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Hace poco que estuve por Marruecos y en mi pequeña escapada pasé unos días en Rabat, la capital del país. Se trata de una ciudad relativamente pequeña para ser una capital de estado pero muy bulliciosa y ajetreada. Su carga histórica es muy notable, debido fundamentalmente a los almohades, quienes la fortificaron con una larguísima muralla. Los castellanos, bereberes, alauíes, corsarios y demás que por allí gobernaron también hicieron aportaciones, enriqueciendo la historia de Rabat.

Durante mi estancia realicé una visita a uno de los pocos museos que tiene la ciudad: el Museo del Banco Al-Maghrib. Se trata de un museo mantenido por el Banco Al-Maghrib, el cual posee una colección de monedas de 30.000 ejemplares (también algunos bancos españoles tienen colecciones de monedas), de las cuales expone una selección en su museo. Yo me esperaba que las piezas expuestas se centrasen sobre todo en la historia de Marruecos, pero para mi sorpresa el recorrido histórico era más amplio.

En una primera etapa hay varios paneles con moneda clásica, teniendo la moneda griega una calidad estupenda. Entre otras piezas hay un octodragma ptolemaico de oro con una calidad asombrosa. También se muestran varios tetradragmas con muy buena calidad, así como una pequeña selección de monedas del siglo IV y V a.c. también interesantes. Las monedas romanas expuestas no me llamaron tanto la atención, ni tampoco las bizantinas, aunque el recorrido era muy adecuado para apreciar la influencia de la moneda bizantina en la primera numismática árabe. Al tenerlas juntas eran evidentes los parecidos; no me detengo en esto porque sobre ello se podrían escribir tres tesis doctorales.

Posteriormente se pasa a la numismática medieval que es claramente la mejor parte de la colección. Hay muchos dinares y medios dinares de oro tanto del Califato Omeya como almohades y almorávides, acuñados en África y en la Península Ibérica. La calidad de las piezas es excelente y no hay que entender de moneda islámica para percatarse que es una colección extraordinaria, sobre todo la parte dedicada a los almohades. Se contaban por decenas las piezas de oro en altísima calidad y era un magnífico entretenimiento dedicarse a encontrar semejanzas y diferencias entre las monedas acuñadas en un periodo y las acuñadas en otros. También había varios quirates de plata e incluso un par de morabetinos de Alfonso VIII que demostraban el impacto de la numismática árabe en los territorios cristianos de la Península.

Las fotos que ilustran la entrada pertenecen todas ellas a este periodo y están tomadas de aquí (yo no hice fotos porque está prohibido hacerlas). En esa web hay muy pocas monedas en comparación con las expuestas en el museo, las que a su vez son muy pocas en comparación con las que forman la colección. Además, faltan muchas de las más interesantes o impactantes, como un enorme ejemplar almohade de 10 doblas.

La última parte de la colección fue para mí la más decepcionante: la Edad Moderna estaba descrita de refilón y había muy pocos ejemplares que sirviesen para narrar la historia de Marruecos de estos últimos siglos. También es cierto que no tengo ni idea de la numismática marroquí y es posible que lo poco que hay sea de una rareza extrema. Por último, como no podía faltar, también está el sistema monetario actual y unos cuantos billetes. Además, el museo tiene una colección de cuadros marroquíes contemporáneos; por mi parte sólo salvaría a dos o tres de las llamas, el resto condenados a la hoguera.

Saber tasar las monedas es para un numismático como dibujar a un pintor: una cualidad básica; por eso la tratamos con bastante detalle en el blog. Hoy voy a comentar en esta entrada los cuatro pasos básicos de una tasación. La idea es que queden claros para que después haya más entradas que detallen cada uno de ellos.

Así pues, para tasar una moneda hay que seguir los siguientes pasos:

Identificar la moneda. Obviamente es lo primero que se debe hacer, y para ello lo mejor es contar con una buena colección de catálogos especializados. Ya se ha comentado que los catálogos no son buenos consejeros para tasar las monedas, pero sí para identificarlas, sobre todo si son catálogos especializados, sobre los que ya se hablará. También es cierto que muchas de las monedas que no será necesario este paso para muchas de las monedas que caigan en nuestras manos, puesto que si conocemos el tipo de monedas deberíamos ser capaces de identificarlas a simple vista. Por cierto, en el foro de identificación numismática hay usuarios que de forma gratuita ofrecen sus conocimientos para identificar monedas (de ese foro está sacado el dirham almohade anonimo que ilustra esta entrada).

Comprobar errores. Una vez identificada, hay que observar bien la pieza para ver si presenta algún tipo de error o variante. De nuevo se pone de manifiesto que hay que conocerse las variantes numismáticas, así como tener buen ojo y experiencia en detectar errores de exceso de metal, cuños rotos u otros. Si son monedas antiguas también habrá que comprobar su peso y fijarse bien en los detalles para asegurarse de que la moneda no es falsa.

Valorar la moneda. Para mí ésta es la etapa más difícil, la más delicada y la más polémica. Hay que saber valorar bien una moneda para poder compararla con otras y determinar con certeza su calidad. No vale auto-engañarse, porque todos tendemos a sobreestimar nuestras monedas; hay que ser sinceros y fijarse bien en todos los detalles, puesto que tasar una moneda en EBC+ o en SC puede hacer que doble el precio. Por supuesto, también hay que tener en cuenta la calidad de acuñación, el que esté más o menos centrada (en caso de ser antigua), si ha sido o no limpiada, si ha estado colgada, si presenta manchas de óxido, si tiene brillo original, cómo está la pátina…

Creo que un buen ejercicio es ver las monedas que se subastan en Aureo & Calicó o en Marti Hervera y Soler y Llach e intentar determinar (sin haberlo visto antes) la calidad de las monedas. Claro está que no es lo mismo ver una imagen en grande que mirar una monedita con lupa, pero ya es una ayuda.

Poner precio a la moneda. Quizá este sea el paso más sencillo si se han hecho bien los anteriores. Para ello no hay más que encontrar una subasta en la que se haya vendido una moneda del mismo tipo de la que tenemos y con una calidad semejante. Para ello, de nuevo hay que tener una buena colección de catálogos de subastas (ya dijimos que no valen los catálogos que venden en las numismáticas) e irlos mirando hasta que encontremos la moneda que buscamos. Si no la encontramos se puede buscar una moneda semejante en cuanto a rareza (fiándonos delos catálogos convencionales) y de una calidad muy similar.

Otro buen ejercicio para este último paso es ver las monedas que se subastan en Aureo & Calicó o en Marti Hervera y Soler y Llach e intentar adivinar el precio en el que van a acabar.

Está claro que estos cuatro pasos no se hacen en cinco minutos, y además hay que entender del tema para hacerlos. Ese es uno de los motivos por los que, en mi opinión, no se deben tasar monedas gratuitamente; aunque explicar el por qué dará pie a otra entrada.

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