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La Segunda Guerra Mundial es seguramente el acontecimiento histórico que más haya marcado la historia del siglo XX, hasta el punto de que la mayoría de las actividades que hoy en día realizamos posiblemente no serían las mismas de no haber sido por dicha Guerra. La numismática no se escapa, y la WWII ha dejado algunas huellas en ellas. Hoy presento quizá la más famosa: el centavo de 1943.

Como todos sabéis, Estados Unidos entró en la Guerra en diciembre de 1941 teniendo como consecuencia económica casi inmediata el encarecimiento de la mayoría de las materias primas, que ya eran caras de por sí debido a que Europa llevaba más de dos años en guerra. El encarecimiento de los materiales dejaron cosas curiosísimas: las mujeres se pintaban medias falsas debido a la escasez de nilon, se pagaban a precio de oro las piedras de las casas de algunos  pueblos gallegos, muy ricas en wolframio y por un año se dejaron de acuñar centavos de dólar en cobre.

Como el cobre se puso caro, los americanos acuñaron sus monedas de centavo de 1943 en acero, que es un material mucho  más barato . El resultado de la acuñación fue un desastre: al ser el acero de color plateado la gente los confundía con dimes, que costaban 10 centavos; las máquinas expendedoras no los reconocían; y como no estaban galvanizados por los bordes se oxidaban y se corroían al poco tiempo de haberlos acuñado. Todo esto hizo que al año siguiente recubrieran los cóspeles de acero con una fina capa de cobre para evitar tales males. En cualquier caso, a partir de 1947 los centavos volvieron a ser de cobre y el acero se dejó para otros menesteres.

Pero ahí no quedo el asunto. Resulta que en 1942 debieron sobrar unos cóspeles de cobre y a alguien se le ocurriría en 1943 acuñarlos y sacarlos a circulación como si tal cosa. Se ve que no hicieron fraude. En Wikipedia (de donde están sacadas las fotos de la entrada) consideran estos centavos como los más raros de la serie de Lincoln, sólo superados en rareza por el famoso de doble acuñación.  Se estima que se acuñaron unos 40 ejemplares, aunque sólo 15 han sido confirmados. Os podéis imaginar que con los cientos de miles de personas que coleccionan centavos americanos, son piezas muy cotizadas y se suele considerar en las listas de rarezas americanas. También os podéis imaginar que hay miles y miles de centavos falsificados.

En el blog de Susan Headley indica que lo más normal en las falsificaciones es que sea uno de 1948 recortado (algo semejante a la peseta de Benlliure). El truco para ver a primera vista si es falso es que el rabo del tres debe ir hacia abajo de forma bastante pronunciada. En la imagen de abajo (esta sacado del blog de Susan) se ve bien la diferencia. No obstante, lo de siempre: son monedas muy raras y muy caras, de sospechar que son buenas habría que mandarlas a una entidad certificadora.

Se puede ver con una simple búsqueda en Coin Talk el interés que suscita este centavo. También se puede ver que a los expertos les preguntan cada poco por la autenticidad de estas piezas, según el mismo blog de Susan. Me imagino que sea como en España por los duros de 1869, si cada vez que veo a alguien que cree tener un duro de 1869 auténtico me dieran un euro, quizá ya me daba para comprarme uno auténtico yo 🙂

En cuanto a los precios de los centavos de 1943, pues el de acero es barato, mientras que el de cobre es sólo apto para algunos bolsillos privilegiados. En WikiAnswers indican que en 2000 se remató uno por 115.000 dólares (MS-61), mientras que en 2010 se remató otro por 207.000 dólares (VF-35).

Un último apunte es que, a la inversa de lo que ocurrió con los centavos de 1943, en 1944 se acuñaron algunos centavos sobre unos cóspeles de acero. Estos son menos famosos, pero también son muy escasos y por lo que parece también bastante falsificados. Hasta 2000 PCGS no autenticó ninguno de esta especie, que parece ser que se subastó en Heritage, con una estimación de entre 75.000 y 100.000 dólares (no sé por cuánto se remató). También se dice que el mejor conocido lo autenticó ICG (Independent Coin Grading) y es el que se muestra en la foto de abajo.

La palabra ‘óxido’ es quizá la más temida por todos los coleccionistas numismáticos. Que te salga óxido en una moneda o descubrir que lo que acabas de comprar tiene óxido chafa la tarde a cualquiera, y en algunos casos echa a perder lo que se supone que había sido una buena inversión numismática. De hecho, es común que los numismáticos lo llamen “cáncer” porque sale, es casi imparable y acaba destrozando la moneda (es muy curioso cómo muchos términos médicos se utilizan como metáforas en la vida diaria). En el foro de identificación numismática se ha hablado mucho sobre el óxido y sobre cómo limpiarlo si sale. No obstante, hay veces que no es posible porque son necesarios procesos químicos que acabarían destrozando la moneda del todo.

Uno de los casos en los que no es posible limpiar las monedas es si éstas son de aluminio, al ser éste un material tan malo que al someterle a cualquier proceso químico se destrozaría. Y da la casualidad de que las monedas de aluminio de Franco son muy propensas a tener óxido. ¡Fíjese usted qué faena! Por eso, hay que tener muchísimo ojo cuando se compran monedas de 5 y 10 céntimos de Franco, así como con las carteras y tiras PROOF.

La moneda superior es una de 50 céntimos de 1966 estrella 74 en calidad PROOF y tiene muchísimo óxido, se ve a simple vista. Al menos se le ve la estrella, por lo que algo de valor tiene. Concretamente, ésta pieza la vendí yo mismo por la mitad del precio que la hubiese vendido en caso de no tener óxido.

Esta otra moneda también tiene óxido, aunque a simple vista no se vea. Para ello hay que mirar bien el canto, la tercera cara de la moneda que siempre debe ser examinada. Ahí se observa que la moneda tiene óxido, que antes o después se acabará comiendo la pieza.

Hay que tener mucho ojo con el óxido en estas piezas porque harán que las carteras que hayamos comprado valgan bastante menos. Si es para tener en nuestra colección, es preferible rascarse el bolsillo y comprar monedas sin óxido. De hecho, Susan Headly considera comprar monedas con óxido como una de las cinco peores inversiones numismáticas. También hay que tener en cuenta, todo hay que decirlo, que la inmensa mayoría de las carteras de Franco tienen óxido (excepto las del 75, no sé por qué), y encontrarse un juego de las cuatro carteras limpias de óxido es verdaderamente difícil, de hecho, encontrarse una cartera que no sea la del 75 con los aluminios limpios no es nada fácil. También es común que las casas de subastas indiquen si las carteras tienen óxido o no, aunque no siempre lo hacen.

Pero una vez que tenemos nuestras carteras inmaculadas hay que hacer algo para que no salga óxido en ellas. Lo mejor es guardarlas en un lugar sin mucha humedad y meter los aluminios en unos cartoncillos, tal y como se muestra en la imagen de abajo.

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Evidentemente, no es recomendable comprar ninguna moneda de estas en eBay o a distancia si no se ha podido analizar una buena foto de la pieza en cuestión.

Finalmente, hay que añadir que en este hilo del foro de identificación numismática un usuario preguntó qué hacer con unas monedas de aluminio con óxido que acabab de comprar. Podéis ver las respuestas que le han dado: mala solución.

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