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Por cábalas de la vida ha caído en mis manos esta moneda


Se trata de un supueto sestercio de Julia Domna Augusta que aunque no es muy raro no es precisamente barato. Y si digo “supuesto” es porque, aunque lo parece, no lo es: se trata de una moneda falsa. Que nadie se enfade todavía, que no pienso venderla ni intentar engañar a nadie con ella, que yo seré pobre pero muy honrado.

Quizá un experto ve las fotos de arriba y es capaz de detectar en el momento la falsedad de la pieza, pero me juego un duro a que a la mayoría de los que no entendemos mucho de moneda romana nos la hubiesen colado como buena si sólo nos dan las fotos del anverso y del reverso. En cambio, si observaos el canto de la moneda tendremos más pistas sobre el origen de la pieza. Os dejo un par de fotos del canto:

Si nos fijamos bien se pueden observar unas estrías que recorren el canto. Esas estrías son restos del proceso de fundición y son características de monedas que han sido falsificadas por el método de fundición por microfusión, que es la forma más común de fabricar monedas no originales hoy en día. Por si alguien no las ve bien, os remarco en estas otras fotos los contornos de las estrías.


Ya estaréis pensando que la aparición de las estrías es fruto de una falsificación descuidada, y que si hubiera sido falsificada con más esmero se hubiesen podido quitar. Es cierto, pero para quitarlas generalmente es necesario limar el canto. Por eso, un canto con limaduras también es un síntoma de que la pieza es falsa, tanto en moneda antigua como en la numismática contemporánea.

Espero que este truco sirva a  muchos y que miréis bien el canto antes de comprar una pieza. El canto es la tercera cara de la moneda y es la que más información suele proporcionar para detectar las falsificaciones porque al ser la que menos mira la gente suele ser la más descuidada (hay más gente que opina lo mismo). Por otro lado, vuelvo a dar el consejo de siempre: al comprar monedas, sobre todo si son caras, lo mejor es adquirírselas a alguien de confianza para evitar sustos.

Me vais a tener que perdonar que en esta nueva entrada sobre los museos numismáticos que visito resuma a base de bien, quizá en exceso. Esto es debido a que voy a hablar de la mejor colección de monedas que han visto mis ojos hasta la fecha. Se trata de la colección numismática perteneciente al museo Bode de Berlín.


Este museo se encuentra en la famosa isla de los museos, una espectacular plaza en la que se encuentran cinco de los más importantes museos arqueológicos del mundo. Me imagino que todo el que haya ido a Berlín haya pasado por esta plaza, aunque sólo sea para visitar el museo de Pérgamo, y el que no haya ido todavía, cuando se acerque será lo primero que le ofrezcan. De esos cinco espectaculares museos el más escondido y el menos reconocido es justamente el museo Bode, quizá porque su colección más amplia es la de escultura y no es tan espectacular como las pertenecientes al Museo Nuevo (que, entre otras cosas tiene el busto de Nefertiti) o al propio Pérgamo (cuya colección es tan espectacular que soy incapaz de destacar una obra por encima de otras treinta). No obstante, esa colección de escultura merece mucho la pena al igual que la colección de arte bizantino y, como no, la colección numismática; pero como veis, se tratan de colecciones dirigidas a un público más restringido que otros museos; vamos, que a priori hay más gente interesada en la colección de arte egipcio del Museo Nuevo que en una colección de arte bizantino.


Centrándonos en cuestiones numismáticas, la colección es absolutamente espectacular, totalmente inigualable. Por cantidad tiene la asombrosa cifra de 500.000 objetos, entre las que hay 102.000 monedas griegas, 50.000 romanas,  35.000 orientales e islámicas, 160.000 europeas desde la Edad Media hasta el siglo XIX, 25.000 medallas, 15.000 objetos de acuñación… Evidentemente no toda la colección está expuesta en el museo, pero el visitante puede ver una colección de decenas de miles de monedas en una calidad totalmente extraordinaria. Y es justamente esa calidad la que más me sorprendió, porque si ya es difícil encontrarse un sestercio en perfecto sin circular, observar varias vitrinas en los que había cientos de ases, aureos y sestercios imperiales a los que no se les encuentra desgaste alguno, ni ningún arañazo por mucho que se les mire es algo que se puede hacer en muy pocos lugares del mundo.


Personalmente a mí las piezas que más me gustaron fueron los tetradragmas griegos y los aureos imperiales. Ya sabéis que no entiendo nada de numismática clásica (ya lo intentaré poner remedio), pero los tetradragmas son monedas preciosas, y los aureos son lujosos donde los haya. Evidentemente, me fijé especialmente en las monedas españolas, entre las que se exponían macuquinas, un cincuentín, bastantes reales de a 8 de diferentes reyes, varias monedas de 8 escudos y otras piezas de oro, e incluso algunos castellanos y morabetinos medievales. Tampoco faltaba una amplísima colección de moneda alemana con una calidad de quitarse el sombrero.


Las fotos  que ilustran la entrada las hice yo mismo en el museo, en el que estuve un par de horas disfrutando de estas joyas. Si queréis ver más fotos os recomiendo que os paséis por el catálogo on-line de esta colección numismática, así podréis apreciar con más detalle las monedas. En el catálogo on-line sólo se muestran unas 11.000 monedas, que no es que sean pocas, pero sólo representan 1 de cada 50 objetos del total de la colección. Si os parece mal que no estén todas y queréis que pongan más podéis dar un donativo para tal fin adoptando una moneda. ¡No diréis que no es una iniciativa original!










Los mercadillos que se montan los domingos en la mayoría de las ciudades españolas son puntos de encuentro para coleccionistas a la numismática y la filatelia. Es cierto que hoy en día las nuevas hornadas de coleccionistas, entre los cuales me incluyo, preferimos comunicarnos por medios telemáticos, pero hasta hace poco ir a mercadillos era la única manera de contactar con otros coleccionistas o profesionales. Si todavía siguen existiendo es debido a que se consideran actividades de interés histórico, pero lo normal es que a medio plazo vayan desapareciendo y sólo queden en las ciudades grandes. Esto se debe a la aparición de Internet y a la presión por parte de Hacienda (que no recauda prácticamente nada de la pasta que ahí se mueve) y de algunos numismáticos profesionales (lo consideran competencia desleal).

Yo no voy muy a menudo a los mercadillos, más que nada porque no vivo en una capital suficientemente grande como para que se monte uno suficientemente jugoso. No obstante, alguna vez me acerco a Valladolid y cuando coincide que estoy en Madrid un domingo, suelo aprovechar a ir a la Plaza Mayor. Lo más importante cuando se va a un mercadillo, yo ya iba avisado, es no hacerse demasiadas ilusiones con lo que se va a encontrar ahí, porque lo normal es que de cada veinte vendedores merezca la pena uno. Un mercadillo es algo así como un “eBay en directo”.  Ahí hay gente de todo tipo, y muchos de ellos sin más interés que el de vender chatarra lo más cara que puedan.

Así pues, por cuestión jocosa, aunque alguna conclusión seguro que se puede sacar, voy a intentar describir brevemente los personajes típico que uno se puede encontrar en un mercadillo. Como si de las películas Stagecoach o Ko to tamo peva (ambas muy recomendadas, ya de paso) se tratase. Hoy me centro en los aficionados, para otro día comentaré los vendedores. Vamos de menos a más interés numismático:

Los chorizos. Estos son los profesionales del hurto, generalmente conocidos por la policía porque han pasado 35 veces por el calabozo pero siempre han salido porque no han hecho “nada grave”. Puede que intenten robar la cartera a los aficionados o una moneda cara, o incluso un álbum entero a algún vendedor.

Los turistas. En Madrid nunca faltan turistas que vienen al mercadillo a ver el jaleo que se prepara. Es algo muy normal que también hago yo si me sobra tiempo en una ciudad extranjera. Hay veces que incluso compran algo, generalmente chapas o pequeñas medallas, más como recuerdo que otra cosa.

Los que se han encontrado una moneda. Generalmente son gente que tienen monedas en casa y les ha dado por venderlas, a pesar de no tener ni idea de numismática. Lo más normal es que sean chatarra de Franco o, en el mejor de los casos, monedas sin especial valor numismático. Suelen ir de tenderete en tenderete hasta que se dan cuenta de que realmente sus monedas no valen nada, momento en el que se van para casa. Alguna vez resulta que llevan una pieza buena o un pequeño lote y se las compran muy baratas. Es lo que tiene no entender. Hay algunos que incluso no llevan la moneda como tal “por miedo a que se la roben”, y piden una tasación a partir de una foto o una descripción verbal. Evidentemente, los vendedores les dicen algo como esto.

Los coleccionistas compulsivos. Son gente que compran un montón de cosas (que no vale ninguna para nada) con el único objetivo de llegar a casa a ordenarlas en un álbum. Lo mismo compran un taco de 300 calendarios que los boletos de Lotería Nacional de 1963. Algunos coleccionan monedas o sellos con semejante valor.

Los  desactualizados. Son los que tiene una modesta colección que va aumentando poco a poco, pero que carece de conocimientos numismáticos, y va con su catálogo de los hermanos de Zaragoza, con los precios todavía en pesetas, buscando monedas a precio de catálogo. (Esta categoría la ha dejado Antonio en un comentario)

Los que están a la última. Encajan bastante bien con el Caso A de los obsesionados con la numismática. Suelen coleccionar euros y están muy atentos a las últimas novedades. Sinceramente, yo no pensaba que hubiera tanta gente así hasta que fui a Madrid.

Los pesados. Son gente con la que no me gusta tratarme demasiado. Son ultradesconfiados y súper indecisos. Cogen una moneda que les ofreces por 6 euros y empiezan a mirarla, a re-mirarla, a volverla a mirar, a fijarse en cada detallito sin hacer más que quejarse… después te saltan que es que está muy desgastada, y claro, les dices que por eso vale 6 euros, que si estuviera en proof costaría 1500. Te empiezan a poner pegas, diciéndote que no se ve muy nítido no sé qué detalle, y que no sé qué otro puede haber sido modificado. En compensación te piden que les dejes la moneda en 5 euros, y tú, que ya llevas media hora perdida por una moneda a la que no sacas ni medio euro, le dices que no, que vale 6 y es buen precio y ya está. Finalmente el tipo se va sin comprar la moneda pero habiendo disfrutado el tiempo que a ti te ha hecho perder.

Los falsamente entendidos. Estos aparecen cuando se forma una conversación entre aficionados. Son gente que habla, y habla mucho, sin saber muy bien ni qué dice ni por qué lo dice. Tienden a despreciar unas monedas (que suelen ser las que llevan otros) y considerar como rarísimas otras (que suelen ser las que llevan ellos). Te cuentan unas historias de compras o ventas que han hecho o han dejado de hacer que no se las creen ni ellos, pero como se piensan que tú sí que te lo crees, pues aumentan su ego. Ellos quisieran ser del tipo siguiente, pero no pueden. ¿Qué se le va a hacer?

Los realmente entendidos. Estos son los más raros, porque entendidos no hay demasiados. Son gente que ya ha entrado en años y por cuyas manos han pasado cientos de monedas que valen miles de euros. Aunque no son profesionales saben mucho y quiere que se les note. Entran en cualquier conversación como si fueran un marqués, con cierta prepotencia y vestidos de forma impoluta con alguna joya que ya vale más que todo lo que lleva encima el resto de participantes en la conversación. Si tienes moneda buena y la vendes barata, él te la compra. Si quieres moneda buena, él te la vende cara. Quiere que se note que él es que más sabe del asunto y el que más pelas tiene, por eso desviará la conversación hacia cualquier tema que él controle, para poderte decir lo que quiera sin que puedas tener capacidad de réplica (yo he llegado a ver a uno de estos dar una especie de clase magistral sobre los procesos de fundición de la industria metalúrgica, simplemente para que se note que entiende). Hace explícito quién es el líder.

Las imágenes se corresponden con monedas subastadas el día 20 de abril en la casa de Marti Hervera y Soler y Llach. Son las que más me han gustado de cuantas se han subastado. Se tratan de un sestercio de Adriano con la alegoría de Hispania, una dobla de 35 maravedís de Pedro I, 20 pesetas de la ocupación napoleónica de Cataluña, 20 reales de José Bonaparte y 2 pesetas de Alfonso XIII.

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