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Con esta ya son tres las entradas que dedica esta bitácora a las 100 pesetas de Franco. En la primera describía las diferentes estrellas que pueden aparecer, mientras que en la entrada anterior describía un lote de monedas que ha pasado hace poco por mis manos. En esta entrada simplemente voy a dejar unas cuantas fotos que me ha pasado un lector del blog. En ellas se aprecia perfectamente los dígitos de ambas estrellas.

Allá van:

1966 (19-66)

 

1966 (19-67)

 

1966 (19-67) variante uno en punta

 

1966 (19-68)

 

1966 (19-69) palo recto

 

1966 (19-70)

Para concluir dejo un texto que aparece en la página 86 de la revista numisma del año 1972 (más sobre Numisma).

Como busto del Caudillo se hicieron troqueles con los escultores don Juan de Avalos y de nuestro grabador don Manuel Marín, cuya reproducción fotográfica incluimos.
El reverso fue obra del dibujante don Teodoro Miziano, elegido por el señor Jiinistro de entre varios realizados por el Departamento de Grabado de esta Fabrica y el citado dibujante.
La labor fue totalmente realizada en nuestros talleres, constituyendo un gran esfuerzo de todo el personal, que se esmeró en vencer todos los obstáculos que se fueron presentando para poner a punto esta fabricación en tan escaso tiempo.

Hace poco que ha pasado por mis manos un lote de 315 monedas de 100 pesetas de plata de Franco. Dedicamos una entrada a esas monedas hace casi un año, en la que se explicaba las diferentes variantes que se presentan en sus estrellas y la forma de reconocerlas. Ahora lo que me propongo es indicar algunas conclusiones que se pueden sacar de haber analizado el lote. Si bien 315 monedas están lejos de las necesarias para la ley de los grandes números, sí que puede considerarse una muestra suficientemente representativa como para ver qué podemos encontrarnos en un lote como éste.

Se trataban de monedas usadas, con muchos golpes, sucias y en relativo mal estado que habían sido guardadas por un tendero con la finalidad de invertir en plata. Las estrellas que tenían las monedas eran:

1966 (19-66) = 146 ejemplares. (Tirada oficial de 15.000.000)

1966 (19-67) = 40 ejemplares. (Tirada oficial de 35.000.000)

1966 (19-67) variante uno en punta  = 11 ejemplares

1966 (19-68) = 90 ejemplares (Tirada oficial de 24.000.000)

1966 (19-69) = 0 ejemplares

1966 (19-70) = 28 ejemplares (Tirada oficial de 995.000)

Por otra parte, todas las piezas del lote estaban en tal estado de conservación que no merece la pena meter ninguna de ellas en una colección. También es de destacar que a pesar de que tenían muchos golpes y suciedad en todas ellas se veían perfectamente ambas estrellas. Tampoco se han encontrado giros ni variantes de cóspeles rotos o rieles en mal estado. Ya se sabe que el gobierno franquista se esmeró en acuñar estas monedas.

En cuanto a estas monedas, un par de apuntes para finalizar. Estas piezas está bien para aprender a limpiar plata. Como son monedas muy baratas que no tienen especial valor numismático son unas candidatas perfectas para ser usadas de conejillo de indias.  El otro apunte es que, como ya he dicho más veces, los metales preciosos están carísimos últimamente así que es un buen momento para desprendernos de este tipo de monedas. Evidentemente esta es mi opinión, hay lectores que me llevan la contraria en los comentarios y creen que la plata seguirá subiendo a medio plazo; que cada cual haga lo que quiera, faltaría más.

Cuando empecé con el blog escribí una breve entrada en la que enumeraba media docena de consejos que considero muy importantes y que en cierta forma he ido desarrollando a lo largo de todo este tiempo. Estos consejos no pretenden ser axiomas o imperativos morales, sino simplemente eso: consejos, quien quiera que los tome y quien no que los deje. Hoy voy a añadir uno más que no es otra cosa que una recomendación de compra.

Ya he comentado que un amigo mío llamado Enrique conoce mucha gente obsesionada con la numismática: gente que compra, compra y compra como si fuese una obsesión. Desean tener algunas monedas y eso les hace pagarlas caras, a veces incluso siendo conscientes de ello. En mi opinión eso no tiene gracia porque esos impulsos irracionales sólo pueden hacer perder dinero a la gente; además, tener una buena colección sólo a base de haber gastado mucho dinero no tiene mérito, me parece a mí. Eso lo podría hacer cualquiera (cualquiera que tenga dinero, se entiende).

De todas formas, del deseo no nos libramos ninguno y hay muchas veces que queremos una moneda y estamos dispuestos a pagar más dinero por ella de lo normal. En esos momentos yo llamaría a la calma, a parar, reflexionar y pensar si realmente vale lo que nos están pidiendo. La norma para comparar y el baremo para decidir es el siguiente:

“Comprar sólo las monedas que fuese capaz de vender por el mismo precio a medio plazo”

Está claro que si tengo que vender una moneda por obligación por necesitar dinero líquido de un día para otro, perderé dinero en cualquier circunstancia. No obstante, lo normal (si somos personas planificadoras) es que el dinero lo necesitemos al cabo de unos cuantos meses. En ese caso yo debería ser capaz de vender en unos seis meses todas mis monedas por, al menos, el precio que yo pagué por ellas.

Antes de que me lluevan las críticas he de decir que técnicamente este sistema es un asco: no pretende que las monedas de mi colección me proporcionen ningún interés y no incluye en la fórmula la volatilidad del mercado, lo cual podría hacer que aunque  hoy sea capaz de vender una moneda por 100 quizá el año que viene no sea capaz de venderla ni por 60 aunque me tire seis meses intentándolo. Por ello no debe ser visto como una regla de inversión o de especulación, sino como algo a preguntarse cada vez que vayamos a comprar una moneda. Además tiene la ventaja de que como cada uno somos capaces de vender las monedas a un precio, al seguir la regla nos aseguraremos de adquirir monedas dependiendo de lo que sepamos.

Una vez dicho esto tengo que confesar que aunque generalmente uso esta regla como freno para mis impulsos, hay ocasiones en las que me la salto y adquiero alguna moneda por capricho, siendo consciente de que la estoy pagando cara. No pasa nada si sólo lo hacemos de vez en cuando y calculando el dinero que gastamos y que previsiblemente no seremos capaces de recuperar. También tengo que decir que esta regla la sigo cuando compro monedas para mi colección; las que compro pensando en que quizá las revenda las tengo que comprar más baratas para permitir que a quien se las venda pueda seguir esta regla sin problemas.

Las imágenes de la entrada me imagino que ya las conoceréis: se trata de la moneda de 20 euros de 2011 que acaba de emitir la FNMT y que homenagea a Clara Campoamor.  No digo más sobre esta moneda porque ya sabéis mi opinión y además ha aparecido la noticia en múltiples blogs (v.g. Pertegón y Numismática Visual) y en múltiples foros (como Imperio Numismático). De entre todos, resaltaría la entrada que ha dedicado Rubén en su blog Historia y Numismática, un blog muy interesante que acaba de comenzar y que recomiendo visitar a todos los que entiendan la numismática como una ciencia auxiliar de la historia.

A la gente que empieza a coleccionar monedas es complicado hacerles entender que el precio de una moneda varía enormemente dependiendo de en qué mano esté, sobre todo cuando se habla de monedas caras. Voy a ver si lo explico en esta entrada.

Casi todos los días recibo algún correo diciéndome que tienen algunas monedas provenientes de una herencia familiar. En la práctica totalidad de los casos esas monedas resultan ser falsas o no tener ningún valor numismático, pero ha habido algunas excepciones. Uno de ellos era un chico madrileño (llamémosle Enrique) que había heredado varias piezas de la monarquía española de bastante valor. Como siempre es un placer verlas quedé con él y le dije que a mi juicio eran buenas, aunque en algunas de ellas dudaba bastante. Entre las que me parecían buenas estaban una de 10 céntimos de Carlos VII, una de 20 reales y otra de 80 reales de Isabel II, un doble excelente de los Reyes Católicos, dos 8 reales columnarios, dos piezas de ocho escudos de Carlos III y Carlos IV… ya digo que había cositas interesantes.

Ahora viene  la pregunta complicada: ¿Cuánto vale esto? No es fácil de responder puesto que el precio de esas monedas varía enormemente dependiendo de en qué mano esté. En manos de Enrique vale muy poco, primero porque no conoce coleccionistas que pudiesen estar interesados en ellas, por lo que sólo le quedaría la posibilidad de vendérselo a un intermediario, que le pagaría entre un 20 y un 50% menos de lo que sacaría él. Todo esto suponiendo que el intermediario sea una persona honrada y no le venga con la clásica de “son piezas falsas” para comprárselas a precio de plata y de oro aún siendo buenas.

En mis manos (me pongo yo como ejemplo aunque valdría cualquier aficionado) algunas de esas monedas valen más porque conozco  coleccionistas interesados en todas ellas que estarían interesados en comprarlas. No me sería nada difícil vender las baratas a un precio razonable, e incluso podría hacerme responsable de que son buenas porque ya han pasado varias de esos tipos por mis manos y las conozco bien. Ahora bien, yo no soy capaz de dar mi palabra de que un doble excelente de los Reyes Católicos es bueno, no tengo la experiencia suficiente. Así pues, para las piezas más caras me veré obligado a darlas baratas a algunos coleccionistas que sí se vean capaces de reconocer si son buenas o no, o si no me veré obligado a recurrir a un intermediario. No obstante, yo ya sé qué intermediarios son de fiar y cuáles no.

Otro caso sería que esas piezas estuvieran en manos de un profesional que pueda garantizar su autenticidad, que conozca qué coleccionistas estarían interesados en cada una de las piezas e incluso quién estaría dispuesto a pagarle más dinero. En esas manos es donde las monedas realmente valen su precio.

Con este ejemplo supongo que quede claro por qué el precio varía mucho dependiendo de quién posea las monedas. El valor añadido que el vendedor proporciona es fundamentalmente el tener contactos y el proporcionar una confianza a sus compradores que se traduce en una garantía de que las monedas son buenas. Quien compra unas piezas (aunque sean caras) no tiene por qué ser un experto en numismática, y la mayoría de las veces es la confianza que se tiene en el vendedor lo que hace que se compre con confianza.  Yo no entiendo de moneda romana, pero si tuviese que comprar alguna conozco vendedores a los que les compraría piezas a ciegas.

Esta idea está muy relacionada con algunas de las cosas que se ha dicho en el blog. Por ejemplo, por esto mismo no recomiendo que nadie compre monedas caras cuando está empezando, porque perdería mucho dinero a la hora de desprenderse de ellas (él o sus herederos). También se relaciona con que no recomiendo que nadie empiece comprando monedas en eBay, donde la confianza es más bien escasa.

Finalmente, publico aquí un consejo que suelo dar a los dos o tres que resulta que han tenido piezas buenas y caras: “subcontratad esa confianza”. La forma de subcontratarla es poniéndose en contacto con alguien que sea capaz de venderlas a buen precio y se lleve un tanto por ciento de la venta. Yo hice de ese rol para unos familiares hace unos años y el que se vea en esa situación y conozca a un aficionado posiblemente sea su mejor opción. En caso de no conocer a nadie la forma de llegar a los coleccionistas finales proporcionándoles garantías es acudir a subastas numismáticas, las cuales tienen unas cargas bastante grandes, pero a priori vendiendo así las monedas se sacará más que dándoselas a un intermediario.

Las imágenes de la entrada están sacadas de la subasta de Aureo del 26 de enero de 2011. Se tratan de medio real, un real, dos reales, cuatro reales y ocho reales acuñados en Potosí bajo el reinado de Carlos II. Se remataron en 70, (desierta), 190, 110 y 180 euros respectivamente.

Cuando alguien empieza a coleccionar moneda española lo normal es que empiece por los duros de plata, intentando hacerse con ellos con ambas estrellas visibles. Una vez que tiene completa, o casi completa, la colección se tira a por las pesetas y los pesetones. Los pesetones son fáciles quitando un par de fechas (1891 y 1894); pero las pesetas… ¡hay lo que cuesta tenerlas todas con estrellas! En esta entrada voy a presentar un par de ellas y además voy a dejar la idea de que no sólo hay que fijarse en las estrellas, esas son sólo una parte del total de la moneda que hay que observar.

Las pesetas en cuestión se tratan de las dos que se hicieron a Alfonso XIII pelón: 1889 (18-89) y 1891 (18-91). A pesar de que la diferencia de precio entre ambas es más que considerable las voy a presentar juntas porque ambas tienen la extraña característica de que es muy raro encontrárselas con la primera estrella acuñada. No entiendo por qué, pero en la mayoría de los casos la primera estrella está anepígrafa o muy débil, a pesar de que la moneda en su conjunto tenga buen aspecto.

Recuerdo una vez que en un mercadillo un aficionado (sin duda alguna muy nuevo en la materia) le estaba diciendo a un vendedor que una peseta de 1891 que tenía en venta era falsa porque no era  posible que estuviese en tan buen estado y a la vez le faltase una estrella. Bueno, pues en este caso no es sólo que es posible, sino que es muy común. Así pues, en todas las monedas en general, pero en estas piezas en particular, no se deben valorar exclusivamente porque tengan o no estrellas, puesto que se dan casos de piezas en perfecto SC sin la primera estrella.

Evidentemente, esto que estoy diciendo se puede dar la vuelta y recomendar que si nos ofrecen una peseta de 1891 con ambas estrellas fuertes a buen precio, la compremos sin dudarlo porque no es una oferta que nos vayan a hacer todos los días. Lo mismo se podría decir de la peseta de 1889, pero en ese caso dudo bastante que nos vayan a hacer una oferta tal a buen precio.

Las fotos que ilustran la entrada muestran dos monedas de una peseta de 1891 y de 1889. Ambas tienen los cuatro dígitos (mi trabajo me ha costado encontrarlas), pero podéis ver que la estrella de la derecha es mucho más fuerte que la de la izquierda. La peseta de 1889 está peor, aunque está bonita para ser una fecha tan rara, pero la pieza de 1891 está muy bien y aún así los dígitos de la estrella de la izquierda se resienten.

Por último, hay que añadir otra característica extraña de las pesetas de 1891 que a mí me resulta más rara que lo de las estrellas: apenas se ven ejemplares en MBC. Es la única moneda que conozco en la que es muy común encontrarse ejemplares en BC/BC+ y también en EBC o calidades superiores, pero apenas nunca se ven las calidades intermedias (MBC-, MBC, MBC+), que son las calidades que suelen buscar los que empiezan a coleccionar pesetas.

Lo normal para todo coleccionista de monedas, sobre todo al principio, es coleccionar alguna serie. Algo que venga ya cerrado, que tenga un principio y un fin, como si fuera una colección sacada por una editorial. El caso extremo de esto, como nos decía Roberto en un comentario, es el coleccionismo de euros, en el que muchos caen en un “coleccionismo por fascículos” yendo a la numismática igual que los niños van a comprar cromos al kiosko. Otro tipo de series muy típicas son las monedas de Juan Carlos I, del Centenario de la Peseta, las bimetálicas del mundo… son series de las que hay catálogos donde te explican cuáles tienes y cuáles te faltan. Es muy fácil, y justamente en esa facilidad reside su ventaja.

Pero resulta que a muchos nos pasa que llega el día en el que nos damos cuenta de que tenemos una parte importante de nuestro patrimonio invertido en monedas y nos viene nuestro Pepito Grillo particular a preguntarnos si realmente lo estamos haciendo bien o si estaremos perdiendo dinero a manos llenas. Una de las preguntas puede ser ¿está correctamente diversificada la inversión? ¡Dios mío! Puedo sentir que algunos de los lectores del blog han agarrado con ambas manos la mesa porque nunca se habían hecho esta pregunta. En mi opinión, al igual que cuando se tiene una cartera de acciones no se deben tener todas en el mismo mercado, puede resultar peligroso tener todas las monedas en la misma serie, por mucho que nos guste. Y parece ser que no soy el único que opina así. Ahora mismo hay mucha gente que colecciona la moneda de El Centenario de la Peseta, pero ¿qué pasa si se pasa la moda? ¿y si se vuelve a poner de moda la moneda medieval como hace unos años? ¿y si la plata baja y se pone a mitad de precio (no es descabellado)? ¿y si resulta que las monedas rusas dejan de cotizarse a los precios que están ahora? No es que vayan a ocurrir todas estas cosas a la vez, pero alguna puede pasar, y en el caso de que ocurra deberíamos estar cubiertos para no perder demasiado dinero en ello (recordemos que parto del supuesto de que una parte importante de nuestro patrimonio está invertido en monedas).

Claro que la solución no puede ser comprar una moneda de cada y tener una “colección ultra-diversificada” en la que quepa una de 8 escudos de Carlos III, un sestercio de Nerón, una peseta de 1884, un rublo de 1830… no tiene sentido porque es totalmente imposible que un aficionado controle todos esos mercados y sepa a quién vender las piezas en caso de ser necesario. No se puede ser experto en todo y no es razonable pensar que seremos capaces de saber a qué precio comprar y a qué precio vender cualquier moneda que aparezca, tanto si es babilónica como si es un Holey Dollar.

Así pues, para evitar esta tesitura mi propuesta sería diversificar la colección, pero atendiendo siempre al mercado en el que nos movemos y a la posibilidad de poder deshacernos de las piezas a medio plazo sin perder demasiado dinero. Una forma de diversificar se propone en el número de marzo de 2010 de la revista “The Numismatist“. Consiste en no intentar abarcar una serie entera, sino quedarnos sólo con ciertas monedas representativas, de manera que estén todos los tipos, todas las cecas y todos los ensayadores representados. Esto tiene la ventaja de que podríamos hacernos una colección suficientemente amplia de una serie sin caer en dejarnos un dineral para completarla. Amén de que hay series que son prácticamente imposibles de completar, como pueden ser los reales de a 8 de España y colonias. De esta manera podríamos tener una colección de moneda española que contemple 8 medios escudos, 15 reales de a 8, 10 duros de plata, 8 monedas de 2 reales, 9 pesetas y 50 cobres variados; y luego podríamos tener moneda francesa, inglesa, romana…

Otra opción sería la de estudiarnos bien ciertas series concretas pero dispersas. Por ejemplo podríamos convertirnos en expertos de las monedas de 2 escudos de cecas peninsulares, de los denarios bajo imperiales, de los jinetes íberos, de las pesetas de Franco, de los silver dollars y de cobres de Napoleón. Se tratan de series dispersas, abarcables una a una para el largo plazo y poco correladas entre sí, de forma que si pasa la moda de algunas de ellas o si el valor de un metal se desinfla su repercusión en el global de la colección no será dramático.

Finalmente, hay que subrayar que un el gusto personal es crítico a la hora de seleccionar una serie en la que coleccionar, pero también es importante tener en cuenta factores de mercado. Por ejemplo, hoy en día no recomendaría a nadie ponerse a coleccionar moneda de oro porque creo que está muy caro (aunque algunos lectores opinen lo contrario con el mismo criterio, o mejor, que el mío). Además, hay que mirar de reojo la cantidad de coleccionistas que hay de esas monedas y nuestras estimaciones para el futuro. Por ejemplo, todas las series que he dicho anteriormente serían muy fáciles de vender a buen precio en caso de necesidad, puesto que hay mucho mercado tanto dentro como fuera de España; pero si alguien se aventura a coleccionar piezas almohades se encontrará con serias dificultades para encontrar compradores, por lo que teniendo en cuenta la rareza de esas piezas (y su consiguiente volatilidad) es muy probable que pierda mucho dinero si necesita vender su colección.

 

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de la última subasta de Stack’s New York, que se celebró el pasado 10 de enero. Se tratan de una estátera del Imperio Indio de Gupta, un doble táler de Leopoldo I de Austria, 10 ducados de Transilvania, 8 reales de Perú y 5 pesetas de Perú. Los precios que alcanzaron fueron de 375, 1300, 37500, 3000 y 1200 dólares respectivamente.

A mi casa me llegan cada poco tiempo catálogos de subastas numismáticas. Tanto es así que uno ya se acostumbra a recibir gratuitamente libros de monedas a todo color de forma totalmente gratuita; parece como si ya no tuviesen valor alguno. No obstante, no es tan común recibir catálogos que cuando los lees, independientemente de si se puja por algo o no, se aprende de ellos. Tal es el caso del catálogo de la próxima subasta de Cayón, del que se pueden extraer un montón de cosas. En esta entrada voy a dejar un pequeño repaso del conocimiento adquirido, fijándome en algunas piezas concretas (que no tienen por qué ser las más caras o espectaculares) y no en la subasta en su global, de la que estoy seguro que Rafael hará una buena descripción.

La primera pieza en la que hay que fijarse es en la preciosa dobla de la banda de Juan II con ceca de Ávila que se muestra arriba. La moneda es inédita y era desconocida hasta la fecha; probablemente sea una pieza única. De ella hacen una muy buena descripción, indicando que la fecha más probable de acuñación sea verano de 1420, cuando Juan II pasó una temporada en Ávila en la que aprovechó para casarse. También hacen alguna reflexión artística bastante interesante sobre la pieza, destacando dos detalles.

El primero de ellos es que la banda del escudo va de derecha a izquierda, algo muy raro que sólo se da en otro modelo acuñado en Sevilla (tipo 16.10 en el libro de Mozo y Retuerce, quien por cierto Cayón ni siquiera cita). El segundo detalle que indican es que si nos fijamos en los castillos del escudo se asemejan a una catedral gótica, mostrando los contrafuertes, exactamente igual que los castillos de las monedas acuñadas en Sevilla. No obstante, en las doblas de la banda acuñadas en Burgos (abajo se muestra una procedente de la subasta Caballero de las Yndias) el castillo recuerda a unas torres románicas. Esto hace pensar que el ensayador sienta más próximo el arte gótico que el románico, o la catedral de Sevilla del románico burgalés, lo que hace creer a Cayón que el ensayador fuese sevillano y no burgalés como podría pensarse en un principio por la proximidad geográfica. Un tercer detalle se le escapa a Cayón y es que la marca de ceca se encuentra sobre el escudo, lo cual sólo se da en las cecas de Burgos y Coruña, y no en Toledo o Sevilla, donde se muestra la marca de ceca en el reverso.

Otra moneda muy curiosa son los ocho reales que se muestran abajo. En ellos se observa un exceso de metal sobre el número 8. Según Cayón, esta marca se debe a que al labrar el punzón en un primer lugar se procedía a marcar las zonas donde se grabarían los diferentes elementos y luego se procedía a la grabación en sí. Por el motivo que sea, después de grabar el 8 no se pulió correctamente el cuño y ahí quedo ese exceso de metal para que los futuros coleccionistas se hiciesen una idea de cómo trabajaban los ensayadores mejicanos.

No obstante, en la subasta hay una pieza que llama la atención y que hace pegar un bote en el asiento a cualquier aficionado a la numismática del Centenario de la Peseta. Se trata del duro 1871 (18-72) que se muestra abajo.

Al verlo un amigo me escribió y me preguntó que si conocía la existencia de este duro. Yo le dije que no y lo comentamos en el foro de Imperio Numismático, donde el resto de aficionados tampoco habían oído hablar nunca de él.  De hecho, en la revista Numisma se publicó en su número 12 (julio-septiembre de 1954) un artículo de Rafael Sabau titulado “Las acuñaciones de duros en el sistema monetario de 1868”, donde se concluye como altamente improbable que exista el duro de 1871 (18-72). En dicho artículo se dice que por la Real orden de 5 de marzo de 1871 se aprueba la acuñación de duros con fecha 1871 (18-71), (18-72), (18-73), (18-74) y (18-75), siendo el año 1872 en el que más duros se acuñaron, pero siendo todos ellos con estrellas (18-71). Indica también que Antonio Bernabé Sánchez indica en el Boletín Ibero Americano de Numismática (diciembre de 1952) la existencia del duro de 1871 (18-72) pero sin proporcionar ninguna prueba argumental ni ningún ejemplar conocido. Así pues, concluye Sabau, si después de que tanta gente haya coleccionado duros del Centenario parece poco probable que de existir ese duro no haya aparecido, lo que hace pensar que de hecho, no existe.

Pues bien, aquí parece haber uno, y lo ponen sin dar ningún tipo de explicación de dónde lo han sacado o qué les hace pensar que es un duro auténtico y no está troquelado. Es, simplemente, una pieza más a subastar. Así pues, llamé por teléfono a Cayón y le expliqué mis argumentos diciéndole que tenía serias dudas sobre la autenticidad del duro, aunque no dudaba en ningún momento en su palabra. Me dijo que inspeccionó la pieza y que en su opinión es buena y no está troquelada; que hay veces que aparecen monedas inéditas y que aunque en El Centenario es difícil que pase, puede ocurrir. También me dijo que él garantizaba la pieza de manera vitalicia, de forma que si algún día se le demuestra que es falsa o troquelada, él devolvería el dinero correspondiente y fin del asunto.

Con todo, y por mucho que Cayón sea uno de los numismáticos más prestigiosos de España, sigo teniendo serias dudas de que ese duro tenga estrellas (18-72). En caso de serlo lo normal hubiera sido dedicar un extenso estudio a ese lote, al igual que se hizo con la dobla de la banda que se muestra más arriba. Por otro lado, la repercusión en la comunidad de coleccionistas, de haberlo dado credibilidad, hubiera sido enorme y seguro que el lote se hubiera rematado en bastantes miles de euros. Nada de esto ha ocurrido, por lo que me extraña que realmente el duro 1871 (18-72) exista.

Lo único que no me ha gustado del catálogo es la publicidad que hace, indicando que ellos venden más caro comparando dos piezas de oro rematadas en su sala de subastas y en Cayón en la subasta de Caballero de las Yndias (no lo dicen explícitamente, pero está claro a qué se refieren). Una comparación así de directa es engañosa y muy fea, más que nada porque los precios de las monedas muy raras son muy volátiles y es fácil que de una subasta a otra se rematen por el doble de dinero o más. Seguramente Aureo también podrá encontrar ejemplos de piezas importantes que se han rematado en Aureo a más del doble que en Cayón.

De hecho, una de las piezas que indican es la onza madrileña de 1710 que se muestra arriba. Dicen  con letras grandes que en 2001  se remató en Cayón por 103.674,59 euros, mientras que en 2009 se remató “en otra subasta” por 47.200 euros. También podrían haber dicho que en 1988 se vendió en Stacks por $126.000.

Un último apunte es que esta vez la subasta de Cayón es en enero, apenas quince días después de la 39 Convención Internacional de Numismática de Nueva York (aquí tenéis un resumen de la misma). Esto puede hacer que algunos profesionales anden con poco efectivo para esta subasta y que los coleccionistas más modestos nos podamos hacer con algún que otro lote, aunque está claro que las piezas buenas hay que pagarlas.

Antes de despedirme no me puedo resistir a mostrar este precioso octodragma de Arsinoe II en calidad EBC+. ¡Quién lo pillara!

Una de mis monedas favoritas son los 50 céntimos de 1892, porque a la vez que es una moneda humilde que todo el mundo se puede permitir tener en buena calidad, es una moneda que presenta bastantes variantes, algunas no tan fáciles de ver. Digamos que tiene su truco, y esta entrada se va a dedicar a explicar ese truco.

La moneda normal ya la conocéis todos, pero por si acaso os la presento.


Su estrella derecha es un 9, pero la grafía es bastante redondeada, con un rabito tan largo que casi llega a cerrarse. Es importante conocer bien esa grafía porque es justamente la estrella izquierda la que presenta las variantes más comunes. Digamos que el 9 tiene más o menos la siguiente forma (yo soy un horror dibujando):

El trazo suele ser bastante grueso (en comparación con el tamaño de la estrella y del dígito) y casi parece un 8, pero no lo es. En esa diferencia radica justamente la primera variante, la de 1892 (8-2). En este caso la primera estrella es un 8, exactamente igual al de los 50 céntimos de 1889 (8-9).  Para esa variante no es tanto la cuestión de intentar dejarnos los ojos para ver si se llega a cerrar el rabito del 9 y en la estrella aparece un 8; si se trata de la variante 1892 (8-2) se nota. La primera estrella sería como la siguiente:

Las otras dos variantes de la estrella izquierda son mucho más fáciles de ver. La primera de ellas es la de 1892 (2-2), en la que ambas estrellas tienen el dígito “2”, viene a ser como la siguiente:

La otra variante es la de 1892 (6-2), también llamada 1892 (G-2). Viene a ser lo mismo: la primera estrella no es ni un “6” ni una “G”, sino un “9” al revés. Un 9 al revés suele parecer un 6, pero como en este caso el grafo es muy redondeado y muy cerrado casi parece más una G. En cualquier caso, detectarlo es bien sencillo porque está el número al revés.

Tengo que decir que a esta variante la tengo especial cariño porque quizá haya sido la compra numismática que más me haya pensado. No hacía mucho que empezaba yo en el mundillo de las monedas y me ofrecieron la pieza que pongo en las fotos que siguen por 110 euros. Es un precio estupendo, pero yo no controlaba el mercado y dudaba muchísimo. Además, por aquellos años gastarme 110 euros en una moneda me parecía un pastón. Intentar que mi novia me entendiese después fue todavía más difícil. La compré, ahí sigue y sigo muy contento con la moneda. Ahora me pienso muchísimo menos cuando hago compras de 1.000 euros (mi novia no sé si me entiende todavía pero creo que ya se ha acostumbrado).

Después de este paréntesis, seguimos:

Otras variantes se dan en las fechas del 1892, debido a la reutilización de cuños de 1889, dando lugar a la variante 1892/89(9-2). Para detectar la variante basta con fijarse bien en el 9 y ver si aparece un exceso de metal en la panza, debido a que hay un 8 debajo. Se observa algo como esto:

Aparte de las variantes en fechas, una que se suele olvidar todo el mundo de comprobar es la variante de cambio de ensayador, que se da por reutilizar cuños de los ensambladores anteriores. En este caso es PGM/MPM. Si nos fijamos es fácil de ver, tan solo con observar la presencia de un exceso de metal alrededor de la “P” y de la “G”. En la imagen de abajo se observa perfectamente el trazo de la “P” bajo la “G”.

Con esta pequeña entrada se pueden detectar todas las variantes que yo conozco en la moneda de 50 céntimos de 1892. Hay que notar que pueden aparecer varias variantes a la vez. En global yo conozco las siguientes:

1892 – PGM (2-2)
1892/89 – PGM (2-2)
1892 – PGM (8-2)
1892 – PGM/MPM (8-2)
1892/89 – PGM (6-2)
1892/89 – PGM (9-2)
1892/89 – PGM/MPM (9-2)
1892 – PGM/MPM (9-2)

Todas las fotos que hay en la entrada provienen de mi propia colección.

Dentro de los diferentes duros de plata de Amadeo I se pueden encontrar las siguiente variantes, tal y como fueron citadas en el blog hace ya algún tiempo:

1871 – SDM (18-18)
1871 – SDM (18-71) Sin punto después de G
1871 – SDM (18-18) Base de columna derecha más corta
1871 – SDM (18-18) oreja rayada
1871 – DEM (18-18)
1871 – SDM (71-18)
1871 – SDM (18-73)
1871 – DEM (18-73)
1871 – DEM/SDM (18-74)

Como se ve, todos los duros de Amadeo tienen fecha de 1871 y son las diferentes estrellas y los ensayadores (Eduardo Díaz Pimienta y Julio de Escosura Tablares en el caso de DEM y Donato Álvarez Santullano y Eduardo Díaz Pimienta en el caso de SDM) los que dan más o menos valor a la pieza. Sin duda alguna, la variante más común es la de 1871 (18-71), las de estrellas (18-74) y (18-75) hasta hace poco eran también muy sencillas, pero ahora parece que escasean bastante. En cualquier caso, claramente la más difícil es la moneda de 1871 (18-73) DEM, a la que hoy se dedicará la entrada.

El duro de Amadeo I de 1871 (18-73) (o “duro del 73”) es la típica moneda que falta en muchas colecciones durante bastante tiempo, pero que si se busca al final se puede encontrar por un precio razonable. Eso sí, la mayoría de nosotros sólo podemos aspirar a conseguirla en calidad MBC-. Esto es debido a la escasez de esta pieza de la que, según Cayón y los Hermanos Guerra, sólo se acuñaron 46.000 ejemplares, que pueden parecer muchos, pero no son nada si se comparan con los casi 25 millones de duros que emitió Amadeo.

Ya os podéis imaginar, si no es que lo supieseis ya, que el duro del 73 es una de las piezas más buscadas de El Centenario, y como sólo se distingue por un pequeño detalle de otra moneda muchísimo más barata, hay multitud de duros falsos obtenidos a partir de troquelas las estrellas de un (18-71). Sin ir más lejos, yo mismo he recibido al menos media docena de correos de gente diciéndome que tiene un duro del 73 herencia de su abuelo, y cada poco he visto a gente preguntando lo mismo en foros, dando por supuesto que son buenos y pidiendo que alguien se los tase. De toda esta gente nadie ha podido confirmar que tenga un duro del 73 auténtico.

Esto hace que haya que ser muy precavido a la hora de adquirir uno de estos duros, porque es fácil que lo que nos ofrezcan sea un duro troquelado. Para detectar la autenticidad del mismo sólo sirve estudiar con sumo cuidado la segunda estrella; pero este examen es difícil porque al ser un duro que ha circulado carecerá de brillo en la estrella sea auténtico o troquelado. Por eso no nos podemos fiar del brillo original como se hacía en otros casos (un ejemplo y otro ejemplo), aquí no queda más que conocer de memoria la forma del 3 y la profundidad del trazo y saber identificar si el dígito es bueno o si lo han hecho con un punzón. La imagen de abajo muestra en detalle una estrella auténtica (la moneda es mía).

El 3 tiene que estar formado en la mitad de arriba por dos trazos rectos, y luego tener una panza redondeada. El trazo superior del 3 debe estar alineado con el del 7, y la posición del dígito debe estar centrada con respecto al inicio de los dos picos de la derecha de la estrella. El grosor del punzón debe ser del mismo grosor que el del 7 y también que los dos dígitos de la otra estrella. Aún así, sólo recomendaría comprar esta pieza a vendedores de mucha confianza y (a poder ser) teniendo factura.

Un último apunte es que en la entrada se ha hablado del duro de 1871(18-73) DEM y Cayón también cita un duro de 1871 (18-73) SDM por error. Yo incluí esa variante citada por Cayón en la lista de variantes de duros, pero a decir verdad nunca he visto ese error, ni en mano ni en una subasta. No estaba ni tan siquiera en la subasta Hispania. Así que por mi parte, y como dicen los expertos, se trata de “una variante no confirmada”.

En cuanto al precio, el duro que se muestra justo arriba está en calidad MBC+ y se remató en la subasta Hispania por 850 euros. El resto de fotos son de un duro del 73 que tengo yo.

Como ya sabéis, todos los años desde 1994 la FNMT emite unas monedas de 12 euros dedicadas a celebrar algún acontecimiento artístico, político o histórico, y este año ya ha emitido una allá por el mes de marzo. Pues bien, resulta que algunos años en vez de una emite dos porque en nuestro país ocurren de vez en cuando cosas extraordinarias. Eso se hizo en el año 2004 porque se casaron Felipe y Leti y también se va a hacer este año sacando una nueva moneda de plata para la ocasión.

¿Qué será lo más celebrable de este 2010? ¿El récord absoluto de paro por mucho que se maquillen las estadísticas? ¿La brutal subida de impuestos a la que nos vemos sometidos? No ¡eso no es para celebrar! ¡Hay que buscar algo más alegre, de lo que nos sintamos orgullosos! ¿Los 100 años del nacimiento de Miguel Hernández? ¿Un homenaje a nuestro gradísimo cineasta Berlanga? ¡Qué va! Algo de lo que toda España esté orgullosa, y no sólo aquéllos tipos raros que lean buena poesía o admiren cómo hacer una gran película en tiempos de censura. Mucho mejor celebrar el que la selección española ganó jugando al balonpié y de paso los jugadores ganaron 14 millones sólo en primas que las han pagado 50 millones de primos. Y ya que estamos por festejar, festejemos a lo grande y en vez de poner las moneda a 12 euros las ponemos a 20 ¡que estamos que lo tiramos oiga!

Bueno, ya dejando de ser jocoso diré que, como habéis podido comprobar, no me gusta nada el balonpié. No hay deporte más aburrido en este mundo, me parece a mí. Os podéis imaginar que en junio del año pasado acabé hasta las narices de las bubucelas. ¡Y ahora me vienen con una moneda!. Aparte de eso, ya sabéis mi opinión de estas piezas: que nada más las acuñan para hacer caja y que no son ninguna buena inversión.  A este respecto tuvimos una buena discusión en el foro de Imperio Numismático en el que yo opinaba que no eran una buena compra (aún así dudo si darme el capricho de seguir con la colección) y la mayoría de los demás aficionados pensaban que sí lo era. Quien quiera que lo lea y saque sus conclusiones, claro está.

Todavía no he dicho algo que ya supongo que sabréis, y es que para haceros con las monedas no tenéis más que ir al Banco de España a adquirirla o solicitarlas en vuestro banco o caja de confianza. Ellos os las proporcionarán sin cobraros ningún recargo a los 20 euros que cuesta la pieza, tal y como dice el BOE. Tampoco os vayáis a creer que esta vez como se trata de fútbol y de que se ha hecho muchísima publicidad en la prensa de deportes y generalista (un ejemplo, otro y otro), este año se van a acabar y luego van a subir mucho de precio. No, en el propio BOE indica que “dicha cantidad (de piezas acuñadas) puede ser aumentada o reducida en función de la demanda del mercado […] con el objetivo de evitar divergencias significativas entre el valor facial y numismático de la moneda “. En otras palabras, que la FNMT va a acuñar todas las monedas que quiera la gente, de tal manera que aquí no hagan negocio más que ellos, quienes estarán encantados de vender la plata a 1,23 euros/gramo.

Una última cuestión es una duda que aparece de vez en cuando y que, sin ir más lejos, me preguntó un lector del blog hace un par de días. Estas monedas, al igual que las de 12 euros a partir de 2004 no son de circulación. Antes se consideraba que las monedas de 2000 pesetas y las de 12 euros de 2002 y 2003 eran monedas de circulación, pero en diciembre de 2003 cambió la ley y pasaron a considerarse monedas conmemorativas; vamos, que no se puede pagar con ellas.

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