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Hace unos meses me levanté un día con ganas de profundizar sobre los métodos de graduación de monedas. Ya hemos hablado mucho sobre el asunto de la graduación, así que a estas alturas todos los lectores sabrán que la graduación de la calidad de una moneda es crítica a la hora de valorar y tasar monedas. Así pues, me puse a busca bibliografía sobre el asunto y compré toda la que encontré.

Pero, ¡oh sorpresa! ¡qué cosa tan extraña! Resulta que no hay ni un solo libro publicado en castellano sobre el asunto.  Todo lo que encontré está en inglés, la inmensa mayoría centrado en el mercado americano, que es un mercado muy diferente al español y que tiene ciertas particularidades que hace que no todas las lecciones aprendidas en esos libros se puedan transportar directamente a nuestra numismática. En general mi opinión sobre ellos es muy buena y creo que vale la pena estudiárselos para aprender a observar una moneda. Lleva tiempo, pero creo que lo merece ya que es una parte imprescindible del coleccionismo. Os dejo una breve descripción particular de cada uno empezando por los que menos me han gustado.

“NGC Grading guide for modern U.S. Coins”, de R.S. Montgomery y D.W. Lange

Este libro, aunque su título diga lo contrario, realmente no enseña a graduar monedas. Describe monedas de circulación y conmemorativas a partir de 1965, contando su historia y las características propias de cada tipo de monedas. Pero no hay una guía de cómo valorarlas ni tampoco muchas fotos que permitan comparar unas piezas con otras. De hecho, las fotografías brillan por su ausencia y todas son en blanco y negro.

Puede estar bien como introducción a la moneda actual americana, pero nada más. Por otra parte, está claro que se centran en los lectores novatos porque apenas hablan de monedas caras. Por último, al estar editado por NGC su visión es muy parcial.

“The official American numismatic association grading standards for United States Coins”, de K. Bressett

Este libro está bien, pero no lo considero ninguna joya. Da información útil para aprender a graduar monedas, pero no da demasiados detalles sobre en qué fijarte concretamente para cada tipo de moneda. Lo que más me gusta es la introducción, en la que explica de forma muy clara algunos conceptos que son muy útiles para quien comienza a coleccionar y para quienes ya llevamos unos años. Pero cuando se pone en materia da poco detalle sobre las monedas y las fotos que acompañan a las explicaciones son muy pobres y en blanco y negro.  Otra pega que se nota a lo largo del libro es que la ANA está detrás, y claro, es muy poco crítico con muchos aspectos del mercado y de las empresas de graduación. En algunos puntos parece que lo que intenta es convencer al lector de que no compre monedas sin encapsular.

“Grading coins by photographs”, de Q.D. Bowers

Un buen libro de 360 páginas a todo color en las que se detalla las características que debería tener cada tipo de moneda en cada uno de las graduaciones Sheldon que más se suelen encontrar. Además, en la introducción al libro se incluyen unas explicaciones muy interesantes que sirven para salvar de palos a más de uno. Por ejemplo, la idea de “tasaflacción” está tomada de ese libro.

Como contras se tienen unas fotografías que, aunque están a color, son bastante pequeñas y de no muy buena calidad. Además, en todas las monedas se pone una sola fotografía para los grados entre MS-60 y MS-70, cuando es justamente ahí donde más hay que incidir porque pequeñísimos detalles pueden hacer que el precio de la moneda se dispare. Por lo demás, es un libro muy interesante que no es muy caro y que merece la pena.

“The standard guide to grading British coins”, de D.F. Allen

Este es el único libro que encontré que no versaba sobre la numismática americana, sino sobre la inglesa, que en muchos aspectos es más semejante a la española. Se consideran los estados de conservación tradicionales, y no la escala Sheldom; además, no se da tanto la vara con el tema de la encapsulación y todo eso, que parece que los yankis no pueden dormir si no tienen las monedas certificadas.

El libro abarca todas las monedas desde 1779 a 1970 y muestra varias fotos a todo color para cada uno de los tipos y para cada una de las conservaciones consideradas. De esta forma se pueden apreciar muy bien los detalles que hacen que una moneda pase de VF a EF aunque no se sea un experto. Lo que menos me gusta del libro es que es muy parco en palabras y lleva hasta el límite eso de que “una imagen vale más que mil palabras”.  No vendría mal una pequeña introducción metodológica sobre cómo mirar las monedas o algo así.

“Making The Grade: A Grading Guide to the Top 50 Most Widely Collected US Coins”, de B. Deisher

Este libro enseña a observar monedas, algo que los anteriores realmente no hacen. Cuando digo que “enseña a observar” me refiero a que te da detalles muy concretos sobre en qué fijarte para cada uno de los tipos de monedas que muestra. Esto lo consigue porque para cada tipo de moneda enseña dos imágenes en las que se representan las zonas donde la moneda suele presentar antes el desgaste y la importancia que tiene una imperfección en cada zona de la moneda.

Estas dos ideas son muy importantes y aunque suenan lógicas realmente no son triviales: hay que fijarse en el desgaste de las monedas, pero unas zonas se desgastan más que otras (ya lo vimos con los 10 céntimos de 1870);  por otra parte, lo ideal es que la moneda no presente imperfecciones, pero si las presenta su importancia depende de la parte de la moneda en la que se encuentren. En estos dos conceptos profundiza mucho el libro y por ello me parece genial, me encantaría que tuviéramos uno semejante para la moneda española.

En cuanto a pegas, encuentro tres: el formato panorámico del volúmen, que lo hace muy incómodo; la introducción metodológica es demasiado escueta y sólo se tratan 50 tipos de moneda americana, ya se podían haber estirado y haber analizado todos los demás. De moneda de oro hay muy poco.

Us Gold Counterfeit Detection Guide (Official Whitman Guidebook)

Se trata de otro libro muy interesante para observar monedas, pero no se centra en la graduación de las mismas, sino en la detección de falsificaciones. Al principio dedica unas cuantas páginas generales sobre detalles que pueden tener las monedas que nos deberían hacer saltar todas las alarmas sobre su falsedad. Después describe cada uno de los tipo de monedas americanas de oro y muestra las monedas falsas que han encontrado para cada tipo, explicando que detalles casi imperceptibles permiten detectarlas. Además, la calidad de las fotos acompaña.
Lo considero un libro muy bueno para aprender a ver esos pequeños detalles que hacen sospechar que la moneda no sea buena. Lo malo es que sólo se centra en moneda americana de oro. Las cientos de monedas falsas que presenta son una base de datos muy interesante para empezar, pero claramente hay más falsificaciones que no vienen en el libro. Algunas de ellas se publican aquí.

“The Official Guide to Coin Grading and Counterfeit Detection” de J. Dannreuther y S.A. Travers

Éste es uno de los mejores libros que se han escrito sobre numismática sin ninguna duda. Es una auténtica clase magistral sobre coleccionismo numismático; dice cosas que todo el mundo debería saber y comprenderlas les salvaría a muchos de más de un palo. Se centra fundamentalmente en la graduación de monedas, aunque también dedica un capítulo a su manipulación y otras 100 páginas a la detección de monedas falsas americanas.

Para cada tipo de moneda americana se tienen varias páginas de descripciones detalladas con sus características propias y cómo suelen encontrarse en el mercado. De igual manera se indica en qué fijarse para detectar falsificaciones y, lo que es más importante, cómo se pueden obtener indicios de que la moneda es buena. Sinceramente este libro es auténtico pozo de sabiduría y un estudio obligatorio para los coleccionistas de moneda americana. Yo que no la colecciono he aprendido muchísimo de él.

Lo malo es que las fotos son en blanco y negro y en muchos casos tienen mala calidad. Además, el libro aparece como descatalogado. Supongo que no tarden en sacar una nueva edición, pero puede costar un poquito encontrarlo y quizá haya que pagar algo más de la cuenta. Yo lo busqué expresamente porque lo recomendaban los de The Coin Show Radio y me salió por 50 dólares o así, pero os aseguro que merece la pena la inversión.

En la interesante discusión que se generó a raíz de la última entrada (y cuya lectura recomiendo encarecidamente) se hizo patente la subjetividad de las valoraciones que se suelen dar sobre las monedas. No hay más que ver en los foros de numismática que cada poco hay aficionados discutiendo sobre si una pieza está en MBC+, en EBC- o lo que sea. En esta entrada quisiera hacer una reflexión al respecto diferenciando la “valoración técnica” de la “valoración de mercado”. Para ello me baso en una serie de libros americanos (ya dedicaré otra entrada a comentarlos más detenidamente) sobre valoración de monedas: Grading coins by photographs de David Bowers, The official guide to coin grading and counterfeit detection de John W. Dannreuther y The official ANA Grading Standards for United States Coins. Siento si la redacción es muy enunciativa, no es que pretenda sentar cátedra sino que recojo una de las mejores lecciones aprendidas tras leer esos tres magníficos libros.

Cuando cogemos un catálogo de una subasta, un catálogo de monedas o cuando vamos a hablar con un profesional diferenciamos las monedas en distintos grados. Los yankis suelen usar la escala Sheldon y nosotros la más simple BC, MBC, EBC y SC. Una u otra escala es lo de menos, porque al fin y al cabo son eso: escalas. La cuestión está en qué queremos decir cuando decimos “una moneda está en EBC”. Pensadlo un momento, quizá algunos de los coleccionistas más avanzados todavía no hayan reflexionado sobre el significado de esa frase. ¿Queremos decir que esa moneda tiene poco desgaste? Podría ser, pero ¿qué significa “poco”? ¿cuánto más desgaste tiene que tener para que deje de ser EBC y pase a ser EBC-? ¿y si en vez de más desgaste tuviese un arañazo? ¿y si fuese un golpe en el canto? ¿y si estuviese limpiada? ¿qué tiene que ocurrir a esa moneda para que dejase de estar en EBC y pasase a MBC? Realmente son preguntas difíciles de responder porque cuando decimos “una moneda está en EBC” NO estamos diciendo nada sobre su desgaste o sobre los arañazos o golpes que pueda tener. Lo que realmente estamos diciendo es “el valor aproximado de esta moneda es lo que valen las monedas de este tipo en un estado EBC”. Es decir, que con este tipo de valoraciones lo que hacemos es agrupar las monedas en conjuntos con un valor de mercado semejante. Eso es lo que se llama “valoración de mercado” y es claramente una cuestión subjetiva ¿por qué esta pieza pertenece al grupo MBC+ y no al grupo EBC-?

Otra cuestión sería hacer una descripción técnica de la moneda, en la que se detalla cada una de las características de la pieza: arañazos, golpecitos, marcas del cuño, excesos de metal, vanos, brillo original… en ese aspecto no habría dos monedas iguales si se hace con un nivel de detalle suficientemente minucioso. Esto es lo que se considera “valoración técnica” y debería ser una cuestión objetiva y científicamente contrastable (falsificable, como diría Popper), en el sentido de que una moneda o tiene una marca o la deja de tener, no hay medias tintas ni diferentes opiniones. Otra cuestión es que deba ser un ojo entrenado el que realice la valoración técnica porque a un novicio se le pueden escapar algunos detalles que resulten de importancia.

¿Qué es preferible, la valoración técnica o la valoración de mercado? Pues eso depende de lo que andemos buscando. Evidentemente la valoración de mercado es un breve resumen subjetivo de la valoración técnica y varía con el tiempo. Esa variación temporal es debida fundamentalmente a modas; por ejemplo, hace unos años estaban de moda las pátinas oscuras y sin embargo ahora no las quiere la gente, por lo que su valoración será menor. Esa variación también se puede deber a la llamada tasaflacción. Por otra parte, la valoración de mercado es algo comprensible para cualquier coleccionista. Se dice EBC y ya todo el mundo sabe qué significa, y muchas veces es preferible eso que una descripción de 8 líneas que el comprador no experto no vaya a entender y no vaya a saber si la moneda se valora en 100 ó 1000.

También hay que indicar que en muchas ocasiones se mezclan ambas valoraciones. Por ejemplo, cuando se describe una moneda como “EBC+ golpecitos en el canto” o “MBC+ restos de brillo original” lo que se hace es hacer explícito cierta característica técnica de la moneda que no suele ser común en las piezas valoradas dentro de la calidad que se indica.

Mi consejo personal es que, si bien al principio podemos guiarnos por la valoración de mercado, poco a poco hay que desarrollar un gusto propio que haga que nosotros tengamos nuestra propia forma de valorar las monedas. ¿Qué prefieres, una moneda con mejor acuñación pero un leve desgaste sólo apreciable con lupa o una moneda con peor acuñación pero recién sacada de cartucho? ¿y si no tiene brillo original? Eso es cuestión de cada cual, y si somos coleccionistas muchas veces hay que saber llevar la contraria al mercado. Por ejemplo, a mí me gustan las pátinas oscuras, a pesar de que se coticen menos.

Pero sobre todo hay que aprender a valorar las monedas por uno mismo independientemente de lo que diga el numismático que nos la está vendiendo o la cápsula en la que esté encerrada. Si vamos a un mercadillo o a una convención y vemos marcada una moneda como EBC, no está de más cogerla, mirarla con la lupa detenidamente e intentar sacarle todos los fallos y virtudes que podamos. Una vez que hemos hecho eso deberíamos ser nosotros los que pensásemos si merece el precio o no. Claro está que si somos recién llegados a la numismática nos será difícil hacerlo. En ese caso lo mejor es que preguntemos al profesional que nos está vendiendo la moneda para que nos comente los fallos y virtudes que tiene, intentándolos ver nosotros también (se puede hacer también con monedas en SC, el 99% de ellas presentan algún tipo de detalle que podría mejorarse). Claro está que si el vendedor nos dedica un rato a explicarnos cómo valorar una moneda habrá que comprarle algo para devolverle el favor, que él no está ahí por gusto y placer.

Por último voy a realizar una valoración técnica de la última moneda que me he comprado: un duro de 1875, que es el siguiente.














La moneda es de plata y pesa 25 gramos. Presenta muy poco desgaste y ambas estrellas tienen los dígitos marcados. La estrella izquierda tiene ambos dígitos fuertes, mientras que la de la derecha tiene el 7 fuerte y el 5 más flojo, si bien se aprecia toda la trazada. El desgaste que sufre la moneda se da en la parte más saliente de la oreja, sobre todo en el arco superior izquierdo y en el león superior del escudo. Muy leve desgaste también en la parte más saliente de los castillos y en la granada. No se aprecia desgaste en las flores de lis, en el pelo del busto o en el PLUS ULTRA. No hay marcas ni rayitas apreciables en el reverso más que una a izquierda de la corona y otra en la parte inferior de la corona. Aparecen finas rayitas en la parte inferior del reverso. Además hay seis marquitas visibles a simple vista en el rostro (aquí se podría decir la posición, la distancia y el grosor de cada una si se contase con el equipo apropiado). No aparecen golpecitos de importancia en el canto pero hay una pequeña marquita en el canto encima de la S de JUSTICIA. Buena parte del brillo original en el reverso, observándose especialmente en el escudo; cierto brillo original en el reborde del anverso.

Si tuviese que decir la valoración de mercado diría EBC+

Otra cosa es el precio. Os daré una pista: he pagado más o menos la tercera parte de lo que costase un SC normalito.

En este blog ya se ha hablado bastante de los contenedores de monedas que son tan típicos en Estados Unidos y que gustan a pocos coleccionistas europeos. La gracia de esos contenedores es que una entidad externa certifica la autenticidad de la moneda que contienen y proporciona una valoración de la misma, de manera que quien la compra tiene la opinión de un tercero sobre dicha pieza. El truco que permiten estos contenedores es que hay veces que los operarios de las empresas de certificación se confunden y tasan una moneda en peor calidad de la que es; como pequeñas diferencias de calidad pueden dar lugar a variaciones muy grandes en el precio, entonces el entendido que se da cuenta del error compra la pieza valorada de forma pesimista, la saca de su contenedor, la vuelve a enviar a la autoridad certificadora y es posible que se la tasen de forma más optimista, pudiendo venderla por mucho más dinero. Esto es lo que se llama el “Crack-out game“.

Este tipo de prácticas pueden generar muchos beneficios a los más entendidos, pero puede hacer perder bastante pasta a los que no lo son y compren monedas que están valoradas de forma muy optimista por sus contenedores. Así que se da la situación de que en Estados Unidos se meten en contenedores sistemáticamente todas las monedas “buenas” para garantizar su venta y ya resulta que ni de esos contenedores se fían los compradores. ¡¡Pues menuda historia!!

No se preocupen ustedes que donde hay miedo hay negocio, y aquí aparece Certified Acceptance Corporation (CAC), una tercera (o mejor dicho, cuarta) compañía que garantiza que, en su opinión, las monedas tienen una calidad acorde con la valoración que de ellas se indica en su contenedor y lo hace explícito con una pequeña pegatina en el plástico. Así el comprador tendrá su opinión, la del vendedor, la de la empresa del contenedor y la de CAC a la hora de comprar una moneda. Y por supuesto, todas las opiniones se llevan su parte de comisión.

Because Confidence in a Coin’s Quality is Priceless” (Porque la confianza en la calidad de una moneda no tiene precio), es el emblema de esta nueva empresa sacacuartos. La confianza no tendrá precio, pero ellos cobran la tasación.

A fin de cuentas, y esto es lo más importante de todo, uno tiene que entender del tema por sí mismo y ser capaz de diferenciar lo bueno de lo mejor, y hasta que no se haga con seguridad no hay que meterse en moneda cara ni en camisas de once varas, porque lo normal es que se salga perjudicado. Eso sí, esto no quita que no esté bien tener las monedas certificadas o que se deba tener en cuenta la opinión de los expertos; pero en última instancia al hacer cualquier tipo de inversión el que invierta debe tomar las decisiones porque es quien asume el riesgo. Vamos, que no hay que pedir opinión a 30 entidades de certificación, hay que saber valorar por uno mismo. Creo yo.

Enrique ha tenido muchas experiencias con gente que, sin ser coleccionista, tiene unas cuantas monedas y desea venderlas. No suele ser sencillo hacer negocios con esa gente porque lo normal es que sean muy desconfiados y piensen que intentas engañarles. España siempre ha sido un país de pícaros y eso forja un carácter.

Lo más normal, todo hay que decirlo, es que las monedas que te ofrezcan no valgan para nada. Suelen ser chatarrilla de Franco toda circulada o algo de plata que no valga más que su peso. Ya dijimos que cuando nos encontramos unas monedas, lo normal es que no valgan casi nada. No obstante, siempre merece la pena echarlas un vistazo porque hay veces que hay sorpresas.

En el caso de que haya suerte y alguna pieza merezca la pena, lo primero que hay que tener claro es que el propietario de la moneda tiene algo que nosotros queremos (la moneda); pero nosotros tenemos algo que él quiere (saber qué moneda merece la pena y cuánto vale). Esto lo aprendió Enrique cuando regaló su conocimiento a una señora que, supuestamente, estaba interesada en venderle unas monedas.

Una vez que Enrique fue a casa de la señora, ésta le mostró un montón de monedas, amontonadas en álbumes, bolsas y cajones. Eran monedas que su madre había dejado y no sabían muy bien qué valor tenían. Allí había muy poca cosa que mereciese la pena, de hecho, sólo había una moneda interesante, pero esa era muy interesante: se trataba de un céntimo de 1906 SMV que estaba prácticamente sin circular. Enrique, con toda su buena voluntad, le explicó a la señora que no tenía gran cosa, que las únicas monedas que podrían valer algo eran las de plata, simplemente por peso, y que aquel céntimo era bastante valioso, ofreciéndole una buena suma de dinero por él.

En ese momento la señora le suelta: “No, si no estoy interesada en vender ninguna moneda”.

Enrique se quedó con un palmo de narices: había actuado con buena voluntad con una señora que no conocía de nada, ofreciéndole asesoramiento y un dinero justo por las monedas que tenía, y en cuanto la señora supo lo que quería saber le mandó a paseo. Ella había conseguido a un plingado que le tasó gratuitamente las monedas y santas pascuas, no quería saber nada más de él.

Cuando se le pasó el enfado a Enrique recapacitó y se dio cuenta de su error: nunca hay que dar el valor de una pieza concreta.

Unos meses más tarde una pareja joven se puso en contacto con Enrique y le dijeron que tenían unas monedas de su padre. Enrique fue a su casa y las vio. La situación era semejante: la mayoría de las monedas no servían para nada, pero había una muy interesante (la variante UNA – LIBRE – GRANDE, de la que ya hablaremos). Parecía que los chicos tenían buena voluntad, pero Enrique se cubrió las espaldas y les ofreció un dinero por todas las monedas que tenían en casa, sin indicarles cuáles le interesaban. Ellos le preguntaron si todas merecían la pena o si había alguna que costase mucho más que el resto, a lo que Enrique contestó que pocas de ellas merecían la pena. Entonces le pidieron que preferían venderle sólo las monedas más caras, quedándose el resto como recuerdo de su padre. Enrique accedió, pero en vez de elegir sólo la moneda que le interesaba, para no darles pistas seleccionó 8 monedas y les ofreció un poco menos de lo que hubiera pagado por todo el lote. Los chicos aceptaron y todos quedaron contentos.

Las variantes y los errores numismáticos son un auténtico pozo sin fondo para muchos coleccionistas. No para mí: yo no los colecciono, y tampoco es que sea un experto en el tema, aunque tengo que reconocer que es un mundo apasionante por la cantidad de piezas únicas que hay. Intentaré proporcionar literatura que verse sobre los errores numismáticos, pero hoy sólo voy a comentar la historia de una moneda particular: las 25 pesetas de 1995 de “Castilla León”.

Según publica Benjamín Muñiz esta variante se debe a un error de diseño que llegó a ser publicado en el Boletín Oficial del Estado, indicando que las monedas de 25 pesetas del año 1995, con motivo de la comunidad castellano-leonesa tendrían la leyenda “Castilla León”. Según esta cita, el partido Unión del Pueblo Leonés recurrió la fabricación de la moneda por considerar que separa dos regiones dentro de una misma Comunidad Autónoma. Así pues, en el BOE se derogó la orden anterior y se emitieron casi 222 millones de monedas de cinco duros, pero esta vez con la leyenda “Castilla y León”.

La cuestión es que algunas de las primeras monedas que acuñaron (sin la “y”) se les escaparon y tengo entendido que llegaron a bancos de Sevilla y de Lugo, pasando así a la circulación. Fue entonces, según pude leer en el Foro Anverso, cuando las numismáticas pidieron que se les proporcionaran monedas de este estilo para poderlas vender como rarezas y sacarse así un pastizal. Sin embargo, la ley ya estaba derogada para entonces y no se les pudo proporcionar dichas monedas. Por eso, Pardo no deja un hueco en sus álbumes para este pieza, puesto que de haberlo hecho sin duda esta variante valdría (al menos) cuatro veces más de lo que vale ahora. Aquí van fotos de ambas variantes de la moneda, la segunda sacada de mi colección particular.

Mucho ojo al comprar esta moneda, puesto que hay muchas falsas en circulación en las que han borrado la “y” de forma artificial. No es una moneda muy difícil de detectar su autenticidad, sobre todo si estásin circular. El truco está en mirar donde debería estar la “y” y ver si ahí no hay arañazos o raspones. Si los hay, malo. Si la moneda está sin circular y en esa zona se detecta brillo original de la moneda, es buena señal de que no ha sido manipulada.

En cuanto a su cotización, en el catálogo de los Hermanos Guerra de 2005 la estiman en 135 euros, en el de Cayón de ese mismo año en 60. En la Subasta de Soler y Martí Hervera del 14 de mayo de este año se vendió una pieza por 60 euros.

Si eres una de esas muchas personas que no tiene interés directo con la numismática pero que te has encontrado unas monedas antiguas por casa y quisieras saber cuánto vale, enhorabuena: esta entrada está dedicada a ti.

Es muy típico que algunos abuelos hace una pila de años hayan guardado monedas de plata que se han pasado los últimos 70 años en un cajón. La reacción más típica del nieto al encontrarlo es creerse que tiene un tesoro y que gracias al hallazgo su hipoteca la puede considerar pagada. Desgraciadamente la realidad es muy distinta, si no los créditos hipotecarios no serían un problema en este país.

Lo primero que hay que hacer al encontrarse monedas antiguas es ser conscientes de que hay millones de monedas antiguas de oro y de plata, y que una moneda por el hecho de ser antigua no tiene por qué tener un gran valor numismático. Todo depende de su rareza, del estado de conservación y de la cantidad de gente que la coleccione. Hay monedas romanas que cuestan 2 euros y hay monedas de Franco que se subastan 30.000 euros. No por ser vieja vale más. Por eso, lo más normal es que las monedas encontradas no valgan mucho más que el valor de los metales de los que están hechas, es raro encontrarse monedas de alto valor para coleccionistas. Ahora paso a detallar cómo calcular el precio de esos metales, que casi seguro que es lo único que te ofrecerán por las monedas que te has encontrado.

Una vez que tenemos las monedas, se separan las de oro (si hay suerte y hay alguna), las de plata y las de otros metales. De las que no sean de oro o de plata nos podemos ir olvidando al no ser que veáis alguna en la que se vea con mucho detalle la figura. Si no, eso no vale para nada. Lo normal en las de oro y en las de plata es que sean pesetas, en cuyo caso su valor previsiblemente no sea demasiado elevado, si son anteriores, entonces merece la pena que las vea un aficionado a la numismática: puede haber sorpresas. También cuidado con otra cosa, y es que es típico que aparezcan imitaciones de monedas de plata hechas con calamina u otros metales. Estas son falsas de época y su valor es muy pequeño.

Ahora cogemos las de plata y las observamos para ver su estado de conservación. Lo más normal es que sea malo, porque son monedas que circularon muchísimo. Así que si tenéis unas pesetas o unos duros con un estado de conservación como el que se muestra aquí abajo, será rarísimo que valga más que su peso en plata.


Como se indica en el reverso de las monedas, 200 pesetas (o 40 duros) hacían un kilo de plata, aunque las que nos llegan a nosotros suelen tener menos material por culpa del desgaste. Por otra parte, para saber la cotización de la plata kitco es el mejor lugar, con información actualizada tanto del valor de los metales preciosos como de las divisas. A día de hoy, el precio de la plata es 16,15 $/oz (0,3907 €/gr), por lo que por cada peseta que nos encontremos su valor en plata es de uno 1,95 euros, a lo que habría que descontar algo por el desgaste. Así pues, una estimación razonable es pensar en 1,80 euros por peseta. Ojo, al precio actual de la plata, hace unos meses no pasaba de 1,60 euros por peseta, y es posible que dentro de otros meses vuelva a bajar el precio.

Si hacemos el mismo procedimiento con las de oro hay que tener en cuenta que estas circularon muchísimo menos, por lo que es muy normal encontrárselas en mucho mejor estado de conservación, eso hace que no tengan mucho valor por estar bien conservadas (aunque sí por estar perfectamente sin circular), pero que las monedas apenas estén desgastadas. En las monedas de oro, cada peseta equivale a 0,3224 gramos de oro. Haciendo la misma operación que antes, y teniendo en cuenta que el oro a día de hoy está a 1004 $/oz (24,29 €/gr), por cada peseta que nos encontremos nos darán 7,83 euros. Así pues, una estimación razonable es que por cada moneda de 25 pesetas de oro nos puedan dar 195 euros. Ojo, al precio actual del oro, que es muy alto.

Yo estimaría que estos precios son los que se pueden ofrecer al 90% de la gente que se encuentra unas monedas antiguas. No obstante, nunca está de más que un numismático aficionado o profesional eche un vistazo a vuestro hallazgo por si acaso hay sorpresas. Pero claro, no penséis que os engaña si sólo os ofrece ese dinero por vuestro “tesoro”.

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