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Para hoy tenemos una de las variantes numismáticas más famosas y conocidas del último siglo en España: la famosa variante UNA-LIBRE-GRANDE de las 50 pesetas de 1957 (58). Si es famosa esta variante no es porque haya muchas, sino más bien por todo lo contrario, es una moneda que escasea, y por eso mismo todo el mundo habla de ella: porque la andan buscando.

Las monedas de 50 pesetas de Franco tenían el famoso lema franquista “UNA GRANDE LIBRE” grabado en el canto (¿os dais cuenta de que cuanto más abstractos son los lemas de un régimen, más dictatorial es?). La cuestión es que una pequeña proporción de las monedas de 50 pesetas de 1957 con estrella 58 (de las que se acuñaron tres millones en total) presentan la extraña variante de tener el lema al revés, de forma que se lee “UNA LIBRE GRANDE”.

Se cuenta que fue una cajera de supermercado la primera en observar el error y que posteriormente los coleccionistas empezaron a buscar esas monedas como quien busca una aguja en un pajar. No sé si esto será cierto, pero lo que se puede asegurar es que hasta que no estuvieron las monedas en circulación no se percataron del error, lo que hace que todas las monedas de estas variantes hayan sido “encontradas”. Ya dijimos que, en otros casos, los mayoristas adquirieron directamente lotes de variantes. Además, que fuesen pocas y que se tuvieran que encontrar haciendo “trabajo de campo” hace que sean rarísimas las monedas de estas características sin circular.

Yo tengo la suerte de tener una moneda como esta, además en una conservación extraordinaria, con parte de brillo original. Es la que se ve en las fotos. Su precio está, según los Hermanos Guerra, en 450 euros, 900 euros y 1400 euros para MBC, EBC y S/C. Según Cayón sus precios son 200 euros para EBC y 370 para S/C. Que yo sepa, la última pieza con esta variante en subasta pública fue en Aureo en la subasta del 2 de julio de 2009. Esa pieza estaba valorada como MBC- y su precio de salida era de 250 euros, aunque en la subasta alcanzó los 550 euros. Ya dije que no era una pieza barata.

Ya se ha dicho en el blog que si yo pudiera pedir un deseo, éste sería poder producir cosas que la gente coleccionase, porque así tendrán un valor artificial que yo podría aprovechar para obtener grandes beneficios. Esta idea es la base de algunas empresas, como Panini, esa que hace cromos que todo niño que se precia habrá coleccionado alguna vez. Pero hay otras empresas que de vez en cuando sacan colecciones a cada cuál más estúpida y cuyo fin no es más que sacar los cuartos a la gente para obtener algo que, en cuanto lo tienes, pierde todo su valor y se pudre en el fondo de un cajón. Lo malo es que hay veces que esas colecciones son de monedas, y hay gente que confunde las colecciones de los kioskos con la numismática.

Tengo un par de ejemplos en mi casa de esas colecciones, que me han llegado al comprar lotes y que no he sido capaz de vender ni por dos euros. Un ejemplo se ve en la siguiente imagen, y es una moneda de la colección “30 ligas 30 monedas”, que el diario Marca dedicó al Real Madrid. Cada una de estas moneditas costaban 3,95 euros, así que el coste total de la colección serían 118,5 euros más lo que cuestan los periódicos. ¡Ahí es nada!. Concretamente, la moneda de la imagen parece dedicada a un tal Ramón Grosso, que en paz descanse, y del que nunca había oído hablar hasta ahora.

Más cutre todavía me parece la colección “Historia de la Peseta” que el Correo de Bilbao lanzó cuando se cambió de la peseta al euro. Se tratan de 15 monedas, supuestamente en plata de 1ª ley, que “sólo” costaban 4,95 euros cada una. La imagen de abajo muestra dicha colección. La calidad de la imitación me parece insultante, sería algo así como publicar una imitación de un cuadro de Velázquez hecha con Microsoft Paint. Por otra parte, el deterioro de las piezas es increíble: sólo han pasado ocho años y están todas oxidadas y estropeadas, y eso que no han estado en ningún lugar especialmente húmedo. La última de las imágenes de la entrada muestra la imitación de la peseta de 1869 sin sacar de su envoltorio y una vez sacada y transcurridos ocho años. ¿Y dice usted que eso es plata de primera ley?

La reflexión más importante al respecto es la siguiente: por el precio que cuesta esa colección cualquiera se podría haber hecho con las pesetas originales en calidad sin circular (las posteriores a 1936) y BC/BC+ (las anteriores a 1936). No obstante, como bien dice un amigo mío: cada cual gasta su tiempo y su dinero en lo que le da la gana.

Por cierto, la web numisma.org ha considerado este más al presente blog como la mejor web dedicada a la numismática. Muchas gracias, vuestro reconocimiento me anima a seguir.

El coleccionista de monedas tiene un perfil claro: es un hombre de mediana o avanzada edad. No es que quiera ser excluyente, pero es lo que hay. Mi experiencia me dice que ese colectivo abarca al menos el 80% de los aficionados y profesionales a la numismática. Por suerte yo no he entrado (todavía) en él. Sin embargo, la entrada de hoy va dirigida a un público totalmente opuesto: los niños.

Los niños son un público olvidado por dos motivos: no representan un mercado y tenemos la falsa creencia de que si coleccionan monedas es porque sus padres les obligan. Si bien el primer motivo es cierto, ya que los niños no manejan el suficiente dinero como para poderles vender muchas cosas, el segundo motivo no lo es, y yo mismo he tenido varias experiencias con niños a los que les han llamado la atención, por cuenta propia, las monedas.

Un día mi prima (la preciosa niña que se ve en el cuadro de Guzmán Capel en la imagen de arriba) vio que andaba con mi colección de monedas y me preguntó qué estaba haciendo. Cuando le dije que tenía una colección ella se puso a mi lado entusiasmada, creyendo que iba a sacar cromos o algo así. Por eso su primera reacción fue de desilusión, pero enseguida se le pasó, en cuanto vio que aquel álbum tenía monedas de hace más de 100 años, grandes, pequeñas y de diferentes metales. Le encantaron las monedas de plata (como a mí) y también las más antiguas. Luego le empecé a contar historias sobre los reyes que aparecían en las monedas: Felipe III, Felipe IV, Carlos III, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII… y resulta que Alfonso XIII fue rey cuando era un bebé, ¿te imaginas? ¡era más pequeño que tú y ya era rey! ¿a que molaría ser reina?

Pero allí no acabó la cosa. Después saqué un puñado de monedas del mundo que tenía para vender, las puse encima de la mesa y empezamos a averiguar de qué país procedía cada moneda. Luego, con un mapa, descubrimos dónde estaba cada país. Francia e Italia ya los conocía, pero de Lituania, Yemen o Paraguay no había oído ni hablar. Ese día los dos lo pasamos muy bien y aprendimos un montón de cosas. Además, ella se ganó a pulso unas 20 ó 30 monedas que enseñó con orgullo a su madre.

Está claro que la numismática, al igual que muchas otras cosas, puede convertirse en una buen material para desarrollar una actividad de aprendizaje informal. Ya lo decía el gran Benito Pérez Galdós en la novela Miau, donde Ramón Villaamil regala a su nieto una colección de sellos y éste tiene un entusiasmo semejante al de mi prima con las monedas. Se ve que los niños del siglo XIX y los del siglo XXI no son tan diferentes.

A los niños les da igual si una moneda tiene una estrella u otra, o si es la variante tal o cual, pero representan pedacitos de historía que sirven de excusa para transportarles a lugares y tiempos lejanos. De hecho, hay múltiples museos que hacen visitas guiadas para niños o contienen material específico para explicar a los niños la historia de la numismática. Ejemplos: uno, dos, tres y cuatro.

Pero ¿y el que ellos se hagan su propia colección?

Tampoco hay ningún problema en ello, tal y como explica Jennifer Knight en su artículo Young numismatics. Es de sentido común que los niños no deben coleccionar monedas caras y que deben tomárselo como una diversión, al igual que coleccionarían cromos o pegatinas. Además, no es nada caro: cien monedas del mundo diferentes pueden costar unos diez euros, si cada fin de semana el niño recibe cinco monedas para clasificarlas y coleccionarlas, a los padres les sale más barato que una bolsa de pipas.

Pero no hay que engañarse, lo normal es que pasados unos meses o unos años lo acaben dejando, pero algo habrán aprendido y puede que cuando sean adultos lo retomen. De hecho, muy posiblemente yo nunca hubiera coleccionado monedas si no fuera porque “ayudaba” a mi padre a coleccionarlas cuando era pequeño.

Las variantes y los errores numismáticos son un auténtico pozo sin fondo para muchos coleccionistas. No para mí: yo no los colecciono, y tampoco es que sea un experto en el tema, aunque tengo que reconocer que es un mundo apasionante por la cantidad de piezas únicas que hay. Intentaré proporcionar literatura que verse sobre los errores numismáticos, pero hoy sólo voy a comentar la historia de una moneda particular: las 25 pesetas de 1995 de “Castilla León”.

Según publica Benjamín Muñiz esta variante se debe a un error de diseño que llegó a ser publicado en el Boletín Oficial del Estado, indicando que las monedas de 25 pesetas del año 1995, con motivo de la comunidad castellano-leonesa tendrían la leyenda “Castilla León”. Según esta cita, el partido Unión del Pueblo Leonés recurrió la fabricación de la moneda por considerar que separa dos regiones dentro de una misma Comunidad Autónoma. Así pues, en el BOE se derogó la orden anterior y se emitieron casi 222 millones de monedas de cinco duros, pero esta vez con la leyenda “Castilla y León”.

La cuestión es que algunas de las primeras monedas que acuñaron (sin la “y”) se les escaparon y tengo entendido que llegaron a bancos de Sevilla y de Lugo, pasando así a la circulación. Fue entonces, según pude leer en el Foro Anverso, cuando las numismáticas pidieron que se les proporcionaran monedas de este estilo para poderlas vender como rarezas y sacarse así un pastizal. Sin embargo, la ley ya estaba derogada para entonces y no se les pudo proporcionar dichas monedas. Por eso, Pardo no deja un hueco en sus álbumes para este pieza, puesto que de haberlo hecho sin duda esta variante valdría (al menos) cuatro veces más de lo que vale ahora. Aquí van fotos de ambas variantes de la moneda, la segunda sacada de mi colección particular.

Mucho ojo al comprar esta moneda, puesto que hay muchas falsas en circulación en las que han borrado la “y” de forma artificial. No es una moneda muy difícil de detectar su autenticidad, sobre todo si estásin circular. El truco está en mirar donde debería estar la “y” y ver si ahí no hay arañazos o raspones. Si los hay, malo. Si la moneda está sin circular y en esa zona se detecta brillo original de la moneda, es buena señal de que no ha sido manipulada.

En cuanto a su cotización, en el catálogo de los Hermanos Guerra de 2005 la estiman en 135 euros, en el de Cayón de ese mismo año en 60. En la Subasta de Soler y Martí Hervera del 14 de mayo de este año se vendió una pieza por 60 euros.

En la actualización anterior indiqué que hay diversos tipos de colecciones y que no es una decisión trivial seleccionar un conjunto de monedas para coleccionarlas. También prometí que indicaría qué colecciono y por qué.

Bueno, pues mi colección está dedicada al CENTERNARIO DE LA PESETA. Algo más que típico en España, por otro lado. Los motivos son los siguientes:

– Es un periodo que me gusta. Por las pesetas pasaron dos repúblicas, cuatro reyes y un dictador. Esto sin contar las Guerras Carlista, las pruebas numismáticas de distinta índole y monedas de necesidad durante la Guerra Civil.

– Mucha gente lo colecciona, y eso es muy bueno porque hay mercado. Es decir, si alguna vez me veo obligado a vender mi colección no será difícil encontrar quién me la compre. Y si no tengo más remedio que venderla de un día para otro, un numismático profesional serio me haría una buena oferta porque sabe que no le costará mucho venderla.

– Al coleccionar pesetas me especializo en ellas, y como hay un mercado importante puedo sacar rédito a mi conocimiento. Esto no significa que no compre ni venda monedas más allá del Centenario de la Peseta, pero mi especialidad es esa. Conocer en toda su profundidad los morabetinos almorávides es muy interesante (y muy difícil), pero seguramente reporte menos beneficios que unos conocimientos medios sobre las pesetas.

– Es relativamente frecuente encontrar conocidos que tienen monedas de sus abuelos y, aunque rara vez sale algo bueno, hay veces que te sorprenden.

– Encontrar monedas buenas no es difícil, sólo hay que mirar las subastas públicas.

– La mayoría de sus piezas acaban revalorizándose.

– Su variación de precios hace que la colección ni sea fustrante ni sea aburrida. Tener una colección completa no es demasiado caro, pero sí lo es mejorar algunas piezas. De esta forma la colección va mejorando lentamente (si lo hiciera muy rápido perdería el interés en ella), aunque siempre habrá monedas inalcanzables, como las 100 pesetas de 1870 que se muestran aquí abajo: si alguien las quiere el precio de salida son 90.000 euros en la próxima subasta de Aureo.

Ojo, con esto no digo que lo mejor sea coleccionar monedas de pesetas. Teniendo en cuenta mi situación económica, mis gustos personales y el tiempo que quiero dedicar a la numismática, es lo que yo hago, pero eso no significa que sea lo mejor para todo el mundo. De hecho, si me tocase la lotería quizá empezaría a coleccionar monedas medievales castellanas. Pero como nunca juego a la lotería es difícil que me toque 🙂

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