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Esta entrada es una simple y llana reflexión que invita al debate a quien quiera y nace a partir de un comentario que hizo Carlos. No es un estudio serio hecho con datos reales, comprobando en diferentes casas de subasta y sacando estadísticas serias, porque hacerlo podría suponerme varias semanas de trabajo, y como se comprenderá no es plan.

Ya se ha comentado varias veces en el blog que el valor de las monedas es muy volátil. Pero… ¿cuánto de volátil? Esa sería la pregunta del millón porque si yo pago 200 euros por una pieza me gustaría saber qué margen de beneficio podría tener al venderla, o dicho desde el otro punto de vista, cuánto perdería si me veo obligado a venderla rápidamente. La pregunta es mucho más importante de lo que parece a simple vista, puesto que es crítica para saber el riesgo de nuestra inversión al comprar una pieza.

La respuesta es tan vaga como decir que la volatilidad de una moneda depende de la rareza de dicha moneda y de las veces que haya aparecido en subasta. Esta dependencia es muy interesante, y además no depende del precio en sí mismo. Es decir, hay monedas relativamente comunes (como las E-51) que son caras y monedas más raras, o incluso únicas que son relativamente baratas (como muchas monedas islámicas o godas). En un año se subastan alrededor de media docena de tiras de E-51, clavando los precios subasta tras subasta (lo mismo se podría decir de las 100 pesetas palo recto o de las 20 pesetas de 1894).

Sin embargo hay piezas muy raras, que se subastan cada diez años o más, e incluso hay piezas únicas que pueden pasar décadas sin que se subasten. En esas monedas es muy difícil determinar de forma aproximada su precio, puesto que si sólo hay una moneda de ese tipo en el mundo quien la quiera tendrá que acordar un precio con el que la posea. Una cuestión a tener en cuenta es que esas piezas no tienen por qué ser exageradamente caras. Sin salirnos de la numismática íbera, hay monedas islámicas muy raras o incluso únicas con un precio relativamente asequible, sobre todo si se compara con monedas de semejante rareza de otros países (EEUU, Rusia, Alemania…) o de otras épocas o series (como el Centenario de la Peseta o los Reales de a 8).

A quien quiera meter dinero “de verdad” en esto de la numismática, yo le recomendaría que diversificase su colección. Puede tener monedas muy raras, y no por ello caras, y otras  más normales, y no por ello baratas. De esta manera la inversión se divide en productos más seguros y productos más volátiles.

No obstante, vuelvo a repetir que las afirmaciones que hago son prácticamente prejuiciosas y no he llevado a cabo un estudio para apoyar mis argumentos. Ese estudio conllevaría estudiar muchas subastas y hacer un análisis estadístico que relacione la varianza de los precios en relación con la periodicidad de las apariciones de las monedas. Llevaría mucho tiempo y, lo siento mucho, pero el tiempo que puedo dedicar al blog es limitado.

Las monedas que aparecen en la entrada están sacadas de la última subasta de Monnaies d’Antan, sus descripciones son, respectivamente: Marco Aurelio – Sestercio (161, Roma);  Seleucide – Tigrane II el Gran rey de Armenia – Tetradragma (83-69 A.-C.); 1 Franco 1900.

Una vez leí en Coin Talk un tipo que escribía lo que le dijo su ex-jefa: “Y si tienes monedas de oro ¿por qué no haces joyas con ellas?”.

Estoy seguro que a cualquiera de nosotros se nos revuelve el estómago sólo de pensar que alguna de nuestras preciadas piezas de colección puedan acabar convertidas en un vulgar anillo o semejante. Es casi como pensar que tu hijo puede caer preso de las drogas (esto lo digo porque no soy padre). Pero en cualquier caso hay gente que piensa así, y aunque cada vez quedan menos, todavía hay señoras mayores que guardan las pesetas de sus antepasados “para hacerse unos pendientes”. Es simpático, pero en los años 40 ó 50 era típico llevar a la joyería un par de monedas de plata para que te hiciesen una pequeña joya y el joyero se cobraba de la plata restante.

Todavía hay gente que hace cosas semejantes, y ya me han preguntado algunos si podía venderles monedas desgastadas para hacer un anillo a su señora. A mí la verdad es que estéticamente no me gusta, pero no considero un crimen destrozar una pieza que valga 4 euros para hacerse un anillo, si es que te gusta. Donde sí que arrugo un poco el entrecejo es al ver pendientes como los de arriba, hecho con sendos tetróbolos acuñados en la ciudad de Querronesos en los siglos IV-V a.c.. Estas “joyas” las vende Jesús Vico por ni más ni menos que 460 euros.

Por mi parte que cada cual haga lo que quiera, pero a mí se me revolvería el estómago si me encuentro con una señora que lleve esos pendientes. Aparte de parecerme una horterada, lo considero la práctica destrucción de un objeto histórico. Jesús Vico, además de estos pendientes vende colgantes, llaveros, gemelos y demás parafernalia de semejante naturaleza. Cada cual dirige su negocio a los clientes que quiera y les vende lo que puede.

Hace unos veinte o treinta años también debía ser muy típico engarzar una moneda grande de plata y hacerse con ella un llavero. Típicamente eran duros de plata, monedas de 100 pesetas de Franco e incluso alguna vez duros extranjeros. Yo no he visto a nadie llevar un anillo de esos, pero los he visto en mercadillos (tanto los llaveros vacíos como con moneda) y en alguna web. Un ejemplo de estos últimos es el que está justo arriba, que lo vende la numismática Borrás.

En relación con esto, una vez en un mercadillo le asaltó a Enrique un chatarrero plus ofreciéndole un duro de 1871 fatalmente conservado y engarzado en un llavero como si fuera una joya (de hecho, dijo varias veces que aquello era una joya). Haciendo un gran esfuerzo de honradez, el chatarrero le ofreció el llavero por 40 euros, un precio de amigos, vaya… a Enrique lo que más le costaba era contenerse la risa.

De nuevo hay que tenerlo claro: tener una moneda en un anillo, llavero o similar reduce su valor numismático a cero en la inmensa mayoría de los casos. Así que sólo lo recomendaría hacer con piezas más que comunes y mal conservadas. Por otra parte si se tiene uno de estos procedentes de nuestros antepasados, pues se puede guardar, pero teniendo claro que no tiene especial valor económico.

Antes de finalizar tengo que decir que me da muchísima pena cuando veo monedas en subastas que sean raras y que están anilladas, perforadas, engarzadas, soldadas… siempre pienso en si la persona que lo hizo sería consciente de lo que estaba haciendo. En algunos casos extremos se llega a que una pieza sea única y esté agujereada; de éstas se vio alguna en la subasta Caballero de las Yndias. Más normales, pero igualmente destrozadas, son las dos últimas monedas que ilustran la entrada, ambas pertenecientes a la subasta del 26 de mayo de Aureo.

La entrada de hoy es un poquito peliaguda, puesto que seguramente pondré el dedo en la llaga de más de uno. Ya se ha dicho que el paso más importante para tasar una moneda es saber valorarla, y desde luego ese es el más difícil de todos los pasos. Los más nuevos suelen tener bastante con distinguir entre MBC, EBC y SC. Además, suelen tender a sobrevalorar las monedas, especialmente las suyas propias. Es normal, nos ha pasado a todos.

Pero según se va metiendo uno en más harina, hay que saber valorar bien las piezas y saber distinguir un SC de un SC-, ya se vio que las monedas sin circular pueden tener diferentes calidades. Pues bien, hoy aportaré más datos para apoyar esta opinión, esperando que sirva tanto a nuevos como a coleccionistas con mayor solera.

Tomaremos una moneda que conozco bien: la peseta de Franco de 1947 (19-56). En la pasada subasta de Marti Hervera y Soler y Llach se subastaron dos piezas de ese tipo, una en estado EBC+ y otra en estado SC. La primera alcanzó los 250 euros, mientras que la segunda se remató en 1150, y ambas ilustran esta entrada. Por otra parte, esa misma casa de subastas remató el 15 de mayo de 2010 una pieza del mismo año y misma estrella en SC- por 650 euros.

Lo primero que hay que hacer es tomar estos datos con cuidado, puesto que el precio de una moneda es muy volátil y si las volviésemos a subastar hoy mismo podríamos tener resultados muy diferentes. No obstante, se puede observar clarísimamente que existe una enorme diferencia de precio entre una moneda en mejor que excelente calidad (digna de las mejores colecciones) y una perfectamente sin circular. Ni más ni menos que 4,6 veces más. Lo más divertido de todo es que estas valoraciones son subjetivas, y para lo que unos es un EBC+ para otros puede ser un SC-, a pesar de que ambos sean profesionales. Esa es la quintaesencia del crack-out game.

Ahora bien, ¿qué pasa si compras como SC lo que es EBC+? (recordemos que la diferencia es muy sutil y que no todas las casas de subastas tasan igual). Pues lo que ocurre es que has perdido ni más ni menos que unos 900 euros. Ahí es nada. ¿Qué pasa si compras una pieza tasada como EBC+ pero que en tu opinión está en SC-? Pues que quizá te hayas ahorrado unas pelas.

Vemos aquí que hay mucho dinero en juego que se puede ir por cuestión de detalles. Por eso recomendaría no meterse en monedas de este calibre si no se sabe tasar bien las monedas. Y aunque se sepa, hay vendedores profesionales que se siguen equivocando, así que la cuestión no debe ser sencilla.

Por cierto, a mí esto me pasa parecido con el vino. Siempre digo que distingo perfectamente un vino malo de uno regular y de uno bueno, pero que soy incapaz de distinguir el bueno del buenísimo. Por eso no bebo vino que cueste a 300 euros la botella, no distingo la diferencia con una botella de 40 euros. Bueno, siendo sinceros… tampoco bebo botellas de 300 euros porque no me da la economía…

En España los contenedores de monedas de los que ya se ha hablado no son demasiado populares, pero en otros países como Estados Unidos muchas de las piezas raras que circulan lo hacen dentro de ellos. Ya dijimos que una de las reglas más importantes al comprar una moneda en un contenedor es valorar la propia moneda, y no fiarse exclusivamente de lo que indique el contenedor (si bien puede ser orientativo). Esa misma cuestión la remarca Susan Headley en su blog, ya no sólo porque pueda haber discrepancias con NGC, sino porque también hay contenedores de NGC falsos, como anunció la propia NGC.

Pero esas falsificaciones no son las que centran el interés de este artículo, sino la forma de aumentar la valoración de las monedas gracias al “CRACK-OUT GAME” (algo así como “el juego de romper y sacar”) que tan bien explica Scott A. Travers en este artículo. La idea es simple: se compra una moneda en un contenedor, pero nuestro ojo experto nos dice que dicha moneda podría estar mejor valorada, así que se envía de nuevo a NGC (o a PGCS, lo mismo da) para que la vuelva a evaluar y, si sale mejor evaluada, se vende con un precio acorde a la nueva tasación. ¡menuda maravilla!


Evidentemente este juego no merecerá la pena para monedas baratas o en las que un pequeño aumento de su calidad no suponga un gran aumento de precio. Pero ya se indicó que hay monedas cuyo precio puede variar significativamente aún estando sin circular, dependiendo de su acuñación, del brillo que tengan o de las impurezas que puedan presentar. Tal es el caso de la moneda que se presenta más arriba: 20 dólares de 1883 en calidad MS-62. Esta moneda fue vendida en icollector.com por $1460, pero podría haberse pedido por ella cinco veces más de estar en una catalogación MS-63 (y no digamos si estuviera en MS 64). Pero claro, la diferencia entre ambas graduaciones es tan sútil que cualquier tasador profesional podría llegar a dudar. En ese caso, si se sospecha que la moneda pudiese ser evaluada como MS-63 podría ser un buen negocio comprarla, sacarla del estuche y volverla a mandar a evaluar.

Claro está que todo negocio tiene sus riesgos, si no todos seríamos millonarios. Nos pueden pasar varias cosas, a cada cual ás atroz: la primera es que nos dejen la moneda con la misma numeración, de forma que perderíamos el dinero que cuesta tasarla. La segunda es que nos devuelvan la moneda con menor numeración, en cuyo caso además de haber pagado tendremos que vender la moneda más barata (o volver a mandarla a evaluar). La tercera es que la moneda resulte ser falsa o esté trucada y en la primera tasación no se hayan dado cuenta, así que no sólo habríamos perdido el precio de la tasación, sino que también nos hubiéramos quedado sin moneda. Se ve que hay que saber mucho para jugar a este juego.

No obstante, y ya como último apunte, las casas de NGC y de PCGS tienen servicios de re-evaluación.

En el caso de NGC se indica que: “Coins will be removed from their holder[s] only if they can be graded at the same or higher than your specified minimum grade[s]. You may not request a higher minimum grade than is on the current holder.” Fuente.

En el caso de PGCS: “We will grade the [coin] and put [it] in a PCGS holder only if the PCGS grade meets or exceeds the other grading company’s grade (unless specifically instructed differently by you). You cannot specify a higher minimum grade. If the PCGS grade is lower than the other grading company’s grade, we will return the coin to you in the original holder. You will be charged the full grading fee even if your coin does not cross.” Fuente.

A mí esto me parece echarle jeta al asunto y ponerlo fácil a los jugadores del “crack-out game”, lo cual no es de extrañar cuando son las mismas casas de tasación las primeras beneficiadas del juego. Resulta que se puede enviar las monedas en un contenedor y en caso de que la tasación sea menor te devuelven el contenedor que tenían (eso sí, la tasación te la siguen cobrando), y si es mayor te lo cambian. De esta forma se reducen riesgos, aunque de acuerdo con Travers suele salir más rentable mandar las monedas sin contenedores, porque es raro que re-evalúen de verdad las piezas que se envían.

Comprar monedas caras sin verlas físicamente siempre entraña cierto riesgo, porque la valoración de la misma sólo podrá ser aproximada. Así pues, muchas veces nos vemos obligados a confiar en la valoración de quien nos vende la moneda, que muchas veces no dice toda la verdad (ya dijimos que todo el mundo miente), o valorar nosotros la pieza con la foto que se nos proporcione. Esta segunda opción también puede ser peligrosa, porque la foto puede estar hecha por el vendedor con la malicia suficiente como para ocultar ciertos detalles que reduzcan el valor de la pieza. Y no olvidemos que, cuando se habla de monedas caras, una pequeña variación en su calidad puede producir una gran importante variación en su precio.

Por eso, voy a dedicar esta entrada a la valoración de monedas a partir de imágenes. Para ello, me baso totalmente en est post que escribió el usuario bruceswar en el foro de Collector Society. Así pues, a partir de ahora, en esta entrada mi papel es poco más que el de un traductor.

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Fotografiar monedas es una de las cosas más difíciles, si no la más difícil a hacer en la numismática. Por cada 50 personas que saben valorar monedas, no hay más de 2 que hayan aprendido a fotografiarlas correctamente. Los que lo han intentado ya saben lo difícil que es hacer buenas fotografías. El problema es que muchos vendedores de eBay, u otros que venden por Internet, no tienen la paciencia de aprender a hacer buenas fotos. Lo mismo se puede decir de algunas casas de subastas que manejan mucho material y no tienen tiempo ni personal cualificado para hacer buenas fotografías.

Vamos a ver unas cuantas fotografías, todas ellas obtenidas de subastas de eBay:

Aquí se ve una imagen de una moneda en un contenedor NGC con una catalogación de sin circular. Pero al comprarla nos tenemos que fiar única y exclusivamente de la valoración de NGC porque ¿qué se puede decir de la moneda?. No se aprecia si tiene brillo, ni si tiene arañazos pequeños, ni golpecitos. Nótese que la valoración es MS-62, no MS-65. Al comprar esta moneda, estamos comprando la cápsula, no la pieza, lo cual es un error que se advierte hasta en las propias preguntas frecuentas de NGC. Desde luego no sería una buena compra, ni tampoco una compra barata.

En esta moneda se muestra que hay gran detalle, pero ¿y el brillo?. ¿Qué está pasando?. Esta moneda o bien ha sido limpiada, o no tiene brillo o tiene restos de brillo o es una combinación de los casos anteriores.

Esto parece un Morgan Dollar estupendo. Pero si leemos la descripción resulta que el vendedor indica que tiene 100 monedas como ésta y que se recibirá una en iguales condiciones. ¡Pero bueno!. Está claro que esa política ahorra mucho tiempo al vendedor, pero el comprador no sabe qué adquirirá. Compra a ciegas.

Esta moneda se ve estupenda: con muchísimo detalle, brillo y una tonalidad preciosa, se diría una moneda en Proof. Esta es la moneda que si la quieres, y tienes el dinero suficiente para pagarla, deberías comprarla. De todas formas, al comprar una moneda de semejante magnitud (su precio puede andar por los $ 6.000), hay que tener en cuenta que siempre hay cierto riesgo al valorar las monedas a través de fotografías.

Esta pieza estaba valorada por el vendedor como MS-65 (lo cual indica que tiene todo su brillo original), pero ¿dónde está el brillo?. Aquí no hay nada de brillo, a lo mucho podría ser un MS-62. Además, presenta ciertas marquitas que la harían desbancarse de las monedas sin circular. Desde luego no es una compra fiable.

Esta es una pieza fotografiada por el propio autor del artículo original, donde intenta mostrar todos los detalles y características de la misma.

Aprender a valorar monedas a través de sus fotografías no es nada sencillo y podría dar para un discurso de muchas horas. Hay tantísimos detallen en los que hay que fijarse para valorar bien una pieza y que una fotografía puede esconder que hace que muchas monedas parezcan muy buenas y luego no lo sean. Claro, que eso no sólo es malo para el comprador, sino también para el vendedor, porque los compradores tendrán incertidumbre y eso siempre hace que el precio baje.

Con todo, se podrían destacar unas pequeñas y simples reglas para valorar monedas a través de sus imágenes:

1. – Si la fotografía no es buena para poder juzgar la moneda, pasa de ella. Ya tendrás más ocasiones de hacerte con esa pieza. Esto no deja de ser otra forma de decir que Ante la duda, es preferible perder una buena compra que verte engañado.

2. – Si la moneda es lo suficientemente buena como para poder valorarla, que no te importe si está encapsulada o no. Esto no deja de ser otra forma de decir que compres la moneda, no la cápsula.

3. – Estate seguro de que en la moneda que cobres no hay arañazos, manchas, graffitis…

4. – Mira en mano tantas monedas como puedas.

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A esto añado que en el blog NumisNati Natalia nos habla de un libro dedicado a la fotografía numismática. Yo no lo he leído, pero suena muy interesante y no es caro. Pulsa en la imagen para ir a Amazon a por él.

Para hoy tenemos una de las variantes numismáticas más famosas y conocidas del último siglo en España: la famosa variante UNA-LIBRE-GRANDE de las 50 pesetas de 1957 (58). Si es famosa esta variante no es porque haya muchas, sino más bien por todo lo contrario, es una moneda que escasea, y por eso mismo todo el mundo habla de ella: porque la andan buscando.

Las monedas de 50 pesetas de Franco tenían el famoso lema franquista “UNA GRANDE LIBRE” grabado en el canto (¿os dais cuenta de que cuanto más abstractos son los lemas de un régimen, más dictatorial es?). La cuestión es que una pequeña proporción de las monedas de 50 pesetas de 1957 con estrella 58 (de las que se acuñaron tres millones en total) presentan la extraña variante de tener el lema al revés, de forma que se lee “UNA LIBRE GRANDE”.

Se cuenta que fue una cajera de supermercado la primera en observar el error y que posteriormente los coleccionistas empezaron a buscar esas monedas como quien busca una aguja en un pajar. No sé si esto será cierto, pero lo que se puede asegurar es que hasta que no estuvieron las monedas en circulación no se percataron del error, lo que hace que todas las monedas de estas variantes hayan sido “encontradas”. Ya dijimos que, en otros casos, los mayoristas adquirieron directamente lotes de variantes. Además, que fuesen pocas y que se tuvieran que encontrar haciendo “trabajo de campo” hace que sean rarísimas las monedas de estas características sin circular.

Yo tengo la suerte de tener una moneda como esta, además en una conservación extraordinaria, con parte de brillo original. Es la que se ve en las fotos. Su precio está, según los Hermanos Guerra, en 450 euros, 900 euros y 1400 euros para MBC, EBC y S/C. Según Cayón sus precios son 200 euros para EBC y 370 para S/C. Que yo sepa, la última pieza con esta variante en subasta pública fue en Aureo en la subasta del 2 de julio de 2009. Esa pieza estaba valorada como MBC- y su precio de salida era de 250 euros, aunque en la subasta alcanzó los 550 euros. Ya dije que no era una pieza barata.

Una de las características que más se nota a los que empiezan a coleccionar monedas es que para valorar una pieza lo primero que hacen es mirar las estrellas y después mirar por encima el resto de la moneda para considerarla MBC (Muy Buena Conservación), EBC (Excelente Buena Conservación) ó SC (Sin Circular). Así pues, una moneda si está en calidad SC está perfecta, la guarda en su colección y se olvida: ya tiene el hueco cubierto para siempre jamás.

Desgraciadamente esto no es tan sencillo, puesto que entre dos monedas del mismo tipo que no hayan circulado puede haber diferencias significativas que las hagan más o menos valiosas. Estas características pueden ser el tener una pátina bonita, la aparición de óxido, el que sea una variante más o menos clara… con tiempo y una caña intentaremos ir abordando todas ellas. En este post nos centraremos en la calidad de acuñación de la moneda.

Dentro de las monedas sin circular se suelen distinguir dos tipos “especiales” de piezas: PROOF y Flor de Cuño (FDC). Las piezas PROOF se caracterizan porque se limpia el cuño cada vez que se acuña un moneda, por lo que se aseguran que la acuñación de la moneda es perfecta. Históricamente estas monedas se imprimían para controlar la calidad del cuño o para proporcionar las pruebas donde se viese perfectamente las características de la moneda. Hoy en día, sin embargo, se utilizan sobre todo para hacer moneda conmemorativa para coleccionistas. Generalmente las monedas proof tienen la imagen en mate y el fondo en brillo, consiguiendo un efecto muy bonito. La diferencia entre una proof y una sin circular se aprecia bien en la siguiente imagen, que toma como ejemplo 1 lev búlgaro (fuente).

En la numismática de los últimos años, las monedas Proof se han reservado para estuches o carteras. Las hay que son muy baratas (como las carteras de 1977) y las hay más caras, aunque todas ellas con un precio moderado. Sin embargo, hay otras monedas que realmente se hicieron como prueba de acuñación, y no pensando en los coleccionistas, cuyo precio puede llegar a ser muy alto. Un ejemplo sería la moneda de 25 céntimos de 1937 acuñada en Viena. En calidad SC es muy barata, pero en calidad Proof es rarísima.

Por otra parte, las monedas FDC son, al menos teóricamente, la primera moneda que acuña cada cuño particular. Entonces, como el cuño no está nada desgastado, la acuñación es muy fuerte y se ven todos los relieves nítidos. Pero cuidado, que una moneda esté bien acuñada no significa que sea FDC, lo que pasa es que eso es muy típico: decir al comprador que es FDC cuando realmente es una acuñación fuerte (también llamado SC+).

Luego hay monedas cuya acuñación es mejor o peor, y eso depende básicamente de la calidad del cuño y del estado del mismo. Si con un mismo cuño se hacen miles de monedas, éste se va desgastando y las que acuñe al final tendrán peor calidad que las del principio. Los detalles son menos nítidos y se tiene menos relieve, esto hace que el valor de la moneda descienda. Otra cuestión es que el cuño se rompa, en cuyo caso hay excesos de metal por la moneda que pueden considerarse errores por rotura de cuño (v.g. oreja rayada, quinta pata, cero partido… ya los iremos viendo).

En las monedas actuales la acuñación casi siempre es muy buena debido a que la FNMT cuenta con buenas máquinas. Sin embargo, no mucho tiempo atrás esto no era así y es muy típico que las monedas de Franco (y especialmente las pesetas), estando sin circular, tengan una acuñación bastante floja.

Como muestra un botón: la primera de estas pesetas de 1963 (19-67) estuvo ofrecida por la subastas de Marti Hervera y Soler y Llach del próximo 5 de noviembre. Su precio de salida es de 35 euros. La siguiente moneda es del mismo tipo y se la he ofrecido a un amigo (por cierto, tengo más). Ambas están sin circular, pero la diferencia es evidente.

Un último apunte muy curioso es el duro de 1978 con la variante “globo crucífero”, también llamado “Duro Alemán”. En esas épocas España emitió mucha moneda, y parte de ella fue acuñada en Alemania, aunque se hizo con la ceca de la M coronada de Madrid. Los alemanes contaban por aquél entonces con una maquinaria mucho mejor que la española, y por eso la acuñación de las monedas alemanas fue mucho mejor que las españolas. Concretamente, en el duro de 1878, en una bolita que aparece encima de la corona debería haber una cruz; pero esa cruz sólo se aprecia en las monedas acuñadas en Alemania por tener mejor calidad de acuñación. De esta forma, ese detalle permite identificar la procedencia de la moneda y hace que la pieza valga más (aquí se estima en 14 euros).

En una entrada anterior se explica una serie de pasos generales sobre cómo tasar monedas, y se prometió una entrada que indicase por qué las tasaciones deben cobrarse. Básicamente hay dos motivos para ello: es un trabajo, y como tal debe valorarse y remunerarse; debe suponer un compromiso, y nadie se compromete gratis.

Mareo – Iman Maleki

El primer punto parece bastante obvio: tasar bien unas monedas suele llevar bastante tiempo, sobre todo si son monedas antiguas y raras. Un buen tasador no debería decir “esto costará unos 500 euros”, sino “una moneda del mismo tipo y semejante calidad fue vendida en X subasta, Y día por 527 euros; por ello, sería razonable pedir por ella entre 520 y 560 euros”.

El segundo punto es el más difícil de explicar, pero es el más importante: una tasación debe poner en compromiso al tasador, de forma que no pueda dar un precio ni muy alto ni muy bajo. Para ello, lo típico es que el vendedor cobre un porcentaje acordado (suele ser un 4% o así) del precio total de la tasación, pero el cliente se reserva el derecho de que, una vez indicado el precio, el tasador le compra las monedas por un porcentaje menos del valor tasado (generalmente un 20%). De esta forma, si unas monedas se tasan por 1000 euros, el vendedor cobrará 40 o las comprará por 800; de esta forma no puede hinchar los precios (perdería dinero en caso de tener que comprarlas) ni podrá minusvalorar las piezas (perdería dinero en caso de no comprarlas). Es muy triste decirlo, pero sólo se tasan bien las propiedades cuando es nuestro dinero el que está en juego, algo que saben bien los subasteros profesionales (como quien tiene este blog).

Con todo esto, quiero indicar la idea de que si no os veis capaces de tasar vuestras propias monedas, id a alguien que las valore adecuadamente (pros y contras se discuten en este foro). Ya he visto algunos casos de gente que pierde bastante dinero (o buenas oportunidades de venta) por creerse que sus monedas valen el doble de lo que realmente cuestan, fiándose de un amigo que supuestamente sabía del tema.

Saber tasar las monedas es para un numismático como dibujar a un pintor: una cualidad básica; por eso la tratamos con bastante detalle en el blog. Hoy voy a comentar en esta entrada los cuatro pasos básicos de una tasación. La idea es que queden claros para que después haya más entradas que detallen cada uno de ellos.

Así pues, para tasar una moneda hay que seguir los siguientes pasos:

Identificar la moneda. Obviamente es lo primero que se debe hacer, y para ello lo mejor es contar con una buena colección de catálogos especializados. Ya se ha comentado que los catálogos no son buenos consejeros para tasar las monedas, pero sí para identificarlas, sobre todo si son catálogos especializados, sobre los que ya se hablará. También es cierto que muchas de las monedas que no será necesario este paso para muchas de las monedas que caigan en nuestras manos, puesto que si conocemos el tipo de monedas deberíamos ser capaces de identificarlas a simple vista. Por cierto, en el foro de identificación numismática hay usuarios que de forma gratuita ofrecen sus conocimientos para identificar monedas (de ese foro está sacado el dirham almohade anonimo que ilustra esta entrada).

Comprobar errores. Una vez identificada, hay que observar bien la pieza para ver si presenta algún tipo de error o variante. De nuevo se pone de manifiesto que hay que conocerse las variantes numismáticas, así como tener buen ojo y experiencia en detectar errores de exceso de metal, cuños rotos u otros. Si son monedas antiguas también habrá que comprobar su peso y fijarse bien en los detalles para asegurarse de que la moneda no es falsa.

Valorar la moneda. Para mí ésta es la etapa más difícil, la más delicada y la más polémica. Hay que saber valorar bien una moneda para poder compararla con otras y determinar con certeza su calidad. No vale auto-engañarse, porque todos tendemos a sobreestimar nuestras monedas; hay que ser sinceros y fijarse bien en todos los detalles, puesto que tasar una moneda en EBC+ o en SC puede hacer que doble el precio. Por supuesto, también hay que tener en cuenta la calidad de acuñación, el que esté más o menos centrada (en caso de ser antigua), si ha sido o no limpiada, si ha estado colgada, si presenta manchas de óxido, si tiene brillo original, cómo está la pátina…

Creo que un buen ejercicio es ver las monedas que se subastan en Aureo & Calicó o en Marti Hervera y Soler y Llach e intentar determinar (sin haberlo visto antes) la calidad de las monedas. Claro está que no es lo mismo ver una imagen en grande que mirar una monedita con lupa, pero ya es una ayuda.

Poner precio a la moneda. Quizá este sea el paso más sencillo si se han hecho bien los anteriores. Para ello no hay más que encontrar una subasta en la que se haya vendido una moneda del mismo tipo de la que tenemos y con una calidad semejante. Para ello, de nuevo hay que tener una buena colección de catálogos de subastas (ya dijimos que no valen los catálogos que venden en las numismáticas) e irlos mirando hasta que encontremos la moneda que buscamos. Si no la encontramos se puede buscar una moneda semejante en cuanto a rareza (fiándonos delos catálogos convencionales) y de una calidad muy similar.

Otro buen ejercicio para este último paso es ver las monedas que se subastan en Aureo & Calicó o en Marti Hervera y Soler y Llach e intentar adivinar el precio en el que van a acabar.

Está claro que estos cuatro pasos no se hacen en cinco minutos, y además hay que entender del tema para hacerlos. Ese es uno de los motivos por los que, en mi opinión, no se deben tasar monedas gratuitamente; aunque explicar el por qué dará pie a otra entrada.

La entrada de hoy simplemente pretende presentar los contenedores NGC, y no hacer un estudio detallado de los mismos porque llevaría muchísimo tiempo y espacio, ya que hay muchas referencias en la Web sobre ellos.

Estos contenedores son, básicamente, un cacho de plástico en el que una empresa envuelve nuestras monedas previo pago, indiando su identidad y la valoración de la misma. La empresa en cuestión es Numismatic Guaranty Corporation of America (NGC), una empresa especializada en la identificación y la valoración numismática con un recorrido más que loable. Lo que hacen, previo pago, es encapsular cada moneda, indicando su tipo y calidad. Un ejemplo se ve en la imagen, sacada de la propia web de NGC.

En este foro se cuentan hasta 19 variantes de contenedores NGC. A mí los que más me gustan son los que te dejan ver el canto de la pieza, como el de la imagen. A.C. Dwyer’s opina lo mismo que yo según indica aquí y aquí. Desgraciadamente, todos los que tengo ocultan el canto de la moneda, pero bueno, ¿qué se le va a hacer?

De todo lo que hay escrito sobre estos contenedores, creo que lo único fundamental de leer son las preguntas frecuentes de la propia NGC. Ahí se indican bastantes cuestiones, pero la más importante de todas es el lema “Compra la moneda, no compres el contenedor“. Con esto quieren decir que a la hora de comprar una moneda que esté dentro de un contenedor NGC no hay que fiarse de lo que ponga en el contenedor, sino que hay que mirar bien la moneda. Los motivos que se me ocurren son los siguientes:

– Hay veces que NGC tiene errores. De hecho, he visto varias veces en eBay monedas en venta con el contenedor de NGC indicando que es otra moneda (concretamente confundiendo 5 céntimos de 1953 con 10 céntimos de 1953).

– Aún estando la moneda en el contenedor puede haber sufrido algún proceso de oxidación del que NGC no se hace responsable.

– Puede haber una diferencia en los criterios de evaluar la moneda, tal y como la propia NGC advierte. En general, mi opinión es que NGC valora las monedas de forma muy alegre, y mi opinión suele considerar la moneda en peor estado del que pone en el contenedor. Un ejemplo claro se tuvo en la subasta de Marti Hervera y Soler y Llach del 5 de noviembre de 2009, donde se subastaba la moneda que se observa más abajo. Esta pieza fue catalogada por NGC omo AU55 (lo cual sería un EBC+) y sin embargo los tasadores de la subasta la consideraron como EBC-/EBC.

Finalmente, hay gente que no es feliz teniendo sus monedas en contenedores, seguramente porque prefieran meterlas en álbumes. Así que se han desarrollado métodos para abrirlos, tal y como se explica en los siguientes vídeos.

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