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Tal día como hoy hace 50 años que un cosmonauta viajó al espacio por primera vez y completó una órbita alrededor de nuestro planeta. A día de hoy su nombre lo conoce todo el mundo, Yuri Gagarin, al igual que el nombre de la nave en la que viajó: Vostok 1.

Me encantaría que alguien hiciese una encuesta a muchos ciudadanos dispersos por el mundo sobre qué logros del siglo XX les parecen más relevantes. Estoy seguro que la inmensa mayoría de las personas que han nacido en países colonizados culturalmente por los soviéticos incluirían  en la lista el viaje de Gagarin, mientras que la inmensa mayoría de quienes nacieron bajo el colonialismo cultural americano (como España o Sudamérica) no lo citarían, pero sí incluirían el primer hombre en la luna. En mi opinión Internet está posibilitando una segunda ilustración y ese tipo de barreras culturales se acabarán por tumbar con iniciativas como ésta; estoy seguro que a largo plazo esa globalización cultural y ese aprendizaje informal que se da continuamente en la Web serán los dos avances sociales más importantes que se van a dar a principios del siglo XXI.

Desde un blog numismático poco se puede hacer para conmemorar el primer viaje espacial tripulado, así que lo que haré será recopilar  algunas de las monedas con las que se ha conmemorado este acontecimiento. Comenzaremos con la URSS, quienes acuñaron rublos conmemorativos celebrando los 20 años del vuelo (1 rublo 1981), los 30 años (3 rublos 1991, aunque esa es de plata y no llegó a circular), los 40 años (2 rublos, 3 rublos, 10 rublos y 100 rublos, todas circulantes menos la última que también era de plata). Las siguientes imágenes muestran la primera y la última de las monedas circulantes citadas (fuente):

Para el año 2011 deben estar preparando más monedas conmemorativas, pero no he encontrado nada de información sobre ellas en inglés. No sé si habrá habido algo de información oficial al respecto.

Otro país que va a conmemorar el aniversario es Kadjastán, en el que está el cosmódromo de Baikonur, desde donde partió la Vostok 1. Ya emitieron una moneda conmemorativa en 2001 y ahora han acuñado la siguiente.

Aparte de Rusia y de Kadjastán, que son los más protagonistas de la historia, ha habido otros muchos países que durante estos años han homenajeado numismáticamente a Yuri Gagarin. No es cuestión de citar a todos porque sería larguísimo. Tan solo voy a poner un par de ejemplos más. El primero es la siguiente moneda, que fue acuñada por Checoslovaquía en 1981. Una moneda bastante simple pero que me parece elegante.

La otra es esta cosa horrible de las Islas Cook, que siempre andan homenajeando historias para sacar tajada. Hacen monedas de plata muy vistosas que venden al “módico” precio de 71 euros. En este caso la moneda tiene la gracia de estar coloreada y de girar alrededor de su centro, en el que está pintada la Tierra.

Aparte de en monedas, Gagarin aparece en bastantes medallas del programa espacial soviético. Os dejo una de ejemplo abajo y si queréis ver más os podéis pasar por aquí.

Finalmente quisiera añadir que me he encontrado con una web muy interesante (pero horriblemente diseñada) sobre monedas con temática aeroespacial. Es curioso que hay muchos coleccionistas de sellos que coleccionan sellos de todo el mundo con cierta temática, pero poca gente hace lo propio con las monedas. Bien es cierto que me he topado con algunos ejemplos, como gente que colecciona monedas de animales o de barcos. Si queréis ver una colección de moneda con temática espacial sólo tenéis que pasaros por aquí.

Estonia es un país al que tengo especial cariño porque estuve en Tallín 15 días en un curso de BEST sobre economía, lo cual no fue más que una excusa para que un 30 universitarios de todas parte de Europa (entre organizadores y alumnos) estuviésemos dos semanas seguidas de partuza descomunal en una ciudad con 22 horas de sol al día. Al acabar el curso no había aprendido absolutamente nada de economía pero de licores nórdicos y de saunas mixtas podría haber escrito una tesis doctoral. Luego yo por mi parte prolongué la fiesta una semana más por Letonia y Lituania adquiriendo, eso sí, toda la cultura báltica que en tan poco tiempo se puede absorber.

Pero el blog no va de partuzas, sino de monedas.  La cuestión es que, como todos ya sabréis porque se ha dado muchísima publicidad, el uno de enero de 2011 entró Estonia en la zona euro. En este caso el diseño de los euros es el mismo para todas las monedas, es decir el mapa del país, un diseño que me parece muy acertado. Hay que decir también que las monedas (acuñadas en Finlandia por la empresa Soumen Rahapaja) tienen muy buena calidad y casi parecen PROOF las piezas de circulación normal.

La polémica viene porque las fronteras del mapa que se muestra en las monedas no coinciden con la frontera actual de Estonia, sino con las fronteras que Estonia reclama como propias y que supondrían la anexión de un territorio actualmente ruso.  Esta noticia ha aparecido en multitud de medios (y también se ha discutido en el foro de Imperio Numismático), pero no he visto ninguno en el que se explique realmente el por qué de la confusión de las fronteras. Para ello hay que recapitular un poquito de historia estonia, que ahora voy a resumir desde una perspectiva personal.

Básicamente Estonia ha sido un territorio que durante los últimos siglos han conquistado muchas potencias extranjeras: polacos, letones, suecos, daneses, rusos… todos pasaron por allí, gobernaron el tiempo que pudieron y los estonios llegaron a acostumbrarse a estar dominados por potencias extranjeras hasta el punto de que no les es ninguna vergüenza reconocerlo. De hecho, en el centro de Tallín tienen monumentos que conmemoran victorias de tropas foráneas (como la caída del cielo de la bandera danesa durante la batalla de Lyndanisse). No fue hasta bien entrado el siglo XIX cuando los estonios, al igual que otros muchísimos pueblos europeos, tomaron conciencia de sí mismos como nación y quisieron un autogobierno independiente de quien les estaba dominando en aquellos años, que no eran otros que los rusos.

Los estonios aprovecharon la debilidad del comienzo de la Unión Soviética para alzarse en armas en 1918 y, apoyados por otras potencias europeas como Inglaterra, Finlandia o Suecia, ganar lo que después se vino a llamar la Guerra de la Independencia Estona.  La desorganizada Rusia de la época y el medio-vencido ejército rojo no controlaron a tiempo la revuelta y se firmó la Paz de Tartu, declarando a Estonia independiente de la Unión Soviética y definiendo unas fronteras que son exactamente las que se muestran hoy en día en las monedas de euro estonas.

Como pasa casi siempre la alegría dura poco en casa del pobre y en septiembre de 1939, recién comenzada la Segunda Guerra Mundial, el ejército rojo entró sin piedad sobre Estonia y el resto de países bálticos. Posteriormente, en enero de 1941 fue el ejército nazi quien invadió Estonia y mantuvieron el poder hasta el otoño de 1944, cuando Rusia volvió a invadir Estonia. Os podéis imaginar que entre tantas conquistas y reconquistas quien realmente salió perdiendo fue el pueblo estonio, uno de los más castigados durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez acabada la guerra, y sin una aparente razón de peso, el gobierno de Stalin anexionó unos territorios del este de Estonia a la RSFS haciendo caso omiso al Tratado de Tartu, que ya por aquél entonces era papel mojado. El gráfico de abajo muestra los territorios bálticos anexionados a RSFS.

Todo este asunto acaba cuando a finales de los 80 se da la idealizada “revolución de las canciones” en las que el pueblo báltico se une contra un enemigo común: la URSS. Entre las diferentes manifestaciones que se daban en el cada vez más abierto régimen soviético la más famosa, sin ninguna duda, fue la cadena báltica (abajo una foto), en la que ciudadanos estonios, letones y lituanos formaron una cadena humana que cruzaba los tres países. Al final el 22 de agosto de 1991, Estonia declaró su independencia conservando las fronteras que tenía ese momento, es decir, las del Tratado de Tartu menos los territorios que había anexionado Stalin a la RSFS. Esos territorios fueron reclamados en su momento y siguen siendo formalmente reclamados, si bien a Moscú por un oído le entra y por otro le sale.

Llegados a este punto me imagino que todos nos habremos hecho una pequeña idea de por dónde viene el asunto. A esto hay que añadir que hoy por hoy la sociedad estona es totalmente europea y europeísta, mirando con malos ojos casi todo lo que venga de Rusia (es una de las diferencias más notable con los letones, donde hay mucha más cantidad de población de origen ruso). Los estonios tienen una mentalidad totalmente emprendedora, uno de los factores que ha ayudado a que en los últimos años haya experimentado un enorme crecimiento económico, mucho más que sus vecinos del sur. Por otro lado, no olvidan su pasado comunista dejando algunos símbolos de la corrupción que allí hubo. Por ejemplo, en el centro de Tallín, que está totalmente reconstruido, hay un retrete que los rusos construyeron presupuestándolo en unos 150.000 euros (de los años 80); allí lo dejan con una plaquita como testimonio de la corrupción vivida. No obstante, yo mismo estuve con una rusa un viernes a las tantas de la mañana cantando el himno ruso en plena zona de copas de Tallín, y nadie nos dijo nada. Eso es exactamente lo que yo considero un “nacionalismo sano“, puesto que se consideran un pueblo y una nación independiente pero no están en contra de nadie.

Dicho todo esto, ya sólo me queda argumentar por qué opino que toda la polémica es una pantomima:

Lo primero es porque no me creo que quien haga las monedas, por muy finlandés que sea, no se haya dado cuenta de las fronteras actuales de Estonia. Es más, aún en el caso de que se trate de un error humano, antes de sacar una versión oficial se harían muchísimas pruebas que verían cientos de personas y digo yo que alguno conocería el mapa de su propio país. Así pues, el gobierno estonio está claro que conocía el “error” antes de emitir las monedas.

Igualmente, la emisión de una nueva moneda no es un secreto de estado como para que no se hubiese filtrado su diseño al gobierno ruso antes de tiempo.

Estonia ha salido beneficiada con toda esta historia porque por un lado ha dado publicidad a una reclamación histórica de la que seguramente no nos hubiéramos enterado de otra manera y por otro lado le ha permitido hacer más publicidad de sus propios euros y así vender más. Sin ir más lejos, va a sacar 50.000 ejemplares de la cartera de euros de 2010, lo cual es más del doble de la tirada de un país como España, bastante mayor y con miles de coleccionistas más.

Todas las imágenes están sacadas de Wikipedia excepto la penúltima que está sacada del foro de Imperio Numismático.

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