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El otro día escribí una entrada sobre la arrogancia como estrategia de márqueting, incluyendo algunas experiencias personales que fueron completadas por las experiencias que otros compañeros incluyeron en sus comentarios. Parece que todos estamos de acuerdo en que muchos comerciantes numismáticos en España no se caracterizan precisamente por su humildad, y muchas veces el trato al cliente llega a ser desagradable. También parece generalizada la opinión de que si un comerciante cuida al que empieza y le asesora correctamente, es muy probable que ese aficionado siga siendo su cliente según vaya aprendiendo más y se vaya metiendo en monedas más caras. Pero ¿realmente es así? Sinceramente, yo tengo serias dudas de que asesorar al cliente sea una buena estrategia comercial.

Os pondré un par de ejemplos:

El otro día me acerqué a Bath (os comentaré la visita con más calma en otra entrada) y allí me encontré en un mercadillo un tenderete de té. A mí me encanta el té inglés (junto con la parstinaca es lo único que me gusta de la cocina inglesa que no tenemos en España) pero soy un auténtico novicio y no sabría decir qué té me gusta más que otro. El tendero al verme me dedicó unos cuantos minutos y estuvimos charlando sobre té. Resulta que su familia lleva tres generaciones dedicándose a la venta de té, así que os podéis imaginar que sabía una barbaridad. Me sacó un montón de variedades diferentes para que las oliera y me estuvo explicando cómo se hacen los diferentes tipos de té para poder extraer bien todo su sabor. Aprendí un montón.
Como el precio era razonable, le compré una caja para probarla y quedé con él en que si me gustaba le compraría más porque vende a través de Internet (ésta es su web) y me lo puede mandar tanto a mi dirección en Inglaterra como a España. Conmigo se ganó un cliente y pienso comprarle de forma habitual (el té que me vendió está buenísimo).

En Valladolid hay una tienda de juegos de rol y frikadas variadas. A mí no me gustan ese tipo de juegos, pero suelo regalar juegos de mesa o juegos de carta sencillos porque son regalos baratos, socorridos y originales. Al tipo de la tienda le considero tanto un experto en juegos como un enamorado de los mismos. Es impresionante: sabe jugar a todos los juegos que tiene en la tienda, y no habrá menos de 200, algunos con una temática muy compleja. Le das un presupuesto de 10 euros para arriba, le dices el perfil de la persona a regalar y te saca tres juegos que encajan. Yo he probado para regalar a un niño de 5 años, a una chica de 14, a una mujer de 30… siempre he acertado. Además, el tipo monta campeonatos y tiene mesas donde los frikis de Valladolid van a jugar o a pintar sus miniaturas. Si tienen alguna duda o quieren algún consejo, ahí está él para atenderles. Pero lo que me sorprendió es que tiene un cartel que pone: “Si juegas en mi tienda ¿por qué no compras en mi tienda?”.

Son ejemplos bastante sencillos de un cliente que valora el asesoramiento. Va a comprar un producto y como ve que el asesoramiento es muy bueno no se anda con historias de regateos ni piensa si en un supermercado va a sacar el mismo té 20 céntimos más barato o el juego por 2 euros menos. Si lo he escrito bien, seguramente estaréis pensando en situaciones en las que vosotros mismos habéis actuado de forma semejante y habéis valorado el asesoramiento. Ahora es la pregunta dura: ¿esas situaciones son a la hora de comprar una moneda?

Personalmente, me he encontrado con muy pocos coleccionistas que realmente valoren el asesoramiento. No hay más que ir a un mercadillo y ver al personal dando conversación a los comerciantes y éstos intentando quitarse a esos “moscones” de encima. Unos pueden decir que los comerciantes son unos tal y unos cual, pero si lo pensamos dos veces es normal: ellos no están en el mercadillo para pasar la mañana, ni para hacer amigos ni porque les guste la numismática. Los comerciantes profesionales están para ganar dinero, más que nada porque su familia no vive del aire y porque su negocio tiene unos gastos todos los meses. Así pues, si alguien va un día, le explica cosas, le responde a sus dudas, le intenta orientar y luego el cliente se va sin comprarle nada, es normal que al día siguiente (o al siguiente) no quiera ni dirigirle la palabra. ¿Para qué va a asesorar a una persona que no valora su asesoramiento? ¿Para qué va a estar orientando a un tipo que luego se va a comprar las monedas a otra gente porque se las ponen un poco más baratas? ¿O es que también tiene que poner un letrero como el de la tienda de juegos?

Entonces aquí es donde yo hago la crítica a los aficionados: si valoras el asesoramiento, compra a quien te asesore, y si no lo valoras no te quejes de que no te asesore nadie porque no lo estás incentivando. De igual modo, si a priori estás pensando en que no le vas a comprar a un vendedor, no le hagas perder el tiempo porque él está trabajando. Me imagino que muchos profesionales hayan salido hartos de la situación y de dar explicaciones de más a quienes no les dejan un duro (por no hablar de casos como éste y éste) y su reacción sea centrarse en los aficionados que vengan ya aprendidos y que me dejen dinero de verdad. No digo que sea una buena estrategia, pero desde luego es mejor que la de perder el tiempo con quien no les compra ni una pieza.

No quisiera que veáis esto como una crítica a los lectores del blog. Si bien es cierto que vendo alguna que otra moneda que tengo repetida o que he comprado en un lote y no me interesa, no soy ningún profesional ni pretendo ganarme la vida con esto. Me considero un aficionado más y estoy en la numismática porque me gusta. De hecho, aunque el blog tiene bastantes visitas no tiene ningún tipo de publicidad porque su ánimo no es el lucrarme, sino que todos aprendamos con él. Al menos yo aprendo un montón.

Ahora os cuento una anécdota final:

Hace unos cuantos meses leí en el foro de Imperio Numismático a un usuario que estaba buscando unas carteras PROOF por unos 220 euros. Yo las tenía y le escribí un mensaje diciendo que se la dejaba en 200 euros. Entonces va el amigo y me dice que si yo se la dejaba en 200 euros seguramente la podría encontrar un 20% más barata en una casa de subastas, que es de donde sacaba yo las monedas según había leído en el blog.

No voy a hacer comentarios sobre la ignorancia del colega porque darían para otra entrada (básicamente porque las casas de subastas son de todo menos baratas), pero la cuestión es la actitud que presenta. Parece que me está llamando gilipollas justamente por asesorarle gratuitamente. Estoy seguro que más de un profesional de los que ofrecen asesoramiento “gratuito” se ha sentido así alguna vez.

Las monedas de la entrada son tres tipos diferentes de los 10 céntimos de la Segunda República Francesa. Se van a subastar en la casa Monnaies d’Antan y salen por 150, 150 y 120 euros respectivamente. Los 10 céntimos franceses del siglo XIX están entre mis series favoritas.

Comenzamos esta temporada destripando a unos de los personajes más oscuros de los aficionados a la numismática: los cholleros. Los cholleros son estos tipos que nos encontramos por los mercadillos y convenciones  buscando “chollos”. Van de listos y además lo dicen abiertamente: “yo sólo compro monedas cuando están a muy buen precio”, para luego carraspear, sacarse una del bolsillo y soltarte esa de: “fíjate, el otro día se pagaron 500 euros en una subasta por una pieza como esta pero en peor estado. A mí me ha salido por 35”.

Lo peor es de estos tipos es que suelen hacerse amigos de los novatos, simplemente porque son los que más susceptibles son a proporcionar chollos debido a su falta de conocimiento. Además, hay novatos que escuchándoles se creen que esto de la numismática es miel sobre hojuelas y pretenden hacer, ellos también, negocios de esa clase. Cuando esto ocurre en la mayor parte de los casos se resuelve con que le timan al novato un montón de veces, y una vez que se da cuenta deja la numismática y se queja de que todos son unos chorizos. Y es que, como dice Luis, buscar chollos es la mejor manera de exponerse a ser timado.

Vamos a ser un poco razonables: ¿creéis que alguien que se dedica a la numismática de forma profesional va a vender una moneda por la cuarta parte de lo que vale? ¿acaso su familia vive del aire? ¿los impuestos se pagan solos? No, evidentemente no. Es posible que tenga un error y se le escape una pieza que no haya tasado correctamente, pero eso es algo rarísimo más que nada porque el profesional vive de ello. Yo, con mis propios ojos, nunca he visto un caso así.

Pero resulta que el chollero lo que quiere son monedas a mitad de su precio o incluso menos, así que pasa de los comerciantes honrados que intentan ajustar sus precios al mercado. Les dicen: “sí, las monedas están bien… pero esos precios son muy muy altos”. Como los comerciantes ya les conocen y saben de qué pie cojean, no pierden demasiado tiempo con ellos; simplemente les dicen que no les bajan ni un duro y que si no le interesa no pasa nada.

Al final siempre topan con alguno que les ofrece un chollo. Chollo que sería tal si no fuese porque la moneda es falsa, troquelada, manipulada… son las monedas que algunos ofrecen en cuanto ven la codicia en los ojos del chollero. Y casi seguro que la pieza que había comprado a 35 euros costando más de 500 sea de éstas. Lo único bueno de esta historia es que el chollero timado no me da ninguna pena. Es un tipo que se intenta aprovechar de todo el mundo y que chulean de los timos que han perpretado. No pueden quejarse si a ellos les dan el palo.

La moneda de la imagen son unos rarísimos 64 marcos de 1609 acuñados en Estocolmo bajo el reinado de Carlos IX. Sale en la próxima subasta de Künker por 30.000 euros. Si alguien os la ofrece por 100 euros, es que es falsa.

Parece que ha gustado mi última entrada en la que comento un poco los tipos que nos podemos encontrar delante de los mostradores en los mercadillos de cualquier plaza. Hoy toca hacer lo propio con lo que nos podemos encontrar detrás de los mostradores, aunque la clasificación es más difícil. Pero bueno, vamos a intentarlo que para eso estamos. Voy de los que menos confianza me suscitan a los que más:

El chatarrero: esto son gente que tienen desplegada una manta con diez mil cosas que se han encontrado en contenedores y escombreras. Hay desde una muñeca sin cabeza hasta una caja llena de clavos usados. No hay nada que sirva para nada, pero sorprendentemente siempre hay gente alrededor preguntando por el precio de un ítem oxidado. Muchas veces entre tanta chatarra tienen una bolsa con monedas de cobre o aluminio. Nunca he perdido ni veinte segundos en mirarlas.

El chatarrero plus: es como el anterior pero más simpático. Si te ve pasar te pregunta que si andas buscando algo, y cuando le dices que monedas te enseña la bolsa roñosa que tiene. Le dices que no te interesa, que vas a por monedas mejores y entonces te dice que te acerques, que tiene unas piezas buenísimas que las compró en una convención y que como le hace falta el dinero te las deja por sólo 1.200 euros (verídico, a mí me ha pasado). Evidentemente lo mejor es salir corriendo.

El que engaña y limpia: estos son los elementos que más detesto porque su negocio se basa en engañar a los aficionados que no tienen mucha idea y que cuando descubren que se han dejado una pasta en monedas falsas o limpiadas, agarran asco a la numismática y dejan la afición. Suele ser gente que tiene monedas romanas clarísimamente falsas y monedas de El Centenario limpiadas que cuelan como si estuvieran en SC. Su estrategia es como la de tantos vendedores de eBay: es tan evidente que estas monedas son falsas que si no te das cuenta es que no tienes ni idea, por lo que te voy a sacar los cuartos.

El carero:  tiene moneda decente pero unos precios de escándalo. Ves piezas que tú vendes por 40 euros que las ha puesto en 110 con la esperanza de que, después de un regateo, la pueda vender en 80 euros. Miras sus piezas y cuando te dice que si te interesa algo le saltas “a estos precios evidentemente no”, lo que suele venir acompañado de un “pues no son nada caras, es que tú no entiendes y no sabes apreciarlas”, seguido de un intento de humillarte para hacer creer a los demás compradores que no les intenta engañar. Un día dedicaré una entrada a estos pendejos.

El no chorizo:  en esta categoría caen muchísimos. Es más que sabido que en los mercadillos hay que tener mucho cuidado porque muchos de los vendedores, de una forma u otra, intentan engañar. Bueno, pues al 80% de los comerciantes de un mercadillo les oirás decir “aquí casi todos son unos ladrones, yo soy el más honrado de la plaza”. Cada vez que oigo eso ya me ando con cuidado con ese tipo.

El entendido y envidiado:  este es un subgrupo del anterior. Es un tipo que espera a que le digas qué coleccionas para soltarte que él es el profesional más especializado en ese tema en toda España. Suena ridículo y poco humilde, pero así te lo salta. Da igual que digas que coleccionas euros, que moneda de Franco, que americanas… como si le dices que te dedicas a las botellas de gaseosa: él es que más entiende. Además, después de esa te suele soltar que a él le envidia toda la plaza (que por cierto, casi todos son unos chorizos) y no le envidian por lo guapo que es, sino por lo mucho que entiende de monedas y lo bien que le va el negocio.

Los fantasmas: ésta es la versión profesional de los falsamente entendidos. Intentan ser uno de los del último grupo sin serlo y te saltan unas fantasmadas que no se las creen ni ellos. Por ejemplo, yo pregunté por dos pesetas de 1947 en calidad SC a un tipo y me saltó que tenía 17 cartuchos de cada una de ellas (por si alguien no se hace a la idea, esos cartuchos costarían en torno a 100.000 euros).

El aficionado: no entraría dentro de la categoría de profesionales por motivos obvios, pero es un aficionado que se ha llevado sus monedas, una mesa e intenta cambiarlas o venderlas. Poner una mesa en un mercadillo es barato (y a veces se ponen sin permiso del ayuntamiento) y suelen ser gente que intenta sacarse cuatro duros sin mucho margen de beneficio. Lo malo es que rara vez tienen piezas decentes.

El de las monedas contemporáneas: son gente que van a por los que están a la última, y sólo a por ellos (es increíble que haya los suficientes aficionados de ese estilo como para alimentar a tantos profesionales así). Tienen euros de un montón de países, algunas conmemorativas y quizá moneda del Rey o billetes del mundo, pero no le preguntes por nada más. No saben ni lo que es un sestercio, ni al precio que está el oro ni quién era Carlos III. Se dedican a vender monedas como quien vende botones: el mayorista se los vende a un precio y ellos lo venden al precio de catálogo o un 10% más barato. Me sorprende cómo puede haber profesionales de la numismática que no tengan ni tan siquiera una cultura general del tema histórico.

Moneda buena y precios algo elevados: esto no es lo mismo que el de “el caro”. Simplemente es gente que tiene moneda de calidad, pero los precios están entre un 20 y un 30% más caros de lo normal (y no un 200%). Generalmente lo hacen porque dan por supuesto que van a intentar regatearles. Si son buena gente la valoración de la moneda es apropiada, es decir, que pondrán como EBC+ lo que realmente es EBC+, y no un MBC+, cosa típica del que intenta engañar al principiante. Lo mejor con ellos es coger una moneda y decirles “me interesa, ¿por cuánto me la dejas?”, y si se lo dices serio y ven que tus intenciones no son el regateo, entonces te darán un precio razonable.

El precio justo: son gente que tiene monedas decentes pero que no permiten ni regatear un euro, lo cual a mí me encanta. El precio que pone suele ser muy ajustado y hay veces que se encuentra con ellos monedas interesantes a precios más que razonables (vamos, que dejándote un margen de beneficio). Si pone 32 euros no intentes sacársela por 30 porque no te la venderá. A mí me parece una política excelente e intento seguirla yo mismo.

El verdadero profesional: estos no suelen abundar. Son gente que tienen buenas piezas y son profesionales que manejan mucha pasta, aunque también suele ser normal que tengan algunas piezas más baratas o moneda actual. Si están en el mercadillo no es para hacer dinero de forma directa, de hecho suelen vender muy poco, pero les compensa porque así les conoce gente. Es muy normal que cuando alguien empieza vaya a los mercadillos, y ya se dan a conocer a esos aficionados. Al cabo de unos años, unos pocos de esos aficionados son gente que se podrá dejar 1000 euros en una moneda, y eso es lo que más les interesa a ellos. Es decir, que para ellos el mercadillo no es más que una forma de hacer contactos.

Las imágenes se corresponden a piezas que se subastarán en la próxima subasta de Nudelman Numismatica el próximo 6 de junio. Son todas monedas Húngaras, a mí me gustan especialmente las medievales, con el rey que parece que está listo para saltar al combate. Se tratan de  tres Goldgulden, uno de 1446, otro de 1532 y otro de 1555 y dos taler, uno de 1779 y otro de 1853, respectivamente.

Los mercadillos que se montan los domingos en la mayoría de las ciudades españolas son puntos de encuentro para coleccionistas a la numismática y la filatelia. Es cierto que hoy en día las nuevas hornadas de coleccionistas, entre los cuales me incluyo, preferimos comunicarnos por medios telemáticos, pero hasta hace poco ir a mercadillos era la única manera de contactar con otros coleccionistas o profesionales. Si todavía siguen existiendo es debido a que se consideran actividades de interés histórico, pero lo normal es que a medio plazo vayan desapareciendo y sólo queden en las ciudades grandes. Esto se debe a la aparición de Internet y a la presión por parte de Hacienda (que no recauda prácticamente nada de la pasta que ahí se mueve) y de algunos numismáticos profesionales (lo consideran competencia desleal).

Yo no voy muy a menudo a los mercadillos, más que nada porque no vivo en una capital suficientemente grande como para que se monte uno suficientemente jugoso. No obstante, alguna vez me acerco a Valladolid y cuando coincide que estoy en Madrid un domingo, suelo aprovechar a ir a la Plaza Mayor. Lo más importante cuando se va a un mercadillo, yo ya iba avisado, es no hacerse demasiadas ilusiones con lo que se va a encontrar ahí, porque lo normal es que de cada veinte vendedores merezca la pena uno. Un mercadillo es algo así como un “eBay en directo”.  Ahí hay gente de todo tipo, y muchos de ellos sin más interés que el de vender chatarra lo más cara que puedan.

Así pues, por cuestión jocosa, aunque alguna conclusión seguro que se puede sacar, voy a intentar describir brevemente los personajes típico que uno se puede encontrar en un mercadillo. Como si de las películas Stagecoach o Ko to tamo peva (ambas muy recomendadas, ya de paso) se tratase. Hoy me centro en los aficionados, para otro día comentaré los vendedores. Vamos de menos a más interés numismático:

Los chorizos. Estos son los profesionales del hurto, generalmente conocidos por la policía porque han pasado 35 veces por el calabozo pero siempre han salido porque no han hecho “nada grave”. Puede que intenten robar la cartera a los aficionados o una moneda cara, o incluso un álbum entero a algún vendedor.

Los turistas. En Madrid nunca faltan turistas que vienen al mercadillo a ver el jaleo que se prepara. Es algo muy normal que también hago yo si me sobra tiempo en una ciudad extranjera. Hay veces que incluso compran algo, generalmente chapas o pequeñas medallas, más como recuerdo que otra cosa.

Los que se han encontrado una moneda. Generalmente son gente que tienen monedas en casa y les ha dado por venderlas, a pesar de no tener ni idea de numismática. Lo más normal es que sean chatarra de Franco o, en el mejor de los casos, monedas sin especial valor numismático. Suelen ir de tenderete en tenderete hasta que se dan cuenta de que realmente sus monedas no valen nada, momento en el que se van para casa. Alguna vez resulta que llevan una pieza buena o un pequeño lote y se las compran muy baratas. Es lo que tiene no entender. Hay algunos que incluso no llevan la moneda como tal “por miedo a que se la roben”, y piden una tasación a partir de una foto o una descripción verbal. Evidentemente, los vendedores les dicen algo como esto.

Los coleccionistas compulsivos. Son gente que compran un montón de cosas (que no vale ninguna para nada) con el único objetivo de llegar a casa a ordenarlas en un álbum. Lo mismo compran un taco de 300 calendarios que los boletos de Lotería Nacional de 1963. Algunos coleccionan monedas o sellos con semejante valor.

Los  desactualizados. Son los que tiene una modesta colección que va aumentando poco a poco, pero que carece de conocimientos numismáticos, y va con su catálogo de los hermanos de Zaragoza, con los precios todavía en pesetas, buscando monedas a precio de catálogo. (Esta categoría la ha dejado Antonio en un comentario)

Los que están a la última. Encajan bastante bien con el Caso A de los obsesionados con la numismática. Suelen coleccionar euros y están muy atentos a las últimas novedades. Sinceramente, yo no pensaba que hubiera tanta gente así hasta que fui a Madrid.

Los pesados. Son gente con la que no me gusta tratarme demasiado. Son ultradesconfiados y súper indecisos. Cogen una moneda que les ofreces por 6 euros y empiezan a mirarla, a re-mirarla, a volverla a mirar, a fijarse en cada detallito sin hacer más que quejarse… después te saltan que es que está muy desgastada, y claro, les dices que por eso vale 6 euros, que si estuviera en proof costaría 1500. Te empiezan a poner pegas, diciéndote que no se ve muy nítido no sé qué detalle, y que no sé qué otro puede haber sido modificado. En compensación te piden que les dejes la moneda en 5 euros, y tú, que ya llevas media hora perdida por una moneda a la que no sacas ni medio euro, le dices que no, que vale 6 y es buen precio y ya está. Finalmente el tipo se va sin comprar la moneda pero habiendo disfrutado el tiempo que a ti te ha hecho perder.

Los falsamente entendidos. Estos aparecen cuando se forma una conversación entre aficionados. Son gente que habla, y habla mucho, sin saber muy bien ni qué dice ni por qué lo dice. Tienden a despreciar unas monedas (que suelen ser las que llevan otros) y considerar como rarísimas otras (que suelen ser las que llevan ellos). Te cuentan unas historias de compras o ventas que han hecho o han dejado de hacer que no se las creen ni ellos, pero como se piensan que tú sí que te lo crees, pues aumentan su ego. Ellos quisieran ser del tipo siguiente, pero no pueden. ¿Qué se le va a hacer?

Los realmente entendidos. Estos son los más raros, porque entendidos no hay demasiados. Son gente que ya ha entrado en años y por cuyas manos han pasado cientos de monedas que valen miles de euros. Aunque no son profesionales saben mucho y quiere que se les note. Entran en cualquier conversación como si fueran un marqués, con cierta prepotencia y vestidos de forma impoluta con alguna joya que ya vale más que todo lo que lleva encima el resto de participantes en la conversación. Si tienes moneda buena y la vendes barata, él te la compra. Si quieres moneda buena, él te la vende cara. Quiere que se note que él es que más sabe del asunto y el que más pelas tiene, por eso desviará la conversación hacia cualquier tema que él controle, para poderte decir lo que quiera sin que puedas tener capacidad de réplica (yo he llegado a ver a uno de estos dar una especie de clase magistral sobre los procesos de fundición de la industria metalúrgica, simplemente para que se note que entiende). Hace explícito quién es el líder.

Las imágenes se corresponden con monedas subastadas el día 20 de abril en la casa de Marti Hervera y Soler y Llach. Son las que más me han gustado de cuantas se han subastado. Se tratan de un sestercio de Adriano con la alegoría de Hispania, una dobla de 35 maravedís de Pedro I, 20 pesetas de la ocupación napoleónica de Cataluña, 20 reales de José Bonaparte y 2 pesetas de Alfonso XIII.

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