte que primero os venda un duro de 1871 (18-73) en calidad sin circular al precio de ese catálogo y a partir de entonces os creéis los precios del catálogo.

Finalmente, quisiera remarcar la conclusión epistemológica del asunto: para aprender hace falta no creernos que tenemos toda la razón del mundo y siempre hay que dialogar, debatir y buscar un consenso. Es la forma más rápida, divertida y aficaz de aprender. Por otra parte, no hay que creer en las autoridades y siempre hay que mantener una postura crítica, es la única forma de que avance el conocimiento. Una de las causas principales de por qué avanza la ciencia tan rápido es porque no hay una autoridad clara, no hay nadie que pueda decir: “Esto es así porque lo digo yo” o “Esto es así porque siempre ha sido así”. No, los científicos son (¿somos?) críticos por naturaleza, y es justamente adquirir esa capacidad crítica uno de los aspectos más costosos cuando se quiere ser científico. En la numismática igual: siempre hay que mantener una postura crítica venga la afirmación de quien venga. Evidentemente unos tienen más peso que otros y no es lo mismo que yo diga que tengo un duro de 1871 (18-72) a que lo diga Cayón. Pero nadie está libre de equivocarse, y al parecer hasta Gemini y NGC se pueden equivocar.

Saber tasar las monedas es para un numismático como dibujar a un pintor: una cualidad básica; por eso la tratamos con bastante detalle en el blog. Hoy voy a comentar en esta entrada los cuatro pasos básicos de una tasación. La idea es que queden claros para que después haya más entradas que detallen cada uno de ellos.

Así pues, para tasar una moneda hay que seguir los siguientes pasos:

Identificar la moneda. Obviamente es lo primero que se debe hacer, y para ello lo mejor es contar con una buena colección de catálogos especializados. Ya se ha comentado que los catálogos no son buenos consejeros para tasar las monedas, pero sí para identificarlas, sobre todo si son catálogos especializados, sobre los que ya se hablará. También es cierto que muchas de las monedas que no será necesario este paso para muchas de las monedas que caigan en nuestras manos, puesto que si conocemos el tipo de monedas deberíamos ser capaces de identificarlas a simple vista. Por cierto, en el foro de identificación numismática hay usuarios que de forma gratuita ofrecen sus conocimientos para identificar monedas (de ese foro está sacado el dirham almohade anonimo que ilustra esta entrada).

Comprobar errores. Una vez identificada, hay que observar bien la pieza para ver si presenta algún tipo de error o variante. De nuevo se pone de manifiesto que hay que conocerse las variantes numismáticas, así como tener buen ojo y experiencia en detectar errores de exceso de metal, cuños rotos u otros. Si son monedas antiguas también habrá que comprobar su peso y fijarse bien en los detalles para asegurarse de que la moneda no es falsa.

Valorar la moneda. Para mí ésta es la etapa más difícil, la más delicada y la más polémica. Hay que saber valorar bien una moneda para poder compararla con otras y determinar con certeza su calidad. No vale auto-engañarse, porque todos tendemos a sobreestimar nuestras monedas; hay que ser sinceros y fijarse bien en todos los detalles, puesto que tasar una moneda en EBC+ o en SC puede hacer que doble el precio. Por supuesto, también hay que tener en cuenta la calidad de acuñación, el que esté más o menos centrada (en caso de ser antigua), si ha sido o no limpiada, si ha estado colgada, si presenta manchas de óxido, si tiene brillo original, cómo está la pátina…

Creo que un buen ejercicio es ver las monedas que se subastan en Aureo & Calicó o en Marti Hervera y Soler y Llach e intentar determinar (sin haberlo visto antes) la calidad de las monedas. Claro está que no es lo mismo ver una imagen en grande que mirar una monedita con lupa, pero ya es una ayuda.

Poner precio a la moneda. Quizá este sea el paso más sencillo si se han hecho bien los anteriores. Para ello no hay más que encontrar una subasta en la que se haya vendido una moneda del mismo tipo de la que tenemos y con una calidad semejante. Para ello, de nuevo hay que tener una buena colección de catálogos de subastas (ya dijimos que no valen los catálogos que venden en las numismáticas) e irlos mirando hasta que encontremos la moneda que buscamos. Si no la encontramos se puede buscar una moneda semejante en cuanto a rareza (fiándonos delos catálogos convencionales) y de una calidad muy similar.

Otro buen ejercicio para este último paso es ver las monedas que se subastan en Aureo & Calicó o en Marti Hervera y Soler y Llach e intentar adivinar el precio en el que van a acabar.

Está claro que estos cuatro pasos no se hacen en cinco minutos, y además hay que entender del tema para hacerlos. Ese es uno de los motivos por los que, en mi opinión, no se deben tasar monedas gratuitamente; aunque explicar el por qué dará pie a otra entrada.

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