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El otro día fui me pasé por Londres y una de las visitas que tenía planeadas era su mercadillo numismático. Había leído en unos foros que se encontraba al lado de la Estación Embankment, que está muy muy céntrica: a orillas del Támesis y a escasos cinco minutos de Trafalgar o del Palacio de Buckingham. Así que su localización es la primera grata sorpresa del mercadillo: el turista en Londres no tiene que desviarse mucho para comprar monedas. La otra cuestión importante para visitantes es que sólo abre los sábados de 8:00 a 16:00.

Total, que llego a la estación correspondiente, me puse a buscar el mercadillo y no lo encontraba por ninguna parte. Me extrañé bastante porque parecía claro que estaba justo al lado de la Embankment, y un mercadillo no es algo pequeño y que no se vea. Al final, después de dar vueltas un buen rato me tope con el siguiente letrero, que estaba justo al lado de la estación.

Resulta que el mercadillo estaba dentro de ese edificio y se entraba por aquella puerta. Entré por allí, bajé unas escaleras que parecían conducir a un garaje y… ¡¡conducían a un garaje!! El mercadillo numismático de Londres se monta todos los sábados en un garaje (WTF?).

Me di una vuelta por el mercadillo y al principio la sensación fue bastante decepcionante. Yo me esperaba algo como la Plaza Mayor de Madrid, y ahí apenas había unos 20 puestos, de los que sólo la mitad tenían monedas, la mayoría de los cuales no tenían más que un montón de chatarra. Pregunté a tres vendedores por monedas españolas y dos de ellos sólo tenían piezas muy corrientes y con un precio bastante elevado (normal en el extranjero). Pero el otro tenía unas cuantas monedas de bastante calidad y a precios razonables. ¡Es una suerte coleccionar una moneda tan “internacional” como la moneda española! ¡Desde luego que el país extranjero del que más monedas tenían!

El hombre resultó ser un comerciante jubilado muy agradable (es el de la foto de abajo) con el que intercambié una interesante conversación. Le pregunté qué hacía un mercadillo numismático en un garaje y la respuesta fue más que interesante:

Resulta que en ese preciso lugar había un mercado equino en el siglo XIX. Allí no estaba el edificio, sino que era un local con pesebres y preparado para que los caballos estuviesen cómodos y limpios. Con la llegada del automóvil a principios del siglo XX un mercadeo de caballos en el centro de Londres dejó de tener sentido y el local lo “ocuparon” los coleccionistas para hacer su mercadillo.
Me decía, cargado de moriña, que el ambiente era muy auténtico. Imaginad organizar mercadillos numismáticos en un local adaptado para caballos; con pesebres, suelo de tierra, caída para recoger el agua… ¡auténtico!
Pero resulta que aquel local lo demolieron en los años 70 e hicieron pisos. Entonces las asociaciones de coleccionistas llegaron a un acuerdo para que les alquilasen el garaje los sábados y así poder celebrar el mercadillos. Me decía también con cierta pena que aquello cada vez va a menos. Como casi todos los mercadillos numismáticos.

Así que ya sabéis dónde podéis comprar algunas monedas si venís a Londres. También podéis pasaros por alguna de sus muchas numismáticas, o incluso podéis hacer coincidir la visita con una feria. La próxima es el fin de semana del 11 de febrero. Si alguien que me lea tiene pensado ir que me avise, que allí estaré.

Por cierto, como no puede ser de otra manera, compré alguna pieza al comerciante con el que estuve charlando. La mejor de todas es este duro, que ya hemos estado comentando por aquí.









Hace unos meses una vecina se puso en contacto con Enrique porque tenía un duro de plata de Amadeo I. Se quería hacer con él un llavero y quería que lo viese antes Enrique por si acaso valía mucho.  Enrique lo examinó y para su sorpresa… ¡¡se trataba del duro 1871 (18-73)!!.

Tras la emoción inicial de que aquello pudiera ser cierto, Enrique se pasó por este blog para comprobar si la forma del 3 era exactamente igual a la que hace poco menos de un año había descrito Adolfo. Se parecían mucho; mucho mucho. Tanto que Enrique no podía ver diferencias significativas. Ante tal situación más de un chollero lo que hubiera hecho sería haber pegado el cambiazo a la vecina: ya que la mujer ni siquiera sabía que en una moneda hay estrellas, con darle un duro de 1871 (18-71) para que se haga el llavero hubiese servido. Pero Enrique es un tipo muy honrado… y se pasó de honrado: le dijo a la vecina que aquél duro podía ser valioso, le explicó lo que eran las estrellas y los numeritos que aparecen en ellas y que hacía falta que lo viese un profesional para autenticarlo. En definitiva, cayó en el error de regalar lo que sabía.

Ante tal situación la vecina le dijo que autenticase la moneda y en caso de ser buena acordaron un precio. No voy a decir la suma, pero aseguro que es más de lo que yo pagaría (hoy por hoy) por ese duro en una subasta pública. Vamos, que estaba muy muy bien pagado; rondando el doble de la mejor oferta que podría encontrar la señora con un profesional.

Así pues, se fue Enrique con el duro a autenticarlo y lo vio un profesional de su ciudad, quien, previo pago, le aseguró que el duro era auténtico. Se fue contento a casa Enrique y cuando se lo dijo a su vecina, resulta que ésta sacó la zorra que llevaba dentro y dijo que el duro era de su padre y que visto que podría valer dinero preferían no venderlo. ¿Os podéis imaginar el cabreo de Enrique? Exactamente el mismo que tuvo en esta otra situación, y ambas veces por haber cometido el mismo error.

Cuando pasó esto se volvió a poner Enrique en contacto conmigo y me contó la historia. Yo le dije que tranquilo, que la señora volvería porque no iba a encontrar una oferta semejante ni aunque dedicase 1000 horas a la venta. Y efectivamente: volvió. Le dijo que claro, que es que su padre… que si resulta que… y se le escapó eso de que “además ahora no tengo tiempo para buscar compradores”. Claro, como que no hubieses ido a hablar con gente que te ofrecían 10 veces menos que Enrique.

Pero para entonces Enrique ya estaba preparado. Una alternativa a seguir hubiese sido abrir la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y decirle bien claro que se podía meter el duro por el culo. Pero Enrique fue más pragmático y, poniendo la escusa de se había gastado el dinero que tenía reservado para el duro, resulta que ahora su oferta era considerablemente menor: un poquito por encima de lo que él estimaba que sería la mejor oferta que un profesional iba a hacer por ese ejemplar. Que, por cierto, es el ejemplar de las fotos y ahora descansa en la colección de Enrique.

En la interesante discusión que se generó a raíz de la última entrada (y cuya lectura recomiendo encarecidamente) se hizo patente la subjetividad de las valoraciones que se suelen dar sobre las monedas. No hay más que ver en los foros de numismática que cada poco hay aficionados discutiendo sobre si una pieza está en MBC+, en EBC- o lo que sea. En esta entrada quisiera hacer una reflexión al respecto diferenciando la “valoración técnica” de la “valoración de mercado”. Para ello me baso en una serie de libros americanos (ya dedicaré otra entrada a comentarlos más detenidamente) sobre valoración de monedas: Grading coins by photographs de David Bowers, The official guide to coin grading and counterfeit detection de John W. Dannreuther y The official ANA Grading Standards for United States Coins. Siento si la redacción es muy enunciativa, no es que pretenda sentar cátedra sino que recojo una de las mejores lecciones aprendidas tras leer esos tres magníficos libros.

Cuando cogemos un catálogo de una subasta, un catálogo de monedas o cuando vamos a hablar con un profesional diferenciamos las monedas en distintos grados. Los yankis suelen usar la escala Sheldon y nosotros la más simple BC, MBC, EBC y SC. Una u otra escala es lo de menos, porque al fin y al cabo son eso: escalas. La cuestión está en qué queremos decir cuando decimos “una moneda está en EBC”. Pensadlo un momento, quizá algunos de los coleccionistas más avanzados todavía no hayan reflexionado sobre el significado de esa frase. ¿Queremos decir que esa moneda tiene poco desgaste? Podría ser, pero ¿qué significa “poco”? ¿cuánto más desgaste tiene que tener para que deje de ser EBC y pase a ser EBC-? ¿y si en vez de más desgaste tuviese un arañazo? ¿y si fuese un golpe en el canto? ¿y si estuviese limpiada? ¿qué tiene que ocurrir a esa moneda para que dejase de estar en EBC y pasase a MBC? Realmente son preguntas difíciles de responder porque cuando decimos “una moneda está en EBC” NO estamos diciendo nada sobre su desgaste o sobre los arañazos o golpes que pueda tener. Lo que realmente estamos diciendo es “el valor aproximado de esta moneda es lo que valen las monedas de este tipo en un estado EBC”. Es decir, que con este tipo de valoraciones lo que hacemos es agrupar las monedas en conjuntos con un valor de mercado semejante. Eso es lo que se llama “valoración de mercado” y es claramente una cuestión subjetiva ¿por qué esta pieza pertenece al grupo MBC+ y no al grupo EBC-?

Otra cuestión sería hacer una descripción técnica de la moneda, en la que se detalla cada una de las características de la pieza: arañazos, golpecitos, marcas del cuño, excesos de metal, vanos, brillo original… en ese aspecto no habría dos monedas iguales si se hace con un nivel de detalle suficientemente minucioso. Esto es lo que se considera “valoración técnica” y debería ser una cuestión objetiva y científicamente contrastable (falsificable, como diría Popper), en el sentido de que una moneda o tiene una marca o la deja de tener, no hay medias tintas ni diferentes opiniones. Otra cuestión es que deba ser un ojo entrenado el que realice la valoración técnica porque a un novicio se le pueden escapar algunos detalles que resulten de importancia.

¿Qué es preferible, la valoración técnica o la valoración de mercado? Pues eso depende de lo que andemos buscando. Evidentemente la valoración de mercado es un breve resumen subjetivo de la valoración técnica y varía con el tiempo. Esa variación temporal es debida fundamentalmente a modas; por ejemplo, hace unos años estaban de moda las pátinas oscuras y sin embargo ahora no las quiere la gente, por lo que su valoración será menor. Esa variación también se puede deber a la llamada tasaflacción. Por otra parte, la valoración de mercado es algo comprensible para cualquier coleccionista. Se dice EBC y ya todo el mundo sabe qué significa, y muchas veces es preferible eso que una descripción de 8 líneas que el comprador no experto no vaya a entender y no vaya a saber si la moneda se valora en 100 ó 1000.

También hay que indicar que en muchas ocasiones se mezclan ambas valoraciones. Por ejemplo, cuando se describe una moneda como “EBC+ golpecitos en el canto” o “MBC+ restos de brillo original” lo que se hace es hacer explícito cierta característica técnica de la moneda que no suele ser común en las piezas valoradas dentro de la calidad que se indica.

Mi consejo personal es que, si bien al principio podemos guiarnos por la valoración de mercado, poco a poco hay que desarrollar un gusto propio que haga que nosotros tengamos nuestra propia forma de valorar las monedas. ¿Qué prefieres, una moneda con mejor acuñación pero un leve desgaste sólo apreciable con lupa o una moneda con peor acuñación pero recién sacada de cartucho? ¿y si no tiene brillo original? Eso es cuestión de cada cual, y si somos coleccionistas muchas veces hay que saber llevar la contraria al mercado. Por ejemplo, a mí me gustan las pátinas oscuras, a pesar de que se coticen menos.

Pero sobre todo hay que aprender a valorar las monedas por uno mismo independientemente de lo que diga el numismático que nos la está vendiendo o la cápsula en la que esté encerrada. Si vamos a un mercadillo o a una convención y vemos marcada una moneda como EBC, no está de más cogerla, mirarla con la lupa detenidamente e intentar sacarle todos los fallos y virtudes que podamos. Una vez que hemos hecho eso deberíamos ser nosotros los que pensásemos si merece el precio o no. Claro está que si somos recién llegados a la numismática nos será difícil hacerlo. En ese caso lo mejor es que preguntemos al profesional que nos está vendiendo la moneda para que nos comente los fallos y virtudes que tiene, intentándolos ver nosotros también (se puede hacer también con monedas en SC, el 99% de ellas presentan algún tipo de detalle que podría mejorarse). Claro está que si el vendedor nos dedica un rato a explicarnos cómo valorar una moneda habrá que comprarle algo para devolverle el favor, que él no está ahí por gusto y placer.

Por último voy a realizar una valoración técnica de la última moneda que me he comprado: un duro de 1875, que es el siguiente.














La moneda es de plata y pesa 25 gramos. Presenta muy poco desgaste y ambas estrellas tienen los dígitos marcados. La estrella izquierda tiene ambos dígitos fuertes, mientras que la de la derecha tiene el 7 fuerte y el 5 más flojo, si bien se aprecia toda la trazada. El desgaste que sufre la moneda se da en la parte más saliente de la oreja, sobre todo en el arco superior izquierdo y en el león superior del escudo. Muy leve desgaste también en la parte más saliente de los castillos y en la granada. No se aprecia desgaste en las flores de lis, en el pelo del busto o en el PLUS ULTRA. No hay marcas ni rayitas apreciables en el reverso más que una a izquierda de la corona y otra en la parte inferior de la corona. Aparecen finas rayitas en la parte inferior del reverso. Además hay seis marquitas visibles a simple vista en el rostro (aquí se podría decir la posición, la distancia y el grosor de cada una si se contase con el equipo apropiado). No aparecen golpecitos de importancia en el canto pero hay una pequeña marquita en el canto encima de la S de JUSTICIA. Buena parte del brillo original en el reverso, observándose especialmente en el escudo; cierto brillo original en el reborde del anverso.

Si tuviese que decir la valoración de mercado diría EBC+

Otra cosa es el precio. Os daré una pista: he pagado más o menos la tercera parte de lo que costase un SC normalito.

A la hora de tasar una moneda el aspecto más crítico, sin ninguna duda, es el valorar el estado de conservación de la misma. Ya se comentó por aquí la enorme diferencia de precios que puede haber entre dos monedas cuya conservación sea prácticamente indistinguible para un ojo no entrenado. Mi opinión es que hasta que no tengamos callo en ese asunto y sepamos diferenciar un EBC de un SC- y de un SC no nos metamos en monedas de alta calidad, porque una equivocación puede hacernos perder un montón de dinero.

Pero claro, no es nada fácil entrenarse en ese asunto. Un ejercicio que ya recomendé consiste en hacer uso de las casas de subastas, que son los “estándares” para este asunto. En mi opinión la casa de subastas Aureo tasa las monedas de forma muy justa, al menos la moneda española a partir del siglo XVI, que es la que a mí más me interesa; para moneda clásica mi colega Carlos considera a Vico como mejor tasador, pero yo de ese tipo de piezas no entiendo lo suficiente como para tener una opinión formada.  Una vez seleccionada la casa de subastas, el ejercicio consiste en ver una foto de una moneda que se vaya a subastar e intentar valorar su grado de conservación. Posteriormente se ve la descripción de la moneda y se ve si se ha acertado. Si hacemos esto bastantes veces conseguiremos entrenar el ojo.

Lo que pasa es que algunos preguntan que en qué se tienen que fijar, sobre todo al principio cuando en un primer vistazo a la moneda no nos vamos a los detalles más importantes. En mi opinión, el aspecto más relevante a la hora de tasar una moneda es el desgaste que ha sufrido la misma, por lo tanto hay que fijarse en los relieves más notorios de una moneda para ver si se ha desgastado o no.

Voy a usar como ejemplo una moneda de la que tengo en casa dos ejemplares. Es una de mis favoritas y es una moneda relativamente fácil de tasar porque tiene muchos relieves y muchos detalles que se pueden desgastar. Se trata de los 10 céntimos de 1870. Un colega mío dice que para valorar esa moneda hay que estar un poco salido y mirarle directamente a las tetas. Chistes aparte, tiene mucha razón porque es justamente el pecho de Hispania lo más sobresaliente del anverso y lo que primero se desgasta. Por la parte del reverso suele estar bien mirar con detalle la melena y la cola del leon, fijándose que tenga mucho pelo, así como que el escudo presente todos sus detalles.

Por ejemplo, aquí muestro un ejemplar que yo valoraría en EBC.





La apariencia global de la moneda es estupenda, y el pecho está muy bien, sin embargo la cara de Hispania y la melena del leon presenta cierto desgaste (olvidaos ahora del rayón) y el escudo, aunque presenta todos sus detalles al fijarnos muy de cerca se ve cierto desgaste en el castillo y en la cabeza del leon.

Se puede ver la diferencia con otra pieza que apareció aquí y yo catalogaría como MBC+


En este caso se puede ver la diferencia evidente en el pecho de Hispania en un caso y en el otro. De igual manera, el leon del escudo en el segundo caso no tiene apenas melena y el castillo está más desgastado.

Estas diferencias deberían ser bastante fáciles de ver. Ahora vamos a pasar a otras más complicadas:

La anterior moneda se subastó en Aureo en la famosa subasta Hipania y está catalogada como EBC+/SC-. ¿Alguien ve alguna imperfección en esta moneda? Yo creo que en la cara del anverso hay un mínimo desgaste en la cara de Hispania, mientras que en el reverso aunque no veo que haya desgaste, aparecen ciertas rayitas en el cuerpo del leon. De todas formas, la diferencia entre esta y un perfecto SC es muy sutil y muchas veces no se puede apreciar en una fotografía, pero a la vez esas sutilezas pueden hacer que el precio se dispare y llegue a doblarse (mucho más cuando hablamos de moneda americana). Por lo tanto, no nos queda otra que la confiaza en el vendedor y su honradez a la hora de tasar las monedas. Concretamente, este ejemplar se remató en 220 euros; en caso de estar en completo SC yo diría que probablemente se hubiesen superado los 300 euros.

Aquí dejo otra imagen de una moneda que fue subastada en Aureo el pasado 17 de marzo y yo por más que la miro no la encuentro ninguna imperfección. Sin embargo, Aureo la cataloga como SC-. Algo verán, yo sólo veo unos excesos de metal. Se remató en 186 euros.

Evidentemente, no sólo el desgaste influye en la valoración de la moneda y en la tasación de la misma. La aparición de golpes, rayas y por supuesto la manipulación de la moneda (limpiezas, graffitis…) hacen que varíe muchísimo su precio. Por eso, yo suelo hacer explícitos esos defectos de forma separada a la conservación. Es decir, que para la primera moneda de 10 céntimos de 1870 no pienso “bueno, es un EBC pero como tiene un rayón muy feo la dejaremos en MBC”, sino que pienso: “es un EBC con un rayón muy feo”. Obviamente, si tengo que ofrecérsela a alguien le mostraré claramente la raya para que no haya sorpresas.

Por último, voy a dejar unas fotos de dos duros de 1884 que han pasado por mis manos. El primero es el siguiente.

Aquí van las fotos del segundo

No voy a decir el estado de conservación en el que se encuentran, pero ambas son monedas con muy buena presencia, bonitas y dignas de cualquier colección. Ambas las compré en subastas públicas. Bueno, pues el precio de la segunda es más de 10 veces el de la primera. Ahí está la pregunta que se deben hacer los coleccionistas: ¿preferimos tener 10 monedas de la calidad de la primera o una de la calidad de la segunda? Eso es decisión de cada uno, pero yo no recomendaría a nadie a que vaya a por moneda de altísima calidad si antes no es capaz de diferenciar los matices que hacen que el precio se multiplique.

En el blog ya se han dedicado un par de entradas a las variantes de los duros de plata (una y dos), pero éstas consisten básicamente en una enumeración de las variantes que conozco. Creo que hay algunas variantes que merecen mayor atención porque son comunes y aún así poco conocidas porque no vienen en los catálogos más generales. Una de esas variantes es la tercera pieza que presentamos en esta entrada. Pero para ello la comparo con otros dos duros “pelones” de 1888, así se ven mejor las diferencias.

Duro de 1888 MSM

Este es uno de los duros más difíciles de El Centenario, y mucha gente me escribe diciéndome que le falta y que si se lo puedo encontrar. Yo siempre les digo que por poder podría, pero que el precio de la pieza es para pensárselo dos veces. El ejemplar que aquí se presenta se subastará en Madrid el 23 de octubre por la casa Marti Hervera y Soler y Llach (va a dar bastante que hablar esa subasta). Su precio de salida son 10.000 euros, lo cual no me parece mucho para un ejemplar de calidad sin circular; las pujas deberían incrementar bastante el precio de remate.

La mayoría de los lectores del blog ni siquiera se plantearán comprar una pieza de estas, aunque nunca hay que descartarlo porque pueden aparecer ocasiones. En caso de querer adquirir una hay que fijarse bien en dos cosas: primero que el busto sea como el que tiene la imagen de arriba, que difiere levemente con la siguiente variante en el pico del cuello, y segundo que las letras de los ensayadores no hayan sido manipuladas (concretamente la S), porque es justamente ese ensayador el que multiplica por 100 el valor del duro; para eso lo de siempre: ver que la forma de la “S” sea exactamente la que debe y ver que no haya arañazos ni marcas alrededor. En caso de duda no comprar al no ser que venga de parte de un profesional solvente y éste dé factura y garantice autenticidad.

Duro de 1888 MPM

Ésta es la segunda variante de las que vienen en los libros, y a diferencia del anterior, ésta es muy barata. Se suelen encontrar estos duros en lotes o se pueden comprar en cualquier sitio por poco más de lo que vale la plata del duro. Concretamente, el ejemplar de la foto lo tengo yo por casa.

Duro de 1888 MPM cuello redondeado

Ésta es la tercera variante de la moneda y, como no viene en los catálogos, la gente no la conoce. Se trata de un duro igual que el anterior pero con una pequeña variante del busto de Alfonso XIII. Esa variante también se presenta entre los dos duros anteriores, y es que el duro MSM tiene el cuello redondeado, mientras que en el MPM el cuello acaba más en punta. Digamos que esta tercera variante mezcla las dos anteriores: tiene los ensayadores MPM pero el busto presenta un cuello redondeado.

Para que se vea bien, aquí dejo un detalle de un cuello en punta

Y este otro es un detalle de un cuello redondeado

La diferencia es bastante sutil, pero yo creo que se aprecia. Esta tercera variante es también bastante barata, pocos euros más cara que la anterior, así que es un duro que todos nos podemos permitir.

José I fue un mandatario que en España siempre se vio como extranjero y nunca fue querido. Su leyenda negra ha llegado hasta nuestros días y todavía hoy se ve con recelo a pesar de que muchos historiadores coinciden de que su gobierno distó de ser malo (sobre todo si se compara con su predecesor y su sucesor). En cualquier caso, está claro que el pueblo no le quiso y José I Bonaparte pasó a la historia popular como Pepe Botella, sobrenombre que aún hoy conserva.

Otra cuestión es el aspecto numismático de su reinado, que aunque fue corto es más que interesante. A juzgar por la cantidad de veces que aparecen en subasta y por los remates que obtienen, mi opinión es que se conservan bastantes de sus monedas en buena calidad y aún así son piezas caras (lo que no es una contradicción). Yo creo que la causa es debida a que fueron monedas que circularon poco tiempo, puesto que con la restauración de la monarquía borbónica no se podía utilizar moneda de José I y per se la gente las guardó. Como son piezas muy bonitas muchos las coleccionan y de ahí su precio. La excepción son las monedas de 320 reales, que son raras y muy caras; hay un ejemplar en el museo de la FNMT, por si alguien lo quiere ver.

Hoy dedicaré la entrada exclusivamente a las monedas más grandes que acuñó: los duros acuñados en Madrid (que es la serie que más me gusta de este reinado), los de Barcelona, el de Sevilla y los 320 reales. Se acuñaron monedas del mismo valor, pero unas indicando 20 reales  y otras 8 reales; además, las que se acuñaron en Barcelona durante la Guerra de la Independencia tomaron un valor de 5 pesetas. Explicar el por qué de esta aparente contradicción es largo, por lo que lo dejamos para otra entrada, pero si alguien quiere irse adelantando que lea este ensayo de Javier de Santiago Fernández.

Todas las monedas que pongo en esta entrada están sacadas de la subasta de 11 de marzo de 2010 en Aureo, en la que se subastó una deliciosa colección de moneda de José I. Muchos fuimos los aficionados que pudimos disfrutar con la colección, pero muy pocos los que pudieron llevarse una pieza a casa. Pongo entre paréntesis los precios de remate de las piezas.

DUROS ACUÑADOS EN MADRID

20 reales  1808 AI (1150 euros)

20  reales 1809 AI (650 euros)

20 reales 1809 IG (1300 euros)

20 reales 1810 AI águila grande (580 euros)

20 reales 1810 AI águila pequeña (800 euros)

20 reales 1810 IA (3400 euros)

20 reales 1810 IG (3000 euros)

20 reales 1811 AI águila grande (900 euros)

20 reales 1811 AI águila pequeña (420 euros)

20 reales 1812 AI (570 euros)

20 reales 1812 RN (950 euros)

DUROS ACUÑADOS EN BARCELONA

5 pesetas 1808 (400 euros)

5 pesetas 1809 (600 euros)

5 pesetas 1810 (1000 euros)

5 pesetas 1811, 25 rosetas (330 euros)

5 pesetas 1811, 22 rosetas (700 euros)

5 pesetas 1812 (650 euros)

5 pesetas 1813 (3700 euros)

5 pesetas 1814 (4200 euros)

DUROS ACUÑADOS EN SEVILLA

20 reales 1812 LA (1450 euros)

ONZAS ACUÑADAS EN MADRID

320 reales 1810 AI (10000 euros)

320 reales 1810 RS (25000 euros)

320 reales 1812 RS (13700 euros)

En cuanto a la cuestión estética, a mí me parecen muy elegantes, sobre todo las acuñadas en Madrid y Sevilla. El busto de José es realista a la vez que recuerda a los emperadores romanos, de perfil y con una mirada profunda. El escudo también es una preciosidad con los seis cuarteles representando los diferentes reinos de España, colonias de ultramar incluidas, y el águila napoleónica en el medio.

Son piezas que, como ya he dicho antes, se suelen dejar ver en las subastas españolas muy frecuentemente. La excepción son las de 320 reales que se ven de tarde en tarde. Eso sí, la calidad de las piezas de esta entrada difícil de igualar.

Hoy es la primera vez que dedico una entrada a monedas extranjeras, de las que ya dije que no es que sea un gran entendido, pero eso se subsana con decir cosas sencillitas y que después cada cual profundice si quiere. Concretamente, hoy la entrada se dedica a los duros del mundo, monedas muy populares y con muchos coleccionistas. En mi opinión, el éxito del coleccionismo de duros se debe a los siguientes factores:

– Son monedas que entran muy bien por los ojos, porque son grandes, de plata y algunas realmente bonitas.

Son monedas relativamente baratas. Muchas de ellas en una conservación normalita cuestan su peso en plata o poco más.

– Al ser así de grandes, parece que tienes un tesoro.

Hay muchísimas.

Tiene un punto exótico tener monedas de países raros y lejanos, de los que hay gente que no ha oído hablar o que ya han desaparecido.

Alemania. Burnswick-Wolfenbuttel. 1855. Guillermo 2 taler o 3 1/2 gulden.

Mucha gente compra duros de plata casi todas las semanas sin que les suponga un gran esfuerzo económico. Hay un montón de ellos que se pueden adquirir por menos de 20 euros, así que si en vez de tomar copas nos dedicamos a hacernos con duros, no tardaremos mucho en amasar una gran cantidad de plata. Por supuesto, también hay piezas que nos harán rascarnos el bolsillo (y de qué manera), puesto que hay piezas raras y muy buscadas. Además, cualquier duro sin circular de mediados del XIX o anterior puede costarnos una buena propina. Sin ir más lejos, los duros que ilustraron esta entrada costaron una pasta. Mi opinión es que más vale lo poco y bueno que lo mucho y malo, pero está claro que una colección de duros de plata no complica demasiado la vida a quien la hace y puede llegar a ser muy bonita. Además, sabiendo comprar los duros es de esperar que con el tiempo se revalorice la inversión. Lo malo es que las monedas, al ser baratas, vendiéndolas de una en una se puede sacar muy poco márgen de beneficio.

Holanda (durante la anexión francesa). 1808. Luis Napoleón. 50 stuivers.

Otra cuestión es qué se considera una moneda “tipo duro” y qué no. Aquí se opina que cualquier moneda de plata (al menos 0.500 milésimas), de un diámetro de al menos 32 milímetros y con un peso de al menos 19 gramos. No obstante, son muy típicas las monedas de 25 gramos de plata (0.900 milésimas) con 37 milímetros de diámetro. El motivo no es otro que se consideró a la moneda española como estándar de facto mundial durante muchos siglos y muchos otros países adoptaron esas mismas medidas y pesos (fuente).

Yo creo que esto ya es un buen entrante al mundo de los duros de plata. Ya se volverá sobre ello, mientras tanto os dejo algo de bibliografía:

Japón. Año 11 (1878). Muthuhito. 1 yen.

Aquí hay un blog dedicado a los duros de plata, con una aproximación meramente descriptiva. El autor escribe bajo el pseudónimo de “elfo”, y lo peor es que lleva bastantes meses sin actualizar.

Aquí está la colección de duros de plata del usuario Alex_Lorca de identificacion-numismatica.

Duros del mundo 1800 – 1950 es un catálogo gratuito que se puede descargar desde macuquina.net.

– Los hermanos Cayón han editado un par de volúmenes dedicados a los duros del mundo en 1983. El primer volúmen abarca desde 1770 hasta 1869 y el segundo a partir de 1870. En dialnet están aquí y aquí.

– En cuanto al duro español, el mejor libro, sin duda alguna lo escribió Adolfo Herrero en 1914, titulado “El duro, estudio de los reales de a ocho españoles y de las monedas de igual o aproximado valor labradas en los dominios de la corona de España”. Un libro exqisito sobre el que ya se volverá.

México. 1863. 8 reales.

Todas las imágenes corresponden a monedas “tamaño duro” subastadas en la subasta de sala de Aureo y Calicó el día 16 de diciembre de 2009. Se adjudicaron, respectivamente, por 170, 495, 300 y 110 euros.

Por primera vez, en este blog aparece una entrada que no he escrito yo, sino Tanagua Hernández Ferrer, lector de este blog que ha hecho unos comentarios muy interesantes. Se trata de un fragmento de su libro “Mi pasión por los duros de plata“, que aún no se ha publicado, pero que tiene muy buena pinta a juzgar por el fragmento que escribió como comentario en la entrada dedicada a las variantes de duros de plata. Hay algún detalle con el que no estoy plenamente de acuerdo, ya lo comentaré en otra entrada, pero el texto me parece muy bueno, propio de un coleccionista apasionado con unos conocimientos que sólo proporcionan un montón de años de experiencia. Las imágenes que ilustran el texto están sacadas de la última subasta de Jesús Vico; son unos duros extraordinarios y con unos remates impresionantes.


EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS VARIANTES

Dentro del maravilloso mundo de la numismática el apartado más fascinante, según mi criterio, es el de las variantes y para que podamos hacernos una idea de ello hay que decir que la colección de los duros de plata del centenario consta de treinta y ocho piezas originales de las que se desprenden la cantidad de ciento setenta y seis variantes que dan un total de doscientos catorce duros. Por lo que habrá que tener muy claro lo que es variante y lo que es original en el momento de completar nuestra colección. Si somos verdaderos coleccionistas y amamos estos trocito de historia no sólo por su valor, sino por lo que representa, por los recuerdos, por su belleza y por su gran valor cultural, no podemos engañarnos a nosotros mismos y si lo que pretendemos coleccionar son originales no deberíamos tener variantes entre nuestras piezas. Pero para que tengamos claro el concepto de original y variante aclaremos qué son y porqué se producen. Primero que nada se debe decir que, en numismática y siempre desde mi criterio, variante es todo aquello que por alguna razón varía de lo que se pretendía en principio, o sea de lo que es aprobado en decreto, el cual le da legalidad a esa moneda.
Seguro que estas líneas serán objeto de mucha polémica, pero si ellas nos inducen a que aclaremos de una vez por todas las muchas dudas que aún existen en el apartado de las variantes del centenario, todos quedaremos satisfechos.
Las variantes, para mi colección, las he dividido en cinco grupos, según las razones por las que yo he creído se producen éstas:

A.- Por rectificación de los cuños:

B.- Por accidente:

C.- Por Error:

D.- Por intencionalidad:

E.- Por resello:

Podíamos considerar un sexto tipo, Por olvido pero lo he dejado dentro del tipo “C”.

Por rectificación de los cuños:

Cuando sobre unos cuños ya hechos se efectúan cambios en sus fechas o en sus ensayadores para aprovechar cuños anteriores se ha producido rectificación. Podemos citar como ejemplo el duro de 1879 al que se le rectificó el 79 hincándole el 81 encima, o el ensayador MS-M al que se le hincó el MP-M encima.

Por accidente:

Cuando antes de la acuñación de una moneda se produce el choque en vacío de los cuños, o dicho de otra manera, cuando baja el troquel y no ha sido introducido el cospel de plata, estos originan entre sí deformaciones que quedarán presentes en ellos y desde ese momento todas las piezas que se acuñen llevarán mas o menos restos de estas marcas diferenciándolas de la original, lo que podría dar pie a que saliesen de un cuño mas monedas variantes que originales.

Por Error:

Cuando en algunos de los trabajos realizados sobre los cuños se produce alguna equivocación, las monedas que salgan de ellos debemos considerarlas variantes por error. Un ejemplo lo tenemos cuando en las dos estrellas aparecen 18-18 o 78-18

Por intencionalidad:

Por el contrario, cuando las variaciones son realizadas a voluntad, estas las debemos considerar variantes por intencionalidad. Un ejemplo de ellas podría ser y así las tengo en mi colección, la base de la columna más corta o la falta del punto al final Kg. en los duros de Amadeo I.

Por resello:

Cuando cierta cantidad de monedas es resellada para volver a circular, como fueron los duros del Gobierno Provisional y de Amadeo I en los que Portugal marcó su Corona y las iniciales G.P. para su circulación en las islas Azores, debemos considerarlas variantes.


Ahora se me antoja muy importante hacer mención a cómo y porqué se manifiestan estas variantes en cada una de las piezas y teniendo en cuenta los duros que he podido analizar durante más de veinticinco años.

1) Variantes ocasionadas por rectificación de los cuños:

En las piezas de Amadeo I existe sólo dos tipos de estas variantes:

A) Se trata de la rectificación de los ensayadores SD-M por DE-M y lo encontramos en los años 1871 con estrellas 18-73, 18-74, 18-75 y 18-18. Sobre todo en los de 18-73 difíciles de encontrar en versión original, y la rectificación de la segunda estrella donde aparece el 73 sobre el 72.

En las piezas de Alfonso XII existen seis tipos de estas variantes:

A) En 1876 se rectificaron cuños de 1875 a los que se le hincaron el “6″ sobre el “5″ apareciendo un duro de 1876/5 con *18-76. Esto sucedió también en 1877 que aparece sobre el 6 y 1878 DE-M sobre el 7 o 1879 sobre el 8 o 1881 sobre el 79.

B) En 1878 cambiaron los ensayadores que eran DE-M pasando a ser EM-M y se hincaron cuños de reverso con DE-M con las nuevas iniciales EM-M. Estos cuños se usaron también en 1879. En 1881 cambiaron nuevamente, esta vez a MS-M por lo que se usaron cuños de reverso de 1878 con DE-M y EM-M y se les hincaron las iniciales MS-M hasta llegar al 1885 *18-87, que empezó con MS-M y acabó con MP-M para lo que se hincaron cuños con las iniciales MP-M sobre DE-M o EM-M.

C) En las monedas de 1881, el busto de Alfonso XII aparece sin patillas y ese mismo año el grabador Gregorio Sellán prepara el nuevo modelo para el anverso, en el que el Rey aparece con patillas y la fecha el 1881. Con toda seguridad cuando la pieza está terminada es ya final del 81 o principio del 1882, por lo que se tienen que rectificar los cuños con el nuevo año, hincando el “2″ sobre el “1″. De estas piezas rectificadas existe gran variedad. Personalmente he podido comprobar 15 tipos diferentes, así podemos encontrar piezas de 1882/1 con estrellas 81, 82 y 82/1 y con cuatro tipos de variantes en cada una, además de la rectificación de ensayadores.

D) En el año 1882 además de rectificar cuños de 1881 también se hicieron cuños nuevos y en algunos de ellos se hincaron por error las estrellas con 18-81 por lo que hubieron de rectificar el error hincándoles sobre el “1″ el nuevo “2″, aunque ya se acuñarían piezas con el “1”, así encontramos piezas de 1882 con estrellas (18-81), (18-82) y (18-82/81).

E) De los cuños anteriores de 1881 y 1882 también se rectificaron para utilizar en 1883 por lo que encontramos piezas de 1883/1 *18-83 y piezas de 1883/2 *1883.

F) En 1885 además de los cuños nuevos se cogieron algunos de 1884 y se rectificaron hincándoles el nuevo “5″ sobre el anterior “4″ por lo que veremos piezas con 1885/4 *18-85 tanto con ensayador MS-M o MS-M sobre DE-M.

En las piezas de Alfonso XIII existen dos tipos de estas variantes:

A) Los cuños de reverso de 1878 se siguieron utilizando durante muchos años, lo que puede indicar que; o se hicieron muchos o se gastaron pocos. Por eso podemos encontrar duros de 1888, 1889 y 1890 con la rectificación de ensayadores de MP-M sobre DE-M o sobre MS-M y duros de 1890, 1891, 1892 con PG-M sobre DE-M.

B) Otro tipo de variante por rectificación lo tenemos en los duros de 1891 donde por error se hincó la estrella con 18-18 y luego se rectificó hincándoles el verdadero 91 en la segunda estrella por lo que encontramos piezas de 1891 con estrella 18-91/18


2) Variantes ocasionadas por accidente antes de la acuñación:

En las piezas del Gobierno Provisional existen dos tipos de estas variantes:

A) En 1870 podemos apreciar claramente con una buena lupa las rayitas del escudo de reverso marcadas sobre las piernas de la Hispania del anverso en forma de rayos de sol, la cinta con la frase plus asomando tras los montes que bajan a Gibraltar en forma de montaña y la forma de la columna derecha del escudo de reverso marcada en el cuello de la Matrona. En algunos casos sólo se ven las rayitas en forma de sol.

B) En otras piezas estas marcas se producen en el reverso en forma de cordillera detrás del león. Esto sucede dependiendo de la dureza que haya alcanzado el cuño de reverso o anverso, aunque se puede dar el caso de encontrar los tipos A y B en la misma moneda, seguramente y según mi opinión, esto sucede porque el temple ha sido igual en los dos cuños.

En las piezas de Amadeo I existen tres tipos de estas variantes:

A) Si los cuños están coincidentes en el momento del choque, las rayitas del cuadrante superior izquierdo del escudo de reverso quedan grabadas verticalmente en el fondo de la oreja de Amadeo I que es la parte más sobresaliente del cuño de anverso. Estas piezas son las más difíciles de encontrar pues la forma correcta de colocación de los cuños es la no coincidente.

B) Si los cuños están de forma correcta o sea no coincidentes en el momento del choque, aparecen las rayitas verticales del escudete de la casa de Saboya marcadas en la patilla de Amadeo I, nunca en la oreja y lo que sí suele verse en el fondo de la oreja son las patas del león, y en raros casos la silueta de la columna de reverso junto a la frente de Amadeo I, dependiendo de si el golpe de los cuños fue más o menos fuerte.

C) También si los cuños no están coincidentes encontramos el negativo de la oreja de Amadeo I impresa entre las patas del León del escudo de reverso, esto depende como ya he dicho, de la dureza de los troqueles, el mas duro marcará sobre el mas blando como es lógico.

En las piezas de Alfonso XII existen cuatro tipos de estas variantes:

A) Uno de estos tipos lo encontramos en las piezas de Alfonso XII sin patillas en los años 1875, 1876, 1877, 1878, 1879 y 1881. En estas piezas aparecen las rayitas horizontales del escudete de los Borbones marcadas en el fondo de la oreja de Alfonso XII. Estas rayas acostumbran a aparecer en los años 1875 y 1876 de tres tipos: uno en el fondo de la oreja (con 5 o 6 rayitas), otro en el fondo y en el pabellón (con 8 o 9 rayitas) y otro en el fondo, en el pabellón y en la patilla (con 11 o 12 rayitas) dependiendo del golpe de acuñación. En los años 1877, 1878, 1879 y 1881 sólo he podido encontrar el primer caso.

B) Los otros tres tipos de esta variante aparecen en las piezas de Alfonso XII con patillas y dependen de si los cuños están o no en posición correcta en el momento del golpe en vacío. El primero de estos tipos aparece cuando los cuños están en posición correcta, o sea que no están coincidentes, así podemos ver el negativo de la oreja de Alfonso XII entre las patas del León del escudo de reverso, esta variante se produce en los años 1882, 1883, 1884 y 1885 con estrella 85, 86, 87. Con los cuños en posición correcta nunca veremos rayitas en el fondo de la oreja de Alfonso XII.

C) También si los cuños no están coincidentes en el momento del golpe aparecen las rayitas horizontales del escudete de los Borbones de reverso marcadas en la patilla de Alfonso XII junto a su oreja, este tipo de variantes lo he podido encontrar en los años 1882, 1883, 1884 y 1885. Los dos tipos de variantes B y C al ser de cuños no coincidentes deberían aparecer los dos en la misma pieza, sin embargo sólo conozco estas variantes por separado.

D) Si los cuños están coincidentes, las rayitas verticales del cuadrante superior izquierdo del escudo de reverso, aparecen marcadas en el fondo de la oreja de Alfonso XII. Este tipo de variante solo lo conozco en los años 1884 y 1885 con estrellas 85, 86 y 87. Este tipo de accidente sucede en pocas ocasiones ya que la correcta posición de los cuños es la no coincidente, por lo que tendrían que suceder dos cosas; primero que los cuños se colocaran por error en posición coincidentes y segundo que chocaran en vacío durante ese periodo, por lo que son muy escasas estas piezas.

En las piezas de Alfonso XIII existen tres tipos de estas variantes:

A) Uno de estos tipos lo encontramos en los duros de Alfonso XIII “pelón”. En estas piezas aparece marcada la silueta del cachete y la barba del niño pelón en la esquina superior izquierda del escudo de reverso en forma de nube y alguna rara vez la forma de la corona bajo la barba del niño en el anverso.

B) Otro tipo de estas variantes las tenemos en los duros de Alfonso XIII “rizos” y en estos aparecen rayitas horizontales en el fondo de la oreja de los años 1892, 1893 PG-L, 1893 PG-V y 1894, producidas por las rayas del escudete de la casa de Borbones del escudo de reverso

C) Otro tipo de estas variantes lo podemos ver en los duros de Alfonso XIII “joven”, en estas piezas aparecen las rayitas del cuadrante superior izquierdo del escudo de reverso marcadas en el fondo de la oreja del rey, esto lo he visto en los años 1897, 1898, 1899 y 1897 de Manila.


3) Variantes ocasionadas por error en la manipulación de los troqueles:

A) Todas las fechas de las estrellas que aparezcan grabadas con 18-18 o invertidas como las del duro de 1878 que aparecen 78-18 son ocasionadas por error al hincar las fechas en las estrellas de los punzones generales. De este tipo de variante tenemos en casi todas las fechas de las que yo he podido ver: 1870 *18-18; 1871 SD-M *18-18; 1871 SD-M *81-18; 1871 SD-M *71-18; 1871 DE-M *18-18; 1878 DE-M *78-18; 1878 DE-M *18-18; 1879 EM-M *18-18; 1881 EM-M *18-79; 1882 *18-81; 1882/1 *18-81; 1884 *18-18; 1885 MS-M *18-18; 1889 *18-18; 1890 MP-M *18-18; 1891 *18-91/18; 1891 *18-18; 1892 *18-18; 1897 *18-18 y 1898 *18-18.

B) También por error al hincar el punzón general sobre los cuños, se produjo otro tipo de variantes, al imprimir diferente presión cuando se hincaron los cuños, por eso aparecen tres tipos de formas en el busto de los duros de Alfonso XIII “pelón” de 1888 MP-M. En la más corriente el pecho del niño es curvo y termina en pico, en otra el pecho también es curvo pero termina redondeado como el de 1888 MS-M y en otra el pecho termina en pico pero es plano. El segundo tipo es el mismo que el del anverso de 1888 MS-M el cual, en cuanto se descubrió que estaban equivocados los ensayadores, se rectificó cambiando las iniciales MS-M e hincando el verdadero MP-M. El último tipo que hemos citado es el más difícil de encontrar de los tres.

4) Variantes ocasionadas por intencionalidad:

A) En los duros de Amadeo algunas piezas aparecen sin el punto al final de Kg. y aunque hay muchas teorías sobre eso yo me inclino a pensar que fue intencionado ya que la idea de que el punto se taponara es algo tan difícil como increíble pues siempre quedaría algo del munto. La otra teoría es la de un olvido al ir a hincar dicho punto, en este caso todas las monedas tendrían ese defecto ya que las letras, los puntos y demás signos se hincaban en la matriz general de la que salían todos los punzones y cuños, claro que todo esto son teorías mías.

En otras piezas de Amadeo I aparece la línea horizontal superior que forma la base de la columna derecha, más corta y aquí sí que no podemos ni pensar en un taponamiento. Todos los buenos aficionados a esto de la numismática sabemos como fue de generoso el gobierno de Amadeo I para el coleccionismo, por lo que es más que probable que estas variantes que encontramos en las monedas de este reinado fuesen intencionadas, claro está que esto es mi modesta opinión, espero que sobre este mundo de las variantes se haga algún estudio serio y en profundidad, yo solo pretendo forzarlo.

5) Variantes ocasionadas por resello:

A) Algunas monedas del mandato del Gobierno Provisional y de Amadeo I fueron reselladas por el Gobierno Portugués con un cuño en forma de círculo de unos 8 milímetros de diámetro en cuyo interior se puede ver una corona real con las iniciales G.P. debajo de ella.

Y para terminar con las variantes decir como al principio, “no es lo mismo original que variante” por lo que toda variación de la original debe ser considerada como diferente y clasificada por separado, de lo contrario estamos amontonando monedas no coleccionándolas y sobre todo nos estamos engañando a nosotros mismos.

Una de las características que más se nota a los que empiezan a coleccionar monedas es que para valorar una pieza lo primero que hacen es mirar las estrellas y después mirar por encima el resto de la moneda para considerarla MBC (Muy Buena Conservación), EBC (Excelente Buena Conservación) ó SC (Sin Circular). Así pues, una moneda si está en calidad SC está perfecta, la guarda en su colección y se olvida: ya tiene el hueco cubierto para siempre jamás.

Desgraciadamente esto no es tan sencillo, puesto que entre dos monedas del mismo tipo que no hayan circulado puede haber diferencias significativas que las hagan más o menos valiosas. Estas características pueden ser el tener una pátina bonita, la aparición de óxido, el que sea una variante más o menos clara… con tiempo y una caña intentaremos ir abordando todas ellas. En este post nos centraremos en la calidad de acuñación de la moneda.

Dentro de las monedas sin circular se suelen distinguir dos tipos “especiales” de piezas: PROOF y Flor de Cuño (FDC). Las piezas PROOF se caracterizan porque se limpia el cuño cada vez que se acuña un moneda, por lo que se aseguran que la acuñación de la moneda es perfecta. Históricamente estas monedas se imprimían para controlar la calidad del cuño o para proporcionar las pruebas donde se viese perfectamente las características de la moneda. Hoy en día, sin embargo, se utilizan sobre todo para hacer moneda conmemorativa para coleccionistas. Generalmente las monedas proof tienen la imagen en mate y el fondo en brillo, consiguiendo un efecto muy bonito. La diferencia entre una proof y una sin circular se aprecia bien en la siguiente imagen, que toma como ejemplo 1 lev búlgaro (fuente).

En la numismática de los últimos años, las monedas Proof se han reservado para estuches o carteras. Las hay que son muy baratas (como las carteras de 1977) y las hay más caras, aunque todas ellas con un precio moderado. Sin embargo, hay otras monedas que realmente se hicieron como prueba de acuñación, y no pensando en los coleccionistas, cuyo precio puede llegar a ser muy alto. Un ejemplo sería la moneda de 25 céntimos de 1937 acuñada en Viena. En calidad SC es muy barata, pero en calidad Proof es rarísima.

Por otra parte, las monedas FDC son, al menos teóricamente, la primera moneda que acuña cada cuño particular. Entonces, como el cuño no está nada desgastado, la acuñación es muy fuerte y se ven todos los relieves nítidos. Pero cuidado, que una moneda esté bien acuñada no significa que sea FDC, lo que pasa es que eso es muy típico: decir al comprador que es FDC cuando realmente es una acuñación fuerte (también llamado SC+).

Luego hay monedas cuya acuñación es mejor o peor, y eso depende básicamente de la calidad del cuño y del estado del mismo. Si con un mismo cuño se hacen miles de monedas, éste se va desgastando y las que acuñe al final tendrán peor calidad que las del principio. Los detalles son menos nítidos y se tiene menos relieve, esto hace que el valor de la moneda descienda. Otra cuestión es que el cuño se rompa, en cuyo caso hay excesos de metal por la moneda que pueden considerarse errores por rotura de cuño (v.g. oreja rayada, quinta pata, cero partido… ya los iremos viendo).

En las monedas actuales la acuñación casi siempre es muy buena debido a que la FNMT cuenta con buenas máquinas. Sin embargo, no mucho tiempo atrás esto no era así y es muy típico que las monedas de Franco (y especialmente las pesetas), estando sin circular, tengan una acuñación bastante floja.

Como muestra un botón: la primera de estas pesetas de 1963 (19-67) estuvo ofrecida por la subastas de Marti Hervera y Soler y Llach del próximo 5 de noviembre. Su precio de salida es de 35 euros. La siguiente moneda es del mismo tipo y se la he ofrecido a un amigo (por cierto, tengo más). Ambas están sin circular, pero la diferencia es evidente.

Un último apunte muy curioso es el duro de 1978 con la variante “globo crucífero”, también llamado “Duro Alemán”. En esas épocas España emitió mucha moneda, y parte de ella fue acuñada en Alemania, aunque se hizo con la ceca de la M coronada de Madrid. Los alemanes contaban por aquél entonces con una maquinaria mucho mejor que la española, y por eso la acuñación de las monedas alemanas fue mucho mejor que las españolas. Concretamente, en el duro de 1878, en una bolita que aparece encima de la corona debería haber una cruz; pero esa cruz sólo se aprecia en las monedas acuñadas en Alemania por tener mejor calidad de acuñación. De esta forma, ese detalle permite identificar la procedencia de la moneda y hace que la pieza valga más (aquí se estima en 14 euros).

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