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En este blog se ha hablado mucho de las posibilidades de invertir en numismática, así como en los peligros que ello conlleva. Hay a quienes les ha parecido bien (al fin y al cabo no hay muchas publicaciones en castellano al respecto) y a quienes les ha parecido mal, porque entienden que cuando se hace algo sin ningún interés económico es preferible o más meritorio que cuando se hace con dicho interés; algo que yo no comparto, pero para eso podemos opinar todo el mundo.

Sea como fuere, todavía no he dado el consejo más importante relacionado con las inversiones en numismática. Es un consejo que daría a todo aquel que quiera acercarse a la numismática para obtener beneficios, viéndolo exclusivamente como una manera de sacar rédito a su dinero. Bueno, pues el consejo es el siguiente:

NO INVIERTAS EN NUMISMÁTICA

Me juego un duro a que a más de uno le ha descolocado el consejo, pero que conste que los de The Coin Show opinan unánimemente lo mismo: la numismática en general es una mala inversión desde un punto de vista exclusivamente económico. Yo extendería la afirmación al resto de inversiones en bienes muebles y artísticos.  La razón de fondo para esta afirmación es que una moneda (o un cuadro) no produce nada. Si compras una moneda no importa cuánto tiempo esperes, seguirás teniendo única y exclusivamente una moneda. En cambio, en otro tipo de inversiones puedes comprar elementos que generen un beneficio y en las que “cada vez tengas más cosas”. Voy a poner un ejemplo comparativo:

Imaginémonos que Pepe y Juan tenían 10.000 euros cada uno en julio de 2006. Se apostaron a ver quién era capaz de obtener mayor beneficio en su inversión y para ello Pepe compró una moneda de 10.000 euros (alto valor numismático) y Juan se gastó todo el dinero en acciones de Telefónica con la idea de realizar un interés compuesto (esto es para poner un ejemplo, es evidente que habría que diversificar la inversión. Tomo Telefónica por ser una de las mayores empresas españolas y conocida por todos). Juan compró en total 761 acciones de Telefónica puesto que en julio de 2011 cotizaban a 13,13 euros. Según iba cobrando dividendos Juan compraba más acciones de Telefónica. Al pasar el tiempo nos podemos fijar en lo que tiene cada uno.

La diferencia es evidente: mientras que el valor de la inversión de Juan permanece constante, la inversión de Pepe se revaloriza exponencialmente. Ahora ya sé por dónde me van a llegar las críticas: resulta que las plata ha subido mucho de precio y el oro también y posiblemente esa moneda cueste ahora más que las 1005 acciones de Telefónica. Pues no. Porque resulta que estamos hablando del valor numismático de la moneda, no de su valor como material; es decir, que estamos comprando una moneda por su valor histórico/numismático, no por lo que pesa en plata. En el segundo caso ya hemos discutido bastante sobre si es buena o no una inversión en plata o en oro. También me podéis decir que una moneda se revaloriza con el tiempo. ¿Es que las acciones de una empresa no? Una acción de Telefónica se ha revalorizado en los últimos 5 años pasando de 13,13 euros a 16,86 euros, pero es que al tener ahora más cantidad de acciones Juan siempre tiene ventaja sobre Pepe en su inversión.

Además, hay que tener en cuenta que el coste asociado a pagar un seguro por tener una moneda en casa es mayor que el de custodia de una cartera de acciones de semejante precio. Eso por no contar que si compras una moneda a un comerciante honrado te la venderá en torno al doble de lo que él la compraría (50% de coste de venta), si la compras en una subasta los costes son de un 36% de lo que paga el comprador a lo que se lleva el vendedor, y si la compras en la calle a cualquiera que aparezca se corren muchos riesgos. De hecho, las únicas ventajas que veo a la inversión de Pepe es entenderla como valor refugio o como metodología sistemática para aquellas personas que tienen bastantes billetes de 500 euros y que no los pueden llevar al banco sin tener problemillas con Hacienda; ya me entendéis, no digo más no vaya a ser que algún lector se sonroje.

Entonces, ¿significa esto que comprar monedas es siempre una mala inversión? No. Sólo que a priori es peor inversión que en otros bienes, y que hay que saber mucho para poder sacar dinero de la numismática. Hay profesionales que se dedican a comprar y vender monedas, pero llegar a ese punto no es nada sencillo. Si alguien se quiere meter en este mundillo sólo por dinero mi recomendación es que lo deje y que mejor se dedique a la bolsa o a los mercados de intangibles, que seguro que saca más y aprende más rápido.

Este blog lo que pretende no es enseñar a nadie a ganar dinero con la numismática. No lo sé hacer yo, así que difícilmente os puedo decir cómo se hace. Lo que pretende es dar algunos consejillos para no perder demasiado dinero y no verse engañado. Si alguien compra una moneda, la observa y la disfruta en su casa durante 10 años y después la vende por el mismo precio que la compró ¿el hecho de haber disfrutado de esa moneda durante 10 años es pago suficiente a su inversión? Si pensáis que sí entonces os animo a comprar monedas y a disfrutarlas; si pensáis que no, lo mejor es que lo dejéis a tiempo.

Os dejo un precioso búho de Atenea rematado en 1500 euros en la última subasta de Aureo.

En la entrada de hoy voy a ser valiente y voy a hablar de un tema del que no tengo ni pajolera idea. Vamos, que hablo por hablar y voy a dar mi visión del mundo como si de un tertuliano de la radio se tratase. Pero mi escasa experiencia sobre el asunto me indica que el sentido común funciona bastante bien, que no es otro que la economía, concretamente de la plata. Así pues, hablo por simple y llano sentido común, cualquiera que entienda del asunto seguro que encuentra 10 mil argumentos en mi contra (que los puede dejar en los comentarios, claro está).

Como todo el mundo ya sabrá la plata ha experimentado un aumento de precio espectacular en los últimos meses, habiéndose duplicado el precio en siete meses y cuadruplicado en unos dos años y medio. Muestro abajo el gráfico del precio de la plata (en dólares) en los últimos 10 años.

Por lo que veo, hay dos tipos de interpretaciones de este gráfico que se pueden encontrar en cualquier medio de comunicación. La primera se resume como “compra ahora que la plata no va a volver a bajar porque la están acaparando los chinos. Seguirá subiendo un tiempo y luego se mantendrá estable”. La segunda opinión es: “la plata está carísima y comprarla ahora es un riesgo enorme; mucho cuidado”.

Yo soy de la segunda opinión. Si voy al supermercado y veo que el rodaballo vale el doble que hace seis meses, lo que hago es comprar pescadilla porque el rodaballo está muy caro. Pues aquí lo mismo: yo la plata a estos precios no la pago. Con esto no quiero decir que no pueda ser interesante una inversión especulativa en plata intentando jugar con su volatilidad; se puede ganar mucho dinero así, pero también se puede perder: son inversiones de riesgo. Si alguien se anima aquí tiene unas fuentes donde encontrará información y recomendaciones de como hacerlo: 1, 2 y 3; también hay un documento bastante interesante sobre empresas y CFDs del mercado de la plata.

Claro que también hay quien dice que el oro y la plata son valores refugio que nunca bajan y bla bla bla. Todo falso. No hay más que ver el gráfico siguiente del precio del oro en los últimos treinta años.

El que compró una onza de oro en el año 1980 tuvo que esperar 25 años para recuperar el dinero puesto, mientras que a un plazo fijo al 3% su dinero se hubiera duplicado durante ese periodo. En mi opinión la situación actual es muy semejante a la que había hace treinta años y mi apuesta es que a medio plazo bajará el precio del oro y de la plata considerablemente y habrá que esperar hasta otra crisis de las grandes para que se vuelva a recuperar la inversión. No soy el único que opina así, claro que también podemos estar equivocados.

Tampoco faltarán los que vengan a decir que la situación ya no es como era porque ahora ocurre un no-sé-qué que resulta que… no los hago ni caso. Creerse la frase “esta vez es diferente” es el primer paso (y el más grande) para arruinarse, puesto que aunque cambien muchas cosas los principios de la economía capitalista siguen siendo los mismo hace 30 años, hace 60 años, ahora y (previsiblemente) dentro de 30 años. He aquí un documento que profundiza sobre este asunto.

En cuanto al aspecto numismático, lo hemos estado debatiendo por aquí. El asunto no está afectando en gran medida a mi colección. La gente está ahora tan obsesionada con comprar y vender plata barata al doble de lo que se vendía hace un año que se olvidan de las monedas de más calidad. Compran duros en BC a 15 euros y no les interesa pagar 100 euros por uno en EBC. Pues estupendo, ya me quedo yo el bueno. En mi opinión ahora es un buen momento para adquirir monedas de calidad media, o al menos no es un mal momento para hacerlo porque no han subido de precio; en cambio mi apuesta es que habrá mejores épocas para comprar monedas baratas.

Acabo con una de mis frases favoritas: que cada cual haga con su dinero lo que crea conveniente, pero que después no se queje ni tenga envidia.

Lo normal para todo coleccionista de monedas, sobre todo al principio, es coleccionar alguna serie. Algo que venga ya cerrado, que tenga un principio y un fin, como si fuera una colección sacada por una editorial. El caso extremo de esto, como nos decía Roberto en un comentario, es el coleccionismo de euros, en el que muchos caen en un “coleccionismo por fascículos” yendo a la numismática igual que los niños van a comprar cromos al kiosko. Otro tipo de series muy típicas son las monedas de Juan Carlos I, del Centenario de la Peseta, las bimetálicas del mundo… son series de las que hay catálogos donde te explican cuáles tienes y cuáles te faltan. Es muy fácil, y justamente en esa facilidad reside su ventaja.

Pero resulta que a muchos nos pasa que llega el día en el que nos damos cuenta de que tenemos una parte importante de nuestro patrimonio invertido en monedas y nos viene nuestro Pepito Grillo particular a preguntarnos si realmente lo estamos haciendo bien o si estaremos perdiendo dinero a manos llenas. Una de las preguntas puede ser ¿está correctamente diversificada la inversión? ¡Dios mío! Puedo sentir que algunos de los lectores del blog han agarrado con ambas manos la mesa porque nunca se habían hecho esta pregunta. En mi opinión, al igual que cuando se tiene una cartera de acciones no se deben tener todas en el mismo mercado, puede resultar peligroso tener todas las monedas en la misma serie, por mucho que nos guste. Y parece ser que no soy el único que opina así. Ahora mismo hay mucha gente que colecciona la moneda de El Centenario de la Peseta, pero ¿qué pasa si se pasa la moda? ¿y si se vuelve a poner de moda la moneda medieval como hace unos años? ¿y si la plata baja y se pone a mitad de precio (no es descabellado)? ¿y si resulta que las monedas rusas dejan de cotizarse a los precios que están ahora? No es que vayan a ocurrir todas estas cosas a la vez, pero alguna puede pasar, y en el caso de que ocurra deberíamos estar cubiertos para no perder demasiado dinero en ello (recordemos que parto del supuesto de que una parte importante de nuestro patrimonio está invertido en monedas).

Claro que la solución no puede ser comprar una moneda de cada y tener una “colección ultra-diversificada” en la que quepa una de 8 escudos de Carlos III, un sestercio de Nerón, una peseta de 1884, un rublo de 1830… no tiene sentido porque es totalmente imposible que un aficionado controle todos esos mercados y sepa a quién vender las piezas en caso de ser necesario. No se puede ser experto en todo y no es razonable pensar que seremos capaces de saber a qué precio comprar y a qué precio vender cualquier moneda que aparezca, tanto si es babilónica como si es un Holey Dollar.

Así pues, para evitar esta tesitura mi propuesta sería diversificar la colección, pero atendiendo siempre al mercado en el que nos movemos y a la posibilidad de poder deshacernos de las piezas a medio plazo sin perder demasiado dinero. Una forma de diversificar se propone en el número de marzo de 2010 de la revista “The Numismatist“. Consiste en no intentar abarcar una serie entera, sino quedarnos sólo con ciertas monedas representativas, de manera que estén todos los tipos, todas las cecas y todos los ensayadores representados. Esto tiene la ventaja de que podríamos hacernos una colección suficientemente amplia de una serie sin caer en dejarnos un dineral para completarla. Amén de que hay series que son prácticamente imposibles de completar, como pueden ser los reales de a 8 de España y colonias. De esta manera podríamos tener una colección de moneda española que contemple 8 medios escudos, 15 reales de a 8, 10 duros de plata, 8 monedas de 2 reales, 9 pesetas y 50 cobres variados; y luego podríamos tener moneda francesa, inglesa, romana…

Otra opción sería la de estudiarnos bien ciertas series concretas pero dispersas. Por ejemplo podríamos convertirnos en expertos de las monedas de 2 escudos de cecas peninsulares, de los denarios bajo imperiales, de los jinetes íberos, de las pesetas de Franco, de los silver dollars y de cobres de Napoleón. Se tratan de series dispersas, abarcables una a una para el largo plazo y poco correladas entre sí, de forma que si pasa la moda de algunas de ellas o si el valor de un metal se desinfla su repercusión en el global de la colección no será dramático.

Finalmente, hay que subrayar que un el gusto personal es crítico a la hora de seleccionar una serie en la que coleccionar, pero también es importante tener en cuenta factores de mercado. Por ejemplo, hoy en día no recomendaría a nadie ponerse a coleccionar moneda de oro porque creo que está muy caro (aunque algunos lectores opinen lo contrario con el mismo criterio, o mejor, que el mío). Además, hay que mirar de reojo la cantidad de coleccionistas que hay de esas monedas y nuestras estimaciones para el futuro. Por ejemplo, todas las series que he dicho anteriormente serían muy fáciles de vender a buen precio en caso de necesidad, puesto que hay mucho mercado tanto dentro como fuera de España; pero si alguien se aventura a coleccionar piezas almohades se encontrará con serias dificultades para encontrar compradores, por lo que teniendo en cuenta la rareza de esas piezas (y su consiguiente volatilidad) es muy probable que pierda mucho dinero si necesita vender su colección.

 

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de la última subasta de Stack’s New York, que se celebró el pasado 10 de enero. Se tratan de una estátera del Imperio Indio de Gupta, un doble táler de Leopoldo I de Austria, 10 ducados de Transilvania, 8 reales de Perú y 5 pesetas de Perú. Los precios que alcanzaron fueron de 375, 1300, 37500, 3000 y 1200 dólares respectivamente.

Como indiqué en la anterior entrada, iba a dedicar ésta a comentar la subasta extraordinaria de Aureo y Calicó “Hispania”, que se celebrará en Barcelona el próximo 26 de octubre. Antes de nada hay que aclarar que la entrada no pretende ser un análisis de los lotes, ni tampoco voy a dar pistas sobre mi opinión de por cuánto pujar sobre qué lote. Eso que cada uno se lo estudie en su casa.

La subasta Hispania está dedicada al Centenario de la Peseta, que es justamente lo que yo colecciono, así que podréis imaginar que  a mí me motiva especialmente. También hay que recordar que El Centenario de la Peseta es la colección más típica en España, vamos, donde hay mayor número de interesados, y como subastas como ésta no se ven todas las semanas seguro que la expectación es muy grande. Sin ir más lejos, Carlos ya ha comentado la subasta y al parecer le ha gustado mucho la pinta. También es de destacar que hace sólo dos años y medio Aureo subastó otra importantísima colección del Centenario, la Colección Laureano Figuerola (Aureo 2 de abril de 2008). Las comparaciones en este caso no son odiosas, sino necesarias para hacerse una idea de los lotes y de las estimaciones de los mismos.

En la introducción a la colección María Teresa Sisó dice lo siguiente:

No sólo figuran en ella (la colección Hispania) todas las monedas, incluso las más raras, y la mayoría de pruebas de acuñación relevantes para la historia numismática de estos ciento cuarenta años, sino que, salvo contadas excepciones, la conservación de cada una de las piezas está por encima del nivel de excelencia.

Creo que estas palabras resumen perfectamente la importancia de la colección. Efectivamente es la primera vez que veo en una sola subasta todas las monedas del Centenario, y eso no es tarea nada sencilla (evidentemente las baratas no están, no es cuestión de andar subastando pesetas de 1966). Pruebas de acuñación hay bastantes, pero faltan otras cuantas; igualmente podría haber habido más monedas locales de la Guerra Civil, aunque en ese periodo hay auténticas rarezas también.

En cuanto a temas concretos a destacar, si vamos al año 1869 se verán tres excelentes piezas que no se ven todos los días:

Esta primera pieza se trata de los 20 céntimos de 1869, que es una de las piezas de plata más cotizadas y que sale en EBC+ por un precio muy interesante. Sin ir más lejos se pueden comparar los 5.000 euros de salida de esta moneda con los 15.000 de la subasta que celebra Soler y Llach tres días antes (claro que el otro ejemplar está en FDC).

La segunda moneda a subrayar es este excelente duro de 1869 (habrá que dedicar una entrada a esta moneda también), que además de ser rara y muy buscada, es probablemente el mejor ejemplar conocido según la casa de subastas. Su precio de salida es muy razonable: 30.000 euros.

Otra pieza de este mismo año es la buscadísima moneda de 100 pesetas de 1870 en calidad sin circular. La rareza de esta moneda se puede ver sin más que decir que se acuñaron 12 ejemplares y 5 de ellos están en el museo de la FNMT en Madrid. Fue una de las joyas de la subasta Caballero de las Yndias, donde un ejemplar en calidad SC se remató en 240.000 euros, y la gran ausente en la colección Laureano Figuerola. El precio de salida esta vez es de 125.000 euros, lo cual es más que razonable, pero sólo apto para inversores con mucho capital.

Siguiendo con los oros, están las raras monedas de presentación de Amadeo I. Concretamente se tiene una de 100 pesetas y otra de 25 pesetas con 16 estrellas en canto. En este caso en la colección no se tiene la variante de 18 estrellas en canto, que sí aparecía en la subasta de Laureano Figuerola.

Otro oro también presente es la rarísima moneda de 25 pesetas de 1881 sin barba en calidad EBC+. Su precio de salida es de 75.000 euros. Un ejemplar en esa misma calidad (¿el mismo?) se subastó en la colección Laureano Figuerola y alcanzó los 77.000 euros.

Por parte de Alfonso XII y de Alfonso XIII hay muy buenas piezas en excelentes calidades y a unos precios de salida bastante buenos en general. Estoy seguro de que muchas de esas monedas subirán significativamente de precio. Aún así, no está de más pujar por lotes para ver si se despistan las manos fuertes y se puede cazar algo. Si bien es cierto que muchas de esas monedas no son “ocasiones únicas”, sí que es interesante estudiarse muchas de las monedas en SC y algunas de las pruebas. De entre las pruebas quisiera destacar la que está justo encima de este párrafo y las dos que están justo debajo. La primera de ellas se trata de una rarísima prueba de 2 céntimos de 1878, y yo pondría la mano en el fuego de que se trata del mismo ejemplar subastado en Laureano Figuerola, aunque en el catálogo de Aureo no se indica. Esa pieza se remató en 9.000 euros hace dos años y medio y ahora el precio de salida es de 8.000 euros.


En cuanto a estas otras dos pruebas, si las destaco es porque no las conocía. Se tratan de pruebas de 1 y 2 centavos de peso de Manila, año 1894. Su precio de salida es de 8.000 y 6.000 euros respectivamente, lo cual no parece demasiado teniendo en cuenta que sólo se conocen dos ejemplares de cada una. Por cierto, ¿sabéis dónde están los otros dos ejemplares? Pues esperando a ser subastados tres días antes que sus hermanos en la subasta de Soler y LLach, teniendo en ese caso un precio de salida de 12.000 y 9.000 euros respectivamente. ¡Eso sí que es casualidad!

Si seguimos el catálogo aparecen varias pruebas de la Segunda República (otras faltan) y una colección de monedas locales de la Guerra Civil. Justamente la parte de la Guerra Civil me parece la más floja (si es que hay algo flojo en esta subasta) porque faltan algunas, como por ejemplo las de Ametlla del Vallés, Falset o Ametlla de Merola. Aún así, hay auténticas rarezas, como las 1 y 2 pesetas de Euskadi en cobre que se muestran arriba o los 5 y 10 céntimos de La Pobla de Ciervoles, acuñados sobre una lata de galletas, que se muestran abajo.

Finalmente, hay una colección de Franco interesantísima. Una colección de pesetas, 2,5 pesetas, duros y 50 pesetas completa es más que digna de admirar. No falta ninguna, incluyendo los duros del 51 y del 52 (ya les dedicaremos una entrada), las 2,5 pesetas de 1944, las de 1946, la peseta de Benlliure (con un precio de salida mayor que la que se subasta en Soler y Llach)… lo que sí que faltan son algunas pruebas que sí aparecieron en la colección Laureano Figuerola. Eso sí, aparece la prueba del duro que se muestra abajo y que es la única pieza conocida.

Una vez hecho este repaso, voy a indicar, a modo de conclusiones el interés que pueden tener los diferentes tipos de aficionados con respecto a esta subasta:

Los coleccionistas e inversores de monedas muy raras y difíciles tienen una oportunidad que se presenta pocas veces. No sólo hay muchas monedas de extrema rareza sino que como hay mucha gente que colecciona este periodo, no será sencillo revenderlas en un futuro para sacar un beneficio.

Los coleccionistas más modestos pero que buscan tener algunas monedas serias que ronden entre 200 y 1.000 euros o así tienen también una oportunidad muy buena por la cantidad de ejemplares en calidad sin circular que aparecen. Yo me intentaré pegar dos o tres caprichos de estos.

Los coleccionistas que busquen piezas más baratas lo van a tener difícil porque no hay mucho. Pero algo hay, como los 25 céntimos que se muestran abajo, y si lo que se busca es tener en la colección una moneda que haya pertenecido a una colección importante, o tener una pieza de esta colección como simple recuerdo de la misma, pues hay algunos lotes muy baratos que pueden hacer las veces.

Los coleccionistas de errores tienen algún lote suelto, pero poca cosa.

Los coleccionistas de variantes tienen alguna cosilla, aunque claramente las variantes no es lo fuerte del catálogo. Hay pocas variantes y en calidades bastante normales.

Los estudiosos no van a encontrar ninguna aportación novedosa, puesto que no hay ninguna moneda inédita. Claro está que es una época muy trabajada como para aparecer monedas inéditas.

Todos tenemos la suerte de contar con un catálogo que va a suponer una referencia numismática más que interesante para los próximos años en cuanto a monedas de El Centenario y los precios de las mismas en alta calidad. Precios de verdad, no como los de los libros que se venden.

Un último apunte es que  Aureo ha cambiado el diseño de su Web. Ahora ya no deja unos ficheros comprimidos con todas las fotos de las subastas en formato .jpg para que las podamos descargar fácilmente. A mí me venían estupendamente como fuente de fotos para el blog. No pasa nada, me he preparado un pequeño programita que me sirve para descargar fotos de subastas numismáticas, no sólo de Aureo sino de otras casa de subasta más, así que seguiremos teniendo fotos en el blog.

Reproduzco una supuesta conversación entre Enrique (Enr) y un Numismático Cara Dura (NCD):

NCD: “Mira, estas carteras de euros de Moldavia, son una oportunidad de inversión estupenda” (pongo euros de Moldavia para no herir sensibilidades)

Enr: “Anda, pues son bonitas. ¿Y por qué dices que son buena inversión?”

NCD: “Hombre, pues está claro, son de tirada limitadísima y ahora muy poca gente las colecciona porque Moldavia acaba de entrar en el euro, pero cuando la gente se dé cuenta de que Moldavia tiene euros entonces se irán todos a comprarlas, pero para entonces ya estarán agotadas, así que se pagarán carísimas”

Enr: “¿Sí? ¿cuánto de carísimas?”

NCD: “Pues mira, va a pasar igual que con las primeras carteras de El Vaticano, que en cuanto se acabaron se triplicó el precio. Éstas salen por 25 euros, así que fácilmente en un par de años puedan costar 75 euros. Es una inversión segura”

Enr: “Si es una inversión segura ¿por qué no te las quedas tú? las venderías dentro de un par de años por mucho más dinero”

NCD: “Ya, pero es que yo soy comercial, no puedo quedarme con mucho stock porque no cuento con demasiado dinero en efectivo. Lo mío es comprar y vender; pero ya verás como en el mercado dentro de un par de años se pagan al menos por 75 euros, eso seguro

Enr: “Suena interesante… pero me recuerda a cuando salieron las monedas de 500 pesetas en 1987, que nos salió a todos mal la inversión porque la FNMT luego sacó más estuches”

NCD: “Pero eso no lo va a hacer Moldavia, ya te digo que es una inversión segura y pocas oportunidades como ésta habrá

Enr: “No sé… me suena raro… según dice un amigo mío no se puede invertir en moneda conmemorativa

NCD: “¿Y quién es ese amigo tuyo? ¿Está asociado a la AENP?”

Enr: “No, simplemente es un aficionado que tiene un blog y escribe lo que buenamente cree”

NCD: “¡Uno que va de listo! A ese ni caso, tú atente a mi consejo que llevo más de treinta años en este negocio. Esto en cuanto se acaben de vender las que han sacado va a subir como la espuma y ya te digo que las sacas 50 euros a cada cartera en un par de años”

Enr: “A ver si lo he entendido. Tienes una oportunidad de negocio estupenda, que consiste en retener unas carteras durante un par de años, pero no puedes hacerla frente porque no puedes tener un capital parado durante ese tiempo; así pues me estás regalando ese conocimiento a mí para que te compre las carteras y gane mucho dinero con ellas ¿no?”

NCD: “Efectivamente, estoy seguro de que es una inversión buenísima

Enr: “Vale, pues haremos una cosa. Yo te compro varias carteras, pongamos que te compro 200, a 25 euros cada una; pero a cambio tú te comprometes a que dentro de dos años me las compras a 50 euros cada una, de forma que las podrás revender por 75 y ganar más dinero todavía. Yo con un 100% de beneficio en dos años me conformo y tú te quedas con otro buen margen. Además, para estar seguro de que no me mientes, antes de que te compre las carteras te tiene que avalar el Banco Santander sobre la cuantía de 10.000 euros, para la compra dentro de dos años”

NCD: “¿Pero cómo voy a hacer eso? ¿me estás tomando el pelo?”

Enr: “No, te lo digo totalmente en serio, tú me has propuesto una oportunidad de inversión y yo te propongo otra a ti asegurándome un margen para mí. Si estás tan seguro de que es una gran inversión lo aceptarás sin dudarlo”

NCD: “Mira, vete de aquí que se ve que no entiendes nada y que no quieres invertir en numismática. Va y dice que pida un aval al Banco Santander… ¡a mí me vas a decir lo que tengo que hacer con mi dinero!”

Enr: “Yo en cambio diría que entiendo demasiado para caer en esa”

Una conversación como esa ejemplifica perfectamente lo que es un conflicto de intereses, y es que la persona que te asesora saca tajada si haces algún tipo de (supuestas) inversiones. Esto se puede dar con moneda contemporánea o antigua, no importa. La cuestión está en que no existen inversiones seguras que den una alta rentabilidad, ni en numismática ni en ninguna parte. Además, si el numismático estuviera seguro de que iba a triplicar el precio en dos años ¿por qué iba a vender ese bien? ¡Antes rehipotecaría su casa!.

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de la subasta que celebrará Kuenker los días 28 y 29 de septiembre. Se tratan de medio ducatón napolitano de Felipe IV, ocho reales de Segovia de 1589, ocho reales de  Cataluña de 1809 con Fernando VII y 20 reales de 1850 acuñados en Madrid

Con esta entrada quizá me meta donde nadie me llama, porque ni entiendo de economía ni tengo la suficiente experiencia como para poder dar muchos consejos. Aún así en mi opinión creo que el oro está ahora muy caro y que por ello es un buen momento para venderlo y esperar a comprarlo más barato más adelante.

Las razón que me hace creer esto es fundamentalmente que ha habido un incremento espectacular del precio del oro en los últimos meses, lo que viene a ser una burbuja, vaya. Fijémonos en la gráfica del precio del oro en el último año:

Un espectacular aumento del 25% con respecto al año pasado. ¡Y el oro a 1000 dólares la onza ya me parecía carísimo hace un año!. Si nos fijamos en la gráfica de los últimos diez años se ve que el aumento de precio se ha agudizado con la crisis:

Es clarísimo el punto de inflexión en 2005 y otro aún más pronunciado en 2008, creciendo a un 25% anual desde esa fecha. Desde mi punto de vista este crecimiento es totalmente insostenible, porque es imposible que un valor crezca a esa velocidad de forma continua. En otras palabras, yo creo que con el oro se está generando una burbuja que antes o después estallará. No sé cuándo ni sé qué precio se alcanzará, pero en algún momento tiene que bajar considerablemente el precio; hace poco que he visto pagar 280 euros por una moneda de 20 pesetas de 1890, cuando hace un par de años costaba 160. Eso no es normal.

Otro síntoma bastante claro de la burbuja es que han proliferado las tiendas de “compro oro(quienes, por cierto, siguen pagando lo mismo que el año pasado a pesar de que haya subido mucho el oro). ¡¡Sólo en Valladolid hay 26 tiendas de esas características!!  Esto me recuerda a cuando en 2006 paseabas por cualquier ciudad y no se veían más que inmobiliarias.

En esa misma línea, muchos países se apuntan a la burbuja y han aumentado la acuñación de moneda de oro. Hablo de países como Canadá, Inglaterra, Sudáfrica, Australia… saben que el oro está caro y están sacando lo que tienen.

Así pues, en mi opinión es mal momento para empezar una colección de monedas de oro, y sin embargo es bueno para vender aquellas monedas o lingotes que se tengan. Eso sí, hay que vendérselo a gente seria y formal. Si no conocéis a nadie de confianza no me importa que os pongáis en contacto conmigo y os doy el contacto de un comerciante serio (yo no me llevo nada por el favor, no os creáis). Y ya para quien quiera apostar de verdad, he aquí un ETF llamado SBUL en el que invertir a corto sobre el oro; es cosa vuestra si os metéis en algo de eso.

Esta entrada es una simple y llana reflexión que invita al debate a quien quiera y nace a partir de un comentario que hizo Carlos. No es un estudio serio hecho con datos reales, comprobando en diferentes casas de subasta y sacando estadísticas serias, porque hacerlo podría suponerme varias semanas de trabajo, y como se comprenderá no es plan.

Ya se ha comentado varias veces en el blog que el valor de las monedas es muy volátil. Pero… ¿cuánto de volátil? Esa sería la pregunta del millón porque si yo pago 200 euros por una pieza me gustaría saber qué margen de beneficio podría tener al venderla, o dicho desde el otro punto de vista, cuánto perdería si me veo obligado a venderla rápidamente. La pregunta es mucho más importante de lo que parece a simple vista, puesto que es crítica para saber el riesgo de nuestra inversión al comprar una pieza.

La respuesta es tan vaga como decir que la volatilidad de una moneda depende de la rareza de dicha moneda y de las veces que haya aparecido en subasta. Esta dependencia es muy interesante, y además no depende del precio en sí mismo. Es decir, hay monedas relativamente comunes (como las E-51) que son caras y monedas más raras, o incluso únicas que son relativamente baratas (como muchas monedas islámicas o godas). En un año se subastan alrededor de media docena de tiras de E-51, clavando los precios subasta tras subasta (lo mismo se podría decir de las 100 pesetas palo recto o de las 20 pesetas de 1894).

Sin embargo hay piezas muy raras, que se subastan cada diez años o más, e incluso hay piezas únicas que pueden pasar décadas sin que se subasten. En esas monedas es muy difícil determinar de forma aproximada su precio, puesto que si sólo hay una moneda de ese tipo en el mundo quien la quiera tendrá que acordar un precio con el que la posea. Una cuestión a tener en cuenta es que esas piezas no tienen por qué ser exageradamente caras. Sin salirnos de la numismática íbera, hay monedas islámicas muy raras o incluso únicas con un precio relativamente asequible, sobre todo si se compara con monedas de semejante rareza de otros países (EEUU, Rusia, Alemania…) o de otras épocas o series (como el Centenario de la Peseta o los Reales de a 8).

A quien quiera meter dinero “de verdad” en esto de la numismática, yo le recomendaría que diversificase su colección. Puede tener monedas muy raras, y no por ello caras, y otras  más normales, y no por ello baratas. De esta manera la inversión se divide en productos más seguros y productos más volátiles.

No obstante, vuelvo a repetir que las afirmaciones que hago son prácticamente prejuiciosas y no he llevado a cabo un estudio para apoyar mis argumentos. Ese estudio conllevaría estudiar muchas subastas y hacer un análisis estadístico que relacione la varianza de los precios en relación con la periodicidad de las apariciones de las monedas. Llevaría mucho tiempo y, lo siento mucho, pero el tiempo que puedo dedicar al blog es limitado.

Las monedas que aparecen en la entrada están sacadas de la última subasta de Monnaies d’Antan, sus descripciones son, respectivamente: Marco Aurelio – Sestercio (161, Roma);  Seleucide – Tigrane II el Gran rey de Armenia – Tetradragma (83-69 A.-C.); 1 Franco 1900.

Dicen en las noticias que los españolitos de a pie invierten su dinero sin tener ni la más remota idea y fiándose de la opinión de los bancos. Luego resulta que les venden un paquete de preferentes hechas un asco al precio al que estaban tres años atrás. Y claro, se quedan sin un duro. Bueno, pues esta misma idea también ocurre mucho con la numismática: hay gente que se dedica a comprar piezas sin tener mucha idea del valor de las mismas, asesorado sólo por su numismático, que gracias a las pérdidas de sus clientes saca un buen sueldo. Ya vimos un caso extremo.

Todo esto viene dado porque el que teóricamente asesora al inversor, bien sea el numismático o el empleado de banca, tiene más intereses que los del propio inversor que son los intereses del banco o de su propio negocio. Esto hace que los teóricos consejos acaben siendo unas milongas para quedarse ellos con las pelas.

Una de las falacias más repetidas es “Compra sólo moneda buena”. En general esto es cierto, suele ser mejor comprar moneda buena que chatarra, pero lo que pasa es que nadie te dice a qué precio se tiene que comprar esa moneda. Es decir, si voy a un numismático y me ve con intenciones de soltar un buen dinerillo por una moneda sin que yo tenga mucha idea, pues me ofrecerá una buena pieza por 2.000 euros cuando quizá cueste 1.500; si a los tres meses por lo que sea necesito dinero y la tengo que revender, podré hacerlo rápidamente (porque es una buena pieza), pero quizá no saque de ella más de 1.000 ó 1.200 euros. Las pérdidas son considerables. Si me gasto 500 euros en chatarra (y eso da para mucha chatarra), quizá si necesito dinero rápidamente no me den por ella más de 150 euros, pero habré perdido menos pelas. Es decir, que si aunque es preferible hacerse con moneda buena (eso te lo dirá cualquier profesional), no hay que pagarla a cualquier precio (eso no te lo dirá ninguno).

Otra cuestión es el qué coleccionar. Ya se ha comentado que hay diferentes tipos de colecciones y existen muchos factores que influyen en qué colecciona cada uno. En cualquier caso, cada cual que reflexione sobre su colección y sea él quién decida. Los profesionales siempre te van a empujar hacia las monedas que ellos controlan más (generalmente se acaban especializando): unos te dirán que lo mejor es coleccionar piezas de Franco, otros moneda de las monarquías europeas, otros moneda americana, otros euros, otros monedas romanas… todos te querrán ganar como cliente, pero no porque sea lo mejor para ti, sino porque es lo mejor para ellos. Lo que está claro es que ninguno te dirá que no te centres en ningún tipo de colección, que simplemente te dediques a comprar moneda que te guste y esté barata.

Hay un par de remedios para cubrirnos de este tipo de cosas. El primero es hacer un contrato explícito de asesoría numismática con un profesional, de forma que si él no vela por tus intereses le puedas denunciar (si eres capaz de demostrarlo). En cualquier caso, esto sólo lo podrá hacer gente que quiera invertir cantidades ingentes de dinero en numismática, para el resto de los mortales sólo nos queda una solución: hablar con muchos numismático, hablar con aficionados, leer revistas, blogs, libros… reflexionar nosotros mismos, sacar nuestras propias decisiones y actuar en consecuencia.

Para finalizar la entrada, os dejo una conversación que tuvieron Enrique (E) y un numismático profesional (NP) hace poco:

NP – ¡Mira qué pieza! se la ofrecí el otro día a un coleccionista amigo mío por 1.100 euros y me dijo que sacía que valía ese dinero pero que no me daba por ella más de 1.000 ¿Tú te crees?

E – Bueno, es normal, si vale 1.100 euros y el la paga a ese precio ¿qué gana él con la compra?

NP – Un momento, que aquí el comerciante soy yo, y el que tiene que ganar dinero es el comerciante y no el coleccionista.

E – Pues yo todas las monedas que te he comprado las he revendido más caras, y ten por seguro que si no pudiera venderlas más caras no te las huiera comprado.

NP (arrugando el entrecejo) – Es que tú eres muy listo…

Las fotos son de la próxima subasta de Aunktionshaus. Se tratan de un denario de Nerón, otro denario de Vespasiano y otro de Trajano. No es que entienda de moneda romana, pero los retratos que tuvieron estos emperadores en ases, denarios y sestercios son una maravilla.

Hace tiempo que tenía ganas de escribir una entrada dedicada a la necesidad de tener una buena bibliografía, y de tanto esperar Carlos se me ha adelantado con una muy buena reflexión en su blog. En cualquier caso, haré yo la mía propia, aunque recomiendo encarecidamente leer con calma la entrada de Carlos.

Hay un dicho entre los numismáticos anglosajones que dice “buy the book before the coin” (compra el libro antes que la moneda). Este dicho, que casi se considera un axioma, aparece desde en libro “Coin collecting for dummies”, hasta foros más especializados y webs varias sobre numismática. Yo no lo consideré explícitamente como uno de los consejillos para principiantes porque creo que quedó bastante explícito que hay que conocer bien las monedas antes de comprarlas. En efecto, ese es el consejo que hay detrás del axioma.

Una de las diferencias fundamentales y evidentes entre un buen aficionado a la numismática y un principiante, es que el buen coleccionista conoce bien las monedas que compra: conoce sus fechas, sus cecas, los ensayadores, los detalles en los que hay que fijarse, el precio de mercado y cuánto debe pagar por ellas. Todo eso no se aprende en una tarde, y supone mucho tiempo de estudio de las piezas que se coleccionan. Los libros y manuales especializados pueden ser baratillos o pueden costar una pasta significativa, todo depende del tipo de colección que se haga. Así, el que simplemente coleccione euros no se tendrá que gastar mucho en catálogos, pero el que coleccione moneda medieval japonesa puede pasarse media vida consultando bibliografía. En general, cuanto más rara sea la colección que se haga, más difícil se hará encontrar bibliografía y más difícil será ordenar ésta. ¡¡Pero muchas veces es esa investigación la gracia de la colección!!

Encontrar datos sobre monedas raras puede suponer pasarse horas delante del ordenador, además de dominar un poquillo el inglés u otros idiomas. También suele ser complicado encontrar buenos compendios de monedas, puesto que como el público suele ser muy restringido la tirada suele ser pequeña y es raro que se re-editen. De hecho, las casas de subastas suelen subastar también catálogos que muchas veces alcanzan varios cientos de euros de precio. Esto supongo que a medio plazo mejore, una vez que se generalice el libro electrónico, el cual es muchísimo más barato de publicar puesto que no se necesita generar ni distribuir un soporte físico.

En cualquier caso, lo que debe quedar claro es que el tiempo y el dinero invertido en estudiar y comprar bibliografía no es tirado, puesto que ese conocimiento es necesario tanto para coleccionar como para invertir en numismática. Y creo que a un numismático nada le puede llenar más el orgullo que publicar su propio catálogo de monedas, fruto de décadas de investigación numismática por su cuenta.

Para ilustrar la entrada dejo unas cuentas monedas africanas, que todavía no había puesto ninguna. Se subastaron el día 27 de febrero de 2010 en Cayón. Se trata, por orden: 5 tallero 1891 (Eritrea), Piastre 1327 (Egipto), 1/8 birr. 1887 (Etiopía) y 500 dalasis 1977 (Gambia).

Cuando se habla de “coleccionar” monedas generalmente se suele pensar en gente que, como yo, maneja cantidades pequeñas. Cuando se habla de “inversores“, generalmente nos referimos a quienes sueltan una pasta para conseguir piezas nuevas. No sé si alguno de estos últimos me leerá, pero esta entrada es una reflexión a ese tipo de inversiones.

En esta web se reflexiona sobre las posibilidades de invertir en numismática. Se indican las características del mercado: muy volátil, inestable, con una revalorización a largo plazo y con alto coste de compra/venta; principios que ya se han comentado en el blog. Sin embargo, me quiero centrar en un par de artículos de OnlyGold escritos por Richard Smith. En estos dos artículos (uno y dos) se defiende que toda inversión numismática es una mala inversión. No se centra en propinas, habla de inversiones de decenas o centenares de miles de dólares. Los motivos que da son los siguientes:

– Los compradores muchas veces no saben lo que compran.

– Hay unas cargas altísimas en compra/venta.

– No es fácil entrar en el mercado numismático.

– Las monedas se revalorizan muy poco.

– La numismática no es un valor de refugio.

Desmontar todos estos argumentos daría para una entrada muy larga, pero intentaré hacerlo de forma breve. Lo primero que hay que decir es que la página OnlyGold se dedica a la venta de oro, y el oro es un bien material cuyo mercado tiene unas características semejantes a la numismática, por lo que se pueden ver como competidores. En otras palabras, al autor le viene bien que la gente no invierta en numismática y lo haga en oro.

En cualquier caso, hay que dar la razón que quien quiera que meta dinero en numismática (o en cualquier otro mercado) sin tener ni idea, lo más normal es que pierda dinero. Eso ya apareció en el blog con una experiencia que tuvo Enrique. Pero, ¿es que hay gente que gasta 100.000 euros en una moneda sin saber lo que está comprando? Pues sí, y si no la paga más cara es porque el vendedor no ha querido aprovecharse más. Hay gente así, ¿o es que todo el que compra un Pollock tiene idea de arte? Igualmente, también estoy de acuerdo en las altas cargas del mercado numismático, cuestión que también fue analizada en el blog.

No obstante, el mercado numismático es enormemente volátil, y eso es lo que hace que en él se pueda ganar dinero. Claro, que para eso hay que conocerlo bien. Hay profesionales que viven de las monedas que compran y vender, al igual que hay aficionados cuya colección se mantiene a base de comprar y vender monedas; debe haber algo que permita sacar unos cuartos.

Y donde discrepo de lleno es que la numismática no es un valor de refugio, puesto que es clarísimo que sí lo es, al igual que el oro. Bien es cierto, tal y como dice Richard Smith, que en caso de una gran catástrofe como una guerra o similar, la numismática carecerá de valor. Pero, en caso de semejante catástrofe, el oro tampoco valdrá, ni el arte, ni tener 10.000 acciones de Telefónica, ni 5 millones de euros en Letras del Tesoro: todo eso tendrá menos valor que una lata de sardinas (o que un trago de agua, como se muestra de manera ejemplar en “Yellow Sky“). Aún así, cuando se habla de “crisis” en el sistema capitalista nos referimos a las vacas flacas, donde los que tienen mucho dinero cierran empresas y se refugian en otros valores, y los que tienen poco dinero se quedan en el paro. No es una casualidad que la mayor subasta jamás hecha de moneda española se haya realizado en época de crisis, ni tampoco que hoy en día las subastas numismáticas vendan casi todos sus lotes, como siempre nos recuerda el blog Numisfera. Hoy en día mi opinión en general es que la numismática está cara, y eso es debido a que hay crisis.

Finalmente, Smith presenta unos cuantos datos con los que pretende demostrar que las monedas se revalorizan poco. Lo que pasa es que no indica la fuente de los datos (por lo que puede habérselos inventado) y que esos datos están cogidos con truco, comparando 1980 y 2001, año en el que la economía mundial estaba especialmente ágil.

En global, la numismática es un mercado donde se puede hacer dinero, pero para ello hay que conocerlo bien, como cualquier otro mercado. La mayoría de los coleccionistas que conozco a final les sale bien.

Las monedas que ilustran la entrada son algunas de las más caras jamás vendidas. Están sacadas de el blog dig 4 coins. Son un penique australiano de 1930, un dólar sentado de 1870, un dime de 1894, un dólar de 1804 y los famosos 20 dólares de águila de 1933, la moneda más cara, fuevendida por $7,590,020