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Para hoy tenemos bacalao, así que recomiendo encarecidamente a quienes vayan a poner comentarios a la entrada dedicándome sus insultos más irracionales que se abstengan porque no se las publicaré. Eso no quita que cualquier opinión o crítica razonable pueda hacerse. Faltaría más, ya sabéis que me encantan.

Dicho esto, vamos a lo que vamos: el expolio, una práctica que ha hecho muchísimo daño a los estudios arqueológicos y al patrimonio histórico de nuestro país. No hace falta más ver la entrevista a Eloisa Wattenberg o ver este estupendo documental sobre el asunto que me recomendó José Luis. Aún así, hay gente que expolia, que compra piezas expoliadas o que emite facturas falsas y encima chulea de ello, como si no fuese igual (o peor) que robar. Yo no soy quién para dar lecciones de ética y comportamiento a nadie, pero aquí voy a exponer unos argumentos con los que espero contribuir a que los coleccionistas no tratemos igual las monedas independiéntemente de si su origen es legítimo o no.

Lo primero que debe quedar claro es que expoliar es una práctica absolutamente ilegal. Está clarísimamente tipificado en la Ley de Patrimonio Histórico Español, cuyo artículo 42 dice que “toda excavación o prospección arqueológica deberá ser expresamente autorizada por la Administración competente”. “Excavación” no significa que haya que llevar maquinaria pesada y hagan falta 200 personas para ello; un tipo con una pala puede excavar, y por tanto realiza una excavación. También se indica que “serán ilícitas y sus responsables serán sancionados conforme a lo dispuesto en la presente Ley, las excavaciones o prospecciones arqueológicas realizadas sin la autorización correspondiente”. Además, en el artículo 44 se dice que “son bienes de dominio público todos los objetos y restos materiales que posean los valores que son propios del Patrimonio Histórico Español y sean descubiertos como consecuencia de excavaciones, remociones de tierra u obras de cualquier índole o por azar”. Otra cita que quiero resaltar es del Código Civil, donde se indica en su artículo 351 que “El tesoro oculto pertenece al dueño del terreno en que se hallare. Sin embargo, cuando fuere hecho el descubrimiento en propiedad ajena, o del Estado, y por casualidad, la mitad se aplicará al descubridor”.

En resumidas cuentas, el que está expoliando está robando patrimonio de todos y como un ladrón debe ser tratado. Ahora no faltará quien diga, como ya me han dicho, que la ley está mal. Claro, está mal para lo que interesa. ¿A que si prendo fuego a su casa querrá que me juzguen y no considerará que la ley está mal?  Pues hay que estar a las duras y a las maduras, hay que cumplir todas las leyes, no solo las que nos interesan. Y si tan malas son las leyes de este país, tienes otros muchos donde ir a vivir, como hubiese dicho Sócrates (quien, pudiendo escaparse, bebió cicuta para cumplir la ley de Atenas, aunque él la consideraba injusta). De todas formas, no seré yo quien defienda las leyes actuales contra el Patrimonio Histórico, puesto que yo creo que actualmente tenemos una laguna legal al respecto que habría que subsanar para que se endurezcan las penas (y no soy el único que tiene esa opinión).

Pero es que además de robar, el que expolia está destrozando evidencias históricas que ya nunca podrán ser recogidas, catalogadas, estudiadas y de las que posteriormente se podrían sacar conclusiones. Si las excavaciones realizadas por los arqueólogos son tan lentas y costosas es justamente porque tienen que seguir una metodología concreta para la extracción de las piezas. En cambio, el que expolia llega y se lleva lo que pilla sin más miramientos, sin pararse a pensar si destroza algo y, por supuesto, sin documentar nada. Por eso los expoliadores y los que comercian o compran material expoliado no son amantes de la arqueología y de la historia, como a veces dicen, sino todo lo contrario: son gentuza que además de robar nuestro patromonio nos privan para siempre de conocer más cosas del mundo antiguo.

Espero que consideréis, como yo, que éstos son grandes argumentos  en contra del expolio. Pero ahora viene la siguiente pregunta: ¿y también está mal comprar monedas expoliadas si el daño ya está hecho?

Pues sí. Lo primero es porque puedes tener problemas.  Lo segundo es porque el dinero que estás gastándote al comprar una moneda expoliada no va precisamente a una ONG, sino que sirve para alimentar y subvencionar a los expoliadores. Es el mismo motivo por el que yo nunca he consumido drogas ilegales: ¿dónde va a parar el dinero que me gasto? No podemos mirar hacia otro lado y dormir tranquilos. Claro que comprar monedas expoliadas es más barato que hacerte con piezas con su correspondiente factura, pero luego habrá que pensar por qué.

Otra excusa típica que suelen poner los que expolian (sobre todo a pequeña escala) es que  España cuida muy mal su Patrimonio Arqueológico. Pues sí, eso es cierto, pero por eso no tienen derecho a robarlo. ¿O es que si yo considero que cuidan mal de su colección de monedas puedo entrar en su casa, destrozar todo lo que vea hasta encontrar la colección y luego llevármela? Evidentemente no. A lo mejor esos mismos se quejarían si aumentasen los impuestos para cuidar el Patromonio Arqueológico Nacional. ¿O es que se piensan que es barato?

Luego está la excusa del que se hace el novato cuando quiere. Llega y te salta eso de “pero es que yo no sé diferenciar una moneda expoliada de una que no lo es”. Se ve claramente: las monedas expoliadas tienen generalmente gran cantidad de tierra. Cuando vas a la Plaza Mayor de Madrid y ves puestos donde todas las monedas que tienen están llenas de tierra… vamos, que más claro agua. También me podréis decir que cómo se sabe si un profesional de prestigio o una casa de subastas no te está vendiendo una moneda expoliada.  Pues es muy fácil, sólo tienes que pedir factura. En las casas de subastas vienen todas las monedas con factura, y en las transacciones privadas se puede pedir si tienes delante a un profesional. Cuando se compran monedas a otro aficionado o a alguien que las ha heredado se le puede pedir que al menos nos deje ver su DNI, de forma que si algún día hay un problema con esas monedas al menos se pueda identificar quién las vendió.

No me malinterpretéis, no estoy diciendo con esto que todas las monedas que aparecen en subastas tienen un origen legítimo, ni que cualquier cosa que nos dé un profesional con factura no haya salido de la tierra. Seguros no podemos estar nunca,  pero sí que podemos tener sospechas. Cuando compro a gente seria no tengo ninguna sospecha de que lo que adquiero sea expoliado o robado, y si me surgen dudas razonables entonces no lo compro por barato que sea. Si al cabo de unos años resulta que me viene la Guardia Civil y me dice que aquello que compré era expoliado, pues lo único que me pueden hacer es requisarme la mercancía y ya me encargaré yo de denunciar al comerciante.

Luego están los expoliadores que te saltan esa de: “no, si yo no expolio, yo no busco tesoros, yo sólo busco algunos denarios romanos”. Claro, ¿y qué son esos denarios más que un tesoro? ¿Acaso no excavas para encontrarlos? Vale que no te hayas metido en una excavación arqueológica, pero claramente estás expoliando. No puedes ir con el detector y decir que te has encontrado un denario “de casualidad”. Y si de casualidad nos encontramos un denario hay que llevarlo a la autoridad competente. Hacer cualquier otra cosa es robar.  Evidentemente, en este grupo no caen esos aficionados que tienen un detector, licencia para rastrear en cierto terreno y que lo hacen de forma totalmente legal. No es lo mismo y no hay que buscar excusas.

Con todo esto creo que ya he dado argumentos más que suficientes de por qué considero ilícito expoliar y comerciar con material expoliado. Espero haber convencido a algunos. A otros seguro que les entra por una oreja y les sale por la otra y estarán pensando eso de: “a mí me da igual, mientras me saque un dinero…”. Allá ellos, pero que piensen que el vendedor de droga, el político corrupto, el que roba tendido de cobre y demás pandilla están en su mismo saco. Gente a las que sólo buscan ilegalmente su propio beneficio sin importarles lo más mínimo el daño que hacen a la socidad.

Las imágenes están sacadas de diversas noticias relacionadas con detenciones a redes de expoliadores: una, dos y tres.

Esta semana he tenido la suerte de conversar con Eloisa Wattenberg, directora del Museo Arqueológico de Valladolid. La visita no pudo ser más agradable, no sólo por la conversación en sí misma, sino por poder hablar tranquilamente en el patio del Palacio de Fabio Nelli (el que se ve en la foto), en Valladolid y luego poder ver la exposición temporal de numismática romana que alberga el museo y a la que todos estáis invitados a ir.

Aproveché la ocasión para entrevista a Eloisa, quien habla de la numismática con una concepción muy diferente de la que tenemos la mayoría de los coleccionistas. Precisamente por ello creo que es especialmente interesante para los lectores del blog. Así se pueden entender otros puntos de vista más cercanos al estudio histórico que al coleccionismo.

Adolfo (A): Primeramente quisiera hacerte unas preguntas generales ¿Coleccionas algún tipo de monedas de forma personal?

Eloisa (E): No, no colecciono ni monedas ni ninguna otra cosa.

A: Pero, ¿tienes alguna moneda predilecta?

E: Como a todo el mundo me gustan más las monedas que más conozco. Quizá por eso, sin pensarlo mucho, nombre primero  los reales de a 8. Son el tipo de moneda que integra el tesoro de Peñafiel, que guardamos en el museo y que hace poco catalogué; pero también los denarios ibéricos, o algunas monedas medievales, como la dobla de la banda.

A: ¿Entonces tu interés por la numismática es fundamentalmente arqueológico?

E: Quizá en el Museo valoremos más las monedas como documentos de primer grado que permiten obtener mucha información de manera directa sobre ciertos aspectos históricos. De hecho, la exposición de numismática romana que ahora tenemos abierta se ofrece con ese planteamiento. Queremos mostrar el alto contenido de información que ofrecen las monedas sobre el mundo romano: como por ejemplo retratos de emperadores y personajes, divinidades, monumentos, moda en el peinado, el vestido o el adorno personal, acontecimientos y sus fechas exactas,…. todo  eso, a efectos de difusión de la cultura romana, tiene para nosotros grandísimo interés, tanto o más que su diseño estilístico o el análisis de las mismas como medio de comercio.

A: Ya veo. Entonces, ¿qué información proporcionan las monedas más allá de las cuestiones relacionadas con el comercio y la economía?

E: Proporcionan muchísima información porque siempre han sido medios de propaganda Por ejemplo, cuando un emperador romano realizaba una conquista o construía un templo, eso  casi siempre se mostraba en las monedas.

A: Pero hay otros restos arqueológicos que también documentan ese tipo de cuestiones. ¿Hay algún tipo de información que nos proporcionen las monedas que no nos proporcionen las demás (más allá del comercio, vuelvo a insistir)?

E: Sí, pero muchas veces no documentan la propaganda o los acontecimientos de forma tan explícita. Además, las monedas aportan algo que no tienen todos los documentos arqueológicos: la cronología. Una moneda se puede datar de forma exacta, bien porque en ella conste la fecha, o porque sabemos las fechas de reinado de quien las emitió… En cambio, un recipiente o resto cerámico, o un objeto decorativo por poner algún ejemplo, siempre se puede estimar que ha sido realizado en una época, pero es difícil datarlo de forma tan exacta.

A: Muy interesante. Llevo años coleccionando monedas y no había caído en ello. Por otro lado, ¿del estudio de las monedas habéis obtenido algún tipo de hipótesis históricas?

E: El Museo tiene un buen fondo numismático que abarca todas las épocas pero, por ceñirnos a un ámbito bien próximo y concreto: no reúne suficiente información sobre monedas halladas en el territorio de Valladolid. La mayoría de los ejemplares proceden del comercio y son raros los documentados en excavaciones científicas realizadas en la provincia. Es muy difícil por tanto extraer conclusiones. Principalmente, aunque de forma esporádica,  en la Universidad se  vienen haciendo trabajos en ese sentido  y también nosotros, en el Museo,  estudiamos las monedas halladas fundamentalmente en Valladolid, pero lo cierto es que los conocimientos actuales no permiten establecer hipótesis sólidas.

Cuando se encuentran atesoramientos grandes entonces se puede obtener más información a partir del análisis y el estudio de los mismos. Dos de estos casos serían los de Tordesillas y de  Cabezón.  Pero tampoco con mucha garantía. Muchos de esos tesoros pasan por varias manos antes de llegar al Museo y se pierden monedas. Sin ir más lejos, éste hallado en Honcalda [me dice apuntando a una vitrina donde se encuentra un conjunto de antoninianos] sabemos que originalmente tenía más de 200 monedas, pero pasó por varias manos y al Museo sólo llegaron 26. Así no se pueden sacar conclusiones sobre el total del hallazgo.

A: Y en ese sentido ¿el expolio es muy perjudicial para los historiadores?

E: Claramente. Cuando cualquier hallazgo arqueológico no es excavado con metodología científica se pierde infinidad de información del mismo para siempre y su estudio e  interpretación siempre será incompleto.

A: ¿Y las monedas falsas?

E: No representan una preocupación especial para nosotros. Apenas compramos monedas en el mercado, así que difícilmente adquiriremos una falsa. Por otra parte, las monedas falsas de época también tienen su interés histórico y como tal hay que estudiarlas, por lo que también son interesantes. Es decir, que una moneda falsa de época también es un documento histórico.

A: Por último, quisiera hacerle una pregunta sobre la exposición ¿qué criterios se siguen a la hora de exponer las monedas?

E: La idea principal es que la exposición sea pedagógica y comprensible. La numismática es algo complejo y con un planteamiento  divulgativo como el que se ha pretendido, hemos optado por que la información sobre equivalencias entre monedas y  metrología sea muy elemental. Casi diría que es una exposición de numismática dirigida a todo tipo de público, pero no para numismáticos. Precisamente para mostrar el poder de atracción que encierran las monedas y captar el interés del visitante no iniciado se prefirió un discurso  sencillo y accesible a todos.

En la entrada de hoy me limitaré a dar mi opinión sobre un libro que acabo de terminar de leer: “La moneda de oro en los reinos de Castilla y León. Siglos XII – XV”, de Manuel Mozo Monroy y Manuel Retuerce Velasco y publicado por la NRT – Asociación Española de Arqueología Medieval.

Me enteré de la publicación de este libro gracias al foro de Imperio Numismático y como me encanta la moneda medieval castellana no pude resistirme a ponerme en contacto con uno de los autores del texto para que me enviase un ejemplar. Su lectura me ha resultado muy entretenida y al leerlo he aprendido mucho no sólo de la preciosa numismática  castellana sino de la historia medieval de Castilla y de León.

Según se indica en su prólogo, el libro nace del estudio hecho por los autores para la catalogación de las monedas medievales castellanas que  formaron la colección Caballero de las Yndias. Este análisis se completó con un profundo estudio bibliográfico del resto de piezas de oro castellanas y leonesas que no formaban parte de esa colección y se consiguió así publicar, por primera vez, un estudio monográfico de todas las monedas de oro castellanas y leonesas anteriores a los Reyes Católicos conocidas hoy día.

Desde mi punto de vista la completitud del estudio es su mejor característica junto con la seriedad investigadora que queda patente en la redacción del texto: las citas bibliográficas son muy frecuentes y en los casos en los que no se puede asegurar la existencia de alguna pieza (que pudo haber sido acuñada pero no hay constancia de que haya llegado a nuestros días), se dice claramente y se explican los documentos que citan a la moneda; igualmente se explican algunos debates históricos en relación con algunas de las piezas. Todo esto es una clara muestra de seriedad y de profesionalidad a la hora de realizar la investigación y de redactar el texto.

La mayor falta del libro la admiten los propios autores en el prólogo: por diversos motivos no han podido acceder a muchas de las piezas que se describen, por lo que muchas de las fotos son muy antiguas (algunas provenientes de la colección de Vidal-Quadras) y de mala calidad, mientras que otras (casi todas provenientes de la colección de Caballero de las Yndias) tienen muy buena calidad. Los motivos por los que los autores no han podido acceder a las monedas son variados y ajenos a ellos: en algunos casos directamente no es conocido el actual paradero de la moneda (muchas de las piezas descritas son únicas); en otros casos los autores no han encontrado fondos para poder desplazarse hasta el lugar donde se encuentran ciertas monedas; finalmente, hay casos en los que por motivos burocráticos ciertos museos no han permitido fotografiar las monedas de sus colecciones.

Es de destacar que cada moneda se describe perfectamente y se enmarca en su contexto político y económico, teniendo el lector una visión clara sobre las características de la emisión. Además, lo que a mí más me gusta, es que se hace un comentario artístico de cada  moneda y se explica su simbología; ya sabéis que yo considero que las monedas son pequeñas obras de arte. También es curioso que una de las monedas que aparecen como única y en paradero desconocido sea subastada hoy mismo en Madrid por Marti Hervera y Soler y Llach, se trata de la Dobla de la banda de Enrique IV que se muestra abajo.

El único punto en el que yo tiraría de las orejas a los autores es en la aparición de una “tabla de tasación” al final del libro, en el que se dan supuestos precios a las monedas que aparecen en el estudio. Esa tabla, desde mi punto de vista, es una tontería por tres motivos: se da un precio sin indicar para qué calidad se considera; el precio de unas piezas tan raras es muy volátil; muchos de los precios parecen tomados al azar y no se indica en ningún momento en qué se basan para calcularlo. Como ejemplo la dobla anterior se estima en 70.000 euros, y hoy sale a subasta por 15.000; el Gran Enrique de a 50 enriques se estima en 600.000 euros, es decir, un 20% más cara que la moneda española más cara jamás subastada, además que es absurdo tasar una moneda que se encuentra en un museo y previsiblemente no se venda en los próximos siglos. ¿Qué precio tienen las Meninas?

En global creo que es una referencia estupenda y más que recomendada para cualquier aficionado a la numismática medieval o a la historia medieval castellana en general. Podéis echar un vistazo a otras publicaciones de sus autores. De Manuel Mozo Monroy encontraréis algo aquí y aquí,  mientras que de Manuel Retuerce Velasco podéis encontrar algunos escritos aquí. Si queréis comprar este libro en cuestión podéis hacerlo a través de esta web o directamente contactando con Manuel Retuerce Velasco en el correo NRT.SCterra.es

Cuesta 24 euritos… no hay que pensárselo mucho; eso sí, que conste que yo no me llevo comisión.

 

EDITO (24 – X – 2010 ) :

Se ha puesto en contacto conmigo Manuel Mozo Monroy para agradecerme la entrada y para comentarme un par de cosas. Entre otras me ha dicho que la dobla de la banda de Enrique IV que se subastó ayer en Martí Hervera no es el ejemplar que ellos citan en el libro. Es decir, que si hace dos meses había un ejemplar conocido de esa dobla hoy existen dos.

A mí me encanta relacionar conceptos que a priori no parecen relacionados. Eso es lo que intento hacer tanto en mi trabajo como en buena parte de mi tiempo libre (ya lo comenté aquí). Así pues, voy a intentar mezclar en este blog dos de mis aficiones: la numismática y viajar. Para ello, la idea es ir describiendo museos a los que vaya y en los que se expongan monedas, y ya de paso describir brevemente el resto del museo y la zona. No es que con esto quiera hacer una guía de viajes, pero quizá algún aficionado que pase por la zona se anime a acercarse a algún museo o a alguna ciudad; evidentemente, también puede servir para quitar las ganas de visitarlo. Empezaremos por orden cronológico de lo que he visto este verano: el museo de Évreux.

Évreux es una pequeña ciudad normanda que poca gente conoce en España y muchos menos aún la visitan. Aún así no está de más dejarse caer una mañana por allá si se está por la zona y se tiene tiempo. Aunque tiene pocos restos en la actualidad, la ciudad ha sido un asentamiento celta, luego una ciudad romana y desde entonces ha seguido habitada. Tienen un museo dedicado a los restos arqueológicos que han encontrado por la zona, que yo supuse que iba a estar muy interesante, pero que desgraciadamente no dio para mucho: era pequeño y la calidad brillaba por su ausencia, no había nada que realmente me llamase la atención.

En la cuestión numismática a mí lo que más me gustó fue el hallazgo que dejaron expuesto “tal cual”. No sé si lo harían por falta de presupuesto para sacar las monedas o simplemente porque así el visitante se da cuenta de cómo se las encuentran los arqueólogos. Yo nunca había visto nada igual.


Aparte de esto tenían expuestas algunos denarios, sestercios y ases del Alto y Bajo Imperio. Las descripciones eran horrorosas, simplemente indicando el mandatario de turno y el metal de la moneda. Además, las piezas estaban bastante alejadas del cristal, por lo que no se podía apreciar bien la calidad de las monedas. Aquí os dejo unas fotos:




Total, que si pasáis por Normandía y tenéis tiempo de sobra, no está mal pasarse por Évreux, que además pilla de camino hacia Giverny; y si estáis en la ciudad no pasa nada por acercarse a su museo, aunque tampoco es nada del otro mundo.

De todas formas, no os preocupéis, que este verano he estado en otros museos con unas colecciones estupendas, ya os contaré. Y por supuesto, si algún seguidor del blog se anima a comentar algún museo que haya visitado, yo con mucho gusto le guardo un espacio en el blog.

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