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A mi casa me llegan cada poco tiempo catálogos de subastas numismáticas. Tanto es así que uno ya se acostumbra a recibir gratuitamente libros de monedas a todo color de forma totalmente gratuita; parece como si ya no tuviesen valor alguno. No obstante, no es tan común recibir catálogos que cuando los lees, independientemente de si se puja por algo o no, se aprende de ellos. Tal es el caso del catálogo de la próxima subasta de Cayón, del que se pueden extraer un montón de cosas. En esta entrada voy a dejar un pequeño repaso del conocimiento adquirido, fijándome en algunas piezas concretas (que no tienen por qué ser las más caras o espectaculares) y no en la subasta en su global, de la que estoy seguro que Rafael hará una buena descripción.

La primera pieza en la que hay que fijarse es en la preciosa dobla de la banda de Juan II con ceca de Ávila que se muestra arriba. La moneda es inédita y era desconocida hasta la fecha; probablemente sea una pieza única. De ella hacen una muy buena descripción, indicando que la fecha más probable de acuñación sea verano de 1420, cuando Juan II pasó una temporada en Ávila en la que aprovechó para casarse. También hacen alguna reflexión artística bastante interesante sobre la pieza, destacando dos detalles.

El primero de ellos es que la banda del escudo va de derecha a izquierda, algo muy raro que sólo se da en otro modelo acuñado en Sevilla (tipo 16.10 en el libro de Mozo y Retuerce, quien por cierto Cayón ni siquiera cita). El segundo detalle que indican es que si nos fijamos en los castillos del escudo se asemejan a una catedral gótica, mostrando los contrafuertes, exactamente igual que los castillos de las monedas acuñadas en Sevilla. No obstante, en las doblas de la banda acuñadas en Burgos (abajo se muestra una procedente de la subasta Caballero de las Yndias) el castillo recuerda a unas torres románicas. Esto hace pensar que el ensayador sienta más próximo el arte gótico que el románico, o la catedral de Sevilla del románico burgalés, lo que hace creer a Cayón que el ensayador fuese sevillano y no burgalés como podría pensarse en un principio por la proximidad geográfica. Un tercer detalle se le escapa a Cayón y es que la marca de ceca se encuentra sobre el escudo, lo cual sólo se da en las cecas de Burgos y Coruña, y no en Toledo o Sevilla, donde se muestra la marca de ceca en el reverso.

Otra moneda muy curiosa son los ocho reales que se muestran abajo. En ellos se observa un exceso de metal sobre el número 8. Según Cayón, esta marca se debe a que al labrar el punzón en un primer lugar se procedía a marcar las zonas donde se grabarían los diferentes elementos y luego se procedía a la grabación en sí. Por el motivo que sea, después de grabar el 8 no se pulió correctamente el cuño y ahí quedo ese exceso de metal para que los futuros coleccionistas se hiciesen una idea de cómo trabajaban los ensayadores mejicanos.

No obstante, en la subasta hay una pieza que llama la atención y que hace pegar un bote en el asiento a cualquier aficionado a la numismática del Centenario de la Peseta. Se trata del duro 1871 (18-72) que se muestra abajo.

Al verlo un amigo me escribió y me preguntó que si conocía la existencia de este duro. Yo le dije que no y lo comentamos en el foro de Imperio Numismático, donde el resto de aficionados tampoco habían oído hablar nunca de él.  De hecho, en la revista Numisma se publicó en su número 12 (julio-septiembre de 1954) un artículo de Rafael Sabau titulado “Las acuñaciones de duros en el sistema monetario de 1868”, donde se concluye como altamente improbable que exista el duro de 1871 (18-72). En dicho artículo se dice que por la Real orden de 5 de marzo de 1871 se aprueba la acuñación de duros con fecha 1871 (18-71), (18-72), (18-73), (18-74) y (18-75), siendo el año 1872 en el que más duros se acuñaron, pero siendo todos ellos con estrellas (18-71). Indica también que Antonio Bernabé Sánchez indica en el Boletín Ibero Americano de Numismática (diciembre de 1952) la existencia del duro de 1871 (18-72) pero sin proporcionar ninguna prueba argumental ni ningún ejemplar conocido. Así pues, concluye Sabau, si después de que tanta gente haya coleccionado duros del Centenario parece poco probable que de existir ese duro no haya aparecido, lo que hace pensar que de hecho, no existe.

Pues bien, aquí parece haber uno, y lo ponen sin dar ningún tipo de explicación de dónde lo han sacado o qué les hace pensar que es un duro auténtico y no está troquelado. Es, simplemente, una pieza más a subastar. Así pues, llamé por teléfono a Cayón y le expliqué mis argumentos diciéndole que tenía serias dudas sobre la autenticidad del duro, aunque no dudaba en ningún momento en su palabra. Me dijo que inspeccionó la pieza y que en su opinión es buena y no está troquelada; que hay veces que aparecen monedas inéditas y que aunque en El Centenario es difícil que pase, puede ocurrir. También me dijo que él garantizaba la pieza de manera vitalicia, de forma que si algún día se le demuestra que es falsa o troquelada, él devolvería el dinero correspondiente y fin del asunto.

Con todo, y por mucho que Cayón sea uno de los numismáticos más prestigiosos de España, sigo teniendo serias dudas de que ese duro tenga estrellas (18-72). En caso de serlo lo normal hubiera sido dedicar un extenso estudio a ese lote, al igual que se hizo con la dobla de la banda que se muestra más arriba. Por otro lado, la repercusión en la comunidad de coleccionistas, de haberlo dado credibilidad, hubiera sido enorme y seguro que el lote se hubiera rematado en bastantes miles de euros. Nada de esto ha ocurrido, por lo que me extraña que realmente el duro 1871 (18-72) exista.

Lo único que no me ha gustado del catálogo es la publicidad que hace, indicando que ellos venden más caro comparando dos piezas de oro rematadas en su sala de subastas y en Cayón en la subasta de Caballero de las Yndias (no lo dicen explícitamente, pero está claro a qué se refieren). Una comparación así de directa es engañosa y muy fea, más que nada porque los precios de las monedas muy raras son muy volátiles y es fácil que de una subasta a otra se rematen por el doble de dinero o más. Seguramente Aureo también podrá encontrar ejemplos de piezas importantes que se han rematado en Aureo a más del doble que en Cayón.

De hecho, una de las piezas que indican es la onza madrileña de 1710 que se muestra arriba. Dicen  con letras grandes que en 2001  se remató en Cayón por 103.674,59 euros, mientras que en 2009 se remató “en otra subasta” por 47.200 euros. También podrían haber dicho que en 1988 se vendió en Stacks por $126.000.

Un último apunte es que esta vez la subasta de Cayón es en enero, apenas quince días después de la 39 Convención Internacional de Numismática de Nueva York (aquí tenéis un resumen de la misma). Esto puede hacer que algunos profesionales anden con poco efectivo para esta subasta y que los coleccionistas más modestos nos podamos hacer con algún que otro lote, aunque está claro que las piezas buenas hay que pagarlas.

Antes de despedirme no me puedo resistir a mostrar este precioso octodragma de Arsinoe II en calidad EBC+. ¡Quién lo pillara!

Me vais a tener que perdonar que en esta nueva entrada sobre los museos numismáticos que visito resuma a base de bien, quizá en exceso. Esto es debido a que voy a hablar de la mejor colección de monedas que han visto mis ojos hasta la fecha. Se trata de la colección numismática perteneciente al museo Bode de Berlín.


Este museo se encuentra en la famosa isla de los museos, una espectacular plaza en la que se encuentran cinco de los más importantes museos arqueológicos del mundo. Me imagino que todo el que haya ido a Berlín haya pasado por esta plaza, aunque sólo sea para visitar el museo de Pérgamo, y el que no haya ido todavía, cuando se acerque será lo primero que le ofrezcan. De esos cinco espectaculares museos el más escondido y el menos reconocido es justamente el museo Bode, quizá porque su colección más amplia es la de escultura y no es tan espectacular como las pertenecientes al Museo Nuevo (que, entre otras cosas tiene el busto de Nefertiti) o al propio Pérgamo (cuya colección es tan espectacular que soy incapaz de destacar una obra por encima de otras treinta). No obstante, esa colección de escultura merece mucho la pena al igual que la colección de arte bizantino y, como no, la colección numismática; pero como veis, se tratan de colecciones dirigidas a un público más restringido que otros museos; vamos, que a priori hay más gente interesada en la colección de arte egipcio del Museo Nuevo que en una colección de arte bizantino.


Centrándonos en cuestiones numismáticas, la colección es absolutamente espectacular, totalmente inigualable. Por cantidad tiene la asombrosa cifra de 500.000 objetos, entre las que hay 102.000 monedas griegas, 50.000 romanas,  35.000 orientales e islámicas, 160.000 europeas desde la Edad Media hasta el siglo XIX, 25.000 medallas, 15.000 objetos de acuñación… Evidentemente no toda la colección está expuesta en el museo, pero el visitante puede ver una colección de decenas de miles de monedas en una calidad totalmente extraordinaria. Y es justamente esa calidad la que más me sorprendió, porque si ya es difícil encontrarse un sestercio en perfecto sin circular, observar varias vitrinas en los que había cientos de ases, aureos y sestercios imperiales a los que no se les encuentra desgaste alguno, ni ningún arañazo por mucho que se les mire es algo que se puede hacer en muy pocos lugares del mundo.


Personalmente a mí las piezas que más me gustaron fueron los tetradragmas griegos y los aureos imperiales. Ya sabéis que no entiendo nada de numismática clásica (ya lo intentaré poner remedio), pero los tetradragmas son monedas preciosas, y los aureos son lujosos donde los haya. Evidentemente, me fijé especialmente en las monedas españolas, entre las que se exponían macuquinas, un cincuentín, bastantes reales de a 8 de diferentes reyes, varias monedas de 8 escudos y otras piezas de oro, e incluso algunos castellanos y morabetinos medievales. Tampoco faltaba una amplísima colección de moneda alemana con una calidad de quitarse el sombrero.


Las fotos  que ilustran la entrada las hice yo mismo en el museo, en el que estuve un par de horas disfrutando de estas joyas. Si queréis ver más fotos os recomiendo que os paséis por el catálogo on-line de esta colección numismática, así podréis apreciar con más detalle las monedas. En el catálogo on-line sólo se muestran unas 11.000 monedas, que no es que sean pocas, pero sólo representan 1 de cada 50 objetos del total de la colección. Si os parece mal que no estén todas y queréis que pongan más podéis dar un donativo para tal fin adoptando una moneda. ¡No diréis que no es una iniciativa original!










José I fue un mandatario que en España siempre se vio como extranjero y nunca fue querido. Su leyenda negra ha llegado hasta nuestros días y todavía hoy se ve con recelo a pesar de que muchos historiadores coinciden de que su gobierno distó de ser malo (sobre todo si se compara con su predecesor y su sucesor). En cualquier caso, está claro que el pueblo no le quiso y José I Bonaparte pasó a la historia popular como Pepe Botella, sobrenombre que aún hoy conserva.

Otra cuestión es el aspecto numismático de su reinado, que aunque fue corto es más que interesante. A juzgar por la cantidad de veces que aparecen en subasta y por los remates que obtienen, mi opinión es que se conservan bastantes de sus monedas en buena calidad y aún así son piezas caras (lo que no es una contradicción). Yo creo que la causa es debida a que fueron monedas que circularon poco tiempo, puesto que con la restauración de la monarquía borbónica no se podía utilizar moneda de José I y per se la gente las guardó. Como son piezas muy bonitas muchos las coleccionan y de ahí su precio. La excepción son las monedas de 320 reales, que son raras y muy caras; hay un ejemplar en el museo de la FNMT, por si alguien lo quiere ver.

Hoy dedicaré la entrada exclusivamente a las monedas más grandes que acuñó: los duros acuñados en Madrid (que es la serie que más me gusta de este reinado), los de Barcelona, el de Sevilla y los 320 reales. Se acuñaron monedas del mismo valor, pero unas indicando 20 reales  y otras 8 reales; además, las que se acuñaron en Barcelona durante la Guerra de la Independencia tomaron un valor de 5 pesetas. Explicar el por qué de esta aparente contradicción es largo, por lo que lo dejamos para otra entrada, pero si alguien quiere irse adelantando que lea este ensayo de Javier de Santiago Fernández.

Todas las monedas que pongo en esta entrada están sacadas de la subasta de 11 de marzo de 2010 en Aureo, en la que se subastó una deliciosa colección de moneda de José I. Muchos fuimos los aficionados que pudimos disfrutar con la colección, pero muy pocos los que pudieron llevarse una pieza a casa. Pongo entre paréntesis los precios de remate de las piezas.

DUROS ACUÑADOS EN MADRID

20 reales  1808 AI (1150 euros)

20  reales 1809 AI (650 euros)

20 reales 1809 IG (1300 euros)

20 reales 1810 AI águila grande (580 euros)

20 reales 1810 AI águila pequeña (800 euros)

20 reales 1810 IA (3400 euros)

20 reales 1810 IG (3000 euros)

20 reales 1811 AI águila grande (900 euros)

20 reales 1811 AI águila pequeña (420 euros)

20 reales 1812 AI (570 euros)

20 reales 1812 RN (950 euros)

DUROS ACUÑADOS EN BARCELONA

5 pesetas 1808 (400 euros)

5 pesetas 1809 (600 euros)

5 pesetas 1810 (1000 euros)

5 pesetas 1811, 25 rosetas (330 euros)

5 pesetas 1811, 22 rosetas (700 euros)

5 pesetas 1812 (650 euros)

5 pesetas 1813 (3700 euros)

5 pesetas 1814 (4200 euros)

DUROS ACUÑADOS EN SEVILLA

20 reales 1812 LA (1450 euros)

ONZAS ACUÑADAS EN MADRID

320 reales 1810 AI (10000 euros)

320 reales 1810 RS (25000 euros)

320 reales 1812 RS (13700 euros)

En cuanto a la cuestión estética, a mí me parecen muy elegantes, sobre todo las acuñadas en Madrid y Sevilla. El busto de José es realista a la vez que recuerda a los emperadores romanos, de perfil y con una mirada profunda. El escudo también es una preciosidad con los seis cuarteles representando los diferentes reinos de España, colonias de ultramar incluidas, y el águila napoleónica en el medio.

Son piezas que, como ya he dicho antes, se suelen dejar ver en las subastas españolas muy frecuentemente. La excepción son las de 320 reales que se ven de tarde en tarde. Eso sí, la calidad de las piezas de esta entrada difícil de igualar.

Ya se ha comentado en el blog que los Reales de a 8 españoles fueron durante varios siglos moneda de intercambio mundial. Se podría escribir un libro entero dedicado a lo que se inventaban los diferentes países (o colonias) para marcar las monedas españolas y convertirlas en monedas oficiales de su país. Eso es algo que hicieron muchas colonias británicas, como Estados Unidos o Australia y también otros países como China, Brasil o Filipinas. A este respecto, hay una colección muy interesante de resellos en la próxima subasta de Aureo.  Podríamos tirarnos horas hablando del tema, pero hoy nos centramos en Australia y en la curiosa manera de convertir la moneda española en propia, que no era otra que agujerearla y hacer una moneda anular.

El procedimiento era sencillo: se cogía una moneda de 8 reales, se agujereaba y se convertía en un anillo de plata más un pequeño redondel de plata también. Bueno, pues el anillo se correspondía con una moneda de 5 shillings y el redondel interno con una de 15 peniques, después de resellar ambas, claro está. Popularmente se les conocía como un holey dollar (dólar agujereado) y un dump (deshecho, vertedero), respectivamente.

Aquí se indica que se produjeron 39.910 holey dollars, de los cuales se dice que siguen existiendo 395, aunque otras fuentes estiman que existen hoy en día menos de 300. En cualquier caso, se tratan de unas piezas con muchísimo valor histórico, tanto por su escasez como por su importancia en la numismática australiana. Prueba de ello es que en la web del Museo de Billetes en curso Australianos hacen mención expresa a este tipo de monedas y a su importancia antes de la federación.

Para poner más divertido el asunto,  en la revista Crónica Numismática de noviembre de 1996 se dice que sólo se acuñaron (o reacuñaron, como se quiera) este tipo de monedas durante 16 años, entre 1813 y 1829, y además fueron objeto de numerosas falsificaciones. Una consecuencia de dichas falsificaciones fue la suspensión y retirada de la circulación de estas piezas.

Es fácil imaginarse que con este panorama, catalogar los holey dollars es todo un reto. No obstante, se citan tres publicaciones especializadas al respecto en Crónica Numismática. La primera es muy antigua y con escaso rigor, se trata de “The world of the holey dollar” de Philip Spalding, publicada en Santa Bárbara en 1937. La segunda se trata de “The holey dollar & dump” y la tercera “The Holey Dollars of New South Wales”, ambas de W.J.D.W. & W.J Noble (no indica más que las siglas de los autores). He hecho una pequeña búsqueda y parece ser que estas publicaciones hace tiempo que dejaron de estar disponibles. No obstante, hay quien ha publicado en su web un pequeño catálogo de los holey dollars, así como características y curiosidades al respecto; muy interesante esta última fuente, está más que recomendada.

Para finalizar hay que decir que el gobierno australiano sacó en 1988, 1989 y 1990 unas series de Holey Dollars and dumps para coleccionistas, como las que se ven en la imagen superior. Las podéis ver aquí, aunque ya sabéis cuál es mi opinión al respecto.

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