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Por cábalas de la vida ha caído en mis manos esta moneda


Se trata de un supueto sestercio de Julia Domna Augusta que aunque no es muy raro no es precisamente barato. Y si digo “supuesto” es porque, aunque lo parece, no lo es: se trata de una moneda falsa. Que nadie se enfade todavía, que no pienso venderla ni intentar engañar a nadie con ella, que yo seré pobre pero muy honrado.

Quizá un experto ve las fotos de arriba y es capaz de detectar en el momento la falsedad de la pieza, pero me juego un duro a que a la mayoría de los que no entendemos mucho de moneda romana nos la hubiesen colado como buena si sólo nos dan las fotos del anverso y del reverso. En cambio, si observaos el canto de la moneda tendremos más pistas sobre el origen de la pieza. Os dejo un par de fotos del canto:

Si nos fijamos bien se pueden observar unas estrías que recorren el canto. Esas estrías son restos del proceso de fundición y son características de monedas que han sido falsificadas por el método de fundición por microfusión, que es la forma más común de fabricar monedas no originales hoy en día. Por si alguien no las ve bien, os remarco en estas otras fotos los contornos de las estrías.


Ya estaréis pensando que la aparición de las estrías es fruto de una falsificación descuidada, y que si hubiera sido falsificada con más esmero se hubiesen podido quitar. Es cierto, pero para quitarlas generalmente es necesario limar el canto. Por eso, un canto con limaduras también es un síntoma de que la pieza es falsa, tanto en moneda antigua como en la numismática contemporánea.

Espero que este truco sirva a  muchos y que miréis bien el canto antes de comprar una pieza. El canto es la tercera cara de la moneda y es la que más información suele proporcionar para detectar las falsificaciones porque al ser la que menos mira la gente suele ser la más descuidada (hay más gente que opina lo mismo). Por otro lado, vuelvo a dar el consejo de siempre: al comprar monedas, sobre todo si son caras, lo mejor es adquirírselas a alguien de confianza para evitar sustos.

La entrevista que realicé a Martín Lechuga la semana pasada tuvo mucha repercusión entre los aficionados a la numismática que andamos por foros y por la blogosfera. Se abrió mucho debate y también hubo quien criticó duramente la entrevista, ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Pero es incuestionable que fue patente que en España crear copias de bienes artísticos o históricos es plenamente legal, lo cual hace que la copia de monedas sea un negocio como cualquier otro.

Muchos se llevaron las manos a la cabeza y empezaron a dudar de si había moneda falsa en sus colecciones. Más aún viendo que a grandes casas de subastas españolas supuestamente se las han colado, como a Vico o a Marti Hervera. Si a unos de los profesionales con mayor prestigio de España les cuelan monedas falsas ¿cómo podemos evitar que nos la cuelen a nosotros, simples aficionados?

A esto se suma que en España es plenamente legal la copia de monedas, pero no comerciar con ellas haciéndolas pasar como auténticas, que sería considerado una estafa. Pero claro, para que se impute como estafa hay que demostrar que la persona tiene dolo, es decir, que sabe que esa moneda es falsa y la vende como verdadera. Difícil es probar ese dolo, puesto que el estafador va a alegar que a él se la vendieron en un mercadillo y que él creía que era buena, diciendo que a los mejores también se la cuelan.

También hay que tener en cuenta que esta práctica hace muchísimo daño a los estudios históricos. Los académicos sacan sus conclusiones en base al estudio de grandes colecciones, pero claro, si esas colecciones están adulteradas las conclusiones que se obtengan serán totalmente erróneas. Preocupante es que se hayan encontrado ejemplares falsos en colecciones del calibre de la Real Academia de la Historia o del Museos Arqueológico Nacional.

Así pues, tenemos un marco legal en el que fabricar moneda falsa es legal y traficar con ella, haciéndola pasar por auténtica es muy difícil de penar. Por eso, entre unos cuantos compañeros hemos preparado un documento para recoger firmas y que se endurezca la ley, tipificando como delito la falsificación de moneda o de bienes arqueológicos que pudieran pasar como auténticos. Ya han firmado muchos aficionados y profesionales, y os invito a que lo leáis con calma y firméis si estáis de acuerdo, y mucho mejor si además lo dais publicidad:

PULSAD EN LA IMAGEN PARA IR AL DOCUMENTO

Por último, voy a dejar un escrito que ha mandado Vico, indicando que no es la primera vez que se solicita algo así y que la AENP lleva muchos años instando a que se cambie el marco legal en este aspecto. Mi opinión es que esta vez es diferente, porque aunque no se cambie el marco legal (dudo mucho que ningún partido lo ponga entre sus objetivos de campaña) a través de foros y blogs habremos hecho conscientes del problema a muchos aficionados, y eso ya es un valor en sí mismo.

En la falsificación de moneda, hay que diferenciar dos tipos:
– La moneda que se falsifica, estando en curso legal, para usarla como medio de pago.
– La moneda que se falsifica para introducirla fraudulentamente en el mercado numismático como auténtica.

El artículo 283 de nuestro Código Penal, castiga con la pena de prisión menor, la fabricación de moneda falsa y la cercenación o alteración de moneda legítima. Se considera moneda a efectos del Código Penal (art. 284), el papel moneda, los billetes de Estado y de banco, la moneda metálica y los demás signos de valor que tengan curso legal, emitidos por el Estado, tanto español como los extranjeros. Por lo tanto, la ley excluye penalización para la falsificación de moneda que ya no tiene curso legal, es decir, la moneda antigua.

Por ello y al no encontrarse tipificada en el Código Penal la fabricación o alteración de monedas que en otro tiempo pudieron tener curso legal, las leyes españolas no consideran esta conducta, en principio, delictiva, a no ser que lleve emparejado un engaño o defraudación, en el sentido de querer aparentar su autenticidad, lo que convertiría automáticamente dicha conducta en un delito de estafa.

Las falsificaciones de monedas que se efectúan en la actualidad, se realizan con la intención de aparentar autenticidad, a fin de conseguir en el mercado un valor comercial mas alto.

Esta actividad, entra de lleno en el campo de las estafas, ya que como recoge el art. 528 del Código Penal, “cometen estafa los que con ánimo de lucro, utilizan un acto de disposición en perjuicio de si mismo o de tercero”.

En el delito de estafa, es necesario que exista dolo, es decir, que el sujeto activo tiene que ser consciente de la falsedad de la moneda y ocultarlo, ya que la buena fe o la advertencia de la no autenticidad, excluye la estafa.

En resumen, las leyes españolas no castigan la falsificación, pero si la venta fraudulenta de una pieza falsa como si fuese auténtica.

Varios han sido los intentos de que se penalice el hecho en si de la falsificación, pero todos ellos infructuosos, comenzando con la petición que se hizo a raíz del I Congreso Nacional de Numismática celebrado en Zaragoza en 1972 y continuando con las peticiones hechas desde la A.E.N.P. en las que he intervenido personalmente, sin ningún éxito, en 1982 con los redactores de la reforma del Código Penal, en 1991 con los escritos presentados en el Ministerio de Justicia y en 1996 con la propuesta que presentamos en el Congreso de los Diputados, en la que pedíamos que en el artículo 284 antes citado, donde se castiga la fabricación de moneda que tenga curso legal, se añadiese simplemente, “o lo haya tenido”.

Me parece magnífico este movimiento que ha surgido en los foros numismáticos contra las falsificaciones. Tiene todo nuestro apoyo y esperamos que tengan el éxito que otros no hemos tenido.

Fdo. Jesús Vico Monteoliva.

Últimamente ha habido especial revuelo en los foros numismáticos debido fundamentalmente a que Vico ha tenido que retirar ciertos lotes por haber publicado alguna moneda falsa. Este tipo de noticias hacen desconfiar al aficionado y que se desprotique contra casi cualquiera. Una de las empresas que más críticas ha recibido ha sido Remoneda, una empresa que realiza reproducciones numismáticas de gran calidad y que había confeccionado algunas de las piezas que le colaron a Jesús Vico. Desde mi punto de vista, algunas de las críticas a Remoneda tienen sentido y otras no lo tienen, pero en cualquier caso hay que recordar que es una empresa legal que no vende sus reproducciones como auténticas.

Yo mismo hace unos días me puse en contacto con Martín, el director de Remoneda. Después de intercambiar varios correos intercambiando impresiones sobre mi blog y sobre su empresa le propuse realizarle una entrevista que aquí os dejo. Estoy seguro de que será de utilidad para muchos aficionados:

Adolfo (A): Para empezar, quisiera hacerte unas preguntas generales. ¿Qué tipo de monedas coleccionas?
Martín (M): No tengo ninguna coleccion personal aun que ya me gustaría, puesto que con la actividad de mi trabajo de momento no quiero tenerlas. La verdad es que tengo tentaciones, puesto que por mis manos pasan grandes piezas.

A: ¿Cuáles son tus monedas favoritas?
M: Las monedas que mas me gustan… pues casi todas, soy un enamorado del tema. Pero quizás las más especiales sean las monedas íberas; tienen un arte especial, te embruja. Aún así no desprecio cualquier otra época.

A: Si tuvieses que llevarte una moneda a una isla desierta ¿cuál te llevarías?
M: Hay una muy especial (bueno hay varias), es una estátera republicana, la del juramento, es una maravilla.

A: Ahora me gustaría que nos centrásemos más en tu negocio. ¿Cómo definirías el servicio que proporcionas a tus clientes?
M: El servicio que proporciono a mis clientes (te hablo en nombre de ellos, pues es lo que me comentan) pienso que es fantastico pues muchos de ellos son personas sencillas de bajo poder adquisitivo que nunca podrán tener un buen aureo, que nuncan podrán tener sestercios caros; yo les proporciono una réplica con una cierta calidad que hace que su deseo en parte se satisfaga a un bajo coste.

A: ¿Qué tipo de clientes son tu objetivo? (coleccionistas, instituciones pedagógicas, timadores que luego las quieran vender como buenas…)

M: Me interesan todos, pues tengo gente culta (abogados, médicos etc.), también tengo varias empresas didácticas a quienes les suministro material, coleccionistas y bastantes numismaticos.
En cuanto a los timadores, eso es una plaga difícil de erradicar tanto en este como en otros sectores. Este tipo de gente es dificil de detectar pues normalmente cuando vendes por correo no ves la intención que lleva y cuando es compra directa y personal tambien es difícil, puesto que hay que tener ciertas facultades psicológicas para ello.

A: ¿Por qué crees que te compran a ti las réplicas en vez de gastarse un poco más para comprar las piezas auténticas?
M: Yo soy mecánico de automóviles y cerré mi propio taller por que esto de Remoneda empezó como un hobbie y acabó como mi fuente de ingresos principal. El taller lleva 5 años cerrado así que imagínate.
Yo vendo réplicas en España y el extranjero, y las vendo por que tienen apariencia real; no como esas que se venden por ahí, que son de aluminio y que no tienen seriedad ninguna. Mis copias tiene mucho más realismo y por eso se venden
Claro está que donde se ponga una original que se quiten todas las réplicas, pero muchos o no pueden consegirlas o su economía no se lo permite. Por ejemplo, ¿puedes tu consegirme la estátera que anteriormente te he mencionado? Seguro que no, te garantizo que te sería imposible, ¿verdad? Pues yo te proporciono una réplica de una copia original acuñada o fundida, en oro de 24, 23 o 18 kilates. ¿Entiendes ahora el porqué vendo mejor?

A: ¿Crees que tu trabajo favorece a quienes quieren introducir moneda falsa en el mercado?
M: Yo creo que no, puesto que conozco muy bien quien vende moneda falsa. Conozco personalmente sus productos y cómo trabajan.
No les interesa mucho mi material puesto que, a diferencia de ellos, yo vendo por Internet y publico las fotos de mis monedas, cosa que no les interesa puesto que se les corta el chupe. El que vende moneda falsa por lo general vende 4 ó 5 copias de una moneda para no dar mucho el cante; yo vendo todas las que pueda de cada ejemplar, cuantas más mejor. Ese es mi trabajo.

A: En cualquier caso, detectar tus monedas y saberlas distinguir de las auténticas es todo un problema. Incluso Jesús Vico ha dudado al respecto. ¿Qué consejos darías a un principiante para poder detectar tus monedas frente a las auténticas de época?
M: Está claro que para un principiante es complicado. En cuanto a las subastas, y casa numismaticas, mi opinión personal por las experiencias vividas no son muy favorables, puesto que algunas sólo miran por el interés y el dinero y no les importa nada vender una réplica. Si esa replica está bien terminada para adelante con la subasta. No digo que esto lo hagan todas las subastas y casas numismáticas, pero algunas actuan así: sin escrupulos. De hecho, he visto cómo vendedores de tallers clandestinos vendían sus productos a grandes numismáticos, que se las compraban sabiendo muy bien lo que eran y a qué gente se las compraban. Todo esto es el mundo sucio del coleccionismo, pero ya te digo que esto no va conmigo, pues de lo contrario no hubiese creado Remoneda y sería otro clandestino más metiendo moneda falsa en el mercado. Yo vendo replicas y me siento muy orgulloso de mi trabajo. Por eso siempre digo que estáis ciegos, no sabeis lo que se mueve por detrás. Es una pena, pero insisto en que nada tiene que ver conmigo.
A J. Vico después de ver el follón que se montó en los foros le escribi un correo en el cual me ofrecía para lo que hiciese falta, nada más.
En cuanto a un consejo practico para que no os cuelen monedas falsas:
1.- Conocer bien al vendedor.
2.- Comprar, a ser posible, con factura y garantía de devolución.
3.- Fijarse muy bien en la superficie de la moneda para ver si hay retos y huellas de fundición.
4.- Fijarse si las tierras son compactas a la moneda o están sueltas.
5.- Ante la duda hacer el toque mágico: coger un bastoncillo de bebés (de esos de limpiar el oído), impregnalo en agua fuerte ligeramente hasta que se haya humedecido. Luego se frota el canto de la moneda unas dos o tres veces. Si es una copia la pátina desaparecerá rápidamente, si es original aguntará. Finalmente se lava con agua la pequeña parte frotada.

A: ¿Estarías a favor de una ley que prohibiese la reproducción de monedas antiguas sin que aparezca una marca que las identifique como reproducciones?
M: Sinceramente, no me gusta mucho esa idea aunque ya me la propusieron hace tiempo, puesto que se daña un poco la imagen de la pieza. No obstante, yo ya empecé a marcar mis monedas, sobre todo las piezas grandes; donde aún no lo hago es en las monedas medievales, puesto que no sé dónde poner la marca para no dañar la pieza. Se aceptan sugerencias.
En conclusión y resumiendo: estoy dispuesto a echar un cable a quien lo necesite, que el problema de la falsificación no es Remoneda si no de otros talleres que se dedican a esos fines con esmero. Pillos, gusten o no, los hay de todas clases; y también están los cuatros infelices y los cuatros numismáticos que se estan poniendo las botas a costa de esos talleres.

Hasta aquí la entrevista, espero que os haya gustado y os sea de utilidad. Por cierto ¿os gustaría que hiciese más entrevistas para publicarlas en el blog? Yo creo que podría ser de utilidad a los aficionados, a la vez que doy la oportunidad a que haya más voces en este blog. Por favor, dadme vuestra opinión en los comentarios.

Todas las fotos que ilustran la entrada son reproducciones tomadas del catálogo de Remoneda.

La Segunda Guerra Mundial es seguramente el acontecimiento histórico que más haya marcado la historia del siglo XX, hasta el punto de que la mayoría de las actividades que hoy en día realizamos posiblemente no serían las mismas de no haber sido por dicha Guerra. La numismática no se escapa, y la WWII ha dejado algunas huellas en ellas. Hoy presento quizá la más famosa: el centavo de 1943.

Como todos sabéis, Estados Unidos entró en la Guerra en diciembre de 1941 teniendo como consecuencia económica casi inmediata el encarecimiento de la mayoría de las materias primas, que ya eran caras de por sí debido a que Europa llevaba más de dos años en guerra. El encarecimiento de los materiales dejaron cosas curiosísimas: las mujeres se pintaban medias falsas debido a la escasez de nilon, se pagaban a precio de oro las piedras de las casas de algunos  pueblos gallegos, muy ricas en wolframio y por un año se dejaron de acuñar centavos de dólar en cobre.

Como el cobre se puso caro, los americanos acuñaron sus monedas de centavo de 1943 en acero, que es un material mucho  más barato . El resultado de la acuñación fue un desastre: al ser el acero de color plateado la gente los confundía con dimes, que costaban 10 centavos; las máquinas expendedoras no los reconocían; y como no estaban galvanizados por los bordes se oxidaban y se corroían al poco tiempo de haberlos acuñado. Todo esto hizo que al año siguiente recubrieran los cóspeles de acero con una fina capa de cobre para evitar tales males. En cualquier caso, a partir de 1947 los centavos volvieron a ser de cobre y el acero se dejó para otros menesteres.

Pero ahí no quedo el asunto. Resulta que en 1942 debieron sobrar unos cóspeles de cobre y a alguien se le ocurriría en 1943 acuñarlos y sacarlos a circulación como si tal cosa. Se ve que no hicieron fraude. En Wikipedia (de donde están sacadas las fotos de la entrada) consideran estos centavos como los más raros de la serie de Lincoln, sólo superados en rareza por el famoso de doble acuñación.  Se estima que se acuñaron unos 40 ejemplares, aunque sólo 15 han sido confirmados. Os podéis imaginar que con los cientos de miles de personas que coleccionan centavos americanos, son piezas muy cotizadas y se suele considerar en las listas de rarezas americanas. También os podéis imaginar que hay miles y miles de centavos falsificados.

En el blog de Susan Headley indica que lo más normal en las falsificaciones es que sea uno de 1948 recortado (algo semejante a la peseta de Benlliure). El truco para ver a primera vista si es falso es que el rabo del tres debe ir hacia abajo de forma bastante pronunciada. En la imagen de abajo (esta sacado del blog de Susan) se ve bien la diferencia. No obstante, lo de siempre: son monedas muy raras y muy caras, de sospechar que son buenas habría que mandarlas a una entidad certificadora.

Se puede ver con una simple búsqueda en Coin Talk el interés que suscita este centavo. También se puede ver que a los expertos les preguntan cada poco por la autenticidad de estas piezas, según el mismo blog de Susan. Me imagino que sea como en España por los duros de 1869, si cada vez que veo a alguien que cree tener un duro de 1869 auténtico me dieran un euro, quizá ya me daba para comprarme uno auténtico yo 🙂

En cuanto a los precios de los centavos de 1943, pues el de acero es barato, mientras que el de cobre es sólo apto para algunos bolsillos privilegiados. En WikiAnswers indican que en 2000 se remató uno por 115.000 dólares (MS-61), mientras que en 2010 se remató otro por 207.000 dólares (VF-35).

Un último apunte es que, a la inversa de lo que ocurrió con los centavos de 1943, en 1944 se acuñaron algunos centavos sobre unos cóspeles de acero. Estos son menos famosos, pero también son muy escasos y por lo que parece también bastante falsificados. Hasta 2000 PCGS no autenticó ninguno de esta especie, que parece ser que se subastó en Heritage, con una estimación de entre 75.000 y 100.000 dólares (no sé por cuánto se remató). También se dice que el mejor conocido lo autenticó ICG (Independent Coin Grading) y es el que se muestra en la foto de abajo.

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