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Voy a dedicar una entrada a los medios escudos por un motivo muy particular: me encantan los durillos. Ya sabéis que yo tengo cierta inclinación por El Centenario de la Peseta. Lo que no había dicho hasta ahora es que también me inclino por los duros peninsulares, tanto su versión en oro como su versión en plata (así que si alguno de mis lectores tiene alguno le recomiendo que me lo regale y así me motive para seguir escribiendo esta bitácora :p ).

Las monedas de medio escudo eran llamados generalmente “durillos” por el simple y llano motivo que equivalían a un duro, es decir a 8 reales, y eran más pequeños. En la entrada anterior ya dijimos que el cambio oficial en España entre el oro y la plata era de 1:16. Así pues, 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro y de la misma forma, medio escudo equivalía a 8 reales. Pero mientras que un duro de plata rondaba los 27,5 gramos y tenía unos 36 milímetros de diámetro, un medio escudo pesaba 1,7 gramos y su diámetro era de unos 12 milímetros. Está claro por qué la llamaban “durillo”.

Todos los borbones desde Felipe V hasta Fernando VII, excepto Luis I, acuñaron durillos en diferentes cecas españolas, fundamentalmente Madrid y Sevilla. En este sentido, Felipe V, Fernando VI y Carlos III acuñaron en Madrid y Sevilla, mientras que Carlos IV y Fernando VII sólo acuñaron en Madrid. Además, Fernando VII hizo monedas de medio escudo en dos cecas americanas: Lima y México. A esto sólo hay que añadir unos medios escudos creados en Mallorca por Carlos II y por Felipe V, que fueron los primeros en acuñarse y cuyos ejemplares son muy raros. José I no acuñó medios escudos, básicamente porque unificó el real como medida monetaria en España.

Como veis, el espectro de  los medios escudos está bastante acotado, lo cual es una ventaja para coleccionarlos porque hay pocas cecas y son piezas muy fáciles de identificar. Otra ventaja es que se hicieron muchas piezas, sobre todo si se comparan con otras monedas de oro peninsulares. Esto hace que su valor numismático no sea muy elevado en general (aunque claro que hay rarezas), mientras que al tener poco oro, su valor de metal tampoco es excesivo. Así, muchos de los medios escudos nos los podemos encontrar por menos de los 200 euros en una conservación MBC.

Hay que destacar que fueron monedas que circularon bastante (de nuevo comparándolas con monedas de oro de la época). Eso hace que aunque no sea difícil encontrar ejemplares en MBC o en MBC+, encontrárnoslos en EBC+ o en SC no es tan frecuente. La buena noticia es que su precio es calidades altas no es demasiado elevado. Un durillo que en MBC ronde los 150 euros nos lo podremos encontrar en EBC+ por unos 300. Esa proporción de 2:1 es muy baja si se comparan con otras series españolas, donde pueden ser 50:1 o incluso más.  No digamos nada si se compara con las series americanas.

Pero no todo son ventajas. La primera desventaja es que, al ser monedas tan pequeñas, hay que tener buena vista para apreciarlas. Una vez me dijo un numismático que esas eran monedas para gente joven porque tenemos buena vista, y que según nos hacemos mayores vamos prefiriendo las onzas. Puede ser. O también puede ser que muy poca gente joven es capaz de soltar 1000 euros por una onza de las baratas. En cualquier caso, yo prefiero 10 medios escudos que una onza, si me diesen a elegir.

La otra desventaja (y para esta hay que concienciarse a priori) es que son monedas que se han usado muchísimo para joyería. Con los durillos se han hecho botones, gemelos, anillos, pendientes… (hay que tener mal gusto para llevar un retrato de Carlos III colgado de la oreja, pero hay gente para todo). Por eso es muy normal encontrarse medios escudos agujereados o con soldaduras. Ver que alguien ha taladrado una moneda con la que sueñas para tu colección genera cierta frustración, así que estad preparados para ello si os queréis poner a coleccionar medios escudos.

En global, creo que son monedas asequibles para el público general. No digo que sean baratas y que nos podamos comprar medios escudos todas las mañanas como quien compra el periódico, pero pocas series permiten coleccionar monedas de oro en una calidad aceptable por unos 150-200 euros/pieza. Otras series que rondan esos precios son algunas árabes, pero esas son mucho más complicadas de comprender. Así que quien se vea atraido por las monedas de oro,  no cuente con un capital demasiado grande y tampoco quiera complicarse la vida, creo que los durillos son una buena serie para coleccionar. Con tiempo, paciencia y alguna que otra cualidad podremos acabar teniendo una colección de durillos más que aceptable, como la que se subastó en Aureo en diciembre de 2008, que contaba con 138 piezas.

Las monedas de las imágenes son mías. Lo del brillo original es lo que más me gusta del oro.

Ya se sabe que la América de los siglos XVII y XVIII era un jugosísimo botín repartido por las potencias europeas de la época. Fundamentalmente España y Portugal, aunque otros países también tenían su tajada. Allí decían que estaban para proclamar la palabra de Dios y no sé qué otras cosas más, pero al final lo que les importaba a los Europeos era el dinero, y por allí corría y bastante gracias a minas como la de Potosí. ¿Os parece si hacemos un pequeño repaso de las monedas de oro más comunes que circulaban por América en aquellos años? Vamos de las más pequeñas a las más grandes, y para eso me baso en el artículo “TheCoinage of Commerce”, publicado en enero de 2010 en la revista The Numismatist (al que añado de mi cosecha, como siempre).

Con permiso de las raras 480 reis de Portugal, la moneda más pequeña que rondaba por aquellos lares era española: los medios escudos. Con un peso de 1,69 gramos de oro y una pureza de 0,875 se trataba de una moneda que, aunque fuese valiosa, podía usarse para el comercio de menudeo. A mí particularmente es una moneda que me gusta mucho (tengo pendiente dedicarle una entrada) y si nos las solemos encontrar en calidades bajas es simplemente porque circulaban. Estos medios escudos equivalían a 8 reales de plata puesto que para la España de la época la relación oro/plata era 1:16.

La siguiente moneda de oro que se podía encontrar en los bolsillos de los adinerados (no nos vayamos a creer que cualquier jornalero veía una moneda de oro en su vida) era el escudo. La producción de escudos por parte de España no era muy grande si se compara con otros módulos, pero tenía la gracia de que casi coincidía en peso  con otra moneda que llevaba usándose en Europa desde el siglo XV y que se usaría hasta el siglo XX: el ducado. En efecto, un ducado pesaba 3,4909 gramos de oro, mientras que un escudo eran 3,38 gramos. En América no se acuñaron ducados, pero se produjeron a millones en muchas cecas de Europa central, desde Italia hasta Polonia pasando por Rumanía, Alemania, Austria… no es de extrañar que muchos comerciantes llevasen ducados a América. Igualmente, Portugal tenía una moneda de metrología semejante que acuñaba en Brasil: los 1600 reis, que pesaban exactamente lo mismo que los escudos españoles.

Pero las que solían circular más eran los dos escudos, llamados generalmente “doblón”. Tenían 6,77 gramos de peso y equivalían oficialmente a 4 monedas de 8 reales. Ahora bien, en norteamérica se solía considerar equivalentes a 3 dólares y medio, es decir, a 30 reales. Esto se debía a que el cambio oficioso por el norte entre el oro y la plata era de 15:1 en vez de 16:1.

Muy semejantes a los doblones españoles eran los Luis d’Or franceses, cuyo peso era de 6,75 gramos. Asimismo, Portugal acuñaba los 3200 reis con el mismo peso. Esta coincidencia no era fortuita, sino que conseguía que la moneda española, la portuguesa y la francesa pudiesen ser utilizadas de forma indistinta. Al fin y al cabo, era su contenido en oro lo único que importaba.

Luego estaban las monedas cuyo uso pretendido no era el comercio a pequeña o mediana escala, sino los pagos importantes como podrían ser las compras de terrenos, los pagos entre empresas o los pagos internacionales. Para ese tipo de cuestiones se acuñaban las medias onzas y, sobre todo, las mal llamadas “onzas”: los 8 escudos españoles. Digo mal llamadas porque una moneda de 8 escudos pesa 27,06 gramos de oro de 0.875 de pureza, mientras que una onza métrica tiene 28,35 gramos aproximadamente. Portugal también acuñó en las cecas de Brasil moneda con la misma métrica que España, siendo éstas de 12.800 reis, que solían llamarse “Joe” (más sobre el tema portugués).

Pero las más grandes de todas fueron las monedas de 20.000 reis que acuñó Portugal en la década de 1720 y que rápidamente ser revalorizaron a 24.000 reis porque su contenido en oro era el de 2 onzas españolas. Los españoles las cambiarían por 32 monedas de 8 reales y los ingleses, que comerciaban más con los Portugueses, por 30 monedas de 8 reales. Hay un ejemplar en el British Museum que reproduzco aquí abajo y que espero no tardar en ver (el resto de fotos están sacadas de la Wikipedia).

Eso sí, para moneda grande grande grande, una de 1 tonelada que nos ha mostrado Darío.

Hace un par de entradas hacía un comentario en el que enmarcaba desde el punto de vista histórico a los 8 escudos de 1751 de la ceca de Santiago. Ahora hablaremos de esa misma moneda pero desde un punto de vista muy diferente: haciendo un análisis de mercado para la pieza.

Lo primero, y más importante, a tener en cuenta es que en el año 2001 se rescató del fondo del mar un montón de piezas de 8 escudos de 1751 ceca de Santiago, de forma que lo que hasta entonces era una moneda rara pasó a ser un onza bastante corriente que aparece en muchas subastas. En resumidas cuentas, en el año 1751 se acuñaron muchísimas monedas de 8 escudos en Chile, llevándose la mayor parte a Argentina y de allí a Uruguay, de donde embarcarían en 1752 para la península en el barco “Nuestra señora de la Luz”. Pero al poco tiempo de salir de puerto en el Río de la Plata, el temporal hizo que la embarcación naufragara dejando que reposase en el fondo del mar un tesoro que hay quien estima en 50.000 monedas de oro.

No sé si esas estimaciones son correctas o no, pero el caso es que se rescataron unas 3.000 monedas que fueron subastadas en Sotheby’s. De esas 3.000 piezas la inmensa mayoría eran peluconas de Santiago, y de las que más había era de 1751, así que os podéis imaginar que el precio de estas piezas cayó en picado a principios del siglo XXI (dicen los viejos del lugar que antes pagaban por ellas unos 4.000 euros).

Dicho esto vamos a ver los remates de subastas públicas para estas piezas. La siguiente tabla resume  los datos que he obtenido de mcsearch. No he tenido en cuenta subastas desiertas.

A primera vista se pueden ver tres cosas en esta tabla:

Aparecen muchas monedas de estas en subastas nacionales e internacionales.
La calidad en la que suelen aparecer es muy alta. La mayoría de ellas en EBC+ o superior. Ya dijimos que esto es debido a que la mayoría de estas piezas fueron rescatadas de un pecio y nunca llegaron a circular.
– Hay gente que está loca y de repente se remata por 6000 euros una pieza que a simple vista se ve que vale la mitad. Eso pasa a menudo y por ello yo me llevo muchas veces las manos a la cabeza con los remates de las subastas. Hay veces que es incluso más cantoso y la diferencia porcentual es mucho más grande.

Lo que voy a hacer ahora es utilizar el método de medias móviles con una ventana de un año para calcular el valor de la moneda en cada momento. Para ello calculo para cada momento el valor numismático de esa moneda como la media de los valores numismáticos de los remates en el último año. Con ello obtengo la siguiente gráfica:

Desde luego es una curva con una forma extraña, pero se puede observar que la mayoría de los remates se han movido entre los 1800 y los 3500 euros. También es interesante ver que el precio se ha mantenido en estos niveles a pesar de que el oro ha subido espectacularmente desde el 2007 hasta el 2011 (lo podéis ver en la tabla de arriba).

Pero esta gráfica en sí no nos dice mucho porque estamos agregando datos sin más, y eso no se puede hacer con tanta alegría. Así que lo siguiente que voy a hacer es agregar los datos con mucho más cuidado, teniendo en cuenta tanto la cotización del oro en cada momento como la conservación de la moneda. Así podremos ver también cómo varía el precio dependiendo de su conservación.

Para independizar el valor de la moneda del precio del oro lo que haré será restar a cada remate el precio de la cotización de su oro en ese momento. Así calculo su valor numismático (entiendo que el valor de una moneda es la suma entre el precio de su oro y su valor numismático). Una vez que tenga los valores numismáticos hago la misma operación de medias móviles para cada una de las conservaciones y saco una serie de gráficas que aquí no voy a publicar porque tampoco tiene mucho sentido. Si alguien las quiere que me las pida. El siguiente paso es acumular las medias móviles a un año y obtenemos las líneas de tendencia para que sea más fácil visualizarlo. Además, elimino el remate de 6000 euros por ser excesivamente anómalo.

Y obtengo lo siguiente:

Tiene toda la lógica del mundo. Se puede ver que para todas las conservaciones el valor numismático de la moneda cada vez vale menos, lo que tiene lógica porque tardarán en colocarse todas las peluconas que se salieron del pecio. Además, se paga prácticamente lo mismo por una pieza en SC- que en EBC+, poco menos por las EBC y poco más por las SC. Normal también porque hay muchísimas monedas en calidades muy altas.

Por último, vamos a resumir en unas cifras el valor numismático de esta moneda. Para ello calculamos la desviación típica de las medias móviles con la línea de tendencia y se tiene, que con una probabilidad del 95,5% los valores numismáticos para las diferentes calidades se encuentran en los siguientes márgenes (para obtener el precio habría que sumarles la cotización de su oro en cada momento).

Espero que os haya gustado el método de analizar el precio de una moneda (espero críticas por vuestra parte). En otra entrada sacaré algunas reflexiones a este respecto. También tengo que agradecer a mi amigo P. de la Viuda, con quien tuve la suerte de compartir la carrera y que es quien ha montado todo este asunto matemático por gusto y placer. ¿Quién sabe si volvemos a colaborar en montar algo serio?

Lo dicho, que espero opiniones.

Con todos ustedes uno de los bustos más bonitos jamás grabados en una moneda, no todos van a ser feos (obtenida de la subasta de Soler y LLach del 5 de julio de 2011 ).

Fernando VI no es que fuese un tipo muy atractivo, y pasó por la corona española sin pena ni gloria. Su numismática tampoco es demasiado relevante salvo por la cantidad de bustos diferentes con los que se le retrató en tan poco tiempo y la cantidad de moneda de oro que se acuñó en esos años. Pero a mí personalmente me gusta por la belleza de los bustos, diseñados por Francisco Sáez. Más parecen bustos propios de una escultura en mármol que para representarlo en una moneda.

El estilo, como no podía ser de otra manera, es totalmente barroco y de una enorme complejidad. La leyenda indica en el anverso FERDINANDUS VI D G HISP REX (Fernando VI rey de España por la Gracia de Dios) y en el reverso NOMINA MAGNA SEQUOR (Buscando los grandes títulos). El retrato del anverso presenta a Fernando VI vistiendo una peluca y con facciones redondeadas, algo que en su época se consideraba el canon de la belleza y que cambiaría con Carlos III y su prominente nariz.

En el reverso se presenta el complejísimo escudo de España de la época, que había sido propuesto por Felipe V. En ese escudo aparecen representados los reinos de Castilla y de León junto con Granada, el de Aragón y las dos Sicilias, las flores de lis de la monarquía española, Austria, Borgoña antiguo, Borgoña moderno, Brabante, Flandes y Tirol. Si queréis saber a qué territorio se refiere cada símbolo pasaos por aquí. Yo hecho de menos el símbolo de las colonias americanas, que era lo mejor que tenía España (ya dijo Cervantes que España vale un Potosí), pero ya se ve la forma en la que despreciaban en la época todo lo que no fuese Europa. Además, el escudo está coronado con la Corona Imperial, rodeado de la Orden del Toisón de Oro y con la cruz de la francesa Orden del Espíritu Santo. Si todo esto os parece enormemente complejo es que no habéis visto el Escudo de Armas de la época; aquí os lo dejo extraído de Wikipedia:

Una vez descrita la pelucona os comento un par de detalles propios de esta moneda. El primero de ellos es que son monedas que se encuentran siempre en calidad de EBC para arriba. No he oído hablar de ningún ejemplar en inferior calidad. La razones son dos: por un lado, son monedas que apenas circulaban en la época, así que es fácil encontrarse monedas de 8 escudos en calidades muy altas; la segunda razón, más propia de esta pieza concreta, es que no hace mucho se encontraron muchas de ellas en un pecio de un barco que llevaba el oro de la ceca (ya profundizaré sobre este tema más adelante) y debido a ello la mayoría de las monedas que se venden no han circulado, porque reposaron bajo el mar nada más acuñarse.

Otra de las características propias de esta moneda es la aparición de una zona mal acuñada en el escudo. El ejemplar de la foto tiene una zona casi sin acuñar en el busto y otra en el escudo. Lo del busto es propio de este ejemplar, pero los escudos aparecen así en casi todos los ejemplares que he visto. Además, en la parte de arriba del escudo a la izquierda suele aparecer una pequeña hojita. Por si no lo veis bien en la imagen de arriba, os lo remaco en esta otra:

Esa zona sin acuñar y esa hojita son muy características de los 8 escudos de 1751 de Santiago, y dan una buena muestra de su autenticidad. También es cierto que no suelen verse monedas falsas que intenten imitarlas. Al menos yo nunca he visto ninguna. En cualquier caso, nunca está de más ser precavido y sospechar de la autenticidad de la pieza si no tiene esas características.

En cuanto a tema de precios, lo dejo para la siguiente entrada.

Un lector del blog me hacía la siguiente consulta por correo electrónico:

hola, [….] desde hace un tiempo estoy pensando en invertir en oro, una pequeña inversion […] en un lingote, pero tengo un monton de dudas:

-de cuantos kilates es mejor invertir

-he solicitado precios en las tiendas de compra venta y el de 18 kilates (un lingote) me lo venden a unos 35 euros/g ???.
¿porque si en el mercado esta a 43 euros gramo, lo venden a 35 euros?. Entiendo que este tipo de tiendas jueguen o especulen con los cambios de compra/venta, pero de que sirve entonces el precio de cotización?.

-Existe una bolsa u organismo oficial donde se pueda comprar y vender al precio del momento?, donde, como?

-Este precio oficial de cotización a que tipo de oro se refiere, de 18, 24, … kilates.

Te estaria muy agradecido si pudieras aclararme estas dudas y algunos consejos personales que a mi se me escapan por mi inexperiencia en el tema.

Muy agradecido por tu colaboracion, un saludo.

Yo no me considero ningún experto en el asunto pero me aventuré a darle una respuesta. Aquí os la dejo:

El precio “oficial” del oro es el precio al que se cotiza ese oro en el mercado internacional. Otra cosa es que en las compras y ventas privadas se pague al precio que sea, ya vimos que no siempre se hacen buenas ofertas. En general, los comerciantes a los particulares comprarán oro más barato de su cotización oficial y lo venderán más caro; pero ya te digo que esos son tratos privados.

El oro está ahora a unos 40 euros/gramo. Pero eso es el oro puro, no el oro de 18 quilates, que está pensado para joyería y que es un 75% de oro. Así que, en realidad el oro de 18 quilates costaría 30 euros/gramo, si te lo venden a 35 euros te están metiendo 16% de sobreprecio. Yo, en cualquier caso, de tener que invertir lo haría en oro puro, es decir, oro de 24 kilates porque es el oro que se suele comprar y vender como inversión. El oro de 18 kilates supongo que sólo se lo pudieses vender a joyeros o a fundidores que luego te cobrarían un sobrecoste importante.

Otra cuestión a tener en cuenta al comprar oro físico es a quién se lo compras y a quién se lo vas a poder vender. Si sólo comercias con comerciantes, ellos tienen que ganarse un margen de beneficio. Si ese margen suyo es de un 10% por cada transacción (es un ejemplo, esto es algo que tendrás que calcular tú) entonces pagarás un 10% más caro el oro al comprarlo y lo venderás un 10% más barato al venderlo. Eso hace que el oro tenga que subir un 20% para que tú lo puedas vender al mismo precio que lo compraste. Con las subidas que tiene ahora el oro parece que un 20% no es nada y que lo vas a ganar en una semana; es posible que lo hagas, pero ten en cuenta que los valores volátiles son volátiles para arriba y para abajo, y si ganas no vas a ganar todo lo que suba el oro y si pierde perderás más de lo que baje el oro.

Te pongo un ejemplo: imagínate que compras 10.000 euros de oro pero pagas un sobrecoste de un 10% (es ficticio, vuelvo a repetir). Habrás pagado 11.000 euros.
Situación A: al cabo de un tiempo ha subido un 50%, así que tu oro cuesta 15.000 euros. Lo vendes con un coste de un 10% y recibirás 13.500 euros. Ganancia bruta = 2.500 euros.
Situación B: al cabo de un tiempo ha bajado un 50%, así que tu oro cuesta 5.000 euros. Lo vendes con un coste de un 10% y recibirás 4.500 euros. Pérdidas brutas = 6.500 euros.

A las pérdidas brutas habría que sumar el coste del seguro que contrates por tener el oro en tu casa (si es que contratas alguno). A las ganancias brutas habría que restar el coste del seguro y el pago a Hacienda (recuerda también que un lingote de oro no da dividendos).

Se me ocurren dos maneras de conseguir reducir el sobre coste. La primera sería no comprar oro en lingotes, sino comprar monedas de oro de inversión. Hay muchísimas monedas de oro que se venden por su peso en oro o incluso por menos. Su peso oscila entre unos pocos gramos (6 gramos, por ejemplo las de 20 francos de Napoleón) hasta una onza. Rara vez son más grandes. Pero tienen una ventaja que no tienen los lingotes: son más baratas y es posible que puedas encontrar a particulares con los que comerciar con esas monedas. La razón es muy simple: si compras un kilo de oro es muy raro que encuentres a un particular buscando invertir 40.000 euros en oro comprando tu lingote. Al final se lo venderás a un comerciante y el sobre coste será importante. En cambio, en monedas cuyo precio oscile entre 200 y 1500 euros es relativamente fácil encontrar a particulares que te las quieran comprar. De igual modo, a la hora de invertir en oro podrás comprárselas a otros particulares, y así podréis hacer las transacciones con un menor coste asociado. Digo menor, no digo que sea nulo.

La segunda opción es que no compres oro físico, sino que compres ETF relacionados con el oro o acciones de empresas extractoras de oro. ETF hay muchos, cada cual tiene sus particularidades y yo no me siento capacitado ni siquiera mínimamente como para poderte aconsejar o explicar de qué va el asunto. Lo bueno de esos ETF es que no tendrás que tener el oro físico en tu casa, con lo cual el coste asociado al almacenaje es nulo. Por otra parte el coste de la compra-venta será muchísimo menor, en tiempo real y al precio que se cotice en cada momento, teniendo que descontar sólo el corretaje de tu gestor (que desde luego será muchísimo menor que en el caso del oro físico). Esto yo lo recomendaría sobre todo si lo que quieres no es invertir en oro (es decir, comprar oro para que a largo plazo le puedas sacar un rendimiento) sino que quieres especular con oro (es decir, sacar un rendimiento a corto plazo). De hecho, yo si quisiera especular lo último que haría sería comprar oro físico.

Por último, quisiera decir que el oro actualmente no lo veo barato. Hablo en términos de inversiones. Es decir, que si compras oro y esperas 30 años lo más normal es que saques menor rendimiento que si hubieses comprado un fondo referenciado a un índice bursátil, por ejemplo. Pero puedo estar equivocado, por supuesto.

Cuando se ven los catálogos de subastas o las listas de variantes aparecen muchas veces unos números separados por una barra. Por ejemplo, 1882/1 o 1892/89. Estos números se refieren a ciertas variantes que no aparecen en algunos catálogos (supongo que a estas alturas no hace falta que repita las carencias de los catálogos). No obstante, cuando los coleccionistas se enteran de que existen estas variantes suelen querer tenerlas, y de hecho son muy apreciadas.

Las variantes por sobrefecha se deben a la reutilización de los cuños de una fecha para hacer los de otra. Por ejemplo, para hacer algunos de los cuños de los duros, pesetas y pesetones de 1882 se utilizaron los cuños de 1881 y se grabó el 2 sobre el 1. Al acuñar moneda con esos cuños reutilizados la fecha reflejada es, evidentemente, 1882 pero se observa un pequeño exceso de plata correspondiente al 1 que estaba grabado antes. Evidentemente, según el cuño va siendo utilizado y se va produciendo un mayor desgaste en el mismo, el exceso de metal producido por la fecha inicial es mayor y la variante más clara.

En las monedas de El Centenario la reutilización de cuños se da en varias fechas (echad un vistazo a las siguientes listas de variantes: duros, más duros, platas, cobre, oro y otros). Son monedas rarillas y cotizadas, siendo las más corrientes las de 1882/1, tanto en peseta como en dos pesetas y duros. La siguiente imagen muestra una clara variante de un duro de 1882/1

Fijaos en el exceso de metal que aparece en la panza del 2 y que se corresponde con una línea recta procedente del 1 inicial. Hay veces que lo que cambia es la estrella, siendo 1882 (18-81), como en la siguiente pieza:

En las monedas de El Centenario aparecen sobrefechas, además de en la fecha, en los dígitos de las estrellas. El motivo es exactamente el mismo: la reutilización de los cuños para generar la otra moneda. Ahora bien, hace falta que la acuñación de la moneda haya sido muy buena para que se aprecie con claridad la variante, y aún así es necesario que el observador tenga buen ojo para verla.

Aparte de las monedas de El Centenario también aparecen sobrefechas en monedas de Isabel II (en el catálogo de la colección Anastasia de Quiroga aparecen bastantes) e incluso algunas piezas anteriores, tanto en cobres como en platas y oro de la monarquía española. Por ejemplo, la siguiente imagen es una pieza de 80 reales de 1844/3 acuñada en Sevilla y subastada por Aureo en la colección de Anastasia Quiroga.

Hace poco que estuve por Marruecos y en mi pequeña escapada pasé unos días en Rabat, la capital del país. Se trata de una ciudad relativamente pequeña para ser una capital de estado pero muy bulliciosa y ajetreada. Su carga histórica es muy notable, debido fundamentalmente a los almohades, quienes la fortificaron con una larguísima muralla. Los castellanos, bereberes, alauíes, corsarios y demás que por allí gobernaron también hicieron aportaciones, enriqueciendo la historia de Rabat.

Durante mi estancia realicé una visita a uno de los pocos museos que tiene la ciudad: el Museo del Banco Al-Maghrib. Se trata de un museo mantenido por el Banco Al-Maghrib, el cual posee una colección de monedas de 30.000 ejemplares (también algunos bancos españoles tienen colecciones de monedas), de las cuales expone una selección en su museo. Yo me esperaba que las piezas expuestas se centrasen sobre todo en la historia de Marruecos, pero para mi sorpresa el recorrido histórico era más amplio.

En una primera etapa hay varios paneles con moneda clásica, teniendo la moneda griega una calidad estupenda. Entre otras piezas hay un octodragma ptolemaico de oro con una calidad asombrosa. También se muestran varios tetradragmas con muy buena calidad, así como una pequeña selección de monedas del siglo IV y V a.c. también interesantes. Las monedas romanas expuestas no me llamaron tanto la atención, ni tampoco las bizantinas, aunque el recorrido era muy adecuado para apreciar la influencia de la moneda bizantina en la primera numismática árabe. Al tenerlas juntas eran evidentes los parecidos; no me detengo en esto porque sobre ello se podrían escribir tres tesis doctorales.

Posteriormente se pasa a la numismática medieval que es claramente la mejor parte de la colección. Hay muchos dinares y medios dinares de oro tanto del Califato Omeya como almohades y almorávides, acuñados en África y en la Península Ibérica. La calidad de las piezas es excelente y no hay que entender de moneda islámica para percatarse que es una colección extraordinaria, sobre todo la parte dedicada a los almohades. Se contaban por decenas las piezas de oro en altísima calidad y era un magnífico entretenimiento dedicarse a encontrar semejanzas y diferencias entre las monedas acuñadas en un periodo y las acuñadas en otros. También había varios quirates de plata e incluso un par de morabetinos de Alfonso VIII que demostraban el impacto de la numismática árabe en los territorios cristianos de la Península.

Las fotos que ilustran la entrada pertenecen todas ellas a este periodo y están tomadas de aquí (yo no hice fotos porque está prohibido hacerlas). En esa web hay muy pocas monedas en comparación con las expuestas en el museo, las que a su vez son muy pocas en comparación con las que forman la colección. Además, faltan muchas de las más interesantes o impactantes, como un enorme ejemplar almohade de 10 doblas.

La última parte de la colección fue para mí la más decepcionante: la Edad Moderna estaba descrita de refilón y había muy pocos ejemplares que sirviesen para narrar la historia de Marruecos de estos últimos siglos. También es cierto que no tengo ni idea de la numismática marroquí y es posible que lo poco que hay sea de una rareza extrema. Por último, como no podía faltar, también está el sistema monetario actual y unos cuantos billetes. Además, el museo tiene una colección de cuadros marroquíes contemporáneos; por mi parte sólo salvaría a dos o tres de las llamas, el resto condenados a la hoguera.

Lo normal para todo coleccionista de monedas, sobre todo al principio, es coleccionar alguna serie. Algo que venga ya cerrado, que tenga un principio y un fin, como si fuera una colección sacada por una editorial. El caso extremo de esto, como nos decía Roberto en un comentario, es el coleccionismo de euros, en el que muchos caen en un “coleccionismo por fascículos” yendo a la numismática igual que los niños van a comprar cromos al kiosko. Otro tipo de series muy típicas son las monedas de Juan Carlos I, del Centenario de la Peseta, las bimetálicas del mundo… son series de las que hay catálogos donde te explican cuáles tienes y cuáles te faltan. Es muy fácil, y justamente en esa facilidad reside su ventaja.

Pero resulta que a muchos nos pasa que llega el día en el que nos damos cuenta de que tenemos una parte importante de nuestro patrimonio invertido en monedas y nos viene nuestro Pepito Grillo particular a preguntarnos si realmente lo estamos haciendo bien o si estaremos perdiendo dinero a manos llenas. Una de las preguntas puede ser ¿está correctamente diversificada la inversión? ¡Dios mío! Puedo sentir que algunos de los lectores del blog han agarrado con ambas manos la mesa porque nunca se habían hecho esta pregunta. En mi opinión, al igual que cuando se tiene una cartera de acciones no se deben tener todas en el mismo mercado, puede resultar peligroso tener todas las monedas en la misma serie, por mucho que nos guste. Y parece ser que no soy el único que opina así. Ahora mismo hay mucha gente que colecciona la moneda de El Centenario de la Peseta, pero ¿qué pasa si se pasa la moda? ¿y si se vuelve a poner de moda la moneda medieval como hace unos años? ¿y si la plata baja y se pone a mitad de precio (no es descabellado)? ¿y si resulta que las monedas rusas dejan de cotizarse a los precios que están ahora? No es que vayan a ocurrir todas estas cosas a la vez, pero alguna puede pasar, y en el caso de que ocurra deberíamos estar cubiertos para no perder demasiado dinero en ello (recordemos que parto del supuesto de que una parte importante de nuestro patrimonio está invertido en monedas).

Claro que la solución no puede ser comprar una moneda de cada y tener una “colección ultra-diversificada” en la que quepa una de 8 escudos de Carlos III, un sestercio de Nerón, una peseta de 1884, un rublo de 1830… no tiene sentido porque es totalmente imposible que un aficionado controle todos esos mercados y sepa a quién vender las piezas en caso de ser necesario. No se puede ser experto en todo y no es razonable pensar que seremos capaces de saber a qué precio comprar y a qué precio vender cualquier moneda que aparezca, tanto si es babilónica como si es un Holey Dollar.

Así pues, para evitar esta tesitura mi propuesta sería diversificar la colección, pero atendiendo siempre al mercado en el que nos movemos y a la posibilidad de poder deshacernos de las piezas a medio plazo sin perder demasiado dinero. Una forma de diversificar se propone en el número de marzo de 2010 de la revista “The Numismatist“. Consiste en no intentar abarcar una serie entera, sino quedarnos sólo con ciertas monedas representativas, de manera que estén todos los tipos, todas las cecas y todos los ensayadores representados. Esto tiene la ventaja de que podríamos hacernos una colección suficientemente amplia de una serie sin caer en dejarnos un dineral para completarla. Amén de que hay series que son prácticamente imposibles de completar, como pueden ser los reales de a 8 de España y colonias. De esta manera podríamos tener una colección de moneda española que contemple 8 medios escudos, 15 reales de a 8, 10 duros de plata, 8 monedas de 2 reales, 9 pesetas y 50 cobres variados; y luego podríamos tener moneda francesa, inglesa, romana…

Otra opción sería la de estudiarnos bien ciertas series concretas pero dispersas. Por ejemplo podríamos convertirnos en expertos de las monedas de 2 escudos de cecas peninsulares, de los denarios bajo imperiales, de los jinetes íberos, de las pesetas de Franco, de los silver dollars y de cobres de Napoleón. Se tratan de series dispersas, abarcables una a una para el largo plazo y poco correladas entre sí, de forma que si pasa la moda de algunas de ellas o si el valor de un metal se desinfla su repercusión en el global de la colección no será dramático.

Finalmente, hay que subrayar que un el gusto personal es crítico a la hora de seleccionar una serie en la que coleccionar, pero también es importante tener en cuenta factores de mercado. Por ejemplo, hoy en día no recomendaría a nadie ponerse a coleccionar moneda de oro porque creo que está muy caro (aunque algunos lectores opinen lo contrario con el mismo criterio, o mejor, que el mío). Además, hay que mirar de reojo la cantidad de coleccionistas que hay de esas monedas y nuestras estimaciones para el futuro. Por ejemplo, todas las series que he dicho anteriormente serían muy fáciles de vender a buen precio en caso de necesidad, puesto que hay mucho mercado tanto dentro como fuera de España; pero si alguien se aventura a coleccionar piezas almohades se encontrará con serias dificultades para encontrar compradores, por lo que teniendo en cuenta la rareza de esas piezas (y su consiguiente volatilidad) es muy probable que pierda mucho dinero si necesita vender su colección.

 

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de la última subasta de Stack’s New York, que se celebró el pasado 10 de enero. Se tratan de una estátera del Imperio Indio de Gupta, un doble táler de Leopoldo I de Austria, 10 ducados de Transilvania, 8 reales de Perú y 5 pesetas de Perú. Los precios que alcanzaron fueron de 375, 1300, 37500, 3000 y 1200 dólares respectivamente.

A mi casa me llegan cada poco tiempo catálogos de subastas numismáticas. Tanto es así que uno ya se acostumbra a recibir gratuitamente libros de monedas a todo color de forma totalmente gratuita; parece como si ya no tuviesen valor alguno. No obstante, no es tan común recibir catálogos que cuando los lees, independientemente de si se puja por algo o no, se aprende de ellos. Tal es el caso del catálogo de la próxima subasta de Cayón, del que se pueden extraer un montón de cosas. En esta entrada voy a dejar un pequeño repaso del conocimiento adquirido, fijándome en algunas piezas concretas (que no tienen por qué ser las más caras o espectaculares) y no en la subasta en su global, de la que estoy seguro que Rafael hará una buena descripción.

La primera pieza en la que hay que fijarse es en la preciosa dobla de la banda de Juan II con ceca de Ávila que se muestra arriba. La moneda es inédita y era desconocida hasta la fecha; probablemente sea una pieza única. De ella hacen una muy buena descripción, indicando que la fecha más probable de acuñación sea verano de 1420, cuando Juan II pasó una temporada en Ávila en la que aprovechó para casarse. También hacen alguna reflexión artística bastante interesante sobre la pieza, destacando dos detalles.

El primero de ellos es que la banda del escudo va de derecha a izquierda, algo muy raro que sólo se da en otro modelo acuñado en Sevilla (tipo 16.10 en el libro de Mozo y Retuerce, quien por cierto Cayón ni siquiera cita). El segundo detalle que indican es que si nos fijamos en los castillos del escudo se asemejan a una catedral gótica, mostrando los contrafuertes, exactamente igual que los castillos de las monedas acuñadas en Sevilla. No obstante, en las doblas de la banda acuñadas en Burgos (abajo se muestra una procedente de la subasta Caballero de las Yndias) el castillo recuerda a unas torres románicas. Esto hace pensar que el ensayador sienta más próximo el arte gótico que el románico, o la catedral de Sevilla del románico burgalés, lo que hace creer a Cayón que el ensayador fuese sevillano y no burgalés como podría pensarse en un principio por la proximidad geográfica. Un tercer detalle se le escapa a Cayón y es que la marca de ceca se encuentra sobre el escudo, lo cual sólo se da en las cecas de Burgos y Coruña, y no en Toledo o Sevilla, donde se muestra la marca de ceca en el reverso.

Otra moneda muy curiosa son los ocho reales que se muestran abajo. En ellos se observa un exceso de metal sobre el número 8. Según Cayón, esta marca se debe a que al labrar el punzón en un primer lugar se procedía a marcar las zonas donde se grabarían los diferentes elementos y luego se procedía a la grabación en sí. Por el motivo que sea, después de grabar el 8 no se pulió correctamente el cuño y ahí quedo ese exceso de metal para que los futuros coleccionistas se hiciesen una idea de cómo trabajaban los ensayadores mejicanos.

No obstante, en la subasta hay una pieza que llama la atención y que hace pegar un bote en el asiento a cualquier aficionado a la numismática del Centenario de la Peseta. Se trata del duro 1871 (18-72) que se muestra abajo.

Al verlo un amigo me escribió y me preguntó que si conocía la existencia de este duro. Yo le dije que no y lo comentamos en el foro de Imperio Numismático, donde el resto de aficionados tampoco habían oído hablar nunca de él.  De hecho, en la revista Numisma se publicó en su número 12 (julio-septiembre de 1954) un artículo de Rafael Sabau titulado “Las acuñaciones de duros en el sistema monetario de 1868”, donde se concluye como altamente improbable que exista el duro de 1871 (18-72). En dicho artículo se dice que por la Real orden de 5 de marzo de 1871 se aprueba la acuñación de duros con fecha 1871 (18-71), (18-72), (18-73), (18-74) y (18-75), siendo el año 1872 en el que más duros se acuñaron, pero siendo todos ellos con estrellas (18-71). Indica también que Antonio Bernabé Sánchez indica en el Boletín Ibero Americano de Numismática (diciembre de 1952) la existencia del duro de 1871 (18-72) pero sin proporcionar ninguna prueba argumental ni ningún ejemplar conocido. Así pues, concluye Sabau, si después de que tanta gente haya coleccionado duros del Centenario parece poco probable que de existir ese duro no haya aparecido, lo que hace pensar que de hecho, no existe.

Pues bien, aquí parece haber uno, y lo ponen sin dar ningún tipo de explicación de dónde lo han sacado o qué les hace pensar que es un duro auténtico y no está troquelado. Es, simplemente, una pieza más a subastar. Así pues, llamé por teléfono a Cayón y le expliqué mis argumentos diciéndole que tenía serias dudas sobre la autenticidad del duro, aunque no dudaba en ningún momento en su palabra. Me dijo que inspeccionó la pieza y que en su opinión es buena y no está troquelada; que hay veces que aparecen monedas inéditas y que aunque en El Centenario es difícil que pase, puede ocurrir. También me dijo que él garantizaba la pieza de manera vitalicia, de forma que si algún día se le demuestra que es falsa o troquelada, él devolvería el dinero correspondiente y fin del asunto.

Con todo, y por mucho que Cayón sea uno de los numismáticos más prestigiosos de España, sigo teniendo serias dudas de que ese duro tenga estrellas (18-72). En caso de serlo lo normal hubiera sido dedicar un extenso estudio a ese lote, al igual que se hizo con la dobla de la banda que se muestra más arriba. Por otro lado, la repercusión en la comunidad de coleccionistas, de haberlo dado credibilidad, hubiera sido enorme y seguro que el lote se hubiera rematado en bastantes miles de euros. Nada de esto ha ocurrido, por lo que me extraña que realmente el duro 1871 (18-72) exista.

Lo único que no me ha gustado del catálogo es la publicidad que hace, indicando que ellos venden más caro comparando dos piezas de oro rematadas en su sala de subastas y en Cayón en la subasta de Caballero de las Yndias (no lo dicen explícitamente, pero está claro a qué se refieren). Una comparación así de directa es engañosa y muy fea, más que nada porque los precios de las monedas muy raras son muy volátiles y es fácil que de una subasta a otra se rematen por el doble de dinero o más. Seguramente Aureo también podrá encontrar ejemplos de piezas importantes que se han rematado en Aureo a más del doble que en Cayón.

De hecho, una de las piezas que indican es la onza madrileña de 1710 que se muestra arriba. Dicen  con letras grandes que en 2001  se remató en Cayón por 103.674,59 euros, mientras que en 2009 se remató “en otra subasta” por 47.200 euros. También podrían haber dicho que en 1988 se vendió en Stacks por $126.000.

Un último apunte es que esta vez la subasta de Cayón es en enero, apenas quince días después de la 39 Convención Internacional de Numismática de Nueva York (aquí tenéis un resumen de la misma). Esto puede hacer que algunos profesionales anden con poco efectivo para esta subasta y que los coleccionistas más modestos nos podamos hacer con algún que otro lote, aunque está claro que las piezas buenas hay que pagarlas.

Antes de despedirme no me puedo resistir a mostrar este precioso octodragma de Arsinoe II en calidad EBC+. ¡Quién lo pillara!

Me imagino que a día de hoy toda persona que haya abierto alguna vez un navegador conozca eBay, empresa de la que ya se ha hablado alguna vez en el blog. En mi humilde opinión, cuando apareció fue un pepinazo y fue capaz de adelantarse varios años a lo que se vino a llamar la Web 2.0, gracias a lo que no sólo se aprovechó cuando se formó la burbuja de las puntocom, sino que salió fortalezida una vez que la burbuja pinchó. Ahora bien, hoy en día creo que el diseño de la web es tal que no se permiten muchas funcionalidades interesantes, como podría ser la búsqueda semántica de objetos para comprar o una edición menos interactiva para la venta de objetos. En cualquier caso,  eBay ejerce el monopolio de facto en cuanto a punto de contacto vía Web para la venta entre particulares (con permiso de otras webs no tan minoritarias como Todo Colección), y saben aprovechar su poder para sacar la mayor tajada posible.

En pocas palabras, lo que eBay ofrece a los vendedores es la posibilidad de publicar un anuncio y que haya millones de clientes potenciales que vean y pujen por él. Por ello les cobra un precio por poner el anuncio (que depende del precio de salida del mismo) y un 5% del precio de adjudicación del mismo, si es que se vende. A los compradores simplemente les ofrece un lugar en el que encontrar millones de productos que venden tanto particulares como aficionados. No se les cobra nada de forma directa por comprar artículos y se les dice que tienen cierta protección y no sé qué otras pamplinas. Nada de eso es cierto por norma general, y es normal.

Ya centrándonos en el tema de la numismática es evidente que eBay no va a andar pensando en qué monedas son buenas y qué monedas son falsas, o qué vendedores son de fiar y cuáles son unos estafadores. Por eso cobran un 5% del precio de venta, y no un 25% como en el caso de las casas de subastas. Es decir, que no se da ninguna garantía sobre el producto más allá de la que dé el propio vendedor, y en general (aunque se diga lo contrario), tampoco se da garantía de que se vaya a recibir la moneda que se paga; toca al comprador tomar la responsabilidad de discernir entre los vendedores buenos y malos para no verse atracado por uno de éstos.

Realmente, hay una manera de hacer que eBay quite un anuncio de la venta, y no es quejarse en los foros de eBay, que no lee casi nadie. Lo que hay que hacer es  presentar a eBay una prueba documental que pueda ser aportada por ellos en un juicio en caso de que quien ha visto eliminado su anuncio les denuncie. En otras palabras, se debe pagar a un profesional de reconocido prestigio para que haga un informe pericial en el que se diga que una moneda es falsa, y tome responsabilidad sobre su afirmación. Evidentemente, esto no lo hará nadie sólo para evitar que otro comprador se vea estafado, así pues, es cuestión de cada uno el no salir escaldado.

Visto todo esto, parece bastante evidente que eBay en el fondo no es más que un sitio web en el que se ponen en contacto compradores y vendedores. Así pues, eBay no vende más que eso: contactos, y eso no es poco vender. Claro que también hay que ser espabilados y sacar el mayor provecho posible de los contactos realizados: por ejemplo es una práctica común, y que yo hago siempre, que una vez que un comprador gana una puja se le mande un correo para ofrecerle más monedas para ventas o intercambios. De esta manera se pueden aprovechar mejor los gastos de envío y se pueden intercambiar más monedas sin tener que pagar ni un duro a eBay ni a ninguna otra empresa.

Y si el contacto funciona ¿por qué no seguir manteniéndolo? La inmensa mayoría de los tratos que he hecho a través de eBay han sido satisfactorios, y muchas veces he repetido en un futuro con esas personas, llegando a acuerdos de compra-venta privados. De hecho, ahora mismo cuando adquiero piezas nuevas se las ofrezco a varios antes de ponerlas en eBay, lo cual es casi la última opción. Del mismo modo, hay gente que cuando ve que una moneda la tengo en eBay y le gusta, me manda un correo para ver si llegamos a un precio de venta privada y en tal caso quito la moneda de la venta. Evidentemente no lo hago si la moneda ya tiene pujas. Y también está claro que no siempre llegamos a un acuerdo, como en este caso.

Así pues, queda visto que hay que sacar provecho a los contactos que se hagan por eBay. A pesar de ello, hay gente que prefiere comprarlo todo por eBay a pesar de que salga más caro. Es decir, que si tienes una moneda por 50 euros en eBay y le mandas un correo ofreciéndosela por 47 euros, prefiere pagar 50 y hacerlo a través de esa web. No entiendo muy bien el por qué, pero ya me he encontrado algunos así; la única razón que se me ocurre es que les gusta que después les votes y aumenten su puntuación, aunque eso no deja de ser un juego de niños.

Las imágenes están sacadas de la subasta de Hess Divo del pasado 28 de octubre. Se tratan de monedas de oro medievales francesas: 1 Masse d’or de Felipe IV,   1 ecu d’or à la chaisse de Felipe VI, 1 franc à cheval de Juan el Bueno y un franc à pied de Carlos V.

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