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La palabra ‘óxido’ es quizá la más temida por todos los coleccionistas numismáticos. Que te salga óxido en una moneda o descubrir que lo que acabas de comprar tiene óxido chafa la tarde a cualquiera, y en algunos casos echa a perder lo que se supone que había sido una buena inversión numismática. De hecho, es común que los numismáticos lo llamen “cáncer” porque sale, es casi imparable y acaba destrozando la moneda (es muy curioso cómo muchos términos médicos se utilizan como metáforas en la vida diaria). En el foro de identificación numismática se ha hablado mucho sobre el óxido y sobre cómo limpiarlo si sale. No obstante, hay veces que no es posible porque son necesarios procesos químicos que acabarían destrozando la moneda del todo.

Uno de los casos en los que no es posible limpiar las monedas es si éstas son de aluminio, al ser éste un material tan malo que al someterle a cualquier proceso químico se destrozaría. Y da la casualidad de que las monedas de aluminio de Franco son muy propensas a tener óxido. ¡Fíjese usted qué faena! Por eso, hay que tener muchísimo ojo cuando se compran monedas de 5 y 10 céntimos de Franco, así como con las carteras y tiras PROOF.

La moneda superior es una de 50 céntimos de 1966 estrella 74 en calidad PROOF y tiene muchísimo óxido, se ve a simple vista. Al menos se le ve la estrella, por lo que algo de valor tiene. Concretamente, ésta pieza la vendí yo mismo por la mitad del precio que la hubiese vendido en caso de no tener óxido.

Esta otra moneda también tiene óxido, aunque a simple vista no se vea. Para ello hay que mirar bien el canto, la tercera cara de la moneda que siempre debe ser examinada. Ahí se observa que la moneda tiene óxido, que antes o después se acabará comiendo la pieza.

Hay que tener mucho ojo con el óxido en estas piezas porque harán que las carteras que hayamos comprado valgan bastante menos. Si es para tener en nuestra colección, es preferible rascarse el bolsillo y comprar monedas sin óxido. De hecho, Susan Headly considera comprar monedas con óxido como una de las cinco peores inversiones numismáticas. También hay que tener en cuenta, todo hay que decirlo, que la inmensa mayoría de las carteras de Franco tienen óxido (excepto las del 75, no sé por qué), y encontrarse un juego de las cuatro carteras limpias de óxido es verdaderamente difícil, de hecho, encontrarse una cartera que no sea la del 75 con los aluminios limpios no es nada fácil. También es común que las casas de subastas indiquen si las carteras tienen óxido o no, aunque no siempre lo hacen.

Pero una vez que tenemos nuestras carteras inmaculadas hay que hacer algo para que no salga óxido en ellas. Lo mejor es guardarlas en un lugar sin mucha humedad y meter los aluminios en unos cartoncillos, tal y como se muestra en la imagen de abajo.

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Evidentemente, no es recomendable comprar ninguna moneda de estas en eBay o a distancia si no se ha podido analizar una buena foto de la pieza en cuestión.

Finalmente, hay que añadir que en este hilo del foro de identificación numismática un usuario preguntó qué hacer con unas monedas de aluminio con óxido que acabab de comprar. Podéis ver las respuestas que le han dado: mala solución.

Éste es la segunda entrada dedicada a las TIC en la numismática. En la primera, que se puede ver aquí, comentaba mi opinión de la escasa introducción de la tecnología en las numismáticas españolas. Pero lo que no se ha dicho es para qué quieren las numismáticas utilizar las TIC. Si el negocio iba bien sin utilizar la Web ¿por qué se ha de utilizar ahora?

Algunos nos llevamos las manos a la cabeza cada vez que escuchamos semejante argumento, pero hay que tener claro que hasta que el empresario no vea una ventaja clara en el uso de una nueva tecnología no la utilizará. Yo aquí no estoy para convencer a nadie, ¡faltaría más! simplemente voy a comentar las ventajas que veo en el uso de las TIC y las dificultades que se me ocurren para su adopción. Vuelvo a decir, como ya dije antes,  que mis palabras se deben tomar con cuidado porque un estudio serio sobre el tema llevaría meses de trabajo por parte de alguien mucho más versado que yo en temas empresariales.

Empezamos por las ventajas del uso de las TIC:

–  La primera ventaja, y quizá la más evidente, es el acceso a nuevos compradores y vendedores. Internet es un medio de comunicación excepcional y se puede publicar un anuncio de venta de unas monedas y que lo vean cientos de personas de todo el mundo. Esto es totalmente inviable sin utilizar Internet.

– Otra ventaja, relacionada con la anterior, es que se  puede acceder de forma sencilla al mercado internacional. Se puede vivir en un pueblo perdido en la meseta castellana y vender monedas en el mercado ruso. Claro, que para eso hay que ser un especialista en monedas rusas y hay que saber tratar con los coleccionistas ex-soviéticos. Y eso no es fácil.

– El acceso a gran cantidad de información también es una ventaja evidente. Desde un despacho se puede acceder a casas de subastas de todo el mundo, e incluso a los históricos de sus remates. Esa información es valiosísima si se sabe procesar.

Pero claro, ya me dirán los profesionales que a ellos hace veinte años ya les llegaban catálogos de decenas de subastas, que eso no es un avance. La respuesta es que ahora no hay que ser un profesional para tener acceso a esa información y que es de esperar que no se tarde mucho en tener un acceso más eficiente a la información de las subastas numismáticas.

Hoy en día el acceso a la información en la Web es un problema. Es decir, que aunque hay muchísima información sobre multitud de temas, tiene que ser un humano quien la lea, la comprenda y relacione la información de diferentes fuentes. Hay diferentes propuestas para superar esta carencia, entre ellas la Web Semántica. La idea es que se pueda componer información de diferentes fuentes de forma automática. En mi opinión no se tardará demasiado en poder crear una aplicación a la que se le indique una moneda (o incluso con una foto quizá valdría) y sea capaz de indicarte cuántas veces se ha subastado en los últimos años, qué calidad tenían y qué precio han alcanzado. Igualmente, podrán indicarte de forma automática qué vendedores profesionales tienen esa moneda en venta, a qué precio, opiniones sobre los vendedores, reseñas históricas de la moneda…

– Finalmente, otra de la ventajas importantes que considero es que se pueden gestionar los contactos de un comerciante. Uno de los aspectos que hace que un profesional gane dinero es que conoce a mucha gente interesada en comprar y vender monedas, haciendo él de intermediario entre ellos. Esto no deja de ser un proceso de gestión de información, el que saca pasta es el que si le ofrecen una moneda por 50 conoce a alguien que le paga por ella 70.

Bueno, pues ¿por qué no utilizar las TIC para dar soporte a esa gestión de información? Se podría tener una base de datos con una descripción de los clientes de forma que si me llega cierta moneda pueda tener de forma instantánea la lista de clientes potencialmente interesados en ella.

Pero la cuestión de fondo no es simplemente ser capaces de utilizar estas aplicaciones (aunque sin duda utilizarlas ya es en sí mismo un avance) sino modificar el modelo de negocio de la numismática  con base a las posibilidades que brida la tecnología. Eso es mucho más complicado, sin duda alguna.

Los inconvenientes que se me ocurren para la inclusión de la tecnología en el negocio numismático son las siguientes:

– Es un mercado formado fundamentalmente por PYMES. Esto hace que no haya empresas grandes que sean capaces de tirardel carro haciendo inversiones millonarias en tecnología.

–  Es un mercado pequeño, donde no hay un gran número de empresas, lo que hace que no sea viable que una empresa de desarrollo de software se dedique en exclusiva a vender productos a empresas numismáticas. Esta cuestión junto con la anterior hacen que muchas veces sea más interesante reutilizar software que no está diseñado específicamente para la numismática y utilizarlo con fines numismáticos.

El comprador que adquiere productos a través de Internet es diferente al que los adquiere en una tienda física. Son (o somos) gente mucho menos impulsiva, que analiza el mercado antes y generalmente sólo compra lo que necesita. Solemos reprimir mucho más nuestros impulsos de compra, y eso hace que los vendedores tengan que ajustar más sus precios. Además, a través de la Web no “se siente la moneda en la mano”. Es decir, que no la tienes físicamente, no dices “¡Qué preciosidad!” a la vez que el profesional te está comiendo la oreja para que la compres diciéndote que es rarísima o que es la oportunidad de tu vida. Por otro lado, ya se dijo que es más complicado valorar las monedas a través de fotografías.

–  La última gran barrera que veo, y la más grande también, es la obsolescencia tecnológica de la mayor parte de la gente en el mundillo de la numismática. Ya se ha comentado que el perfil típico de los aficionados a la numismática es de hombres de mediana o avanzada edad. Pocos somos los jóvenes en este mundillo y es más que sabido por todos que somos los jóvenes los que nos desenvolvemos como pez en el agua por la red.

No se puede generalizar, pero es un hecho que para mucha gente de edad avanzada la Web es un mundo hostil y casi desconocido. Esto redunda en que hay una gran parte de los aficionados y profesionales a la numismática que tienen ciertas dificultades para usar las TIC. El profesional debe demostrar al cliente que es un profesional, como bien decía Pedro, y la forma de hacerlo es tener una conversación con él y demostrar que se sabe más (igual que los verdaderamente entendidos en los mercadillos). Quizá a los más acostumbrados a la Web nos convenzan de la sabiduría de alguien el hecho de que haya escrito algún artículo revisado sobre el tema o que sea el editor de algún libro. No nos hace falta hablar con nadie, simplemente ves su Web y ya ves de qué pie cojea.

Ídem al tratar con los clientes, no es necesario ver a una persona cara a cara para poder sacar todo su perfil psicológico y saber qué le puedes vender y a qué precio. Yo mismo he tratado a través de la Web (sobre todo en foros) con cientos, diría miles, de personas. Leo un párrafo escrito por cualquiera y ya sé dónde catalogarlo.

Con todo esto quiero decir que somos cada vez más la gente capaces de comunicarnos a través de la Web con tanta naturalidad como cara a cara, pero ese perfil de gente no es el perfil del aficionado a la numismática. Además, el simple hecho de ser joven ya es una desventaja en este mundo: los profesionales suelen decir una y otra vez que ellos llevan más de treinta años en la profesión, y eso se considera un valor añadido muy importante, mucho más que ser una persona joven con gran agilidad de ideas. Eso también es una barrera importante.

Bueno, pues con esto yo creo que ya está todo dicho por mi parte. Ahora que cada cual saque las conclusiones que quiera y que se siga el debate en los comentarios. Por supuesto, si alguien se anima a montar una numismática con base tecnológica que nos lo haga saber 🙂

Las monedas de las imágenes pertenecen a la subasta de Aureo y Calicó . Las cinco primeras son de los Reyes Católicos y se tratan de un real, ocho reales, dos dobles excelentes y un cuádruple excelente. La última moneda es una de 8 reales acuñada en Méjico en 1760. Se remataron por 125, 1300, 1850, 1510, 2100 y 290 euros respectivamente.

Llevaba un tiempo dando vueltas a escribir una entrada dedicada a la adopción (o mejor, la falta de adopción) de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las empresas numismática, y el comentario de Pedro, junto con el siguiente debate en este hilo me ha animado a hacerlo pronto. Como va a dar para bastante, y para no cansar en exceso, lo dividiré en dos entradas. La de hoy la dedico a echar un vistazo a las características de la numismática y cómo algunos empresarios utilizan las TIC en este mundo. Evidentemente, mis comentarios hay que tomarlos con cuidado: esto no es más que una pequeña reflexión, no es un plan de empresa ni mucho menos. Un estudio serio sobre la materia supondrían meses de trabajo dedicado.

Lo primero que hay que decir, y en eso me imagino que estemos todos de acuerdo, es que la Web ha cambiado el mundo y lo seguirá cambiando en los próximos años. Miles de kilómetros, que hasta hace poco eran una distancia insalvable ahora están a distancia de un gesto con la mano; es posible comunicarse con millones de personas en todo el mundo; es posible acceder a tal cantidad de información que no podemos absorber ni la millonésima de la millonésima parte; es posible publicar información de forma gratuita y que te lean cientos de usuarios a diario…

Pero la Web no sólo ha supuesto un cambio tecnológico, sino también un cambio cultural sin precedentes. Hay gente, como yo, que usamos los ordenadores para trabajar y para el ocio, de forma que entre una cosa y otra pasamos tanto tiempo delante de una pantalla como fuera de ella. Somos una generación para la que comunicarnos a través de Internet es tan natural como hacerlo cara a cara; sin ir más lejos, muchísimas veces mando un correo electrónico para dar un recado a gente que veo a diario.

Todos estos cambios tecnológicos y culturales dan lugar a cambios en los modelos de negocio que ya han conseguido transformar totalmente y de manera irreversible muchas industrias. El mejor ejemplo y el más cercano es la industria discográfica, y otra que se transformará radicalmente en los próximos años es la comercialización de libros, gracias a los libros electrónicos (por mucho que el Ministerio de Cultura se empeñe en poner puertas al campo). También han aparecido empresas radicalmente nuevas, que no eran imaginables hace pocas décadas y que han supuesto beneficios para unos y pérdidas para otros de auténticas millonadas: eBay, Facebook, Terra, Google, WordPress

Pero esto no significa que adoptar las TIC en una empresa sea una cuestión sencilla. No hace falta más que hacer una pequeña búsqueda para darse cuenta de la cantidad de barreras que hay para introducir las TIC en las PYMES. Como la inmensa mayoría de las empresas numismáticas son PYMES, o incluso microPYMES,  pues conseguir que se adapten a las TIC no se hace en una tarde.

Pero, a todo esto ¿Es realmente conveniente que las numismáticas utilicen las TIC? ¿tiene sentido un cambio en el modelo de negocio? ¿es más lo que se gana que lo que se pierde? Pues mi opinión es que sí, pero la opinión de otros es que no. A ver si entre esta entrada y la siguiente sacamos suficiente discusión como para llegar a alguna conclusión.

Lo primero que hay que hacer es diferenciar entre las numismáticas. A groso modo las dividiría en dos, dependiendo de los clientes en los que se centra: en el primer grupo estarían las numismáticas que venden moneda actual (euros, conmemorativas, países extranjeros) a precio de catálogo a pequeños coleccionistas; en el segundo grupo entrarían las que se dedican a la venta de moneda antigua a coleccionistas más avanzados. Evidentemente, el perfil de cliente al que acceden es totalmente diferente y eso hace que sus empresas difieran muchísimo.

Mi opinión es que las numismáticas que entran en el primer grupo van a desaparecer de las calles casi en su totalidad. Se dedican a vender a gente que no conoce el mercado, ni accede a la Web para conocerlo, y hacen pequeñas compras. También dan de vez en cuando el palo a algún cliente incauto. Este modelo de negocio está abocado a la extinción porque ¿qué ventaja tiene para el cliente comprar una moneda conmemorativa en la numismática del barrio en vez de comprarla a mitad de precio en una Web? Creo que esta cuestión está clara, pero lo interesante son aquéllos numismáticos que venden moneda antigua, la cual no es tan fácilmente comparable.

Los numismáticos que venden moneda antigua son gente que conoce muy bien el mercado y conoce muy bien a los clientes. Sabe qué quiere cada uno y sabe cuánto está dispuesto a pagar, así que sacará de cada uno lo máximo que pueda. La venta es totalmente personalizada, el trato también y el comportamiento también. No es lo mismo que les vaya un joven que cobra unos mil euros y está empezando una colección de duros de plata que si va un cliente de toda la vida que tiene bastante dinero y cuenta con una buena colección de sestercios. A cada uno habrá que hablarle y aconsejarle de una manera, y siempre en beneficio del numismático.

Hay algunos numismáticos de este estilo que directamente no quieren saber nada de la Web, y te dicen hasta con cierto orgullo que ellos no trabajan por Internet pero que van a muchas convenciones. Yo realmente me quedo sorprendido con este tipo de comentarios, es como si un general de la Segunda Guerra Mundial hubiera armado con mosquetes a sus tropas porque no le gustan las nuevas tecnologías. De hecho, visitar la web de la Asociación Española de Numismáticos Profesionales (AENP) es desolador, tanto por la web en sí como si se ve la lista de numismáticos y se descubre que muchos de ellos ni siquiera tienen correo electrónico. ¡Madre mía! En cualquier caso, todo hay que decirlo, hay muchos numismáticos que se han apuntado a vender por eBay, si bien suelen poner ahí sus piezas más baratas por motivos que ya se han comentado. También algunos tienen una página web, como ésta o ésta, pero se pasan meses sin actualizarlas por lo que supongo que mucha importancia no les darán.

En otras palabras, se puede ver que hoy en día hay numismáticos que no  hacen uso para nada de la Web en sus negocios y otros que, aunque sí lo hacen, no es algo nuclear en su empresa, sino un medio de comunicación más. Una más que digna excepción es Pulifil, donde se mantiene un blog que se actualiza cada poco y de esa forma se atrae a posibles compradores, digo yo.

Las imágenes que ilustran la entrada son todas macedonias y están tomadas de la subasta de Helios Numismatik del próximo 25 de junio. Se tratan de un estátero de oro de Philipo II,  un tetradragma de Philipo II, un tetradragma de Alejandro III y un estátero de oro de Alejandro III. Salen por 4500, 3000, 600 y 1500 euros respectivamente, por si alguien se anima…

Antes de ayer me escribió un tipo interesado en dos duros que tengo en eBay. Se tratan de dos duros de plata, un 1882/1 (variante) y un 1893 PGV. El amigo me escribe lo siguiente:

HOLA,MUY BUENAS.LE COMPRO LAS DOS MONEDAS DE 5 PESETAS POR 18 EUROS.A PARTE DE LOS GASTOS DE ENVIO QUE SERIAN DE 6,50 EUROS.SI, ENVIO CERTIFICADO URGENTE.SERIA EL TOTAL DE 24,50 EUROS.SI LE INTERESA MI OFERTA DIGAME DONDE DEBO DE HACER LA TRANSFERENCIA QUE HOY MISMO SIN DUDARLO LA LLEVARIA A CABO.TIENE QUE TENER EN CUENTA DEL ESTADO DE LAS MONEDAS,YA QUE UNA NO SE LEE LAS ESTRELLAS Y A PARTE ESTAN CON RAYADAS Y ALGUN GOLPE QUE OTRO.ESPERO RESPUESTA.MUCHAS GRACIAS POR PERDER SU TIEMPO EN LEER ESTE SMS.GRACIAS DE NUEVO Y SALUD.

Para enmarcarlo ¿eh? Menudo hoygan

Le digo que va listo si pretende que le venda dos de los duros más difíciles de El Centenario por menos de su peso en plata. También le invité a visitar esta entrada y esta otra.  A lo que el tipo me responde:

HOLA LA PLATA ESTÁ A 8,68 EUROS LA ONZA.UNA ONZA =31,1 GRAMOS.ESTAS MONEDAS TIENEN 25 GRAMOS CADA UNA.NO ES QUE VAYA DE LISTO NI MUCHO MENOS.SOLO LE INFORMO DE MI SABIDURIA EN EL TEMA.MI INTENCION TAMPOCO ES OFENDERLE NI BURLARME DE USTED.NO LO PIENSE.NO ME GUSTAN LOS MALOS ROLLOS.ME CONSIDERO MUY LEGAL Y ONESTO.SOLO LE HE OFRECIDO DE LO QUE YO ENTIENDO.NO ENTIENDO DE CARTALOGOS NI DE MAS.POR QUE EL CATALOGO ES UN PRECIO Y LA REALIDAD DE HOY POR HOY,ES OTRA.SI NO ES MUCHA MOLESTIA,CUANTO PIDE POR LAS DOS???GRACIAS DE NUEVO POR PERDER SU TIEMPO EN LEER ESTE SMS.(SIN MALOS ROLLOS, DE VERDAD)SALUD.

Creo que me he encontrado pocas veces en mi vida a gente que haga tan explícita su ignorancia como este tipo, y encima para querer engañarme. En primer lugar porque no sabe escribir, escribe con mayúsculas, sin espacios, sin tildes, deletreando mal y sin ser ni siquiera capaz  de estructurar correctamente una sentencia. Lo de no saber escribir es, desde mi punto de vista, una lacra social. No es que tengamos que ser todos literatos, y nadie está libre de que se le escape alguna falta, pero no ser capaz de escribir de forma comprensible es el mayor exponente de la ignorancia. Además de que semejante forma de redactar me parece una mala educación, un descuido o desprecio total hacia tu lector. Algo así como si te presentas a alguien y en vez de darle la mano le haces partícipe del olor de tus flatulencias.

Y dicho esto, vamos al tema numismático:

Este es el típico chaval que va en busca de chollos para vender más caro. Seguramente tenga menos de veinte años y quiera sacarse unos cuartos vendiendo monedas. Para lo cual habrá dedicado una tarde a leer algunas páginas sobre numismática y creerá que sabe lo suficiente como para hacer negocios en el mundo numismático.

Muy mal. Para este asunto hace falta dedicar tiempo, y bastante, del orden de años. Si no, lo normal es que te salga mal el asunto y no hagas más que perder pelas por pasarte de listo. Es como en la serie de Los Soprano, donde hay varios personajes jóvenes que quieren hacer pelas rápidamente y acaban con una bala entre ceja y ceja a las primeras de turno. Además, no hay que ser avaricioso y querer sacar un 1000% de beneficio por cada pieza que se venda, en torno a un 15-20% ya está bien, y muchas veces se saca menos.

Resulta que luego indagué al tipo y tenía una tienda en eBay (no pongo la dirección por motivos evidentes).   En ella vendía un montón de monedas, centenares, a unos precios desorbitados. Por ejemplo, una peseta de 1903 en estado BC+ por 35 euros o tres cobres de Fernando VII en calidad BC-/BC por 120 euros. He incluso había muchos casos en los que ni siquiera sabía lo que estaba vendiendo. Ponía varias veces “moneda antigua para catalogar”, tratándose de falsificaciones (eran más que evidentes) de monedas romanas. He incluso una la anunciaba como “un maravedí de plata” (!!), cuando realmente estaba vendiendo un real.

Me fijé en sus votos y descubrí que no había vendido ni una sola moneda. Normal, a esos precios y con esas calidades… realmente lo único que había hecho era perder un montón de tiempo subiendo cientos de fotos a eBay y también dinero, porque los anuncios y la tienda no son gratis.

Como conclusión se puede sacar una lectura de esto: Internet permite comunicarte con millones de personas en  todo el mundo, pero eso no es suficiente para poder venderles monedas y sacar un beneficio. Hace veinte años el mero hecho de poder llegar a cierta gente ya era un valor añadido de unos comerciantes frente a otros; la numismática de Palencia ponía los precios que quisiera porque la gente no iba a comprar monedas a Madrid y en Palencia sólo había una numismática. Hoy ese valor añadido se ha reducido muchísimo (para mi lo extraño es que no se haya anulado por completo) por lo que hoy más que nunca se prima el conocimiento sobre el mercado en el que te metes, ya sea numismático o de otro tipo. Es decir, que nadie se crea que sólo por tener una conexión a Internet se puede sacar unas pelas en el mundillo numismático porque eso no es así. Hace falta conocer el mercado, y eso no se hace en una tarde.

Parece que ha gustado mi última entrada en la que comento un poco los tipos que nos podemos encontrar delante de los mostradores en los mercadillos de cualquier plaza. Hoy toca hacer lo propio con lo que nos podemos encontrar detrás de los mostradores, aunque la clasificación es más difícil. Pero bueno, vamos a intentarlo que para eso estamos. Voy de los que menos confianza me suscitan a los que más:

El chatarrero: esto son gente que tienen desplegada una manta con diez mil cosas que se han encontrado en contenedores y escombreras. Hay desde una muñeca sin cabeza hasta una caja llena de clavos usados. No hay nada que sirva para nada, pero sorprendentemente siempre hay gente alrededor preguntando por el precio de un ítem oxidado. Muchas veces entre tanta chatarra tienen una bolsa con monedas de cobre o aluminio. Nunca he perdido ni veinte segundos en mirarlas.

El chatarrero plus: es como el anterior pero más simpático. Si te ve pasar te pregunta que si andas buscando algo, y cuando le dices que monedas te enseña la bolsa roñosa que tiene. Le dices que no te interesa, que vas a por monedas mejores y entonces te dice que te acerques, que tiene unas piezas buenísimas que las compró en una convención y que como le hace falta el dinero te las deja por sólo 1.200 euros (verídico, a mí me ha pasado). Evidentemente lo mejor es salir corriendo.

El que engaña y limpia: estos son los elementos que más detesto porque su negocio se basa en engañar a los aficionados que no tienen mucha idea y que cuando descubren que se han dejado una pasta en monedas falsas o limpiadas, agarran asco a la numismática y dejan la afición. Suele ser gente que tiene monedas romanas clarísimamente falsas y monedas de El Centenario limpiadas que cuelan como si estuvieran en SC. Su estrategia es como la de tantos vendedores de eBay: es tan evidente que estas monedas son falsas que si no te das cuenta es que no tienes ni idea, por lo que te voy a sacar los cuartos.

El carero:  tiene moneda decente pero unos precios de escándalo. Ves piezas que tú vendes por 40 euros que las ha puesto en 110 con la esperanza de que, después de un regateo, la pueda vender en 80 euros. Miras sus piezas y cuando te dice que si te interesa algo le saltas “a estos precios evidentemente no”, lo que suele venir acompañado de un “pues no son nada caras, es que tú no entiendes y no sabes apreciarlas”, seguido de un intento de humillarte para hacer creer a los demás compradores que no les intenta engañar. Un día dedicaré una entrada a estos pendejos.

El no chorizo:  en esta categoría caen muchísimos. Es más que sabido que en los mercadillos hay que tener mucho cuidado porque muchos de los vendedores, de una forma u otra, intentan engañar. Bueno, pues al 80% de los comerciantes de un mercadillo les oirás decir “aquí casi todos son unos ladrones, yo soy el más honrado de la plaza”. Cada vez que oigo eso ya me ando con cuidado con ese tipo.

El entendido y envidiado:  este es un subgrupo del anterior. Es un tipo que espera a que le digas qué coleccionas para soltarte que él es el profesional más especializado en ese tema en toda España. Suena ridículo y poco humilde, pero así te lo salta. Da igual que digas que coleccionas euros, que moneda de Franco, que americanas… como si le dices que te dedicas a las botellas de gaseosa: él es que más entiende. Además, después de esa te suele soltar que a él le envidia toda la plaza (que por cierto, casi todos son unos chorizos) y no le envidian por lo guapo que es, sino por lo mucho que entiende de monedas y lo bien que le va el negocio.

Los fantasmas: ésta es la versión profesional de los falsamente entendidos. Intentan ser uno de los del último grupo sin serlo y te saltan unas fantasmadas que no se las creen ni ellos. Por ejemplo, yo pregunté por dos pesetas de 1947 en calidad SC a un tipo y me saltó que tenía 17 cartuchos de cada una de ellas (por si alguien no se hace a la idea, esos cartuchos costarían en torno a 100.000 euros).

El aficionado: no entraría dentro de la categoría de profesionales por motivos obvios, pero es un aficionado que se ha llevado sus monedas, una mesa e intenta cambiarlas o venderlas. Poner una mesa en un mercadillo es barato (y a veces se ponen sin permiso del ayuntamiento) y suelen ser gente que intenta sacarse cuatro duros sin mucho margen de beneficio. Lo malo es que rara vez tienen piezas decentes.

El de las monedas contemporáneas: son gente que van a por los que están a la última, y sólo a por ellos (es increíble que haya los suficientes aficionados de ese estilo como para alimentar a tantos profesionales así). Tienen euros de un montón de países, algunas conmemorativas y quizá moneda del Rey o billetes del mundo, pero no le preguntes por nada más. No saben ni lo que es un sestercio, ni al precio que está el oro ni quién era Carlos III. Se dedican a vender monedas como quien vende botones: el mayorista se los vende a un precio y ellos lo venden al precio de catálogo o un 10% más barato. Me sorprende cómo puede haber profesionales de la numismática que no tengan ni tan siquiera una cultura general del tema histórico.

Moneda buena y precios algo elevados: esto no es lo mismo que el de “el caro”. Simplemente es gente que tiene moneda de calidad, pero los precios están entre un 20 y un 30% más caros de lo normal (y no un 200%). Generalmente lo hacen porque dan por supuesto que van a intentar regatearles. Si son buena gente la valoración de la moneda es apropiada, es decir, que pondrán como EBC+ lo que realmente es EBC+, y no un MBC+, cosa típica del que intenta engañar al principiante. Lo mejor con ellos es coger una moneda y decirles “me interesa, ¿por cuánto me la dejas?”, y si se lo dices serio y ven que tus intenciones no son el regateo, entonces te darán un precio razonable.

El precio justo: son gente que tiene monedas decentes pero que no permiten ni regatear un euro, lo cual a mí me encanta. El precio que pone suele ser muy ajustado y hay veces que se encuentra con ellos monedas interesantes a precios más que razonables (vamos, que dejándote un margen de beneficio). Si pone 32 euros no intentes sacársela por 30 porque no te la venderá. A mí me parece una política excelente e intento seguirla yo mismo.

El verdadero profesional: estos no suelen abundar. Son gente que tienen buenas piezas y son profesionales que manejan mucha pasta, aunque también suele ser normal que tengan algunas piezas más baratas o moneda actual. Si están en el mercadillo no es para hacer dinero de forma directa, de hecho suelen vender muy poco, pero les compensa porque así les conoce gente. Es muy normal que cuando alguien empieza vaya a los mercadillos, y ya se dan a conocer a esos aficionados. Al cabo de unos años, unos pocos de esos aficionados son gente que se podrá dejar 1000 euros en una moneda, y eso es lo que más les interesa a ellos. Es decir, que para ellos el mercadillo no es más que una forma de hacer contactos.

Las imágenes se corresponden a piezas que se subastarán en la próxima subasta de Nudelman Numismatica el próximo 6 de junio. Son todas monedas Húngaras, a mí me gustan especialmente las medievales, con el rey que parece que está listo para saltar al combate. Se tratan de  tres Goldgulden, uno de 1446, otro de 1532 y otro de 1555 y dos taler, uno de 1779 y otro de 1853, respectivamente.

Los mercadillos que se montan los domingos en la mayoría de las ciudades españolas son puntos de encuentro para coleccionistas a la numismática y la filatelia. Es cierto que hoy en día las nuevas hornadas de coleccionistas, entre los cuales me incluyo, preferimos comunicarnos por medios telemáticos, pero hasta hace poco ir a mercadillos era la única manera de contactar con otros coleccionistas o profesionales. Si todavía siguen existiendo es debido a que se consideran actividades de interés histórico, pero lo normal es que a medio plazo vayan desapareciendo y sólo queden en las ciudades grandes. Esto se debe a la aparición de Internet y a la presión por parte de Hacienda (que no recauda prácticamente nada de la pasta que ahí se mueve) y de algunos numismáticos profesionales (lo consideran competencia desleal).

Yo no voy muy a menudo a los mercadillos, más que nada porque no vivo en una capital suficientemente grande como para que se monte uno suficientemente jugoso. No obstante, alguna vez me acerco a Valladolid y cuando coincide que estoy en Madrid un domingo, suelo aprovechar a ir a la Plaza Mayor. Lo más importante cuando se va a un mercadillo, yo ya iba avisado, es no hacerse demasiadas ilusiones con lo que se va a encontrar ahí, porque lo normal es que de cada veinte vendedores merezca la pena uno. Un mercadillo es algo así como un “eBay en directo”.  Ahí hay gente de todo tipo, y muchos de ellos sin más interés que el de vender chatarra lo más cara que puedan.

Así pues, por cuestión jocosa, aunque alguna conclusión seguro que se puede sacar, voy a intentar describir brevemente los personajes típico que uno se puede encontrar en un mercadillo. Como si de las películas Stagecoach o Ko to tamo peva (ambas muy recomendadas, ya de paso) se tratase. Hoy me centro en los aficionados, para otro día comentaré los vendedores. Vamos de menos a más interés numismático:

Los chorizos. Estos son los profesionales del hurto, generalmente conocidos por la policía porque han pasado 35 veces por el calabozo pero siempre han salido porque no han hecho “nada grave”. Puede que intenten robar la cartera a los aficionados o una moneda cara, o incluso un álbum entero a algún vendedor.

Los turistas. En Madrid nunca faltan turistas que vienen al mercadillo a ver el jaleo que se prepara. Es algo muy normal que también hago yo si me sobra tiempo en una ciudad extranjera. Hay veces que incluso compran algo, generalmente chapas o pequeñas medallas, más como recuerdo que otra cosa.

Los que se han encontrado una moneda. Generalmente son gente que tienen monedas en casa y les ha dado por venderlas, a pesar de no tener ni idea de numismática. Lo más normal es que sean chatarra de Franco o, en el mejor de los casos, monedas sin especial valor numismático. Suelen ir de tenderete en tenderete hasta que se dan cuenta de que realmente sus monedas no valen nada, momento en el que se van para casa. Alguna vez resulta que llevan una pieza buena o un pequeño lote y se las compran muy baratas. Es lo que tiene no entender. Hay algunos que incluso no llevan la moneda como tal “por miedo a que se la roben”, y piden una tasación a partir de una foto o una descripción verbal. Evidentemente, los vendedores les dicen algo como esto.

Los coleccionistas compulsivos. Son gente que compran un montón de cosas (que no vale ninguna para nada) con el único objetivo de llegar a casa a ordenarlas en un álbum. Lo mismo compran un taco de 300 calendarios que los boletos de Lotería Nacional de 1963. Algunos coleccionan monedas o sellos con semejante valor.

Los  desactualizados. Son los que tiene una modesta colección que va aumentando poco a poco, pero que carece de conocimientos numismáticos, y va con su catálogo de los hermanos de Zaragoza, con los precios todavía en pesetas, buscando monedas a precio de catálogo. (Esta categoría la ha dejado Antonio en un comentario)

Los que están a la última. Encajan bastante bien con el Caso A de los obsesionados con la numismática. Suelen coleccionar euros y están muy atentos a las últimas novedades. Sinceramente, yo no pensaba que hubiera tanta gente así hasta que fui a Madrid.

Los pesados. Son gente con la que no me gusta tratarme demasiado. Son ultradesconfiados y súper indecisos. Cogen una moneda que les ofreces por 6 euros y empiezan a mirarla, a re-mirarla, a volverla a mirar, a fijarse en cada detallito sin hacer más que quejarse… después te saltan que es que está muy desgastada, y claro, les dices que por eso vale 6 euros, que si estuviera en proof costaría 1500. Te empiezan a poner pegas, diciéndote que no se ve muy nítido no sé qué detalle, y que no sé qué otro puede haber sido modificado. En compensación te piden que les dejes la moneda en 5 euros, y tú, que ya llevas media hora perdida por una moneda a la que no sacas ni medio euro, le dices que no, que vale 6 y es buen precio y ya está. Finalmente el tipo se va sin comprar la moneda pero habiendo disfrutado el tiempo que a ti te ha hecho perder.

Los falsamente entendidos. Estos aparecen cuando se forma una conversación entre aficionados. Son gente que habla, y habla mucho, sin saber muy bien ni qué dice ni por qué lo dice. Tienden a despreciar unas monedas (que suelen ser las que llevan otros) y considerar como rarísimas otras (que suelen ser las que llevan ellos). Te cuentan unas historias de compras o ventas que han hecho o han dejado de hacer que no se las creen ni ellos, pero como se piensan que tú sí que te lo crees, pues aumentan su ego. Ellos quisieran ser del tipo siguiente, pero no pueden. ¿Qué se le va a hacer?

Los realmente entendidos. Estos son los más raros, porque entendidos no hay demasiados. Son gente que ya ha entrado en años y por cuyas manos han pasado cientos de monedas que valen miles de euros. Aunque no son profesionales saben mucho y quiere que se les note. Entran en cualquier conversación como si fueran un marqués, con cierta prepotencia y vestidos de forma impoluta con alguna joya que ya vale más que todo lo que lleva encima el resto de participantes en la conversación. Si tienes moneda buena y la vendes barata, él te la compra. Si quieres moneda buena, él te la vende cara. Quiere que se note que él es que más sabe del asunto y el que más pelas tiene, por eso desviará la conversación hacia cualquier tema que él controle, para poderte decir lo que quiera sin que puedas tener capacidad de réplica (yo he llegado a ver a uno de estos dar una especie de clase magistral sobre los procesos de fundición de la industria metalúrgica, simplemente para que se note que entiende). Hace explícito quién es el líder.

Las imágenes se corresponden con monedas subastadas el día 20 de abril en la casa de Marti Hervera y Soler y Llach. Son las que más me han gustado de cuantas se han subastado. Se tratan de un sestercio de Adriano con la alegoría de Hispania, una dobla de 35 maravedís de Pedro I, 20 pesetas de la ocupación napoleónica de Cataluña, 20 reales de José Bonaparte y 2 pesetas de Alfonso XIII.

Hace tiempo que tenía ganas de escribir una entrada dedicada a la necesidad de tener una buena bibliografía, y de tanto esperar Carlos se me ha adelantado con una muy buena reflexión en su blog. En cualquier caso, haré yo la mía propia, aunque recomiendo encarecidamente leer con calma la entrada de Carlos.

Hay un dicho entre los numismáticos anglosajones que dice “buy the book before the coin” (compra el libro antes que la moneda). Este dicho, que casi se considera un axioma, aparece desde en libro “Coin collecting for dummies”, hasta foros más especializados y webs varias sobre numismática. Yo no lo consideré explícitamente como uno de los consejillos para principiantes porque creo que quedó bastante explícito que hay que conocer bien las monedas antes de comprarlas. En efecto, ese es el consejo que hay detrás del axioma.

Una de las diferencias fundamentales y evidentes entre un buen aficionado a la numismática y un principiante, es que el buen coleccionista conoce bien las monedas que compra: conoce sus fechas, sus cecas, los ensayadores, los detalles en los que hay que fijarse, el precio de mercado y cuánto debe pagar por ellas. Todo eso no se aprende en una tarde, y supone mucho tiempo de estudio de las piezas que se coleccionan. Los libros y manuales especializados pueden ser baratillos o pueden costar una pasta significativa, todo depende del tipo de colección que se haga. Así, el que simplemente coleccione euros no se tendrá que gastar mucho en catálogos, pero el que coleccione moneda medieval japonesa puede pasarse media vida consultando bibliografía. En general, cuanto más rara sea la colección que se haga, más difícil se hará encontrar bibliografía y más difícil será ordenar ésta. ¡¡Pero muchas veces es esa investigación la gracia de la colección!!

Encontrar datos sobre monedas raras puede suponer pasarse horas delante del ordenador, además de dominar un poquillo el inglés u otros idiomas. También suele ser complicado encontrar buenos compendios de monedas, puesto que como el público suele ser muy restringido la tirada suele ser pequeña y es raro que se re-editen. De hecho, las casas de subastas suelen subastar también catálogos que muchas veces alcanzan varios cientos de euros de precio. Esto supongo que a medio plazo mejore, una vez que se generalice el libro electrónico, el cual es muchísimo más barato de publicar puesto que no se necesita generar ni distribuir un soporte físico.

En cualquier caso, lo que debe quedar claro es que el tiempo y el dinero invertido en estudiar y comprar bibliografía no es tirado, puesto que ese conocimiento es necesario tanto para coleccionar como para invertir en numismática. Y creo que a un numismático nada le puede llenar más el orgullo que publicar su propio catálogo de monedas, fruto de décadas de investigación numismática por su cuenta.

Para ilustrar la entrada dejo unas cuentas monedas africanas, que todavía no había puesto ninguna. Se subastaron el día 27 de febrero de 2010 en Cayón. Se trata, por orden: 5 tallero 1891 (Eritrea), Piastre 1327 (Egipto), 1/8 birr. 1887 (Etiopía) y 500 dalasis 1977 (Gambia).

En una entrada anterior hablaba sobre las diferentes formas de guardar y almacenar monedas. Hoy dedico la entrada a las diferentes formas de guardar y presentar monedas para su venta. Esta distinción entre guardarlas para almacenarlas o guardarlas para venderlas es algo que no he visto en ninguna parte, pero creo que es necesaria la distinción debido a que los requisitos son diferentes. Concretamente, las diferencias que veo son las siguientes:

No es necesario garantizar la conservación de las monedas a largo plazo (previsiblemente no se tardará mucho en venderlas).
Debe permitirse ver (o fotografiar) cada pieza con detalle, por lo que es preferible que la pieza esté al aire.
– Las monedas previsiblemente se transporten, hay que protegerlas de posibles golpes.
– Sigue siendo necesario que la solución no sea cara.

Como se ve, los requisitos son diferentes, por lo que los métodos adecuados no serán los mismos. Los que me parecen mejores son los siguientes:

Bandejas

Son las más adecuadas para el transporte de monedas. Son las mismas bandejas en las que se almacenan, pero generalmente se meten en maletines de aluminio, que son ligeros y relativamente baratos. Si se transportan monedas caras, no está de más tener un maletín con cierre de seguridad, pero bueno, esto es para profesionales.

Cápsulas

Los discos de plexiglás de los que ya hablamos permiten proteger muy bien las monedas de golpes externos, por lo que son muy útiles para su transporte. Si tenemos unas pocas decenas de cápsulas nos dará para todas las monedas que necesitemos transportar, por lo que la inversión no es muy alta. Además, permiten sacar la moneda de la cápsula para poderla observar detenidamente. Lo malo es que pesan.

Fundas de plástico

Son fundas de plástico (generalmente de PVC) en las que se meten las monedas. Son las más utilizadas porque son muy baratas y versátiles. Tienen tamaño estándar y no pesan, además son baratas (unos 5 céntimos cada una). La mayoría de los numismáticos profesionales y de las subastas numismáticas que conozco dan las monedas en este tipo de fundas. Muchas veces meten en ellas un papelito para describir la moneda e indicar el precio. Una cosa debe quedar clara: estas fundas no son aptas para almacenar monedas mucho tiempo, porque el plástico acabará dañando las monedas y además no las aisla ni las protege del entorno.

Fundas de papel

Estas fundas son como las anteriores, pero de papel. No es que sean muy caras, pero son difíciles de encontrar (de hecho yo no sé dónde se pueden comprar). Tienen la característica de que si se presentan varias juntas no se ven todas las monedas de un golpe de vista, lo cual puede ser una ventaja o un inconveniente. En el propio papel de la funda se puede indicar la descripción y el precio de la pieza.

Evidentemente, también se pueden utilizar los mismos mecanismos de almacenamiento que se indicaron en esta otra entrada, pero hay métodos más adecuados cuando se trata de transportar las piezas y mostrárselas a un cliente.

La primera imagen de la entrada la he adquirido del blog NumisNati, la segunda del blog El Coleccionista de Monedas.

Pocas veces tiene uno la posibilidad de juntar trabajo y aficiones, pero en mi caso esta es una de ellas. En esta entrada voy a intentar convencer al personal de las bondades de utilizar recursos on-line para publicar sus listados de monedas, de forma que, en mi opinión, se puede ahorrar bastante tiempo.

Me imagino que muchos de los coleccionistas os hayáis visto en la necesidad de hacer alguna lista de monedas, bien sea por tener un registro de vuestra colección o para mostrar al mundo qué tenéis o qué queréis vender o cambiar. Un técnico diría que para ello lo mejor es hacerse una pequeña base de datos, pero la verdad es que no conozco a nadie que lo haya hecho debido a que necesita un proceso de aprendizaje, que aunque no es demasiado, es bastante más que lo necesario para manejar una hoja de cálculo. Además, aun si tú sabes utilizar una base de datos, es muy probable que muchos de los colegas a quienes quieras mostrar la información no sepan utilizarla adecuadamente. Por eso, y aunque a los más papistas les parezca una aberración, las hojas de cálculo son los documentos más utilizados para hacer listados de monedas.

Así pues, hasta no hace mucho lo que se hacía era coger el archiconocido Microsoft Excel (u OpenOffice para los amantes del software libre y gratuito), rellenar los campos más o menos como queríamos y pasárselo por mail a la gente que pueda interesar. Pero esto tiene una serie de inconvenientes:

– Es muy difícil gestionar y controlar las versiones. Sin duda este es el principal inconveniente. La hoja de cálculo va cambiando en el tiempo (previsiblemente de forma rápida) y no hay una forma eficiente de mantener a mis amigos al corriente de los cambios. Puede ser que uno tenga la versión de hace un mes y me pida información sobre una moneda que ya no tengo.

No hay forma de que mis conocidos sepan si sigo teniendo una moneda sin preguntarme. Esto está relacionado con lo anterior, resulta que como la hoja puede haber cambiado sin que ellos sean notificados, no hay forma de que sepan “al instante” si sigo teniendo algo o no.

Se llenan los buzones de correo de datos innecesarios.

Puede que alguien modifique parte de los datos que le he enviado y luego diga que fui yo quien puso esos datos. En otras palabras, pierdo el control sobre posibles versiones malintencionadas de mis archivos.

No se puede indicar imágenes de forma explícita al no ser que se llenen aún más los buzones.

Todas estas cuestiones se mejoran utilizando recursos on-line para publicar listados de monedas, debido a que la hoja de cálculo (en este caso, aunque podría ser otro tipo de documento) se encuentra alojada en algún servidor remoto e identificada por una URL, de forma que sólo hay que proporcionar la URL para que mis amigos puedan acceder a la última versión del documento. Y lo mejor es que aunque el documento cambie la URL no cambia, de forma que siempre se accede de la misma manera a la última versión. En el fondo es la misma idea a cómo cada vez que se va a https://numismatico.wordpress.com/ se obtiene las últimas noticias (es decir, la “última versión”) publicadas en este blog.

Por ejemplo, yo mismo indico las monedas que tengo en venta en este fichero:

http://spreadsheets.google.com/ccc?key=0AkEHjDAnE3dsdE8xeHdBUmVZY2MzTmozVkNubl9USVE&hl=en

De forma que cada vez que alguien pincha en esa URL se le dirige a una hoja de cálculo que mantengo actualizada. En mi caso uso Google Docs, que son los más utilizados sin duda, aunque también hay otros como Zoho o Microsoft Office Live. Yo no indico fotos de las monedas, pero para hacerlo sólo habría que subir las fotos a algún sitio (v.g. Picasa, Flickr…) e indicar en la hoja de cálculo su URL.

Ya pero… ¿y qué pasa con la seguridad? pues nada, ya está pensado. Para crear una hoja de cálculo en Google hay que tener una cuenta de Google (ya la tiene casi todo el mundo) y sólo podrá verla y modificarla quien quiera el creador. Se puede permitir que la modifique quien quiera o sólo algunos con permisos especiales, y se puede decir que la vea quien quiera o sólo unos cuantos usuarios. En ese aspecto no es menos seguro que una hoja de cálculo “tradicional”. Lo que sí es cierto es que Google rastreará dicha hoja de cálculo para buscar en ella la información que quiera, y contra eso sólo se puede utilizar mecanismos de criptografía, pero claro, pocos usuarios saben usarlos.

Por cierto, si tenéis una hoja de cálculo en vuestro disco duro, podéis cortar y pegar la información en Google Spreadsheets, de forma que no tenéis que volver a escribir toda la información.


Como no sabía cómo ilustrar la entrada, os dejo uno de los retratos que más me gustan. Se trata de Monet pintado por Degas; pertenece a la colección del Museo de Orsey, pero yo he tenido la suerte de verlo en mi última visita a Madrid en la Fundación Mapfre. Fuente de la imagen

El tema de las subastas sale cada poco en este blog y además hay otro blog prácticamente dedicado al tema por lo que debe ser importante en el mundillo de la numismática. Hoy dedico la entrada a una cuestión metodológica, de cosecha propia, sobre cómo analizar una subasta y llegar a pujar por los lotes. Me imagino que, como en casi todo, cada maestrillo tenga su librillo y otros aficionados sigan otros pasos para estudiar sus pujas. Además, muchas veces no tenemos todo el tiempo que queremos para dedicárselo a nuestras aficiones, pero en cualquier caso creo que hay que tomarse un tiempo antes de pujar en una subasta porque es nuestro dinero el que está en juego.

Para ilustrar la cuestión con un ejemplo me sirvo de la próxima subasta de Cayón la cual presenta una cantidad y una calidad de moneda alemanas más que interesante y algunas piezas españolas extraordinarias. Por cierto, las monedas que aparecen en esta entrada son de dicha subasta. Evidentemente las monedas que se incluyen en las hojas de cálculo y por las que digo que pujo son cifras totalmente ficticias; ¡¡ya quisiera yo poderme permitir esas pujas!!.

Jagerndorf. Jorge Federico. 2 thaler. 1592

Para analizar las subastas yo cuento con una pequeña plantilla en una hoja de cálculo, como la que se muestra aquí. En ella se indica el número del lote, la descripción del mismo, el precio de salida y el estimado por la casa de subastas. Luego incluyo el precio a pujar, y otra columna con el precio total a pagar por la moneda, generalmente 1,16 ó 1,18 el precio que se puja, debido a la comisión de la casa de subastas. Luego indico el posible precio de reventa de la pieza, en el caso de que vaya a revenderla, y también calculo el total que me podría gastar si me adjudicase todos los lotes por los que pujo, cuestión altísimamente improbable.

Cuando me llegan los catálogos de las subastas, lo primero que suelo hacer es echar un vistazo rápido, algo así como “a ver de qué va”. Luego, cuando tengo más tiempo, los suelo mirar con detenimiento, leyendo el texto que pone y fijándome en ciertas piezas. Como si ojease un libro de arte. Además, leo con bolígrafo (siempre lo hago, no sólo para los catálogos) e indico monedas en las que me quiero fijar, ya sea para pujar, para saber después el precio que alcanzan o para leer algo más sobre ellas. Esa primera lectura es, sin duda alguna, la que más disfruto.

Después, quizá unos días más tarde, vuelvo sobre el catálogo de la subasta para escribir en mi plantilla de la hoja de cálculo todas las monedas por las que me podría interesar pujar. Y hago una hoja como ésta. Sólo incluyo la información que viene en el catálogo, no pongo cuánto pujaré por dichas monedas; de hecho, por muchas de ellas posteriormente no pujaré. La siguiente criba la hago unos días más tarde, donde ya pongo qué precio pondré a cada una de las monedas, teniendo además en cuenta cuánto podré sacar por ellas si son monedas para revender. Así que me queda una plantilla como ésta. Por cierto, para poner un precio a dichas monedas lo que hago es mirar las fotos en la web, porque son mucho más grandes y de mejor calidad que en los catálogos que se envían. Y por supuesto la catalogación la hago yo mismo, porque no todas las casas de subastas catalogan igual.

Alejandro III. 10 rublos. 1893

Posteriormente, y ya unos días antes de que dé lugar la subasta, vuelvo sobre el documento que he creado, me re-pienso los precios y pujo por las monedas que tenía pensado.  Por cierto, una estrategia para las pujas suele ser hacer pujas más bien pequeñas de forma que te dejen un margen de beneficio razonable, aunque así sea difícil que te lleves la moneda. Por eso es bueno pujar por muchas monedas, pensando que lo normal es que te lleves pocas. Aunque por si acaso te adjudicas más de las que tenías pensadas, siempre puedes indicar qué cantidad de dinero máximo pretendes gastarte en la subasta.

Y después de la subasta no acaba la cuestión, porque los lotes que no se venden los puede adquirir el primero que llegue por el precio de salida (más el 16%, por supuesto). Por eso está bien echar un vistazo a los lotes que queden libres al día siguiente de la subasta, no vaya a ser que haya alguna sorpresa que interese.

Enrique IV. Sevilla. Dobla de 35 maravedís (1471 y ss.)

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