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Voy a dedicar una entrada a los medios escudos por un motivo muy particular: me encantan los durillos. Ya sabéis que yo tengo cierta inclinación por El Centenario de la Peseta. Lo que no había dicho hasta ahora es que también me inclino por los duros peninsulares, tanto su versión en oro como su versión en plata (así que si alguno de mis lectores tiene alguno le recomiendo que me lo regale y así me motive para seguir escribiendo esta bitácora :p ).

Las monedas de medio escudo eran llamados generalmente “durillos” por el simple y llano motivo que equivalían a un duro, es decir a 8 reales, y eran más pequeños. En la entrada anterior ya dijimos que el cambio oficial en España entre el oro y la plata era de 1:16. Así pues, 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro y de la misma forma, medio escudo equivalía a 8 reales. Pero mientras que un duro de plata rondaba los 27,5 gramos y tenía unos 36 milímetros de diámetro, un medio escudo pesaba 1,7 gramos y su diámetro era de unos 12 milímetros. Está claro por qué la llamaban “durillo”.

Todos los borbones desde Felipe V hasta Fernando VII, excepto Luis I, acuñaron durillos en diferentes cecas españolas, fundamentalmente Madrid y Sevilla. En este sentido, Felipe V, Fernando VI y Carlos III acuñaron en Madrid y Sevilla, mientras que Carlos IV y Fernando VII sólo acuñaron en Madrid. Además, Fernando VII hizo monedas de medio escudo en dos cecas americanas: Lima y México. A esto sólo hay que añadir unos medios escudos creados en Mallorca por Carlos II y por Felipe V, que fueron los primeros en acuñarse y cuyos ejemplares son muy raros. José I no acuñó medios escudos, básicamente porque unificó el real como medida monetaria en España.

Como veis, el espectro de  los medios escudos está bastante acotado, lo cual es una ventaja para coleccionarlos porque hay pocas cecas y son piezas muy fáciles de identificar. Otra ventaja es que se hicieron muchas piezas, sobre todo si se comparan con otras monedas de oro peninsulares. Esto hace que su valor numismático no sea muy elevado en general (aunque claro que hay rarezas), mientras que al tener poco oro, su valor de metal tampoco es excesivo. Así, muchos de los medios escudos nos los podemos encontrar por menos de los 200 euros en una conservación MBC.

Hay que destacar que fueron monedas que circularon bastante (de nuevo comparándolas con monedas de oro de la época). Eso hace que aunque no sea difícil encontrar ejemplares en MBC o en MBC+, encontrárnoslos en EBC+ o en SC no es tan frecuente. La buena noticia es que su precio es calidades altas no es demasiado elevado. Un durillo que en MBC ronde los 150 euros nos lo podremos encontrar en EBC+ por unos 300. Esa proporción de 2:1 es muy baja si se comparan con otras series españolas, donde pueden ser 50:1 o incluso más.  No digamos nada si se compara con las series americanas.

Pero no todo son ventajas. La primera desventaja es que, al ser monedas tan pequeñas, hay que tener buena vista para apreciarlas. Una vez me dijo un numismático que esas eran monedas para gente joven porque tenemos buena vista, y que según nos hacemos mayores vamos prefiriendo las onzas. Puede ser. O también puede ser que muy poca gente joven es capaz de soltar 1000 euros por una onza de las baratas. En cualquier caso, yo prefiero 10 medios escudos que una onza, si me diesen a elegir.

La otra desventaja (y para esta hay que concienciarse a priori) es que son monedas que se han usado muchísimo para joyería. Con los durillos se han hecho botones, gemelos, anillos, pendientes… (hay que tener mal gusto para llevar un retrato de Carlos III colgado de la oreja, pero hay gente para todo). Por eso es muy normal encontrarse medios escudos agujereados o con soldaduras. Ver que alguien ha taladrado una moneda con la que sueñas para tu colección genera cierta frustración, así que estad preparados para ello si os queréis poner a coleccionar medios escudos.

En global, creo que son monedas asequibles para el público general. No digo que sean baratas y que nos podamos comprar medios escudos todas las mañanas como quien compra el periódico, pero pocas series permiten coleccionar monedas de oro en una calidad aceptable por unos 150-200 euros/pieza. Otras series que rondan esos precios son algunas árabes, pero esas son mucho más complicadas de comprender. Así que quien se vea atraido por las monedas de oro,  no cuente con un capital demasiado grande y tampoco quiera complicarse la vida, creo que los durillos son una buena serie para coleccionar. Con tiempo, paciencia y alguna que otra cualidad podremos acabar teniendo una colección de durillos más que aceptable, como la que se subastó en Aureo en diciembre de 2008, que contaba con 138 piezas.

Las monedas de las imágenes son mías. Lo del brillo original es lo que más me gusta del oro.

Cuando las piezas son baratas, lo mejor es comprarlas a lotes y lo mejor es venderlas a lotes, o al menos es lo que mi pequeña experiencia me dice. Pondré algunos ejemplos para mostrar las razones.

Imaginemos a un coleccionista que quiera hacerse con una colección de monedas del rey. Primero se compra un álbum y luego empieza a comprar monedas, empezando por lo general por las más baratas. 20 céntimos por una, 50 céntimos por otra, un euro por la de más allá… se va dejando un dinerito de poco en poco. Luego ocurre lo de siempre: tiene casi todas, pero le faltan las caras. Al final intentará buscar esas monedas caras, las adquirirá poco a poco y con un poco de suerte pagará en torno a 350 o 400 euros por ellas. Quizá más si las compra por internet y tiene que pagar gastos de envío.

Por otra parte, tenemos al vendedor de monedas que tiene una colección completa del rey y está interesado en venderla. Por ella podría pedir unos 350 ó 400 euros (son precios razonables, Enrique ha vendido varias a este precio), que es tanto como lo que cuesta el 10% de las monedas que hay ahí. Es decir, que el anterior coleccionista hubiera invertido mucho menos tiempo y dinero comprando directamente toda la colección.

Parece que está claro que el comprador hubiera salido beneficiado al comprar un lote en vez de adquirir pieza a pieza, pero ¿y el vendedor? ¿por qué vende un lote al precio del 10% de sus piezas? ¿Será tonto Enrique?

Pues no. Enrique habrá adquirido el lote por unos cuantos euros menos y prefiere ganar 30 euros buscando tan sólo a un comprador (30 euros ganados en una venta) que ganar 150 habiendo vendido a 40 personas (150 euros ganados en 40 ventas = 3,75 euros por venta). Al final se pierda muchísimo tiempo para ganar poco dinero.

Yo mismo vendo lotes de monedas y de billetes del mundo. Se tratan de billetes en plancha que se venden a un euro, más o menos, en los mercadillos y yo en lote los vendo a 22 céntimos. El margen para el revendedor es más que interesante, pero tiene que andar buscando compradores. De igual manera, al coleccionista le sale mejor comprar 100 billetes en lote que de uno en uno.

Luego hay otra cuestión, y es que lo que no compensa a unos sí que compensa a otros. Sin ir más lejos, yo prefiero vender los billetes en lotes a pesar de que vendiéndolos de uno en uno podría sacar más. De igual forma, hay vendedores que no les interesa molestarse por cualquier pieza que valga menos de 200 euros, y cuando se hacen con unas cuantas hacen un lote con ellas y las venden en bloque. Todo depende del dinero con el que se juegue y las expectativas de cada uno.

Como no sabía cómo ilustrar la entrada, os dejo el primer cuadro impresionista: “Impression, soleil levant“, de Claude Monet. Este cuadro dio pie a uno de los movimientos artísticos que más me gustan.

Cada coleccionista que se adentra en la numismática tiene una bonita historia sobre cómo lo hizo y cuándo tomó conciencia de que aquello era realmente una colección. Muchas veces surge de forma natural, pero definir el contexto y el alcance de una colección no es una cuestión trivial. Es el momento en el que se pasa de acumular monedas por algún motivo a decidir qué monedas te interesa conseguir, cuáles no y por qué. Esta decisión para mí es la más importante que debe tomar un coleccionista, y aunque de primeras no se reflexione mucho, tiene que haber un momento en el que replanteárselo desde cero para ver si se tomó la decisión correcta.

Así pues, yo he detectado los siguientes tipos de colecciones:

Sin restricción: básicamente son coleccionistas que amontonan cuantas monedas les lleguen a la mano. Generalmente las compran por lotes o las cogen cuando van de viaje. Hay veces que incluso las pagan de una en una en los mercadillos. En cualquier caso, suelen conformarse con monedas muy baratas, generalmente actuales y sólo buscan poder montar un mapa-mundi de monedas. Evidentemente, el valor de esa colección es exclusivamente sentimental.

Bimetálicas: es semejante a la anterior, pero un poquito más refinada. Sólo buscan monedas bimetálicas (como las monedas de euro o dos euros) del mundo. Los países lo saben y sacan monedas bimetálicas porque hay gente que las colecciona (ya dijimos que el Estado siempre gana). El precio por moneda no es muy alto, pero la colección tampoco acaba valiendo gran cosa.

Fichas (tokens): hay gente que se dedica a comprar fichas de mil tipos, desde las de los carritos de la compra hasta fichas de casino pasando por las antiguas fichas para llamar por teléfono. Cualquier cosa que tenga forma de moneda y no lo sea les vale. Como es de imaginar, esto tampoco es que se revalorice.

Conmemorativas: generalmente las colecciones de moneda conmemorativa son las que más dinero pierden, sobre todo si se compran a una numismática. Esto es debido a que los precios de catálogo (y los que saca la FNMT) están muy por encima de el valor real de la moneda. Hay gente que llega al extremo de coleccionar moneda de inversión creyendo que comprar por 1200 euros una moneda de una onza de oro de las Islas Caimán que sólo tiene una tirada de 5000 unidades es un chollo. Si algún día lo tiene que vender se llevará una sorpresa.

Motivo concreto: suele darse en gente que colecciona también sellos del mundo. Coleccionan monedas que tengan un motivo común, como por ejemplo “barcos” o “fútbol”. Si se limitan a monedas corrientes puede ser un entretenimiento barato, aunque no se revalorizará. Si ya se mete en monedas conmemorativas de plata y de oro se puede dejar mucho dinero.

Euros: los coleccionistas de euros están por doquier. La entrada del euro ha llevado a mucha gente a coleccionar monedas, algunos después han pasado a otro tipo de piezas y la mayoría se han quedado en los euros. Van muchos domingos a los mercadillos y rara es la semana que no ha salido una nueva tira de algún país. Como hay tantos… por 7 u 8 euros se tiene una tira de 3,81 euros de facial, así que la pérdida no es mucha. Es cierto que hay piezas de euro que sí valen un dinerillo, pero por la mayoría nadie debería pagar más que el valor facial. También es cierto que hay coleccionistas que se lo saben montar y a base de cambiar la colección les sale muy barata.

Monedas de España “según salen”: esto es muy típico en coleccionistas que llevan lustros yendo una vez cada año a la numismática de su barrio, pagando lo que le piden por las monedas en circulación que han salido ese año más un pastizal por el álbum y las hojas. La colección está en su salón, cogiendo polvo y quizá cada dos o tres años se la enseña a algún amigo. Sin más. Lo peor es que si algún día se decide a venderla no le pagarán mucho más del valor facial de las monedas.

Falsas de época: por sorprendente que parezca hay aficionados a coleccionar moneda falsa, pero no de las que se hayan hecho hace tres días, sino de las que se acuñaron de forma fraudulenta en épocas pasadas. Es una forma de tener una colección barata de monedas antiguas.

Centenario de la peseta: quizá ésta sea la colección más típica dentro de los aficionados a la numismática en España. El valor de una colección completa y en buen estado es más o menos asumible por mucha gente de clase media, mientras que una colección completa sin circular y con varias rarezas es absolutamente inalcanzable para la inmensa mayoría de los mortales. Hay monedas caras y baratas, pero al final la colección se revaloriza.

Medievales/Antiguas: coleccionar moneda de civilizaciones antiguas tiene la ventaja de que puede nutrirse de prácticamente cualquier subasta o numismático profesional de cualquier parte del mundo. La desventaja es que es un mundo donde hay que andar con pies de plomo y no es apto para novatos, porque por cada moneda buena hay diez falsas.

Tema concreto: hay gente que por gusto personal colecciona monedas de una época o de un tipo, al estilo de: “reales de a 8”, “cobres de Isabel II y Fernando VII” o así. Suelen ser gente que entiende y conoce bien cada moneda.

Temas inexplorados: he conocido a pocos coleccionistas que se dediquen a coleccionar temas inexplorados, pero ellos tienen toda mi admiración. Son gente que se mueven entre el coleccionismo y la investigación numismática. Quizá sus colecciones no sean las que más valor económico tengan (aunque lo tienen), pero son los más valientes porque ellos mismos tienen que averiguar qué piezas les faltan y hacen sus propios catálogos. Ejemplos de estas colecciones son “monedas y billetes asturianos de la Guerra Civil” o “Pellofas catalanas”.

Rarezas: hay gente que se dedica a coleccionar monedas extrañas de cualquier parte del mundo, haciendo una colección en la que caben monedas chinas del silo XV y piezas africanas de las formas y tamaños más diversos. Tampoco es muy buen lugar para principiantes.

Errores: cada vez hay más coleccionistas de errores y variantes numismáticas. Para mí lo bonito de estas colecciones no es comprar los errores, sino buscarlos uno mismo. Aunque claro, eso lleva mucho mucho tiempo.

Monedas caras: esto suele ser gente cuyo objetivo es exclusivamente inversor, no coleccionista. Suelen tener mucho dinero en monedas y comprarán y guardarán cualquier moneda que esté a buen precio y a largo plazo se revalorice. También venderán cualquier moneda si se la pagan bien.

Pues hasta aquí la primera parte de este tema. Espero que vuestra colección encaje con uno de estas categorías; en cualquier caso, lo importante es no vivir engañado y ser consciente de si la colección puede ser una inversión o no. He conocido a mucha gente que vive engañada pensando que su colección será una gran herencia para sus hijos y ellos no están haciendo más que perder dinero. Lo importante no es ganar dinero, sino ser conscientes de lo que se hace.

La próxima entrada se dedicará a explicar en qué categoría encaja mi colección.

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