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En la anterior entrada se comentaron algunas monedas de la próxima subasta de Cayón, entre las que destacaba el duro de 1871 (18-72). Podéis pasaros por la entrada para ver una descripción del mismo y una interesante discusión al respecto, al igual que en el foro de Imperio Numismático, donde también hemos estado discutiendo sobre el tema. Ha habido bastante revuelo y no han faltado varios correos en los que se me pedía opinión sobre la tasación de semejante pieza y de alguno que me ha comentado que iba a realizar una puja muy importante.

Adolfo Cayón ha leído la entrada y se ha puesto en contacto conmigo para indicarme, entre otras cosas, que el duro de 1871 que tiene en subasta está descrito como (18-72) por error, realmente es un duro de 1871 (18-71). Así pues, fin de la historia: el duro de 1871 (18-72) no existe, y de existir no se conoce ningún ejemplar. También puede darnos para reflexionar sobre el enorme peso que tiene Cayón en la comunidad numismática española; confiamos tanto en Cayón que un simple error tipográfico genera tanto debate.

He de añadir que  me ha solicitado que “corrija urgentemente cualquier alusión a la falsedad de la moneda y se lo notifique por escrito de manera inmediata”, indicándome que también da garantía de la autenticidad del duro de forma vitalicia. Yo he modificado una frase en la entrada anterior, si bien no he eliminado ni modificado ningún comentario porque entiendo que su propiedad intelectual y la responsabilidad de los mismos pertenecen a su autor. Así pues, si alguien quiere modificar algún comentario que haya realizado que me lo diga, pero hasta entonces así quedan.

La moneda de la imagen es el duro en cuestión que se subasta.

Como indiqué en la anterior entrada, iba a dedicar ésta a comentar la subasta extraordinaria de Aureo y Calicó “Hispania”, que se celebrará en Barcelona el próximo 26 de octubre. Antes de nada hay que aclarar que la entrada no pretende ser un análisis de los lotes, ni tampoco voy a dar pistas sobre mi opinión de por cuánto pujar sobre qué lote. Eso que cada uno se lo estudie en su casa.

La subasta Hispania está dedicada al Centenario de la Peseta, que es justamente lo que yo colecciono, así que podréis imaginar que  a mí me motiva especialmente. También hay que recordar que El Centenario de la Peseta es la colección más típica en España, vamos, donde hay mayor número de interesados, y como subastas como ésta no se ven todas las semanas seguro que la expectación es muy grande. Sin ir más lejos, Carlos ya ha comentado la subasta y al parecer le ha gustado mucho la pinta. También es de destacar que hace sólo dos años y medio Aureo subastó otra importantísima colección del Centenario, la Colección Laureano Figuerola (Aureo 2 de abril de 2008). Las comparaciones en este caso no son odiosas, sino necesarias para hacerse una idea de los lotes y de las estimaciones de los mismos.

En la introducción a la colección María Teresa Sisó dice lo siguiente:

No sólo figuran en ella (la colección Hispania) todas las monedas, incluso las más raras, y la mayoría de pruebas de acuñación relevantes para la historia numismática de estos ciento cuarenta años, sino que, salvo contadas excepciones, la conservación de cada una de las piezas está por encima del nivel de excelencia.

Creo que estas palabras resumen perfectamente la importancia de la colección. Efectivamente es la primera vez que veo en una sola subasta todas las monedas del Centenario, y eso no es tarea nada sencilla (evidentemente las baratas no están, no es cuestión de andar subastando pesetas de 1966). Pruebas de acuñación hay bastantes, pero faltan otras cuantas; igualmente podría haber habido más monedas locales de la Guerra Civil, aunque en ese periodo hay auténticas rarezas también.

En cuanto a temas concretos a destacar, si vamos al año 1869 se verán tres excelentes piezas que no se ven todos los días:

Esta primera pieza se trata de los 20 céntimos de 1869, que es una de las piezas de plata más cotizadas y que sale en EBC+ por un precio muy interesante. Sin ir más lejos se pueden comparar los 5.000 euros de salida de esta moneda con los 15.000 de la subasta que celebra Soler y Llach tres días antes (claro que el otro ejemplar está en FDC).

La segunda moneda a subrayar es este excelente duro de 1869 (habrá que dedicar una entrada a esta moneda también), que además de ser rara y muy buscada, es probablemente el mejor ejemplar conocido según la casa de subastas. Su precio de salida es muy razonable: 30.000 euros.

Otra pieza de este mismo año es la buscadísima moneda de 100 pesetas de 1870 en calidad sin circular. La rareza de esta moneda se puede ver sin más que decir que se acuñaron 12 ejemplares y 5 de ellos están en el museo de la FNMT en Madrid. Fue una de las joyas de la subasta Caballero de las Yndias, donde un ejemplar en calidad SC se remató en 240.000 euros, y la gran ausente en la colección Laureano Figuerola. El precio de salida esta vez es de 125.000 euros, lo cual es más que razonable, pero sólo apto para inversores con mucho capital.

Siguiendo con los oros, están las raras monedas de presentación de Amadeo I. Concretamente se tiene una de 100 pesetas y otra de 25 pesetas con 16 estrellas en canto. En este caso en la colección no se tiene la variante de 18 estrellas en canto, que sí aparecía en la subasta de Laureano Figuerola.

Otro oro también presente es la rarísima moneda de 25 pesetas de 1881 sin barba en calidad EBC+. Su precio de salida es de 75.000 euros. Un ejemplar en esa misma calidad (¿el mismo?) se subastó en la colección Laureano Figuerola y alcanzó los 77.000 euros.

Por parte de Alfonso XII y de Alfonso XIII hay muy buenas piezas en excelentes calidades y a unos precios de salida bastante buenos en general. Estoy seguro de que muchas de esas monedas subirán significativamente de precio. Aún así, no está de más pujar por lotes para ver si se despistan las manos fuertes y se puede cazar algo. Si bien es cierto que muchas de esas monedas no son “ocasiones únicas”, sí que es interesante estudiarse muchas de las monedas en SC y algunas de las pruebas. De entre las pruebas quisiera destacar la que está justo encima de este párrafo y las dos que están justo debajo. La primera de ellas se trata de una rarísima prueba de 2 céntimos de 1878, y yo pondría la mano en el fuego de que se trata del mismo ejemplar subastado en Laureano Figuerola, aunque en el catálogo de Aureo no se indica. Esa pieza se remató en 9.000 euros hace dos años y medio y ahora el precio de salida es de 8.000 euros.


En cuanto a estas otras dos pruebas, si las destaco es porque no las conocía. Se tratan de pruebas de 1 y 2 centavos de peso de Manila, año 1894. Su precio de salida es de 8.000 y 6.000 euros respectivamente, lo cual no parece demasiado teniendo en cuenta que sólo se conocen dos ejemplares de cada una. Por cierto, ¿sabéis dónde están los otros dos ejemplares? Pues esperando a ser subastados tres días antes que sus hermanos en la subasta de Soler y LLach, teniendo en ese caso un precio de salida de 12.000 y 9.000 euros respectivamente. ¡Eso sí que es casualidad!

Si seguimos el catálogo aparecen varias pruebas de la Segunda República (otras faltan) y una colección de monedas locales de la Guerra Civil. Justamente la parte de la Guerra Civil me parece la más floja (si es que hay algo flojo en esta subasta) porque faltan algunas, como por ejemplo las de Ametlla del Vallés, Falset o Ametlla de Merola. Aún así, hay auténticas rarezas, como las 1 y 2 pesetas de Euskadi en cobre que se muestran arriba o los 5 y 10 céntimos de La Pobla de Ciervoles, acuñados sobre una lata de galletas, que se muestran abajo.

Finalmente, hay una colección de Franco interesantísima. Una colección de pesetas, 2,5 pesetas, duros y 50 pesetas completa es más que digna de admirar. No falta ninguna, incluyendo los duros del 51 y del 52 (ya les dedicaremos una entrada), las 2,5 pesetas de 1944, las de 1946, la peseta de Benlliure (con un precio de salida mayor que la que se subasta en Soler y Llach)… lo que sí que faltan son algunas pruebas que sí aparecieron en la colección Laureano Figuerola. Eso sí, aparece la prueba del duro que se muestra abajo y que es la única pieza conocida.

Una vez hecho este repaso, voy a indicar, a modo de conclusiones el interés que pueden tener los diferentes tipos de aficionados con respecto a esta subasta:

Los coleccionistas e inversores de monedas muy raras y difíciles tienen una oportunidad que se presenta pocas veces. No sólo hay muchas monedas de extrema rareza sino que como hay mucha gente que colecciona este periodo, no será sencillo revenderlas en un futuro para sacar un beneficio.

Los coleccionistas más modestos pero que buscan tener algunas monedas serias que ronden entre 200 y 1.000 euros o así tienen también una oportunidad muy buena por la cantidad de ejemplares en calidad sin circular que aparecen. Yo me intentaré pegar dos o tres caprichos de estos.

Los coleccionistas que busquen piezas más baratas lo van a tener difícil porque no hay mucho. Pero algo hay, como los 25 céntimos que se muestran abajo, y si lo que se busca es tener en la colección una moneda que haya pertenecido a una colección importante, o tener una pieza de esta colección como simple recuerdo de la misma, pues hay algunos lotes muy baratos que pueden hacer las veces.

Los coleccionistas de errores tienen algún lote suelto, pero poca cosa.

Los coleccionistas de variantes tienen alguna cosilla, aunque claramente las variantes no es lo fuerte del catálogo. Hay pocas variantes y en calidades bastante normales.

Los estudiosos no van a encontrar ninguna aportación novedosa, puesto que no hay ninguna moneda inédita. Claro está que es una época muy trabajada como para aparecer monedas inéditas.

Todos tenemos la suerte de contar con un catálogo que va a suponer una referencia numismática más que interesante para los próximos años en cuanto a monedas de El Centenario y los precios de las mismas en alta calidad. Precios de verdad, no como los de los libros que se venden.

Un último apunte es que  Aureo ha cambiado el diseño de su Web. Ahora ya no deja unos ficheros comprimidos con todas las fotos de las subastas en formato .jpg para que las podamos descargar fácilmente. A mí me venían estupendamente como fuente de fotos para el blog. No pasa nada, me he preparado un pequeño programita que me sirve para descargar fotos de subastas numismáticas, no sólo de Aureo sino de otras casa de subasta más, así que seguiremos teniendo fotos en el blog.

Una de las características que más se nota a los que empiezan a coleccionar monedas es que para valorar una pieza lo primero que hacen es mirar las estrellas y después mirar por encima el resto de la moneda para considerarla MBC (Muy Buena Conservación), EBC (Excelente Buena Conservación) ó SC (Sin Circular). Así pues, una moneda si está en calidad SC está perfecta, la guarda en su colección y se olvida: ya tiene el hueco cubierto para siempre jamás.

Desgraciadamente esto no es tan sencillo, puesto que entre dos monedas del mismo tipo que no hayan circulado puede haber diferencias significativas que las hagan más o menos valiosas. Estas características pueden ser el tener una pátina bonita, la aparición de óxido, el que sea una variante más o menos clara… con tiempo y una caña intentaremos ir abordando todas ellas. En este post nos centraremos en la calidad de acuñación de la moneda.

Dentro de las monedas sin circular se suelen distinguir dos tipos “especiales” de piezas: PROOF y Flor de Cuño (FDC). Las piezas PROOF se caracterizan porque se limpia el cuño cada vez que se acuña un moneda, por lo que se aseguran que la acuñación de la moneda es perfecta. Históricamente estas monedas se imprimían para controlar la calidad del cuño o para proporcionar las pruebas donde se viese perfectamente las características de la moneda. Hoy en día, sin embargo, se utilizan sobre todo para hacer moneda conmemorativa para coleccionistas. Generalmente las monedas proof tienen la imagen en mate y el fondo en brillo, consiguiendo un efecto muy bonito. La diferencia entre una proof y una sin circular se aprecia bien en la siguiente imagen, que toma como ejemplo 1 lev búlgaro (fuente).

En la numismática de los últimos años, las monedas Proof se han reservado para estuches o carteras. Las hay que son muy baratas (como las carteras de 1977) y las hay más caras, aunque todas ellas con un precio moderado. Sin embargo, hay otras monedas que realmente se hicieron como prueba de acuñación, y no pensando en los coleccionistas, cuyo precio puede llegar a ser muy alto. Un ejemplo sería la moneda de 25 céntimos de 1937 acuñada en Viena. En calidad SC es muy barata, pero en calidad Proof es rarísima.

Por otra parte, las monedas FDC son, al menos teóricamente, la primera moneda que acuña cada cuño particular. Entonces, como el cuño no está nada desgastado, la acuñación es muy fuerte y se ven todos los relieves nítidos. Pero cuidado, que una moneda esté bien acuñada no significa que sea FDC, lo que pasa es que eso es muy típico: decir al comprador que es FDC cuando realmente es una acuñación fuerte (también llamado SC+).

Luego hay monedas cuya acuñación es mejor o peor, y eso depende básicamente de la calidad del cuño y del estado del mismo. Si con un mismo cuño se hacen miles de monedas, éste se va desgastando y las que acuñe al final tendrán peor calidad que las del principio. Los detalles son menos nítidos y se tiene menos relieve, esto hace que el valor de la moneda descienda. Otra cuestión es que el cuño se rompa, en cuyo caso hay excesos de metal por la moneda que pueden considerarse errores por rotura de cuño (v.g. oreja rayada, quinta pata, cero partido… ya los iremos viendo).

En las monedas actuales la acuñación casi siempre es muy buena debido a que la FNMT cuenta con buenas máquinas. Sin embargo, no mucho tiempo atrás esto no era así y es muy típico que las monedas de Franco (y especialmente las pesetas), estando sin circular, tengan una acuñación bastante floja.

Como muestra un botón: la primera de estas pesetas de 1963 (19-67) estuvo ofrecida por la subastas de Marti Hervera y Soler y Llach del próximo 5 de noviembre. Su precio de salida es de 35 euros. La siguiente moneda es del mismo tipo y se la he ofrecido a un amigo (por cierto, tengo más). Ambas están sin circular, pero la diferencia es evidente.

Un último apunte muy curioso es el duro de 1978 con la variante “globo crucífero”, también llamado “Duro Alemán”. En esas épocas España emitió mucha moneda, y parte de ella fue acuñada en Alemania, aunque se hizo con la ceca de la M coronada de Madrid. Los alemanes contaban por aquél entonces con una maquinaria mucho mejor que la española, y por eso la acuñación de las monedas alemanas fue mucho mejor que las españolas. Concretamente, en el duro de 1878, en una bolita que aparece encima de la corona debería haber una cruz; pero esa cruz sólo se aprecia en las monedas acuñadas en Alemania por tener mejor calidad de acuñación. De esta forma, ese detalle permite identificar la procedencia de la moneda y hace que la pieza valga más (aquí se estima en 14 euros).

Hoy se presentan en esta humilde bitácora las más cotizadas piezas de la numismática española: los centenes. Se tratan de unas piezas de ostentación hechas con alrededor de 339 gramos de oro bajo los reinados de Felipe III y Felipe IV.

Según se indica en Aureo 218-3, la numismática castellana cuenta con varios antecedentes de los centenes, como son la dobla de diez doblas de Fernando VI, las 10 y 20 doblas de Juan II, la dobla de 50 enriques o los 50 excelentes de los Reyes Católicos. Todas ellas son piezas increíblemente raras, estando buena parte de ellas en manos privadas.


Su acuñación, como no podía ser de otra forma, se hizo en la Casa de Moneda de Segovia, de donde salieron las piezas más bellas del mundo durante siglos. Se acuñaban por presión, introduciendo el metal entre dos grandes cuños y posteriormente recortando el cospel para ajustar su peso. Finalmente, se remataba la moneda a mano.

Según parece, Felipe III sólo acuñó centenes en 1609 y en 1618. Actualmente los expertos sólo han localizado una moneda de cada una de estas fechas. La de 1609 es la de la fotografía superior, la cual sale en subasta el próximo día 22 en la subasta de Aureo y Calicó por la escalofriante cifra de 800.000 euros (su estimación es de 2 millones de euros). De Felipe IV se sabe que sólo se acuñaron centenes en 1623 (una única pieza) y en 1633. Esta última fecha es la menos rara, habiendo cuatro ejemplares y tres de ellos en manos privadas. De esos tres, uno se representa bajo estas líneas y se subastará en el mismo lugar y el mismo día que la anterior, con un precio de salida de 500.000 euros (1 millón de euros de precio estimado). Parece ser que son unas de esas monedas con las que el grueso de los aficionados a la numismática sólo podremos soñar. No obstante, un centén de 1633 pertenece al Museo Arqueológico Nacional, y se encuentra en el Museo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, para que vaya a visitarlo quien lo desee; yo lo estuve viendo ayer mismo.


Por si a alguien le interesa, aunque a mí desde luego no, La Real Casa de la Moneda acaba de lanzar una colección conmemorativa del cuarto centenario de las primeras acuñaciones de centenes y cincuentines (estos son los hermanos en plata de los centenes, de los que ya hablaremos). Si queréis más información  la encontraréis aquí, y aquí, pero mi opinión personal es que esto no sirve más que para que el Estado recaude dinero.

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