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A la hora de tasar una moneda el aspecto más crítico, sin ninguna duda, es el valorar el estado de conservación de la misma. Ya se comentó por aquí la enorme diferencia de precios que puede haber entre dos monedas cuya conservación sea prácticamente indistinguible para un ojo no entrenado. Mi opinión es que hasta que no tengamos callo en ese asunto y sepamos diferenciar un EBC de un SC- y de un SC no nos metamos en monedas de alta calidad, porque una equivocación puede hacernos perder un montón de dinero.

Pero claro, no es nada fácil entrenarse en ese asunto. Un ejercicio que ya recomendé consiste en hacer uso de las casas de subastas, que son los “estándares” para este asunto. En mi opinión la casa de subastas Aureo tasa las monedas de forma muy justa, al menos la moneda española a partir del siglo XVI, que es la que a mí más me interesa; para moneda clásica mi colega Carlos considera a Vico como mejor tasador, pero yo de ese tipo de piezas no entiendo lo suficiente como para tener una opinión formada.  Una vez seleccionada la casa de subastas, el ejercicio consiste en ver una foto de una moneda que se vaya a subastar e intentar valorar su grado de conservación. Posteriormente se ve la descripción de la moneda y se ve si se ha acertado. Si hacemos esto bastantes veces conseguiremos entrenar el ojo.

Lo que pasa es que algunos preguntan que en qué se tienen que fijar, sobre todo al principio cuando en un primer vistazo a la moneda no nos vamos a los detalles más importantes. En mi opinión, el aspecto más relevante a la hora de tasar una moneda es el desgaste que ha sufrido la misma, por lo tanto hay que fijarse en los relieves más notorios de una moneda para ver si se ha desgastado o no.

Voy a usar como ejemplo una moneda de la que tengo en casa dos ejemplares. Es una de mis favoritas y es una moneda relativamente fácil de tasar porque tiene muchos relieves y muchos detalles que se pueden desgastar. Se trata de los 10 céntimos de 1870. Un colega mío dice que para valorar esa moneda hay que estar un poco salido y mirarle directamente a las tetas. Chistes aparte, tiene mucha razón porque es justamente el pecho de Hispania lo más sobresaliente del anverso y lo que primero se desgasta. Por la parte del reverso suele estar bien mirar con detalle la melena y la cola del leon, fijándose que tenga mucho pelo, así como que el escudo presente todos sus detalles.

Por ejemplo, aquí muestro un ejemplar que yo valoraría en EBC.





La apariencia global de la moneda es estupenda, y el pecho está muy bien, sin embargo la cara de Hispania y la melena del leon presenta cierto desgaste (olvidaos ahora del rayón) y el escudo, aunque presenta todos sus detalles al fijarnos muy de cerca se ve cierto desgaste en el castillo y en la cabeza del leon.

Se puede ver la diferencia con otra pieza que apareció aquí y yo catalogaría como MBC+


En este caso se puede ver la diferencia evidente en el pecho de Hispania en un caso y en el otro. De igual manera, el leon del escudo en el segundo caso no tiene apenas melena y el castillo está más desgastado.

Estas diferencias deberían ser bastante fáciles de ver. Ahora vamos a pasar a otras más complicadas:

La anterior moneda se subastó en Aureo en la famosa subasta Hipania y está catalogada como EBC+/SC-. ¿Alguien ve alguna imperfección en esta moneda? Yo creo que en la cara del anverso hay un mínimo desgaste en la cara de Hispania, mientras que en el reverso aunque no veo que haya desgaste, aparecen ciertas rayitas en el cuerpo del leon. De todas formas, la diferencia entre esta y un perfecto SC es muy sutil y muchas veces no se puede apreciar en una fotografía, pero a la vez esas sutilezas pueden hacer que el precio se dispare y llegue a doblarse (mucho más cuando hablamos de moneda americana). Por lo tanto, no nos queda otra que la confiaza en el vendedor y su honradez a la hora de tasar las monedas. Concretamente, este ejemplar se remató en 220 euros; en caso de estar en completo SC yo diría que probablemente se hubiesen superado los 300 euros.

Aquí dejo otra imagen de una moneda que fue subastada en Aureo el pasado 17 de marzo y yo por más que la miro no la encuentro ninguna imperfección. Sin embargo, Aureo la cataloga como SC-. Algo verán, yo sólo veo unos excesos de metal. Se remató en 186 euros.

Evidentemente, no sólo el desgaste influye en la valoración de la moneda y en la tasación de la misma. La aparición de golpes, rayas y por supuesto la manipulación de la moneda (limpiezas, graffitis…) hacen que varíe muchísimo su precio. Por eso, yo suelo hacer explícitos esos defectos de forma separada a la conservación. Es decir, que para la primera moneda de 10 céntimos de 1870 no pienso “bueno, es un EBC pero como tiene un rayón muy feo la dejaremos en MBC”, sino que pienso: “es un EBC con un rayón muy feo”. Obviamente, si tengo que ofrecérsela a alguien le mostraré claramente la raya para que no haya sorpresas.

Por último, voy a dejar unas fotos de dos duros de 1884 que han pasado por mis manos. El primero es el siguiente.

Aquí van las fotos del segundo

No voy a decir el estado de conservación en el que se encuentran, pero ambas son monedas con muy buena presencia, bonitas y dignas de cualquier colección. Ambas las compré en subastas públicas. Bueno, pues el precio de la segunda es más de 10 veces el de la primera. Ahí está la pregunta que se deben hacer los coleccionistas: ¿preferimos tener 10 monedas de la calidad de la primera o una de la calidad de la segunda? Eso es decisión de cada uno, pero yo no recomendaría a nadie a que vaya a por moneda de altísima calidad si antes no es capaz de diferenciar los matices que hacen que el precio se multiplique.

La Segunda Guerra Mundial es seguramente el acontecimiento histórico que más haya marcado la historia del siglo XX, hasta el punto de que la mayoría de las actividades que hoy en día realizamos posiblemente no serían las mismas de no haber sido por dicha Guerra. La numismática no se escapa, y la WWII ha dejado algunas huellas en ellas. Hoy presento quizá la más famosa: el centavo de 1943.

Como todos sabéis, Estados Unidos entró en la Guerra en diciembre de 1941 teniendo como consecuencia económica casi inmediata el encarecimiento de la mayoría de las materias primas, que ya eran caras de por sí debido a que Europa llevaba más de dos años en guerra. El encarecimiento de los materiales dejaron cosas curiosísimas: las mujeres se pintaban medias falsas debido a la escasez de nilon, se pagaban a precio de oro las piedras de las casas de algunos  pueblos gallegos, muy ricas en wolframio y por un año se dejaron de acuñar centavos de dólar en cobre.

Como el cobre se puso caro, los americanos acuñaron sus monedas de centavo de 1943 en acero, que es un material mucho  más barato . El resultado de la acuñación fue un desastre: al ser el acero de color plateado la gente los confundía con dimes, que costaban 10 centavos; las máquinas expendedoras no los reconocían; y como no estaban galvanizados por los bordes se oxidaban y se corroían al poco tiempo de haberlos acuñado. Todo esto hizo que al año siguiente recubrieran los cóspeles de acero con una fina capa de cobre para evitar tales males. En cualquier caso, a partir de 1947 los centavos volvieron a ser de cobre y el acero se dejó para otros menesteres.

Pero ahí no quedo el asunto. Resulta que en 1942 debieron sobrar unos cóspeles de cobre y a alguien se le ocurriría en 1943 acuñarlos y sacarlos a circulación como si tal cosa. Se ve que no hicieron fraude. En Wikipedia (de donde están sacadas las fotos de la entrada) consideran estos centavos como los más raros de la serie de Lincoln, sólo superados en rareza por el famoso de doble acuñación.  Se estima que se acuñaron unos 40 ejemplares, aunque sólo 15 han sido confirmados. Os podéis imaginar que con los cientos de miles de personas que coleccionan centavos americanos, son piezas muy cotizadas y se suele considerar en las listas de rarezas americanas. También os podéis imaginar que hay miles y miles de centavos falsificados.

En el blog de Susan Headley indica que lo más normal en las falsificaciones es que sea uno de 1948 recortado (algo semejante a la peseta de Benlliure). El truco para ver a primera vista si es falso es que el rabo del tres debe ir hacia abajo de forma bastante pronunciada. En la imagen de abajo (esta sacado del blog de Susan) se ve bien la diferencia. No obstante, lo de siempre: son monedas muy raras y muy caras, de sospechar que son buenas habría que mandarlas a una entidad certificadora.

Se puede ver con una simple búsqueda en Coin Talk el interés que suscita este centavo. También se puede ver que a los expertos les preguntan cada poco por la autenticidad de estas piezas, según el mismo blog de Susan. Me imagino que sea como en España por los duros de 1869, si cada vez que veo a alguien que cree tener un duro de 1869 auténtico me dieran un euro, quizá ya me daba para comprarme uno auténtico yo 🙂

En cuanto a los precios de los centavos de 1943, pues el de acero es barato, mientras que el de cobre es sólo apto para algunos bolsillos privilegiados. En WikiAnswers indican que en 2000 se remató uno por 115.000 dólares (MS-61), mientras que en 2010 se remató otro por 207.000 dólares (VF-35).

Un último apunte es que, a la inversa de lo que ocurrió con los centavos de 1943, en 1944 se acuñaron algunos centavos sobre unos cóspeles de acero. Estos son menos famosos, pero también son muy escasos y por lo que parece también bastante falsificados. Hasta 2000 PCGS no autenticó ninguno de esta especie, que parece ser que se subastó en Heritage, con una estimación de entre 75.000 y 100.000 dólares (no sé por cuánto se remató). También se dice que el mejor conocido lo autenticó ICG (Independent Coin Grading) y es el que se muestra en la foto de abajo.

Muchas veces nos creemos que los euros son monedas únicas porque suponen una unión monetaria entre países diferentes que históricamente han tenido sus más y sus menos. No obstante hay precedentes, uno de los más interesantes histórica y numismáticamente es la Unión Numismática Latina.

Ya sabemos que hasta hace poco el valor de una moneda era plenamente intrínseco, de forma que una pieza de 100 pesetas tenía 4 veces más oro que una de 25 pesetas. Esto permitía que fuese relativamente común que en un país hubiera moneda extranjera (recordemos también que no existía un banco central encargado de recoger las monedas que emitía), sobre todo en épocas de poca estabilidad política. Pero esto suponía un jaleo para los comerciantes y una oportunidad para los pícaros y ladrones que pululaban por Europa, puesto que el valor de la moneda no dependía sólo del peso de la moneda, algo que se comprueba fácilmente, sino también de la pureza del oro que contiene. Y claro, si a un comerciante cántabro le daban una moneda de oro italiana, ¿cómo sabía que aleación tenía esa pieza?

Para favorecer la circulación de las monedas se creó la Unión Monetaria Latina en 1865, entre Francia, Bélgica, Italia y Suiza.  El acuerdo fue favorecido por el gobierno de Napoleón III. España y Grecia se sumaron a la unión en 1868 y al año siguiente Rumanía, Austria, San Marino, Bulgaria, Venezuela, Serbia y Montenegro. Al final fueron un total de 33 países los que se incluyeron en la Unión. Aquí se puede ver la lista completa. Si nos fijamos, en la lista no sólo aparecen países europeos, ni siquiera potencias económicas de la época, estaba abierto a todo el mundo.

La idea era acuñar monedas con el mismo valor, el mismo peso y la misma ley en diferentes países; de esta manera, una moneda de 100 francos franceses tiene la misma cantidad de oro que una de 100 pesetas. Es algo semejante a la idea del euro, pero teniendo cada uno su propio sistema monetario. Por eso los países que estaban dentro de la Unión no tenían problema con que se añadieran nuevos países, independientemente de si fuesen ricos o pobres. Cuantos más mejor, porque así la moneda de cada país podría circular en más lugares.

La lista de monedas es la que acuñaba Francia: oro (100 francos, 50 francos, 25 francos, 20 francos, 10 francos, 5 francos), plata (5 francos, 2 francos, 1 franco, 50 céntimos, 20 céntimos), cobre (10 céntimos, 5 céntimos, 2 céntimos, 1 céntimo). De todas formas,  no todos los países estaban obligados a emitir todas las monedas con todos los valores. Sin ir más lejos, en España nunca se acuñaron monedas de 50 pesetas de oro y las de 20 céntimos son muy escasas. Aquí se tiene una lista de las monedas que se acuñaron en la Unión (de donde están sacadas las imágenes de la entrada), y se ve que la mayoría de los países no acuñaron todas. También se puede echar un vistazo a este hilo, donde se comentan las monedas de la Unión Latina.

Un último apunte es que me da la sensación de que Francia fue la más beneficiada de la Unión Latina. La razón no es otra que he visto varias veces en lotes de napoleones de oro (las que se suelen vender como moneda de inversión) aparecer moneda de 20 pesetas españolas o de otros países. Esto me hace sospechar que con la Unión Latina Francia consiguió importar buena parte del oro que se acuñaba en otros países y que acababa circulando en Francia. Normal por otro lado, era la economía más fuerte de todos los países que formaban la Unión.

El fin oficial de la Unión Latina fue en 1927, debido a las turbulencias que supusieron la Primera Guerra Mundial y la volatilidad de los metales preciosos de la época.

Las monedas que se muestran son 50 céntimos de Bulgaria, 5 céntimos de Grecia, 10 soles de Perú y 5 Bolívares de Venezuela.

Esta bitácora ya ha encontrado un hueco para enumerar todas las variantes de monedas de oro, de plata (más los duros) y de cobre, pero no ha citado en ningún momento a las piezas de Manila ni a las de las Guerras Carlistas. ¡Qué despropósito!. Son monedas que yo no colecciono, pero no por ello hay que despreciarlas. Así pues, aquí van estas monedas, que las teníamos pendientes.

CARLOS VII

5 céntimos

1875 Prueba en plomo
1875 Prueba de doble grosor en metal blanco. Reverso girado
1875 reverso coincidente

10 céntimos

1875 Prueba en bronce dorado
1875 reverso coincidente

50 céntimos

1876 Prueba en calamina
1876 Prueba en plomo

5 Pesetas

1874 canto liso
1874 canto estriado
(1874) Prueba de anverso en cobre con escudo de Cataluña
1874 Prueba en bronce con doble grosor
1874 Prueba en plomo con doble grosor
1874 Prueba en cobre
1874 acuñada en plata
1874 plata doble grosor
1875 acuñada en plata
1875 acuñada en cobre
1885

MANILA

2 centavos

1894

10 centavos

1883/2

20 centavos

1881/0
1882/1
1883 primer 8 sobre otro 8
1883 gráfila de púas

50 centavos

1880 Prueba en latón
1882/0
1882/1
1885/3

REVOLUCIÓN CANTONAL

5 pesetas

1873 reverso coincidente. 80 perlas en anverso y 85 en reverso
1873 reverso no coincidente. 80 perlas en anverso y 85 en reverso
1873 reverso no coincidente. 86 perlas en anverso y 90 en reverso
1873 reverso no coincidente. 89 perlas en anverso y 87 en reverso
1873 reverso no coincidente. 93 perlas en anverso y 93 en reverso
1873 reverso no coincidente. 100 perlas en anverso y 85 en reverso.
1873 reverso no coincidente. 100 perlas en anverso y 95 en reverso.
1873 reverso no coincidente. 100 perlas en anverso y 95 en reverso. Acuñada en cobre

10 reales

1873

2 pesetas

1873 acuñada en Bruselas

UNIÓ CATALANISTA

100 pesetas

1900 Prueba en plata
1900 Prueba en plata dorada

Como siempre, hay que tener en cuenta que no se incluyen las piezas más normales, las que podéis consultar en cualquier catálogo. Con esto pongo fin, ahora sí, a las variantes de las monedas del Centenario. Luego habrá que ir comentando errores y variantes de otras épocas, pero bueno, con calma.

Como ya se ha comentado, últimamente hay muchos aficionados a coleccionar errores numismáticos. Hay varias páginas dedicadas al coleccionismo de errores, entre ellas esta página de Benjamín Muñiz. Ya iremos desgranando en el blog los diferentes tipos de errores que nos podemos encontrar, todo con calma y tiempo, que si no nos atragantamos. Sin embargo, esta entrada está dedicada a errores que NO hay que coleccionar.

Un error es, por definición, una “cosa hecha erradamente”; vamos, que es algo en lo que ha habido una equivocación. Por lo tanto, no tiene sentido considerar como errores numismáticos piezas que hayan sido acuñadas mal a posta, ya que eso no deja de ser una estafa inmoral e ilegal.

Una estafa de este estilo a gran escala se produjo en España a finales de los años 70, cuando unos cuantos individuos que tenían acceso a los cuños de la FNMT imprimieron cientos de supuestos errores que poco a poco fueron introduciendo en el mercado, haciendo una práctica deacuñación ilegal de moneda y estafando a los coleccionistas de errores. Me consta que hay errores de diversos tipos:


Moneda perteneciente a la colección privada de

José Crispulo Villanueva Arjona “Villi”, obtenida de bencoins

– Acuñaciones de pesetas, duros, cinco duros, cincuenta pesetas y cien pesetas en plata.
– Acuñaciones de pesetas, duros, cinco duros, cincuenta pesetas y cien pesetas en oro.
– Acuñaciones de pesetas, duros, cinco duros, cincuenta pesetas y cien pesetas en cobre.
– Acuñaciones confundiendo el metal, acuñando en cuproníquel lo que es de aluminio o vicerversa.
– Acuñaciones de monedas confundiendo el cospel. De forma que se acuña una moneda de cien pesetas en un cospel de una de veinticinco o una de cinco duros en una de duro, como la imagen de arriba.
– Acuñaciones bimetálicas.
– Acuñaciones con el anverso de un facial y el reverso de otro.
– Acuñaciones emparejando un cuño del rey y un cuño de Franco.
– Acuñaciones sobre piezas de monedas de Franco, es decir, usando monedas de peseta, duro o cien pesetas como cospel.
– Acuñaciones sobre piezas de Alfonso XII y Alfonso XII, sobre todo monedas de cincuenta céntimos y de peseta.

No hay que tener muchas luces para ver que si una moneda es de oro o está acuñada sobre otra moneda de Alfonso XII eso no puede ser debido a un error fortuito. Por eso me parece que coleccionar o comerciar con este tipo de monedas es contribuir a la estafa; yo me niego rotundamente. No obstante, hay gente dispuesta a hacerlo y no es difícil encontrarse monedas de estas características en mercadillos o en subastas españolas. Mi opinión al repecto es que no debería estar permitido subastarlas por la procedencia ilegal de las piezas. Además, tal como indica Cayón en su catálogo, estos errores no tienen ningún valor numismático.

Me imagino que esta entrada os la estuviérais esperando. Y es que era obligatorio dedicar una a las variantes de las monedas de cobre del Centenario de la Peseta (ya tuvimos una entrada para las monedas de oro, otra para los duros de plata y otra para el resto de las piezas de plata). Así pues, sin más miramientos y sólo recordando que no se pretende que la lista esté completa y que tampoco se incluyen las piezas “normales”, pues allá van todas las variantes de cobres que conozco:

1 CÉNTIMO

1870 prueba de anverso
1878 Prueba sin OM
1906 – SMV (6)

2 CÉNTIMOS

1878 Prueba sin OM
1904 – SMV (04) estrella al revés
1904 – SMV (04) cero de la estrella partido
1905 – SMV (04)
1911 – PCV (19)
1911 – PCV (10)

5 CÉNTIMOS

1870 doble panza del león
1877 oreja rayada
1878 oreja rayada

10 CÉNTIMOS

1869
1877 Prueba sin OM
1877 oreja rayada
1878 Prueba sin OM
1878 oreja rayada

Esta entrada ha sido más corta, se ve que las variantes de cobres no son tantas, aunque algunas de ellas son muy escasas y muy cotizadas. No obstante, lo interesante de los cobres suelen ser los errores, que los hay y muchos. Además, también hay grabados políticos muy curiosos que se hicieron en los últimos años que circularon. La pena es que como esos grabados son tan fáciles de falsificar el asunto pierde gracia porque es muy difícil saber si la marca se hizo hace 80 años o hace una semana. Para saber más sobre ese tema, pulsad en la imagen.

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