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Hace unos meses se puso en contacto conmigo un coleccionista de Valladolid que tiene una forma de coleccionar radicalmente opuesta a la mía. Eso mismo es lo que me pareció más interesante y no tardamos mucho en quedar para tomar una cerveza e intercambiar opiniones.

Resulta que esta persona (lo mantendremos en el anonimato si no es que él me diga lo contrario) coleccionaba exclusivamente errores numismáticos. Su afición comenzó como una simple curiosidad que le generó su privilegiado trabajo: era la persona encargada de encartuchar monedas en una Caja de Ahorros. De vez en cuando se daba cuenta de que había algunas monedas que no encajaban en los cartuchos, y se fijó en que tenían errores y las guardaba como curiosidad. La curiosidad pasó a ser un estudio y al cabo de un tiempo ya no sólo guardaba las que se encontraba casualmente, sino que las buscaba a propósito.

Me contaba con una mezcla de melancolía y orgullo la cantidad de tardes que había pasado entre monedas. En la Caja de Ahorros “compraba” sacos de monedas según venían de la FNMT y con una lupa y muchísima paciencia se ponía a buscar excesos de metal, giros, cóspeles rotos… luego las fotografiaba, las clasificaba y así forjaba su colección. Una colección en la que nunca jamás tuvo que gastarse un real, puesto que nunca ha comprado una moneda. De hecho, la gracia es justamente esa: forjarse uno mismo la colección, rescatando monedas que pasan de ser meros objetos de comercio a ser piezas especiales para coleccionistas.

Al final lo dejó y ahora apenas se dedica a la numismática. Había varias razones. Una de ellas es que hay muy pocos aficionados a ese tipo de coleccionismo y apenas tenía con quién intercambiar monedas o incluso con quién hablar del tema. La segunda, y quizá más importante, es que se daba cuenta de que la afición se había convertido en una especie de obsesión que le comía demasiado tiempo y que le hacía estar pensando todo el día en los dichosos errores. En ese caso, hizo lo mejor: dejarlo una buena temporada.

También dedicaba esfuerzo a la divulgación del coleccionismo de errores, aunque muchas veces de forma infructuosa. De hecho, en Valladolid puso una pequeña exposición con más de 100 errores diferentes de los 20 céntimos de 1999 de España. Además, publicó varias láminas en las que se muestran las monedas y los diferentes errores que presentan, de forma que se puede construir un álbum en el que tener las monedas bien catalogadas.

Al final pagué yo las cañas y él me dio un DVD con un montón de fotografías y monedas catalogadas por él mismo. Una auténtica pasada que aquí comparto con vosotros. Están las láminas que él realizó y cientos de errores numismáticos, entre los que se incluyen escesos de metal, rebabas, giros, roturas de cuño… Podéis descargaros las fotos con los siguientes enlaces. Que las disfrutéis:

Láminas de errores 1
Láminas de errores 2
Láminas de errores 3

Euros 1
Euros 2

Curiosidades numismáticas 1
Curiosidades numismáticas 2
Curiosidades numismáticas 3

Cuando alguien empieza a coleccionar moneda española lo normal es que empiece por los duros de plata, intentando hacerse con ellos con ambas estrellas visibles. Una vez que tiene completa, o casi completa, la colección se tira a por las pesetas y los pesetones. Los pesetones son fáciles quitando un par de fechas (1891 y 1894); pero las pesetas… ¡hay lo que cuesta tenerlas todas con estrellas! En esta entrada voy a presentar un par de ellas y además voy a dejar la idea de que no sólo hay que fijarse en las estrellas, esas son sólo una parte del total de la moneda que hay que observar.

Las pesetas en cuestión se tratan de las dos que se hicieron a Alfonso XIII pelón: 1889 (18-89) y 1891 (18-91). A pesar de que la diferencia de precio entre ambas es más que considerable las voy a presentar juntas porque ambas tienen la extraña característica de que es muy raro encontrárselas con la primera estrella acuñada. No entiendo por qué, pero en la mayoría de los casos la primera estrella está anepígrafa o muy débil, a pesar de que la moneda en su conjunto tenga buen aspecto.

Recuerdo una vez que en un mercadillo un aficionado (sin duda alguna muy nuevo en la materia) le estaba diciendo a un vendedor que una peseta de 1891 que tenía en venta era falsa porque no era  posible que estuviese en tan buen estado y a la vez le faltase una estrella. Bueno, pues en este caso no es sólo que es posible, sino que es muy común. Así pues, en todas las monedas en general, pero en estas piezas en particular, no se deben valorar exclusivamente porque tengan o no estrellas, puesto que se dan casos de piezas en perfecto SC sin la primera estrella.

Evidentemente, esto que estoy diciendo se puede dar la vuelta y recomendar que si nos ofrecen una peseta de 1891 con ambas estrellas fuertes a buen precio, la compremos sin dudarlo porque no es una oferta que nos vayan a hacer todos los días. Lo mismo se podría decir de la peseta de 1889, pero en ese caso dudo bastante que nos vayan a hacer una oferta tal a buen precio.

Las fotos que ilustran la entrada muestran dos monedas de una peseta de 1891 y de 1889. Ambas tienen los cuatro dígitos (mi trabajo me ha costado encontrarlas), pero podéis ver que la estrella de la derecha es mucho más fuerte que la de la izquierda. La peseta de 1889 está peor, aunque está bonita para ser una fecha tan rara, pero la pieza de 1891 está muy bien y aún así los dígitos de la estrella de la izquierda se resienten.

Por último, hay que añadir otra característica extraña de las pesetas de 1891 que a mí me resulta más rara que lo de las estrellas: apenas se ven ejemplares en MBC. Es la única moneda que conozco en la que es muy común encontrarse ejemplares en BC/BC+ y también en EBC o calidades superiores, pero apenas nunca se ven las calidades intermedias (MBC-, MBC, MBC+), que son las calidades que suelen buscar los que empiezan a coleccionar pesetas.

En los correos que me mandan los lectores esporádicos de esta bitácora los dos temas que más me preguntan es que les tase sus monedas y que cómo se limpian monedas. Sobre el tema de las tasaciones se habla largo y tendido en el blog, sin embargo el tema de la limpieza no se ha tratado todavía por el simple hecho de que yo no tengo ni idea. No he limpiado nunca una moneda ni tengo pensado hacerlo. Pero como me lo preguntáis tanto escribiré esta entrada con algunos consejillos y luego que cada cual haga lo que quiera.


Lo primero que hay que tener en cuenta es que al limpiar una moneda lo normal es que su valor numismático se pierda totalmente o al menos decrezca significativamente. Así pues, si tienes una moneda que creas que valga para algo, lo mejor es que no la limpies, porque si lo haces previsiblemente la estropearás. En caso de tener monedas de Franco circuladas, monedas del mundo o alguna otra de poco valor, entonces sí que podremos limpiarlas puesto que no tienen un valor numismático que perder.



Si la suciedad de la moneda no está “pegada” y es un simple ennegrecimiento, entonces es posible que simplemente con agua y jabón se pueda quitar. Para ello, úntate un poco de jabón de lavarse las manos en los dedos, coge con ellos la moneda y ponla bajo un grifo de agua mientras la masajeas con cuidado. Toca la moneda sólo con los dedos, no rasques con las uñas ni con otro elemento. Una vez que hayas quitado el ennegrecimiento, deja la moneda sobre una toalla y sin frotarla espera a que se seque.

Ciertamente, este método no es nada agresivo y se puede llevar a cabo sin mucho riesgo de que vayamos a estropear la pieza. Con otros métodos que requieren aplicar productos químicos hay que tener mucho más cuidado.

De entre esos productos químicos la estrella es el amoniaco. Mucha gente lo que hace para engañar a los nuevos es sumergir las monedas de plata en amoniaco y luego sacarlas y frotarlas. Quedan totalmente limpias y brillantes, aunque el brillo que tienen no original, sino uno muy feo que no gusta a los coleccionistas. Además, el amoniaco se come todos los relieves de la moneda y ésta queda para el arrastre. No obstante, hay gente que consigue engañar a novicios en la materia haciéndoles creer que esas monedas limpiadas están realmente en calidad sin circular.

Yo no recomendaría a nadie destrozar sus monedas a base de amoniaco o limpia-plata, pero si tenéis piezas de plata, estáis seguros de que no valen  más que su peso y las queréis dejar brillantes, es una técnica que podéis emplear. También es típico usar el amoniaco cuando se van a utilizar las monedas para ostentar, por ejemplo si se usan para arras de boda. En cualquier caso, tened en cuenta que un  coleccionista que entienda mínimamente siempre va a preferir tener monedas con pátina de años, aunque no brillen tanto.

Luego hay un montón de “técnicas avanzadas” de limpieza de monedas. Se podría escribir un libro sobre ello, pero yo no tengo ni idea así que malamente puedo escribir un párrafo. Hay gente que tiene métodos para limpiar el óxido de las monedas; yo siempre intento comprar piezas sin óxido y las guardo de forma que no les sale, por lo que no he tenido que limpiarlas.  También hay gente que podría escribir un montón sobre cómo limpiar monedas medievales o romanas. Ya os digo que yo no entiendo sobre el tema, pero os aconsejo que os paséis por el foro de Imperio Numismático y por el de Identificación Numismática, que cuentan con sendos subforos dedicados a la limpieza de monedas. Ahí seguro que hay aficionados que os pueden resolver las dudas más precisas.

Un último apunte es que las imágenes que forman la entrada son dos monedas de mi colección y no tengo ningún interés en limpiarlas. La primera se trata de una peseta de 1869 con leyenda “Gobierno Provisional” y la segunda 2 pesetas de 1882 estrellas (18-82). Están ennegrecidas pero tienen muy poco desgaste; a mí me gustan mucho así, quitarles ese ennegrecimiento sería quitarles buena parte de su aura. Lo más gracioso es que esa segunda moneda tiene el reverso prácticamente sin circular y con casi todo su brillo original, como se muestra en las fotos siguientes.


En la entrada dedicada a analizar las casas de subastas numismáticas en España no dediqué espacio a la casa Ibercoin por el simple y llano motivo de que por aquél entonces (diciembre de 2010) todavía no había realizado ninguna subasta. Hoy va a ser el día que realice la segunda.

Ciertamente no puedo opinar demasiado sobre esta casa de subastas porque no tengo experiencia en comprar ahí. En la primera subasta que realizaron no pujé porque quería esperar para saber si eran o no gente seria, y por lo que me han comentado parecer ser que sí lo son. En la subasta de hoy no he pujado por otros motivos. En cualquier caso, me alegra de que las empresas de numismática empiecen a hacer uso de las TIC (información sobre TIC y más TIC para numismática) y que incluyan la tecnología como parte fundamental de su negocio; en mi opinión es precisamente eso lo que puede hacer un hueco a Ibercoins en el mercado.

No está de más echar un vistazo a su página web, ni tampoco al catálogo de la subasta de hoy.  La página está bastante bien, aunque en mi opinión hay cosas en el diseño que podrían mejorar (claro que es maravilloso si se compara con las webs de otros numismáticos); además, tienen una serie de monedas en venta con unos precios razonables en general. En cuanto al catálogo, si bien es evidente que no es un catálogo de primera fila, como pueda ser Aureo o Cayón, tiene muchísimas piezas que encajarían perfectamente en cualquier colección. Entre ellas una magnífica colección de pesetas de El Centenario, algunas de las cuales ilustran esta entrada. No está de más estudiárselo.

Por otra parte, al comprar en esta subasta se tiene la ventaja de que todavía no es muy conocida, por lo que quizá no suban demasiado los precios. Sin ir más lejos, el blog de Numisfera todavía no estudiar esta subasta. Y como alguna crítica hay que hacer, pues digo que la calidad de las fotografías de las monedas es muy pobre, y en muchos casos se merecen una alta resolución para poder estudiar la pieza con detenimiento; no estamos hablando de monedas que cuesten dos pesetas.

Es muy típico que la gente tenga un bote con monedas antiguas, guardadas en un rincón de la casa y que nadie ha mirado en los últimos cuarenta años. De repente, algún día se interesan por ese bote y también por el precio que puedan tener las piezas, no vaya a ser que tengan la suerte de que suene la campanada y saquen una propina. La situación es tan normal que hay mucha gente que llega hasta mi blog consultando en Google por el valor de sus viejas pesetas. Entradas como esta son de las que más visitas tienen.

Mucha gente al encontrar las monedas va a mercadillos a preguntar por el precio de las piezas, y generalmente no valen para nada, así que van de tenderete en tenderete hasta que se dan cuenta de que las pueden tirar al río, que sacarán lo mismo por ellas. Las pocas veces que los comerciantes encuentran piezas que valen para algo, se las compran a peso y no les pagan casi nada por ellas. Es normal.

Pero los más jóvenes, y los que utilizan Internet para consultar absolutamente cualquier cosa que no sepan,  acaban consultando en Google cómo tasar sus monedas. Tras leer un rato se dan cuenta de que no es tan fácil como parece, y es por eso por lo que ya llevo unas cuantas entradas dedicadas a las tasaciones. Hay veces que consultan en foros de numismática, como éste o éste, y siguen dándose cuenta de que es difícil.

He aquí la respuesta que di a una mujer que preguntaba aquí por qué hacer con un puchero de pesetas de Franco y del rey que tenía en su casa (me curré la respuesta y encima la mujer se lo tomó a mal, hay gente para todo…):

antes de nada, echa un vistazo a esto

En principio ese puchero no vale demasiado, lo siento si te desilusiono Si están en un puchero olvídate de encontrar nada en calidad sin circular.

Si quieres venderlas tienes tres opciones:

Opción A –> deshacerte de ellas, vendérselas a un aficionado (o a un profesional) que le gusten los errores, que será lo que más pueda interesar. A 8 euros el kilo de pesetas lo vería un precio interesante.

Opción B –> separar las monedas de 1947 y de 1953, tirando el resto de las monedas que haya. De entre las monedas que has apartado separa las que se vea algún número en ambas estrellas de las que hay a los lados de UNA en el reverso (tendrás que usar para ello una lupa). En las que no se vea nada, apártalas junto a las que quitaste antes, las que se vean estrellas son las interesantes. Hay gente interesada en las “interesantes” que has sacado, 30 euros por cada 100 monedas de ese estilo puede ser un precio interesante. El resto puedes venderlas a 4 euros el kilo… si es que te los pagan…

Opción C –> ponte a mirar una a una, interésate por conocer errores (¿que qué es un error?… madre mía, estás muy verde… quizá pierdas mucho tiempo si decides esta opción). Una vez que hayas apartado las monedas que pueden valer algo descubre su precio y busca compradores. ¿Te diré yo su precio y a quién vendérselas? No, éstos son mis motivos.

Yo sinceramente, aconsejaría a todo el mundo que no tenga especial interés en la numismática que se decante por la Opción A, puesto que la probabilidad de encontrar una pieza que merezca la pena será muy baja y el tiempo que hay que invertir es bastante alto. Evidentemente, si en el lote hay monedas de oro y plata la cosa puede cambiar. Aunque tampoco hay que esperar que se tenga una joya.

Si resulta que el lote no es de moneda española del siglo XX, sino de moneda mundial del siglo XX, pues para el caso lo mismo: raro será que alguna moneda cueste dinero. De todas formas, ahí hay una ventaja y es que se puede regalar el lote a algún niño y con él seguro que pasamos un buen rato.

Como ya se ha comentado, últimamente hay muchos aficionados a coleccionar errores numismáticos. Hay varias páginas dedicadas al coleccionismo de errores, entre ellas esta página de Benjamín Muñiz. Ya iremos desgranando en el blog los diferentes tipos de errores que nos podemos encontrar, todo con calma y tiempo, que si no nos atragantamos. Sin embargo, esta entrada está dedicada a errores que NO hay que coleccionar.

Un error es, por definición, una “cosa hecha erradamente”; vamos, que es algo en lo que ha habido una equivocación. Por lo tanto, no tiene sentido considerar como errores numismáticos piezas que hayan sido acuñadas mal a posta, ya que eso no deja de ser una estafa inmoral e ilegal.

Una estafa de este estilo a gran escala se produjo en España a finales de los años 70, cuando unos cuantos individuos que tenían acceso a los cuños de la FNMT imprimieron cientos de supuestos errores que poco a poco fueron introduciendo en el mercado, haciendo una práctica deacuñación ilegal de moneda y estafando a los coleccionistas de errores. Me consta que hay errores de diversos tipos:


Moneda perteneciente a la colección privada de

José Crispulo Villanueva Arjona “Villi”, obtenida de bencoins

– Acuñaciones de pesetas, duros, cinco duros, cincuenta pesetas y cien pesetas en plata.
– Acuñaciones de pesetas, duros, cinco duros, cincuenta pesetas y cien pesetas en oro.
– Acuñaciones de pesetas, duros, cinco duros, cincuenta pesetas y cien pesetas en cobre.
– Acuñaciones confundiendo el metal, acuñando en cuproníquel lo que es de aluminio o vicerversa.
– Acuñaciones de monedas confundiendo el cospel. De forma que se acuña una moneda de cien pesetas en un cospel de una de veinticinco o una de cinco duros en una de duro, como la imagen de arriba.
– Acuñaciones bimetálicas.
– Acuñaciones con el anverso de un facial y el reverso de otro.
– Acuñaciones emparejando un cuño del rey y un cuño de Franco.
– Acuñaciones sobre piezas de monedas de Franco, es decir, usando monedas de peseta, duro o cien pesetas como cospel.
– Acuñaciones sobre piezas de Alfonso XII y Alfonso XII, sobre todo monedas de cincuenta céntimos y de peseta.

No hay que tener muchas luces para ver que si una moneda es de oro o está acuñada sobre otra moneda de Alfonso XII eso no puede ser debido a un error fortuito. Por eso me parece que coleccionar o comerciar con este tipo de monedas es contribuir a la estafa; yo me niego rotundamente. No obstante, hay gente dispuesta a hacerlo y no es difícil encontrarse monedas de estas características en mercadillos o en subastas españolas. Mi opinión al repecto es que no debería estar permitido subastarlas por la procedencia ilegal de las piezas. Además, tal como indica Cayón en su catálogo, estos errores no tienen ningún valor numismático.

Me imagino que esta entrada os la estuviérais esperando. Y es que era obligatorio dedicar una a las variantes de las monedas de cobre del Centenario de la Peseta (ya tuvimos una entrada para las monedas de oro, otra para los duros de plata y otra para el resto de las piezas de plata). Así pues, sin más miramientos y sólo recordando que no se pretende que la lista esté completa y que tampoco se incluyen las piezas “normales”, pues allá van todas las variantes de cobres que conozco:

1 CÉNTIMO

1870 prueba de anverso
1878 Prueba sin OM
1906 – SMV (6)

2 CÉNTIMOS

1878 Prueba sin OM
1904 – SMV (04) estrella al revés
1904 – SMV (04) cero de la estrella partido
1905 – SMV (04)
1911 – PCV (19)
1911 – PCV (10)

5 CÉNTIMOS

1870 doble panza del león
1877 oreja rayada
1878 oreja rayada

10 CÉNTIMOS

1869
1877 Prueba sin OM
1877 oreja rayada
1878 Prueba sin OM
1878 oreja rayada

Esta entrada ha sido más corta, se ve que las variantes de cobres no son tantas, aunque algunas de ellas son muy escasas y muy cotizadas. No obstante, lo interesante de los cobres suelen ser los errores, que los hay y muchos. Además, también hay grabados políticos muy curiosos que se hicieron en los últimos años que circularon. La pena es que como esos grabados son tan fáciles de falsificar el asunto pierde gracia porque es muy difícil saber si la marca se hizo hace 80 años o hace una semana. Para saber más sobre ese tema, pulsad en la imagen.

Si eres una de esas muchas personas que no tiene interés directo con la numismática pero que te has encontrado unas monedas antiguas por casa y quisieras saber cuánto vale, enhorabuena: esta entrada está dedicada a ti.

Es muy típico que algunos abuelos hace una pila de años hayan guardado monedas de plata que se han pasado los últimos 70 años en un cajón. La reacción más típica del nieto al encontrarlo es creerse que tiene un tesoro y que gracias al hallazgo su hipoteca la puede considerar pagada. Desgraciadamente la realidad es muy distinta, si no los créditos hipotecarios no serían un problema en este país.

Lo primero que hay que hacer al encontrarse monedas antiguas es ser conscientes de que hay millones de monedas antiguas de oro y de plata, y que una moneda por el hecho de ser antigua no tiene por qué tener un gran valor numismático. Todo depende de su rareza, del estado de conservación y de la cantidad de gente que la coleccione. Hay monedas romanas que cuestan 2 euros y hay monedas de Franco que se subastan 30.000 euros. No por ser vieja vale más. Por eso, lo más normal es que las monedas encontradas no valgan mucho más que el valor de los metales de los que están hechas, es raro encontrarse monedas de alto valor para coleccionistas. Ahora paso a detallar cómo calcular el precio de esos metales, que casi seguro que es lo único que te ofrecerán por las monedas que te has encontrado.

Una vez que tenemos las monedas, se separan las de oro (si hay suerte y hay alguna), las de plata y las de otros metales. De las que no sean de oro o de plata nos podemos ir olvidando al no ser que veáis alguna en la que se vea con mucho detalle la figura. Si no, eso no vale para nada. Lo normal en las de oro y en las de plata es que sean pesetas, en cuyo caso su valor previsiblemente no sea demasiado elevado, si son anteriores, entonces merece la pena que las vea un aficionado a la numismática: puede haber sorpresas. También cuidado con otra cosa, y es que es típico que aparezcan imitaciones de monedas de plata hechas con calamina u otros metales. Estas son falsas de época y su valor es muy pequeño.

Ahora cogemos las de plata y las observamos para ver su estado de conservación. Lo más normal es que sea malo, porque son monedas que circularon muchísimo. Así que si tenéis unas pesetas o unos duros con un estado de conservación como el que se muestra aquí abajo, será rarísimo que valga más que su peso en plata.


Como se indica en el reverso de las monedas, 200 pesetas (o 40 duros) hacían un kilo de plata, aunque las que nos llegan a nosotros suelen tener menos material por culpa del desgaste. Por otra parte, para saber la cotización de la plata kitco es el mejor lugar, con información actualizada tanto del valor de los metales preciosos como de las divisas. A día de hoy, el precio de la plata es 16,15 $/oz (0,3907 €/gr), por lo que por cada peseta que nos encontremos su valor en plata es de uno 1,95 euros, a lo que habría que descontar algo por el desgaste. Así pues, una estimación razonable es pensar en 1,80 euros por peseta. Ojo, al precio actual de la plata, hace unos meses no pasaba de 1,60 euros por peseta, y es posible que dentro de otros meses vuelva a bajar el precio.

Si hacemos el mismo procedimiento con las de oro hay que tener en cuenta que estas circularon muchísimo menos, por lo que es muy normal encontrárselas en mucho mejor estado de conservación, eso hace que no tengan mucho valor por estar bien conservadas (aunque sí por estar perfectamente sin circular), pero que las monedas apenas estén desgastadas. En las monedas de oro, cada peseta equivale a 0,3224 gramos de oro. Haciendo la misma operación que antes, y teniendo en cuenta que el oro a día de hoy está a 1004 $/oz (24,29 €/gr), por cada peseta que nos encontremos nos darán 7,83 euros. Así pues, una estimación razonable es que por cada moneda de 25 pesetas de oro nos puedan dar 195 euros. Ojo, al precio actual del oro, que es muy alto.

Yo estimaría que estos precios son los que se pueden ofrecer al 90% de la gente que se encuentra unas monedas antiguas. No obstante, nunca está de más que un numismático aficionado o profesional eche un vistazo a vuestro hallazgo por si acaso hay sorpresas. Pero claro, no penséis que os engaña si sólo os ofrece ese dinero por vuestro “tesoro”.

En la actualización anterior indiqué que hay diversos tipos de colecciones y que no es una decisión trivial seleccionar un conjunto de monedas para coleccionarlas. También prometí que indicaría qué colecciono y por qué.

Bueno, pues mi colección está dedicada al CENTERNARIO DE LA PESETA. Algo más que típico en España, por otro lado. Los motivos son los siguientes:

– Es un periodo que me gusta. Por las pesetas pasaron dos repúblicas, cuatro reyes y un dictador. Esto sin contar las Guerras Carlista, las pruebas numismáticas de distinta índole y monedas de necesidad durante la Guerra Civil.

– Mucha gente lo colecciona, y eso es muy bueno porque hay mercado. Es decir, si alguna vez me veo obligado a vender mi colección no será difícil encontrar quién me la compre. Y si no tengo más remedio que venderla de un día para otro, un numismático profesional serio me haría una buena oferta porque sabe que no le costará mucho venderla.

– Al coleccionar pesetas me especializo en ellas, y como hay un mercado importante puedo sacar rédito a mi conocimiento. Esto no significa que no compre ni venda monedas más allá del Centenario de la Peseta, pero mi especialidad es esa. Conocer en toda su profundidad los morabetinos almorávides es muy interesante (y muy difícil), pero seguramente reporte menos beneficios que unos conocimientos medios sobre las pesetas.

– Es relativamente frecuente encontrar conocidos que tienen monedas de sus abuelos y, aunque rara vez sale algo bueno, hay veces que te sorprenden.

– Encontrar monedas buenas no es difícil, sólo hay que mirar las subastas públicas.

– La mayoría de sus piezas acaban revalorizándose.

– Su variación de precios hace que la colección ni sea fustrante ni sea aburrida. Tener una colección completa no es demasiado caro, pero sí lo es mejorar algunas piezas. De esta forma la colección va mejorando lentamente (si lo hiciera muy rápido perdería el interés en ella), aunque siempre habrá monedas inalcanzables, como las 100 pesetas de 1870 que se muestran aquí abajo: si alguien las quiere el precio de salida son 90.000 euros en la próxima subasta de Aureo.

Ojo, con esto no digo que lo mejor sea coleccionar monedas de pesetas. Teniendo en cuenta mi situación económica, mis gustos personales y el tiempo que quiero dedicar a la numismática, es lo que yo hago, pero eso no significa que sea lo mejor para todo el mundo. De hecho, si me tocase la lotería quizá empezaría a coleccionar monedas medievales castellanas. Pero como nunca juego a la lotería es difícil que me toque 🙂

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