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Reproduzco una supuesta conversación entre Enrique (Enr) y un Numismático Cara Dura (NCD):

NCD: «Mira, estas carteras de euros de Moldavia, son una oportunidad de inversión estupenda» (pongo euros de Moldavia para no herir sensibilidades)

Enr: «Anda, pues son bonitas. ¿Y por qué dices que son buena inversión?»

NCD: «Hombre, pues está claro, son de tirada limitadísima y ahora muy poca gente las colecciona porque Moldavia acaba de entrar en el euro, pero cuando la gente se dé cuenta de que Moldavia tiene euros entonces se irán todos a comprarlas, pero para entonces ya estarán agotadas, así que se pagarán carísimas»

Enr: «¿Sí? ¿cuánto de carísimas?»

NCD: «Pues mira, va a pasar igual que con las primeras carteras de El Vaticano, que en cuanto se acabaron se triplicó el precio. Éstas salen por 25 euros, así que fácilmente en un par de años puedan costar 75 euros. Es una inversión segura»

Enr: «Si es una inversión segura ¿por qué no te las quedas tú? las venderías dentro de un par de años por mucho más dinero»

NCD: «Ya, pero es que yo soy comercial, no puedo quedarme con mucho stock porque no cuento con demasiado dinero en efectivo. Lo mío es comprar y vender; pero ya verás como en el mercado dentro de un par de años se pagan al menos por 75 euros, eso seguro«

Enr: «Suena interesante… pero me recuerda a cuando salieron las monedas de 500 pesetas en 1987, que nos salió a todos mal la inversión porque la FNMT luego sacó más estuches»

NCD: «Pero eso no lo va a hacer Moldavia, ya te digo que es una inversión segura y pocas oportunidades como ésta habrá«

Enr: «No sé… me suena raro… según dice un amigo mío no se puede invertir en moneda conmemorativa«

NCD: «¿Y quién es ese amigo tuyo? ¿Está asociado a la AENP

Enr: «No, simplemente es un aficionado que tiene un blog y escribe lo que buenamente cree»

NCD: «¡Uno que va de listo! A ese ni caso, tú atente a mi consejo que llevo más de treinta años en este negocio. Esto en cuanto se acaben de vender las que han sacado va a subir como la espuma y ya te digo que las sacas 50 euros a cada cartera en un par de años»

Enr: «A ver si lo he entendido. Tienes una oportunidad de negocio estupenda, que consiste en retener unas carteras durante un par de años, pero no puedes hacerla frente porque no puedes tener un capital parado durante ese tiempo; así pues me estás regalando ese conocimiento a mí para que te compre las carteras y gane mucho dinero con ellas ¿no?»

NCD: «Efectivamente, estoy seguro de que es una inversión buenísima«

Enr: «Vale, pues haremos una cosa. Yo te compro varias carteras, pongamos que te compro 200, a 25 euros cada una; pero a cambio tú te comprometes a que dentro de dos años me las compras a 50 euros cada una, de forma que las podrás revender por 75 y ganar más dinero todavía. Yo con un 100% de beneficio en dos años me conformo y tú te quedas con otro buen margen. Además, para estar seguro de que no me mientes, antes de que te compre las carteras te tiene que avalar el Banco Santander sobre la cuantía de 10.000 euros, para la compra dentro de dos años»

NCD: «¿Pero cómo voy a hacer eso? ¿me estás tomando el pelo?»

Enr: «No, te lo digo totalmente en serio, tú me has propuesto una oportunidad de inversión y yo te propongo otra a ti asegurándome un margen para mí. Si estás tan seguro de que es una gran inversión lo aceptarás sin dudarlo»

NCD: «Mira, vete de aquí que se ve que no entiendes nada y que no quieres invertir en numismática. Va y dice que pida un aval al Banco Santander… ¡a mí me vas a decir lo que tengo que hacer con mi dinero!»

Enr: «Yo en cambio diría que entiendo demasiado para caer en esa»

Una conversación como esa ejemplifica perfectamente lo que es un conflicto de intereses, y es que la persona que te asesora saca tajada si haces algún tipo de (supuestas) inversiones. Esto se puede dar con moneda contemporánea o antigua, no importa. La cuestión está en que no existen inversiones seguras que den una alta rentabilidad, ni en numismática ni en ninguna parte. Además, si el numismático estuviera seguro de que iba a triplicar el precio en dos años ¿por qué iba a vender ese bien? ¡Antes rehipotecaría su casa!.

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de la subasta que celebrará Kuenker los días 28 y 29 de septiembre. Se tratan de medio ducatón napolitano de Felipe IV, ocho reales de Segovia de 1589, ocho reales de  Cataluña de 1809 con Fernando VII y 20 reales de 1850 acuñados en Madrid

Antes de ayer me escribió un tipo interesado en dos duros que tengo en eBay. Se tratan de dos duros de plata, un 1882/1 (variante) y un 1893 PGV. El amigo me escribe lo siguiente:

HOLA,MUY BUENAS.LE COMPRO LAS DOS MONEDAS DE 5 PESETAS POR 18 EUROS.A PARTE DE LOS GASTOS DE ENVIO QUE SERIAN DE 6,50 EUROS.SI, ENVIO CERTIFICADO URGENTE.SERIA EL TOTAL DE 24,50 EUROS.SI LE INTERESA MI OFERTA DIGAME DONDE DEBO DE HACER LA TRANSFERENCIA QUE HOY MISMO SIN DUDARLO LA LLEVARIA A CABO.TIENE QUE TENER EN CUENTA DEL ESTADO DE LAS MONEDAS,YA QUE UNA NO SE LEE LAS ESTRELLAS Y A PARTE ESTAN CON RAYADAS Y ALGUN GOLPE QUE OTRO.ESPERO RESPUESTA.MUCHAS GRACIAS POR PERDER SU TIEMPO EN LEER ESTE SMS.GRACIAS DE NUEVO Y SALUD.

Para enmarcarlo ¿eh? Menudo hoygan

Le digo que va listo si pretende que le venda dos de los duros más difíciles de El Centenario por menos de su peso en plata. También le invité a visitar esta entrada y esta otra.  A lo que el tipo me responde:

HOLA LA PLATA ESTÁ A 8,68 EUROS LA ONZA.UNA ONZA =31,1 GRAMOS.ESTAS MONEDAS TIENEN 25 GRAMOS CADA UNA.NO ES QUE VAYA DE LISTO NI MUCHO MENOS.SOLO LE INFORMO DE MI SABIDURIA EN EL TEMA.MI INTENCION TAMPOCO ES OFENDERLE NI BURLARME DE USTED.NO LO PIENSE.NO ME GUSTAN LOS MALOS ROLLOS.ME CONSIDERO MUY LEGAL Y ONESTO.SOLO LE HE OFRECIDO DE LO QUE YO ENTIENDO.NO ENTIENDO DE CARTALOGOS NI DE MAS.POR QUE EL CATALOGO ES UN PRECIO Y LA REALIDAD DE HOY POR HOY,ES OTRA.SI NO ES MUCHA MOLESTIA,CUANTO PIDE POR LAS DOS???GRACIAS DE NUEVO POR PERDER SU TIEMPO EN LEER ESTE SMS.(SIN MALOS ROLLOS, DE VERDAD)SALUD.

Creo que me he encontrado pocas veces en mi vida a gente que haga tan explícita su ignorancia como este tipo, y encima para querer engañarme. En primer lugar porque no sabe escribir, escribe con mayúsculas, sin espacios, sin tildes, deletreando mal y sin ser ni siquiera capaz  de estructurar correctamente una sentencia. Lo de no saber escribir es, desde mi punto de vista, una lacra social. No es que tengamos que ser todos literatos, y nadie está libre de que se le escape alguna falta, pero no ser capaz de escribir de forma comprensible es el mayor exponente de la ignorancia. Además de que semejante forma de redactar me parece una mala educación, un descuido o desprecio total hacia tu lector. Algo así como si te presentas a alguien y en vez de darle la mano le haces partícipe del olor de tus flatulencias.

Y dicho esto, vamos al tema numismático:

Este es el típico chaval que va en busca de chollos para vender más caro. Seguramente tenga menos de veinte años y quiera sacarse unos cuartos vendiendo monedas. Para lo cual habrá dedicado una tarde a leer algunas páginas sobre numismática y creerá que sabe lo suficiente como para hacer negocios en el mundo numismático.

Muy mal. Para este asunto hace falta dedicar tiempo, y bastante, del orden de años. Si no, lo normal es que te salga mal el asunto y no hagas más que perder pelas por pasarte de listo. Es como en la serie de Los Soprano, donde hay varios personajes jóvenes que quieren hacer pelas rápidamente y acaban con una bala entre ceja y ceja a las primeras de turno. Además, no hay que ser avaricioso y querer sacar un 1000% de beneficio por cada pieza que se venda, en torno a un 15-20% ya está bien, y muchas veces se saca menos.

Resulta que luego indagué al tipo y tenía una tienda en eBay (no pongo la dirección por motivos evidentes).   En ella vendía un montón de monedas, centenares, a unos precios desorbitados. Por ejemplo, una peseta de 1903 en estado BC+ por 35 euros o tres cobres de Fernando VII en calidad BC-/BC por 120 euros. He incluso había muchos casos en los que ni siquiera sabía lo que estaba vendiendo. Ponía varias veces «moneda antigua para catalogar», tratándose de falsificaciones (eran más que evidentes) de monedas romanas. He incluso una la anunciaba como «un maravedí de plata» (!!), cuando realmente estaba vendiendo un real.

Me fijé en sus votos y descubrí que no había vendido ni una sola moneda. Normal, a esos precios y con esas calidades… realmente lo único que había hecho era perder un montón de tiempo subiendo cientos de fotos a eBay y también dinero, porque los anuncios y la tienda no son gratis.

Como conclusión se puede sacar una lectura de esto: Internet permite comunicarte con millones de personas en  todo el mundo, pero eso no es suficiente para poder venderles monedas y sacar un beneficio. Hace veinte años el mero hecho de poder llegar a cierta gente ya era un valor añadido de unos comerciantes frente a otros; la numismática de Palencia ponía los precios que quisiera porque la gente no iba a comprar monedas a Madrid y en Palencia sólo había una numismática. Hoy ese valor añadido se ha reducido muchísimo (para mi lo extraño es que no se haya anulado por completo) por lo que hoy más que nunca se prima el conocimiento sobre el mercado en el que te metes, ya sea numismático o de otro tipo. Es decir, que nadie se crea que sólo por tener una conexión a Internet se puede sacar unas pelas en el mundillo numismático porque eso no es así. Hace falta conocer el mercado, y eso no se hace en una tarde.

Una vez leí en Coin Talk un tipo que escribía lo que le dijo su ex-jefa: «Y si tienes monedas de oro ¿por qué no haces joyas con ellas?».

Estoy seguro que a cualquiera de nosotros se nos revuelve el estómago sólo de pensar que alguna de nuestras preciadas piezas de colección puedan acabar convertidas en un vulgar anillo o semejante. Es casi como pensar que tu hijo puede caer preso de las drogas (esto lo digo porque no soy padre). Pero en cualquier caso hay gente que piensa así, y aunque cada vez quedan menos, todavía hay señoras mayores que guardan las pesetas de sus antepasados «para hacerse unos pendientes». Es simpático, pero en los años 40 ó 50 era típico llevar a la joyería un par de monedas de plata para que te hiciesen una pequeña joya y el joyero se cobraba de la plata restante.

Todavía hay gente que hace cosas semejantes, y ya me han preguntado algunos si podía venderles monedas desgastadas para hacer un anillo a su señora. A mí la verdad es que estéticamente no me gusta, pero no considero un crimen destrozar una pieza que valga 4 euros para hacerse un anillo, si es que te gusta. Donde sí que arrugo un poco el entrecejo es al ver pendientes como los de arriba, hecho con sendos tetróbolos acuñados en la ciudad de Querronesos en los siglos IV-V a.c.. Estas «joyas» las vende Jesús Vico por ni más ni menos que 460 euros.

Por mi parte que cada cual haga lo que quiera, pero a mí se me revolvería el estómago si me encuentro con una señora que lleve esos pendientes. Aparte de parecerme una horterada, lo considero la práctica destrucción de un objeto histórico. Jesús Vico, además de estos pendientes vende colgantes, llaveros, gemelos y demás parafernalia de semejante naturaleza. Cada cual dirige su negocio a los clientes que quiera y les vende lo que puede.

Hace unos veinte o treinta años también debía ser muy típico engarzar una moneda grande de plata y hacerse con ella un llavero. Típicamente eran duros de plata, monedas de 100 pesetas de Franco e incluso alguna vez duros extranjeros. Yo no he visto a nadie llevar un anillo de esos, pero los he visto en mercadillos (tanto los llaveros vacíos como con moneda) y en alguna web. Un ejemplo de estos últimos es el que está justo arriba, que lo vende la numismática Borrás.

En relación con esto, una vez en un mercadillo le asaltó a Enrique un chatarrero plus ofreciéndole un duro de 1871 fatalmente conservado y engarzado en un llavero como si fuera una joya (de hecho, dijo varias veces que aquello era una joya). Haciendo un gran esfuerzo de honradez, el chatarrero le ofreció el llavero por 40 euros, un precio de amigos, vaya… a Enrique lo que más le costaba era contenerse la risa.

De nuevo hay que tenerlo claro: tener una moneda en un anillo, llavero o similar reduce su valor numismático a cero en la inmensa mayoría de los casos. Así que sólo lo recomendaría hacer con piezas más que comunes y mal conservadas. Por otra parte si se tiene uno de estos procedentes de nuestros antepasados, pues se puede guardar, pero teniendo claro que no tiene especial valor económico.

Antes de finalizar tengo que decir que me da muchísima pena cuando veo monedas en subastas que sean raras y que están anilladas, perforadas, engarzadas, soldadas… siempre pienso en si la persona que lo hizo sería consciente de lo que estaba haciendo. En algunos casos extremos se llega a que una pieza sea única y esté agujereada; de éstas se vio alguna en la subasta Caballero de las Yndias. Más normales, pero igualmente destrozadas, son las dos últimas monedas que ilustran la entrada, ambas pertenecientes a la subasta del 26 de mayo de Aureo.

Parece que ha gustado mi última entrada en la que comento un poco los tipos que nos podemos encontrar delante de los mostradores en los mercadillos de cualquier plaza. Hoy toca hacer lo propio con lo que nos podemos encontrar detrás de los mostradores, aunque la clasificación es más difícil. Pero bueno, vamos a intentarlo que para eso estamos. Voy de los que menos confianza me suscitan a los que más:

El chatarrero: esto son gente que tienen desplegada una manta con diez mil cosas que se han encontrado en contenedores y escombreras. Hay desde una muñeca sin cabeza hasta una caja llena de clavos usados. No hay nada que sirva para nada, pero sorprendentemente siempre hay gente alrededor preguntando por el precio de un ítem oxidado. Muchas veces entre tanta chatarra tienen una bolsa con monedas de cobre o aluminio. Nunca he perdido ni veinte segundos en mirarlas.

El chatarrero plus: es como el anterior pero más simpático. Si te ve pasar te pregunta que si andas buscando algo, y cuando le dices que monedas te enseña la bolsa roñosa que tiene. Le dices que no te interesa, que vas a por monedas mejores y entonces te dice que te acerques, que tiene unas piezas buenísimas que las compró en una convención y que como le hace falta el dinero te las deja por sólo 1.200 euros (verídico, a mí me ha pasado). Evidentemente lo mejor es salir corriendo.

El que engaña y limpia: estos son los elementos que más detesto porque su negocio se basa en engañar a los aficionados que no tienen mucha idea y que cuando descubren que se han dejado una pasta en monedas falsas o limpiadas, agarran asco a la numismática y dejan la afición. Suele ser gente que tiene monedas romanas clarísimamente falsas y monedas de El Centenario limpiadas que cuelan como si estuvieran en SC. Su estrategia es como la de tantos vendedores de eBay: es tan evidente que estas monedas son falsas que si no te das cuenta es que no tienes ni idea, por lo que te voy a sacar los cuartos.

El carero:  tiene moneda decente pero unos precios de escándalo. Ves piezas que tú vendes por 40 euros que las ha puesto en 110 con la esperanza de que, después de un regateo, la pueda vender en 80 euros. Miras sus piezas y cuando te dice que si te interesa algo le saltas «a estos precios evidentemente no», lo que suele venir acompañado de un «pues no son nada caras, es que tú no entiendes y no sabes apreciarlas», seguido de un intento de humillarte para hacer creer a los demás compradores que no les intenta engañar. Un día dedicaré una entrada a estos pendejos.

El no chorizo:  en esta categoría caen muchísimos. Es más que sabido que en los mercadillos hay que tener mucho cuidado porque muchos de los vendedores, de una forma u otra, intentan engañar. Bueno, pues al 80% de los comerciantes de un mercadillo les oirás decir «aquí casi todos son unos ladrones, yo soy el más honrado de la plaza». Cada vez que oigo eso ya me ando con cuidado con ese tipo.

El entendido y envidiado:  este es un subgrupo del anterior. Es un tipo que espera a que le digas qué coleccionas para soltarte que él es el profesional más especializado en ese tema en toda España. Suena ridículo y poco humilde, pero así te lo salta. Da igual que digas que coleccionas euros, que moneda de Franco, que americanas… como si le dices que te dedicas a las botellas de gaseosa: él es que más entiende. Además, después de esa te suele soltar que a él le envidia toda la plaza (que por cierto, casi todos son unos chorizos) y no le envidian por lo guapo que es, sino por lo mucho que entiende de monedas y lo bien que le va el negocio.

Los fantasmas: ésta es la versión profesional de los falsamente entendidos. Intentan ser uno de los del último grupo sin serlo y te saltan unas fantasmadas que no se las creen ni ellos. Por ejemplo, yo pregunté por dos pesetas de 1947 en calidad SC a un tipo y me saltó que tenía 17 cartuchos de cada una de ellas (por si alguien no se hace a la idea, esos cartuchos costarían en torno a 100.000 euros).

El aficionado: no entraría dentro de la categoría de profesionales por motivos obvios, pero es un aficionado que se ha llevado sus monedas, una mesa e intenta cambiarlas o venderlas. Poner una mesa en un mercadillo es barato (y a veces se ponen sin permiso del ayuntamiento) y suelen ser gente que intenta sacarse cuatro duros sin mucho margen de beneficio. Lo malo es que rara vez tienen piezas decentes.

El de las monedas contemporáneas: son gente que van a por los que están a la última, y sólo a por ellos (es increíble que haya los suficientes aficionados de ese estilo como para alimentar a tantos profesionales así). Tienen euros de un montón de países, algunas conmemorativas y quizá moneda del Rey o billetes del mundo, pero no le preguntes por nada más. No saben ni lo que es un sestercio, ni al precio que está el oro ni quién era Carlos III. Se dedican a vender monedas como quien vende botones: el mayorista se los vende a un precio y ellos lo venden al precio de catálogo o un 10% más barato. Me sorprende cómo puede haber profesionales de la numismática que no tengan ni tan siquiera una cultura general del tema histórico.

Moneda buena y precios algo elevados: esto no es lo mismo que el de «el caro». Simplemente es gente que tiene moneda de calidad, pero los precios están entre un 20 y un 30% más caros de lo normal (y no un 200%). Generalmente lo hacen porque dan por supuesto que van a intentar regatearles. Si son buena gente la valoración de la moneda es apropiada, es decir, que pondrán como EBC+ lo que realmente es EBC+, y no un MBC+, cosa típica del que intenta engañar al principiante. Lo mejor con ellos es coger una moneda y decirles «me interesa, ¿por cuánto me la dejas?», y si se lo dices serio y ven que tus intenciones no son el regateo, entonces te darán un precio razonable.

El precio justo: son gente que tiene monedas decentes pero que no permiten ni regatear un euro, lo cual a mí me encanta. El precio que pone suele ser muy ajustado y hay veces que se encuentra con ellos monedas interesantes a precios más que razonables (vamos, que dejándote un margen de beneficio). Si pone 32 euros no intentes sacársela por 30 porque no te la venderá. A mí me parece una política excelente e intento seguirla yo mismo.

El verdadero profesional: estos no suelen abundar. Son gente que tienen buenas piezas y son profesionales que manejan mucha pasta, aunque también suele ser normal que tengan algunas piezas más baratas o moneda actual. Si están en el mercadillo no es para hacer dinero de forma directa, de hecho suelen vender muy poco, pero les compensa porque así les conoce gente. Es muy normal que cuando alguien empieza vaya a los mercadillos, y ya se dan a conocer a esos aficionados. Al cabo de unos años, unos pocos de esos aficionados son gente que se podrá dejar 1000 euros en una moneda, y eso es lo que más les interesa a ellos. Es decir, que para ellos el mercadillo no es más que una forma de hacer contactos.

Las imágenes se corresponden a piezas que se subastarán en la próxima subasta de Nudelman Numismatica el próximo 6 de junio. Son todas monedas Húngaras, a mí me gustan especialmente las medievales, con el rey que parece que está listo para saltar al combate. Se tratan de  tres Goldgulden, uno de 1446, otro de 1532 y otro de 1555 y dos taler, uno de 1779 y otro de 1853, respectivamente.

Los mercadillos que se montan los domingos en la mayoría de las ciudades españolas son puntos de encuentro para coleccionistas a la numismática y la filatelia. Es cierto que hoy en día las nuevas hornadas de coleccionistas, entre los cuales me incluyo, preferimos comunicarnos por medios telemáticos, pero hasta hace poco ir a mercadillos era la única manera de contactar con otros coleccionistas o profesionales. Si todavía siguen existiendo es debido a que se consideran actividades de interés histórico, pero lo normal es que a medio plazo vayan desapareciendo y sólo queden en las ciudades grandes. Esto se debe a la aparición de Internet y a la presión por parte de Hacienda (que no recauda prácticamente nada de la pasta que ahí se mueve) y de algunos numismáticos profesionales (lo consideran competencia desleal).

Yo no voy muy a menudo a los mercadillos, más que nada porque no vivo en una capital suficientemente grande como para que se monte uno suficientemente jugoso. No obstante, alguna vez me acerco a Valladolid y cuando coincide que estoy en Madrid un domingo, suelo aprovechar a ir a la Plaza Mayor. Lo más importante cuando se va a un mercadillo, yo ya iba avisado, es no hacerse demasiadas ilusiones con lo que se va a encontrar ahí, porque lo normal es que de cada veinte vendedores merezca la pena uno. Un mercadillo es algo así como un «eBay en directo».  Ahí hay gente de todo tipo, y muchos de ellos sin más interés que el de vender chatarra lo más cara que puedan.

Así pues, por cuestión jocosa, aunque alguna conclusión seguro que se puede sacar, voy a intentar describir brevemente los personajes típico que uno se puede encontrar en un mercadillo. Como si de las películas Stagecoach o Ko to tamo peva (ambas muy recomendadas, ya de paso) se tratase. Hoy me centro en los aficionados, para otro día comentaré los vendedores. Vamos de menos a más interés numismático:

Los chorizos. Estos son los profesionales del hurto, generalmente conocidos por la policía porque han pasado 35 veces por el calabozo pero siempre han salido porque no han hecho «nada grave». Puede que intenten robar la cartera a los aficionados o una moneda cara, o incluso un álbum entero a algún vendedor.

Los turistas. En Madrid nunca faltan turistas que vienen al mercadillo a ver el jaleo que se prepara. Es algo muy normal que también hago yo si me sobra tiempo en una ciudad extranjera. Hay veces que incluso compran algo, generalmente chapas o pequeñas medallas, más como recuerdo que otra cosa.

Los que se han encontrado una moneda. Generalmente son gente que tienen monedas en casa y les ha dado por venderlas, a pesar de no tener ni idea de numismática. Lo más normal es que sean chatarra de Franco o, en el mejor de los casos, monedas sin especial valor numismático. Suelen ir de tenderete en tenderete hasta que se dan cuenta de que realmente sus monedas no valen nada, momento en el que se van para casa. Alguna vez resulta que llevan una pieza buena o un pequeño lote y se las compran muy baratas. Es lo que tiene no entender. Hay algunos que incluso no llevan la moneda como tal «por miedo a que se la roben», y piden una tasación a partir de una foto o una descripción verbal. Evidentemente, los vendedores les dicen algo como esto.

Los coleccionistas compulsivos. Son gente que compran un montón de cosas (que no vale ninguna para nada) con el único objetivo de llegar a casa a ordenarlas en un álbum. Lo mismo compran un taco de 300 calendarios que los boletos de Lotería Nacional de 1963. Algunos coleccionan monedas o sellos con semejante valor.

Los  desactualizados. Son los que tiene una modesta colección que va aumentando poco a poco, pero que carece de conocimientos numismáticos, y va con su catálogo de los hermanos de Zaragoza, con los precios todavía en pesetas, buscando monedas a precio de catálogo. (Esta categoría la ha dejado Antonio en un comentario)

Los que están a la última. Encajan bastante bien con el Caso A de los obsesionados con la numismática. Suelen coleccionar euros y están muy atentos a las últimas novedades. Sinceramente, yo no pensaba que hubiera tanta gente así hasta que fui a Madrid.

Los pesados. Son gente con la que no me gusta tratarme demasiado. Son ultradesconfiados y súper indecisos. Cogen una moneda que les ofreces por 6 euros y empiezan a mirarla, a re-mirarla, a volverla a mirar, a fijarse en cada detallito sin hacer más que quejarse… después te saltan que es que está muy desgastada, y claro, les dices que por eso vale 6 euros, que si estuviera en proof costaría 1500. Te empiezan a poner pegas, diciéndote que no se ve muy nítido no sé qué detalle, y que no sé qué otro puede haber sido modificado. En compensación te piden que les dejes la moneda en 5 euros, y tú, que ya llevas media hora perdida por una moneda a la que no sacas ni medio euro, le dices que no, que vale 6 y es buen precio y ya está. Finalmente el tipo se va sin comprar la moneda pero habiendo disfrutado el tiempo que a ti te ha hecho perder.

Los falsamente entendidos. Estos aparecen cuando se forma una conversación entre aficionados. Son gente que habla, y habla mucho, sin saber muy bien ni qué dice ni por qué lo dice. Tienden a despreciar unas monedas (que suelen ser las que llevan otros) y considerar como rarísimas otras (que suelen ser las que llevan ellos). Te cuentan unas historias de compras o ventas que han hecho o han dejado de hacer que no se las creen ni ellos, pero como se piensan que tú sí que te lo crees, pues aumentan su ego. Ellos quisieran ser del tipo siguiente, pero no pueden. ¿Qué se le va a hacer?

Los realmente entendidos. Estos son los más raros, porque entendidos no hay demasiados. Son gente que ya ha entrado en años y por cuyas manos han pasado cientos de monedas que valen miles de euros. Aunque no son profesionales saben mucho y quiere que se les note. Entran en cualquier conversación como si fueran un marqués, con cierta prepotencia y vestidos de forma impoluta con alguna joya que ya vale más que todo lo que lleva encima el resto de participantes en la conversación. Si tienes moneda buena y la vendes barata, él te la compra. Si quieres moneda buena, él te la vende cara. Quiere que se note que él es que más sabe del asunto y el que más pelas tiene, por eso desviará la conversación hacia cualquier tema que él controle, para poderte decir lo que quiera sin que puedas tener capacidad de réplica (yo he llegado a ver a uno de estos dar una especie de clase magistral sobre los procesos de fundición de la industria metalúrgica, simplemente para que se note que entiende). Hace explícito quién es el líder.

Las imágenes se corresponden con monedas subastadas el día 20 de abril en la casa de Marti Hervera y Soler y Llach. Son las que más me han gustado de cuantas se han subastado. Se tratan de un sestercio de Adriano con la alegoría de Hispania, una dobla de 35 maravedís de Pedro I, 20 pesetas de la ocupación napoleónica de Cataluña, 20 reales de José Bonaparte y 2 pesetas de Alfonso XIII.

Corría el año 1987 cuando Enrique y el resto de aficionados a la numismática española esperaban con impaciencia la aparición de lo que sería la primera moneda conmemorativa acuñada en España: una moneda de 500 pesetas junto con dos medallas que se vendían en un estuche celebrando así las bodas de plata de un italiano y una griega que acabaron siendo reyes de España. Por aquellas épocas salía por 5000 pesetas, lo cual suponía un pellizco para el español medio de la época.

A Enrique le dijo un amigo (llamémosle Beto) que eso iba a ser el negocio del siglo porque iban a sacar muy pocas y se iban a revalorizar enseguida. Por eso Beto quiso comprar 100 estuches, con el único propósito de especular con ellos y en unos meses sacar un buen beneficio. A Enrique no le convencía demasiado el negocio, y además no tenía mucho dinero disponible por aquel entonces, por lo que prefirió dejar pasar la oportunidad a pesar de la expectativa que había por parte de los coleccionistas. Acertó.

Si un coleccionista puede calcular la expectativa de unas monedas mucho mejor lo puede calcular la FNMT, y como había muchas gente que las quería, pues sacó muchas carteras. Ni más ni menos que 200.000, lo cual es una barbaridad si las comparamos con las 25.000 carteras que se sacan hoy en día todos los años. Ya hemos dicho que el estado siempre gana. Para darse cuenta de lo desastroso del negocio basta con decir que el último estuche de estos que cayó en las manos de Enrique lo vendió por 22 euros en el año 2008, y evidentemente él lo había comprado más barato.

La lección es que es muy difícil especular con monedas conmemorativas, y mucho más difícil ganar dinero con una inversión en conmemorativas. La razón no es otra que hay una «mano fuerte» capaz de controlar el mercado de monedas conmemorativas, y esa «mano fuerte» es la FNMT y evidentemente buscará su propio beneficio. Es decir, si la FNMT calcula que hay 25.000 personas interesadas en unas monedas, pues sacará 25.000 monedas, porque así será la FNMT la que podrá poner el precio y quedarse con todo el beneficio. Si sacase menos perdería dinero y dejaría la puerta abierta a especuladores (con lo mal que queda eso en la boca de un político), si sacase más esas monedas bajarían de precio y la FNMT perdería dinero y tendría un exceso de producción.

Mucho más claro está con las monedas de 12 euros, en las que directamente se da una tirada máxima de 2.000.000 de piezas y se van acuñando según demande el mercado «para evitar que su valor numismático sea mayor que su valor facial» (véase el BOE), lo cual es tanto como decir que se evitará que alguien haga negocio aparte de la FNMT.

¿Significa esto que yo no haya comprado o compre monedas conmemorativas? No ¿significa esto que no me parezca bien coleccionar monedas conmemorativas? No. Sólo digo que el que coleccione moneda conmemorativa no espere que su colección se revalorice, y si la compra al precio oficial de la FNMT lo normal es que pierda dinero. Alguien podría alegar que como la tirada es limitada, en un futuro podrían ponerse de moda las monedas conmemorativas y habría hecho el negocio del siglo. Bueno, es una situación posible, pero altísimamente improbable. También te puedes dedicar a coleccionar moneda somalí y esperar a que algún día se pongan de moda y se revaloricen. Podría ocurrir, pero lo normal es que no ocurra.

Las imágenes están sacadas de diferentes vendedores de eBay.

Hay gente para todo en este mundo, de eso no cabe duda. Y entre toda esa gente que se ha podido encontrar Enrique en plazas y mercadillos numismáticos, más de uno está totalmente obsesionado con las monedas, como si lo más importante de su vida fuese tapar los huecos que le faltan en la colección. Y parece ser que no son pocos los obsesionados, sin ir más lejos en este foro se habla justamente de ese tema.

Hasta la fecha, todos estos obsesivos/compulsivos numismáticos que ha conocido Enrique se pueden dividir en tres clases:

CASO A: aquellos que tienen que estar a la última. Suelen coleccionar moneda actual y barata (generalmente euros y/o bimetálicas), pero andan todo el día pendientes de cuándo una casa de moneda saca no sé qué tirada para ir corriendo a la numismática o al mercadillo a comprarla y ser el primero del barrio en tenerla. No vaya a ser que a los tres días ya no queden. Todo esto independientemente de la tirada de las monedas. Pagan las monedas caras, pero como son piezas baratas no les supone un gran esfuerzo. Con algunas decenas de euros al mes lo tienen solucionado.

CASO B: aquellos que tienen que completar pronto su colección. Suelen coleccionar moneda antigua y series concretas, de forma que quieren tener todas las monedas de esas series, y sólo de esas series. Además, quieren tenerlas pronto, violando uno de los consejos para los coleccionistas novatos, que es que no hay que tener ninguna prisa en encontrar monedas. Se levantan pensando en que tienen que encontrar esas dos o tres piezas, y se acuestan pensando en cómo pueden encontrar esas dos o tres piezas. Si les ofreces alguna más, aunque sea barata, no les interesa. Al final algún comerciante (que les huelen de lejos) les proporciona la moneda que buscan, pero a un precio sensiblemente mayor de lo que hubieran podido pagar si no hubieran tenido prisa.

CASO C: aquellos que invierten en exceso. Es sin duda el caso más raro, pero Enrique conoce alguno. Son gente que invierten en numismática y compran piezas caras para venderlas más caras, pero llegan a creer que su patrimonio se mide en monedas antiguas, y no son capaces de tener 600 euros sin comprar una moneda con ellos. Esto no quita de que a la larga las puedan sacar rentabilidad, pero consiguen andar siempre escasos de dinero en efectivo, lo cual puede ser muy muy peligroso para cualquier economía, doméstica o no. Hay gente a la que este tipo de cuestiones les han acarreado problemas matrimoniales muy serios.

Como se ve, en cualquiera de estos casos lo que ocurre es que la gente se obsesiona con un tema y eso les hace actuar de forma que pierden dinero. Además suele ser gente con la que no se puede tener otra conversación que no sea sobre numismática, por lo que muchas veces acaban siendo unos pesados, pero esto es tema aparte. Por ello, si alguien se ve en estas situaciones yo le recomendaría lo siguiente:

CASO A: tranquilizarte y relajarte, las monedas no se van a acabar y habrá para todos, ya lo piensan los estados para que así sea. Date cuenta de que las prisas no son buenas consejeras y de que puede ser más interesante comprar algún lote o cartucho de monedas e irlas cambiando con otra gente. Si no, ya se irán cogiendo las monedas a mejor precio dentro de unos meses.

CASO B: para tu colección o déjala temporalmente, si sigues así no harás más que perder dinero. Espera a que te ofrezcan y no vayas a por buscar las piezas, porque entonces las pagarás caras. Si no eres capaz, lo que puedes hacer es simplemente coleccionar monedas que te gusten, y no tiras concretas, mucha gente lo hace. Así no habrá huecos que tengas que rellenar. Y si aún así no eres capaz, piensa en dedicarte a coleccionar cosas más baratas, que no supongan mucho dinero. A Enrique le ha llegado a confesar una persona que él nunca coleccionaría monedas porque se obsesiona con cualquier colección y con la numismática perdería mucho dinero.

CASO C: plantéate una estrategia de inversión seria y síguela a raja tabla. O marcas un dinero para invertir en monedas todos los meses o años, o sólo inviertes lo que saques de las compras y ventas o tú verás, pero tener dinero en el banco y/o en otros valores es más que necesario.

Aún así, como dice un amigo mío, cada uno hace con su dinero lo que le da la gana, esa es la única verdadera norma.

Las imágenes de la entrada están tomadas de la próxima subasta de Dea Moneta. Sus descripciones son, en orden:

Repubblica Romana. M. Marcius Mn. f. Denario, 134 a.C. D/ Testa di Roma a destra. Dietro, modius. Sotto il mento, X. R/ Vittoria in biga a destra. Sotto, legenda M-MAR-C / RO-MA divisa da due spighe di grano. Cr. 245/1. B. 8. gr. 3.98 18.00mm. AG. FDC.

Monete e Medaglie di Zecche Italiane. Bologna. Anonime dei Bentivoglio (1446-1506). Doppio bolognino d’oro. MIR 20. gr. 6.90 R. AU. BB+.

Monete e Medaglie Estere. Spagna. Carlo I e Giovanna (1516-1556). Scudo d’oro Toledo. Fr.154. gr. 3.48 R. AU. BB/BB+.

Cuando las piezas son baratas, lo mejor es comprarlas a lotes y lo mejor es venderlas a lotes, o al menos es lo que mi pequeña experiencia me dice. Pondré algunos ejemplos para mostrar las razones.

Imaginemos a un coleccionista que quiera hacerse con una colección de monedas del rey. Primero se compra un álbum y luego empieza a comprar monedas, empezando por lo general por las más baratas. 20 céntimos por una, 50 céntimos por otra, un euro por la de más allá… se va dejando un dinerito de poco en poco. Luego ocurre lo de siempre: tiene casi todas, pero le faltan las caras. Al final intentará buscar esas monedas caras, las adquirirá poco a poco y con un poco de suerte pagará en torno a 350 o 400 euros por ellas. Quizá más si las compra por internet y tiene que pagar gastos de envío.

Por otra parte, tenemos al vendedor de monedas que tiene una colección completa del rey y está interesado en venderla. Por ella podría pedir unos 350 ó 400 euros (son precios razonables, Enrique ha vendido varias a este precio), que es tanto como lo que cuesta el 10% de las monedas que hay ahí. Es decir, que el anterior coleccionista hubiera invertido mucho menos tiempo y dinero comprando directamente toda la colección.

Parece que está claro que el comprador hubiera salido beneficiado al comprar un lote en vez de adquirir pieza a pieza, pero ¿y el vendedor? ¿por qué vende un lote al precio del 10% de sus piezas? ¿Será tonto Enrique?

Pues no. Enrique habrá adquirido el lote por unos cuantos euros menos y prefiere ganar 30 euros buscando tan sólo a un comprador (30 euros ganados en una venta) que ganar 150 habiendo vendido a 40 personas (150 euros ganados en 40 ventas = 3,75 euros por venta). Al final se pierda muchísimo tiempo para ganar poco dinero.

Yo mismo vendo lotes de monedas y de billetes del mundo. Se tratan de billetes en plancha que se venden a un euro, más o menos, en los mercadillos y yo en lote los vendo a 22 céntimos. El margen para el revendedor es más que interesante, pero tiene que andar buscando compradores. De igual manera, al coleccionista le sale mejor comprar 100 billetes en lote que de uno en uno.

Luego hay otra cuestión, y es que lo que no compensa a unos sí que compensa a otros. Sin ir más lejos, yo prefiero vender los billetes en lotes a pesar de que vendiéndolos de uno en uno podría sacar más. De igual forma, hay vendedores que no les interesa molestarse por cualquier pieza que valga menos de 200 euros, y cuando se hacen con unas cuantas hacen un lote con ellas y las venden en bloque. Todo depende del dinero con el que se juegue y las expectativas de cada uno.

Como no sabía cómo ilustrar la entrada, os dejo el primer cuadro impresionista: «Impression, soleil levant«, de Claude Monet. Este cuadro dio pie a uno de los movimientos artísticos que más me gustan.

El coleccionista de monedas tiene un perfil claro: es un hombre de mediana o avanzada edad. No es que quiera ser excluyente, pero es lo que hay. Mi experiencia me dice que ese colectivo abarca al menos el 80% de los aficionados y profesionales a la numismática. Por suerte yo no he entrado (todavía) en él. Sin embargo, la entrada de hoy va dirigida a un público totalmente opuesto: los niños.

Los niños son un público olvidado por dos motivos: no representan un mercado y tenemos la falsa creencia de que si coleccionan monedas es porque sus padres les obligan. Si bien el primer motivo es cierto, ya que los niños no manejan el suficiente dinero como para poderles vender muchas cosas, el segundo motivo no lo es, y yo mismo he tenido varias experiencias con niños a los que les han llamado la atención, por cuenta propia, las monedas.

Un día mi prima (la preciosa niña que se ve en el cuadro de Guzmán Capel en la imagen de arriba) vio que andaba con mi colección de monedas y me preguntó qué estaba haciendo. Cuando le dije que tenía una colección ella se puso a mi lado entusiasmada, creyendo que iba a sacar cromos o algo así. Por eso su primera reacción fue de desilusión, pero enseguida se le pasó, en cuanto vio que aquel álbum tenía monedas de hace más de 100 años, grandes, pequeñas y de diferentes metales. Le encantaron las monedas de plata (como a mí) y también las más antiguas. Luego le empecé a contar historias sobre los reyes que aparecían en las monedas: Felipe III, Felipe IV, Carlos III, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII… y resulta que Alfonso XIII fue rey cuando era un bebé, ¿te imaginas? ¡era más pequeño que tú y ya era rey! ¿a que molaría ser reina?

Pero allí no acabó la cosa. Después saqué un puñado de monedas del mundo que tenía para vender, las puse encima de la mesa y empezamos a averiguar de qué país procedía cada moneda. Luego, con un mapa, descubrimos dónde estaba cada país. Francia e Italia ya los conocía, pero de Lituania, Yemen o Paraguay no había oído ni hablar. Ese día los dos lo pasamos muy bien y aprendimos un montón de cosas. Además, ella se ganó a pulso unas 20 ó 30 monedas que enseñó con orgullo a su madre.

Está claro que la numismática, al igual que muchas otras cosas, puede convertirse en una buen material para desarrollar una actividad de aprendizaje informal. Ya lo decía el gran Benito Pérez Galdós en la novela Miau, donde Ramón Villaamil regala a su nieto una colección de sellos y éste tiene un entusiasmo semejante al de mi prima con las monedas. Se ve que los niños del siglo XIX y los del siglo XXI no son tan diferentes.

A los niños les da igual si una moneda tiene una estrella u otra, o si es la variante tal o cual, pero representan pedacitos de historía que sirven de excusa para transportarles a lugares y tiempos lejanos. De hecho, hay múltiples museos que hacen visitas guiadas para niños o contienen material específico para explicar a los niños la historia de la numismática. Ejemplos: uno, dos, tres y cuatro.

Pero ¿y el que ellos se hagan su propia colección?

Tampoco hay ningún problema en ello, tal y como explica Jennifer Knight en su artículo Young numismatics. Es de sentido común que los niños no deben coleccionar monedas caras y que deben tomárselo como una diversión, al igual que coleccionarían cromos o pegatinas. Además, no es nada caro: cien monedas del mundo diferentes pueden costar unos diez euros, si cada fin de semana el niño recibe cinco monedas para clasificarlas y coleccionarlas, a los padres les sale más barato que una bolsa de pipas.

Pero no hay que engañarse, lo normal es que pasados unos meses o unos años lo acaben dejando, pero algo habrán aprendido y puede que cuando sean adultos lo retomen. De hecho, muy posiblemente yo nunca hubiera coleccionado monedas si no fuera porque «ayudaba» a mi padre a coleccionarlas cuando era pequeño.

Enrique fue en el año 2000 a París en un viaje familiar. Allí vio varias máquina donde por 1 franco te daban una bolita con una «moneda parisina» dentro. Aunque no valiesen para mucho, le hicieron gracia y compró un par de monedas de cada tipo que vio, en total seis monedas.

Las guardó en casa y seis años después, sin haber hecho más que coger polvo en el fondo de un cajón, decidió ponerlas en eBay por ver si alguien le daba algo por ellas. Estuvo buscando esas monedas en el eBay de Francia y vio que había cierto coleccionismo de esas monedas, incluso tenían una categoría dedicada, pero no vio en venta las monedas que él tenía, por lo que era difícil estimar su valor, aunque viendo el precio que alcanzaban el resto de las piezas de esa colección, tampoco es que fuesen a valer mucho.

Al final se decidió a poner un juego de tres monedas en venta, con un precio de salida de 1,99 euros. Eso ya era más de lo que él había pagado por las monedas y, si realmente su precio era mayor, habría gente interesada en ellas y el precio subiría. A los dos días se pone un francés en contacto con Enrique para decirle que si tenía más monedas de este tipo y al decir Enrique que tenía otras tres iguales, el francés le ofreció ocho euros por todas.

A Enrique ocho euros no le parecía mal, pero como no estaba seguro le dijo que mejor siguiese la subasta en eBay y en caso de que ese fracés fuera el ganador, se comprometía a venderle las otras tres monedas por el mismo precio que el final de la subasta. Enrique acertó. Cuál es su sorpresa cuando ve que el francés había ganado la subasta… ¡¡por 48 euros!! ¡¡12 veces más de lo que le había ofrecido!!

Enrique, muy gustoso, se puso de nuevo en contacto con el francés y le dijo que si quería las seis monedas tenía que pagar 96 euros más portes. Y entonces es cuando el francés tuvo la caradura de hacerse el tonto diciendo que él pensaba que esos 48 euros era el valor de las seis y que de haberlo sabido no hubiera pujado tanto. Enrique le dijo que si él no hubiera pujado, otro se lo hubiera llevado, así que si las quería que pagase 96 euros. Así que el francés intentó otra estrategia de timo, que es dar pena, diciendo que el quería hacer una colección para sus tres hijos y que no tenía mucho dinero porque su mujer no trabajaba. ¡Menuda jeta! Primero te intentan timar y luego te quieren dar pena para volver a timarte. Enrique no accedió, porque estaba claro que el francés no quería las piezas más que para revenderlas. Así pues, al final pagó 100 euros por ellas, incluyendo los portes.

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